UN TÉ ENTRE LITERATURA: CONFIDENCIAS DE UN ESCRITOR A UN LECTOR INGENUO

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El otro día, caída la tarde, quedo para un tête à tête con un conocido y reconocido escritor barcelonés en un agradable salón de té. Necesito pedirle consejo sobre un proyecto que me traigo entre manos.  A diferencia de mi, que no logro deshacerme de una adolescente ingenuidad sobre el mundo literario, conoce al detalle  los entresijos del mundo de la edición, los  criterios de filtro y las pautas de evaluación que se llevan a cabo en los departamentos de lectura. Es claro sobre cuál es la función de un “lector”. No es descubrir a genios , sino saber lo qué puede funcionar comercialmente y responder a las expectativas de un público de bagaje cultural medio y hábitos de lectura destinados al entretenimiento.

” Puede caer en las manos de un asesor la obra de un auténtico genio, pero jamás emitirá un informe positivo sobre la  publicación de la obra si no hay indicios de que vaya a funcionar comercialmente. En cambio puede llegarle una obra mal escrita y suele pasar el filtro si hay elementos en ella que interesen al lector “medio”. ¡¡Buenos correctores y un buen dominio de los aspectos técnicos y san se acabo!! “

No es que pusiese ojos de pez al oír su comentario, dado que no hacía otra cosa que corroborar lo que ya sospechaba. En suma, no tienes que tener talento, al menos no solo eso. Te hace falta capacidad de empatía con la imbecilidad de un público y una sociedad que ya no honra la inteligencia y la reflexión lectora y  la crítica sobre los males que la rodean. Le digo que me gustan muchos los personajes de la Segunda República y de la Guerra Civil. ” ¿Y tú crees que le interesa a alguien una novela sobre la vida de Manuel Azaña o de Antonio Machado?, me dice con sarcasmo.

 

Después derivó la conversación sobre los comidillas  del mundillo literario, las rivalidades, los egos y los tribalismos. Mi interlocutor lo tenía claro : él  nunca hablaría mal públicamente de una obra, por muy espantosa que le pareciese y si algo tuviese que decir de negativo, lo haría en “petit comité” y siempre en privado. Jamás en las redes sociales. Hablar mal de un escritor en público le parecía una falta de delicadeza y una forma de hacerse inútilmente enemigos. En ningún momento se atrevería a decir en voz alta de que la obra de Dolores Redondo ( aunque no sea el único en pesarlo) le parece un auténtico bodrio o  que Gimenez Barlett es, pura y sencillamente, literatura barata. Con los amigos reconoció que se mostraba algo más sincero, pero que cualquier crítica que pudiese hacerles, solo la hacía una vez. No quería enemistarse tampoco con gente a la que apreciaba. Recordar a un amigo que necesita un asesor de estilo, nunca es cómodo, me da a entender.

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Hablamos  de la promoción y difusión de las obras.

“No hay que ser ingenuo, me explica. Publicar en una gran editorial no es garantía de nada. Los grandes sellos apuestan por dos o tres autores más o menos consolidados. El resto tiene que buscarse la vida. A pesar de los muchos mitos, los grandes sellos no tienen tanta infraestructura como parece, ni una partida presupuestaria en términos de comunicación y marketing, como para catapultar a todos los  autores a la fama”, añade.

También me recuerda la falsedad de algunas ideas recibidas : que los suplementos literarios tampoco favorecen tanto a las grandes editoriales como parece. No se cree esa teoría “conspiratoria” sobre los estrechos vínculos entre los grandes sellos y los críticos literarios. Quienes copan de verdad las paginas de los suplementos, son los pequeños sellos.

sillas vacias, mente vacias, corazones vacios

¿Y la presentaciones? 

Claro, no puedo impedirme de hablarle de mi experiencia, de mi fracaso como ensayista y llorar sobre mi suerte, explicándole que entre los tres libros que publiqué, conseguí  sumar a veinte personas, eso a pesar de haberlos presentado en librerías de prestigio de Barcelona. Me confirma lo que yo tardé años en comprender :

” El ensayo no le interesa a nadie, al menos que hagas algo muy original y sobre un tema que esté en el aire. En cuanto a las presentaciones, muchos autores comenten el error de eligir lugares para presentar sus libros, a los que no va nadie, en librerías que no tienen capacidad de convocatoria. No se trata de que te publique una editorial pequeña  o grande, porque incluso un editorial grande no le puede obligar a nada a una librería. Se trata de elegir el sitio adecuado. Lo que no puedes hacer es presentar tu libro en un pueblo de tres mil habitantes. Las giras de presentación no sirven de nada. Fuera de Madrid y Barcelona es muy difícil promocionar un libro”.

