LA VALENTÍA EN LA DERROTA : UNA RETROSPECTIVA SOBRE “LA VOZ DORMIDA” DE DULCE CHACÓN

images[8]

 Para Jorge, por las pasiones compartidas

 

Escritora desaparecida prematuramente, Dulce Chacón ( 1954-2003) dejó una producción poética , narrativa y teatral que se reveló muy fructífera a lo largo de un corto periodo de diez años y que abarca desde la publicación de su primer poemario en 1992 y su última novela en el 2002.  Después de muchos años de escritura en su adolescencia y juventud, Chacón saltó por fin al mundo editorial a los 38 años y ofreció una obra literaria  que  alberga luces y sombras a partes iguales, pero cuyos componentes mantuvieron el denominador común del compromiso político y social. Mujer  de izquierdas con orígenes familiares aristocráticos y  políticamente conservadores, se implicó en la lucha contra la violencia de género y la contra la  Guerra de Irak al costado del Premio Nobel José Saramago. Algunos de sus obras como Algún amor que no mate (1996), Blanca vuela mañana (1997) o Háblame musa, de aquel varón (1998)  fueron de hecho un alegato contra la violencia machista en el ámbito doméstico. Otras de sus producciones se centraron en la visibilidad social de las mujeres en el seno de la cultura y las tradiciones populares como fue el caso de su biografía  ” Matadora“(1999), centrada en el periplo de la torera Cristina Sánchez . También tuvo ciertas incursiones en la producción de obra teatral como es el caso de Segunda mano (1998).

images[11]

Polifacética , puede decirse sin embargo que su  aportación  más significativa estuvo vinculada a toda la tradición narrativa vinculada a la guerra civil y a la propia posguerra. Por lo tanto a la concepción del género  novelístico como un vehículo esencial de la memoria histórica. “Cielos de barro” (2003) y por el que se le confirió el galardón del Premio Azorín de narrativa, fue un excelente testimonio literario de la Extremadura de la posguerra a través del periplo de su propio abuelo. La singularidad de su obra  de carácter más histórico viene también condicionada por lo que tiene de ruptura con el silencio que ha rodeado el lugar de las mujeres en el más trágico episodio  político y social español.  Si bien, debe hacerse el matiz de que la producción literaria de Dulce Chacón nunca se insertó en un feminismo militante al uso y  en el sentido estricto. Factor que explica por otra parte el hecho de que fuese una escritora ninguneada por la propia  teoría y crítica literaria feminista, proclive a esquinarle la mirada a toda la producción de aquellas autoras alejadas de los cánones y los debates del feminismo académico.  En efecto, Chacón siempre desconfió de las categorías acuñadas por la teoría feminista, como “literatura de mujeres” o “literatura femenina“, prefiriendo acercarse a la experiencia de cada mujer como sujeto individual. Según ella, cada escritora era única y singular. Lo que le situó intelectualmente a años luz del inequívoco concepto de “escritura femenina” que  cierto esencialismo  pretendió defender a partir de los 80.

images[3]

Inma Cuesta como Hortensia

Publicada  en 2002 poco antes de su muerte, la obra sin duda más conocida de Dulce Chacón” La voz dormida“(2002), fue llevada a la gran pantalla en 2011 por Benito Zambrano , asegurándole a la escritora un reconocimiento póstumo  pero firme. Junto a  ” Las trece rosas”, de Jesús Ferreroy de la que nos brindó a su vez  una versión cinematográfica Emilio Martínez Lázaro,   la conocida obra de Dulce Chacón fue  una de las  más comentadas  aportaciones literarias sobre la represión, la experiencia carcelaria y las injusticias infligidas a muchas de las mujeres que entregaron su vida a la causa del bando republicano entre 1936 y 1939. Aunque dista mucho de estar entre las obras maestras y que la calidad de su prosa  se quede en el estricto ámbito de la pulcritud , no cabe de que se trata de una novela que merece cierto comentario en el marco de una reflexión sobre las relaciones entre literatura y memoria histórica.

presasdefranco01[2]

Terminada la guerra y puesto en marcha el engranaje de revanchas, purgas, juicios y condenas a muerte por parte de los ” vencedores” , los periplos de cuatro mujeres con diferentes historias de vida se unen en la cárcel de Ventas de Madrid. Hortensia, antigua miliciana, embarazada de ocho meses y arrestada por no haber querido desvelar el paradero de su marido, Felipe; Elvira, una adolescente de salud frágil ; Reme, militante comunista ya entrada en edad , pero de un gran ímpetu y Tomasa, a la que los “Nacionales” han asesinado al marido y  sus cuatro hijos.  Una amistad y complicidad se va forjando entre ellas en medio de las penurias y la humillación de la experiencia penitenciaria  y de la represión, donde la amenaza de la condena a muerte se asoma en el horizonte. Todas ellas están bajo el jugo de Sor Serafines, un monja inhumana y guardiana de los valores del nacional-catolicismoLa zapatones  una vigilante implacable, que simboliza a las figuras  más siniestras de la Sección Femenina de la Falange y de  una tercera funcionaria de prisiones, Mercedes, mujer en realidad sin carácter, ni autoridad y que  duda de su papel en aquel lugar, desgarrada entre el espíritu represor  y sus propias convicciones.

