MARTIN DE RIQUER : LA GENERACIÓN “SACRIFICADA” EN EL ABISMO DE LAS “DOS ESPAÑAS”

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Martin de Riquer (1914-2013) 

El pasado 17 de septiembre nos dejó el prestigioso filólogo Martin de Riquer a la edad de 99 años. Su desaparición suscitó una unánime conmoción en los medios intelectuales, universitarios y académicos, así  como un no menos unánime reconocimiento por su aportación a las hoy desvalorizadas ciencias humanísticas. Casi centenario, la personalidad y  trayectoria de Martin de Riquer no encarnó sólo al tradicional intelectual humanista y erudito, sino también que sintetizó a través de su propio testimonio y  protagonismo esa  dramática historia de España que abarca desde la proclamación de la Segunda República, la Guerra Civil y los difíciles años de la larga dictadura franquista. En efecto, Martin de Riquer fue el último representante vivo de lo que los historiadores han venido a denominar, no se sabe si con acierto o no, los “Catalanes de Burgos“.

“Una generación sacrificada”                  

Como prueba de la tendencia a caer siempre en la condescendencia con quién ya no está y la inclinación hacia la amnesia colectiva que nos caracteriza, ese detalle fue deliberadamente omitido por los comentaristas. La voluntad de no levantar suspicacias, más en un clima político como el actual, bastante enrarecido y merodeado por los peores demonios del pasado, ha llevado a omitir ciertos aspectos de la trayectoria de Martin de Riquer que él mismo tuvo sin embargo la honestidad intelectual y la integridad moral y personal de nunca negar. Sin embargo, es  a través del análisis de su evolución personal, intelectual y política que también pueden comprenderse los cambios de la sociedad y las luces y sombras de esa historia de España que cayó como una losa sobre las espaldas de esa misma generación que representó Martin de Riquer : cómo hubiese dicho Diaz-Plaja, esa generación “sacrificada” entre las grietas provocada por las ” Dos Españas”. 

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Nacido en 1914 en el seno de una familia de la aristocracia catalana, nieto del dibujante y pintor modernista Alexandre de Riquel y sobrino por parte materna del poeta Magi Morera, Martin de Riquer adquiere una temprana afición por el mundo de las letras. Educado entre los Jesuitas como todo muchacho procedente de medio acomodado, Martin de Riquer se orienta por aquel entonces hacia los estudios de comercio. Sin embargo, ese itinerario resiste mal a su pasión por las humanidades, las letras y la literatura en particular. Adscrito a las Congregaciones Marianas, empieza a escribir sus primeros artículos de poesía y literatura catalana en el órgano de expresión de éstas : la revista Juventus. El floreciente ambiente intelectual de la Segunda y República y la proliferación de amplias vanguardias literarias van a ejercer una enorme influencia  en él y consolidar su vocación humanística. En ese momento Martin de Riquer no es un republicano en el sentido estricto, pero tampoco posee gran identificación con la caída monarquía de Alfonso XIII y eso muy a pesar de sus orígenes familiares aristocráticos. Los biógrafos de Riquer no se ponen de acuerdo sobre su ubicación política  entre 1931 y 1936. Mientras unos le sitúan en un catalanismo cultural sin adscripción ideológica, otros le vincularán rocambolescamente a una pretendida posición independentista. No será sin embargo hasta el Alzamiento del 18 de Julio  que el perfil político de Martin de Riquer quedará bien delimitado, acabando convirtiéndose en una de las figuras más emblemáticas de lo que con el tiempo se dará a conocer como el “falangismo intelectual”. Apasionado por la literatura medieval y caballeresca, es precisamente en 1936 y justo antes del estallido de la Guerra Civil, que participará junto Joan Teixidor en la preparación de La antología general de la poesía catalana. El medievalismo literario será la piedra angular de su trayectoria intelectual y académica a lo largo de toda una vida.

