EL LUGAR DEL PASADO Y EL PRESENTE EN EL IMAGINARIO LITERARIO “NOIR” : CARTA DIALÓGICA A ANNA MARIA VILLALONGA,PACO GÓMEZ ESCRIBANO, LlUÍS BOSCH Y OTROS…

pasado

 

Esta semana reseñé en Bearn Black el último libro de Paco Gómez Escribano, ” Manguis”(2016), publicado por el sello vasco Erein y que aborda un periodo bien determinado de la historia política española, (el tardofranquismo) y un contexto social harto localizado e identificado, como es el de los ambientes marginales y delictivos del Madrid de la periferia, así como la realidad de un mundo policial pretérito atrapado entre el cambio y el inmovilismo,  la legalidad y la ilegalidad. Lo que  narrativamente es conocido como, Hardboiled. En el marco de esa misma reseña y de los pocos, pero interesantes comentarios que pude recibir, están los de Anna Maria Villalonga , la respuesta del  propio autor de la novela comentada, Paco Gómez Escribano y la aportación de Lluís Bosch. De ahí lo bienvenidos que son para mi los comentarios de los tres autores,de diferente perfil intelectual e inquietudes literarias, pero  por los que tengo equivalente respeto y simpatía Si bien, me gustaría abordar una cuestión fundamental que dominó la intervención de todos ellos :  la configuración espacio-temporal y el proceso de contextualización histórica dentro de la narrativa “ Noir”.

                Anna Maria Villalonga posteó su posición en torno a la presencia del pasado en el género Noir y esto desde una bien conocida y reivindicada mirada crítica sobre las corrientes del hardboiled y el tratamiento narrativo, en su opinión, excesivo, de la marginalidad social.Según Villalonga, los diversos periodos pretéritos de la historia social y política española después de la Guerra Civil, se revelan objeto de una sobresaturación y  obstaculiza una mayor mirada sobre el presente por parte del “Noir”. El argumento de Villalonga tiene su grado de pertinencia, pero también destila una cierta reserva en algunos aspectos. Vayamos en ese sentido, por partes.

En los 80 y 90 nuestro país conoció una avalancha de tradición narrativa y producción cinematográfica sobre la Guerra y la posguerra, por cierto, de una casi unánime calidad literaria y artística, pero que en cambio terminó siendo víctima de  su propio éxito, a causa de la   manía castiza que tenemos en nuestro país de tirar de la cuerda hasta los extremos cuando un tema se pone en vogue. Después de algunos años de silencio sobre el guerracivilismo dentro de la literatura literaria o de “expresión”, hemos comprobado que el tema fue parcialmente retomado por la novela de género. En el ámbito del “Noir” hemos visto cómo han sido abarcados  estos periodos históricos de forma renovada y menos panfletaria que la llamada literatura “culta”, sobre todo de la mano de autores como Víctor del Árbol, Juan Laborda, Felix Modroño, Juan Ramón Biedma, Carlos Erice o Edmundo Díaz Conde. Es difícil decir que  son autores que no hayan sabido tratar de cuestiones universales relacionados con la condición humana que reencontramos en el presente.

Durante mi reciente participación en el XII Congreso de Novela y Cine Negro de Salamanca, celebrado entre el 3 y 6 de mayo, reivindiqué a través de una ponencia, justamente sobre Víctor del Árbol, la híbridad entre el género negro y el género histórico. Mi argumento esencial era que lo “histórico” podía ayudar al “Noir”, no solo a reafirmar su originaria vocación social, sino a ampliar el horizonte de la crítica al proceso civilizatorio. Autores como el propio Víctor del Árbol o Felix Modroño, han articulado estructuras narrativas basadas en la combinación de diversos periodos, en el que el presente se torna huérfano de inteligibilidad sin la propia proyección del pasado. Lo que se aplica al ámbito individual, se hace extensible al colectivo.    Con lo dicho, la cuestión fundamental, no está tanto en si debemos relegar el pasado como objeto de configuración contextual dentro de la narrativa “Noir”, sino si somos capaces de renovar nuestras miradas sobre él. En un país como el nuestro, en el que tenemos una relación tan complicada con la “Memoria Histórica” y en el que determinados  y sospechosos sectores ideológicos pretenden hundirnos en la amnesia colectiva sobre la catástrofe histórica que fue la experiencia del franquismo,  renunciar al pasado como instrumento de tratamiento narrativo es poco menos que un suicidio.

