REALIDADES HISTÓRICAS DE LA ESCRITURA “NOIR” : RESPUESTA A PACO GÓMEZ ESCRIBANO

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Paco Gómez Escribano

Sigo con frecuencia los posts del escritor Paco Gómez Escribano en su página Facebook y sobre todo con un especial interés sus entradas dedicadas a los grandes perfiles literarios del género negro. Textos  redactados en un estilo wikipédico, divulgador y ameno, pero sobre todo muy prácticos e informativos  para ellos que llevamos la etiqueta de “recién llegados” o por decirlo de otra forma, de aprendices de “negritos”.Paco Gómez Escribano es un autor de género negro que se ha ido haciéndose hueco y ganando reconocimiento en los últimos años, así como un asiduo de Semanas negras y certámenes. Su fama de “purista” es bien conocida. Opción, por supuesto, del todo legitima, pero que merecería alguna reflexión.

Justo hoy, caigo con un articulo suyo publicado en el portal Culturamas.com ( 19 de enero de 2016) y que lleva por título, ” El género negro como herramienta de denuncia”. Apoyándose en la tradición del Harboyled, en autores icónicos españoles como Juan Madrid y escritores en ascenso dentro de la “Generación Alrevés” como David Llorente, Gómez Escribano reivindica la vocación social del género negro y su denuncia de los males civilizatorios, al mismo tiempo que pone en cuestión  los escritores “vedettes” de los últimos tiempos. El argumento tiene fuerza y formula una acertada crítica de la falta de compromiso de literatura negrocriminal. Precisamente parafraseando a Juan Madrid, distingue entre dos categorías de escritores : aquellos que se muestran apáticos frente al orden social y esos otros que hacen su denuncia. Hombre de izquierdas, Gómez Escribano se identifica de forma abierta con los segundos.  Suscribo en toda su plenitud esa postura. Mérito de su obra, es que el mundo de la marginalidad social ha ocupado un lugar relevante en su producción literaria, volviéndose testigo de una sociedad que amenaza con dejar a la mitad de la población en la cuneta. Aprecio esta literatura de los “márgenes”, pero también me pregunto si no se vertebra en torno a ciertos dogmas narrativos.

No hace falta  gozar de gran intuición para deducir que el articulo alberga vocación de replica a las recientes aportaciones realizadas por Anna María Villalonga y Empar Fernández sobre la renovación del género negro, después reseñadas por mi en esta modesta morada y parcialmente suscritas por un servidor. Según las palabras textuales de  Paco Gómez Escribano ” :

Lejos de estar obsoleto (el estilo) por la diferencia temporal, como opinan algunos expertos bastante desinformados, este estilo se exportó a Europa y sigue vigente. Cambian los arquetipos, no en su totalidad, cambian las costumbres moldeadas sobre todo por las nuevas tecnologías, pero ni cambian las formas de expresión narrativas (que pueden evolucionar, pero girarán en torno a lo mismo) ni la mezquindad del alma humana. Por tanto, fueron estos pioneros los que sentaron las bases de la novela negra como herramienta de crítica social, una crítica que difícilmente se podría hacer desde los demás géneros o desde los medios de comunicación, por haber acabado estos en manos de oscuros intereses que se entremezclan con los hilos del poder. De hecho, no son pocos los periodistas que pasan a volcar sus informaciones en novelas negras de ficción, por la imposibilidad de hacerlo en los medios.

Sí bien hay que reconocer la loable intención de Paco Gómez Escribano de ampliar un debate propuesto por las dos autoras, quizás deberíamos detenernos  respecto a las formas argumentativas. Cuando se le recuerda a alguien su falta de información sobre un tema y por lo tanto, el carácter errático de su perspectiva analítica, es de buen hacer brindar elementos convincentes que le hagan reparar en ello. Paco Gómez Escribano se limita a señalar “falta de conocimiento”, sin que precise en qué y sobre qué, las dos autoras y, en última instancia, servidor, adolecemos de lagunas respecto a nuestros saberes sobre el “Noir” y sus reglas narrativas  Lo cual, evidentemente, no ayuda al debate y reduce todo al ámbito de la afirmación.

El otro gran tema es qué ha interpretado Gómez Escribano y cómo lo ha hecho respecto a las propuestas de Villalonga, Fernández y, vuelvo a incidir en ello, de este  servidor. A no ser que algo se me haya escapado, no me consta que se haya negado el papel indiscutible del género negro en la crítica social al proceso civilizatorio, primero en el contexto de la sociedad norteamericana y después en el europeo.  Por lo tanto, Gómez Escribano torna a repetir una obviedad que nadie ha puesto en cuestión.  Todavía así, el autor del artículo debería tomar notar de la propia encuesta llevada a cabo por Sebastià Bennassar en el marco de la revista Bearn Black y en la  que hubo coincidencia entre los interrogados de que la crítica social no era en absoluto un monopolio del género negro.