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Joan Teixidor

La revista Destino                        

                     Encargado de los archivos de la Generalitat de Catalunya, Martin de Riquer se trasladará finalmente a “Zona Nacional” en 1937 posicionándose de forma clara en favor de la causa de Franco. Formará parte del Tercio de Requetes de Nuestra Señora de Montserrat ( carlista), combatiendo   en la Batalla del Ebro al lado de los “Nacionales“. Una vez en Burgos también colaborará de forma estrecha con el Jefe de Propaganda de Falange, el indómito Dionisio Ridruejo. Junto a éste se formará como locutor de trinchera. Dedicado a mantener los ánimos en los contingentes del ejercito de los “Nacionales”, resulta herido en el frente : Martin de Riquer pierda la mano derecha. El acontecimiento le otorgará el honroso estatuto de “mutilado de guerra“. Un elemento altamente simbólico que contribuirá durante los años de la posguerra a disipar cualquier sospecha sobre su lealtad a un régimen que sin embargo le irá decepcionando a lo largo del tiempo.

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                                      Los Tercios de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat

La etapa de Burgos supondrá su directa vinculación a la revista Destino. Fundada en 1937 por Josep Maria Fontana, Ignasi Agustí, Josep Vergés, Joan Ramon Masoliver y Joan Teixidor y editada desde Valladolid, Destino jugará un papel importante en la reestructuración de la vida cultural española de la posguerra tras el vacío dejado por el exilio masivo de la intelectualidad republicana. El espíritu de  Destino contrastará con creces con el crudo ambiente fascista de los sectores castrenses y las clases acomodadas refugiadas en Burgos. Años más tarde y ya desafecto al régimen de Franco, Josep Vergés recordará precisamente en su epístola con Miguel Delibes la dimensión  grotesca de ese falangismo militar y social.  Nido de lo que se va a acabar conociendo como “falangismo intelectual”, Destino  no sólo pretende aportar una fuente de legitimación moral e intelectual al Alzamiento bajo las ideas de José Antonio, que además aspirará a ejercer una función neutralizadora respecto a la catalanofobia que caracteriza entonces a la “Zona Nacional”. Se tratará en efecto de someter a revisión toda la historia política catalana desde la Renaixença hasta las Bases de Manresa, pasando por el Estatut de Nuria de 1932.

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Es la etapa de su primera vinculación a Destino en la que con más claridad se perfilará la posición intelectual de Martin de Riquer sobre el lugar y el papel de la tradición literaria y cultural catalana en el marco de la identidad nacional española o por decirlo en los términos de la parafernalia retórica que dominó la “Zona Nacional” durante los años de la Guerra Civil y del primer franquismo, la comunidad de destino en lo universal.  La tesis central de Riquer apuntará sobretodo a la influencia de la literatura medieval en la propia tradición literaria castellana medieval y moderna. Según Martin de Riquer  la literatura medieval habría contribuido a la gloria de las letras castellanas, constituyéndose así un todo unitario. De esta manera, el catalán no vendría a ser un hecho diferencial separado y contrapuesto al castellano, sino todo lo contrario. El posicionamiento intelectual de Riquer había abierto dos frentes : primero contra la reapropiación de la tradición cultural por parte del catalanismo político y segundo contra las interpretaciones  franquistas de la lengua y la cultura catalana como un ente sólo folklórico y rudimentario. Riquel mantuvo esta postura intelectual a lo largo de toda su trayectoria académica e investigadora como historiador de la literatura medieval catalana. Lo que, ya en pleno franquismo, le mantendrá en una actitud crítica respecto al asimilacionismo castellanizador emprendido por el Estado. Para Riquer, el catalán ya es una lengua española. El elemento a destacar es que los llamados ” Catalanes de Burgos”  y al contrario de lo que se ha querido pensar, no operarán un proceso de “despolitización” de la lengua a través de una clara disociación entre el catalanismo cultural y el catalanismo político. Más bien, emprenderán una desconstrucción y reconstrucción de la discursividad política alrededor de las cuestiones simbólicas.

