J-P MANCHETTE: MAYO DEL 68, EL “GAUCHISME” Y LOS ORIGENES DEL NÉO-POLAR

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Jean-Patrick Manchette

Referencial para muchos autores  actuales, el neo-polar francés es un fenómeno literario que levantó vuelo a la luz de los acontecimientos del Mayo 68. Aunque constituido por perfiles muy diversos que conocerán su particular evolución ideológica e intelectual a partir de los 80, no cabe ninguna sombra de duda que esta nueva tendencia en el ámbito del género negro galo llevó la marca de un nombre icónico : Jean-Patrick Manchette (1942-1995).Este año se ha cumplido precisamente el veinte aniversario de la muerte de una figura polifacética y a la vez de un enorme magnetismo.

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De orígenes modestos, Jean-Patrick Manchette ha crecido en el suburbio parisino de Malakoff, un barrio popular y obrero. Su padre es un miembro de lo que los sociólogos  llaman entonces la “ nueva clase obrera”, una categoría social que ha conseguido escapar del sistema taylorista que domina las industrias estatales y de las que el coloso automovilístico Renault constituye el emblema. Educado en el seno de una familia en camino de ascenso hacia la clase media y perseguido por la sombra de una madre castradora, Manchette se matricula en el Lycée Henri IV, establecimiento de titularidad pública, símbolo del famoso “elitisme républicain” y trampolín hacia las aristocráticas y selectivas “Grandes Ecoles”, nido en el que por tradición se gesta la gran clase dirigente. Sin embargo, fracasa totalmente respecto a las expectativas depositadas en él por sus padres. Manchette ya sueña con el cine y es un apasionado de la lectura y la escritura. Hace “novillos” y se encierra en las salas de proyecciones y las filmotecas.  El futuro “normalien”, “enarque”, polytechnicien o alumno de Sçience Po, que suele ser la etapa siguiente para todo aquel que   pasa por Henri IV, se queda en nada. El cine, la literatura y la política son los que dominan su mente.Todavía así, los primeros años de su periplo van a estar dominados por las dificultades y los tumbos.

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Con veinticuatro años, en pareja y con un hijo, Manchette emprende la redacción de un diario personal a finales de 1966. Es testigo de la Francia de la V República, todavía herida por la Guerra de Argelia y sacudida por sucesivas crisis institucionales, pero en cambio arropada por un crecimiento económico sin precedentes y que la historia política y social vendrá a bautizar como “ “Les Trentes Glorieuses”. Provisto de conciencia crítica desde su más temprana juventud, periodo en el que ya empieza a escribir artículos y dibujar temas sobre la Guerra de Argelia en un panfletillo llamada la Voie comuniste, no se deja embaucar por el milagro económico. De hecho, se burla del perfil del francés medio,  “ Les petits blancs”, sin otra aspiración que convertirse en funcionario al servicio de la formidable maquinaria estatal y burocrática forjada tras la Libération de 1945.

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Max Pécas

Años de dificultades, Manchette sobrevive haciendo pequeños vídeos de topo tipo y escribiendo guiones y escenografías para films “guarros”. Se torna en el asistente de Max Pécas, un realizador de películas policiacas de serie B y de carácter picante, el llamado “Polar Sexy” . Pécas va a ser uno de los grandes realizadores de cine erótico que terminará derivando hacia la pornografía. Pese a todo, Manchette se siente mal a gusto en ese papel y que apenas le da para vivir.

