AMELIA NOGUERA : ” LA PERDICIÓN DEL SER HUMANO NO ESTÁ EN SUS EMOCIONES, SINO EN SU EGOISMO”

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Amelia Noguera es una escritora original y con un periplo nada clásico. Se forjó en el ámbito del libro digital y adquirió notoriedad en Amazon con varias novelas autoeditadas. Finalmente la descubrió Blanca Roca, de Ediciones Roca, y después la terminó fichando Random House, a través del sello Suma de letras. Escribiendo, Amelia Noguera es lo que coloquialmente se suele llamar “una máquina”. Reconoce que vive por la literatura y para la literatura. A parte de ser una gran escritora, es también una intelectual comprometida con su tiempo y a la que le gusta la conversación de altura sobre los grandes males de nuestro proceso civilizatorio. A lo largo de la entrevista hemos conversado sobre su trayectoria, su relación con la escritura y su propia forma de entender la literatura.

Tú empezaste auto-editándote en Amazon. ¿Eso de hacerse descubrir por los editores a través de este tipo de redes funciona de verdad o solo le ocurre a cuatro afortunadas como tú?

No lo sé, no existen estadísticas fiables sobre eso. Y yo incluso dudo de si habría llegado al mismo sitio o a otro parecido de haber seguido la vía más tradicional. Empiezo a estar convencida de que, si alguien persevera y cree en sí mismo lo suficiente, llega igualmente. La perseverancia puede requerir años o solo meses, según la suerte, los contactos o la calidad de tu trabajo, igual que si te autoeditas. Pero no hay reglas ni caminos prefijado.

¿Es merecida la mala reputación de la auto-edición y las criticas que cunden contra Amazon, la falta de filtro y la multitud de literatura “barata” y “amateur” que algunos dicen que impera en ese foro?

Complicada pregunta que me puede llevar a meterme en muchos líos. Pero seré sincera: Amazon está lleno de literatura amateur y barata porque nadie con criterio filtra, esto es una verdad de Perogrullo. Y eso solo beneficia a la mala literatura porque la buena encontrará otros medios para aflorar mientras que en los portales de autopublicación, cualquiera puede publicar, es muy obvio. Pero la cuestión importante es: ¿no tiene la mala literatura derecho a ser leída igual que la buena? Cada cual decide lo que quiere escribir y lo que quiere leer. Además, yo he publicado en Amazon, ahora he dejado de hacerlo y ya solo publicaré mis nuevas novelas con editoriales, pero son las mismas y las escribo con la misma exigencia. ¿Soy mala escritora por haberme autoeditado antes? Quizás podrías leer mis libros y responder por ti mismo a esta pregunta, sin considerar cómo conseguí que muchos me leyeran sino solo lo que escribo.

Algunos dicen que es preferible publicar con un sello independiente, aun a riesgo de tener que buscarte la vida en términos de promoción y visibilidad, que auto-editarte en cosas como Amazon, que siempre sembrara la duda sobre la verdadera calidad de tu obra. ¿Qué hay de cierto en una afirmación tan contundente?   

No creo en verdades absolutas más que en la ciencia, y con reservas. Quiero decir con eso que es difícil demostrar lo que me preguntas porque hay muchas experiencias distintas. La mía me hace pensar que existen muchos prejuicios contra quienes no hemos seguido la vía tradicional aunque a veces esa reticencia solo tiene fundamentos prácticos: es lógico que los editores, la crítica especializada y los escritores que están dentro del establishment renieguen de lo que puede minar su autoridad, los autores independientes pueden suponer un agujero en su línea de flotación, son una anomalía del sistema. Si publicas en Amazon, es muy probable que casi todos ellos te ignoren porque prefieran presuponer que haces mala literatura, dado que parten de la premisa de que no has encontrado un editor que te respalde y por eso lo que escribes no merecerá la pena. Ese es el discurso oficial al menos. Yo creo que la única verdad está en los libros. Mientras no los lees, no sabes si son buenos o malos. Y cada vez hay más gente que se acuerda de que Joyce empezó autoeditándose y mira dónde llegó.

Supongo que debe de ser difícil hacerse un hueco en los círculos literarios, normalmente dominados por tribus y “jefes de secta” y más todavía para alguien como tú, que empezaste con auto-edición…

Yo no estoy en ningún círculo literario, no doy el perfil. Lo único que me interesa de la literatura es la literatura. Pero la autoedición se cura en cuanto un editor se fija en ti. Al menos, ese fue el motivo de mi enfermedad: pretendía llegar a los editores a través de los lectores. ¿No me lo van a perdonar nunca? Con que a los lectores les dé lo mismo, que les da, me doy por muy satisfecha.

