EL DEBATE “POST-NOIR”, EXPLICADO A JUAN RAMÓN BIEDMA, FERNANDO MARÍAS, SEBASTIÀ BENNASSAR Y OTROS…

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En una ocasión nos lo dijo  Jacques Derrida  en su seminario de filosofía de la cultura:  ” Las palabras son mágicas, pero también pueden ser terroríficas”. Era obvio que tenía razón.De ellas  a veces sólo nos quedamos con el significante y no indagamos en el significado, ( que es el que de verdad ejerce su fuerza en nuestro sistema cognitivo), prestamos atención al continente, pero nunca al contenido ( que es donde  están los sistemas de cosificación que determinan nuestro mecanismo de interpretación de la realidad). Cuando la palabra lleva prefijo, el tema adquiere todavía más complicación, porque también se crea confusión entre el precedente y el precedido. Me comentaba mi  admirado Juan Ramón Biedma, que tendría que aclarar qué entendía yo mismo,precisamente, por el término “Post-Noir”, después de haberlo utilizado de forma reiterativa y sin poner luz a  tan extraño término.

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El uso por mi parte de la expresión  tiene su particular genealogía, dado que estuvo en el origen de unos planteamientos lanzados por Empar Fernández y Anna María Villalonga en torno a la renovación del género negro. El trasfondo del debate que abrían las dos autoras giraba en torno a lo cánones del género negro “clásico”, sus configuraciones simbólicas, sistemas representacionales y estructuras narrativas, planteando  interrogante sobre hasta qué punto conservaban actualidad. La pregunta era pertinente sobre todo en la medida que las dos autoras se estaban refiriendo a a figuras como Dashiell Hammett, Raymond Chandler o Jim Thompson, entre otros, cuya producción narrativa daba testimonio de un contexto histórico bien concreto : la Norte-América del Post-Crack del 29, el crimen organizado, la corrupción policial  y una sociedad occidental asolada por la crisis del capitalismo y la amenaza de los fascismos. Sin olvidar otras particularidades simbólicas y representacionales que solo se tornaban inteligibles a partir de la realidad histórica norteamericana. La duda estaba en saber si las reglas narrativas de los mencionados autores clásicos merecían ser objeto de un culto sin matices a pesar de una sociedad cambiante o si las dimensiones  procedimentales que habían utilizado los “maestros” tenían algún sentido en un mundo cambiante como el nuestro.

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Empar Fernández 

La cuestión era, por lo tanto, no desvirtuar las intenciones que estaban en el espíritu de estos autores y de la tradición narrativa de la que se habían erigido en los padres fundadores, en última instancia, la crítica a la condición humana, la denuncia social y los orígenes y motivaciones del crimen, sino en darle un nuevo planteamiento  en una sociedad como la nuestra en la que, pese a las similitudes con la crisis social y económica de los años 30, expresaba de forma novedosa las formas de maldad humana. No hace falta recordar que las conductas “asociales”, delictivas o criminales son siempre el producto de realidades históricas, reguladas y controladas por los ordenamientos jurídicos, valores sociales y culturales del momento.  La sociedad de la información y el triunfo de las relaciones sociales “virtuales” han modificado las propias conductas y formas de interacción y las mismas formas de violencia han modificado su rostro.

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Anna Maria Villalonga 

A partir de ese constato y partiendo de los mencionados planteamientos lanzados por Fernández y Villalonga , propuse el término Post-Noir, para referirme a un tipo de novela y de trama que, sin perder de vista el espíritu original del “Noir”, supiese repensar muchas de sus categorías en el momento de configurar el imaginario funcional. En suma, que cuando hablamos del Post-Noir, no estamos hablando del fin del “Noir”, sino de la caducidad de algunas de sus reglas narrativas y articulaciones ficcionales. En ningún caso de su intención última, o sea, la crítica social, que objetivamente permanece más actual que nunca en un clima de segregación, pobreza, corrupción, crisis ética y moral y degradación del Espacio Público.La noción fue retomada por Anna Maria Villalonga y en principio, formalmente aceptada a Empar Fernández, que era la que en  realidad había abierto el debate a través de la noción de “Gris asfalto”.

