EN EL CENTENARIO DE IGNASI AGUSTÍ : COMENTARIOS SOBRE UNA SINGULAR BIOGRAFÍA

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A diferencia de lo que sucede en el mundo anglosajón e incluso entre nuestros vecinos franceses, el género biográfico no constituye tradición en las pautas de consumo de los productos editoriales y por lo tanto tampoco en las propias políticas de los sellos. Se le considera un género “menor” en comparación a la producción literaria y narrativa e incluso al ensayo divulgativo. Sin embargo, no debe omitirse que el valor de la biografía no está solamente en lo que pueda enseñarnos respecto a la memoria individual de los sujetos, sino a la propia “memoria colectiva”.  Un ejemplo es  sin duda la biografía sobre Ignasi Agustí, a cargo del periodista y escritor  Sergi Doria , Ignacio Agustí, el árbol y la ceniza  y publicada por Destino este mismo año con motivo del Centenario del nacimiento del escritor catalán.

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                   Sergi Doria

             

             En un estilo “intimante”,  Sergi Doria hace en esta biografía un interesante recorrido por la infancia de Ignasi Agustí y el periplo de su acomodada familia en la finca Can Torres de Lliça de Vall, pequeña localidad situada en la comarca del Vallés Oriental de la provincia de Barcelona. La personalidad de su padre, Luis Agustí,  hombre de profundas  creencias religiosas y la evolución de la situación económica, social y personal de su familia constituyen el primer abordaje de la biografía de Doria. A partir de  aquí el autor  va  dando a conocer a sus lectores a  un joven Ignasi Agustí de carácter introvertido y acomplejado por un aspecto físico que le dejan fuera de las tradicionales  representaciones de la masculinidad. De pequeña estatura y un tanto enclenque Agustí cumple poco con los ideales de virilidad y fuerza que se vinculan culturalmente al género masculino. No está de hecho de más recalcar, (aunque Doria no aborde el tema), que las diversas corrientes del regeneracionismo insistieron en la pérdida de la vieja hombría hispánica como uno de los orígenes de la decadencia nacional. Más  allá del lado delirante y ridículo que caracterizó las tesis de algunos de los  representantes del regeneracionismo  , está claro que incidió en la mentalidad del universo varonil. Hijo de uno de los fundadores del F.C.B , el mundo del football, que compartió también con  su amigo de infancia, Carlos Sentís, acabará de alimentar en él sus complejos.  Estos van  a determinar en mucho su personalidad y su obsesión por compensarlo, sobre todo a través de la escritura y la creación literaria. Esa primera entrada en la biografía de Ignasi Agusti por parte de Doria ayuda en mucho a comprender el significado de su producción literaria y ante todo de su obra más conocida : La ceniza fue árbol. Un recorrido novelesco por la evolución de una familia de la burguesía catalana y que alberga un marcado elemento “autobiográfico”.

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                                             Carlos Sentis

                   

                                 Ignasi Agusti transcurrió su vida académica entre los Escolapios  de la calle Diputación de Barcelona y los Jesuitas de la calle Caspe. Un paisaje urbano barcelonés que inspirará de hecho el personaje de Joaquin Rius. Su primera adolescencia va a desarrollarse en medio del tenso clima social imperante en Barcelona y el surgimiento del fenómeno del pistolerismo : la Guerra Civil ya empieza entonces a correr por las venas de los españoles. Es entonces que empieza a forjar amistad con Carlos Sentis y Joan Ramon Masoliver. Al igual que otros de su generación como Martin de Riquer, empieza a escribir sus primeros poemas en la revista Juventus, órgano  de las Congregaciones Marianas. El estilo que le caracteriza le sitúa entonces a caballo entre el simbolismo y el realismo. Su poema Els tres d’Orient  ya le hacen ganarse el apoyo de Salvador Espriu y Guillermo Díaz-Plaja, que verán en él el embrión de un gran poeta muy marcado por el superrealismo francés. En esa misma época entablará amistad con Sebastian Juan Arbó, que también se había convertido en una joven promesa con su novela “Inútil Combat“.