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Claude Boissol

El trabajo que le va verdaderamente a sacar de apuros es el de guionista para la serie Les Globes Trotters, un éxito televisivo de aventuras ideada por Claude Boissol. Boissol es por aquel entonces un realizador procedente del mundo del cine francés de la posguerra que crecerá bajo el ala de Jean Marais, pero que va a gozar de un enorme éxito en los años 60 como artífice de series de televisión y de la que se convertirá en un hito  Le commissaire Moulin : uno de los más emblemáticos personajes de los feuilletons policiales   y que catapultará definitivamente a la fama al actor Yves Rénier. Manchette y  su amigo Michel Levine harán una adaptación literaria de los Globes Trotters y que descubrirá la luz al amparo de la colección Rouges et Or de la Presses de la Cité.  Fundada por Sven Nielsen, un joven de origen danés perteneciente a una saga de familia de libreros instalados en París desde los años 20, Presses de la Cité se dará conocer sobre todo por la publicación de las obras de Simenon. La serie de espionaje,“ Les cabochards”, es otro de los trabajos en los que Manchette acabará implicándose junto a Levine y que le ayuda a sobrevivir económicamente. Hasta entonces, el padre del neo-polar no tiene verdadera vocación de escritor y su horizonte es el ámbito cinematográfico, en el que espera encontrar una oportunidad como guionista, realizador o escenarista.Choca de frente con la realidad y la suerte no parece acompañarle.

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Los meses que preceden a los acontecimientos del Mayo del 68  van a trazar su perfil político. La situación del mundo estudiantil, la represión y control social por parte del régimen de De Gaulle y la efervescencia “rebelde” en el mundo universitario y lycéen, atraen toda su atención. El periodo que antecede a la “brêche de Mai” constituye un tiempo de lectura y de reflexiones que seguirá plasmando en su Journal, a veces de forma apasionada, con caóticos aforismos y reflexiones dominadas por la espontaneidad del momento. Si bien, ya se revela como un crítico de su tiempo y asienta las bases de una serie de ideas que se irán progresivamente manifestando en el espíritu de su producción literaria. Alhusser y los estructuralistas le horrorizan y de hecho no deja de burlarse de la creciente influencia que están teniendo en la revista Cinéma. Critica a Sartre, en cuya filosofía existencialista no ve otra cosa que una fuente de legitimación del poder estalinista soviético y una de las momias intelectuales legadas por la posguerra. La dialéctica le parece una abominación discursiva. A pesar de la enorme influencia que ejerce la revista Les temps modernes en la vida intelectual francesa, no se siente identificado en absoluto con ella.

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Herbert Marcuse

Los años 60  constituyen el periodo de gloria de lo que se conoce como “Escuela de la Sospecha“. Nietszche, Marx y Freud son releídos por la juventud. Se interesa por los dos últimos. Manchette indaga en  Maud Mannoni, una de las grandes teóricas sobre las pulsiones sexuales en el niño,a la que demuele y acusa de convertir el psicoanálisis en un instrumento de corrección y control social. Son ya los tiempos de Herbert Marcuse y el freudomarxismo. “Eros y civilización” se transforma en el gran libro de cabecera de la gente de su generación, por lo que tiene de denuncia del lado represor de la sociedad capitalista. El teórico de la Escuela de Frankfort se ha convertido ya en uno de los referentes intelectuales del gauchisme. Solo será más tarde cuando Manchette empatiza con la obra de Reich y su teoría sobre la Revolución Sexual. Ve en su pensamiento el camino hacia la destrucción del Estado y la configuración de una sociedad autogestionada. Le considera el “Proudhon de la sexualidad”. El Freudomarxismo abre además la vía  de su encuentro con Sade, que le fascina. Descubre en el autor de Justine la posibilidad de revertir las relaciones de poder y dominación.

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Sigmund Freud

En tanto que Soixante-huitard, Manchette  se inscribe en una generación que está poniendo en cuestión la sociedad de la abundancia, el consumo de masas y el ilusionismo del Progreso.La crítica de Marcuse y Reich contra las “Industrias culturales” le impregna y se suma  el precepto de la Teoría Crítica de que éstas no dejan de ser otra cosa que una herencia del fascismo.  Manchette se revela a pesar de todo como un hombre ambivalente. Es consciente de las contradicciones entre las tesis del gauchisme marcusiano y su crítica al proceso de cosificación de la sociedad a través de la cultura de masas y unas ambiciones personales que le obligan a participar del sistema. En el fondo, Manchette ya sueña con la fama. ” Je doit bouffer!!” escribe.

