PEDOFILIA,CRÍMEN Y VENGANZA : LECTURA DE ” LA ÚLTIMA MIRADA” DE FIDEL VILANOVA

            

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El género negro parece volver a estar de moda, confirmando su dominio, junto a la novela romántica, en el ámbito de la literatura comercial. Si bien, brinda  la impresión de haberse impuesto con renovados aires y al amparo de nuevos autores en muchos casos bastante distanciados del estilo de los escritores más clásicos en el género. Nota a destacar, las tramas han ido ganando en algo más de originalidad y conexión con los tiempos  y valores actuales. Entre esos escritores de nueva generación puede contarse, desde luego, con nombres como el de Fidel Vilanova.  

              Fidel Vilanova es un escritor catalán afincado en Marbella, que cuenta en su haber con cuatro  novelas, El secuestro de los débiles (1996); El buen amigo (1999); Odilia (2002);  Marbella, un estilo de vida (2010). Su ya quinta obra , La última mirada (2014) le ha valido el galardón de Finalista en el XV Premio Francisco García Pavón de novela negra.

Hombre de izquierdas, se revela hoy agobiado por el delirio nacionalista que se ha ido apoderado de Cataluña durante los últimos veinte años. Desconcertado por la deriva  tomada por su tierra de nacimiento, Fidel Vilanova se siente hoy cada vez más como un ” intru dans la cité“. Todavía así, no demuestra la agresividad de la que han hecho gala algunos otros escritores catalanes de nacimiento o adopción y castellanoparlantes, hoy bastante disgustados por  el proceso soberanista. La pasión  literaria ha estado  por delante de la política, lo que explica su  relativa discreción en comparación a otros escritores hoy en línea de combate frente al nacionalismo catalán.

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De espíritu nómada, en 1993 se trasladó a Marbella, donde  lleva compatibilizando su labor como escritor con la actividad profesional en el sector bancario.  Así, Fidel Vilanova no vive de la literatura , sino para ella. Se ha de hecho forjado buena  y reconocida reputación de cronista literario de una ciudad a la vez fascinante y enigmática, donde se entremezclan glamour, dinero, corrupción política y crimen organizado. Vilanova ha sido un testigo privilegiado de los peores años de la “Era Gil-Julián Muñoz “. Es además uno de los principales animadores de la vida cultural y literaria en Marbella, puesto que dirige el  Taller Literario ” Aula abierta”  y coordina el ciclo de conferencias ” El lector y el libro“. Cuenta además con el privilegio de ser uno de esos escritores  elogiados por escritoras de la excelencia y exigencia de Ana María Matute. Amigo personal de la escritora catalana, Matute parece revelarse como su gran referente en su formación literaria. Si alguna afinidad literaria servidor comparte con él y que de epístola ha sido a menudo sujeto, ésta ha sido la singular tradición realista de la posguerra española en la que se inserta precisamente la obra de Ana María Matute.

Lector empedernido , Fidel Vilanova es un firme defensor de la literatura culta, cuyo retorno está siendo cada vez más reivindicado. De hecho lamenta el clima de mediocridad que se ha ido imponiendo de la mano de la literatura comercial y la subordinación de los grandes y pequeños  premios literarios a ésta. Coincide en que la escasa calidad literaria de los últimos años y la emergencia de los escritores “vedettes” es el producto de la propia crisis civilizatoria y de pensamiento.

Cabe apuntar que Vilanova no fue en sus principios un escritor “vocacional” y al uso de novela negra y que  su encuentro con el género se ha revelado tardío. Su estilo refleja de hecho esa huella realista de Matute, haciendo que su propia producción  albergue un tono innovador que rompe con el lastroso estigma  de “literatura barata” con la que siempre ha cargado la novela negra y policiaca. De prosa ligera y pulcra, La última mirada conserva la singularidad de no entregarse a   la mera intriga facilona y la trama encierra  un aire dramático que confirma esa ya mencionada influencia del realismo matutiano :  donde la angustia, el dolor personal y la realidad contextual se entremezclan con esa parte más lúdica y entretenida que caracteriza al género negro.

