LA ADOLESCENCIA ROBADA : SOBRE “SIEMPRE PAGAN LOS MISMOS” DE CARLOS BASSAS DEL REY

9788416328024[1]Comisario de Pamplona negra, Carlos Bassas del Rey es un autor que se formó  en el mundo del periodismo y la comunicación pública, especializándose en el ámbito de la crítica cinematográfica y la realización de cortometrajes. En ese sentido  fue Premio Plácido  al Mejor Guion  de Largometraje de Género Negro en el IX  Festival Internacional de Cine Negro de Manresa.  Nacido en Barcelona pero afincado en Navarra , Bassas del Rey se ha caracterizado  por ser  un escritor que ha ido haciendo  un camino pausado,  constante y progresivo. Fue galardonado con el  Premio Ciudad de Carmona en 2013  con la obra El honor es una mortaja ( Tapa Negra,2013) y también se ha hecho conocer por su buen conocimiento del universo cultural nipón  y que ilustró   a través de  obras como Aki y el misterio de los cerezos (Toro Mítico, 2012)   o El Misterio de la gruta amarilla, (Quatern, 2015).  Su última obra, ” Siempre pagan los mismos“(2015), acaba de ver la luz de la mano del sello Alrevés .

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Carlos Bassas del Rey

             Ofidia es una ciudad imaginaria, de tamaño medio, caracterizada por las relaciones de proximidad de sus ciudadanos , pero azotada por la crisis económica, las regulaciones de empleo, el paro, la falta de oportunidades, la ausencia de dinamismo urbano y la crudeza de sus inviernos. Una construcción contextual cuya inspiración da la impresión de beber de las grises ciudades de la España del norte.  El autor eligió  un universo urbano ficticio, pero que ha sabido retratar y sintetizar a la perfección  la realidad de muchas ciudades medias españolas confrontadas a los males social de los últimos años.

La monotonía que domina Ofidia es rota por el asesinato de un veterano policia municipal, Antonio Falcón y en unas condiciones bastantes estrambóticas. Falcón es un policía de ideas cuasi-facciosas y movido por el rencor a raíz de las extrañas circunstancias de un accidente sufrido por su propio padre. Aunque su asesinato desconcierta al Cuerpo de la Policía Local, en realidad  nadie le llora en la ciudad.

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El caso es asignado al Inspector Herodoto Corominas, un policía nacional cincuentón, con problemas de salud, casado con Laura, una activista anti-Desahucios y con un hijo, Álvaro, un adolescente que empieza a autonomizarse de  la protección paternal. En su condición de policía y hombre de “orden”, Herodoto  se ve abocado a gestionar una relación tensa con Laura, sobre todo a raíz del compromiso social de ésta.

Las primeras informaciones  en torno a la victima, Antonio Falcón,  versan sobre  su condición de Capo del barrio y  actitud extorsionadora  con los  comerciantes. A medida que avanza la investigación Herodoto descubre que Falcón mantenía continuadas relaciones sexuales con mujeres que no parecen profesionales en el sentido estricto del término. Ese hecho se va a convertir en un elemento fundamental en el desenredo de la investigación.  En la trama intervendrán también dos   personajes clave, Jon y Javi,   un par de adolescentes originario de un barrio bajo y cuya entrada en la edad adulta se ve apurada por el propio clima de crisis social y económica.  Con su padre enfermo y dependiente y una madre sin empleo, Javi quiere  sacar a su familia de la precariedad en la que se encuentra.  Eso pasa por hacer  un trabajo ofrecido por un diminuto grupo de comerciantes  de mentalidad mafiosa. Estos últimos se convierten enseguida en objeto de sospecha por parte de Herodoto Corominas y su equipo de investigación. Sin embargo, nada parece lo que es en realidad.

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La trama en el marco del que se desenvuelven el personaje de Herodoto Corominas ha sido objeto de sendos elogios entre críticos, blogueros literarios y paginas web. Sin embargo, no faltan voces que reconocen haber esperado más  en término de la complejidad del enigma. No cabe duda, a ese respecto, que el “buenismo” de los blogueros literarios, concebido como antídoto frente a controversias “tribalistas” o personales tan propias del mundo literario, ha tenido el efecto de generar excesivas expectativas entre los lectores más aficionados a las grandes y rebuscadas historias.

12002981_10205789661033506_4887946010584478543_n[1]                                                         Foto “Cartagena Negra” (2015)

 

Particularmente, un servidor sigue pensando que la robustez de la trama ha de ser subordinada a la finura del mensaje. No está de más recordar que la receptividad de la que está gozando el género negro entre las porciones más “ilustradas” del público lector, ( en otros tiempos hostil al considerar el “Noir”  un tipo de novela “poco culta”), guarda una relación directa con el cambio generacional que ha vivido este género literario. Esto  gracias al advenimiento de una serie de nuevos autores españoles  que han sabido repensar las configuraciones simbólicas ,( sobre todo a través de la “humanización” del mundo policial y la erradicación de los sistemas representacionales culturalmente más reaccionarios), poniendo  los imaginarios en conexión directa con los problemas sociales más acuciantes.

Uno de los grandes logros de la obra de Carlos Bassas del Rey es haber sabido formular una crítica de los avatares que están zarandeando a nuestra sociedad, desde la crisis ética y moral, pasando por la falta de escrúpulos, la corrupción, la opacidad de las instituciones, el engaño y el abuso de poder respecto a los más vulnerables. En lo esencial y fundamental, la novela de Bassas del Rey interpela con fuerza sobre la adolescencia robada. No está de más recordar que la prematura entrada de los jóvenes en el engranaje de la delincuencia, el crimen organizado y el asesinato guarda una relación directa con la falta de oportunidades en una sociedad que contradice sistemáticamente sus propias promesas de emancipación social. La realidad estadounidense y latinoamericana son casos sangrantes que deberían llevarnos a formular un pensamiento sobre aquello en lo que puede convertirse la propia sociedad española. En ese sentido, no cabe duda que la novela del escritor catalán ha sabido vehicular una valiente crítica hacia las desigualdades sociales que se han impuesto en nuestro país, comprometiendo el futuro de las nuevas generaciones.   

                         En suma,  se trata de una novela amena y desprovista de  grandes aspavientos  en la estructura narrativa, pero con un singular personaje central, Herodoto Corominas, que se mueve en las aguas de la ambivalencia, desgarrado entre el orden y la humanidad. La obra está armada de una prosa ligera y comunicativa con las diversas formas de comprensión lectora, guardando el mérito de ser   portadora de una  vocación “social” del género negro a la que no siempre se le ha hecho la debida justicia desde las esferas de la teoría y crítica literaria y el mundo de lo  que se conoce como “literatura de expresión”.

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