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Wilheim Reich

Atraído por el debate teórico, Manchette engulle todos los números de la revista International Situacionniste. Si bien, no acaba de comulgar con la estricta ortodoxia gauchiste respecto al papel del arte. Aunque cree en la misión revolucionaria de éste y no en su mera función experimental, discrepa de las doctrinas rocosas y apuesta por la libertad y la autonomía del artista. Son años en los que siente  pasión por  Marx.  Se impone el reto de leer los tres volúmenes de El Capital. En cambio, Engels le parece de una asombrosa estupidez. Lector incansable, se lanza al mismo tiempo con Henri Lefebvre, el gran teórico marxista contemporáneo. Referente intelectual del mundo universitario de Nanterre y de las propias revueltas estudiantiles del Mayo del 68, Lefebvre es sobre todo para Manchette una alternativa frente al anquilosado estructuralismo que representa Althusser. El sociólogo y filósofo se erigirá en los 70 en uno de los grandes teóricos de los movimientos sociales y la lucha contra la desapropiación del espacio. Un tema que no deja de interesar a Manchette, que observa la realidad de las “Banlieux Rouges”, de las desigualdades y el exilio social. Sin embargo, Lefebvre no  acaba de convencerle, dado que, al igual que en el caso de Sartre, no deja de ver en él una momia del marxismo-leninismo y el poder burocrático.  Manchette reivindica el lado fundamentalmente anti-totalitario y anti-tecnocrático de las revueltas de Mayo del 68.

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Ese París de las barricadas le llenan en efecto de entusiasmo, pero el retorno a las aulas y los Acuerdos de Grenelle a los que se presta el movimiento sindical, confirman para él el miraje de la revolución. Cohn-Bendit, Sauvegeot y Geismar, los tres grandes líderes de las revueltas de Mayo, terminan también por perder su favor. Bien que finales de los años 60 y principios de los 70 acaban de agrandar la “brêche de Mai” y dan lugar a un amplio abanico de movimientos huelguistas y sociales en Francia, Manchette ya no se siente capaz de correr delante de la policía y hacerse “ Casser la guêule”. Empieza a tener problemas de salud a raíz de su adicción al alcohol y mientras los problemas económicos siguen posándose como una nube en su vida privada. Son años en los que Manchette sigue viviendo las contradicciones personales entre sus ideales y la urgencia de adaptarse a las necesidades del mercado. Muchas de las tramas en las que tiene que trabajar como guionista no le interesan y le parecen un bodrio, pero son el único que  tiene  para sobrevivir junto a su hijo y mujer, Mélissa, que se gana la vida mecanografiando manuscritos.

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Sauvegeot, Cohn-Bendit y Geismar

En los años 70   la decepción política empiezan a consolidarse. Manchette dice “Cagarse en Francia y todos sus problemas“, al tiempo que cuestiona el maoísmo, el leninismo y todas las ideologías burocráticas. Le desconcierta que todavía alguien le pregunte con quién se identifica, si con la URSS o con la Republicana Popular China. Ha comprendido  que no hay ni un solo sitio en el que de verdad se hayan materializado los ideales del socialismo.Para él, el marxismo-leninismo y la experiencia de los totalitarismos siguen siendo el gran problema del siglo XX y sobre todo, la gran traición a la utopía revolucionaria.  A pesar de que ya no está implicado con el entusiasmo de su primera juventud, nunca renunciará a sus lecturas teóricas, en especial las que son referentes intelectuales del gauchisme, como por ejemplo Rosa Luxemburgo. Esta última se erige en un punto de apoyo para la propia comprensión de Marx, sobre todo en lo que respecta a la cuestión de la “acumulación de capital“, un tema de constantes controversias entre las diversas escuelas marxistas.

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Post-Mayo del 68 abre un nueva etapa, bastante frenética y repleta de proyectos. Empieza a redactar junto a Michel Levine, Les têtes brulées, una novela de aventuras en el contexto venezuelano. Si bien, en aquel momento el cine sigue siendo su gran pasión. Son años en los que ha forjado amistad con Michel Subor, que trabaja en USA con Hitchcock en la película, Topazio y con el famoso artista, teórico del arte y realizador Robert Lapoujade. A pesar de todo, su gran compañero de trabajo es hasta ese momento Jean-Pierre Bastide. Bastid es un escenógrafo inscrito en la nouvelle vague, formado bajo la influencia de Jean Cocteau y Jean-Luc Godard y que causará escandalo entre el público “biempensante”con un metraje que hará época , Orgie pour un massacre,  obra en el que hace una amalgama de Noir y erotismo. La  creación de Bastide es  la respuesta de una generación que ha ido perdiendo la vergüenza del cuerpo y pretende liberarse de todos los encorsetamientos más o menos hipócritas de la sociedad  francesa de posguerra. Son los tiempos de las diosas de la fantasía erótica cinematográfica y de la que Brigitte Bardot se ha convertido en el icono.

