HONORABLE PRESENTE, TENEBROSO PASADO : UNA CARTA ABIERTA A LORENZO SILVA SOBRE LA GUARDIA CIVIL

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Abro facebook y uno de los primeros muros con los que me encuentro es con el de Claudio Cerdán, donde figura una extensa, completa e interesante entrevista del autor con Lorenzo Silva en la revista digital Zenda y esto con motivo de la celebración del festival Getafe Negro. Entre los muchos temas que son abordados en la entrevista está, como no podía ser menos, el personaje de Rubén Bevilacquia y  la cuestión de la Guardia Civil como institución histórica y actual.

Debo reconocer mi enorme deuda con Lorenzo Silva,dado que fue  después de la lectura de ” La marca del meridiano”, ( Planeta, 2014)  y  de las propias y anteriores entregas de la serie, que embrionó mi  pasión por el género negro y policial  y los autores de nueva generación. Los cuales me llevaron a la lectura o relectura de los clásicos, ( españoles y extranjeros), que si no eran del todo desconocidos para mi, nunca me habían atraído demasiado hasta la fecha. Si bien, también debo reconocer que me invadió un cierto desconcierto ante la lectura del titular y encabezamiento de la conversación entre Silva y Cerdán : “Lorca dio una visión siniestra e injusta de la Guardia Civil”, dicta el mismo.

Tengo que decir no soy un devoto del poeta granadino y que la constante manipulación de su figura y los homenajes más o menos repetitivos y agobiantes que se le suelen brindar como figura icónica de la generación del 27 en particular y de la intelectualidad republicana en general, tienden más bien a crisparme. Por lo tanto, no es en defensa del poeta que pretendo  escribir este post, sino de una verdad histórica que Lorenzo Silva no percibe siempre en toda su claridad, por lo menos en lo que hace referencia a la institución de la Guardia Civil.  Y es que Silva parece fusionar y confundir el presente y pasado de la Benemérita, estableciendo una continuidad en el tiempo de ideales y valores en principio encarnados por el propio personaje de Bevilacquia. Vayamos por partes.

El personaje de Rubén Bevilacquia me resultó sumamente magnético, en especial por su humanidad y cultura.  Si bien, siempre me quedó una duda: saber si reflejaba el sistema de valores de la vieja institución o si simplemente plasmaba los ideales políticos, sociales, éticos y morales del autor que lo había creado.La pregunta era pertinente a la vista de los imaginarios colectivos y las ideas establecidas en torno a la Guardia Civil. El temperamento apático, autoritario y despótico de este Cuerpo militarizado  y los propios  chistes sobre el lado paleto e  incultillo de sus miembros  es de profundo arraigo social.

No me gustan los estereotipos y sería absurdo pensar que el nivel formativo de los miembros de este Cuerpo militar no se ha elevado de forma sustancial. No sé si hay   muchos “Bevilacquias” en la Guardia Civil que lean a  Platón   o que se hagan cabalas sobre la condición humana después de ojear a Hannah Arenth.  Pero sí deberíamos reconocer que, al igual que  en otros Cuerpos, como la Policía Nacional, Autonómica o Local, el nivel formativo y cultural de los componentes suele situarse en grados intermedios que desmitifican al Guardia Civil sin luces y semi-analfabeto. Lo cual hace que el personaje de Bevilacquia no esté del todo huérfano de verosimilitud y eso más allá del obligado grado de fantasía que comporta, en coherencia, dicho sea de paso, con la magia de lo literario y ficcional.

La cuestión política e ideológica es otro interesante ámbito de reflexión. Bevilacquia es en principio un hombre de centro-izquierda, sensible ante el respeto por los derechos civiles y de una gran rectitud en relación a la legalidad de los protocolos de actuación. No existe tampoco ningún motivo para pensar que Rubén no mantiene una mínima relación con la realidad de este Cuerpo. Apunto esto porque nunca hubo algo que más me desconcertarse que el asesinato de Guardias Civiles en Euskadi por parte de una banda fascista como E.T.A, segando la vida de hombres  de reciente incorporación al Cuerpo, jóvenes, votantes socialistas y por edad, sin ningún vinculo generacional con el franquismo y su conglomerado ideológico. Lo que demuestra hasta que punto los mitos, tan propios del delirante discurso nacionalista, pueden  llegar a justificar las peores aberraciones. Sin olvidar la obscenidad de aquellos energúmenos que protestaron por la muerte de terroristas, al tiempo que hacían mutis en torno a la desgracia personal y familiar que E.T.A sembró   en los cuarteles sujeto de su atentado.

Hoy en día la Guardia Civil juega un papel importante en la ayuda humanitaria y en misiones internacionales, sin olvidar su función determinante en la investigación de los casos de corrupción, de los que el entramado de la “Púnica” es uno de los ejemplos más chillones. Habría que precisar que el actual Director General de la Guardia Civil, Férnndez de Mesa, es un hombre ideológicamente adscrito a la extrema-derecha y conocido por sus creencias religiosas católicas de corte fundamentalista ( por si alguien  cree que eso es un monopolio del Islam ). Sin embargo, las  recientes investigaciones sobre casos de corrupción han demostrado la exquisita independencia del Cuerpo de la Guardia Civil frente a las presiones políticas. A ese respecto, sería  de mentes huecas no reconocer que estamos frente a una institución de lo más respetable y con un honroso presente, que ha sabido evolucionar, sobre todo a través de un profundo reemplazo generacional y  mostrándose fiel a los valores de una sociedad democrática. Y eso hay que celebrarlo. No hay nada que objetar, por lo tanto, a que Lorenzo Silva reivindique precisamente esa “honorabilidad” democrática de la institución e incluso le otorgue una expresión ficcional a través del personaje de Bevilacquia.

