XAVIER SABATA, PREMIO “ÓPERA ACTUAL” 2013 : EL MIRAGE DE LOS NUEVOS CONTRA-TENORES

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                                                                                   Xavier Sabata

La revista Ópera Actual acaba de entregar entre mes de octubre sus premios anuales del 2013, galardones que han recaído esta vez  sobre Leo Nucci , el Concurso Internacional de Canto  Francesc Viñas y el contra-tenor Xavier Sabata. El premio ha ido adquiriendo prestigio durante los últimos años y a la par de la propia consolidación de la hasta ahora única  publicación de crítica operística en el ámbito hispanoamericano, fundada a principio de los años 90 por el crítico, musicólogo e historiador del Liceo, Roger Alier y hoy dirigida por Fernando Sans Riviere.  El galardón al joven contra-tenor como artista más prometedor parece  haber estado motivado por la  exitosa carrera de Xavier Sabata en los más importantes coliseos europeos. Su primera  y haendeliana grabación en solitario, Bad Guys presentada en el Palau de la Música la pasada primavera, ha cosechado de hecho una buena acogida por parte de la crítica. La equidad de la revista dirigida por Fernando Sans Rivière no parece aquí estar en duda y es de celebrar que en un país como el nuestro, en el que nadie parece ser profeta ser en su tierra, se reconozca a nuestros artistas más reconocidos en el ámbito internacional y desgraciadamente siempre ninguneados a nivel nacional.

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Nacido en Avià en 1976, Xavier Sabata ha tenido un periplo fulminante. Artista prodigo, estudió  arte dramático en el Institut de Theatre. Se caracterizó también por un gran dominio del saxo, aunque acabará decantándose por la música histórica, de la que se ha dejado sentir la influencia de Jordi Savall y Montserrat Figueras. A ello hay que añadir su paso por el aula Marta Almajano y su perfeccionamiento en Alemania junto a Hochshule de Karlsruhe, donde se formó junto a Hartmut Höll y Mitsuko Shirai. Ha formado parte de las más importantes orquestas, entre otras Al Ayre  con Eduardo López Banzo, el Concierto Español de Emilio Moreno, sin olvidar otras extranjeras como la Washtington Symphonie Orchestra, o su paso más reciente  por la Orquesta Barroca de Sevilla. Como actor tuvo algunas intervenciones más o menos logradas, entre otras en la serie televisiva catalana Temps de silenci.  Si bien, su verdadera vocación parece haber sido el canto y no cabe duda que se convirtió en una verdadera revelación con motivo de su estreno en el Palau de la Música hace algunos años junto a clavecinista Kenneith Weiss. El camino del éxito le empezará a llegar tras su estreno en el Gran Teatro del Liceo con la L’incoranatione de Poppea de MonteverdiSabata se hizo notar también  por su participación en algunos festivales como  Tom & Bess  o Bedlam  y el VIII Ciclo de Música y Poesía dirigido  por Sybille Wilson. Virtuoso de Purcell, hay que señalar su magnifica interpretación  de las “Arias de locura”.  Desde entonces, la carrera de este joven contra-tenor no ha cosechado nada más que éxitos, convirtiéndose en una confirmación de la excelencia de la tradición lírica catalana.

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                             Xavier Sabata se ha ido transformando en los últimos años en una especie de nuevo  icono  del género barroco y cuya figura y trayectoria se inscribe  en la corriente de renovación generacional emprendida  por otros contra-tenores desde  Francia, Centroeuropa  y  Latinoamérica y  liderada sobre todo por el francés Philippe Jaroussky, el croata Max Emanuel Cencîc y el argentino Franco Fagioli. Unos de los aspectos comunes en entre los nuevos contra-tenores y de los que Sabata es el máximo representante en nuestro país lo constituye  sus trayectorias  al costado del clavecinista de origen norteamericano afincado en Francia Williams Christie.   El proyecto “Jardín des voix” dirigido por Christie fue de hecho uno de los eventos que más han contribuido a catapultarles. Aun así, su participación en  el Faramondo de Haendel  en el papel de Gernando    y bajo la dirección de Diego Fasolis,  fue lo que le dio  impulso a su carrera, integrándole definitivamente en la corriente de estos nuevos contra-tenores de sorprendente éxito durante los últimos años.

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Con carreras artísticas  iniciadas a finales de los 90 y principios de la década del 2000,  todos ellos giran hoy también en torno a la compañía de producción austríaca Parnassus Arts Production, liderada por el productor  Georg Lang y el propio Max Emanuel Cencîc.  La productora con sede en Viena  se ha dedicado sobretodo a la recuperación de algunos dramas barrocos sepultados y que hoy llevan cosechando un indiscutible éxito , como es el caso de la grabación Farnace de Vivaldi o más recientemente obras como Artaserse de Leonardo Vinci. Entre los logros más recientes hay que señalar  Alexandro de  Haëndel, bajo la dirección de George Petrou y en el que Sabata encarnó el papel de Tassile.