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                                                              Juan Sebastián Arbós

En plena República, su evolución poética se hace patente : Agustí está fascinado por García Lorca y la Generación del 27.  Publica entonces la colección de poemas El veler  y que marcará un giro copernicano respecto a las primeras composiciones poéticas en  Juventus.   Estudiante sin vocación de la carrera de Derecho, con su familia ya casi en la ruina económica, el periplo por el mundo  literario, teatral y poético se hace definitivo. Empezará a colaborar en el Mirador con el apoyo de Carlos SoldevilaJust Cabot, del que terminará distanciándose y finalmente enemistándose a medida que se vislumbra la polarización de la sociedad española y catalana y toma forma la antesala de la Guerra Civil. Llegado el Bienio Negro en 1933 , entra a colaborar en La Veu de Catalunya de la mano del propio  Guillermo Díaz-Plaja, donde se ocupa de la sección de crítica literaria y teatral. Es un periodo en el que ya empieza a forjarse sus ideas sobre el catalanismo y la Reneixença, mientras se asienta las bases en él de sus futuros ideales falangistas y  su total ruptura con el catalanismo político. Ignasi Agustí comienza en ese mismo periodo a ser objeto de ataques burlones, siempre en referencia a su pequeña estatura y desde revistas como Mirador y Be Negre. Miembro de la peña La Caverna en el Ateneu, la tensión política se deja sentir entre los tertulianos : serios altercados verbales e incluso físicos  llegan a producirse. Las tensiones políticas y el clima cada vez más enrarecido no le impide seguir alumbrando obras, entre otras sus novela corta Diagonal , Benaventurats els lladres o la pieza teatral L’Esfrondada.  La pasión lorquiana de Agustí  acaba entonces no siendo ya  la que era : la fascinación por Bodas de sangre y la compañía de Marguarita Xirgu será equivalente a la profunda decepción que le terminará produciendo el estreno de Doña Rosalita. En esa época irá constituyendo nuevas amistades ideológicamente afines como la que entabla con el pintor Grau Sala.  La polarización ideológica, política y social y el desgarro de toda una generación se encuentran ya a la vuelta de la esquina.

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Agustí tuvo un periodo de juventud marcado por Lorca y Xirgu

Llegado febrero de 1936, Agustí es enviado por la emisora de Cambó, L’Instant a cubrir las elecciones : el ambiente es irrespirable. Testigo de la tensión que domina Madrid y el conjunto de España y casi cantada la victoria del Frente Popular, la fascinación y simpatía por la Falange empieza a forjarse en él. Favorable al Alzamiento, tras el 18 de Julio abandona Barcelona en un carguero alemán  rumbo a Génova y después a Múnich. El pronunciado ambiente antisemita no deja sin embargo de producirle cierta incomodidad : lo que confirma las singularidades de la experiencias fascistas aún a pesar de su vocación anti-democrática y anti-liberal.  Todavía así, sigue adhiriendo a los ideales totalitarios que se concretizan en el proyecto de la Falange y la revolución nacional- sindicalista. Convencido por Carlos Trías Bertrán, se afilia al partido en 1937. Es gracias a la mediación de su compañero también falangista Felipe Ximènez de Sandoval que consigue un salvoconducto de Múnich rumbo a Lisboa y después desde la capital lusa rumbo a Salamanca y Burgos. Una vez allí entabla relación con Xavier de Sala y Josep María Fontana, que están empezando a montar una publicación que pretende ser la portavoz  de la Jefatura Territorial de Falange Española Tradicionalista : el 6 de marzo de 1937 ve la luz el primero numero de Destino.  Nutrido de una amplia experiencia como periodista y de la que por cierto carecen los fundadores de la revista, Agustí termina por convertirse en un imprescindible. Comenzará a colaborar en el seminario bajo el pseudónimo de Gustavo Riff.  Por aquel entonces también vendrá a cruzarse en su camino un joven colaborador que firma sus artículos con el nombre de Fog  y que terminará siendo una de las figuras más relevantes de la vida cultural española de la posguerra : Josep Vergés.