images[5]

Susi Sánchez como Sor Serafines

 

Fuera de la cárcel, reina el personaje de Pepita, la hermana de Hortensia, que vive en la pensión de Doña Celia , cuya hija, Almudena, ha sido fusilada, y sobrevive a duras penas trabajando como criada en casa de Don Fernando, un antiguo médico marcado por la masacre y el río de sangre de Paracuellos y al que su mujer, Doña Amparo, ha retirado para siempre la palabra  tras anunciarle éste el abandonado de la profesión desconcertado ante tanta muerte y dolor. Mujer de carácter , Pepita ejerce de enlace entre su hermana y Felipe, que se encuentra escondido en el bosque implicado en la guerrilla.  Pepita entrega a su hermana Hortensia en cada visita un cuaderno azul en el que Felipe le da noticias suyas. En él siempre hay   hojas en blancoCon el fin de no darle pistas a las autoridades sobre el verdadero paradero de su marido, Hortensia se come cada una de las páginas en las que su marido le escribe. Durante uno de los encuentros con Felipe en el bosque, Pepita topa con Paulino, apodado  El Chaqueta negra, principal líder de las guerrillas y del que las autoridades franquistas están al acecho .  Paulino  viene a ser el hermano de Elvira , una de las presas en la cárcel de Ventas.  Pepita empezará a sentir una curiosa atracción por él.

images[5]

María León como “Pepita

 

Todavía a pesar de la fuerte represión, una red de solidaridad se va a ir forjando. Felipe, herido de un disparo, consigue ponerse en contacto, a través de Pepita, con Don Fernando, el cual, a pesar de haber renunciado definitivamente a ejercer de médico, se presta a extraerle la bala. Una vez restablecido, Felipe organiza con Paulino una visita a la cárcel de Ventas bajo una falsa identidad, haciéndose pasar por el yerno de Sole, la partera, personaje que irá adquiriendo protagonismo con el desarrollo de la novela. Felipe no tiene otra obsesión que ver a Hortensia y Paulino  a su hermana Elvira. Aprovechando el día de Navidad, se produce el reencuentro, sin en realidad poder dar a entender a las vigilantas de que se conocen.   Mientras tanto, se van consolidando los lazos entre Paulino y Pepita . Incapaz de resistir a sus encantos, Pepita acepta convertirse en la novia del Chaqueta negra. 

la-voz-dormida-2011-2-300x199[1]

Berta Ojea, en el papel de “Las zapatones”    

 

El amor entre Paulino y Pepita  está sin embargo basado en promesas y esperanzas, dado que tanto él como Felipe se ven obligados a abandonar España  rumbo a Francia a raíz de la permanente situación de clandestinidad en la que viven.  Pepita es  arrestada tras recibir una carta de su novio con un falso nombre.  Sin embargo, consigue su liberación por parte de la policía tras comprometerse D.Fernando a ejercer la medicina en la prisión de Ventas.

images[6]

Marc Clotet como ” Paulino”

Desconcertado por el ambiente de hambre, enfermedad y muerte que impera en la cárcel de Ventas, D. Fernando va cambiando la vida de las reclusas, volviéndose también a poner de manifiesto la dimensión humana de Mercedes, la vigilante en realidad sin vocación e incómoda con la función represora que le corresponde y que decide prestarse voluntaria como enfermera junto a Sole, la partera. Simpatizante de la República y de ideas comunistas, D.Fernando va adaptándose  poco a poco a la situación y acomodándose a los valores del régimen. Temeroso de verse comprometido, despide a Pepita de su casa, dejándola sin su único salario y sustento. Chacón supo simbolizar a la perfección a través del personaje de D.Fernando la actitud de aquellas magras clases medias de los 40, cuyos ambiguos intereses sociales contribuyeron de  manera indirecta a perpetuar el régimen franquista. Desamparada por su antiguo patrón, cada vez más afín a la dictadura e interesado en desvincularse de cualquiera que le relacione con su pasado republicano, Pepita encuentra refugio en la ayuda de su casera Doña Celia.  Durante ese mismo tiempo, Hortensia es condenada a muerte.   Finalmente  es fusilada tras dar a luz a una niña, a la que pone su propio nombre y con el recuerdo de Felipe en la mente quiere que su marido le mantenga en mente para siempre a través de su hija. En los días anteriores a su ejecución plasma en el cuaderno azul sus sentimientos,   que espera que algún día pueda leer la pequeña Tensi. Antes de morir en el pelotón de fusilamiento pronuncia sus tres últimas palabras : ¡¡Viva la República!!  

