GENIAL EN SU ÚLTIMO SUSPIRO : LECTURA DE “DEMONIOS FAMILIARES” DE ANA MARÍA MATUTE

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El pasado 25 de junio nos dejó una de las más grandes : Ana María Matute. Eso sí,  brindó una última delicia literaria. Me refiero, claro está, a su obra póstuma, Demonios familiares  (2014)  y publicada por Destino. Una obra en principio inacabada, pero que destila a la perfección las intenciones de Matute respecto al final. Esa la razón por la cual y como apunta Pere Gimferrer en el prologo de la misma y la propia escritora  María Paz Ortuño en el epilogo , habría que preguntarse si de verdad puede considerarse una obra inconclusa.

                              Eva, la protagonista, es una joven muchacha de un pueblo de Toledo en los albores de la Guerra Civil. Acaba de huir de un convento en llamas y en el que se preparaba como aspirante a novicia. En realidad siente alivio ante ese acontecimiento. Eva nunca ha tenido verdadera vocación religiosa y la opción del convento parece haber sido la vía de escapatoria frente a su ambiente familiar. Huérfana de madre, ha vivido bajo el yugo de su padre, un Coronel del ejercito, inválido y héroe de la Guerra de Marruecos y una abuela insensible. No tiene de hecho otro apoyo que el de una anciana criada.  Al volver a casa, se da cuenta de que no conoce nada del mundo, viviendo solo perseguida por el recuerdo de una infancia infeliz y solitaria, durante la cual ninguno de los que la rodean han expresado jamás ningún sentimiento. Un mundo repleto de silencios, mentiras y secretos. Su único refugio es el desván de la casa y  sobre todo el bosque, lugar a la vez enigmático y mágico que siempre ha estado muy presente en la trayectoria biográfica de Ana María  Matute y en sus propias obras. Junto a su autoritario y conservador padre, impera también la sombra de un criado, Yago, hombre fiel al Coronel, pero misterioso y frío. Eva se siente rodeada por fantasmas en esa casa enorme que la atemoriza al mismo tiempo que la desconcierta. Su única manera de escapar de aquel ambiente es de hecho su relación con una amiga de infancia, Jovita, la hija del boticario, secretamente embarazada de  Berni, un hombre de ideas revolucionarias y mucho más mayor que ella.

Estallada la guerra, Eva va descubriendo un mundo del que no sabe nada, al mismo que su mente está confundida por los acontecimientos y las razones que lo motivan. Paso a paso irá descubriendo cosas acerca de Yago, el frío y distante criado de su padre  y que están en relación con los silenciosos y los secretos que rodean a su familia y sobretodo a su padre. A partir de entonces, la relación de Eva con Yago cambiará de raíz. Eva ya está empezando a alzarse en rebeldía contra las imposiciones de un padre hacia el que le mueven sentimientos ambivalentes. Mientras tanto, un avión del bando republicano se estrella en el bosque. Los “Nacionales” buscan al piloto. Ella le encontrará herido y con la ayuda de Yago, consiguen esconderle en el desván de la casona de su familia. En realidad, el piloto es Berni, el amante de Jovita. A pesar de experimentar una sensación de traición hacia su amiga Jovita, Eva siente unos extraños  e incontrolados sentimientos hacia aquel hombre.

En realidad, Demonios familiares recupera muchos de los temas centrales en la magnifica obra de Matute, es decir, el verdadero interior de los seres, sus angustias, sus dudas, sus miedos,  sentimientos, silencios y desconciertos. También hay que decir que es una oda a la lealtad y a la amistad incluso en las peores circunstancias y una reflexión sobre la crudeza de ese mundo  que  Eva va descubriendo poco a poco. La obra alberga mucho del espíritu de obras como Luciérnagas, donde el personaje de la joven Sol también termina viendo delante de ella la verdadera realidad de la condición humana. Otro de los apuntes que no deberían dejar de hacerse, es que a pesar de que Matute sigue fiel a esa tradición literaria realista que siempre reivindicó, su tono se revela en esta obra póstuma e inacabada algo menos tremendista. Lo que hace plantear la hipótesis que el transcurso de los años y la propia lejanía de un drama colectivo como la Guerra Civil le hicieron ver los acontecimientos con más serenidad y esperanza.

En una de las últimas entrevistas que concedió, al preguntarle sobre su infancia, Ana María Matute declaró haber sido una niña feliz a pesar de los duros años de la guerra. Supongo que con eso pretendió disipar las especulaciones sobre el lado siempre autobiográfico de su obra. Sin embargo, nunca podrá olvidarse la profunda huella que dejó en ella la Guerra Civil y en casi todos los escritores de su generación, la del 50, que vieron truncada su adolescencia después de que toda la historia de España se les cayese encima.  Más allá de ese ser interior y autobiográfico  que Matute nunca dejo de manifestar en sus obras, algo si que es efectivamente cierto :  Supo hacer gala de su genialidad como escritora incluso en el momento de su último suspiro.

 

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Archivado bajo Grandes figuras de la historia intelectual española y catalana, Sin categoría

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