RELEYENDO A CARMEN LAFORET : SOCIEDAD Y CONDICIÓN HUMANA EN “NADA”

5289_I_H_Laforet,%20Carmen.cult[1]

Figura enigmática, Carmen Laforet (1921-2004) es sin duda uno de los grandes iconos de las letras españolas y de la literatura universal . El elemento a destacar con más hincapié  todavía, es el hecho también de que representó a una nueva generación dentro de la narrativa española,   cuya singularidad se manifesta por partida doble  debido al propio contexto histórico en la que surgió : la posguerra. Carmen Laforet fue una de las personalidades literarias que más contribuyeron  a cubrir ese vacío dejado por el exilio de la intelectualidad republicana. Junto a autoras como Carmen Martín Gaite, Josefina Aldecoa o Ana María Matute rompió con la cosificante concepción del papel de la mujer en la sociedad  que vino a ser impuesta por la dictadura franquista en los oscuros años 40.

                                     Laforet no es encasillable en eso que con un tinte “esencialista” se denomina “literatura femenina“, pero si testimonió de la experiencia de las mujeres como escritoras en ese  masculino  contexto literario de la posguerra española.  I Premio Nadal  de las Ediciones Destino  en 1944  tras quedar fascinados por su manuscrito Ignacio Agustí  y  Joan TeixedorNada se convirtió en uno de los grandes referentes de nuestras letras. Discreta y aborrecedora de la vida pública, Carmen Laforet se fue progresivamente aislando y  recluyendo en el silencio a partir de los años 70 y esto hasta el momento de su muerte en el 2004. Cómo reconocerá en su correspondencia con su amigo Ramón J.Sender,  se sentía incómoda y desplazada en medio de las rivalidades, las envidias,  las intrigas y las enemistades que dominaban en los círculos literarios. Su ausencia pública y mediática, por lo que parece, determinada por una depresión personal y después por una grave enfermedad degenerativa que le llevará a la muerte a los 82 años, fue sin embargo compensada de largo por el reconocimiento que tuvo su producción, en la que abundan relatos, cuentos,  novelas cortas,  libros de viaje, además de numerosos artículos. Ana Caballé e Israel Rolón son autores de un muy recomendable ensayo sobre la escritora, completamentable con la propia biografía  publicada por  su hija y también escritora Cristina Cerezales, Música blanca, centrada en los últimos años de la vida de su madre.

imagesCAMLCCNB

Todos los autores y su producción literaria viven rodeados por sus sombras y su glorias. Si La mujer nueva (1955), obra plomiza y desconcertante respecto al original perfil moderno y feminista de Laforet ,es la indiscutible “sombra”,  Nada representa su infalible gloria y cuyo espíritu narrativo vuelve a aparecer en La isla y los demonios (1952) . Junto a La familia de Pascual Duarte de Camilo José CelaNada marcó  un hito en la historia cultural e intelectual  española de la posguerra. Aunque con prosas y estilos narrativos muy alejados el uno del otro, a  Cela y Laforet  les une  la virtud de una magistral descripción de esa España de los 40 asolada por la desmoralización y el desconcierto y en la que va a primar la existencia de seres atormentados y heridos : que poca correspondencia mantenían con ese universo triunfalista y fantasmal de la Nueva España  que se esforzó en transmitir la propaganda franquista en los primeros años que siguieron a la “victoria”.

imagesCALHNDZZ

                      

                     Edgar Neville ofreció una versión  cinematográfica de Nada en 1947 y en  las complicadas circunstancias de ese oscuro cine del franquismo. La obra de Neville, a cuyo guión contribuyó la actriz principal, Conchita Montes, no genera unanimidad, dado que según sus críticos  se pierden en el camino el espíritu y el sentir de los personajes y esto muy a pesar de la excelencia interpretativa de Tomás Blanco y Rafael Bardem. Particularmente siempre he creído que las “adaptaciones” cinematográficas son  “interpretaciones” lectoras que no pueden nunca empatizar del todo con el autor literario. Aun así, sí se le reconoce a Neville el mérito  de haber  escenificado con muy loable habilidad el mundo incoloro y tenebroso que rodeaba el contexto histórico de la obra de Laforet.

