LAS PUERTAS DEL PASADO : SOBRE “ELS ENEMICS SILENCIOSOS” DE MIREIA LLINÀS

 

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A pesar de sus apenas treinta años y un aire de joven muchacha ingenua, tímida y existencialista, Mireia Llinàs ( Barcelona, 1985) ya tiene hecho un cierto camino profesional y eso le convierte sin duda en una privilegiada en un país como el nuestro, que ya lleva tiempo relegando al basurero laboral o al exilio a nuestros jóvenes talentos. Graduada en Cine y Audivisual, ha participado como guionista en diversas series de televisión y  trabajado como analista de  proyectos cinematográficos. El año pasado quedó finalista en el Premi Agustí Vehí (2015)   empezando  a hacer hablar de ella en los corrillos del “Noir”  en catalán. Ha participado recientemente en el Festival Tiana  de Novela negra  catalana (2016)  y también en el finalizado BCNegra 2016. Este año acaba de publicar su primera novela, “Els enemics silenciosos”, ( Columna, 2016) . Llinàs no se define como una escritora de género negro en el sentido estricto, porque no le gustan las etiquetas. Es una apasionada de la indagación en el pasado y su relación con el presente. Por eso creo que se inserta en esa ascendente corriente por la que este blog y un servidor apuestan con fuerza : el híbrido   entre el género negro y el género histórico.

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Nora es una joven detective que trabaja en una unidad especial de los Mossos de Esquadra y  que posee un don : desplazarse al pasado. No elige las épocas hacia las que viaja, sino que son éstas las que le llaman  y siempre por un mismo motivo, un crimen sin resolver. De forma inesperada, se ve llevada en el tiempo hacia  El Indiano, una sala de baile de ambiente descocado y situado por lo que entonces todavía se denomina, el Barrio Chino. A las puertas de la Guerra Civil, allí conoce a un joven, Enric, del que se enamora, revelándose su relación imposible, a la vista de que el espacio-tiempo les separa. De nuevo en el siglo XXI,  Nora es avisada de un caso  a finales de los años cuarenta. Una prostituta de lujo, Dolores Rey, muy vinculada a la alta sociedad de aquel momento, ha sido brutalmente asesinada por tres hombres.  Un anciano de un barrio popular de Barcelona, Marcelino , que conoce los poderes de Nora,  le pide a la detective que resuelva el caso. Marcelino mantiene una deuda con aquella mujer :  el regalo de un coche de juguete que le devolvió la infancia en la misera y hambrienta España de la posguerra.  Marcelino está  convencido de que el caso se cerró deliberadamente en falso.  Un cerrajero y antiguo delincuente, su hijo y un amigo con problemas psiquiátricos habían cargado con el crimen sin verdaderas pruebas.

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Tras indagación por parte de Nora,   todas las sospechas apuntan a que detrás de esos tres hombres más o menos oscuros y sin un motivo concreto para asesinarla,   existen muchos pasillos oscuros que llevan hacia gente muy poderosa del régimen franquista,  entre otros, un militar procedente de la aristocracia y con una carrera prometedora y una alta autoridad eclesiástica. Nora y su compañero Pere, un mosso con el que mantiene una relación ambigua, están decididos a resolver el caso, a pesar de que nadie tenga interés en que se reabra.  Durante sus vaivenes entre el pasado y el presente, Nora se va a encontrar con un obstáculo que amenaza su propia vida : Dos hombres gemelos y siniestros, por lo visto, con el mismo poder que ella para desplazarse en el tiempo, intentan impedirle que descubra la verdad. De forma paralela irán surgiendo una serie de personajes directa o indirectamente relacionados con la víctima y sus supuestos asesinos, entre ellos, un militante anarquista que simboliza  la última resistencia frente al franquismo y un régimen que se verá abocado a convertirse en una pieza clave  el ajedrez de la Guerra Fría.   A  lo largo de sus viajes, en medio del peligro y la intriga, Nora se encuentra de forma intermitente con Enric, sobre el que van pesando los años, pero del que no han cambiado los sentimientos por ella.

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A través de la figura de Nora, Mireia Llinàs nos lleva hacia los tiempos más oscuros de la tenebrosa y parca España de la posguerra. Es también  por los caminos de la trama que van desfilando unos valores sociales y  tradiciones culturales y populares, hoy, inimaginables para nosotros y en el seno de nuestra sociedad democrática, pero que dominaran la vida colectiva española a lo lo largo de los 40 y 50. Llinàs nos pasea además por la memoria urbana y arquitectónica de Barcelona, llevándonos a lugares que ya solo moran en los libros y en el recuerdo de los más ancianos. Pero la obra  tiene el mérito, sobre todo, de denunciar la hipocresía de una sociedad revoluta y arropada en los signos de un régimen dictatorial y la doble  forma de medir del nacional-catolicismo. Mireia Llinás nos recuerda cómo bajo el caparazón de la moralidad , pueden reinar en realidad actitudes profundamente inmorales y basadas en el abuso contra quienes sufren del desamparo.  Y al contrario también, cómo detrás de personas a las que la sociedad condena , pueden existir en realidad valores humanos y  éticos. La bajeza, los prejuicios  y la mezquindad de las clases dominantes recorre  la obra, pero al mismo tiempo las de unas clases populares  presionadas por las circunstancias de un régimen de represión y terror.

Mireia Llinàs aporta su propio estilo a esta nueva tendencia narrativa negro-histórica, dado que ha añadido ciertas dosis de novela fantástica, aunque sin forzar lo inverosímil, (vicio en el que suelen caer bastantes autores en este género), trabajando con inteligencia el mensaje de la trama. La influencia de su formación como guionista se deja notar, dado que se desliza en la historia cierta magia propia de las artes audiovisuales, pero sin apartarse de la reglas de la tradición narrativa. Nos equivocamos  al pensar que una novela, en principio pensada para el entretenimiento del lector, carece siempre de sustancialidad y se muestra ajena  a la crítica de las realidades políticas, sociales, culturales o históricas. La obra de Mireia Llinàs viene a confirmarlo.

                                   Els enemics silenciosos es una novela que no está falta de moraleja, dado que nos recuerda  la necesidad que tenemos de saldar nuestras deudas con aquellos que nos quisieron y el lado atemporal del amor y del cariño. Pero sobre todo, nos interpela sobre el hecho de que nunca conseguimos rehacer el pasado por mucho que lo revivamos y que solo podemos cumplir con la obligación moral de brindarle reparación a aquellos que fueron agraviados en él.

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