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Quisiera que nos centrásemos ahora un poco en tu producción literaria. El contexto histórico de “La marca de la luna” es el de los años 30, la Guerra Civil española y el ambiente de la Embajada española en Praga. Thriller, historia, política… Muy sorprendente como configuración. Incluso diría que hay un hibrido de géneros literarios. ¿Las novelas con “gancho” tienen su secreto ahí, en la hibrida?

La hibrida es inherente en mí. Salto de un pensamiento a otro con pasmosa facilidad. Mis novelas lo reflejan. Ninguna trata solo un tema. Pero creo que las novelas que enganchan lo hacen por su capacidad de reflejarnos a nosotros, los seres humanos; de algún modo son universales en lo específico que nos define. La hibridad podría ser una de nuestras características. ¿A quién le interesa una persona que sea como aparenta? Es aburrida en la vida y una estupidez en la literatura. ¿A quién le interesa una novela con un solo tema o hilo argumentativo? A mí me deja indiferente casi siempre.

Tu novela empieza en la India, más en concreto en la ciudad de Jaipur y en un ambiente dominado por las supercherías insertas en las tradiciones populares hindúes. ¿Supongo que eso te debió de exigir mucho trabajo de investigación y sumergirte en otras disciplinas ajenas al ámbito literario, como por ejemplo, la antropología cultural?

Sin duda, también en la historia cultural, la filosofía, la religión, la sociología. El trabajo de investigación de esa novela fue concienzudo y también apasionante. Tardé casi tres años en terminarla.

 Lila, la protagonista de la novela, es ella misma la narradora de la historia. ¿ El hecho de escribir en primera persona facilita la complicidad con el lector?

Generalmente, sí. Con la primera persona consigues que el autor quede fuera del texto y que el lector se crea mucho más lo que lee, incluso pueda ser cómplice  del protagonista, si este se deja. Aquí se deja y mucho. Era muy importante conseguir que el lector se creyera a Lila. Es una bruja hindú, no es fácil.

¿ Por qué eliges la figura de una mujer “bruja” ?

Esa elección me permitió meterme a investigar de lleno en el tema que a mí me interesaba. El germen de esta novela es un reportaje del National Geographic sobre una niña india de siete u ocho años a quien su marido, treinta años mayor que ella, revienta, literalmente, en la noche de bodas. Después la abandonó en las puertas del hospital y la niña terminó muriendo desangrada. Yo tengo una hija que entonces tenía esa edad. Lloré con ese reportaje y quise investigar más sobre una cultura que idolatra a la mujer en teoría pero que en la práctica la trata de esa forma. Ser occidental, de tradición cristiana y vivir en España no me lo ponía fácil. Enseguida puedes caer en el error de creerte el ombligo del mundo y mirar a los demás  subida en lo alto de una silla. Yo no quería eso, no quería juzgar de ningún modo, solo quería saber más sobre esa otra forma de vivir. Elegir una bruja hindú y que fuera una mujer me ponía en una situación privilegiada para ahondar en esa cultura tan diferente y maravillosa sin dar pie a que el eurocentrismo aflorara y usar para ello la mirada de alguien especial, que no podría ser nunca una india de verdad.

 El hecho de que Lila utilice sus poderes para el “bien” y no como un instrumento de venganza, rompe también el mito en torno a la brujería e incluso resulta hasta transgresor.¿ De dónde  te vino esa idea de “revertir” las representaciones tradicionales.

” La marca de la luna”  es una novela que puede considerarse de género, por eso, no buscas una interpretación de sus personajes ni de sus diversas subtramas o su argumento. Pero encierra una reflexión y un simbolismo explícitos sobre una cuestión que me apasiona y que se refleja en casi todas mis novelas: la predisposición del ser humano a hacer o no el mal. Huyendo del maniqueísmo que suele impregnar las novelas con malos muy malos y buenos buenísimos, planteé una novela en la que se mostraran personajes con esas dos inclinaciones y desarrollé su personalidad e ideé sus acciones para intentar comprender sus motivos. Las dos abuelas de Lila son personajes antagónicos, como lo son Luis Jiménez de Asúa y el y el embajador anterior en Praga al que sustituye cuando los rebeldes y los republicanos entran en guerra en España, aunque hay más ejemplos. Ante las mismas circunstancias, las personas, por algún motivo que nadie es capaz de precisar a pesar de la afinidad de reflexiones que se siguen haciendo sobre ello, reaccionan siguiendo o no lo que marca la legalidad, y son justas o tremendamente crueles. Lila solo es una representación más de un polo de ese antagonismo que revierte, como bien señalas, la norma y también lo es sí misma. Es una bruja, pero es una bruja que no puede, ni quiere, hacer el mal. De hecho, la maldición que inicia la novela es ya un símbolo de la esa contraposición : el hombre que la ame morirá.