kVG9uhx[1]

 

                   Nada vino aventajada por el prestigio del recién creado premio Nadal por los hombres de Destino, escapando de las garras de la censura gracias en parte a los vínculos que el antiguo y disidente órgano de propaganda de la Falange todavía mantenían con los entresijos del poder.  Está por saber si  la ausencia de esa  misma y afortunada circunstancia no habría conducido a las mazmorras del silencio una obra que, sin albergar una “retórica política y social” en el sentido estricto, si conserva una estructura narrativa y una trama que es muy difícil no “subtextualizar” ( leer entre líneas, cómo se suele decir) en términos precisamente políticos  y sociales.

Edgar_Neville[1]

Edgar Neville

Obra maestra y pieza esencial en los materiales didácticos de aquella famosa asignatura de “literatura española” en nuestra época del bachillerato, tengo en memoria el  método nada pedagógico con la que aquellos profesores  nuestros presentaban a Nada y  la propia figura de Carmen Laforet. Todavía recuerdo cuán desmotivante resultaba la lectura obligatoria de aquella obra y el “trabajo de clase” que se nos imponía a esos  adolescentes que éramos entonces y que, cómo tales, permanecíamos impregnados por el anti-intelectualismo propio de nuestra edad.

Es obvio  que las lecturas y los procesos de “hermeneutización” que las circunscriben nunca son descontextualizables de la mentalidad y los valores culturales imperantes en el periodo en el que se sitúa el propio  lector. Crecidos en los años 80 y impregnados por el post-moderno temperamento hedonista e individualista de la época, qué decir que Nada resultaba una inapetecible obra “clásica” de la literatura española cuya trama y estructura narrativa se nos antojaba un martirio. Ya agobiados por aquella “maría” que era la ” Historia de España” y el torturante aprendizaje “memorístico” de fechas y acontecimientos históricos de los que no alcanzábamos a comprender el significado, leer una novela inspirada en los años de la posguerra española resultaba, por lo tanto, tarea de bien escaso aliciente.

Nada.indd

Como efectivamente las  hermenéuticas literarias  se desarrollan bajo el peso de nuestras etapas vitales y experimentales, quise hacer estos días una “relectura” de aquella obra que en mi adolescencia tan penitente me había resultado.  Hoy  compruebo el contraste entre mi época de “bachiller” (apurado en acabar el “trabajo de clase” sobre Nada con ideas atrapadas al vuelo ) y el deleite hoy de su relectura junto a café y cigarrillo y en ese sofá que nos embruja los fines de semana a los ya cuarentones.

En mis manos tuve este pasado fin de semana esa obra de Carmen Laforet que se había quedado apalancada en mi biblioteca como un reliquia de mi juventud. De esta manera, vine a recuperar una trama y unos personajes que moraban de forma vaga en mi memoria. Tengo que decir que me quedé atrapado en las telarañas de esa  Andrea que tanto agobio me había producido en los años de instituto y por los propios personajes que la rodearán en ese gris y angustioso ambiente familiar de la calle de Aribau. Si alguna escena recordaba sobre la llegada de la protagonista a Barcelona, cargada con una maleta repleta de libros y de ilusiones, esta vez percibí con más claridad la descripción de esa capital catalana asolada por la desmoralización y la humillación de la derrota y que enseguida harán desvanecerse las expectativas de Andrea.

images[7]

Algo similar me ocurrió con los personajes que dominan el ambiente de aquel piso sucio, azotado por la ruina económica, la miseria, las privaciones y el hambre y que daba testimonio de la decadencia de una familia de la burguesía media catalana. La desagradable sensación que, recuerdo,  habían producido  en mi adolescencia los personajes de Laforet, se contrapone también con la manera en la que me “engancharon” con mi  relectura de adulto, descubriendo una faceta entrañable en ellos, muy a pesar de la oscuridad que los rodea. La narración en primera persona que realiza Carmen Laforet fortifica los vínculos entre la autora y el lector, creando un clima de “intimidad” que te hace quedar poseído por la novela y como si un ser real tuvieses delante tuyo confiándote los secretos de su existencia.

