GÉNERO NEGRO : ¿DE LA “IDEOLOGÍA” A LA “RENOVACIÓN”?

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El género negro y policial sigue liderando el actual panorama literario y  el mercado editorial de habla hispana. Los dos más importantes premios literarios de carácter comercial han galardonado dos autores inscritos en esa tradición, como es el caso de Jorge Zepoda Patterson con ” Milena o el fémur más bello del mundo” (Premio Planeta 2015)   y José C.Valés con “Cabaret Biarritz ” (Premio Nadal 2014). El director cinematográfico Alberto Rodríguez con su film,  La Isla Mínima, se perfila también como el gran triunfador de los Premios Goya de este año.

Los certámenes sobre novela negra también  brindan la impresión de estar consolidándose con cierto apoyo institucional y éxito de convocatoria y de los que  son un ejemplo ” Pamplona negra” o” Aragón negro” que acaban de celebrarse.  A lo  que hay que sumar  BCN negre que se está desarrollando en estos días y celebra su décimo aniversario de existencia, bajo el comisariado de Paco Camarasa, pedestal de la famosa librería  barcelonesa Negra y Criminal. Un festival que ha contado con la presencia de figuras internacionales del género negro como es el caso de Anne Perry.  “Getafe negro” también ha ido consolidándose, convirtiéndose durante su último encuentro en un espacio de interesantes coloquios y debates sobre la evolución del género negro y policial en España, expresándose allí  la voluntad de realizar  propuestas alternativas frente a la hegemónica tradición anglosajona. También hay que señalar el recién nacido certamen Santa Cruz Noir por iniciativa del escritor Javier Hernández Velázquez ( Premio Wilkie Collins de Novela Negra 2014) . Los festivales de Gijón y Salamanca dejan anualmente también su huella.

                            imagesVLTDO3N0                                        Paco Camarasa                                                                                  

En estos momentos se puede mencionar a una serie de  escritores que lideran dicho boom de la novela negra y policial como es el caso de Lorenzo Silva, Jerónimo Tristante, Andreu Martin,  Víctor del Árbol, Cesar Pérez Gellida,  Dolores Redondo, Carlos Zenón,  Esteban Navarro, Carlos Quilez ,Toni Hill o Vicente Garrido por mencionar a los hoy más en vogue y que parecen estar seguidos por autores más jóvenes que empiezan a consolidarse  como  Juan Ramón  BiedmaLeo Coyote, Claudio Cerdán, Rafa Melero, Pere Cervantes, Jordi Llobregat,  Alexis Ravelo Nieves Abarca, Josep Camps, Oscar Bibrián o Santiago Alvárez . Bien que  menos inscrita, no pueden olvidarse a escritoras transgresoras como Marta Sanz o Alicia Gimenez Bartell ( Premi Pepe Carvalho 2015). Injusto sería no hacer mención  de escritores de “por libre”  , desvinculados de las “peñas” de autores de género negro y policial y ninguneado por éstas,  como es el caso de Fidel Vilanova, un autor que ha sabido ilustrar el ambiente de corrupción y crimen organizado en el mundo marbellí, También hay que señalar a autores  jóvenes de reciente aparición en el panorama literario como los gallegos Alexander Weinberg  o Lucas Barrera . La lista de escritores noveles ha ido creciendo y entre los más recientes habría que señalar a  Daniel Santino,  (Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial 2014).

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                                                                Lorenzo Silva

En Cataluña  también está proliferando la novela negra en lengua catalana y en línea con la labor pionera de escritores como Manuel de Pedrolo, sobre todo con autores como  Ana María Villalonga, Lluís Fort o Marc Moreno  y cuyos esfuerzos parecen ir dirección en de una novela negra con tramas de contexto “autóctono”.  Tampoco puede olvidarse a escritores locales como Nacho Cabana.  La tendencia  se erige también en una buena noticia para los sellos independientes especializados , que parecen encontrar un mercado que les permite mantenerse a flote en un clima de crisis económica que ha golpeado con toda su fuerza tanto al mundo editorial como librero.

Sin embargo y a pesar  de la buena salud de la que goza, la cuestión está  en  meditar sobre  el fenómeno  de este género   literario más allá de las meras coordenadas comerciales que han incentivado su actual auge.Interesa saber cuál es exactamente su lugar en la historia cultural  y el significado que ha tenido y tiene hoy. Su actual popularidad contrasta en efecto con el recelo y la hostilidad que en otros tiempos cosechó en los medios intelectuales más politizados y adscritos a los grandes relatos y entre el mundo universitario y de la alta cultura en general. Habría que indagar a ese respecto los motivos de su cambio de rumbo y que no puede limitarse a la simple y fácil  hipótesis del  triunfo de la literatura comercial frente a la literatura “culta”.