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Jean- Pierre Bastid

Manchette y Bastid se implicarán a fondo en un gran proyecto escenográfico, Les Danseurs de la mort. En el mundo del arte, los años 60 y 70 constituyen el tiempo de gloria del conceptualismo, el body art y las practicas performativas que garantizarán la gloria de artistas  como la nippo-americana Yoko Ono, la austriaca VALIE EXPORT o la propia francesa Niki de Saint-Phalle. Sin embargo, el conceptualismo no acaba de convencer a Manchette, como tampoco otras corrientes transgresoras y contra-culturales como el Underground  Precisamente Les danseurs  de la mort tiene por objetivo recordar la inoperatividad política del arte y del esteticismo. Aunque formado en el espíritu del Mayo del 68, Manchette codifica mal algunos de los aspectos de la crítica cultural que  formula el conceptualismo y después, el propio  Underground, sobre todo en lo referente a los aspectos simbólicos y representacionales. En realidad, vive ofuscado por algunas de las robusteces doctrinarias del gauchisme en particular y del marxismo en general.  A pesar de las muchas expectativas que han depositado en su trabajo y de su evaluación más o menos positiva entre los productores, Les Danseurs de la mort nunca verá la luz . Son años difíciles en los que Manchette se plantea incluso abandonar Francia.

La falta de expectativas en el cine le hace concentrar sus energías en la literatura. Su gran proyecto literario es L’Affaire N’Gustro y que también ha ido dando tumbos. Después de sendas negociaciones y debates en el Comité de lectura en Albin Michel, el prestigioso sello termina por rechazarla. El editor no se atreve a publicarla por su fuerte contenido político, dado que gira en torno al secuestro del líder marroquí Ben Barka y donde es cuestión del terrorismo de Estado. Las heridas de la Guerra de Argelia todavía están abiertas entre el francés medio y el resentido colectivo de los Pieds Noirs.  La obra genera, por otra parte, grandes tensiones con Bastid, quien se siente desapropiado de la novela, mientras que Manchette se reivindica como el que realmente a acuñado el espíritu de la  obra. Sin embargo, les llega un golpe de suerte : la sacerdotisa del mundo de la edición francesa,   Gallimard, está dispuesta a publicarla. Manchette se niega a que Bastid figure como co-autor. El encuentro con Gallimard va a suponer el final del túnel , pero también el de la amistad entre los dos hombres. Manchette y Bastid publicarán una última obra juntos, Laissez bronzer les cadavres!, redactada al mismo tiempo que la anterior. Pero las disputas en torno a L’Affaire N’Gustro les ha separado definitivamente. La Serie Noir abre el periplo en solitario de Manchette.

 

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Marcel Duhamel

Nacida tras la Liberación a instancias de Jean- Pierre Prévert y Marcel Duhamel, la Serie Noir ya tiene una vocación renovadora, dado que se hace eco de los autores norteamericanos y propone una alternativa al costumbrismo y el enigmátismo de la novela policiaca inglesa. De hecho, Duhamel, en el famoso “Manifeste de la Serie Noir”, reivindica el argot, la violencia, la inmoralidad, la corrupción policial y el lado oscuro de la sociedad como tema central de la serie. Duhamel y  Manchette entraran  en contacto a través de Dominique Aury, que es la que la que realmente va a hacer que el primer gran libro de Manchette forme parte de la Serie Noir. Después de muchas reticencias, Duhamel acepta publicar su obra.  Manchette  no oculta su admiración por Duhamel, al que considera  el verdadero impulsor  del género en Francia y de hecho de no dejará de ser el primero en lanzar el grito al cielo contra la evolución hacia la literatura “bon marché” que conoce la colección tras el fallecimiento de sus fundadores.