La trama  de Nada también se ha revelado más clara, comparado a esa lectura rápida y bajo la presión de los plazos impuestos por el profesor de literatura para la entrega de “mi trabajo de clase” y del que dependía aprobar o no la asignatura. Esta vez despertó en mi un enorme interés por comprender el desenlace de ese violento conflicto que triangulizan Román, su hermano Juan y la mujer de éste, Gloria.

q2mz[1]

Rafael Bardem en el papel de ” Román”

No pude impedirme de embarcarme en un regocijante y apasionado  análisis de la psicología, experiencia y condición  vital  de los personajes. Enigmático y fascinante resulta Román, un antiguo y talentoso músico, algo cínico, maligno e intrigante, que le profesa un odio a muerte a su cuñada Gloria y que por lo que parece no ha hecho otra cosa que causar estragos en la vida de todas las mujeres que se le han podido acercar. Según se viene a entender, espía de los ” Nacionales” durante la guerra y después contrabandista metido en oscuros negocios en la posguerra, Román ejerce como un imán una terrible atracción y curiosidad en AndreaRomán es sin duda el personaje más interesante, por ese mismo talante cínico y sin escrúpulos y por el enigma que rodea su relación con Gloria durante la guerra y las razones del profundo desprecio que le acaba  expresando en todo momento. Antes de que la propia narradora nos lo vaya haciendo entender, el lector enseguida empieza a intuir la oscura, sospechosamente lujuriosa y traicionera relación entre  Gloria y Román durante la contienda y las razones de la propia enemistad de éste con su hermano Juan. Pasión, odio y amor se entremezclan en ese enfrentamiento sin tregua que se libran.

nadavis[1]

Tomás Blanco como ” Juan”

Aunque hoy en día podría aparecer como un ser despreciable  a la vista del debate social sobre la violencia de género, Juan es, después de todo, un producto de la propia realidad histórica en la que se contextualiza la trama y donde el patriarcalismo que caracteriza al régimen franquista le ha conferido un poder infalible a los varones. Aun así, Juan suscita cierta amable simpatía e incluso comprensión  en el lector : la sistemática y cotidiana violencia que ejerce sobre Gloria no deja de ser el reverso de sus frustraciones como pintor, en realidad sin talento. Su profundo afecto hacia su  hijo pequeño, al que dedica todos sus cuidados y la parte pasional y de amor-odio que caracteriza la relación con su propio hermano Román, destilan una  profunda parte humana, siempre en contraste y lucha con su propia violencia de carácter y la progresiva locura que lo va envolviendo.

imagesCAE8G4OY

                                          Conchita Montes como “Andrea” y María Delgado como ” Gloria”

De los personajes femeninos, Gloria compite en interés para el lector con el de la propia protagonista, Andrea. Convencida de su belleza y juventud, Gloria está torturada por la situación de su matrimonio, guiándole  de forma simultanea el amor y el temor hacia Juan. Al igual que muchas mujeres de hoy, se encuentra bajo la presión psicológica y el yugo  de su violento marido, viéndose desgarrada entre el afecto que todavía le tiene y la voluntad de abandonarle aun a riesgo de su vida. Cierta sorpresa y conmoción  producen en el lector sus artimañas como jugadora, sacando un dinero que hace creer a Juan que procede de la venta de sus cuadros sin cualidad artística. Gloria exaspera  por momentos los nervios del lector con su auto-adulación en la que siempre sale a colación su bondad, intentando convencer a Andrea sobre la ilegitimidad del odio que le presta su mezquino y ruin cuñado Román y el cotidiano maltrato de su  marido Juan. La personalidad de Gloria  viene a ser un reflejo de su propia desolación en medio de una familia burguesa venida a menos y en la que la escasez de  bienes materiales es equivalente a la abundancia de conflictos y violencia.