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                                               Josep Vergés ( en el medio) junto Teixidor y Brunet (izquierda), Luján y Pla ( derecha)

Con maqueta un tanto un rudimentaria y aspecto de hoja dominical, Destino irá adquiriendo el aspecto de un semanario digno de ese nombre, sobretodo gracias a la colaboración de uno de sus grandes amigos , el pintor  Pere Pruna, que se encargará de la parte topográfica de los encabezados y de Valentín Castanys, que por su parte tomará a cargo los dibujos e ilustraciones dentro de los objetivos propagandísticos que mueven en su origen a la publicación. Imprimida en Valladolid, empezará a adquirir gran difusión, terminando por colaborar en ella todos los grandes nombres del falangismo intelectual de fuera de Cataluña, desde Gonzalo Torrente Ballester hasta Pedro Laín Entralgo. Es el periodo en el que también se articula la definitiva evolución ideológica de Ignasi Agustí, que desde la páginas de Destino clama contra los males del romanticismo de la Reneixança, el liberalismo, el autonomismo y el catalanismo republicano. Llegado febrero de 1939, Agustí entra en Barcelona con la tropas “Nacionales“. Ciudad agotada, desmoralizada, derrotada y humillada , pero también  aliviada por el fin de la guerra, Agustí cree definitivamente liquidado el catalanismo político, mientras espera el retorno a una Cataluña “tradicional”, donde la lengua y la cultura catalana puedan ser integradas como parte esencial de esa “comunidad de destino en lo universal”. Es obvio que se equivoca. Los mitos sobre la “lengua del Imperio”, el arranque catalanofóbico del régimen franquista y la negra España de la posguerra van a sentar las bases de la reconstitución de aquello mismo  contra lo  que los “catalanes de Burgos” habían luchado y creían haber expulsado a jamás de la historia de Cataluña.

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Implantado el régimen franquista, Agustí ya no encuentra la Barcelona que dejó al principio de la Guerra Civil. Las heridas están presentes y muchas amistades rotas. Por aquel entonces se convierte en un burócrata de la dictadura como subdirector de Información. En esos primeros años todavía sigue siendo un panfletista y propagandista del régimen. Publica a ese respecto su compilación de artículos  ” Un siglo de Cataluña” y recogerá buena parte de sus ideas anti-republicanas y anti-catalanistas. Es la misma época en la que el propio Pla lanza su famosa Historia de la Segunda República Española y que también parece tener un carácter panfletario. La evolución “castellanizante”  de Agustí  se deja ver con la publicación de “El viaje de Filomena Cardús”.   En 1942 lanza su  novela Los surcos, mientras que va forjando su faceta como escritor en lengua castellana. Marcada por un estilo neoromántico muy distanciado de su creación poética realista y simbolista de la época de la República, Los surcos tratará de las sospechas de un hombre sobre las infelicidades de su esposa. Una cuestión que va a marcar su producción literaria posterior. Agustí sigue en efecto penetrado por una falta de confianza en sí mismo como esposo. Su aspecto físico, por el que vive acomplejado desde su más tierna infancia, le hace vivir en una eterna duda sobre sus dotes como hombre. Casado por interés con una apuesta, bella y moderna muchacha de la buena sociedad barcelonesa, siente un agudo complejo de inferioridad a la vista de su aspecto más bien enclenque. Los celos y las sospechas le correen y es precisamente lo que explicará la dimensión psicológista de su propia producción literaria.

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Esos primeros años de la posguerra también serán determinantes en la evolución de Destino. Nacido en Burgos como un tribuna propagandística de la revolución nacional-sindicalista, las relaciones con la Falange comienzan ya a enrarecerse. Agustí como director y Vergés como administrador pretenden una autonomía que los falangistas no están dispuestos a tolerar. Con graves problemas económicos en la precariedad de la posguerra, Destino consigue por fin cierta emancipación respecto a las suscripciones de Falange, sobre todo gracias al apoyo del Conde de Godó, dueño de La Vanguardia : Destino  instala efectivamente su sede en la calle Pelayo y en el mismo edificio que el del rotativo. Aunque Agustí es un hombre del régimen, el clima de represión y terrorismo ideológico que ejerce el primer periodo “totalitario” del franquismo y bajo la influencia  de la Falange terminan agobiándole. Contra los criterios de las autoridades, llega incluso a prestar su apoyo público a Jaume Vicens Vives, que ha sido uno de los hombres depurados por la dictadura. La tensiones con Falange se tornan de hecho cada vez más insostenible. Agustí intenta amortiguar las presiones de la Falange y de la propia gobernación de Barcelona haciéndose con contactos y apoyos en Madrid, como los de Eduardo Anós ( hombre próximo de El Pardo)  y de Eugenio Montes,( figura fuerte de Falange).   Carlos Sentis es el mediador,que ejerce por aquel entonces de “especie de embajador” de la revista en la capital. Sentís consigue algunos apoyos a cambio de favores, como por ejemplo la aceptación en Destino de colaboradores y articulistas del agrado del régimen. Aún así, las relaciones entre la revista y los falangistas más “puristas” siguen  al rojo vivo: un grave incidente se avecina ya.  

