EL RETORNO DEL SARGENTO MASIP : SOBRE “LA PENITENCIA DEL ALFIL” DE RAFA MELERO

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                       Mentado por Lorenzo Silva y Víctor del Árbol,  Rafa Melero  es un autor que va puliéndose  y haciendo camino sin grandes aspavientos, combinando su condición de Subinspector de los Mossos d’Esquadra con la faceta como escritor.  Este mes de marzo  acaba  de lanzar su segunda novela,”La penitencia del alfil”( Alrevés,2015) y esto después de la buena acogida que tuvo su primera obra ” La ira del Fénix“,( Playa de Akaba,2014),  un  excelente thriller repleto de intrigas y venganzas que no solo replanteó en muchos aspectos a la figura del psicópata y del asesino en serie, pero que además dio lugar al nacimiento de un nuevo personaje de ficción en el panorama literario del género negro  y policial : el sargento de los Mossos d’Esquadra Xavi Masip.  El autor no parece haber aclarado si está en su intención consolidar su personaje protagonista en una  venidera producción literaria, pero por el momento hay que decir que  nos vuelve a llevar de  la mano hacia los oscuros pasillos de una nueva  trama.

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Barcelona 2013, se acaba de producir la desaparición de un preeminente abogado de la ciudad condal.  Mientras tanto y en el contexto madrileño,  Alejandro Arralongo, un ex-Inspector de la Policía Nacional, en situación de jubilación anticipada y con una vida sedentaria y aburrida,  toma noticia del caso a través de los medios de comunicación. El acontecimiento  mantiene un claro paralelismo con el  caso de un triple secuestro y  doble asesinato de una periodista y un abogado en el Parque del Retiro en los años 90 y bajo unos métodos particularmente crueles . Otro crimen de idénticas características se producirá con una década de intervalo. Nota peculiar, el asesino siempre deja con vida a una de las tres víctimas del secuestro, pero en unas condiciones físicas y psicológicas lamentables. Por motivos personales,  el  ex-Inspector Arralongo   ha vivido obsesionado con el caso desde el segundo de los  asesinatos, revelándose convencido que el criminal actúa cada diez años y que la desaparición del abogado  en Barcelona augura el tercer secuestro y asesinato. Sin embargo, algunos mandos de la escala ejecutiva de la Policía Nacional en Madrid conservan un oscuro interés en que el caso del asesinato en el Parque del Retiro no sea reabierto.

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Ninguneado por sus antiguos compañeros, Arralongo  entra en contacto con el sargento Xavi Masip a través de un ex- compañero de la Policía Nacional. En retorno de un casi fin de excedencia voluntaria, el Mosso d’Esquadra tiene sus dudas y vacilaciones, en parte alentadas por la arisca personalidad de Arralongo y las propias y complicadas relaciones que han existido entre la policía autonómica y  nacional. Sin embargo, decide prestarle ayuda, aunque sin conseguir otra cosa en los primeros momentos que dar   palos de ciego. A ellos va a unirse Anna, una joven estudiante de periodismo que ha estado investigando por su cuenta el asesinato y que, al igual que Arralongo, conserva un interés personal en el caso.  Con el tiempo en contra, toda la trama y el periplo de Masip   y sus dos ayudantes va a consistir en impedir que un  psicópata culmine su plan.

La novela alberga un ameno ritmo narrativo y conserva la siempre indispensable habilidad   de no demorar la trama, a riesgo de agotar prematuramente la paciencia del lector.  Melero ha recuperado algo del espíritu de su obra anterior, La ira del Fénix,  en la medida que la trama también está rodeado por cuestiones simbólicas  que están en la clave misma  del enigma. Debe reconocérsele al autor el mérito de haber pulido su imaginación literaria, brindando una trama mucho más compleja y rebuscada que la de su precedente obra, aunque forzando quizás en exceso el enigma con pinceladas psicológicas  poco verosímiles .  La estructura , en cuanto a ella, destila la influencia de Del Árbol, en especial en lo que hace referencia al juego con los espacios- tiempo, combinando con soltura el despliegue de dos contextos en diferente momento cronológico y sin sembrar confusión.

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La huella de Silva también es indudable, sobre todo en lo que concierne al perfil de los personajes policiales, dado que Melero traza   sus rasgos más humanos y desde una clara inspiración en la figura ficcional del Brigada Rubén Bevilavacquia. Es de recibo reconocer que Melero forma parte de esa nueva generación de escritores que, bajo la influencia precisamente de Silva,  han sabido renovar los sistemas representacionales y simbólicos : sobre todo  poniendo los personajes en relativa ruptura con los reaccionarios  héroes configurados por la novela policial y detectivesca española de los 70 y 80. Queda por resolver si los rasgos personales del sargento Masip mantienen alguna correspondencia con la realidad de un Cuerpo de la policía autonómica catalana cuyos miembros no brillan por la ejemplaridad de sus conductas éticas y respeto por los más irrenunciables derechos civiles de los ciudadanos.

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Melero parece apostar también por una literatura del “entretenimiento”. Si acaso habría que recordar que las historias de psicópatas y crímenes en serie siempre están mucho más centradas en la resolución del enigma, que preocupadas por colaterales cuestiones políticas  o civilizatorias, muy presentes en cambio en el género negro más “social”. En ese sentido, el perfil literario de Melero  es coherente con una personalidad que no acostumbra a significarse en público sobre ningún tema de sociedad o  acerca de cuestiones más o menos controvertidas. Habría que recalcar, a título de inciso,  que  la novela destila  un exceso de ideología  “policial” y parece condescender con la ciencia criminológica más conservadora y centrada en los simples elementos patológicos del crimen. Si la última entrega de Melero ha ganado en ingenio y   capacidad de jugar con la intriga,  resulta en cambio una regresión respecto a La ira del Fénix, donde el autor se esforzó  por ahondar en la subjetividad del psicópata y los contextos de violencia social e injusticia que lo rodeaban. Da la impresión que Melero  ha querido esta vez cumplir con las expectativas de un lector  ideológicamente receptivo ante los preceptos más represivos del mundo policial. Lástima que una gran trama se vea por momentos ensombrecida por las evidentes exigencias del mercado y la necesidad que tienen  a veces algunos autores de reproducir en sus tramas   los prejuicios colectivos, si es que quieren que su obra dure más de una semana en las librerías.

        Al margen de lo expuesto,  El penitencia del Alfil se me antoja como una novela  narrativamente excelente y que, aun no despertando grandes y trascendentales interrogantes intelectuales o morales y revelándose apática en cuanto a los factores sociales y subjetivos que circunscriben el universo del crimen, si brinda momentos amenos,  dando testimonio de cómo Melero ha ido madurando con creces en su creatividad.

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