Otra cosa bien diferentes es que se confunda la parte con el todo y que Lorenzo Silva mire el ayer de una institución ( o sea, su lado más tenebroso) bajo el prisma del presente (es decir, desde la realidad de su amplia y actual democratización). Lo que conduce a distorsionar la realidad y faltar a la verdad de la Memoria Histórica.

La figura institucional de la Guardia Civil es un producto de las revoluciones liberales  de la primera mitad del Siglo XIX y su  nacimiento fue a la par de la modernización del Estado, tanto en lo que hace referencia a la administración civil como a la organización militar. Caricatura de la conocida “Gendarmerie” francesa, se trató de un Cuerpo vinculado a la consolidación del Estado-Nación, más o menos fallido en el caso de nuestro país, como lo demuestran los eternos litigios territoriales y la difícil “nacionalización” de la sociedad. Sus orígenes históricos “liberales” no impidieron que se fuese poco a poco convirtiendo  en un Cuerpo adscrito a los peores valores castrenses, para convertirse progresivamente en el brazo de los sectores dominantes. Dentro las borrosas fronteras entre el poder civil y el poder militar que dominaron la historia política y social española, la Guardia Civil desempeño el papel más oscuro, simbolizando los valores de una tradición contra-revolucionaria y antidemocrática. Inútil detenerse en la función que ejerció en el régimen de la Restauración, durante la dictadura de Primo de Rivera e incluso en la etapa del Bienio Negro de la Segunda República. Su connotación política e ideológica a lo largo de la dictadura franquista merecería un largo examen que desbordan las posibilidades de esta web.

Pese a la evidencia histórica, Lorenzo Silva sigue confundiendo la parte con el todo y esto bajo argumentos que merecen comentario. El Caballo de Troya de Silva es que, en tanto que institución, el cuerpo de la Guardia Civil nunca se reveló homogéneo y menos durante los años 30, más en concreto, con motivo de los acontecimientos del 18 de Julio. Ilustra su argumento con hechos tangibles y comprobados. Por ejemplo, la división del Cuerpo frente al Alzamiento  y la lealtad, en Barcelona y otras partes de España, a la Segunda República. La premisa es sólida y esa misma división es extensible a otros ámbitos castrenses : la marina y la aviación permanecieron fieles a la legalidad democrática durante la Guerra Civil. Si las tesis de Silva no son en absoluto falaces, en cambio sí que incurren en un gran error. Es decir, convertir  la anécdota en un hecho general y generalizable.Visto así y según él, el franquismo y el papel ejercido por la Guardia Civil como brazo represor de un Estado autoritario  solo sería una accidentalidad histórica. Esto cuando la realidad informa de que la “excepción” ( o sea la lealtad de un sector minoritario de la Benemérita al Estado democrático), no hizo otra cosa que confirmar la “regla” ( es decir, la vocación, primero contra-revolucionaria y después, claramente fascista, de la venerable institución militar).

Estimado Lorenzo Silva. Siempre te he considerado un escritor ponderado y equitativo respecto a tus pronunciamientos y reflexiones sobre los acontecimientos actuales y pretéritos, en especial los de alta connotación histórica como es el caso, en efecto, de la Segunda República, la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista. De hecho, no han dejado de indignarme las acusaciones vertidas contra ti, con motivo de tu supuesta equidistancia respecto a tu mirada sobre los hechos del 36. Los más vehementes han ido hasta tildarte de “revisionista”, no sin cierta ligereza y mala fe. Acaso habría que recordar que el revisionismo histórico o pseudohistórico en torno a las causas de la Guerra Civil Española responde a una contra-ofensiva ideológica  políticamente impresentable, que ha pretendido otorgar una fuente de justificación al alzamiento del 18 de Julio contra un gobierno legitimo y un régimen democrático. Postulados que me resulta difícil localizar en tus diversos posicionamientos sobre el llamado drama de España.

Es en base a lo dicho que, en cambio, me resulta sorprende y de una chillona incoherencia, que pretendas otorgarle honorabilidad al pasado de una institución que, como la Guardia Civil, lastra con un periplo harto tenebroso. Cosa que, por justicia y sobre todo, respecto hacia las victimas del franquismo, no estaría mal reconocer. Lo contrario es faltar a la Memoria Histórica.

Siempre he pensado que las faltas del pasado pueden ser perdonadas con las enmiendas del presente. Negar el pasado autoritario, reaccionario y fascistoíde de la Guardia Civil tiene el efecto  perverso de desvalorizar lo que es, precisamente, el gran mérito actual de la Benemérita : su capacidad de renovación ideológica y su indiscutible proceso de democratización. El respeto social que suscita hoy dicho Cuerpo tiene su origen en la rectificación histórica que ha sabido llevar a cabo dicha institución militar. Después del 23-F se dijo con razón que Tejero era el último vestigio del siglo XIX, un hombre del pasado que nada tenía que ver con la nueva realidad de la Guardia Civil. Es decir, de una institución cambiante, política y generacionalmente. Flaco favor le haríamos a la verdad si no reconociésemos , aunque solo sea por una cuestión de honestidad intelectual, que la Guardia tiene dos caras : la honorabilidad de su presente y la tenebrosidad de su pasado. Me quedo con lo primero, porque la salud de una sociedad democrática depende del respeto que inspiren sus instituciones, pero es de equivalente honestidad y pertinencia no olvidar lo segundo. Aunque solo sea por ser fiel al dicho : ” Todo pueblo que olvida su historia, se condena a repetirla”.

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