SOBRE “AFINIDADES ELECTIVAS”Y “CAMARILLAS”: UNA CARTA ABIERTA A SUSANA HERNÁNDEZ

MagritteAfinidades

 

Resulta que justo ayer, en conversación con alguien vinculado al mundillo “Noir”, sale a colación el tema de las rivalidades y desencuentros personales que surgen a veces entre escritores y esto debido al peso que suelen ejercer las “camarillas”. Le indico que parece que soy el único en atreverse a denunciarlo. Mi interlocutor me dice entonces : ¡¡No eres el único, mira el post que ha colgado Susana Hernández en su muro!!”  

Me llama en efecto la curiosidad y compruebo  la existencia de un breve párrafo en el que la creadora de la Subinspector Rebeca Santana apela contra el “pelotilleo”, el mamoneo y las “camarillas”. A decir verdad, el post de la escritora me sorprende, dado que no es habitual en ella  lanzar exabruptos. Todos sabemos, en cualquier caso, que esa clase de manifestaciones en las redes sociales en general y en los muros de Facebook en particular, son siempre el producto de estados anímicos determinados y efímeros, que nos llevan a expresar nuestros sentimientos frente a situaciones indignantes. Ignoro las razones de Susana Hernández, pero doy por hecho que deben ser de suficiente peso como para haber derivado en una manifestación de ese tipo y con tanta convicción. Observado el sistema de funcionamiento del “mundillo”, es muy posible que la postura de la  escritora tenga pertinencia e incluso relativice mi soledad en lo que siempre he denunciado.

Sin embargo, su escueto pero muy elocuente post merece alguna reflexión suplementaria. Tengo que decir que no es que esté en contra de la formación de los “grupos”. Existen en todos los ámbitos de la vida colectiva, política, social, cultural, económica, empresarial, deportiva… La agrupación es inherente a la interacción social y al proceso de individualización y de la libre elección de proyectos personales. Siempre buscamos nuestro “grupo de iguales” porque en él encontramos la respuesta a nuestra propia subjetividad y expectativas en nuestro relación con terceros. Es lo que solemos denominar, grupos de “Afinidad Electiva”. Forma de interacción social que hay que distinguir del singular y curioso fenómeno de la “camarilla”  que es lo que parece estar en el origen del enojado post de la escritora.

Estimada Susana Hernández , sí te soy franco, creo que siempre me ha gustado distinguir esas dos y mencionadas categorías que, a contracorriente de lo que se suele pensar, no son equivalentes. Creo, en efecto, que hay legítimos grupos de “Afinidad electiva”:  o sea, una serie de personas vinculadas entre sí por relaciones de “afinidad” ( valga la redundancia) intelectual . A decir verdad, siempre me ha gustado este tipo de agrupación. En las jerga de las ciencias sociales, de la sociología de la cultura  y de la propia historia  cultural, se le suele llamar también ,”corrientes” intelectuales.

En mi época de activista y teórico en sociología del género y de la sexualidad, mantuve una profunda relación intelectual con dos de los grandes teóricos LGTB en este país : el sociólogo Oscar Guasch , el gran pionero sobre la cuestión gay que se hizo famoso con su ensayo ” La sociedad rosa” ( Anagrama, 1992 ,) y la antropóloga  Olga Viñuales, la primera en España en publicar un ensayo sobre la identidad lésbica,  Identidades lesbianas,(Ed.Bellaterra,1998) . Ambos fueron los artífices en Cataluña y en España de una amplia producción teórica en sociología y antropología del género y la sexualidad.  Nos unía un tronco académico :  el pensamiento de los post-estructuralistas franceses, empezando por Foucault y Derrida. Dentro del debate LGTB, se nos identificaba a los tres como los “constructivistas”.  Participamos en muchos actos y debates, incluso Guasch prologó uno de mis libros ” Minorías Sexuales y Sociología de la diferencia”(Montesinos,2008)  mientras Viñuales presentó otro de ellos, ” Sujetos de un contra-discurso”( Ed. Bellaterra, 2011). Me gusta poco hacerme publicidad de estas dos obras,  dado que de volver hacia atrás jamás las habría escrito.  Nos llamaban el “Eje catalán”, ( aunque otros nos llamaban los “franceses” porque hacíamos una lectura directa de Foucault y Derrida). Enfrente nuestra, estaban los de Madrid, que eran los teóricos queer Javier Saéz, Ricardo Llamas, Paco Vidarte o Beatriz Preciado, a los que nosotros llamábamos los “americanos” y que leían a los post-estructuralistas a través de Judith Butler. Nuestras controversias no fueron pocas, pero jamás fuimos, ni por un lado, ni por el otro, “camarillas”, sino, efectivamente, grupos de “Afinidad Electiva”, en suma, corrientes intelectuales dentro de la producción LGTB y queer.

