DEL REALISMO POÉTICO A LA “NOUVELLE VAGUE” : UN RECORRIDO POR EL FILM “NOIR” FRANCÉS

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La revista de cine “Dirigido por…” acaba de dedicar un interesante y erudito dossier en tres entregas sobre el cine negro y policíaco francés y esto a través de sus números de los meses de abril, mayo y junio de este año. Un trabajo coordinado por Quim Casas y con la presencia y colaboración de una amplia gama de críticos de cine, especialistas en teoría fílmica, historiadores del Séptimo Arte y periodistas culturales, que han destilado un análisis exhaustivo de este género en el celuloide galo. Un documento con una fuerte carga pedagógica para los más amateurs, pero que no por ello ha faltado de rigor. El dossier es además una buena guía para viajar por las filmotecas al rescate de muchas de las grandes obras del cine francés y desde luego, una buena muleta para los “aprendices” en este mundo del “Noir”, entre los que se incluye un servidor.

Los orígenes del “Noir” francés guarda sus particularidades y el propio ámbito cinematográfico supo reflejar esa siempre enarbolada “Exception Française” frente a las corrientes que dominaron en el universo anglosajón. El relato criminal galo hunde en efecto sus raíces en figuras como Eugene-François Vidocq, un antiguo delincuente que llegó a ser Director de Seguridad Nacional en el país vecino y que se hizo famoso por obras como “Les vrais mystère de París” y en el que, según se dice, encontró inspiración el propio Poe ,sobre todo a través del personaje de Dupin. Sí bien, la estricta noción de “Film Noir”, por retomar el tema central del dossier coordinado por Quím Casas, no tomará forma hasta ya bien consolidado el cine francés sonoro a mediados de los años 40. En efecto, la apelación fue acuñada por el crítico Nino Franck en la revista ” L’Écran Français”, una publicación de urdimbre ideológica marxista que se editó en la clandestinidad en pleno periodo de la Ocupación nazi en Francia. Hasta entonces no se había hablado de Film Noir en el sentido estricto y esto a pesar de que ya existían directores que se insertaban de pleno en su espíritu como, por ejemplo, Pierre Chenal, con su adaptación cinematográfica de Crimen y castigo (1932)   Jean Renoir, con obras como La bête humaine;(1938),que fue uno de los primeros en llevar al cine al famoso Comisario Maigret  de Simenon; Julien Duvivier, con obras como Pepé le Moko (1937)  o Marcel Carné con producciones del estilo Hotel du Nord (1938).

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Escena de ” La nuit du carrefour” de Jean Renoir 

La creación cinematográfica anterior a la Segunda Guerra Mundial se vio vinculada a lo que estaba convenido de denominar de “realismo poético”  y aunque se adentró en los pasillos más oscuros de la sociedad francesa, en especial en los bajos fondos de la capital gala,todavía albergó una marca identitaria propiamente europea que se diferenciaba del cine harboiled norteamericano de los años dorados de Hollywood. De ahí que, lo que históricamente se entiende hoy por Film Noir, tenga que ser situado en el estricto periodo de la posguerra y la Liberación y en base a las coordenadas políticas y sociales que dominaron Francia a partir de 1945.  Esto en el contexto de la IV República y la definitiva liquidación del Régimen de Vichy y los últimos vestigios de la tradición anti-dreyfusarde, legitimista y contra-revolucionionaria del siglo XIX. El contrato social que se dio el país vecino tras la Segunda Guerra Mundial, en términos generales articulado en torno al mito de los valores republicanos  y al carro de un Estado voluntarista y movilizador que aseguró treinta años de crecimiento económico sin precedentes históricos, nunca pudo ocultar los subsuelos de una Francia herida y humillada por la Ocupación nazi. Los propios mitos de la Resistencia, sintetizada en una figura popular y cesarista como la del General de Gaulle, no erradicó las rencillas, el odio y la sed de venganza entre muchos individuos, así como su voluntad de ajustar cuentas con los “Colaboranistas”. La proliferación de crímenes  no resueltos en los años inmediatamente posteriores a la Liberación y esto a veces  con la complicidad de unas autoridades que miraban de forma deliberada hacia otro lado, es un interesante tema de investigación histórica sobre la Francia negra.  El mito del ciudadano ejemplar y virtuoso, fiel a los ideales de la República y los principios de una comunidad política basada en la igual dignidad de todos los miembros de la sociedad   en base a unas reglas esenciales de convivencia y tolerancia, contrastó con la realidad de una bajeza y maldad humana del que el Film Noir se terminó haciendo eco a lo largo de toda la década de los 50 y parte de los 60.