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La producción cultural en general y la creación literaria en particular  nunca pueden ser entendidas en su intención  si  son objeto de descontextualización histórica y se les aísla  de los procesos civilizatorios, las  configuraciones simbólicas y  la constitución de las realidades sociales. Problemáticas que han sido sobre todo preocupación y ámbito académico de las ciencias sociales, en especial de la historia y  sociología de la cultura y con cuestiones centrales como las relaciones entre textualidad y contextualidad y los mecanismos de externalización institucional de la realidad social.  A ese respecto resultaría arduo comprender el origen  de la  novela negra y  policiaca sin tener previa cuenta de factores y variables  históricas como el monopolio de la violencia por parte del Estado, la protección jurídica de la propiedad,    la formación del derecho penal y el establecimiento de las dicotomías morales, el surgimiento de las ciencias criminológicas y forenses modernas o el papel patologizador de la psiquiatría y que en este caso contribuyó a codificar   los desarreglos mentales o las conductas asociales.   La estructuración de las instituciones totales de carácter panóptico,  el establecimiento normativo e institucional  de las reglas  de la vida colectiva  y   la propia  construcción social de la desviación terminaron de circunscribir y concretar el mundo del “orden”. La novela negra y el personaje policial no solo son uno de los  símbolos de la construcción del héroe en la tradición literaria,  sino también un reflejo de la configuración imaginaria y ficcional   de una  sociedad moderna basada en la estabilidad e inquebrantabilidad de las normas de la vida colectiva. Las representaciones dicotómicas entre el “bien” y el “mal” que dominaron por tradición en el género negro reflejarón en gran medida los sistemas de integración y exclusión que definían a las propias sociedades contemporáneas.

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Bien que su origen se encuentra en la segunda mitad del siglo XIX, determinados valores culturales  y  realidades históricas condicionaron y contribuyeron también al  arraigo del género negro como literatura “popular” en el siglo XX. El ejemplo más elocuente es el norteamericano. Acaso habría que recordar que  su gloria  en la América de los años 40  es indisociable de la definitiva articulación del crimen organizado en los Estados Unidos en el periodo de Entreguerras.  También de las propias  particularidades de  una sociedad  donde  los mecanismos de interacción inter-colectivos o inter-individuales  han estado regulados, por un lado  a través de la violencia y  por   el otro ,  mediante el culto al enriquecimiento, en este caso sintetizado en el famoso “Sueño americano“.

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La sociedad norteamericana consiguió convivir con el crimen organizado en la medida que éste  parecía encarnar una voluntad de integración por vías subterráneas.  Una tesis debatida y cuestionada, pero no por ella huérfana de sentido empírico. El ornamento de lujo, dinero y poder que circunscribió la novela negra y al que el cine norteamericano otorgó su propia magia, confirmaba cómo en el fondo este género literario y cinematográfico no dejaban de exaltar los propios valores sociales y culturales del público. El   fenómeno mismo del mítico  Al Capone  fue el reflejo de las mismas aspiraciones de ascenso social  de los muchachos de las clases populares procedentes de la inmigración italiana, sobre todo en una sociedad donde las posibilidades de triunfo se erigían  mucho más como un dispositivo ideológico que como una realidad tangible.    En el propio ámbito  de la  literatura negra europea, en especial la inglesa, los diversos autores   reflejaron e hicieron apología  de los  valores de una sociedad británica basada en los peores prejuicios y las más profundas diferencias sociales.En el lado continental escritores como  Simenon y su famoso Inspector Maigret  encarnaron  los ideales chauvinistas y nacionalistas de la propia sociedad francesa.   Se mire desde la perspectiva del universo policial, (garante del orden), como desde el criminal (reflejo de las aspiraciones de riqueza y poder), el  género negro más clásico no puede dejarse de considerar profundamente conservador y condescendiente con el status quo. De ahí la singularidad de figuras como Dashiel Hammett o Raymond Chandler, novelistas de estilo impresionista, conocidos por su izquierdismo y aguda crítica contra las miserias morales de la sociedad norteamericana y que se alzaron como transgresores, pero también como  excepciones que no dejaban de confirmar la regla del conformismo que dominaba  al género negro en general.