Te cuento esto haciéndome  cargo de que nunca fuiste una activista LGTB,  pero me parece un buen ejemplo y experiencia personal para lo que quiero argumentar. Por aquel entonces,  todos pensaban que Guasch, Viñuales y un servidor eramos  “amigos inseparables”, dado que hacíamos función de “trío calavera” respecto a cualquier debate que surgiese en el mundillo LGTB.   La verdad es que de “amigos”, nada. A lo sumo y siendo muy generoso, nuestra relación personal se reducía al estatuto de “saludados” y “semi-conocidos”. Jamás fuimos a cenar juntos, ni participamos  en reuniones  que no viniesen justificados por motivos académicos, ni nos contamos nuestras alegrías o penas, ni supimos nunca dónde vivíamos cada uno.  Pero en cambio siempre nos profesamos un gran respeto intelectual y se lo profesamos a nuestros compañeros de Madrid y eso muy a pesar de nuestras peleas.  Eramos , en  efecto,un grupo simplemente de “Afinidad electiva” que se fue disolviendo a medida que nuestras inquietudes intelectuales mutaban y abandonábamos definitivamente el debate LGTB y queer en beneficio de otros caminos. El mío fue el del “Noir” y la literatura.

Evidentemente, la “camarilla”( ya para ir al fondo del asunto) es algo muy diferente a lo que te acabo de describir. De las “camarillas” nunca se forma parte en función a “Afinidades Electivas” intelectuales o literarias, sino a la capacidad y posibilidad de sentarte en una terraza con fulanos y menganos y ganarte su simpatía y favor. De ellas dependerá después, de que participes en un coloquio, de que te inviten a un Festival o de que reseñen en una revista o en un blog, sin que la calidad literaria sea un criterio obligatorio. Sí me permites la reflexión sobre mi propia experiencia en el ” Noir”, me he encontrado con escritores a los que reseñé desde la más profunda sinceridad y rigor intelectual y sin que me hayan jamás brindado ni el saludo. La fuente de mi desconcierto no era tanto su desprecio, si no el hecho de que se fundiesen en agradecimientos y elogios a gestores de web  y blogs sin el más mínimo conocimiento en teoría, crítica o hermenéutica literaria, autores de reseñas superficiales y “pelotilleras” ,como tú dices. Por supuesto, reunían un  mérito esencial del que yo carecía : formar parte, en efecto, de su “camarilla”.

Al hilo del asunto, no hay nada que más me descomponga que ver a ciertos autores de novelilla de mercadillo, intelectualmente de baja estofa y prosa insufrible, necesitados de la muleta de correctores de estilo a tiempo completo y que,  sin embargo, brillan en todas las esquinas por el solo hecho de ser aupados por determinadas “estrellas” del Noir : que para más cinismo se atribuyen el derecho de dar lecciones a los demás y eso sin reparar en la mediocridad de sus mentados. Desconcierta saber que estas “estrellas”, repito, tan implacables respecto a las exigencia de excelencia literaria, no apliquen el cuento a los miembros de su “tribu”. Con esto quiero decirte que yo también comparto tu desconcierto, más todavía cuando, siendo servidor un persona procedente del ámbito de las ciencias sociales, siempre he tenido en alta consideración la calidad intelectual por encima de cualquier otro criterio y por supuesto, de las simpatías o antipatías personales.  Vista las características de nuestro país, donde la autocensura, la falta de debate y de sentido crítico, así como los egocentrismos más o menos enfermizos se han tornado virtud, es posible que el fenómeno “camarillero” , es decir, el culto a “gurús” y “Jefes de secta”, se prolongue en el tiempo mucho más de lo deseable.

Yo no sé si has formado parte o no de alguna.  Pero si espero que no hayas confundido, en efecto, la “camarilla”( que solo depende de las habilidades sociales en el arte del “pelotilleo”) con el grupo de ” Afinidad Electiva” ( que está sujeta a tu capacidad de hacerte valer como escritora y compartir vínculos intelectuales y literarios sólido con el grupo).   Si no eres capaz de discernir esas dos categorías y sobre todo, no confundirlas, o sea la del “amiguismo” de terraza cervera y la de la honestidad intelectual y la equidad, la frustración siempre terminará por asomarse en el horizonte.

 

 

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Archivado bajo Luces y sombras del género negro, Sin categoría

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