En nuestro lenguaje coloquial, cuando tratamos a una mujer de “bruja” es para subrayar su lado perverso.Todo lo contrario de lo que ocurre con Lila. ¿ Qué pretendías, romper con un mito misógino?

Siempre. Si algo define en mi define en mi escritura es eso: el compromiso con las fracturas. Creo que la narrativa es un poderoso mecanismo para construir la realidad y me preocupa por eso. Los mitos son solo invenciones. Si encima son perversos e interesados como este, es un reto que me propongo superar en cada uno de mis trabajos.

¿ La literatura sigue reproduciendo los tópicos machistas?

Por supuesto. Cualquier forma de ficción reproduce las construcciones culturales y sociales y estás aún son machistas. Los tópicos lo son porque siguen insertos en nuestras representaciones mentales. Y la literatura es una de las invenciones más representativas  de lo que es el ser humano. Reproducimos y necesitamos los tópicos. O los reproducimos porque los necesitamos, no lo tengo claro. Pero si tengo clarísimo que el machismo impregna los cimientos de las sociedades, incluso de la nuestra, aunque hayamos mejorado mucho en las últimas décadas.

Las mujeres están muy presentes en el conjunto de tu producción literaria. ¿ Es un compromiso feminista?

A la fuerza, sí. Hablar de feminismo en estos momentos en los que tenemos tanto lío mental y espiritual puede ser contraproducente, pero para mí, sin duda,  es necesario pensar de forma feminista aunque solo sea para llegar a reivindicar una mujer  que no tenga que parecerse al hombre en nada, que pueda querer o no querer realizarse como persona laboralmente y tal vez prefiera otros modos de ser de un modo pleno, ni luchar por convertirse en un “dechado de virtudes y belleza” ni tampoco ser fuerte y vigorosa, ni luchar en ninguna guerra ni ser tierna y bondadosa, ni tener hijos o no tenerlos. En definitiva yo abogo por que las mujeres podamos hacer y ser lo que nos dé la real gana o al menos intentarlo. Por eso, sobre todo me considero humanista. Ese es mi compromiso, un compromiso con el ser humano. Pero las mujeres debemos tomar conciencia de nosotras mismas antes de ir más allá. Creo que aún seguimos muy perdidas, en laberintos con pasillos enredados de forma distinta de la de nuestras antepasadas, aunque igual de intrincados.

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En la otra de tus novelas más importantes, publicada precisamente por Random House, ” La pintora de estrellas”, abordas, por ejemplo, la cuestión de la violencia de género. ¿El mundo literario es receptivo ante estos temas?

El mundo literario es receptivo ante cualquier tema que llegue al lector. Y el lector es impredecible. Un bicho raro que ningún zoólogo podrá clasificar jamás. Así que el tema es tan apropiado como cualquier otro. Otra cuestión quizá más difícil de concretar sería si los lectores son receptivos a novelas que les hacen ver lo que no les gusta de sí o del mundo en el que viven. Y sí, creo que muchos sí lo somos. Además, la novela aborda también el tema del amor algunas de sus expresiones. Una novela sobre violencia de género exclusivamente dejaría fuera algo que siempre está presente en está lacra : casi siempre, la violencia de género es posible porque la mujer se enamora. Si no se enamorara, una mujer  no sufriría ese tipo concreto de dominio porque podría ser capaz de alejarse de su agresor, o al menos, de intentarlo. La violencia de género necesita del amor.

Visto así, ¿ qué me dices entonces de la novela romántica o de la novela “rosa”? La teoría literaria feminista siempre la puso en cuestión porque afirmaba que era un “dispositivo ideológico” sobre la dominación de género?