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Raymond Chandler

Desde otro ángulo, el género negro y policial fue denostado por las vanguardias  y la teoría literaria “académica” y  esto por su supuesta condición de “baja literatura” inserta en la cultura del medio pelo. Desde los años 70 en adelante  ese elitismo no dejó de ser  puesto  en jaque y se revelaba evidente que no podía constituir la problemática central en el momento de analizar un fenómeno social de semejante envergadura. En efecto, no eran pocas las voces críticas que apuntaron a que el menester no era  debatir sobre las fronteras entre  “alta” y “baja” literatura, discusión por otra parte estrictamente académica y poca conectada con la realidad. De hecho, la mirada despectiva que las vanguardias lanzaban sobre un género literario destinado a las “masas” fue objeto de  denostación desde  la sociología de la cultura y  las teorías de la reproducción vinculadas a la sociología de la educación. Frente a los prejuicios, de origen radical o aristocrático, contra la cultura y la literatura de masas, resultaba más pertinente recordar la incidencia de los factores estructurales y  las profundas desigualdades sociales  en el acceso a los bienes  culturales. Este tema fue de hecho objeto de debates y discusión entre los historiadores y sociólogos de la cultura en numerosos seminarios, simposios y foros en el contexto  universitario norteamericano de los 80 y 90 y donde se planteó la cuestión del consumo cultural de las clases populares. Encuentros en los que, además del género negro, se abarcaron otras cuestiones colaterales, como por ejemplo, la novela rosa y su significado en el universo de las mujeres pobres sometidas a frustrantes situaciones económicas, sociales, personales y emocionales.   Respecto a esto, hay que apuntar que, partiendo de los propios  paradigmas de  la  sociología de la cultura de inspiración marxista   y  en los últimos años,  de la perspectiva  de los  “radicales” e innovadores  Cultural Studies, el enfoque crítico sobre el género negro buscó alternativas analíticas  a las puras consideraciones estéticas de la crítica y teoría  literaria o la denuncia más o menos ritual contra la “sociedad masa” emanada de las teorías de la cosificación.   Por ejemplo, el análisis de  los aspectos ideológicos, sociales, simbólicos y culturales que dominaban  en las estructuras narrativas de las tramas adquirió un particular interés.

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No está de más recordar que el héroe de novela negra y policiaca ha sido generalmente el punto referencial de los varones de las clases populares,  encontrando en la figura del policía  o del mismo delincuente su propia ideal de masculinidad y virilidad y tendente reproducirse en la realidad a través de la figura del “chico de barrio “o del “matón.” El reto  tanto para la sociología de la cultura, como para los Cultural Studies , la sociología del género de inspiración constructivista  o la teoría feminista de la cultura de masas, fue en su momento encontrar formas interdisciplinarias de reflexión sobre un género literario que, al mismo tiempo que había democratizado el acceso a los bienes culturales y más en concreto, al mundo de los libros, conservaba mucho de su lado  alienante en  los sistemas de  transmisión de valores. En general autoritarios, racistas, clasistas, machistas, misóginos y homofóbos. Por circunscribirnos al estricto ámbito  español, cabría recordar que toda la producción literaria  negra y policiaca en nuestro país ha vehiculado ella misma esos valores, antes, durante y después del franquismo.

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Marta Sanz

Es en ese sentido que quizás pueda explicarse la actual popularidad de un género negro y policial español que parece haber ido limando los aspectos más casposos y reaccionarios.  En los últimos años han surgido escritores de gran proyección a los que ha caracterizado un esfuerzo por revisar las configuraciones simbólicas de las tramas, introduciendo personajes con  más perfil  ético y  percepción crítica de la realidad social, política y civilizatoria y en los que  no han faltado la denuncia de la corrupción, el abuso, la crueldad, los prejuicios o la maldad y las  miserias de la condición  humana. Un ejemplo es el del propio Lorenzo Silva, nuevo gúru de la novela policiaca en España  y que a través del singular personaje del Brigada de la Guardia Civil, Rubén Bevilavaquia, ha sabido otorgarle dimensión humana e incluso un cierto tufo “progresista” a un Cuerpo muy connotado ideológicamente y con un bien conocido y tenebroso pasado político. Sin olvidar la aportación de escritoras como Marta Sanz, que rompieron esquemas con el personaje de Zarko, un detective abiertamente homosexual. Algo impensable a la vista del machismo exacerbado que ha caracterizado al género negro y policial. No puede olvidarse de mencionar la singularidad de la obra de Víctor del Árbol, principal embajador en el extranjero  del género negro español, cuya  producción  literaria interpela hoy sobre el ejercicio del poder absoluto y sin matices,el engaño y las mentiras que rodean a los mitos y a los héroes, pero también sobre las angustias y los sufrimientos de los más  débiles. El surgimiento de personajes policiales mucho más vulnerables y alejados de las delirantes e hiperbólicas representaciones  de la masculinidad, la creación de anti-héroes que desvelan la subjetividad de los perdedores, la crítica hacia el mundo del dinero  o la representación del crimen y de la  delincuencia en sus matices y más allá de fáciles preceptos morales o premisas patologizantes, son muchos de los elementos que ilustran un cambio en las estructuras narrativas del género negro y que hasta la fecha habían funcionado como simples dispositivos ideológicos e instrumentos de socialización en unos determinados y muy cuestionables valores culturales.

imagesGZL3NFJM                                                                                  Víctor del Árbol

Los recientes y mencionados certámenes de novela negra y policial  han  sabido dar testimonio de estos cambios.  La cuestión está en saber si ese esfuerzo  por parte de esta  nueva generación de escritores  que han desempolvado al género negro y policial de sus peores connotaciones  , va a poder mantenerse en el tiempo y no convertirse en algo anecdótico.  En efecto, es de esperar que los modismos  que están empezando peligrosamente a circunscribir  a este género literario y las implacables reglas del mercado  no acaben dando al traste con esta  interesante renovación política e intelectual.                                     

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