El personaje principal de la novela es bastante rompedor respecto a los habituales protagonistas de novela negra y policiaca a la que se nos tienen acostumbradas y que en su momento, ( por mencionar el ejemplo más parlante) quedó bastante bien reflejado en la patética y ridícula figura de Carvaho, creada por Vázquez Montalban : que nunca dejó de ser una delirante apologética del machismo más exacerbado y de la violencia policial.  Fidel Vilanova acaba de crear un personaje que haría bien en consolidar en sus próximas novelas, dado que refleja un cierto cambio de valores en ese  mundo del orden que encarna la vieja figura del policía.

En efecto, Ulyses Sánchez, el personaje principal, es un inspector cincuentón y afincado en Barcelona, pero de baja laboral por una depresión:  Su mujer ha muerto abatida a tiros en un atraco y ante su propia presencia. El hecho provoca la ruptura con su hija, Sonia, que no solo le reprocha la muerte de su madre, sino también sus infidelidades hacia ella. Reincorporado a su trabajo, el propio entorno laboral, mayoritariamente masculino, ejerce también una enorme presión sobre él. Ulyses ve puesta en cuestión su valentía, heroísmo y virilidad por parte de sus compañeros del Cuerpo. Sin grandes expectativas en la Policía Nacional en  Cataluña, su superior, el Comisario Pelayo, le propone un traslado a la ciudad de Marbella. El Inspector Sánchez no duda en aceptar su nuevo destino, intentando escapar de las miradas recelosas de sus compañeros, que le siguen estigmatizando. Sin más vacilaciones, se traslada al sur , para ponerse a las ordenes de un antiguo compañero de servicio, ahora comisario, llamado Ríos, hombre ambicioso y arribista que se mueve en los entresijos del poder político marbellí . Tras su llegada a la glamourosa ciudad malagueña, enseguida es asignado a un caso de homicidio junto a dos nuevos compañeros, González, el gordo, y  Sara Montes, una joven Subinspectora inexperta, pero repleta de entusiasmo y desparpajo. La súbita muerte por infarto de Gónzalez estrecha la relación con su compañera, al mismo tiempo que Ulyses tiene que lidiar en medio de las rivalidades con sus compañeros varones. Todavía bajo los efectos de la depresión y tentado por la bebida, Ulyses  vive torturado por  el recuerdo de su mujer y la indiferencia de su hija. Hombre maduro y rudo a la vieja usanza,  no puede impedirse de mantener una relación subjetiva con el caso al que se le asigna y en el que se entremezcla su afán de frialdad profesional propio de un hombre acostumbrado al engranaje del crimen y de la apatía ante las víctimas, y los propios sentimientos. El compañerismo y el desparpajo de la Subinspectora Sara Montes hacen que salga sin embargo a flote su parte más humana. Ulyses es un hombre dudoso, vulnerable y atormentado. Dicho esto,  los tufillos machistas no faltan en los personajes de la novela ( también muy habituales en el género negro), pero el autor parece querer mucho más dar testimonio de un contexto cultural ( el del mundo de la policía) que hacer una declaración de intenciones .

Más allá del universo simbólico del mundo policial, que el autor traslada con mucha habilidad a la imaginación del lector, Fidel Vilanova describe sobre todo bastante bien la angustia de un  varón que ha transgredido las reglas de la masculinidad y que en el caso del género negro  siempre estuvo plasmada en la  figura del héroe viril, prepotente e inquebrantable. Primera virtud de Vilanova  es haber creado un personaje que sale de los viejos cánones en los que han estado insertos los protagonistas masculinos  de novela negra y policiaca. En ese sentido parece inscribirse en esa  nueva y ya mencionada corriente de autores que, como es el caso de Lorenzo Silva y su personaje de Rubén Belvilavacquia , han ido deshaciéndose de los viejos arquetipos “deshumanizados”, rudos y sin otra función que la de garantes del orden.