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Pierre Lemaitre 

El término Post-Noir  no tiene nada de descabellado y creo que he dejado  bastante precisado a qué me estoy refiriendo. Es más, antes que yo o al mismo que yo, Pierre Lemaitre, en el reciente BCNegra 2016, lo utilizó para referirse a la actual situación del “Noir”. Ya se sabe que  los franceses son muy dados a los prefijos, por no mencionar que se pasan la vida debatiendo sobre qué era, qué es y qué será el Polar en el futuro. Por supuesto, aquí juega la legitimidad, no de “qué se dice”, sino de “quién lo dice”. Me explicaba una amiga, bien informada sobre esta cuestión del “Noir”, que Manchette había tardado años en cerrar las controversias sobre el término ” Néo-Polar” que él mismo había acuñado, sobre todo a raíz de las rivalidades que imperaban en el seno de la Serie Noir  de Gallimard  y de las hostilidades que generaba su propia figura. El término se consolidó, sobre todo a través de la linea editorial de la revista Polar,  pero no cabe duda que hubo un largo periplo y muchos entresijos antes de que fuese definitivamente aceptado y de que los propios y nuevos autores de los 80 que encabezaron Jonquet,  Daeninclsx, Fajardie, Pouy, Prudon, Vaudin o Villard retomasen la etiqueta como propia. Nadie dice que la empresa resulte fácil y por el momento, sólo se trata de una propuesta que yo hice y que teóricas y especialistas como Anna María Villalonga han optado por difundir. Claro está, detrás toda nominación tiene que haber un proceso de conceptualización que la sostenga y es precisamente el concepto que debe ser trabajado a través del mismo debate. En caso de no ser así, puede que la idea de Post-Noir se quede, como insinúa Juan Ramón Biedma, en una mera “ocurrencia”.

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Jean-Patrick Manchette 

Cierta autora me dijo un día de forma burlona,  “que estaba harta de tanto debate teórico sobre el género negro”. Implicarse en él no es obligatorio, pero zafarse de las inquietudes intelectuales ajenas retrata bastante al personaje. Lo sorprendente es que aquellos mismos que se quejan del ninguneo del que es objeto el género negro entre la teoría, crítica y hermenéutica literaria “académica”,( por aquello de que no es “verdadera literatura” o al menos, no es literatura “culta” que suscite grandes reflexiones y problemáticas ), les acaben dando la razón a éstos, no concibiendo el “Noir” como otra cosa que literatura de “entretenimiento”. Ese anti-intelectualismo, tan alegremente abanderado,no puede otra cosa que confinar el “Noir” al ámbito del análisis sociológico de la cultura de masas o en el mejor de los casos, a la historia de la “literatura popular”, dejándolo fuera de cualquier debate académico o teórico.  Acaso habría que recordar que el éxito y prestigio que adquirió el Néo-polar en Francia vino precedido de un debate teórico que se basó en un sesudo bagaje intelectual que bebía de la concepción gauchiste del compromiso literario.  En Francia, nadie excluye hoy al Néo-polar de las problemáticas académicas de la teoría, crítica y hermenéutica literaria y menos todavía del debate sobre literatura y compromiso político.Es más, el polar está siendo considerado como un instrumento imprescindible para la interpretación, comprensión y crítica de todos los males sociales, políticos y culturales que están asolando en estos momentos a la sociedad francesa.

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Frédèric Fajardie

Obviamente, no puedo otra cosa que suscribir la tesis de Sebastià Bennassar de que, antes de embarcarse en un debate sobre el “Post-Noir”, sería necesario poner en claro qué entendemos o qué debería entenderse, de partida, por género “Noir”. En un momento en el que impera la Gallina de los huevos de oro , donde todo tipo de novelas están siendo metidas en un mismo saco, sin que en realidad respondan ni de lejos a las mínimas reglas narrativas del género se entiende a la perfección de que haya muchos autores con nombres y apellidos poco interesados en que se vayan destapando pozos y mirando lo que hay dentro . No vaya a ser que demasiado intelectualismo les desmonte  el invento y arranque a sus obras una etiqueta de la que se han ido beneficiando comercialmente. Es en ese aspecto también que no puedo otra cosa que coincidir con las tesis defendidas por Fernando Marías en Bearn Black y según la cual lo que hay en realidad es un falso boom del “Noir” y un verdadero tsunami de oportunismos camuflados debajo de una etiqueta que parece que le está rentando al mundo editorial.

La noción de Post-Noir ha de ser aclarada y, a riesgo de repetirme, conceptualizada. Esa empresa solo puede pasar por la vía del debate. Sería de lamentar que ese misma discusión  sea objeto de “secuestro” por parte de algunos, cuando la reflexión sobre el Post-Noir está ofreciendo muchas posibilidades de nuevos horizontes narrativos y eso sin perder la original esencia y espíritu del “Noir”. Ahora que tanto se habla de “quiénes quedarán” y “cuáles pasarán a los confines del olvido” cuando finiquite el modismo, no me cabe duda que hay algunos y algunas que temen que la cosa se ponga demasiado sería, dejando al descubierto su propia mediocridad y farsa.

 

 

   

 

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