 Respeto profundamente al lector y su derecho a decidir lo que quiere leer. Dicho esto, creo firmemente que todo discurso contribuye a crear nuestra realidad. Nuestras creencias, nuestras convicciones, nuestra realidad se van elaborando con la contribución  de todos. Cuando escribes una novela en la que la única aspiración de la protagonista, que se suele considerar inferior, es enamorar a su amado, al que se suele considerar superior, estás abriendo las puertas a que ese discurso penetre aún más en la sociedad y se siga perpetuando. Ya sé que la mayor parte de las lectoras y las escritoras de novela rosa son inteligentísimas y disciernen la realidad de la ficción por completo y no van a pasar toda la vida buscando al príncipe azul, ni fregando para él cuando lo encuentran, pero me vale con que haya una sola niña  o joven que por culpa de ese relato mío se crea que esa es la vida ideal para no escribir ese tipo de literatura. En mis novelas hay asesinatos, crímenes horribles, maldades inimaginables, mágicas y reales, pero son asépticas en el sentido de que, por contraposición, en la novela rosa subyace una determinada ideología que no comparto y no deseo contribuir a difundirla de ningún modo. Y si en algún momento lo hago, será de forma inconsciente porque esa ideología a veces permea nuestra forma de concebir historias.

” La pintora de estrellas” es una novela muy diferente a la ” La marca de la luna”, quizás más realista, aunque sigues trabajando con contextos históricos bastantes similares. En este caso, la Segunda Guerra Mundial. ¿ Imagino que debió de ser difícil autonomizarte de Elisa, la protagonista de ” La pintora de estrellas”  y pasar al de Lila?  

” La pintora de estrellas” es mi segunda novela, “La marca de la luna” la siguió. Pero no me cuesta cambiar de personajes, para mi, están vivos y es como conocer a personas diferentes, pero que tú creas según te apetece o te conviene. Resulta apasionante siempre.

Elisa, la protagonista de “La pintora de estrellas”, es una pintora con talento que vive en París y se dedica a falsificar obras de arte para burlar el expolio nazi. El tema es bien conocido, pero supongo que esto te obligó a tirar de archivos y documentación , etc.

 Sí. Es una de las fases del proceso de escritura que más disfruto. Creo que una de las razones por las que escribo novelas es porque me permite aprender sobre infinidad de materias, por eso también  estudio el Grado de Humanidades. Requieren habilidades muy similares. Me muevo muy bien en la documentación y disfruto muchísimo investigando y trabajando entre libros, biografías, artículos, películas, archivos, etc.

La estructura narrativa trabaja con dos periodos históricos, el actual y el final de los 30 y primeros años 40. ¿ Fue complicado manejar esos dos contextos y sin correr el riesgo de confundir al lector?

Fue lo más difícil de toda la novela. Ideé la trama al milímetro para que el lector no se perdiera y además fuera avanzando en la historia de forma lineal a pesar de los saltos temporales. No solo hay una planificación minuciosa del tiempo cronológico de la novela en el presente y del tiempo del relato en el pasado, también de los diferentes estilos y registros de las tres voces narradoras, que sirven para eso, para que el lector sepa siempre dónde se encuentra, quién le cuenta la historia y en qué momento se desarrolla.

En la novela también hay un personaje con un profundo magnetismo, Diego, un hombre perseguido por la sombra del remordimiento y de la culpa y a raíz de un hecho que va a hacer que toda su vida esté rodeada por la mentira. ¿ Qué has querido darnos a entender, que el pasado siempre nos pide cuentas tarde o temprano? 

El pasado solo te rinde cuenta si te importa el presente. Y no siempre. Infinidad de dictadores murieron siendo ricos y respetados, habría millones de ejemplos de personas que tienen mucho que ocultar y que mueren sin que otros ni ellos mismos los juzguen. Sin embargo, cuando tienes conciencia y valores, tu pasado sí te pide explicaciones. Diego es un personaje muy contradictorio, uno de mis mejores personajes y su integridad es su losa. Demasiado para lo que hizo.

En “La pintora de estrellas”, un sentimiento de amor “platónico” está en el origen de una traición que tendrá consecuencias catastróficas y que determinará toda la trama. ¿Debo deducir entonces que nos quisiste interpelar sobre los peligros que encierran nuestras emociones y las bajezas humanas en las que podemos llegar a caer si solo nos guiamos por ellas?

No era mi intención. Aunque es una cuestión interesante. El amor platónico es otra forma más de amar pero este caso en particular es un amor mal llevado, egoísta y dañino. Las emociones son casi siempre minusvaloradas en comparación con la razón, tú mismo en la pregunta las pones a la altura de las bajezas humanas. Pero el amor no es pernicioso en sí mismo, puede serlo el modo en que actuamos si no somos capaces de controlar la frustración que nos produce no satisfacer nuestro deseo. No es la emoción lo que “nos pierde”, sino el egoísmo. Intuyo que muchas de esas bajezas en las que caemos a veces solo usan las emociones como excusa para actuar mal pero las responsables no son ellas. Somos nosotros mismos. Salvo enfermedad, siempre podríamos controlar nuestras reacciones si quisiéramos.