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A pesar de que la Serie Noir  ha contribuido con creces al conocimiento en  Francia del género negro norteamericano,(aunque a veces con traducciones que suelen disgustar a Manchette),  se sigue imponiendo la necesidad de superar los avatares del propio género policial francés, que continua hasta la fecha con pies de barro respecto a sus propios sistemas representacionales y no deja él mismo de arrastrar un cierto nacionalismo y exaltar los valores de la veille France. La popularidad de personajes carismáticos como Maigret o el propio éxito en el cine de figuras con una  fuerte personalidad humana, como el entrañable Jean Gabin, no está sin vinculo con la problemática relación de los franceses con su pasado más reciente y la objetiva realidad de un mundo policial ensuciado por las veleidades colaboracionistas durante el Régimen de Vichy. Reparar la imagen de las instituciones en general y de la  “Police Nationale” en particular, sobre todo a través del ámbito ficcional, se inserta dentro de esa voluntad de enterrar un pasado incomodo para la sociedad.

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Jean Gabin

En realidad Manchette alberga un escaso interés por el universo simbólico del gansterismo y del que se hará eco el cine norteamericano en el era dorada de Hollywood de los años 40. De hecho, se muestra muy crítico frente a una industria cinematográfica que privilegia los aspectos estéticos y las tramas de baja estofa, en lugar de llevar a la pantalla a los que él considera los verdaderos “maestros”. Por otra parte, Manchette  no deja de ver en el género negro norteamericano de los años 20 y 30 una especie de espejo de una sociedad francesa demasiado autocomplaciente y que mira hacia otro lado respecto a sus propias miserias sociales y morales. Es sin duda en ese punto que Manchette va a aportar la gran renovación. Lee a Dashiell Hammett , Raymond Chandler, James Cain, Donald Westlake, Jim Thomson, Herbert Lieberman y William Irish. Le interesan sobre todo las conductas humanas y no tanto los estados anímicos, que le parecen en cambio un estado de estupidez. El género negro norteamericano, del que termina por convertirse en un erudito, es para él el principal instrumento de  crítica moral al proceso civilizatorio. Hammett le parece sin embargo más transgresor que Chandler, en cambio demasiado victoriano para la generación de Manchette, que está en esos momentos protagonizando un serie de mutaciones sociales y culturales que nada tienen que ver con el mundo del detective Marlowe.

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 Dashiell Hammett                   

En lo esencial esa admiración que siente por los grandes autores norteamericanos no es disociable de las propias decepciones políticas que va conociendo en el engranaje del gauchisme y dentro de un clima en el que las veleidades del Mayo del 68 ya se están convirtiendo en una mentira. Para él, el género negro es el signo de la crítica revolucionaria contra la sociedad capitalista, pero también el reflejo de la crisis de la lucha de clases y el triunfo de individuos solitarios y derrotados, que tienen que enfrentarse a una sociedad podrida, bajo el yugo de rufianes y gentes sin escrúpulos y en la que el Mal lo envuelve todo. Aunque nunca ha creído en el Mal Absoluto,sí que lo concibe como un producto histórico y social  merodeado por el fantasma del poder y de los totalitarismos. La violencia de la sociedades de la post-guerra en general y de la sociedad norteamericana en particular, es para Manchette  una herencia directa de la mentalidad totalitaria de entreguerras. En ese sentido, no deja de concebir el género negro como un drama lírico, testimonio de los avatares de la edad contemporánea.

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Raymond Chandler

Manchette irá cosechando una serie de éxitos desde la publicación de L’Affaire N’Gustro, aunque literariamente de diferente fortuna. Reconoce que para él el “Noir” es un “gagne pain”, así como la vocación comercial de su obra.  No hay ninguna incoherencia con sus ideas políticas y personalidad. Es la única manera de encontrar una receptividad y reconocimiento que no había logrado en el escabroso mundo de la producción cinematográfica. En ese sentido, su proceso es inverso y transforma en literatura lo que en su origen era cine. De hecho, su carrera se va a convertir en un elemento de reversión, en la medida que con los años bastantes de sus obras literarias serán llevadas al celuloide. En cierto  sentido, ha tenido que tomar muchos atajos para cumplir con sus sueños de juventud.