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Dionisio Ridruejo y Joan Ramon Masoliver

Extraída del estricto contexto histórico, político e ideológico en la que fue defendida, la tesis de Martin de Riquer se torna interesante y suscita debate en la medida que ayuda a esclarecer los juegos de poder y las retóricas contingentes. En especial en los propios procesos de apropiación de los sistemas culturales y simbólicos respecto el trazado de las fronteras de la conciencia y la identidad colectiva.  Quizás el posicionamiento de Martin de Riquer sea de alguna utilidad en medio del actual y delirante debate identitario que  prima en Cataluña y también en el resto de España : la instrumentalización por parte del nacionalismo y del soberanismo independentista de la cuestión lingüística y su voluntad de imponer una visión unísona de Cataluña es un ejemplo elocuente. No hace falta ser un gran experto para deducir que la confrontación entre lo castellano y lo catalán es el derivado directo del mecanismo de “esencialización” y mitificación del segundo término, sobretodo con el maquiavélico objetivo de esquivar cualquier debate entre visiones diferentes y contingentes de la cultura y la lengua catalana.

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Ignasi Agustí

Delegado Provincial de Propaganda

Intelectual al igual  que combatiente ya mutilado, Martin de Riquer entrará de la mano de las tropas italianas en Tarrogona en enero de 1939 y finalmente en Barcelona juntos a los ” Nacionales” en febrero del mismo año. Ya en su ancianidad, recordará su entusiasmo de juventud y  haber soñado que entraba en la capital condal sobre un “caballo blanco” para librar Barcelona de la tiranía roja. Ese fantasioso sueño épico confirmará la profunda influencia intelectual que había ejercido en su formación literaria la novela medieval. Devoto del Caudillo, de José Antonio y del Movimiento Nacional,   se pondrá en los inmediatos años de la posguerra al servicio del mismo. Enseguida es nombrado Delegado Provincial de Propaganda de Barcelona por intermediación de Xavier de Sala ante Dionisio Ridruejo. Riquer sustituye así a Joan Ramon Masoliver, que es nombrado corresponsal de La Vanguardia en Italia. Crítico literario y traductor, Masoliver tendrá durante los primeros años veleidades mussolianas, para ir decepcionándose de forma progresiva del régimen franquista y de la siniestra y oscura España de la posguerra,despertando por lo tanto del sueño de la revolución nacional-sindicalista.

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Jefe del ceremonial para el recibimiento de Franco en su visita en 1942, Martin de Riquer no acaba sin embargo de sentirse a gusto como Delegado Provincial de Propaganda. Su vocación intelectual y pasión por las letras y las humanidades contrasta con unas funciones que le convierten sobretodo en un burócrata del régimen. El secuestro de los libros en catalán por parte de la censura y las funciones de criba y filtro que suelen ejercer los encargados de propaganda de la Falange le dejan un mal sabor. Martin de Riquer se mantiene en su tesis, ya defendida desde los tiempos de Burgos, de que el catalán no puede ser objeto de persecución sistemática, por ser, según él, en efecto, una lengua española y un elemento esencial de la identidad nacional. Su incomodidad se acentuará a raíz de las propias veleidades antisemitas del Estado franquista, teniendo que sufrir las presiones de la Embajada alemana sobre la Delegación Provincial de Propaganda. Martin de Riquer terminará presentando su dimisión como Delegado de Propaganda ante Arias Salgado a raíz de la censura en España de la que es objeto la obra del escritor de origen judío Heinrich Heine. 