La trama  es  de una exquisita actualidad a la vista del debate social sobre la progresiva pérdida de autoridad de la institución familiar, la falta de control de los padres sobre su progenitura  y la problemática figura del “adolescente”. Vilanova parece en ese sentido haberse hecho eco de los casos sociales que han alimentado a la prensa amarilla y sacudido a la opinión pública, con adolescentes como figuras centrales y de la que caso Marta del Castillo solo es el ejemplo más acabado. El lector puede pensar en un primer momento que se trata de una novela basada e inspirada en algunos de los sujetos de morbo en la telebasura. Sin embargo, el trasfondo es mucho más afinado y confirma la marca de un diferente estilo narrativo en este género negro de nueva ola.

                Eva Llamares, una joven adolescente, desaparece de su casa. Hija de un prestigioso y acaudalado abogado, nadie se explica lo ocurrido. La niña no es conflictiva. Las primeras sospechas apuntan a su novio y Vilanova tiene la habilidad de jugar con el lector y confundirle : el caso Carcaño y el creciente repunte de la violencia de género entre las parejas adolescentes hacen pensar que se va  a tratar de la historia de un crimen pasional. La trama es sin embargo mucho más laberintíca.

Tras varios días, la joven Eva, que solo cuenta con catorce años, aparece muerta en el barranco de una carrera, desnuda y en el interior de un saco de lona. Ni un signo de agresión física o sexual. La causa de la muerte está en el suministro de una alta dosis de antidepresivos, pero es evidente que se trata  del acto de un hombre adulto. La investigación se complica tras ser descartado el móvil sexual y la ausencia de lesiones físicas graves y crueles hunden ellas mismas la hipótesis de que sea el acto de un psicópata. ¿ Si no se trata del acto pasional de un adolescente sobrado de testoterona o de un asesino en cadena, de qué entonces?

Toda una serie de indagaciones hacen que las siguientes y más plausibles  sospechas  vayan dirigidas hacia su padre, Ramón Llamazares, un hombre apocado y  casado con una mujer castradora de un medio social superior al suyo, consumidor de pornografía infantil y cuya pedofilia queda al descubierto, al serle conocidas tentativas de abusos sobre menores. Arrestado, el padre de la niña se suicida en medio de la vergüenza. El caso parece cerrado y las conclusiones vierten sobre un padre en realidad atraído por su hija y celoso del novio de la  misma. Salida a colación en la novela la muy candente cuestión de la pedofilia, Vilanova da un ligero resbalón narrativo al hacer condescender en exceso a sus personajes con las expectativas y las condenas sociales respecto a la cuestión   : las relaciones sexuales y afectivas entre menores y adultos siguen sin ser objeto de un debate sociológico, cultural y ético mínimamente sereno, quedando todo reducido al común denominador del hecho “delictivo“. No está de más recordar que la literatura también se hace eco de los prejuicios sociales y que Vilanova los plasmo en sus propios personajes masculinos, como es obvio, atrapados en un arranque de viriles padres indignados. La problemática relación de Ulyses con su hija Sonia hace que el caso se convierta para él en un asunto personal.

Para sorpresa de todos, una segunda muchacha, Elena, hija de un modesto camionero, Manolo Delgado, y de una enfermera, es secuestrada de su casa, muriendo en las mismas circunstancias. La trama tiene a enredarse para el Inspector Ulyses Sánchez y la Subinspectora Montes, dado que no hay relación aparente entre los dos casos, a no ser las circunstancias del asesinato. Posteriormente, una tercera muchacha, Isabel, hija de un mediático y poderoso juez de la Audiencia Nacional,   Anselmo Ibarra, es también secuestrada  y asesinada con los mismos métodos. Ulyses empieza a sospechar de que existe un vinculo directo entre los tres casos, a pesar de que los padres de las victimas digan desconocerse y no frecuentarse, por ocupar distantes posiciones sociales. Todo el resto de la trama radica en averiguar qué relación puede haber entre las familias de las tres victimas.  Presionado por una prensa carroñera liderada por una periodista agresiva y famosa y por sus propios superiores, condescendientes con el poder municipal, Ulyses está a punto de ser relevado del caso bajo el reproche de dar palos de ciego en la investigación. La providencia hace sin embargo que el Inspector Jefe Sánchez  reciba una llamada anónima desde Barcelona de un tal Castaño, que dice tener la llave de la incógnita. Goza de tres días para resolver el caso bajo amenaza de destitución por parte de sus superiores a tenor del escándalo que está provocando el caso y de la negativa repercusión sobre la imagen de la ciudad. Conocedor de los entresijos de la ciudad ( de la que ya fue objeto una de sus novelas anteriores) Fidel Vilanova filtra al través del contexto de la novela cierta crítica a los formidables intereses económicos, políticos y mediáticos que determinan el funcionamiento de la ley y  la justicia.