Vale, tomo nota. Se aprenden de los errores, aunque es verdad que lo hecho, hecho está.   

¿ Y los Festivales de Novela Negra?

” Hay que tener en cuenta el contexto en el que se hace los Festivales y las presentaciones. ¿ Qué hay en Collbató?¿ Y en Cubelles? No se pueden organizar cosas en localidades donde la población no está interesada y en la que las instituciones no van a poner un duro, precisamente por eso, porque no hay público. El año pasado estuvimos en Colbató y parecía que los ponentes estaban ahí simplemente para hacer bulto. ¿ Quién va a ir a Cubelles, por otra parte, un pueblo perdido en medio de ninguna parte? 

Cambiamos de conversación. Mi interlocutor se muestra muy critico con los periodistas culturales y el mundo de los blogueros. Según él, hay una cierta tendencia a sobrevalorar algunas obras, cuando en realidad su calidad literaria es matizable y a demoler a otras injustamente. “Falta criterio”- Me dice.  Algunos escritores a los que se está exaltando, sobre todo en el Noir, lo único que tienen son “plantillas” narrativas.

¿ Ah sí y eso?– Le pregunto.

” Cuentan siempre lo mismo, cambiando los nombres de los personajes, dándole pinceladas a las tramas. En esas condiciones, pueden escribir una novela en un mes y publicar una obra por año”.

¿  Y el conocido ego de los escritores? Le provoco.

Hay escritores que no tienen pretensiones- Me dice-Esos no me molestan. Conocen sus limitaciones. Tienen amigos en pequeños sellos y estos les publican. Saben que el día que sus amigos dejen de publicarles, no podrán ir a ninguna otra editorial, por eso se cuidan bien de perder el favor de los únicos que pueden hacer que sus obras vean la luz del día”.

Abordó el tema con malicia. Le comentó que sé de algunos autores que tienen a buenos padrinos y a excelentes correctores orto-tipográficos, que están en todos sitios, tomando lo que les dan. No se lo reprocha. ” Después de todo, no todos pueden ser Miguel Delibes o Ana María Matute”, apunta. Mi interlocutor se conforma con que sean buenas personas.

“Mira, yo he hecho presentaciones de gente que me parece de una prosa espantosa,  que no saben escribir y que harían bien en apuntarse en un cursillo de escritura creativa. Siempre les digo lo mismo, “Vale, yo diré que tu obra está muy bien, pero pienso esto y eso de ella”. Lo hago porque son autores que, precisamente, porque son modesto,  felices viendo su foto y nombre en la solapa de un libro.” 

Le hago el matiz de que ya es un mérito de que inventen historias que entretengan. Coincidimos en ello.

” A Marguerite Duras se la lee una vez cada veinte años, pero los hábitos literarios del público medio, son otros”.- Precisa.

En suma, que la gente también tiene derecho a leer cosas malas y para  que puedan hacerlo, pues, evidentemente, tienen que existir escritores que respondan a sus expectativas.

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Cambio de tercio y le pregunto si el tiempo de la alta literatura se ha acabado. No está seguro. Eso sí, hay algo que le saca de quicio :

” No soporto a la gente que en cambio si que tiene pretensiones, cuando la calidad de su obra no está en concordancia con ellas”.

En suma, le molesta la pedantería. Según él, hay escritores que están generando grandes expectativas, simplemente porque venden doscientos mil ejemplares al año y que se acaban creyendo Tolstoï. ·

“En algunos casos son autores que podrían ser algunos de los “Grandes”, pero que sin embargo están abocados al fracaso, precisamente porque no tienen ningún sentido auto crítico respecto a su obra”.

Mi interlocutor corrobora mucho de lo que pienso a veces. Hay mucho humo detrás de los grandes escritores de éxito, que se va disipando cuando el mercado se muestra bajo su rostro más cruel.