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  Juan de Borbón

En el ojo del huracán, el Conde de Godó le propone un puesto de corresponsal de La Vanguardia en Zúrich. La necesidad de apaciguar las relaciones con Falange aconsejan la partida. Una vez en Suiza seguirá de cerca la evolución de la Segunda Guerra Mundial. Anglofilo de pro, ya empieza a sentir simpatía por los Aliados. En Suiza entra de hecho en el círculo intimo de los juanistas, sobre todo a través de su amigo Julio López Oliván. Es  también en Zúrich donde se encontrará con algunas figuras relevantes del exilio catalanista y republicano, entre ellas, Ventura Gassol, conseiller de cultura del Presidente Companys.  Bajo la influencia de López Oliván y del propio Conde de Godó, el director de Destino en excedencia forzada comienza a manejar la posibilidad de una salida “monárquica” como instrumento de “reconciliación nacional” en España. Si su anti-republicanismo visceral sigue gozando de la mejor salud, sus simpatías fascistas comienzan en cambio a aflojar.  De retorno a Barcelona y tras asumir de nuevo las riendas del semanario, implanta una línea editorial claramente aliadofilica, denuncia los rencores dejados por la Guerra Civil y las purgas políticas tras la victoria, apelando a la necesidad de la reconciliación y la toma de un nuevo rumbo para España. Los falangistas se la tienen jurada : Destino es asaltado a mano armada y el local destrozado en 1943.

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A lo largo de su biografía Sergi Doria narra con claridad el compás que se produce entre las dudas políticas de Agustí y sus certezas literarias. Sus esquizofrenias ideológicas  van a contrastar con la constitución de una cierta unidad en su producción literaria que a partir de 1944 le catapultará de manera definitiva hacia la fama. Es en ese mismo periodo que publica en efecto el primer volumen de su famosa ” Saga de los Rius” : Mariona Rebull. Una trama inspirada en finales del siglo XIX y en el que se entremezclan el espíritu arribista de los nuevos ricos que se acaban de integrar a la burguesía catalana; las intrigas ;  los intereses económicos; las tensiones políticas y sociales en medio del auge de la tradición anarquista en Cataluña. Pero sobr todo ,la cuestión de la infidelidad matrimonial y del desamor. Un tema que volverá a ser central en su obra y que confirmará la dimensión profundamente autobiográfica de su producción literaria. El éxito editorial de Mariona Rebull hace que Saénz de Heredia la lleve al cine en 1947, constituyendo una pieza esencial de ese cine franquista de la tardoposguerra.  A partir de ahí vendrán otras entregas como Desiderio o el viudo Joaquin Rius.  En realidad la “Saga de los Rius” alberga a la vez un carácter de novela histórica y psicológica, donde la realidad social de la Cataluña anterior a la Guerra Civil  se entremezcla con las angustias y las inseguridades personales, que en realidad no parecen ser otras que las que sacuden al propio Ignacio Agustí.

La producción literaria de Agustí no sólo va a contar con el decido de apoyo de sus viejos compañeros de la etapa de Burgos, como es el caso de Joan Ramón Masoliver y Joan Teixidor, sino también del favor de una crítica más amplia y ajena al estricto círculo de Destino, entre ellas del propio Azorín, que queda fascinado por la obra. En efecto, la obra de Agustí tiene un cierto aire que le vuelva a enlazar con una tradición galdosiana. Novela posiblemente digna de ser tildada de “burguesa”, la crítica la va a contraponer al estilo tremendista del realismo literario de la posguerra, que representan  personajes tormentosos y desmoralizados.

Una relectura contemporánea de Mariona Rebull  podría dar lugar a sendos y subjetivos debates sobre la calidad literaria de esta obra, sobredimensionada por unos e infravalorada por otros. Pero no cabe duda que su buena acogida entre la crítica literaria franquista de los 40 no está sin relación con la “subtextualidad” ideológica de la novela, en la medida que va a poner en cuestión todo el periodo histórico anterior a la ” Nueva España“. La trágica muerte de Mariona Rebull en el Liceo a raíz de un atentado anarquista  no sólo concuerda con el lado anti-obrerista del franquismo, sino con sus propios valores morales : perder la vida en los brazos de su amante parece así el destino de todas esas mujeres “pecadoras” que estuvieron en el imaginario del nacional-catolicismo.