Convencido de que está a punto de descubrir al asesino gracias a la llamada anónima de dicho personaje,  Ulyses se desplaza a Barcelona : citado con Adolfo Castaño en la ciudad condal, le encuentra muerto en su casa. Vilanova vuelve a tener la habilidad de desconcertar al lector, haciéndole sospechar de que se va a tratar de un caso sin resolver. . Gracias a un amigo informático, antiguo delincuente, Ulyses  consigue fisgonear en el ordenador del confidente. Topa con la dirección de un anciano hombre, Ambrosio, un antiguo campesino enterrado vivo en una residencia de ancianos  y que le irá desvelando una serie de hechos que le van a permitir atar cabos. Vilanova demuestra celo en no abusar de la paciencia del lector, recompensando por fin una lectura a lo largo de la cual se han ido disolviendo desconcertantemente  las hipótesis más plausibles.He de reconocer que las últimas páginas se leen rápida y apasionadamente.

Una curiosa y dramática historia sale relucir a través de la narración de aquel anciano, que le ve a permitir a Ulyses establecer por fin la verdadera relación entre los tres casos y los padres de las victimas. Testigo presencial, Ambrosio le cuenta un hecho al principio de los años ochenta : una joven muchacha de quince años, Natalia,  es violada y lesionada de por vida por tres muchachos de clase acomodada y un taxista en un cortijo de Sevilla. Los tres varones en cuestión son el abogado Ramón Llamazares,   el Juez Anselmo Ibarra , Adolfo Castaño y el camionero Manolo Delgado . Por aquel entonces el caso se cierra con el arresto del novio de la muchacha, Antonio Cuevas, conocido por su temperamento de varón celoso y violento. Es condenado a permanecer en un correccional aun a pesar de ser inocente. Lesionada mentalmente por los hechos de su violación y el sadismo de las brutalidades físicas que sufre durante la agresión , su novia Natalia, con el tiempo, acaba suicidándose.  Antonio viviría de por vida marcado por el periplo de aquella novia de la que estaba perdidamente enamorado. Tiempo más tarde, Antonio Cuevas asesina a un antiguo compañero de la  correccional , Alex , después de que éste intentase violar a una prostituta. El recuerdo de Natalia y la saña de su compañero  con la prostituta le devuelve a la memoria la aberración de Llamazares, Ibarra, Castaño y Delgado.  En un momento de enajenación y arrebato le mata a pedradas con el fin de librar a la prostituta, aunque con la sombra de Natalia detrás de ésta.  Muerto su compañero, usurpa su identidad. Antonio Cuevas, marcado por la muerte de su novia Natalia y ya en el engranaje de su primer y verdadero crimen, está dispuesto a llevar a cabo su  venganza contra los cuatro individuos.  Veinte años después empieza a consumarla detrás de una discreta imagen del chico “bien”, ” pijotón” y adinerado en el que se ha convertido gracias al botín del atraco a un banco que le ha arrebato  a  su compañero de correccional tras asesinarle. Antonio, ahora definitivamente Alex,   mata de forma de progresiva a las hijas de LlamaresDelgado e Ibarra  y asesina con una particular crueldad a Castaño, que en cuanto a él no tiene hijas, pero que es el autor de las sádicas lesiones infligidas a Natalia.  AlexAntonio) no ha conservado en mente otra cosa que, efectivamente, ” La última mirada” de su novia pidiendo justicia a gritos.   Alex ( Antonio) es  descubierto en su falsa identidad, tocándole exponer “su causa” y que no es otra que hacer pagar la crueldad perpetrada contra una inocente hacía muchos años.  Enfermo terminal y sin ya nada que perder, decide  suicidarse con el consuelo de haber consumado una venganza preparada durante tiempo. Matando a las hijas de aquellos hombres, no hace otra cosa que devolverles el dolor que ha sufrido en carne por la muerte de Natalia. Así, intriga y drama, rabia y dolor se revelan como los verdaderos componentes de la novela.