Después de abandonar el salón de té, vamos subiendo el Passeig de Gràcia. Claro está, no puedo impedirme de sacar a colación el Premio Nadal de este año. Mi reseña sobre la última obra de Víctor del Árbol en Bearn Black ha dado lugar a ciertos comentarios toscos por parte de algunos lectores. Gente a la que conozco, de una gran integridad y honestidad intelectual, ya me han expresado también sus reservas respecto al Premio Nadal 2016. Esperaban más. Unos piensan que Del Árbol se está repitiendo y otros, que ese lenguaje metafórico que utiliza de vez en cuando en ” La víspera de todo”, no se tiene de pie. Eso, por supuesto, me hace tener dudas sobre mis criterios.  “¿Qué opinas?” le pregunto. Me da a entender que he exagerado un poco en cuanto a mis elogios a Del Árbol.  Me defiendo.

A ver, a mi me desconcierta que le den, por ejemplo, el Premio Nadal a Maruja Torres.- Le digo– Es una buena periodista, carismática, progresista, pero una auténtica mierda como escritora”.  Que la coloquen en el mismo palco literario que Laforet, Matute o Delibes, me parece un escándalo. Es en eso y por eso que he afirmado, que el Premio Nadal ha recuperado algo de su vocación por la excelencia literaria. Me da la razón.

” Sí, hay mucha mediocridad y en comparación, pues Del Árbol se merecía ese premio”,  coincide conmigo. Si bien, me confía que ha habido muchos menos comentarios de los que se esperaba. “Hay críticos y suplementos que han preferido no hacer reseñas por las reservas que les suscitaba la obra premiada”. Le planteó entonces una hipótesis : ” ¡¡Pobre del que se meta con el “intocable” sello de Destino o algún grupo del Grupo Planeta!!”.  Sigue sin creerse las teorías “conspiratorias”.

Que va, – Me contesta- Destino tiene garantizadas una ventas de cincuenta mil ejemplares solo en la primera semana del lanzamiento”.  ¿ Entonces?, me pregunto. Para mi interlocutor la cosa está clara :

Del Árbol insiste demasiado en el tema del sufrimiento”

“Claro, ya veo- Le replico con guasa al tiempo que echamos un pitillo– A la gente lo que le gusta son cosas como María Dueñas y “El tiempo entre costuras” y cosas de esas con glamour…

Esa no es la cuestión- Insiste–  si el mundo fuese como Del Árbol lo pinta, probablemente habríamos caído en un suicidio colectivo. Es imposible que los seres humanos  estemos siempre sufriendo, también tenemos momentos de felicidad y alegría en la vida. Creo que es eso lo que cansa de su obra, que siempre pone a personajes heridos y sin esperanza. La existencia humana no es así”.

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Le contesté que a mi me gustaban los anti-héroes, los perdedores, la gente sin voz y que no puede o no sabe expresar su desesperación.También los entresijos de la condición humana y la maldad del poder. Eso es para mi la esencia y el valor de la obra del Árbol.” Sí, de acuerdo, pero sin exagerar, ni tirar demasiado de la cuerda, porque eso acaba angustiando el lector y también le tienes que dar alguna alegría cuando lee”, me matiza.

Me hubiese gustado replicarle que no podemos darle la espalda a la realidad, ni olvidarnos de la gente que no tiene a lo que agarrarse. Me queda el convencimiento que el relativo agobio que pueda generar la obra Del Árbol, tiene mucho que ver con una sociedad y unos valores que tienden a penalizar a los perdedores y a olvidarse de ellos. La producción literaria y las propias modas comerciales están impregnadas por un sistema de valores en  el que nadie te va a perdonar de haber “perdido” en la vida.  Pero había llegado la hora de despedirnos.Otra vez sería, seguro.

Aquellas dos horas de conversación me produjeron un gran placer. Me gustó la sinceridad de esa charla y me dije que, quizás los silencios públicos de este escritor respecto a sus colegas y el mundo literario en general, tenían menos relación con la hipocresía o la teatralidad de la vida “mundana”, como con la necesidad de mantener el respeto hacia los demás y no herir a aquellos que ponen empeño   en lo que hacen.

Conclusión : A veces los silencios se revelan mucho más generosos que las palabras. Por mi parte, creo que el compromiso moral de la confidencia, me obligan a guardar mis propios silencios sobre la identidad de aquel autor. Pero estoy convencido que me encontré frente a un gran escritor, nada petulante, convencido que era un privilegiado por su éxito y que la suerte en el mundillo literario tiene mucho que ver con circunstancias que no forzosamente todos controlamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

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