La experiencia académica y la pasión  por el medievalismo

                        Siempre con su vocación humanista en el horizonte, se licencia en Filosofía y Letras en 1941, cerrando de manera definitiva una formación en el mundo del comercio con el que nunca se había identificado. Más tarde entrará a trabajar como profesor auxiliar en la Universidad de Barcelona. En 1950 gana oposiciones y obtiene la cátedra de Historia de Literatura Románica y comentario estilistíco de Textos Clásicos y Románicos Modernos. Son años en los que abandonará de forma definitiva las funciones burocráticas vinculadas al régimen para dedicarse en exclusiva a la enseñanza, el estudio y la labor investigadora. Esto siempre en el marco de su profunda inquietud intelectual por la literatura medieval catalana.  Martin de Riquer contribuirá con creces al redescubrimiento y el estudio de la obra  Tirant Lo Blanc de Martorell, centrándose también en otros autores medievales catalanes como Ausias March o Bernat de Ventadorm.  Hay que señalar también sus clases magistrales sobre Los Trobadores y del que derivará en los años 70 una monumental obra del mismo título . Notorios serán también sus novedosos estudios sobre El Quijote y sobre el que se convertirá en una de las grandes autoridades mundiales. El elemento a destacar es que su renovadora relectura, tanto de la literatura medieval catalana como de la modernidad literaria castellana, se alejará en mucho de las interpretaciones propiamente “reaccionarias” de las mismas que cundieron en algunos sectores del franquismo académico “duro”. Lo que explica la enorme influencia que ejercerá en medievalista de nueva generación de clara adscripción anti-franquista.

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A lo largo de los años 40 y 50 compatibilizará su labor docente con toda suerte de publicaciones más o menos cercanas  o disidentes respecto al régimen franquista. Entre ellas la revista ” Solidaridad Nacional” dirigida por Luys de Santa Marina, fundador de la Falange catalana y autor de una serie de obras literarias más o menos pésimas pero firmemente adscritas en la urdimbre ideológica del régimen. También participará en otras revistas de más aliento intelectual como El Escorial, Vértice  y Revista, dirigida por Dionisio Ridruejo en el momento en el que el antiguo Jefe de Propaganda de la Falange parecía ya haber caído de manera definitiva en desgracia.

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Luys Santa Marina, fundador de Falange en Cataluña

Al lado de la labor docente, la investigación y la escritura, también tendrá actividades vinculadas a instituciones culturales como el Ateneu de Barcelona. Este último se había convertido después de 1939 en un lugar austero, gris y triste a raíz del exilio del republicanismo intelectual, quedando barrido el espíritu ilustrado y erudito de la época de la Segunda República. Riquer seguirá en ese sentido mostrándose muy crítico con la política “intervencionista” de las autoridades franquistas, su veleidades castellanizadoras y la política de purga y censura emprendida respecto al fondo bibliotecario y documental en lo referente a los libros en catalán. Vocal de la emblemática institución barcelonesa, Riquer también va contribuir a una cierta reactivación de la vida cultural en el seno de al mismo, sobre todo gracias a la organización de conferencias de carácter erudito, pero también a la participación de los nuevos intelectuales y escritores que irán surgiendo en los años de la posguerra impulsados por la política editorial de Josep Vergés al frente de Destino.

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Opuesto a las presiones de las autoridades franquistas y defensor de la autonomía de las instituciones culturales catalanas, Martin de Riquer terminará presentando su dimensión como vocal del Ateneu en 1952. Detalle a no omitir, a pesar de su progresivo distanciamiento respecto al régimen franquista y su contundente crítica de la política asimilacionista del Estado franquista, Martin de Riquer seguirá siendo una de las grandes bestias negras del ayer como hoy sectario Institut d’Estudis Catalans.  “Catalán de Burgos, los sectores catalanistas más acérrimos no le perdonan sus simpatías por el falangismo y decidido apoyo al Alzamiento  y eso a pesar de que Riquer no hubiese pasado por ese proceso asimilacionista-castellanizador : al que sin ningún empacho se había sometido un sector importante de la parte alta de Barcelona definitivamente integrado en el franquismo sociológico.