                         Pepita lucha para que la hija que ha dado a luz su hermana antes de morir no sea enviada a un orfanato. Gracias a Sole, la partera, consigue que la niña le sea entregada de forma clandestina. Desde entonces, será su única razón de vivir. Sin duda con el objetivo de no atrasar la trama, (la relación de Pepita con la pequeña) ,Chacón pone escaso engranaje en hechos históricos trascendentales, entre ellos la apropiación por parte del régimen franquista de los hijos de muchas mujeres republicanas encarcelada o condenadas a muerta  y eso con el fin de asegurar su reeducación ideológica. No está de más recalcar que éste no es el único detalle y que la novela rebosa de errores u omisiones historiográficas.

images[5]

El tramo final de la novela gira en torno al cuidado de la pequeña Tensi por parte de Pepita y sobre todo, a su anhelado reencuentro con Paulino. Chacón pareció querer darle un nuevo ritmo a su obra que sacase al lector del letargo en el que por momentos le hace caer con el nacimiento de la niña de Hortensia y la posterior ejecución de ésta. Disfrazados de falangistas, Paulino y Felipe, en España de forma clandestina, organizan la evasión de Sole, la partera y Elvira, la hermana de Paulino y eso gracias a la colaboración de Amelia, la hija de Sole, quien consigue a través de las células del Partido Comunista una falsa orden de traslado.  Chacón da un  tropezón narrativo, dado que la escena es tremendamente ficcional y muy de espaldas a una realidad histórica donde las estructuras penitenciarias y represivas de primer franquismo se revelaron casi infalibles y la oposición a la dictadura del todo desmembrada ; lo que le da a este episodio una dimensión fantasiosa que cuadra mal con las exigencias  de un género como la novela histórica : la no distorsión de los aspectos contextuales y cronológicos.  Aunque  Chacón siempre reivindicó su novela como el producto de testimonios reales, nadie ha otorgado credibilidad a unos hechos que parecían más bien salidos de su imaginación. La realidad informa de que las células clandestinas del Partido Comunista, la oposición al franquismo y los procesos de infiltración en el propio régimen  sólo empezaron a revelarse operativos y más o menos organizados, una vez bien finiquitada la tardo-posguerra. La propia experiencia de los maquis ocupa un lugar significativo, sobre todo a través de los personajes de Felipe y Paulino, pero no cabe duda que Chacón recogió testimonios en muchos casos bastantes sesgados, fragmentados y no corroborados. Lo que explica la existencia de más de una incoherencia al configurarlos en el ámbito de la ficción.

images[11]

Ana Wagener como ” Mercedes

El ritmo   narrativo de la novela fatiga por momentos al lector, al pretender la autora introducir diversos temas vinculados a su compromiso político e intelectual. Su voluntad de rendir homenaje a las mujeres de la Segunda República y la multitud de personajes femeninos que introduce con ese objetivo hace que se vaya perdiendo por momentos  el hilo de la trama :  la relación pasional que Pepita tiene con su hermana Hortensia y la hija de ésta y la propia historia de amor que subyace  con Paulino en medio de los dramas políticos y sociales individuales y colectivos.  La escritora pareció querer solucionar el impase haciendo desaparecer poco a poco a los personajes de la novela con  la partida de Sole y Amelia a Francia, la muerte de Felipe en una emboscada de la Guardia Civil contra los maquis  y el exilio de Elvira a Praga a la ordenes del Partido Comunista.Tomasa, la vieja compañera de la prisión de Ventas es liberada, sin dejar de mantener en el recuerdo a Reme y Sole, pero sobre todo de Hortensia. Pepita pasará buena parte de su vida junto a Doña Celia, la casera y con la que educa en común a la pequeña Tensi. El personaje de Doña Celia,  con la que Pepita forja una amistad de por vida, tiene un lado entrañable y no cabe duda que Chacón supo rendir honor a una figura muy presente en el imaginario social y la memoria colectiva de la España de la posguerra : ese mundo mísero y famélico de las “pensiones”, pero también nido de solidaridad y calor humano. Probablemente sea uno de los personajes más logrados.

images[8]

                          

