TERTULIA CERVECERA DELANTE DE “WALLANDER”: ALGUNOS APUNTES SOBRE UNA SERIE TELEVISIVA

 

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Resulta que este domingo, después de entrar en casa acompañado de  dos de mis amigos del alma con los que suelo compartir tertulia cervecera, abrir unas medianas y  poner cuatro cosas para picar, se nos ocurre encender la televisión. Nos encontramos  con el odioso personaje de Poirot y las cansinas y repetitivas tramas de siempre y que mis amigos recordaban haber visto cincuenta mil veces.  ¡ A tomar viento!  Acepté sus protestas y cambié de cadena. Siempre llego a la misma conclusión :la gran dama de la novela  “enigma” demostró cómo se podían forjar rebuscadas  y enredosas historias, capaces de tener entretenido al lector e incluso de someterle a la gimnasia intelectual del deductivismo, despistándole  en cambio respecto a lo esencial : el lado profundamente reaccionario de la obra de Agatha Christie, la cual, nos guste reconocerlo o no, nunca dejó de ser una de las más descaradas exaltaciones de la arcaica sociedad británica de los años 30.

Después de un buen rato zapeando, caigo sin querer en TV2, cadena que nunca miro desde que el ente público se convirtió en una vertiente post-moderna del No-Do franquista. Sorpresa la mía.Me encuentro con un curioso personaje : un hombre canoso, pasados los cincuenta,  provisto de un cierto atractivo,  pero con rostro amargado y ademanes de tío hecho polvo : “¡Wallander!”,el famoso personaje Mankell encarnado por Kenneth Branagh. Un artista masculino en mi opinión poco visible, pero de un terrible magnetismo. Mis amigos me piden explicaciones sobre el porqué de mi elección, sugiriéndome que siguiese rastreando. Claro está, argumento mi elección, invitándoles a seguir atentamente la serie. Les explico además que  está en su cuarta temporada y que se inició en el 2008, sobre todo a raíz del enorme éxito cosechado por su creador, el famoso autor sueco de género negro fallecido el año pasado. Mis amigos  conocen a Mankell de nombre, sí. Han visto sus obras en las librerías, publicadas por Tusquets., pero reconocen que no le han leído. Les explico que la serie fue nominada a muchos premios y que Kenneth Branagh  recibió incluso el premio BAFTA. Y después les expongo alguna pincelada didáctica sobre Mankell, explicándoles  que había sido autor teatral y  se había hecho muy famoso precisamente gracias a su personaje. También les recuerdo algún detalle, como que es era el yerno de Irgmar Bergman.

A continuación me acabo de enredar en argumentos, precisándoles  también que es uno de los principales representantes de la corriente “nórdica” del género negro y que su obra tuvo el mérito de poner sobre el tapete algunos aspectos oscuros de la sociedad sueca. Incluso les recuerdo que, en una entrevista anterior a su muerte, Henning Mankell nos precisaba que la utopía de los países nórdicos era mucho más un imaginario de la Europa del sur, que un reflejo exacto de la sociedad sueca. Profesionales de una enseñanza pública abandonada a su suerte,  me matizan con ironía que  ya  quisiera ellos que tuviésemos un modelo educativo “a la sueca”, por muchos avatares que existiesen en las sociedades nórdicas. El propio Mankell lo reconoció durante una entrevista poco antes de su muerte : Suecia era una de las sociedades más decentes a las que podíamos aspirar.

Retomamos la conversación sobre la serie y  añado que, aunque  fue producida por una cadena británica, la BBC one,y emitida en  inglés, las ambientaciones son en Suecia, más en concreto en las pequeña localidad de Ystad. En fin, todo un repertorio de ideas al vuelo, solo para convencer a mis amigos que debíamos permanecer allí, en el No-Do post-moderno de TV2. Una serie como  ” Wallander” bien valía detenerse en una cadena televisiva caída en manos de la caverna.

Ya había recorrido algunos comentarios en España sobre la serie de producción británica. En términos generales, positivos. Hay unanimidad sobre la fidelidad del director de la serie, Philip Martin, a las intenciones originales de Mankell. Martin no distorsiona las tramas, aunque añade algunos “guisados” personales sujetos a las necesidades audiovisuales que no siempre conservan correspondencia en la producción literaria del autor sueco. A ello hay que añadir la fidelidad a los aspectos estéticos, en especial paisajísticos de la novela, gracias sobre todo a un magnifico director de fotografía como Antony Dod Mantle.  Bien que existen elementos ligeramente plomizos que contrastan con la ligereza de la obra literaria, se puede decir que la serie está harto lograda y ha cosechado un merecido éxito de público.        

,                   Mis amigos ponían semblante de aburrimiento. No sé si por la serie o por lo que les estaba explicando en torno a la misma y su fuente literaria de inspiración o, si acaso, por las dos cosas a la vez.  “¡ Me parece  un rollo!”, me dijo uno de ellos. Al pedirle explicación sobre tan abrupto y sorprendente juicio de valor, ( sobre todo viniendo de un hombre de “conocimientos”  y espíritu ilustrado), accedió a argumentar semejante sentencia : “Son personajes grises, atormentados, amargados. Agobia. No me gusta, ni estoy de humor para cosas tan trascendentales”, se explicó. Dijo sentir  afición por los personajes más potentes, activos  y dinámicos. ” ¿Wallander no es un personaje potente?, repliqué, desconcertado. “A mi me gustan esos  personajes  que entretienen,  no aquellos que terminas tú también haciéndote mala sangre.”, afinó. ” La ambientación es sombría, pero la banda sonora es bonita”, apuntó el otro amigo. Al menos reconocían eso.

Aquella conversación entre cervezas, chips y pistachos me confirmaban uno de los mitos que mucha gente tiene interiorizado : el carácter de la novela negrocriminal como mero producto literario de entretenimiento y la tendencia a olvidar la aportación que también han hecho a la comprensión de la condición humana y sus contradicciones, así como a la denuncia  de la realidad social y a la propia crítica cultural de nuestro proceso civilizatorio. Al hilo del asunto, leí recientemente un artículo de la gran dama del punk, Patti Smith, en el que recordaba su amistad con Henning Mankell, apuntando que, para ella, su amigo había sido un autor capaz de denunciar las miserias, la deshumanización y la crisis moral de nuestra actual sociedad.

Al despedirnos,  me dí cuenta de lo mucho que me separaba de mis contertulios respecto a nuestra mirada sobre la producción cinematográfica y literaria en torno al universo negrocriminal.Me gusta ” Wallander”  porque si algo me atrae, son los anti-héroes, los personajes grises, repletos de pasillos oscuros e inmersos en sus dudas y desgarros internos. Y creo que es eso lo que torna tan magnético el personaje creado por Mankell y que en realidad, no fue otra cosa que su alter ego.  Por supuesto, había renunciado a convencer a mis amigos de las virtudes del personaje de Kurt Wallander, aunque no a las cuatro cervezas que terminamos tomándonos cada uno.  Estaban demasiado acostumbrados a personajes “planos”, guapos, triunfadores, orgullosos e “inquebrantables”. A mi, en cambio, me fascinan los perdedores y si no lo son en el sentido estricto, los personajes que encarnen la realidad de la vida. Es decir, las luces y sombras de nuestra existencia y el carácter siempre agridulce de las experiencias vitales.Creo que Wallander lo sintetiza de manera magnifica.

 

 

 

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Archivado bajo Luces y sombras del género negro, Sin categoría

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