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La segunda mitad de los 40 coincidirán con una nueva evolución de Destino cada vez más caracterizada por los problemas con la censura, los enfrentamientos con la Falange y el acoso del temible Gobernador Civil de Barcelona Correa Veglison.  También será la época del nacimiento de una figura que abrirá toda una nueva etapa en la historia intelectual y literaria española : el Premio Nadal. En sus orígenes el galardón pretende inspirarse en el Premio Crexells y el Premio Folguera, de gran prestigio antes de la Guerra Civil. Pero el espíritu que lo mueve de verdad es el homenaje al catedrático de literatura Eugenio Nadal, conocido por su libro  ” Ciudadades en España” ,  que había muerto prematuramente  de un tuberculosis, a la edad de 28 años. El desaparecido Eugenio era hermano de Santiago Nadal, estrecho colaborador de la revista y que  había  cumplido unas semanas de cárcel por su decidida apuesta a favor de los Aliados, de una monarquía liberal y su denuncia de los atropellos que los “vencedores” llevan cometiendo desde los inmediatos años de la posguerra.

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Cesar González-Ruano

La creación del Nadal había estado rodeado por toda suerte de intrigas, intercambio de favores y amaños en el que parece jugar un papel central el escritor César González-Ruano. Autor  ya reconocido, González-Ruano tiene una personalidad frívola y reputación de vividor. Acosado por las deudas, la nada despreciable dotación económica del Nadal parece destinada a sacarle de apuros. Sus presiones  sobre Agustí, Masoliver y Vergés no cesan, dando por cantado que el galardón recaerá sobre él. Los hombres de Destino no están sin embargo por la labor. La providencia traerá al despacho de la revista un sobre enviado por correo urgente y que llegará justo el último día de plazo para la presentación de los manuscritos. El paquete lleva el remitente de una tal señorita Carmen Laforet y en su interior el que marcará todo un hito en la literatura de la posguerra : Nada. Agustí se queda fascinado por la protagonista de la novela, Andrea, y la brillantez con la que aquella inédita y desconocida autora describe el ambiente de desmoralización, desconcierto y violencia que impera en el seno de una familia barcelonesa en los inmediatos años de la posguerra. Reunido para deliberación, González-Ruano es el primero en caer y el duelo se queda entre la joven escritora y el escritor gallego Alvaréz Blázquez. El jurado se divide en dos bandos encabezados por Agustí y Teixidor, que apuestan sin vacilaciones por Laforet y Masoliver y Vergés, que lo hacen por el escritor gallego. El criterio de los primeros se impone y Carmen Laforet acabará siendo la figura visible de toda una nueva generación de escritoras españolas. Desairado y humillado, González-Ruano rompe relaciones con Agustí y le jura venganza :  González-Ruano hace correr el rumor de una relación adultera con la esposa de Agustí. El hecho zarandea el ya de por si inestable estado emocional del escritor. Torturado por los celos y la inseguridad en sí mismo,  Sus pronunciados problemas con el alcohol terminan agudizándose.

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Carmen Laforet

                 

                       Destino irá consolidándose como el gran semanario español entre el periodo que va desde la creación del Premio Nadal hasta el Plan de Estabilización de 1957 que pondrá fin al periodo “totalitario”  del régimen. La editorial asienta ya además las bases de esa nueva generación del 50 que configurará la tradición literaria de la tardoposguerra y de la que van a ser figuras emblemáticas Miguel Delibes, Ana María Matute y Rafael Sánchez Ferlosio.  Negocio floreciente, sello editorial de indiscutible prestigio y publicación de innegable influencia política e intelectual, la “camaradería” que definió a los miembros de Destino en los años de Burgos y de la inmediata posguerra ya no es sin embargo lo que era.

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Miguel Delibes

La evolución interna de la dictadura tendrá su contrapartida en los propios entresijos que mueven a la revista y a la editorial y que estarán caracterizadas por unas relaciones insostenibles entre el gerente Vergés y el director Agustí. En primer lugar por motivos políticos : Vergés se reivindica como un “juanista” avant la lettre, mientras  Agustí apuesta por el Príncipe Juan Carlos, que por aquel entonces es todavía percibido como un signo de continuidad del  régimen franquista. La cuestión monárquica termina además de agravar las relaciones de Destino con los falangistas. El hostigamiento de Agustí hacia éstos y su decidida apuesta por un régimen monárquico que cierre las heridas de la Guerra Civil provoca la cólera de los falangistas más “puristas” : a requerimiento de Falange, el temible gobernador Correa Veglison ordena el secuestro del semanario y la imposición de una multa. Mientras tanto Vergés y Agustí ya están librándose un duelo a muerte.