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  El productor Georg Lang

A menudo infravalorado en comparación a la ópera romántica y contemporánea , el drama operístico  barroco alberga  de por sí solo una cierta   singularidad  y eso no sólo en los aspectos estéticos, si no  políticos e intelectuales. Género adscrito al contexto histórico de la Contra-Reforma y el Absolutismo, el  barroco se reveló, tanto en el ámbito literario, dramatúrgico como operístico,  de una particular agudeza en la crítica social de las injusticias, el abuso de poder y la arbitrariedad, cuando no  en la denuncia de la estupidez, la mezquindad, el egoísmo, la vanidad y la bajeza moral del ser humano en general y de las clases dominantes en particular.  Es de celebrar a ese respecto, de que durante los últimos años haya sido objeto de recuperación, sobretodo a la vista de sus indiscutibles potencialidades en un momento en el que el mundo de la cultura debería reactivar su visión de la crítica de la sociedad y  de un proceso civilizatorio en el que las desigualdades, los atropellos a los derechos humanos y civiles y los profundos déficits de valores éticos están a la orden del día.

Por lo visto  indiferentes a esta cuestión y de personalidad mucho más frívola que el género  en el que se inscriben,  estos nuevos contra-tenores parecen sin embargo haber estado mucho más interesados en sacar  provecho de forma oportunista de las veleidades más reaccionarias de su público. A nadie puede pasársele por alto que este último, poco receptivo en lo que el género barroco haya podido tener de más “emancipador” en el plano político y social, parece dejarse dictar más bien por los arranques de ese neonacionalismo cultural que impera en  Europa en general y Francia  en particular.

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No hace falta recordar que la sociedad francesa se encuentra  inmersa en una histérica crisis de identidad nacional y frustración ante la pérdida de influencia  cultural de su país en el mundo : por lo tanto con tendencias a refugiarse en la idealización de la viejas glorias del “siécle français“.  El culto sacrosanto del que es objeto, por ejemplo, el contra-tenor Philippe Jaroussky, a pesar de un repertorio que aburre hasta el agotamiento, rozaría ya casi el ridículo si no tuviese factores explicativos de orden político y no fuese tributario del profundo rechazando que en Francia está encontrado la hegemonía de la cultura de masas de origen anglosajón. Esto  en especial entre el público social e ideológicamente más  conversador y que parece haber encontrado en la llamada “música culta” una especie de contrapeso al poder de las industrias culturales norteamericanas.  A título de inciso hay que apuntar que no es un detalle anecdótico que el éxito de producciones como Tous les matins du monde, en torno a la vida de Marin  Marais y posterioridad de  Le Roi Dance, centrado en la tormentosa relación entre Luis XIV, Molière y Lully ( síntesis de gloria política, literaria y musical)  coincidiese con los delirantes debates sobre la Exception Française que derivaron de la liberalización e internacionalización comercial de esas mismas industrias culturales.  Un “air du temps” impregnado de chauvinismo  del que los propios  nuevos contra-tenores parecieron haberse percatado ellos también y del que el mago productor de Parnassus Art Production, Georg Lang, ha sabido sacar buenos réditos.

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Fenómeno de moda desde hace algunos años y al que han venido en ayuda una  inteligente estrategia de marketing    y algunos medios de comunicación franceses y centro europeos tendentes a machaque  con los productos culturales proclives a alentar ese mencionado neochauvinismo que domina en el Viejo Continente,  están también pendientes de aclararse algunas dudas  . Entre otras, si estos nuevos contra-tenores como Xavier Sabata y otros de su generación con estética, ademanes y estilo escénico con toques  algo ligeramente fuera de lo tradicional, aportan un verdadero  reperfilamiento ideológico  en el inmovilista foro de la tradición lirica y operístico. Por lo visto, no parece haber ningún indicio real de ello y no es extraño que la crítica más vanguardista, las corrientes más innovadoras en el ámbito de la musicología  y  los propios  Cultural Studies   más sensibles  ante las dimensiones camp y transgresoras de la tradición barroca, se hayan enseguida distanciado respecto a estos nuevos contra-tenores que un primer momento había ejercido una enorme atracción por su desparpajo.  De textura vocal evocadora de los castrati del XVII y con una estética extravagante que distorsionaban muchas de las representaciones de la identidad de género en el ámbito operístico y con espectáculos bastante queer en los aspectos simbólicos, el tiempo demostró que no estaban resultando otra cosa que un simple bluff   muy calculado que ocultaba mal el verdadero talante de estos artistas.  Muy cotizados, no sólo en Francia, sino también  en Europa central y del Este, estos jóvenes contra-tenores parecen hoy en efecto contradecir  ese estilo supuestamente innovador y progresista que se les atribuyó en un principio. Esto comprobado su poco interés  en señalarse y su propia tendencia a mantenerse en ese talante “descomprometido”  y desconectado de la sociedad que ha caracterizado a los sectores más reaccionarios del  llamado mundo de la “música culta“.