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El director de cine, Julien Duvivier 

Por supuesto, no faltaron controversias sobre cuestiones conceptuales, ( y que hoy persisten y se han hecho extensivas a nuestro país) dado que la noción de Film Noir siempre tendió a partir del agravio comparativo con los grandes clásicos norteamericanos. Una polémica que estuvo en el origen de la comentada obra de Raymond Borde y Etienne Chaumeton y de la que se hace eco el dossier de la revista “Dirigido por…”.  En efecto, los dos autores se esforzaron en distinguir entre el hardboiled en el sentido estricto y las obras francesas, que vincularon, en el mejor de los casos, el cine anterior a la Segunda Guerra Mundial de Renoir o Chenal a un simple realismo negro. En ese sentido, no faltó en Francia un cierto complejo de inferioridad frene a lo “norteamericano” e incluso literatos como Leo Malet, Louis Chavance o el mismísimo Boris Vian  publicaron con seudónimos de fonética anglosajona.  La creación de la Serie Noir en Gallimard y el famoso “Manifeste” de Marcel Duhamel, así como la propia y progresiva decadencia del cine negro norteamericano a finales de los años 40,  empezaron  a determinar la marca identitaria del cine negro francés y las propias particularidades y singularidades por las que se hará conocer a lo largo de los años.

Jean Renoir

Jean Renoir

A lo largo de los años 50 el cine francés siguió sin embargo desgarrado entre su mirada hacia los clásicos norteamericanos y la voluntad de afirmar esa mencionada identidad propia. Directores como Henri Langlois, Georges Franju o Jean Mitry, siguieron fieles a los maestros  trasatlántico  y recuperaron  las grandes producciones americanas mediante adaptaciones más o menos logradas. Sin embargo, a mediados de esa misma década, Claude Chabrol ya anuncia en Cahiers du cinéma, el definitivo fin del cine negro norteamericano. El Film Noir empieza a distinguirse con directores como Jean Sacha, que hace una adaptación cinematográfica de la famosa obra de Peter Cheney, This man is dangerous” con actores emblemáticos como Eddie Constantine, en el papel del espía Lemmy Caution y que destronará en Francia a los viejos héroes norteamericanos tipo Humphrey Bogard. Sin embargo, la figura que de verdad va a marcar un hito y asentar de forma definitiva la identidad del “Noir” francés será un actor entrañable y carismático, que se va a convertir en un punto referencial para toda una generación de franceses, sobre todo a raíz de su faceta profundamente humana : Jean Gabin en su papel del comisario Maigret. 

Clouzot

Henri-Georges Clouzot

 

Por aquel entonces Georges Simenon ya se había convertido en todo un fenómeno de la literatura popular a través de una obra muy voluminosa y del que habían hecho eco varios cineastas antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial y esto con grado variado de fortuna.Cabe señalar a ese respecto ” La nuit du carrefour” (1932) de Jean Renoir ; ” Le chien jaune” de Jean Tarride o “La tête d’un homme” (1933) de Julien Duvivier. Sin embargo, Jean Gabin aporta la definitiva “humanización” del personaje de Simenon, y esto siempre dentro del complicado contexto político y social galo y la no menos problemática relación de nuestros vecinos con el pasado. Acaso habría que recordar que el fantasma del Régimen de Vichy y la existencia de una policía que había colaborado por activa y pasiva  con la Gestapo en el arresto y deportación de los judíos franceses a los campos de la muerte, generó un cierto sentimiento de deshonra, sobre todo en un país en el que el respeto por  las instituciones como pilares de la integración y conciencia nacional se revelaba fundamentales. Miembro de la Resistencia y soldado de la División Leclerc, Jean Gabin no se limitó a encarnar a un determinado personaje, sino que contribuyó a que la policía recuperase una cierta honorabilidad y respetabilidad dentro de la psicología colectiva y esto sobre todo gracias a las producciones de  Jean Delannoy o Gilles Grangier. 

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Las diabólicas 

El Film Noir terminó de afirmar su identidad con producciones como Touchez pas au grisbi(1953) de Jacques Becker, “Rififi” (1954) de Jules Dassin  o Razzia sur le schnouf (1955) de Henri Decoin. Pero los que realmente van a marcar el paso serán Henri-Georges Clouzot con ” Las  diabólicas”, la adaptación  cinematográfica de la novela de Boileau y Narcejac, así como  Jean-Pierre Melville con producciones como ” Le doulos” (1962) o ” Le samurai”(1967). Influido por el Nouveau Roman , Melville también fue un cineasta que perteneció a una generación marcada por la Guerra de Argelia y que se centró en los problemas filosóficos y existenciales, así como en la soledad del hombre frente a un mundo hostil. No hay que olvidar tampoco las aportaciones de Louis Malle, con “Ascenseur pour l’échafaud” (1957), con la magnética Jeanne Moreau  y que supuso una profunda crítica frente a la hipocresía de las clases medias francesas.Moreau fue realmente una especie de “Lauren Bacall” del cine francés, aunque su auténtico encanto estuvo en esa mezcla de femme fatale en el sentido más estricto y de mujer solitaria y depresiva.