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En 1973 consolida su trayectoria con el Grand Prix International de Litérature Policiére por la obra Ò dingo ô chateau, publicada en el año anterior. Su aparición en el prestigioso programa  televisivo de literatura de los 70, Apostrohe , dirigido por el carismático periodista cultural Bernard Pivot,  culmina su periplo.   Manchette ya es una escritor reconocido que relega al pasado los difíciles tiempos del primer Post-Mayo del 68.  Si bien su consolidación como autor y  la alta cotización de la que es objeto en el propio ámbito cinematográfico, también va a contrastar con sus definitivas desilusiones políticas. La deriva hacia el terrorismo de una parte del gauchisme expresa también su propia descomposición. Su obra, “Nada”, refleja la crítica hacia sus antiguos compañeros de viaje. Para él, la violencia terrorista no deja de ser otra cosa que el espejo de esta violencia opresora y totalitaria del Estado que había puesto en cuestión de la mano de Marcuse y ReichClaude Chabrol, uno de los grandes representantes de la nouvelle vague  llevará su novela al cine.

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A finales de los años 70 entrará como crítico en la revista Polar. Esta última tiene su origen en la revista Hitchcook Magazine e irá conociendo diversas etapas, versiones y subtítulos. Manchette  desbarajusta toda la crítica literaria. Utiliza un tono   irreverente, al mismo tiempo que erudito y con una gran capacidad de análisis crítico. Jean-François Guérif, su Redactor-Jefe,  reconoce que Manchette  ha revolucionado las paginas de su revista, sobre todo en la medida que denunciará los dispositivos ideológicos que en realidad camufla la literatura policiaca más clásica. Para él, la vieja novela de “enigma” destila todos los valores burgueses de una sociedad contra-revolucionaria y el snobismo del mundo británico. De hecho, no deja de poner en cuestión la figura del “bon flic”  y el buenismo del que hacen gala algunas novelas  supuestamente de género negro  respecto al mundo policial.Una crítica que hace extensiva a la propia novela de espionaje de la que John Le Carré se ha vuelto el icono, en la que  que no ve otra cosa que una legitimación de los crímenes de Estado en el contexto de la Guerra Fría y el establecimiento de falsas dicotomías morales al servicio del propio capitalismo.Su postura frente al género de “suspense” es en cambio más matizada, sobre todo por la influencia que ejerce Freud en él, su interés por las cuestiones psicológicas y las formas en las que las vive la víctima. El lado heterogéneo del “suspense” le permite de hecho tender puentes entre este y el propio género negro. Bien que le disgusta el lado excesivamente “populista” de Polar y la tendencia a la frivolidad con objetivos comerciales, es allí donde se va forjar como crítico literario 

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Max Cabanes

Finales de los 70 y principios de los 80 son años en los que tampoco dejará de poner en cuestión la dudosa evolución del propio polar en un clima en la que los intereses comerciales  y  los modismos se van imponiendo. Lector rápido, puntilloso y agudo, no deja títere con cabeza. La Francia de los setenta ya se ha convertido para entonces en el santuario del vedetismo mediático, muy bien sintetizado por el fenómeno de los “Nouveaux  Philosophes” y del que está empezando a participar el propio polar. En realidad, el modismo está firmando la sentencia de muerte de un polar que había sabido recoger los valores morales del  género negro más clásico. Durante esos mismos años tomará la dirección de la revista de comics BD, donde inicia la serie  “Fatale“, junto al dibujante Max Cabanes y lleva a cabo la versión comic de ” La position du tirreur couché”, al lado Jacques Tardi, sin duda uno de los dibujantes más famosos en el género.

