¿ ES MACHISTA LA SEMANA NEGRA DE GIJÓN, 2016 ? : REFLEXIONES SOBRE UNA POLÉMICA INÚTIL

 

Semana-Negra-Gijon

 

 

Reconozco no haberme hecho eco de la polémica sobre las nominaciones a los premios que otorga  la Semana Negra de Gijón 2016. El origen de la misma parece estar en la ausencia de de escritoras en la lista de nominaciones.   Sí bien, el lunes, movido por la curiosidad, busco en Google, en Twiter  y  Facebook  para averiguar si topo con algún post sobre el tema. Hay algunos, sí. Los de mi amiga Amelia Noguera, siempre tan combativa con las veleidades machistas que imperan en el mundo literario y editorial, también otro de Rosa Ribas, que acusa a los organizadores de la Semana Negra de Gijón de haber ido a traición y publicar los nombres de los nominados durante un fin de semana y sin ninguna consideración hacia las autoras.En diversos muros, varias autoras se manifiestan sobre el tema, no sin indignación. Me pongo finalmente en el muro de Marta, de “Leer sin prisas” y recorro la lista que ella ha colgado. En efecto, no hay ni una sola fémina entre los diez y nueve nominados. Pregunta esencial. ¿ Han sido machistas los organizadores del festival y más todavía los miembros de los jurados encargados de decidir sobre los premios?

La primera respuesta es siempre la facilona. El mundillo ” Noir” está sobre todo constituido por varones y ya se sabe como son éstos : se congenian, se protegen bajo los criterios de la endogamia y identidad de género, se reseñen, se mencionan los unos a los otros, se presentan sus libros, se invitan a los congresos y festivales, cenan juntos, hasta se pelean y se reconcilian o no. Por muy “progrés” que pretendan venderse, eso son después de todo, “¡¡hombres!!”. Sí, hay un cierto “tufillo” “varonil” en el “Noir”, me reconozco a mi mismo. 

Respecto a la controversia generada por las dominaciones  ya se han manifestado dos grandes escritores : Sebastià Bennassar y Toni Hill. Sebastià Bennassar, Director de Bearn Black,  se ha mostrado entre los más  críticos con los organizadores y el jurado, recordando que los Festivales  se comprometieron pública y de forma unánime a firmar una manifiesto contra la violencia de género.  Toni Hill, en su blog,  en cambio, ha puesto en cuestión los estereotipos más o menos machistas  imperantes en el género negro, con una burla sarcástica sobre la decisión del jurado de la Semana Negra de Gijón de 2016. Leo con atención sus post, que por  lo visto parecen decantarse por las damnificadas, alzadas en protesta en casi todos los foros. Siento  un gran respeto y aprecio intelectual por los dos autores.Si bien, sus posturas merecerían cierto comentario, a la vista de la polémica, a mi modo de ver, bastante inútil, que se ha creado. No porque  sus argumentos no estén provistos de fuerza, sino porque exigen ciertas puntualizaciones y comentarios.

Si los organizadores de la Semana Negra de Gijón firmaron el mencionado manifiesto a favor de la igualdad de género y contra la violencia contra las mujeres, como nos lo recuerda Bennassar, habría sido de cortesía que mostrasen un mínimo de coherencia con sus actos. En caso contrario, todo se queda en una bonita y más o menos ornamentada declaración de intenciones. Todavía así, discrepo de Bennassar en la medida que pienso que su argumentación confunde dos términos : el compromiso ético con una determinada causa y lo que deben ser los criterios de crítica y evaluación literaria. En ese sentido, no estaría mal que los organizadores y miembros de los jurados, hiciesen alguna aclaración sobre sus criterios, aunque solo fuese a efectos de disipar sospechas y suspicacias. El problema está en saber es si estamos ante una controversia de naturaleza “literaria” o “política”. Mi intuición me dice que hay más de lo segundo que de lo primero.

                 Bennassar establece además paralelismos entre la polémica que ha generado la semana de Gijón y las controversias sobre la ausencia de negros en las nominaciones a los Oscars de Hollywood.  Ya tuve ocasión de manifestarme sobre estas cuestiones en Bearn Black  y sobre el lugar de las minorías en las industrias culturales en general y en el género negrocriminal en particular. Me reafirmo en lo mismo : la corrección política no deja de ser una declaración de intenciones, cuyos autores miran hacia otro lado cuando se trata de analizar la realidad.De hecho, estuve los bastantes años en el activismo gay, como para tener honorable información sobre cómo la corrección política sirve, sobre todo y ante todo, para la descarada manipulación de las minorías sujeto de agravio y eso en aras a intereses de lo más inconfesables.