Jean-Pierre Melville

Jean-Pierre Melville

Los años 60 trajeron una verdadera era dorada del Film Noir sobre todo gracias a cineastas como Henri Verneuil, Claude Sautet  y guionistas como José Giovanni. Verneuil alcanzó su más alto nivel de reconocimiento con “Le clan des siciliens” (1969), con el veterano Jean Gabin, el duro Lino Ventura y el nuevo sex-symbol de la época, el incombustible Alain Delon. Sautet alcanzará su gran éxito con “Max y los chatarreros”, con la joven y explosiva Romy Schneider y otras obras que también marcaron toda una época, como ” A todo riesgo”(1959)  La década de los 60 también fue la época gloria de estrellas como Michel Constantin, un actor con cara de acero, feo y ademanes duros que le convirtieron en uno de los grandes iconos del gansterismo cinematográfico galo; Jean-Paul Belmondo, que simbolizó el anti-héroe y como no, el emblemático Yves Montand que encarnó, junto a su mujer, Simone Signoret, a una de las grandes  y más significadas figuras políticas del cine francés, convirtiéndose la pareja en el celuloide lo que Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir en el pensamiento y la literatura.

Le clan des siciliens

Los acontecimientos del Mayo del 68 marcaron una nueva inflexión dentro del cine francés, sobre todo con el advenimiento de la “Nouvelle Vague” que simbolizaron François Truffaut, Bertrand Tavernier, Jean Luc Godard o Claude Chabrol. Es coincidiendo con los acontecimientos de Mayo del 68 que Truffaut  estreno una de las películas que marcarían a jamás la historia del celuloide en Francia, La mariée était en noir (1968), una historia de resentimiento, rencor y ajuste de cuentas protagonizada por la siempre esplendida Jeanne Moreau Durante los años setenta se empezaron a denunciar las falacias y el optimismo de las tres décadas de crecimiento económico y la existencia de una Francia real, donde la delincuencia y la marginación contrastaban con ese mundo feliz de la V República. Actores como Michel Picoli o Jean-Louis Traintigant encarnan de hecho un cine negro francés que puso sobre el tapete una formidable crítica cultural de la Francia de la época. Picolí fue uno de los actores más transgresores de los años 70, metido en un papel y una estética de ser asqueroso y repugnante, baboso, sexualmente “salido” y sin ningún escrúpulo, que rompía muchos de los moldes en torno al viejo y educado galán francés. Más joven, Tritignant se forjó reputación de actor quizás algo más intelectual, sobre todo con su gran éxito cinematográfico  “ Un homme et une femme”,(1966) de Claude Lelouch  un film que marcó toda una época y generación, por el amalgama de soledad, nostalgia, deseo y erotismo que albergaba.

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François Truffaut

La ” Nouvelle Vague” bebió en gran parte de la enorme influencia que terminó ejerciendo la corriente del Neo-polar que encabezada Jean-Patrick Manchette y las corrientes gauchistes crecidas a la luz del Post-Mayo del 68.  Jean-Luc Godard marcó un hito con Made in USA (1966). Es un cine que no sólo denuncia la opacidad de la sociedad francesa, la crisis de las instituciones y el lado oscuro del ser humano, sino también las profundas decepciones políticas. Un ejemplo de ello fue ” Nada” (1974)de Claude Chabrol, una adaptación de la novela de Manchette, que habla del definitivo fracaso del gauchisme y su deriva en el terrorismo. Chabrol marcó un hito con “Al anochecer”(1971), basado en la novela de Edward Atiyah, que abordó sobre todo la cuestión de la culpa y ello al carro de la magistral interpretación de Michel Bouquet , un actor que se hizo famoso por su aspecto misterioso, amargado y algo escalofriante, que le sirvió sin embargo como potencial  para interpretar siempre a personajes grises, desgarrados  y ruines. La cuestión de la venganza también estuvo presente en su producción, sobre todo a través de “Accidente sin huella” (1969) y  la adaptación cinematográfica de la novela de Nicholas Blake , ” La bestia debe morir” (1971) También se tratará de la recuperación de algunos de los autores malditos  norteamericanos, como por ejemplo, Jimmy Thompson, David Goodis o Cornell Woodrich. Bertrand Tavernier adaptará precisamente la famosa novela de Thompson, 1275 almas , bajo el título Coup de torchon (1981) y en el que el aspecto bonachón de Philippe Noiret oculta en realidad el lado inmoral de los individuos.La “Nouvelle vague” marcó así una nueva etapa dentro del cine negro francés, generalmente con vocación “culta” y afán de crítica social y cultural, pero que irá también reflejando el declive del cine francés en general y del Film Noir en particular. Los últimos éxitos vinieron de la mano de directores como Jacques Deray, con Flic Story, (1975), que enlazó con la tradición del thriller norteamericano y en el mismo estilo, Alain Corneau, con Policía Python (1976). Sin embargo, los 80 marcaron el principio del final, con el definitivo triunfo de las superproducciones norteamericanas.

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Escena de “Al anochecer” 

Este recorrido, obligatoriamente telegráfico y sesgado para un foro como el que gestiona un servidor, desea interpelar, no solo sobre la magnifica monografía de la revista Dirigido por…  y que nos ha brindado Quim Casas, sino también sobre el lado extraordinariamente productivo del cine negro francés y su indiscutible vocación de crítica social y política a una sociedad como la gala, siempre asentada sobre una serie de mitos en torno a sus valores universales. Una sociedad, claro está, con una inherente tendencia a mirarse el ombligo e ignorar sus propias miserias y pasillos oscuros.

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