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Destino en 1956

Escritor de prestigio, Agustí intenta ganarle la batalla a su rival, pasando un breve periodo de tiempo en Madrid, donde se mueve en los pasillos del poder, sobretodo con el fin de obtener el nombramiento como miembro de la Real Academia de la Lengua española y volver a estabilizar su tambaleante puesto de director de la revista. Agustí fracasará en el intento, teniendo que consolarse con el Premio Mariano de Cavia por un artículo necrológico sobre Eugenio D’Ors y el King’s Medal For Service  in The  cause Freedoom ; una distinción otorgada por la Reina Isabel II de Inglaterra a todos los periodistas y corresponsables extranjeros por su apoyo a la causa británica durante la Segunda Guerra Mundial. Llegado el número 1000 de Destino y la preparación de una edición para festejarlo, un nuevo “choque de trenes” se produce entre Agustí y Vergés. El primero quiere que se recuerde la genealogía de la revista y pretende rendir honor a algunos de los compañeros falangistas de la época de Burgos. Vergés, en cambio, aspira a romper todo vinculo con los orígenes y echar tierra sobre el pasado de la revista, muy a pesar de la conocida connotación joseantoniana de la cabecera. El todopoderoso gerente, arropado por Josep Pla y su círculo, impone las tijeras sobre la presentación que en principio tenía prevista Agustí para ese mismo numero. Con la cabeza más fría que su contrincante, en cuánto a él siempre perseguido por la inestabilidad emocional y sus problemas con la bebida, Vergés domina las maquiavélicas artes de la intriga : las conspiraciones para expulsar a Agustí de la dirección de Destino no tienen freno. Llegado el año 1956, fallece Figueras Manuel Brunete, colaborador de la revista y hombre de ideas conservadoras y convicciones católicas. Con su desaparición se hace evidente que se está agotando toda una época que hunde sus raíces en la Guerra Civil. Vergés quiere un cambio generacional en la revista  que llevé nombre y apellido : Néstor Lujan.

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                                                          Néstor Luján

Es el mismo periodo en que Agustí sufre un ataque de esquizofrenia que le obliga a ser hospitalizado un tiempo en la Clínica Dexeus. El doctor Fuster diagnóstica un grave estado psiquiátrico de Agustí. Después de tiras y aflojas, Vergés y su círculo han encontrado el pretexto perfecto para apartar de Destino a su veterano director. Agustí hace una última tentativa de resistencia frente a las intrigas de Vergés, buscando el amparo del Ministerio  de Información y de la Dirección General de Prensa, que paraliza el nombramiento de Luján como nuevo director. Más hábil que su rival y amparado por el conjunto de una redacción cuyos miembros no dudan ya de la precaria salud mental de Agustí, Josep Vergés conserva un último as en la manga : los estatutos de la empresa editora Publicaciones y Revistas  establecen que sólo a ella le corresponde la exclusiva competencia de nombrar y remunerar a los redactores. Se tratará por lo tanto para Vergés asegurarse la salida de Agustí de la Junta de accionistas. Con la mayoría de las acciones gracias al buen concurso del Conde de Godó, Vergés contrala ya la editora. Después de varios rifis-rafes, el viejo Fog  de la época de Burgos le gana la batalla a su antiguo compañero Gustavo Riff.  Vergés obliga a Agustí a venderle sus acciones. La camaradería y la cohesión que caracterizó a los “catalanes de Burgos” ya es cosa del pasado. Se abre así una nueva etapa.