El segundo tema en el que da la impresión que la lectura y por lo tanto, interpretación de Gómez Escribano, no parecen haber sido lo pausadas que hubiese sido deseable, es en la cuestión de la actualidad o no de los “maestros” y la propia necesidad de renovar algunas estructuras narrativas, sistemas representacionales y configuraciones simbólicas. Paco Gómez Escribano es un autor,( por cierto excelente), con indiscutible talento en la construcción de  imaginarios ficcionales, pero al que no por eso debería imponérsele la obligación de  conocedor de los debates académicos en otras esferas.  Por ejemplo en las doctas disciplinas de la hermenéutica, teoría y crítica literaria y por supuesto, de la  sociología  y filosofía de la cultura  y los propios Cultural Studies. De no ser  así, habría tenido en cuenta una problemática fundamental de estas disciplinas : el de las relaciones entre textualidad y contextualidad. Premisa  de la teoría derridiana de la desconstrucción y de la propia teoría literaria post-estructuralista en general. Una cuestión acerosa, muy propia de las ciencias sociales y humanas, en especial de la filosofía del lenguaje y de la teoría de la escritura, que no siempre destilan magnetismo para un creador de ficción, pero que sin embargo deberían ser mínimamente conocidas.

                    Jacques Derrida  nos recordó que las formas de hablar, de decir, de narrar, incluso de “no decir” o de “silenciar”, siempre son productos históricos emanantes de procesos  políticos, sociales e institucionales y que no son extrapolables, sin correr el riesgo de volverlas a convertir a su vez en puros dispositivos ideológicos o en última instancia , en “dogmas”. Lo que en principio obligaría, efectivamente, a contextualizar la aportación de los “clásicos”, pero sin otorgarles el estatuto de la inquebrantibilidad. Habría que preguntarse, por ejemplo, si el lenguaje machista y homofóbo de muchos de los clásicos de los años 30 tendría cabida en una novela actual, al menos si esta se pretendiese “social”.

El tercer bloque argumentativo de Paco Gómez Escribano se refiere a las problemáticas y sujetos de crítica y denuncia social, precisamente, por parte del género negro. Por lo visto y según el autor del articulo, la “mezquindad humana” es algo “persistente” y siempre se manifiesta de la misma manera. Lo que invalidaría cualquier renovación de las reglas narrativa del género negro, sin correr el riesgo de desvirtuarlo. Una vez más, Paco Gómez Escribano torna a mostrarse poco holgado en la comprensión de los procesos históricos y civilizatorios y en última instancia, en  discernir  cómo influyen en la propia remodelación de la tradición narrativa y creación ficcional.

La noción de “mezquindad” es un juicio ético sobre determinados y  “negativos” aspectos de la condición humana. Lo cual hay que distinguir de las practicas sociales y los valores culturales, que son las que realmente determinan la conceptualización de esa misma “mezquindad” o ” maldad humana”. Sí no tuviésemos en cuenta los factores culturales, históricos y contextuales de nuestros comportamientos más bajos, entonces deberíamos dar por hecha la existencia de una Maldad Absoluta y por lo tanto, dar por buena una visión profundamente escéptica sobre la condición humana. Tesis que rechazaron de pleno autores como Jean-Patrick Manchette o de forma más reciente, Víctor del Árbol.   Lo que hoy nos escandaliza, en los años 30 se tomaba por normal, precisamente porque las practicas sociales y los valores culturales determinan nuestros valores éticos y concepciones de las fronteras entre el bien y el mal. La propia violencia y las conductas criminales han cambiado y es frecuente que estas adquieran diversas formas, muchas veces mucho más simbólicas que instrumentales. La cuestión ( y eso es lo que no parece haber entendido Gómez Escribano), no es perder de vista el espíritu del Noir, es decir, la critica política, social y cultural del proceso civilizatorio, sino de repensar la ilustración de la realidad social y de las conductas humanas desde un punto de vista literario y narrativo y esto a partir de nuevas coordenadas históricas. De ahí mi reivindicación de una novela ” Post-Noir”, fiel en el espíritu a la lección de los “clásicos”, pero renovadora en las formas de materializarlo.

Paco  Gómez Escribano :  A mi no me parece mal que cada uno tenga su coto intelectual y lo proteja en obediencia a sus propias inquietudes y percepciones de la realidad social y su visión de la relación de la literatura y más en concreto, del género negro, con ella. Pero no estaría mal que en un país como el nuestro, en el que la falta de debate y en el que el inmovilismo se han tornado peligrosamente en virtud,  le diesemos una oportunidad a quienes pretenden abrir ventanas y dejar  correr un aire que nos libere de las axfisiantes ideas establecidas y  de los dogmatismos. A la vista del escaso apoyo que en este país recibe la producción cultural en sus diversas facetas, mal haríamos si estrangulásemos las posibilidades de innovación que nosotros mismos nos esforzamos en darnos.

La escritura y la creación literaria  siempre son los testigos privilegiadas de un contexto histórico y si en el pasado hubo para los “clásicos” del Noir  una realidad determinada que se esforzaron en ilustrar, para los nuevos autores de hoy aparece otra para la que es necesario darnos nuevos elementos de interpretación e ilustración. Sigo aquí reivindicando en ese sentido las virtudes de una novela ” Post-Noir” que no pierda la vocación y el espíritu de los ancestros, pero que sepa enfocar la realidad presente a partir de sus propias paradigmas narrativos.

  

 

 

 

  

 

 

 

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