LA DECENCIA COMO HEROISMO : ALGUNA REFLEXIÓN ÉTICA SOBRE “SOLDADOS DE SALAMINA”

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Las campañas publicitarias y el bombardeo de la prensa y de la radio  provocan en mí un efecto rebote, incluso cuando se trata de acontecimientos culturales que llevan el sello de personalidades  que tengo en aprecio. Algo así me ocurrió con “Soldados de Salamina“, la superproducción dirigida por David Trueba y basada en la novela del mismo título del escrito Xavier Cercas. La cosa resultaba todavía más extraña  cuando la película  trataba de la experiencia de una figura de gran interés histórico e intelectual como es el caso de Rafael Sánchez Mazas. En realidad tengo por principio mirar los grandes éxitos cinematográficos sólo cuando están fuera de cartelera : supongo que por ese “aristocrático” tic intelectual de distanciarme de las masas. Claro está, me pierdo la “magia” de la gran pantalla, pero conservo el placer del hormiguillo de la curiosidad. Es desde esa distancia que me decidí a mirar ese film que tiene ahora más de diez años y al que me había resistido hasta ahora.

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Desde luego, si algo tengo que señalar sobre la singularidad de la película es la combinación de imágenes de época y actuales, la mezcla de ficción y reportaje, de trama novelesca y de pedagogía histórica. David Trueba recordó él mismo que no había sido su intención realizar una película de “época”, sino de articular una retrospectiva sobre el pasado político y la mirada desde nuestro presente y realidad generacional.

En su momento el propio Xavier Cerca puntualizó  que la versión cinematográfica conservaba el espíritu de su novela, pero no siempre su letra. Es cierto que, particularmente, yo tampoco la reconozco  en su totalidad. Soldados de Salamina alberga un tinte autobiográfico vinculado al periplo de Cercas y que Trueba trasladó a un personaje femenino : Lola ( AriadnaEl director  quiso quizás poner un ingrediente de originalidad, pero la adaptación cinematográfica merece alguna crítica, sobre todo en lo que hace referencia al personaje de Conchi, la petonisa ( María Botto)  y que en la historia real es la compañera sentimental de Cercas. La introducción de una figura lésbica en la película no habría suscitado ninguna reserva si los guionistas no hubiesen reproducido cada uno de los estereotipos homofóbos : la lesbiana “salida”, algo frívola e incluso perversa en sus actitudes y palabras y de la que siempre hay que esquivarse a riesgo de caer en malos entendidos sobre las respectivas orientación sexual. Es costumbre que cierta izquierda intelectual, en su loable afán de mantenerse en las fronteras establecidas por la  corrección política , acabe rebasándolas sin darse cuenta y desembocando en la perpetuación de los más ridículos imaginarios colectivos en torno a las minorías sexuales.

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Javier Cercas

Hecho este inciso sobre un personaje secundario que resulta bastante odioso en la película, injusto habría sido  privar a Trueba de plasmar su propia creatividad con el sólo objetivo de seguir a raja tabla la estructura narrativa establecida en su origen por Cercas para su historia.  Sea cómo sea, está claro que Trueba supo conservar intacto el mensaje del escritor  y no cabe ninguna sombra de duda de que tanto a través de la lectura como de la mirada, el público debió plantearse idénticas problemáticas políticas, morales y sobre todo , éticas.

Cómo no, Ariadna Gil, en el papel de Lola Cercas,  volvió a demostrar su excelencia como actriz.  Lola, la protagonista, es una escritora de poco brillo, desanimada por la indiferencia con la que ha sido recibida su primera novela y decidida a no volverse a poner delante de un teclado, convencida de que su prosa es  pésima, además de sentirse sacudida por una  profunda crisis de creatividad. Lola es un personaje “sufriente” y equivocadamente convencida de su mediocridad.