imagesCAUM3617

María Cañete como “Tía Angustias

Los restantes personajes femeninos de la calle de Aribau conservan sus luces y sombras. La abuelita, ( a la que Carmen Laforet nunca identifica por su nombre de pila), impregnada por una demencia senil y  que ya sólo parece ser un espectro de si misma, suscita esa condescendencia  que por lo general acostumbramos a tener con  las gentes ancianas. La abuelita no sólo brinda prueba de la crueldad del paso del tiempo y de la propia decadencia de las gentes de la calle de Aribau, que además deja entrever un antiguo temperamento de madre “castradora” a la vista de la obsesión que tiene por Juan y Román y de la relativa indiferencia que siempre han suscitado en ella sus hijas. Tía Angustias, en cuanto a ella, estricta y controladora, exterioriza un aire de “Bernarda Alba” que hace que el lector ansié verle fuera de escena, sintiendo la tentación de entrar en la novela y volverse cómplice de Andrea. Angustias es un personaje carcelario y posesivo, que pretende sustituirse a la también dominadora prima Isabel, de cuyo yugo Andrea se cree fuera de alcance una vez llegada  a esa  Barcelona de su infancia, de sus sueños y  garantía de libertad y felicidad.   Su relación sentimental de juventud con su jefe, Don Jerónimo, reconfirma el lugar que ocupa el rencor, el resentimiento y la frustración en el ambiente de la calle de Aribau. Angustias opta por los hábitos monjiles, tras haberse convertido en la expresión de la mujer católica e intachable inscrita en el integrista imaginario del nacional-catolicismo. Aunque perfecto testigo de la nueva mujer que se impone tras la Guerra Civil y la total liquidación del ambiente de libertad y progreso traído por la República, es  de agradecerle a Laforet no haber estresado al lector con un personaje que se va quedando en el olvido a lo largo de la trama.  A todos esos personajes femeninos de la Calle  de Aribau se suma finalmente  el de Antonia, la criada. Sin  apenas dialogo, es en mi opinión un personaje de  “paja” y del que el entorno da entender su maldad y enfermizo enamoramiento de uno de los señoritos de la casa, Román.

nada-carmen-laforet-paperback-cover-art[1]

Los personajes y el contexto externo a ese piso de la calle de Aribau (la parte nuclear de la trama y origen de la singularidad narrativa de Nada) tienden por momentos a hacer menguar la paciencia, atención e interés del lector. Esto con independencia de que la figura de Enea, la amiga  y compañera universitaria de Andrea, tenga una condición de vaso comunicante con la trama de la calle de Aribau al haber estado su madre en relación amorosa con el indómito Román. La curiosidad de Enea por Ramón vuelve a confirmar la inoptizante  atracción que el tío de Andrea ejerce en las mujeres que se cruzan en su camino.

 

El mundo universitario con el que se encuentra la provinciana, descaudalada y muchos días hambrienta Andrea constituye el universo de los “vencedores” y de los señoritos como Pons, Guixols, Iturdiaga, que parecen ser los únicos privilegiados en tener derecho a soñar con el romántico santuario de las letras y las artes. Aunque la amistad de éstos ocupa un lugar central para Andrea, dado que es a través de ellos que consigue evadirse del agobiante ambiente familiar , no cabe duda también que brindan testimonio de las diferencias sociales en esa desgarrada España de la posguerra.

La esporádica aparición de Gerardo en una cuidada y galante indumentaria que oculta mal su falta de dinero, también se convierte en  un signo de ese carnaval de apariencias detrás del que es amordazado el grito de una Barcelona que se muere de hambre. En los breves pasajes sobre su relación con Gerardo se discierne enseguida esa mentalidad avanzada y feminista de Laforet y que vuelve a plasmar en Andrea. Andrea enseguida pierde interés por Gerardo al ver en él a un machista misógino y egocéntrico  que sólo sirve para semental. Ese aliento feminista contrasta con el delirante y patético misticismo de La mujer nueva y que parece un resultado de las sucesivas crisis de depresión de Laforet.