Tras la muerte de Felipe el compañero de lucha de éste,  Paulino, es arrestado y condenado a treinta años de encarcelamiento en la prisión de Burgos, donde coincide con el esposo precisamente de Doña Celia. La frustración ante la definitiva liquidación de los maquis del Valle de Arán, el  asentamiento de la dictadura franquista y el surgimiento de una Guerra Fría que arruina cualquier esperanza de un restablecimiento inmediato de la democracia en España constituyen el contexto de la parte final de la novela.   Tras diez  y nueve años de cárcel, Paulino consigue  la libertad condicional y se casa con Pepita, mientras que la hija de Hortensia, ya mayor, se convierte en una joven militante comunista influida por la lectura de aquel cuaderno azul en el que su madre había escrito antes de ser fusilada. Si es cierto que los primeros años 60 ( periodo en el que finaliza la historia) ponen definitivamente término a la posguerra y alientan un nuevo espíritu que desplaza hacia el pasado esa desmoralizada sociedad española de los primeros años 40, no  es  menos verdad también que Chacón  apura la  trama dándole  un  rídiculo final feliz con tufo de culebrón latinoamericano que acaba   desnaturalizando  el originario objetivo político de su obra.

images[8]

Publicada en la primera década del siglo XXI, plausible es la hipótesis de que Dulce Chacón quiso acomodarse a las reglas de la novela comercial más allá de sus propias motivaciones políticas como escritora,  inyectando una dosis de optimismo en su historia y queriendo complacer a un lector sin ánimo para finales desconcertantes. Es obvio que Chacón pretendió  romper así con el  tremendismo y los contenidos tormentosos y dramáticos albergados por la tradición realista y simbolista de los años 40 y 50   y con el militantismo literario excesivamente ideológico de los años posteriores a la Transición, muy virulento con los “vencedores” en su tratamiento de la Guerra civil.   Un legitimo intento de originalidad literaria por parte de Chacón, pero con una cierta tendencia a desvirtuar  involuntariamente la relevancia del propio contexto histórico en el que se desarrolla la trama. En su voluntad de combinar novela “histórica” y  “romántica” terminó dando solo mediadamente la talla  en ese amalgama de cuestiones sociopolíticas, emocionales y existenciales que quiso construir.

Se ha comentado que el desenlace apaciguado que Chacón le dio a la ” La voz dormida”  no estaba sin relación con su propia visión y análisis  de la Guerra Civil : la necesidad de cerrar las heridas sin perder el horizonte de la memoria histórica. El precepto no es cuestionable en sí y hoy menos que nunca a la vista de cómo parecen volver a asomar la cabeza los viejos demonios del llamado “laberinto español“. Asumido esto, una cosa es expulsar del espíritu humano el odio y el rencor y otra bien diferente caer en la frivolidad y banalización del pasado.

images[11]

        Benito Zambrano

 

La  versión cinematográfica de ” La voz dormida” que brindó Benito Zambrano, en la que hay que reconocer la excelencia de las interpretaciones  de María León e Inma Cuesta, se mantiene bastante fiel a la trama y los personajes, pero con el añadido  mérito de aportarle un magnetismo  que no siempre ejerce la escritura de Dulce Chacón. Más allá de las necesidades de la producción, Zambrano tuvo la vista de quemar mucha de la “paja” narrativa acumulada en la novela original, dándole a la historia algo más de realismo. Resulta frecuente que obras literarias de calidad matizable desemboquen en grandes  producciones cinematográficas como es efectivamente el caso del film de Zambrano.   Poco erudito hay que ser en hermenéutica literaria y escasa narrativa  sobre la guerra civil y la posguerra hace falta haber leído,   para percatarse de que “La voz dormida” es una obra que no consta entre las más elogiables dentro de un género habitualmente  caracterizado por la genialidad narrativa y el rigor histórico  de muchos de sus autores. Así,  queda confirmado que la gran pantalla y las artes escénicas en general albergan su propia magia en el momento de contar una historia.

Es  habitual que cunda debate sobre el contraste entre la personalidad humana de un autor y la excelencia de su  obra.La figura de Dulce Chacón evidencia esa disparidad. Más allá de cualquier consideración literaria, estética o historiográfica, es indiscutible que se trató de una autora de incuestionable estatura y calidad humana, a la que hay que reconocerle por lo menos  la envergadura  ética del   mensaje de su novela :  la oda a la amistad, el amor y la solidaridad, pero sobre todo, la exaltación de la valentía y la esperanza en las peores circunstancias de la derrota y la  desmoralización. Solamente por ese hecho, quizá sea de justicia concederle un honorífico y merecido lugar en la memoria de la historia intelectual española.

                   

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s