La trama de Fidel Vilanova se revela muy  bien articulada y el propio desarrollo de la investigación no resulta cansino para el lector. El ansia de llegar hasta el final engancha incluso al más hostil lector de novela negra. También goza de la virtud de implicarle en la investigación, invitándole a establecer sus propias sospechas, indagaciones y conclusiones y manteniendo ese encanto de la incógnita y la confusión tan propia del género negro.

Dato a subrayar, la novela conserva una gran modernidad y contemporaneidad  al ser capaz de acercarse a los debates y problemas de sociedad, rompiendo así con ese tic costumbrista de la novela negra más barata de los años 30 y 40, siempre con tramas más o menos sin originalidad y  centradas en las altas esferas. Al contrario de  los autores de novela negra de la vieja guardia, que siempre se mostraron acríticos y apáticos frente a la realidad social, no centrando sus tramas en otro eje que el de la defensa del “orden”, Fidel Vilanova vehicula un mensaje político e incluso ético frente al abuso de poder, la mezquindad,  la ruindad y la bajeza humana de los señoritos en el particular contexto de la España del sur. Al igual que el caso del ya mencionado Lorenzo Silva, se trata en efecto de una novela negra mucho más intelectualizada, receptiva y crítica ante las injusticias.

                            La mayor virtud de este género negro de nueva ola es evitar la inserción de la estructura narrativa en las viejas y arbitrarias dicotomías del género policial y negro más clásico, donde la bondad del orden y maldad del crimen siempre eran presentadas sin matices. Como lector  es difícil no empatizar e incluso simpatizar con Alex ( Antonio). Es en ese  sentido que el estilo de Vilanova se inscribe con  plenitud en la tradición de autores como Truman Capote o Jean Genet, donde el criminal y el delincuente albergan una  subjetividad frente al que el lector no queda inmune. Elemento a añadir, Fidel Vilanova se lleva también el  mérito narrativo de no refugiarse en la creación del típico psicópata frío y sin escrúpulos, que desconoce del bien y del mal. Algo muy propio de la novela policial norteamericana más barata y  con frecuencia llevada a la gran pantalla. Alex es un sujeto ético y su crimen no está huérfano de razón.  Cada lector somete las novelas y las tramas a sus propia hermenéutica y no cabe duda de que cierta identificación debieron tener algunos  con ese criminal, no mentalmente enajenado, sino muy por lo contrario muy consciente de su realidad y  dolido por ella. A diferencia  de los actos del psicópata más tradicional, sus crimenes contra las hijas de los agresores de Natalia  no son  gratuitos.

Aun así, el autor demuestra la prudencia de no caer en un populismo de papel y condescendiente con el estado anímico de esa parte de la sociedad tentada por tomarse la justicia por su mano e imponer el principio del “ojo por ojo y diente por diente“. No está de más recordar que el drama de  Marta del Castillo y la dolorosa situación personal de sus padres constituyeron un caso elocuente con ocasión del  que  ciertos sectores ideológicos, aparándose en la legitimidad del dolor ajeno,  pretendieron imponer una justicia fuera de la legalidad penal y  por encima del inquebrantable derecho que tiene cualquier acusado a un juicio justo y a la presunción de inocencia. Si es difícil no identificarse con la subjetividad de Alex, sediento de conseguir reparación ante un crimen infame y no castigado en su momento, no es menos cierto que Fidel Vilanova tiene a bien de recordarnos que la justicia y la venganza no son sinónimos y que cuando ésta última  se convierte en el único fin, siempre conduce a la autodestrucción.

Es de celebrar la existencia de esta nueva corriente en el género negro, que parece ir abdicando poco a poco de su estética machista, los  discursos más delirantes en torno al orden y cómo no, de  las tesis patologizadoras   de la psiquiatría y la criminología más reaccionarias. Esto   para adentrarse en cuestiones éticas y la comprensión de la conducta humana ante los atropellos y las injusticias.

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