La propia Transición exige una nueva mirada, sobre todo teniendo en cuenta las claudicaciones a las que llevó y el mal intencionado objetivo de algunas corrientes de la clase política en convertir la virtud pública del “consenso” en un instrumento ideológico contra cualquier cambio social.  De ahí la originalidad de obras como las de Elena Torres Girbau, que tuvo a bien de recordarnos las muchas arbitrariedades y mentiras que caracterizaron el inmediato post-franquismo, combinando presente y pasado en la estructura narrativa de su obra. La joven Mireia Llinars, desde un también original híbrido narrativo entre género negro, histórico y fantástico, ha sabido  brindarnos una excelente crítica  contra  las injusticias  y esto desde un enfoque que partía del presente.

A pesar de las reservas que pueda suscitarme el hardboiled y que ya he tenido ocasión de exponer en otros momentos y contextos, sigo insistiendo en que el gran mérito de la obra de Paco Gómez Escribano estriba en recordarnos un periodo determinado de la dictadura franquista, pero sobre todo también, la perpetuidad histórica de ciertas formas de exclusión y marginalidad que, ciertamente, hoy se manifiestan bajo nuevos rostros, pero que nos interpelan sobre un progreso de la sociedad que sigue dejando a la cuneta a muchos individuos. Su denuncia, es uno de los objetivos del “Noir”.

Lluís Bosch, apoyándose en una tesis de James Ellroy se muestra crítico respecto al excesivo tratamiento del presente en la novela negra y que según él, impide  tener una perspectiva más allá de la crónica. Es cierto que la inmediatez del acontecimiento y las visceralidades que pueda suscitar, desvirtualiza una eventual mirada crítica sobre él. La distancia sereniza los espíritus y ayuda a situar los hechos en su justo contexto histórico. Queda por saber qué pensaremos y cómo miraremos este periodo infernal nuestro de la crisis de lo político, la degradación de las instituciones, la desestructuración social y el capitalismo salvaje, por ejemplo, dentro de cincuenta años.  Con esto no quiero decir que los autores no sean capaces de tener una mirada crítica sobre el presente, pero es obvio que no son mayoritarios, al menos en España. Y de ahí el debate sobre si algunas novelas tienen una verdadera vocación “Noir” cuando en realidad se limitan a ser meras ideologías policiales que esquivan cualquier crítica social en nombre de la “buena literatura de entretenimiento”. Acaso habría que recordar que cuando hablamos de novelas de “actualidad”, el término ya resulta sospechoso por lo hueco que se revela.

Los tres argumentos desplegados por los autores reseñados gozan de su fuerza y debilidad a la vez. Mi tesis fundamental, sin embargo, es que no hay pasado que no tenga consecuencias en el presente, ni presente que no encuentre inteligibilidad en el propio pasado. De ahí mi reivindicación de la combinación de los periodos históricos y cronológicos, porque es a través de esa noria en el que el ayer y el hoy se van turnando alternativamente, que pueden comprenderse muchas conductas humanas y realidades sociales. Lo de verdad relevante, es que las estructuras narrativas sean capaces de tener una actitud denunciante sobre el uno como sobre el otro y por lo tanto, sobre el conjunto del proceso civilizatorio en su evolución histórica.

 

 

 

 

 

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Archivado bajo Luces y sombras del género negro, Sin categoría

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