                        El biógrafo Sergi Doria hace unos interesantes incisos en su narración de los hechos, intentando deshacer los dualismos que se han establecido en torno a la historia ” oficial” de Destino y según la cual, si por un lado Vergés habría representado la definitiva ruptura de los “catalanes de Burgos” con el régimen franquista, Agustí encarnaría en cambio la fidelidad al mismo y a los principios fundacionales. Según apunta Doria, ni Vergés parece ser ese liberal plenamente identificado con la oposición antifranquista, ni Agustí ese eterno franquista, “crítico” con el falangismo, pero fiel al Caudillo. Las tensiones en torno a las condiciones de la restitución de la monarquía, ejemplarizada en la división entre juanistas y juancarlistas, sólo parecen ser la cortina de humo que oculta juegos de poder y diferencias de personalidad en el seno del que había sido el gran símbolo de la reestructuración de la vida cultural e intelectual en la España de la posguerra : Destino.  En cualquier caso la ruptura con Destino es traumática y Doria nos recuerda que de qué manera VergésLuján sólo dejarán que tras el anuncio de la muerte de Agustí en 1974 aparezca  en el seminario una fría y breve noticia. Como completo a la excelente biografía de Sergi Doria, no estaría mal en ese sentido rescatar el también muy interesante trabajo de los historiadores Carles Geli y J.M.Huertas Claveria sobre los orígenes y la evolución de aquella revista nacida en el limbo de la revolución nacional-sindicalista y despertada de su propia pesadilla ideológica.

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Durante los años 60 la trayectoria de Agustí estará vinculada a la librería y el sello editorial Argos : una aventura que emprende junto el ex-nadador Angel Sabata y que  vuelve a dar testimonio de su poco olfato con los negocios y que terminará llevándole a la ruina al final de su vida. Su producción literaria opera una continuidad, dado que después de Desiderio  publicará la penúltima entrega de su pentalogía el Árbol es ceniza : 19 de Julio. Siempre en la línea autobiográfica de sus anteriores obras, 19 de julio narra la situación en Cataluña entre 1933 y 1936 a través del periplo de la familia Rius. Agustí se reafirma en las tesis ya mantenidas en la época de Burgos y suscribe en su totalidad las tesis de Valls Taberner sobre  los errores del catalanismo político. 19 de Julio le hace cosechar el Premio Nacional de Literatura. La critica de entonces ha sido unánime sobre la función de su novela como expresión de la memoria colectiva catalana.   Es también la época en la que establece vínculos con los sectores “aperturistas” del régimen, en especial a través de su relación con Manuel Fraga Iribarne, que parece su principal valedor. En esos momentos  Agustí se incorpora al periodismo después del mal sabor que le han dejado las intrigas de Vergés y su definitivamente defenestración de Destino.

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Nombrado director de rotativo El Español, periódico inscrito en la prensa del Movimiento, pretende hacer evolucionar a esta tribuna en el mismo sentido que DestinoAgustí fracasa en su intento, dado que la condena a muerte del militante comunista Julián Grimau supone una vuelta de tuerca “involucionista” por parte del régimen, que le destituye.  Director después de Tele/ Exprés, su nuevo periplo por el periodismo no goza de mayor fortuna. Obsesionado por el ambiente conspiracionista de la Abadía de Montserrat , adversario declarado de la revista Serra d’Or , crítico con la evolución del mundo católico a la par del Concilio Vaticano II y de la compenetración que los sectores cristianos empiezan a tener con el Partido Comunista, Agustí vuelve a tener otro tropezón en el mundo del periodismo : se opone firmemente a la solidaridad de los sacerdotes con el movimiento estudiantil, el movimiento obrero y los movimientos catalanistas.  Una buena parte de los lectores de Tele/Exprés se opondrán frontalmente a él. A diferencia de los antiguos  “catalanes de Burgos” que ya se sitúan claramente en el bando antifranquista bajo la batuta de Destino, o de otros intelectuales como Martin de Riquer, que se pone del lado de los estudiantes, Agustí es tenido por un “involucionista”. Agustí se ha quedado en realidad anclado en el pasado. Para él, Cataluña está volviendo a los peores momentos de la República y a una nefasta repolitización de la cultura catalana. Como es obvio, sus postulados, ya mantenidos en los lejanos años de Burgos, no guardan contacto alguno con la realidad de finales de los años 60. Aislado y mal visto, Agustí es finalmente destituido como director de Tele/ Expres. La revista Triunfo , en la que también es colaborador, le cierra a su vez sus puertas. Agustí sigue pensando que la cultura catalana ha de estar al margen de los devaneos políticos y sobre todo abstenerse de recuperar lo que él considerada la peor herencia : la Renaixença y la tradición republicana de Macià y Companys.  Fracasará en su intento de que Tele/Estel,  primer gran semanario en catalán desde el fin de la guerra, se insertase  dentro de ese catalanismo cultural sin inscripción política. Agustí tiende a olvidar  que la revitalización de la cultura catalana está asociada a la restitución de las libertades, de la democracia y del Estatut de 1932.  Más que un “involucionista” en el sentido estricto del término, Agustí está sobretodo miope respecto a la realidad que le rodea.   Tras su escabroso periplo por unos medios que en cambio si se habían hecho eco de las demandas de cambio de político,  dará un último brinco en el ámbito del periodismo y es a invitación de Luis María Ansón pasa a ser columnista en el ABC.