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Jacques Tardi                   

La versión cinematográfica de ” La position du tirreur couché” correrá a cargo también de Claude Chabrol y bajo el título de Le choc  y que va a protagonizar Alain Delon, unos de los grandes sex-símbols del cine de gansterismo de la época, junto a la incombustible Catherine Deneuve. Por aquel entonces, Manchette se encuentra ya en la cresta de la ola. Bien que corren rumores sobre la ausencia de identificación de Manchette con las vertientes cinematográficas de sus obras, en especial las protagonizadas por el famoso actor francés, el escritor ya es por aquel entonces un hombre prudente, celoso de su imagen comercial y reconoce públicamente la autonomía del cine respecto a la literatura. Esto cuando el patético perfil ideológico de Delon  está sin correspondencia con las originarias intenciones políticas de Manchette. El padre del néo-polar  sigue siendo un hombre repleto de contradicciones,desgarrado entre las convicciones en las que se forjó en el Mayo del 68  y  un cinismo de escritor comercial que, cómo no cesa de repetir, necesita “¡¡bouffer!! Aunque  autor de éxito y cómodo en éste, oculta mal las profundas decepciones políticas de un  hombre que un día había sido un seguidor incondicional de Marcuse y de la crítica contra el “merdier” totalitario de la sociedad de masas.

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Jean-Patrick Manchette  fue sobre todo un hombre de su tiempo y  el símbolo de las esperanzas y desilusiones que generó el gauchisme en el engranaje  histórico de Mayo del 68. Pero sobre todo, el emblema de un género literario que pasaría del estatuto de literatura barata a un proceso de intelectualización y espíritu crítico respecto a una realidad social francesa inmersa en sus mitos políticos. No cabe duda a ese respecto que el néo-polar francés irá perdiendo su complejo de inferioridad frente a una literatura “blanca” que había ejercido hasta entonces el monopolio de la crítica política, social y civilizatoria.Desgraciadamente y a título de inciso, todavía falta hoy una verdadera historia intelectual del néo-polar, si exceptuamos algunas monografías o biografías más o menos aisladas.

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                Los años 80 constituyeron un tiempo de silencio literario de Manchette, en beneficio de la dedicación al cine y a la producción teórica en el seno mismo de la revista Polar. Son años en los que también se erige en  colaborador como crítico de cine en Charlie Hebdo, una de las publicaciones satíricas más irreverentes emanadas del Post-Mayo del 68. No recobrará su labor como escritor hasta principios de los años 90 con la Princesse du Sang , una obra que empieza y abandona alternativamente a lo largo de tres años  seguidos. Aunque encuentra una versión en comic en el seno de BD y con la colaboración de Max Cabanes, la obra no verá la luz  en su vertiente literaria hasta finales de los años 90 y después de su muerte. La publicación recopilatoria de muchos de sus textos inéditos no va a dejar de ser el reflejo de un hombre apasionado por la escritura, pero a veces inconstante en el amplio abanico de proyectos en los que se implica. Un talante tendente a la depresión y los problemas de salud que le van poco acechando, explican quizás el lado inacabado de bastantes obras con un aspecto prometedor.

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A pesar de  su carácter escurridizo y su abominación de los medios de comunicación, Manchette se convirtió en el rostro visible  de toda una nueva generación dentro del género negro.Al lado suyo también irán surgiendo otros nombres como Jean-Bernard  Pouy, Henri Prudon, Marc Villar o Alain Demouzon. Una serie de escritores en unos posicionamientos más o menos compactos e influidos por los acontecimientos del Mayo del 68. Esto salvo la notoria  diferencia de Alain Dreux Gallou, más popularmente conocido como ADG y que se hará conocer bajo el pseudónimo de Alain Fournier. Figura preeminente de los nuevos autores de la Serie Noir, ADG  no oculta sus simpatías por la extrema-derecha, sembrando a veces maliciosos comentarios sobre la verdadera ubicación ideológica del néo-polar y esto cuando solo constituye la excepción en medio de unos mayoritarios perfiles políticos escorados a la extrema-izquierda.

