NIÑA DE DERECHAS, MUJER DE IZQUIERDAS : REFLEXIONES SOBRE “HABÍAMOS GANADO LA GUERRA” DE ESTHER TUSQUETS

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Querer postear sobre Esther Tusquets (1936-2012) puede resultar una banalidad descontextualizada, más todavía a la vista de todo lo que se ha dicho, comentado y escrito sobre ella. Sabía  de su nombre y prestigio,  su preeminencia como editora,  inscripción en la alta intelectualidad, de su vinculación a la Gauche Divine, de sus ilustres orígenes familiares y  su condición de hija de los “vencedores“. ¡¡Era una Tusquets, la familia de la alta burguesía catalana castellanoparlante y franquista !!

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             Esther Tusquets perteneció a la nueva generación de editores de los años 60 y  que como Carlos Barral o Jorge Herralde, contribuirá a la renovación del panorama literario hispanoamericano y a la inclusión en España de muchas de las grandes figuras de la literatura extranjera. Le es reconocido el mérito de haber introducido a Umberto Eco  y es casi la responsable del enorme éxito de ” En nombre de la rosa” en nuestro país. Editora avispada, se puso al frente de la pequeña Editorial Lumen, que había comprado su padre Majín Tusquets y  con el tiempo la convirtió en uno de los sellos más prestigiosos del panorama editorial español.

 

Después de cuarenta años dirigiendo la casa, Lumen cayó en manos de una multinacional del sector que decidió despedirla. Tusquets reconoció su ausencia de rencor  e incluso su alivio al verse liberada de unas responsabilidades que, ya acechada por la edad, no echaba de menos.  Tras muchos años leyendo libros de otros, empezó a escribir los suyos propios a finales de los 70.  Se dice de ella que fue una “escritora tardía”, al igual que la propia Rosa Regás, que también publicaría su primera novela con más de cincuenta años. El término “escritora tardía” me parece de lo más estúpido : creo que la escritura es como el sexo, no hay edad para ella. Huelga unanimidad sobre  el  talento de Esther Tusquets  con la prosa, pero sí la hay  acerca de su pulcritud y fidelidad a las reglas esenciales de la escritura.

Por ser justamente un novato en esto de la literatura (aunque no en la historia intelectual), nunca había leído nada de Esther Tusquets y eso a pesar de que una de sus novelas, El mismo mar de todos los veranos,  gozó de una muy buena acogida en el campo de la teoría literaria lesbiana, sobre todo por el componente homoerótico que albergaba. Supongo que es el progresivo rechazo hacia lo queer y todo el mamarchismo teórico que caminó bajo su esfinge, lo que me retuvo en la lectura de esta exitosa novela.  En cualquier caso, los comentaristas dicen de ella que era una escritora  forjada desde la sinceridad intelectual y emocional.   Se la conoció como autora de libros memorísticos, muy centrados en su experiencia vital y donde no dejaba títere con cabeza en el momento de ajustar cuentas con sus contemporáneos.  Vinculada al mundillo que giró en torno a la Gauche Divine fue  gran amiga de Castellet, HerraldeAna María Moix, por cierto, recientemente fallecida.  En contraste y por paradoja de las cosas,  se comenta que tuvo unas relaciones muy difíciles con su cuñada Beatriz de Moura, mujer de su hermano Oscar y fundadora junto a éste de las Ediciones Tusquets. Estos son los chismes que he ido recopilando de ahí y de allá, consiguiendo así que el nombre de Esther Tusquets dejase de ser para mi eso, un nombre del que sólo conocía el prestigio o poco más.

Cuando a finales de los años 90 firmó el Manifiesto del Foro Babel contra la política lingüística y cultural del nacionalismo pujolista, oí decir pestes contra ella, recordándole precisamente su condición de hija de los ” vencedores” y de los pijotones de la parte alta de Barcelona, que dejaban el uso del catalán para los payesos y la servidumbre. Si para unos era el pretexto perfecto para descalificarla, aún a pesar de ser una mujer de izquierdas y progresista, para mi esa condición de hija de los “vencedores” es lo que más me fascinó.

Algunos críticos han llegado a comentar que la oposición al franquismo de los senyorets  de la parte rica de Barcelona, los Trías, los Goytisolo, los Marsé, Gil de Biedman, Azúa, Barral, Castellet, etc… no era otra cosa que un juego de niño privilegiados que sólo tenían que llamar a sus padres para que les sacasen de la comisaría. Puede que haya algo de cierto en ello.  Aún así, me resulta difícil hacer sólo la hipótesis de un juego de “Progres”, sin plantearse ni siquiera la posibilidad de que en realidad esa progresiva identificación de los hijos de los “vencedores” con el mundo de los “vencidos” no respondiese a una reflexión previa y crítica sobre sus origines sociales. Al menos así lo creo respecto a la trayectoria de Esther Tusquets o eso me lleva a pensar la lectura de uno de los libros autobiográficos de la editora y escritora, Habíamos ganado la guerra,  sin duda uno de los grandes éxitos editoriales que cosechó pocos años antes de su muerte.