¿ El egoísmo está entonces en el origen de todos los males que ha conocido el siglo XX y no forzosamente en la maldad?

Disculpa el discurso, pero la pregunta tiene enjundia. He mencionado el egoísmo porque considero que el ser humano lleva todavía en sus genes la respuesta ancestral de los animales para sobrevivir. Su instinto de supervivencia le obliga, muchas veces, a pensar en sí mismo antes que en los demás. A eso le llamo yo egoísmo en este contexto. Tú antes que el otro, o una ausencia total de la capacidad de empatía: ese es el germen de la maldad humana, cuando no se produce por falta de conocimiento (no sabes que haces daño) o por enfermedad (naces siendo un psicópata). Por supuesto, no es una investigación metafísica sobre el mal y mi afirmación es una intuición, no una verdad sin fisuras. Pero tu pregunta es muy amplia, no sé si todos los males del siglo XX se basaron en el egoísmo; si nos centramos en los que más nos afectan, la Guerra Civil española y las dos grandes guerras mundiales, es probable. La nuestra fue una guerra motivada por un deseo de algunos de no perder lo que habían tenido durante siglos ante unos cambios que no les beneficiaban, y quizás a eso se le pueda llamar egoísmo. La IGM fue un conflicto que tiene tantas aristas que ni los historiadores se ponen de acuerdo en sus desencadenantes, pero los que se me ocurren no son altruistas en ningún caso: los nacionalismos exacerbados, el sentimiento de superioridad de casi todos los países europeos frente a los demás, los intereses de la industria armamentística, el ansia de nuevos mercados a costa de quitárselos a los otros, pues ya estaba todo el mundo prácticamente repartido. En la base de todos esos factores se halla un ansia por hacerse con lo que otros poseen y yo deseo. Y la IIGM también tiene unas causas muy complejas, pero quizás el germen fuera la intensa frustración de países como Alemania o Italia tras la IGM, que al primero le llevó a una fractura muy dolorosa por verse esclavo de los vencedores sin posibilidad de levantar cabeza y al segundo, a sentirse engañado por sus aliados y perjudicado en sus intereses con el reparto de las migajas. Pero fíjate que en el fondo de todos esos conflictos siempre hallamos lo mismo: mi interés frente al de los otros. Luego nos encontramos con que hay algo que hace que el hombre se convierta en una bestia para conseguir lo que desea y ya la tenemos liada.

Ya, poniéndonos en recta final de esta conversación, algo que me viene sorprendiendo. Festejamos el Aniversario de la Segunda Guerra Mundial. Una agente literaria me comentó que eso era lo que en estos momentos estaba en “ L’air du temps” del mercado literario. Yo me imaginaba que nos iban a caer en tromba novelas sobre ese periodo histórico. Sin embargo, no está siendo así. ¿Qué ocurre, es un tema que no agarra?

La gente está harta de miserias, ya las sufrimos todos los días, y la IIGM las rebosa. A no ser que como narrador encuentres un modo de contar lo mismo sin que lo parezca (la ruindad del hombre o las formas que tiene el ser humano de sobrevivir a la sinrazón y la brutalidad y de mantener la llama de la humanidad en ese contexto irracional), mejor que no escribas sobre ello. No creo que sea un tema que no agarra, sino que es difícil buscar los puntos de agarre.

¿Cuáles son tus actuales proyectos literarios?

Siempre estoy implicada en varios. Cuando encuentro un tema que me interesa lo suficiente, desarrollo una trama que me permita profundizar en él. Ahora mismo estoy terminando una novela, dejando reposar otra y a la vez metida de lleno en el proceso de edición de “Prométeme que serás delfín”, que se publicará en libro en mayo de 2016. Además, estamos estudiando la publicación de otra más. Pero no creas que escribo tan rápido, lo que ocurre es que ahora varias editoriales se están interesando por mis novelas ya autoeditadas en digital y también en algún manuscrito que concluí hace tiempo y podrían publicarse a lo largo del próximo año.

¿Qué es lo más importante que te ha aportado la experiencia de la escritura?      

Conocimiento, humildad y emoción.

 

 

 

 

 

 

 

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