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Jean-Bernard Pouy

Entre finales de los 70 y segunda mitad de los 80 se van alinear  también detrás de Manchette una serie de escritores  que asumen la etiqueta del “néo-polar” y entre los que hay que contar también Thierry Jonquet, Didier Daeninckx, Frédèric  Fajardie o Jean-François Vilar.  El néo-polar francés de los 80 se caracterizó sobre todo por la conciencia del definitivo fracaso político del gauchisme , pero también por la necesidad de trasladar sus ideales al ámbito narrativo. Thierry Jonquet  será sin duda el más agresivo y cuya producción literaria va a poner con más vehemencia en cuestión el mundo del poder y de la política. En realidad Jonquet encarna a una generación profundamente  decepcionada por el Partido Socialista de François Mittérand y que ha dejado también de creer en el Partido Comunista y figuras tan emblemáticas como fosilizadas, al estilo del mítico George Marchais. Cómo han señalado algunos teóricos, críticos literarios, historiadores de las  ideas y especialistas en la historia intelectual y cultural, esta nueva generación brindó renovadas posibilidades para el análisis  de las relaciones entre literatura  y política, sobre todo tras la progresiva desaparición de la alta intelligentsia parisina de la posguerra que caminó bajo la batuta de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir.

 

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Thierry Jonquet

A pesar de ser el padre espiritual de toda una nueva corriente dentro del género negro, Manchette nunca dejó de mostrarse critico respecto  a la misma. Según él, la llamada ” Littérature de gauche” no presuponía por fuerza la existencia de una “bonne littérature“. Los objetivos comerciales estaban en realidad restándole calidad. Más allá de los juicios estéticos de Manchette, a veces no siempre equitativos y en  bastantes casos condicionados por un repelente egocentrismo y declaradas enemistades personales con algunos de los representantes del néo-polard, no cabe duda que esa nueva generación supo sobre todo erigirse en la voz crítica del exilio social al que estaban condenadas las Banlieux Rouges. Procedentes ellos mismos de ese mundo periférico, el neó-polar de los 80 rompió todos los mitos de  aquella “cultura obrera” que caracterizaba a los cinturones parisinos , en otros  tiempos cohesionados por el Partido Comunista, el movimiento sindical y la sociedad salarial. La violencia, la delincuencia, la desestructuración social, la exclusión, la xenofobia y el racismo fueron muchas de las problemáticas de esta corriente de los 80, convirtiéndose en una literatura “profética” respecto a los grandes males de la sociedad francesa.

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Didier Daeninckx

Se trató, en suma, de una nueva generación de escritores de género negro que, precisamente bajo la batuta de Manchette, supieron abrir las puertas de los pasillos oscuros de una sociedad gala que no dejaba de mirarse el ombligo. Eso sí, fingiendo ignorar que su tejido social  no era inmune a esa “Maldad” , rufianismo, violencia y bajeza humana que ella se empeñaba en vincular en exclusiva con la sociedad norteamericana y  esto bajo el mito de una supuesta “Exception Française“.

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Frédèric Fajardie

Testigo de los años de neo-reaccionarismo que Francia empezó a vivir tras el debacle de la “Era Mittérand”  y en medio de la puja del racismo y de la xenofobia , así como de la estigmatización  del mundo inmigrante  y de las periferias urbanas más sometidas a la crisis económica y la segregación, Manchette protagonizó un último compromiso político. En efecto, se implicaría de pleno en el movimiento Bananas, dedicado a la  protesta contra la política represiva de los CRS y que consistirá en lanzar peladuras de plátanos bajo las  suelas de la policía. Será su última aparición pública.

“Gurú” intelectual de todo el género negro más social y políticamente comprometido, Jean-Patrick Manchette murió en el verano de 1995 y en una situación de confinamiento en su domicilio a raíz de un cáncer generalizado y derivado de años de tabaquismo y alcoholismo. No hay duda que su trayectoria encarnó la historia de las utopías y las desilusiones del gauchisme, pero también la voluntad de compromiso político  de un género literario injustamente ninguneado. Tres meses después  de su muerte, Francia conocía la crisis social más importante y duradera que jamás había vivido desde los acontecimientos de Mayo del 68. Cabría pensar de que, de  haberla presenciado,habría hecho lo mismo que entonces : ” Chier sur  la France!!”  

 

 

 

 

 

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Archivado bajo Luces y sombras del género negro, Sin categoría

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