Aparecido en 2007, he rescatado este ensayo  autobiográfico de entre los muchos libros que por impulso compré en su momento y que por holgazanería o por estar ocupado en otros menesteres intelectuales, dejé olvidado en las estanterías de mi biblioteca. Se dijo, creo que con acierto, que Esther Tusquets era una virtuosa del género memorístico y a pesar de la ya mencionada falta de unanimidad sobre su prosa, particularmente considero que Habíamos ganado la guerra es una delicia de lectura, dado que su relato tiene un cierto estilo novelesco, intimo y entretenido, que contrasta con otros libros autobiográficos que he leído, a menudo dominados por un ritmo demasiado ensayístico y formalista. Esther Tusquets reconoció ella misma en su momento que su intención era poner una luz crítica o mejor dicho, “autocrítica”,sobre el mundo de los “vencedores“. Es cierto que las obras de mayor éxito, sean novelas, obras teatrales o cinematográficas, testimonios, diarios o autobiografías, han estado centrados en el universo social, cultural y simbólico de los “vencidos” y de los pobres, con todo lo que de tremendismo, desconcierto y humillación albergó. El relato narra a ese respecto ese otro mundo que estaba a ese otro lado de esa frontera que había separado a las ” Dos Españas“.

En enero de 1939, justo cuando las tropas franquistas entran en Barcelona, Esther Tusquets tiene tan sólo tres años. Si para muchos niños de su generación es el fin de todas las esperanzas que trajo la Segunda República y el principio de un largo túnel en medio de la miseria, del hambre, de la falta de oportunidades, de la nula escolarización, del trabajo temprano y de las injusticias, para Esther es el retorno a la normalidad de siempre. Al menos a la que impusieron las gentes de su medio. Sus primeros recuerdos de infancia son las de sus padres alzando el brazo con odas al Caudillo. Su padre había estado escondido durante toda la guerra, mientras su madre y sus tías vivían aterrorizadas en un piso de Pedralbes. Temen que les den el paseo. Aún así, Esther es una niña tímida y miedosa, que reconoce no haber sido feliz. Su familia le resulta extraña : su agobiante tía Sara, su abuela, su tía Blanca. Por su madre siente una profunda admiración y terror, no sintiéndose querida por ella. A ello hay que añadir su tío Juan, cura y después obispo, y su tío Victor, un adicto del régimen nazi.

Esa primera infancia la vive en medio de la distancia entre los ricos y los pobres, reflejada en las fronteras que separan a sus padres, los “señores”, de los “criados”. Crecerá ella misma entre los algodones y los prejuicios sociales y morales de su propio medio social. Vive fuera de ese universo de miseria y humillación que domina a la Barcelona de la inmediata posguerra.Habían efectivamente “ganado la guerra” y ese país en ruinas les pertenecía. Esther estudió en el Colegio Alemán, donde recibió una educación mixta y laica, pero donde conoció también las odas a Hitler y la severidad y disciplinas germánicas. En su casa aborrecen de los Aliados y esperan la victoria de las fuerzas del Eje. Después del Colegio Alemán, vendrá el Colegio Suizo y posteriormente el Real Monasterio de Santa Isabel, donde recibe la enseñanza religiosa propia de la España del Nacional-catolicismo y donde  también se irán inculcando los valores femeninos tradicionales, en especial los relaciones con las tareas domésticas.  Sus padres son sin embargo conservadores atípicos : hipócritamente integrados en el universo simbólico del nacional-catolicismo, pero  en realidad de conductas más liberales de lo normal en el medio de los “vencedores“. El factor contribuirá a que Esther vaya adquiriendo su propia autonomía. Aunque la pequeña Esther Tusquets es por aquel entonces una niña tímida, miedosa, carente de autoestima.  Pronto, esa niña “de derechas” que es Esther se irá despertando y percatándose de la “anormalidad” de ese universo en el que ha estado creciendo.

Por este recorrido autobiográfico también trascurre reflexión de Esther Tusquets   sobre parientes suyos que emblematizarían al mundo de los “vencedores“,  entre otros su tío Juan Tusquets, uno de los hombres de iglesia a los que se ha tenido por un de los ideólogos del franquismo y el nacional-catolicismo. Juan Tusquets , el famoso autor de Los orígenes de la revolución española e introductor de la pedagogía comparativa en España, articuló el delirante discurso propiamente integrista y contra-revolucionario contra la conspiración francomasónica.  Esther Tusquets tuvo hace unos años una mini -polémica con Paul Preston al respecto. Sin dejar de reconocer las adscripciones ideológicas de su tío, Tusquets se ha esforzado en reflexionar sobre la dimensión más humana de su pariente. De hecho siempre se preguntó cómo un hombre tan inteligente y brillante podía haber defendido semejantes tesis.