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Ya a principio de los 70 publica la última entrega de su pentalogía : Guerra Civil. Se revela obvio que Agustí es un hombre  de otro tiempo. Ha llegado la hora de editores como Jorge Herralde o Carlos Barral, del experimentarismo, de la literatura latinoamericana con Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Gabriel García Márquez, o de la nueva literatura comercial, con Terenci Moix o Manuel Vázquez Montalban. Agustí se adapta desde luego muy mal a estas nuevas vanguardias literarias y al nuevo clima político del antifranquismo. A pesar de las decepciones que le producirá el franquismo y de su continuada apuesta por la monarquía, Agustí está en la total “parálisis” política e intelectual.

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Si como nos recuerda su biógrafo Sergi Doria, injusto sería vincular su obra y figura solo al franquismo, sin tener en cuenta los matices y su relativa apuesta por una postura ideológica más o menos liberal o conservadora civilizada, no cabe duda que fue un hombre que estuvo en la retaguardia de los cambios políticos y sociales que anunciaban el final de la dictadura y el inicio de la Transición Democrática. A diferencia de Destino, que había sabido evolucionar con su tiempo a través de un proceso de rectificación encarnado en la propia trayectoria de Josep Vergés y que le hará ganar la simpatía y el respeto de una parte de la izquierda, Agustí se verá perseguido por el recuerdo del pasado, los traumas de la Guerra Civil y los temores, angustias y  amarguras vinculadas a ella. No sólo fue un hombre de su tiempo, sino también rehén de él. En ese sentido, no cabe duda que el autor de Mariona Rebull vivió dos fisuras. La de su juventud y que dividió a su generación en medio del universo de las “Dos Españas” y las de su madurez, al verse de nuevo separado y confrontado a sus antiguos compañeros de Burgos.

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                   Ignacio Agustí morirá en 1974 a raíz de un infarto, desprovisto de su capital, en una precaria salud mental  y sin llegar a ser testigo de los cambios políticos y sociales que acaecerán un año después con la muerte de Franco, la instauración de su añorada monarquía y una Transición con sus luces y sus sombras, pero que le volverían a confirmar como un hombre de otro tiempo. En 1976, el realizador Pedro Amalio López y el guionista Juan Felipe Vila-San Juan materializan en aquella RTVE del posfranquismo materializan en quince capítulos  la serie televisiva basada en su petanlogía, La saga de los Rius. Un antepasado de lo que será el género de las series con pretensiones de  depositarias de ” Memoria histórica” como ha sido el caso de la catalana ” Temps de Silenci“, ” Amar en tiempos en revueltos” o ” Cuéntame cómo paso”. Mirado de cerca, la petanlogía de Agustí no fue sólo una prueba de cómo  éste último quedó prisionero del pasado, sino también de su propia vida. En efecto, toda su producción literaria tuvo un lado autobiográfico vinculado a sus orígenes burgueses y a la trayectoria de su familia y sin que encontrase otras fuentes de creatividad.  Lo que en estos tiempos que corren bien podrían considerarse, por decirlo en terminología post-moderna, un ejercicio de “autoterapia”.  Aunque Ignacio Agustí sea un escritor “menor” dentro de la tradición literaria española ,que en los tiempos actuales podía haber sido contratado como guionista de un culebrón latinoamericano, hay que dar la bienvenida a la biografía de Sergi Doria. Escritor maldito e incluso proscrito, Sergi Doria parece con esta biografía haber cumplido el objetivo de extraer  a Ignasi Agustí de las tinieblas de la desmemoria. No cabe duda a ese respecto que constituye un documento editorial valioso para las nuevas generaciones de estudiosos de la historia de la literatura española y catalana.La historia intelectual española se hace entre todos y no cabe duda que Ignacio Agustí forma parte de ella.

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