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Ramon Fontserè como “Rafael Sánchez Mazas”

Profesora universitaria y periodista en un periódico local, en un momento de inspiración escribe un articulo sobre la muerte de Antonio Machado en Culliure  1939 y deduce que es exactamente la misma fecha en la que ha sido fusilado el ideólogo de Falange, Rafael Sánchez Mazas. Sin saberlo, ha dado en el clavo  y una avalancha de críticas y cartas al director le llegan en masa. Entre otras, la de un historiador, que la pone de vuelta y vuelta. Tras encontrarse con éste, descubre el libro de un tal Aguilar, Yo fui asesinado por los rojos    y que narra el periplo de un ” Nacional” que había conseguido escapar de un fusilamiento por parte del ejercito republicano ya al final de la guerra. De ese pelotón  de fusilamiento había formado también el propio Rafael Sánchez Mazas,  que también consigue escapar de él. Trueba excluyó un elemento esencial de la novela : la conversación de Cercas con Rafael Sánchez Ferlosio que es a través del que tiene noticia del periplo de su padre Sánchez Mazas. El personaje creado por Trueba, Lola parece estar rompiendo con esa crisis de creatividad que la tortura, poniéndose a investigar sobre las extrañas circunstancias que han rodeado el fusilamiento de Sánchez Mazas y las razones que le permitieron escapar de él. Descubre  que el que le salva la vida es precisamente alguien que, por la división de los dos bandos y la imposibilidad de su reconciliación,  tenía que habérsela arrebatado :  un miliciano republicano,(Alberto Ferreiro) que aun habiendo sorprendido a Sánchez Mazas escondido detrás de una arboleda tras huir del pelotón , finge  no haberle visto e indica a sus superiores que el prisionero está definitivamente fugado. Sánchez Mazas guardará en memoria toda su vida la imagen de ese miliciano cantando el pasodoble “Suspiros de España” en medio de la lluvia. Una escena magnifica que le valió a Javier Aguirresarobe el merecido Premio Goya de fotografía.

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¿ Qué es lo que condujo a aquel miliciano a perdonarle la vida a Sánchez Mazas en medio del odio y de la destrucción que ha dominado la  Guerra Civil española? La trama de la película, siguiendo el espíritu de la novela, va a consistir en indagar quién es ese enigmático miliciano que ha tenido un gesto de generosidad en un momento histórico en el que nadie sabía  ya de la existencia de dicha virtud.

En medio de sus dudas y angustias, Lola emprende una investigación sobre el asunto, muchas veces confrontada al recelo y la hostilidad de quienes consideran improcedente dedicarle interés a una figura del bando “Nacional” como Sánchez Mazas, otras a la voluntaria “desmemoria” en la que algunos quieren caer. Habiéndose hecho con el diario de Sánchez Mazas, descubre que el escritor había vagado entre el hambre y el frío por el bosque, encontrándose con tres payesos que le acaban amparando : los ” amigos del bosque”. Terminada la guerra y metidos  éstos en la cárcel  por sus ideas republicanas, una orden de un alto mando del régimen ordena su excarcelación. ¿ A qué es debido ese hecho a la vista del clima de represión y revancha que domina la posguerra? Lola deduce que no puede haber sido otro que el propio Sánchez Mazas , ya flamante ministro en el primer gobierno franquista tras la liquidación de la República. Es evidente que, como hombre preeminente del régimen e ideólogo de la Falange, Rafael Sánchez Mazas se desvela en su parte más humana : ha preferido renunciar al odio ideológico que caracteriza al fascismo y saldar una deuda moral con aquellos que le ampararon. A través del diario de Sánchez Mazas consigue llegar a esos tres hombres ya ancianos y entrevistarse con ellos para extraer  sus testimonios sobre los hechos.