Aún así, es la parte más subjetiva de la infancia y adolescencia de Esther Tusquets la que se destila a través de este biografía  y en el que la editora y escritora intenta reflexionar y comprender aquel universo suyo de los “vencedores“. Cómo ella dice, “habíamos ganado la guerra” y la mísera España de la posguerra y tardoposguerra les pertenecía. Es desde un enfoque retrospectivo sobre su adolescencia que Tusquets va reflexionando sobre el anacronismo   político e histórico de aquel régimen. Meditación política que se entremezcla con las dimensiones más existenciales y cotidianas : la difícil relación con su madre, atea y sin embargo franquista, ocupan un lugar central en sus memorias. Muy a pesar de la importancia que tendrá en su vida, la figura de su hermano, Oscar Tusquets, apenas si adquiere relevancia en la narración. En los recuerdos de Esther reina una Barcelona gris, desmoralizada y triste. Por su memoria pasan también sus primeros amores platónicos, entre ellos   Francisco Jiménez, falangista y profesor de literatura en el Colegio Alemán. Esther Tusquets se recuerda como una “cursi”, burguesa y franquista, que participa en la vida social de su gente, convencida que el país les pertenece y sin ningún cargo de conciencia por los estragos que han causado los “vencedores“. El veraneo en Playa de Aro, lugar de encuentro de las clases acomodadas, adquiere un lugar relevante y no cabe duda que aquella época inspiró en gran parte su producción literaria, entre otras, la novela El mismo mar de todos los veranos. Pero si algún lugar simbolizará a la identidad de su gente , de su “raza”, cómo ella decía, ese es el Gran Teatro del Liceo. Institución cultural de origen liberal, el Liceo no fue la encarnación de la rica y prematura tradición lírica barcelonesa, ni tampoco un ejemplo de la singular historia urbana y arquitectónica de la capital catalana. Se erigió ante todo y por encima de todo, en un “símbolo ideológico”, en el santuario de una clase social y de una serie de valores culturales y morales. Si bien, a diferencia de otras de mujeres de izquierdas, Tusquets no lo recuerda con hostilidad.

La última etapa de su autobiografía se inicia con el fin del Bachillerato y la entrada en la universidad. Renuncia a realizar sus estudios universitarios en Alemania y se inscribe en la Universidad de Barcelona en la carrera de Filosofía y Letras. Esther Tusquets descubre un mundo gris y burdo, que es el que ha dejado la guerra civil y el exilio de la mayoría de los catedráticos republicanos. Con vocación de actriz, entabla en aquellos años relación con el Instituto de Teatro, donde conoce a José, un talentoso autor teatral. José no tiene su sexualidad bien definida, pero Esther está perdidamente enamorada de él. También es el momento en el que la joven Esther Tusquets descubre ese silenciado mundo de la homosexualidad : se indigna ante la Ley de Vagos y Maleantes ( heredada de la legislación de la Segunda República), pero todavía más ante la que será la Ley de Peligrosidad Social.  Convertido José en un amor imposible y del que asume su homosexualidad, Esther se dedica al Servicio Social Obligatorio. Allí descubre el mundo de la caridad cristiana y termina simpatizando con mujeres de la Sección Femenina de Falange. De hecho, se considera ella misma una falangista e ingresa en la sección universitaria : el SEU. Le fascina el discurso profundamente revolucionario e incluso de izquierdas del falangismo original vinculado al pensamiento de José Antonio. Sin embargo, el tiempo de Falange ha terminado y la revolución nacional-sindicalista no es más que una quimera que va explicar la disidencia del falangismo intelectual liderado por Dionisio Ridruejo. En realidad, esa desventura llevada a cabo desde la ingenuidad, es la que en cambio va a forjar su conciencia política. Renegada de la Fe Católica y de su medio,( con el que nunca se identificó), Esther Tusquets acaba en las filas del PSUC. De “niña de derechas” pasará a convertirse en “mujer de izquierdas”.

El relato de Esther Tusquets, ” Habíamos ganado la guerra” se revela profundamente honesto, en la medida que lo reconoce como la experiencia de aquellos “vencedores” que vivían en otro mundo, pero los que en realidad nunca se identificaría. Su mundo, su verdadero mundo, es el de los ” vencidos” y humillados.

Este relato autobiográfico fue sobre todo una crítica a su medio social de origen, la alta burguesía catalana “castellanizada”, pero también una autocrítica. En ese sentido, si algún mérito hay que reconocerle a la fallecida Esther Tusquets es haber reconocido culpas imperdonables, la de los “vencedores”, de las que supo enmendarse con ese compromiso político progresista que la definió como editora y escritora.

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Archivado bajo Grandes figuras de la historia intelectual española y catalana

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