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La “Caputxinada” y el fin del sueño de la revolución nacional-sindicalista

                       

                             La evolución de Martin de Riquer durante la segunda mitad de los años 50 no puede disociarse de la fisuras sufridas por el régimen franquista, cuya originaria estructura totalitaria se irá disolviendo para derivar de forma progresiva hacia un Estado autoritario de carácter “reaccionario”:  definido por un lado por la crisis del nacional-catolicismo y la definitiva pérdida de influencia de Falange por el otro. La disidencia entre intelectuales y políticos próximos del régimen también será un factor determinante en la evolución de un Martin de Riquer, que irá abandonando poco a poco su perfil de entusiasta militante falangista de la época de Burgos y la etapa fundacional de Destino. El paso a la oposición antifranquista de figuras emblemáticas del régimen como Dionisio Ridruejo y Antonio Tovar, a disidencia de Laín Entralgo, la purga de profesores como López Aranguren, Gil Calvo y Tierno o la propia caída de Joaquím Ruíz-Giménez pondrán en evidencia la implosión del régimen.

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Época de una generación de estudiantes nacida en la posguerra, de la crisis del SEU  y de las demandas de democratización en la universidad, Martin de Riquer no dejará de verse implicado muy a pesar suyo en el clima de las nuevas revueltas estudiantiles. Hombre de consenso, se opondrá con firmeza a la represión policial, solidarizándose con los estudiantes de la Universidad de Barcelona con motivo de los hechos de Paranimf  y de la Huelga de Tranvías de 1957. Aceptó de hecho  presidir las ” Cámaras” (  asambleas de estudiantes), apostando por una salida consensuada de la crisis y sin represión policial. Martin de Riquer tiene en efecto una visión “unamuniana” de la universidad y donde según él debe primar la razón y el conocimiento sobre la fuerza bruta. Los hechos de Paranimf   le costarán de hecho no pocos roces con las autoridades franquistas. Si todavía por aquel entonces se le sigue considerando un intelectual del régimen y Martin de Riquer continua no teniendo un choque frontal con la dictadura, el desafecto hacia ella empieza ya ver sembradas tiene sus semillas. En 1966 se implica en la Caputxinada  protagonizada por estudiantes, intelectuales y profesores universitarios. Vicerector entonces de la Universidad de Barcelona, se ofrece como mediador entre las autoridades franquistas y los encerrados. Riquer es partidario de encontrar una salida negociada y consensuada, basada en que los encerrados depongan su actitud a cambio de que no se opere ni represión, ni arrestos, ni sanciones contra estudiantes y profesores. El régimen franquista desautorizan su propuesta. Durante aquellos acontecimientos Martin de Riquer demuestra un bien diferente temperamento que el de García Valdecasas, en cuanto a él representante del franquismo más “purista” y partidario de la represión contra los estudiantes y profesores. 

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                              La Caputxinada en 1966

                 

                         Riquer acabará presentado su dimisión como Vice-rector. No dejará de solidarizarse con el también dimisionario José María ValverdeValverde ejercerá una gran influencia en los estudiantes de los años 60 gracias a un jovial y gentil temperamento. Filólogo, hará grandes innovaciones en la teoría de la traducción, además de contribuir con creces a la conocimiento de la obra de Joyce en España y de la que será su principal y exquisito traductor. Valverde tuvo una fructífera relación intelectual y académica con Martin de Riquer y de la que su monumental Historia Universal de la Literatura vendrá a ser un ejemplo.