                          Jaime, el acaudalado novio de Enea, mozo con la carrera de arquitectura sin acabar y sin otra dedicación que el gastar el dinero heredado, así como los propios y ricos padres de su amiga, son representados bajo su forma más gentil  y generosa. Como si se tratasen de un dique frente al mar de desgracia, pobreza y violencia que representan los tíos de Andrea. No siendo Nada una novela “política” y habiéndose visto publicada en un periodo de feroz censura, difícil es imaginar que, aun queriendo,  Carmen Laforet pudiese haber estado tentada por una crítica hacia las clases dominantes. Sin embargo,  no es descabellado pensar que en esa España herida de muerte  por la Guerra Civil , pudiesen haber buenas personas atrapadas contra su voluntad en los dos extremos de un túnel sin salida. Mérito de Nada y de Laforet fue sin duda poner de relieve la parte más humana y menos ideológica de los personajes. Algo que contrasta con la producción literaria y las artes escénicas posteriores a la Transición Democrática, mucho más militantes y  políticamente discursivas en el momento de abordar la temática de la guerra y la posguerra y por lo tanto,  también más sarcásticas, punzantes  y demoledoras con el mundo de los “vencedores“.

imagesCA1802BT

La vida del piso en la calle  de Aribau acaba en tragedia con el suicidio de Román y  sin que Andrea pueda deshacerse de esa mezcla de terror y pasión que le produce su tío. Su ausencia, despierta nostalgia en ella. Andrea concluye, cómo ella dice, que Román ya estaba muerto desde hace mucho tiempo y con su suicidio no hizo otra cosa que devolver a ese invierno del que procedía.  Juan se verá para siempre atrapado en el torbellino de la locura y de la violencia, mientras Gloria va sintiendo un relativo alivio ante la muerte de un cuñado al que tiene por malvado y sin piedad  y la propia y definitiva partida de la criada Antonia, sin consuelo ante la desaparición de ese señorito Román del que estaba  enamorada.  Esto   mientras  la abuelita seguirá envuelta en su demencia senil, agravada por el remordimiento y el dolor. Con un toque de final agridulce, Andrea abandona la calle de Aribau para trasladarse a Madrid gracias a un trabajo que le ha facilitado el padre de Enea y con el que va a poder sufragar la continuidad de sus estudios universitarios.

images[1]

A diferencia de las obras inscritas en la tradición del realismo literario de posguerra y donde la tragedia,  la miseria y el tormento  se convierten en el principio y fin de las tramas, Nada da un aliento al futuro, a la esperanza y al optimismo. Aun así, realza el desconcierto y la desolación de Andrea, que conservando en su memoria  un recuerdo lleno de luces sobre sus parientes de la calle de Aribau, no encontrará otra cosa que a seres destrozados en su interior por un motivo u otro. Nada efectivamente ha encontrado de lo que   reinaba en su recuerdo de infancia y en su propia esperanza de vida en Barcelona.

             La novela alberga en su seno una función de “memoria histórica” sobre una determinada sociedad, la de la posguerra española y que libera margen para las interpretaciones más políticas y “sociales” de la obra de Laforet. En ese sentido es de una flagrante contemporaneidad con esta España actual ,donde las distancias sociales se incrementan a pasos agigantados y la ruina de las clases medias se confunde con la de la propia gente de la calle de Aribau, retrotrayéndonos al ambiente social de periodos históricos dominados por el abismo entre “ricos” y “pobres”, la desestructuración, el desarme psicológico, la falta de esperanza y la angustia ante el futuro.

Si alguna problemática levanta también esta obra maestra de la literatura española, es la existencial. Nada nos interpela y recuerda sobre de qué   manera la idealización y magnificación de las cosas y de los seres, ( que es lo que caracteriza a Andrea en el momento de su llegada a Barcelona) , acaban siempre derrotados ante esa cruda realidad en la que el sufrimiento y la bajeza de  los sentimientos se erigen en la inherente sombra de la condición humana.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo COMENTARIOS LITERARIOS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s