SEBASTIÀ BENNASAR : LA REIVINDICACIÓN DEL GÉNERO NEGRO CATALÁN

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                                         Sebastià Bennasar (1976) es uno de los más preeminentes escritores de novela negra y policial en lengua catalana. Periodista, traductor y  antólogo, acumula una basta producción en el ámbito tanto de la  narrativa. También se le debe una contribución importante en el impulso de los certámenes y encuentros sobre novela negra y policial en Cataluña. Tuve ocasión de escucharle el pasado día 17 en el marco de las actividades organizadas por la Librería La Gralla en la ciudad de Granollers ( uno de los grandes emblemas del mundo librero  en la  comarca del Vallés Oriental) y con motivo de la promoción de su último libro On mai no creix l’herba, ( Alréves,2015).  Una novela corta basada en cuatro tramas interrelacionadas, en el contexto del barrio popular de Verneda, con una significativa presencia de la realidad social y urbana barcelonesa  y de la actual coyuntura política dominada por el debate soberanista.    Compartieron mesa con Bennasar el editor Ilga Pérdigo del sello Alrevés y Aramys Romero, bloguero literario bien introducido en los círculos de autores de novela negra y policial.

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Con una oratoria amena, coloquial y suelta, Bennasar reivindicó sobre todo la herencia de la literatura popular catalana en general y de la novela negra y policial  en particular,  muy en especial a figuras  como Manuel de Pedrolo o Jaume Fuster. Esta cuestión viene siendo sujeto de debate entre los escritores en lengua catalana, pero muy singularmente entre la nueva generación de autores adscritos  a este género. Es necesario recordar que la redifusión de la lengua y la cultura catalana en el tardofranquismo y en la Transición y Post-Transición se reveló muy centrada en el ámbito de la llamada literatura de “expresión” y en la esfera de la alta cultura.  A ese respecto, se impuso la necesidad de restituir el prestigio del que había gozado la vida intelectual y literaria catalana antes de la Guerra Civil. Cabe mencionar el relevante papel desempeñado por académicos,  filólogos y lingüistas   como Martin de Riquer , Joaquim Molas  (fallecido en estos días) o Badía Margarit , sobre todo en la recuperación de toda la tradición literaria  medievalista,la rica tradición lingüística y filológica catalana y la producción cultural del exilio en general. Una tónica que fue seguida en el ámbito de las ciencias sociales y humanas. El fuerte empuje de las disciplinas historiográficas o la propia traducción al catalán por parte de la emblemática  Editorial Laia  de muchas de las grandes figuras filosóficas clásicas y contemporáneas   pretendió también consolidar la inserción de la lengua catalana en el universo  del pensamiento “sabio”  y cosmopolita. No hace falta recordar que tras el fracaso del Pacte Cultural  impulsado por Joan Rigol, la política cultural del nacionalismo conservador cosechó  no pocas críticas por parte de la propia intelectualidad catalanista, inquieta ante el rudimentarismo y el aire provinciano que llegaría a adquirir  el Departament de Cultura. Se siguió considerando, de hecho, que la cultura del “medio pelo” en catalán se revelaba como escollo en el propio proceso de revalorización del catalanismo cultural.

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En los últimos años y a la par de la misma consolidación  del catalán como lengua vehicular de interacción social, no han estado huérfanos de razón quienes como Bennasar y otros escritores en su tesitura, reivindican  hoy el apoyo a una literatura “popular” en catalán y esto frente a los prejuicios más “elitistas” que dominaron en los primeros años de la Transición. Hay que mencionar a ese respecto la labor importante de sellos como Llibres del delicte o la propia colección Crims.Cat adscrita  la misma editorial Alrevés. El hilo argumentativo de Sebastià Bennasar parece así, bastante pertinente, aunque no estaría mal recordar que la constante politización de las cuestiones  identitarias y la descarada demagogia que las han circunscrito, no han venido en absoluto en ayuda  de la producción cultural en catalán. Bennasar no oculta su clara postura “soberanista” , pero debe reconocérsele una exquisita educación democrática en la defensa de sus posicionamientos políticos.

10526011_1395169114119725_4848368374548406730_n[1]                                                                          Ilga Pérdigo

El segundo bloque de su intervención y del propio debate con Ilga PérdigoAramys Romero giró en torno a una interesante reflexión sobre las dimensiones políticas, ideológicas y sociales del género negro y policial. Bennasar dijo  reivindicarse mucho más de la tradición del género negro norteamericano surgido durante la Gran Crisis del 29 y que caminó detrás de Hammett, abanderando una demoledora crítica de los valores culturales e ideológicos de la Norteamérica de los años 30 y 40,  que de la corriente anglosajona, mucho más “costumbrista” y centrada en el enigma criminal que en las cuestiones sociales. En ese sentido, no escatimó crítica a la literatura policial “popular” encarnada en la figura de Agatha Christie y en la que, efectivamente, huelga cualquier  puesta en cuestión de los prejuicios de la conservadora sociedad británica de su época. Devoto del renovador género francés, Bennasar se mostró en cambio más distante frente a la influencia de la tradición nórdica, a la que tildó de descafeinada y con articulaciones de tramas que han ido desvirtuando las estructuras narrativas más clásicas del género.

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Tema casi central en su intervención, el autor exaltó  y reivindicó el lado “social” del género negro catalán plasmado en la figura  de Pedrolo ,  pero también la actual necesidad de” visibilizar”  a las realidades más periféricas y azotadas por las desigualdades sociales y económicas más chillonas. No faltó a ese respecto una severa crítica hacia una Barcelona cada vez más zarandeada por la especulación urbanísticas y con síntomas de segregación residencial y marginación social. Al hilo de la problemática, hubo coincidencia en la mesa sobre la necesidad de no limitar al género negro y policial a los simples “enigmas”  criminales y la dicotomía entre orden y delincuencia, apelando a la apuesta por el compromiso político y social, sobre todo en un contexto  dominado por las crecientes desigualdades sociales, el abuso de poder y la corrupción.

Si bien, en el debate de Bennasar con PérdigoRomero  se echaron quizás de menos algunos abordajes como la cuestión de las configuraciones simbólicas y los sistemas representacionales a través de los que son mediados el héroe policial y  el delincuente,  la cuestión ética y moral del crimen, el creciente papel de las mujeres como figuras policiales o detectivescas o  el lugar de las minorías étnicas, raciales o sexuales en las tramas de género negro. No estaría mal que estas cuestiones  dejasen de ser monopolio de la teoría literaria feminista, las teorías queer, la sociología del género o los Cultural Studies y que los propios autores de novela negra y policial, mayoritariamente  varones, se  implicasen algo más en esta clase de discusiones.                 

               Pérdigo reivindicó finalmente   el papel del editor y más en concreto, el de los sellos independientes, en el descubrimiento de nuevos autores y el acercamiento de éstos al público en su faceta más humana.  Los tres ponentes desarrollaron, en términos generales, un interesante intercambio que permitió un cierta aproximación al perfil de un autor como Sebastià Bennasar.

 

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