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  José María Valverde

De lado de los estudiantes, Riquer irá de testigo de la defensa en el tribunal militar contra alumnos muy alejados ideológicamente de él, como fue el caso de Salvador Clotas, Francisco Fernández Buey y Manuel Vázquez Montalban.  Respecto a Vázquez Montalban no dejará de expresar años más tarde su admiración, en especial en lo referente a  la habilidad de éste con una novela negra y de intriga y por la que Martin de Riquer sentía afición. Impera unanimidad sobre la escasa  calidad literaria y estilística de Montalban, pero no cabe duda que llegó a ser junto a otros como Terenci Moix, uno de los grandes monstruos de la novela comercial y un buen reflejo de los cambios ya no sólo en las políticas editoriales, sino en las pautas de consumo de los productos culturales por parte de la sociedad española. Aunque académico de pura sangre, Martin de Riquer distó mucho del aristocrátismo de sus colegas y se mostró receptivo ante las mutaciones en la forma de escribir y de leer en una sociedad española que irá conociendo un progresivo proceso de democratización cultural. Tenido por un héroe durante la caputxinada y objeto de unánime ovación, Martin de Riquer se había negado a convertirse en paladín de aquellos acontecimientos : la política no le interesaba. Sin embargo se verá implicado en ella muy a su pesar. Los hechos de Sarrià demuestra de hecho una silenciosa pero progresiva ruptura con el régimen que daba fe del largo camino recorrido desde su lejana condición de locutor de trinchera en la época de Burgos.

Senador a regañadientes

                 

Durante los años 60  Martin de Riquer será nombrado preceptor del entonces Principe Juan Carlos a instancias de Torcuado Fernández Miranda, contribuyendo a la formación humanista del futuro monarca. No cabe duda que el talante de soberano ” Ilustrado” que brindó en los primeros años de la Transición guarda una relación directa con la influencia que ejercerá sobre él Martin de Riquer : un perfil que contrasta con él de hoy y que parece recordar mucho más a los esperpénticos Borbones de la Restauración. Siempre distante respecto a la política, Martin de Riquer formará parte muy a regañadientes del Consejo Privado de Don Juan hasta su disolución.  En ese sentido pretendió contribuir a una mejora de la imagen de la monarquía en Cataluña, bestia negra de los sectores catalanistas. Tras las primeras elecciones generales de 1977 se convertirá, también a regañadientes, en senador por designación real. Martin de Riquer apoyo en ese sentido la designación  de Maurici Serrahima, un hombre procedente de Unió Democràtica de Catalunya que había ido  evolucionando de la democracia cristiana a una templada posición socialdemócrata. Lo que vendrá a confirmar la propia evolución ideológica de Martin de Riquer, que evidentemente se salía ya de los viejos esquemas dicotómicos y excluyentes de su etapa falangista. Accedió a ser senador suplemente en la Entesa encabezada por Josep Benet, dando también por definitivamente disuelto aquel imaginario de una Cataluña divida y desgarrada de su época de Burgos.  También formó parte del Comité de Recibimiento de Josep Tarradellas. Siempre partidario de un catalanismo “moderado”, su gesto tuvo una alta carga simbólica que testimoniaba igualmente de la ruptura con los preceptos ideológicos que habían movido a los “Catalanes de Burgos” y la gente de Destino  en base a un total repudio del catalanismo político.

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El fin de toda una época  

Hombre con una dilatada carrera académica y universitaria, miembro de la Real Academia Española y de la Academia de Barcelona de las Bellas Letras, así como autor de una basta obra, Martin de Riquer tuvo un equitativo reconocido : Premio International Menéndez Pelayo; Premio Nacional de Ensayo; Premio Príncipe de Asturias; Premio Nacional de las Letras Españolas. Durante los últimos años también le debimos una monumental y exitosa obra en colaboración con su hijo Borja de Riquer, una de las grandes autoridades en historia política de Cataluña y sin duda el mayor conocedor de la figura de Cambó : “Reportajes de la historia“. Con su muerte se ha ido una de las grandes figuras de la vida cultura española y catalana, acabando de confirmar la extinción de la figura del viejo intelectual del siglo XX español. Más allá de todo esto, lo que se cierra sobre todo es una etapa de la historia de España y de la que Martin de Riquer fue testigo y uno de los protagonistas privilegiados. Se fue, en efecto, el último ” Catalán de Burgos y uno de los últimos representantes de esa generación “sacrificada” en el dramático abismo que generaron las ” Dos Españas”. 

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