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A lo largo de sus indagaciones y recogida de datos  Lola sigue teniendo  en el horizonte la identidad de ese enigmático miliciano que le ha perdonado la vida a Sánchez Mazas. Con ayuda de uno de sus alumnos, ( que en la novela es el escritor Roberto Bolaño) consigue por fin saber quién es : Antonio Miralles. Un joven que se había alistado en las milicias al principio de la guerra y que siente la necesidad de ganarse el orgullo de su padre republicano. Tras el final de la guerra y la experiencia del exilio, Miralles ha formado parte de la División Lecler en la Resistencia contra la ocupación nazi en Francia. Después, se quedará en el anonimato, terminando los últimos años de su vida en un asilo de Dijón. Tras muchas investigaciones, Lola logra  localizarle y se encuentra con él en el asilo en el que reside. Anciano, Miralles ( Joan Dalmau) no quiere saber nada del pasado, ni siente que nadie esté en deuda con él. Lola quiere saber por qué motivo no disparó sobre Sánchez Mazas en ese bosque, aun teniéndole acorralado y a su merced. Miralles no sabe, ni quiere  darle una respuesta. Simplemente se ha sentido como un “ser humano” que consideró que no tenía derecho a quitarle la vida a otro ser humano. Aún a pesar de la escasa importancia que le otorga el anciano a su hazaña, Lola piensa  que Miralles es un héroe y  el encuentro con ese hombre va a  trastornar muchas visiones que tenía hasta ahora de las cosas, de los individuos, de los acontecimientos y de la memoria colectiva.

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Joan Dalmau como ” Miralles” en su ancianidad

Siempre insistiré en que las hermenéuticas literarias son el producto de los contextos históricos. De haberse publicado a principios de la Transición, Soldados de Salamina habría sido sin duda interpretada como un llamamiento a la Reconciliación nacional. En efecto, son personajes que aún estando separados por un abismo desde un punto de vista ideológico, se están concediendo la indulgencia y el derecho de vivir. Sin embargo, ni creo que esa haya sido la motivación de Xavier Cercas, ni considero tampoco que se revele como la interpretación más afortunada en la actual coyuntura : el auge de una pseudo-historiografía española “revisionista” vinculada a la extrema-derecha e interesada en una justificación histórica del 18 de Julio y el propio tratamiento que ha recibido la Ley de Memoria Histórica por parte de los sectores conservadores en general está reabriendo precisamente las heridas de la Guerra Civil.

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                  Soldados de Salamina apela en cambio a una serie de problemáticas éticas, morales, culturales y civilizatorias. En primer lugar, a la de la cuestión de la violencia y la maldad humana. La violencia no es un instinto primario tal y como siempre han defendido las tesis hobbesianas al uso, sino un valor cultural regulado por el propio proceso civilizatorio , al menos si tenemos cuenta de la interesante tesis de Norbert Elias.  La propia figura de Miralles contradice la conocida idea de Hannah Arendt sobre la “banalidad del mal”. En su reflexión sobre Eichmann, la filosofa alemana concluyó  en efecto que el criminal nazi no era nada más que un hombre común que no hacía otra cosa que dar testimonio de la inherente y esencial maldad de los individuos en tanto que tales. Su visión pesimista sobre la condición humana, que Arendt  encuadró en su propia escepticismo sobre la condición moderna, hizo sin embargo tabula rasa del hecho fundamental  de que tanto la violencia como la maldad son productos históricos configurados por las relaciones de poder de cada momento y no estados de “naturaleza” pre-sociales. Miralles podía haber matado a Sánchez Mazas  impregnado por el odio que engendró la Guerra Civil y sin embargo no lo hace. Se extrae del propio proceso civilizatorio en el que se encuentra. Lo que invita a apostar por una visión mucho menos pesimista sobre el ser humano y plantearse la hipótesis de  su bondad. Esa es sin duda la lección ética que puede extraerse de la trama escrita por Cercas y llevada al cine por Trueba.

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David Trueba

La protagonista , Lola, ha querido crear un héroe a través de la figura de Miralles. ¿Pero, qué es realidad un héroe, qué circunstancias le convierten en tal? Se pregunta ella a medida que va indagando sobre ese miliciano republicano  que ha hecho prevalecer la vida sobre la muerte, la piedad sobre el odio y el generosidad sobre el resentimiento.  Parafraseando a John Le Carré, sólo parece tener una respuesta : un héroe es aquel individuo que consigue demostrar a lo largo de su vida que ha sido una persona decente.

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