Hill aborda otro tema de distinto registro : el machismo de la novela negra. Su argumento se revela válido y  es cierto, cmo nos lo recuerda también Hill, que el género se ha mostrado culturalmente “conservador” en relación a los sistemas representacionales y las configuraciones simbólicas,  en especial a lo que hace referencia a las identidades de género:  casi siempre estereotipas, dicotomizadas entre la masculinidad hiperbólica de los protagonistas varones y la pasividad o perversidad de los personajes femeninos. El problema está en saber ( y en eso es lo que parece equivocarse el autor), sí una obra adquiere mayor valor o interés por haber sido escrita por una mujer e incluso sí rompe de verdad con  los esquemas simbólicos que el propio Hill denuncia.

En nuestro país tenemos uno de los más escandalosos ejemplos de cómo una autora  mala,plomiza y supuestamente de género negro, ha conseguido convertirse en la “vedette” de todos los recientes festivales y  llevarse todos los galardones literarios habido y por haber, sólo gracias a una cuestión de olfato comercial y su habilidad para crear un personaje que respondiese al ” Air du temps” imperante en la sociedad. Muchas lectoras e incluso algunas autoras, le toman, no sin cierta ingenuidad, por un referente de su causa : la definitiva y verdadera presencia de las mujeres en el Noir. Esto, sin que quede aclarado cuál ha sido la aportación exacta de la susodicha  en el replanteamiento del papel de la mujer en este género. Es terrible comprobar cómo, también en este caso, las oportunistas de turno hacen “caja” en base a las legitimas aspiraciones de cambio social y cultural por parte de muchas lectoras y y autoras.  Trazar el perfil  de una comisaria, inspectora o detective, sirve de bien poco si la trama resulta ser un bodrio y la autora no enmienda los dispositivos ideológicos más reaccionarios que puedan haber en la novela negrocriminal. En resumen : ¡¡puro Bluff!!

La polémica, insisto en ello, bastante inútil y contraproducente, vuelve a poner sobre el tapete la eterna cuestión de la tiranía que ejerce la mencionada “corrección política”, por añadidura,  la de la hipocresía que la rodea.  Quiero apuntar, casi para finalizar, que no me consta que las autoras que con tanto aspaviento se han formalizado  ante la decisión de los organizadores de la Semana Negra de Gijón 2016, se hayan caracterizado en su trayectoria personal  por su lucha feminista y a favor de la igualdad. No se puede, por lo tanto, exigir a terceros, lo que ni siquiera nos aplicamos a nosotros mismos. En ese sentido, no estaría mal que se dejasen de utilizar retórica ornamentales, cuando en realidad lo único que se oculta  son pataletas provocadas por sentimientos de agravio a los muy legítimos intereses comerciales o estrategias de visibilidad en el ya más que saturado mercado de la novela negra.

Obras excelentes de género negro e injustamente ninguneadas,  hay muchas y existen autores y autoras víctimas de ello a partes paritarias. Todo por ello por diversas circunstancias : las barreras infranqueables frente a la que se encuentran los pequeños sellos en términos de distribución y promoción, la falta de visibilidad, la ausencia de redes de apoyo o el hermetismo de las “camarillas” de turno, poco dispuestas a que nadie les quite hectáreas en su particular coto.

Considero muy loable que se ponga en cuestión la conocida falta de transparencia de los jurados y de los premios, el amiguismo, las arbitrariedades y falta de un criterio equitativo en el momento de otorgar un galardón o nominar los aspirantes al mismo.  Pero no estaría mal que quienes se prestan a tan virtuosa practica, no lo hiciesen sólo cuando afecta a sus intereses y amparándose de forma interesada en un tema, en este caso, la igualdad de género, frente al cual el universo de los lectores, críticos y bloggers tiende a mostrarse sensible. La polémica parece, por lo tanto, bastante postiza y florida ideológicamente, cuando en realidad no parece estar resultando otra cosa que la reacción histérica de “egos” heridos.

 

 

 

 

 

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