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Viene al caso el asunto de la personalidad política de estos artistas, al recordarse que el propio Xavier Sabata apoyó de forma pública los despropósitos de su compañero de escena, el contra-tenor croata Max Emanuel Cencîc, el cual, en un acto de inmoralidad política e insulto a los más esenciales preceptos éticos que deben guiar a un artista más allá de sus personales adscripciones ideológicas, manifestó su abierta indiferencia  ante la vulneración de los derechos civiles en la Rusia de Putin : que en cambio movilizó a una parte importante de los principales artistas vinculados a la música comercial. No está de más señalar que estos nuevos contra-tenores, se supone que por muy legítimos intereses personales y de carrera, han ido manifestando toda clase de condescendencia con un público centro-europeo y eslavo situado en un lejano extremo ideológico que en principio tornaría inofensiva a la carpetovetónica extrema-derecha europea y norteamericana.  Lo  que viene a confirmar  que el estilo moderno y desenfadado de estos artistas, no ha sido otra cosa que un pulimiento de fachada y una versión algo más azucarada del tradicional cretinismo político e ideológico que ha caracterizado a los ambientes más retrógrados  del mundo de la ópera.   El asunto   demuestra de cómo no hay incompatibilidad entre un ser un artista capaz de desprender desparpajo y modernidad, sin por ello dejar de erigirse en un gran energúmeno desde un punto de vista político.

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Tanto por la frivolidad que los rodea, ( y en la que Cencîc parece ser el máximo experto), como por ese mismo “descompromiso” que les caracteriza, ( oculto detrás de un perfil estético de “transgresores de pacotilla),  los contra-tenores parecen restituir, ciertamente bajo formas algo más adaptadas a los nuevos tiempos, a la arcaica figura del artista de ópera del siglo XIX. La reverencia de  Sabata y Cencîc  ante las autoridades políticas de Bucarest ( ciudad de la que todos sabemos que su alcalde es vanguardia en el respeto de los derechos civiles de las minorías) y la que tuvo también el croata en San Petersburgo ( donde también brilla el respeto por los derechos humanos) no hablan  sólo por su patetismo, sino que informan del enorme fraude que han resultado estos nuevos contra-tenores convertidos en un “mirage” de renovación.  Más allá del bochorno, esto  parece suponer una verdadera regresión respecto a un mundo de la lírica que, desde hace algunos años, había positivamente evolucionando a través de personalidades caracterizadas por unas actitudes y posturas políticas más avanzadas y en ruptura con el viejo elitismo de un ámbito cultural muy connotado en el plano ideológico y vinculado al consumo de un determinado estrato social.

Como no podía ser menos,el compromiso político y social es libre y malo sería pretender imponérselo a nadie y menos todavía a artistas que no parecen querer molestar a la porción más conservadora de su público. Aun así, no estaría de más apuntar que su principal pecado no es su particular cretinismo político, ( una vez más, ejemplarizado por Cencîc y Sabata en el “caso Putin”), sino que hayan  contribuido de largo a desvirtuar el género barroco en sus potencialidades políticas, sociales e intelectuales, convirtiéndolo en una simple “bufonada” de pretendida dimensión camp.     Lástima en ese sentido que este reauge de un género repleto de recursos sólo haya servido  para proyectar a unos jóvenes artistas megalómanos y en búsqueda de éxito rápido y fácil . En   ningún caso para rescatar ese singular espíritu crítico, tanto en el plano social como el político, ético y moral,  que tuvo la ópera barroca en sus orígenes.

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A la espera de que la revista Opera Actual entienda eso, de recibo sería recodarle que nunca es bueno vender gato por liebre y en este caso, hacer pasar a Xavier Sabata y los contra-tenores por una fuente de renovación en el universo de la tradición lirica española y europea, cuando en realidad no dejan de ser otra cosa que una especie de fraude   favorecido por ese culto sacrosanto que se le suele guardar a las modas. Y no cabe duda que los contra-tenores son una de ellas. Por el momento el tiempo dirá cuánto durará la fidelidad del público a estos jóvenes artistas erigidos en “transgresores de pacotilla”  y si no acabarán por convertirse en un fenómeno pasajero y efímero, que es justamente  lo que caracteriza  los modismos.

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