LA CULTURA DEL ENTRETENIMIENTO : ENTRE EL OCIO Y LA MIRADA CRÍTICA

 

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Navegando  por FB, me paro en las caratulas de cine que Ana María Villalonga cuelga semanalmente.  Cinefíla de pro, Villalonga suele manifestar diversos  gustos tanto frente a las producciones más intelectuales como ante  los grandes éxitos en el género del humor y el entretenimiento. Es el escaparate de una afición personal, similar a la que yo tengo en mi muro con los grandes diseñadores y mi colección de perfumería “vintage”. Se trata,por lo tanto, de un  tipo de post pensado para comentarios más o menos rápidos, centrados en recuerdos y anécdotas.No se puede olvidar que las películas marcan  instantes de nuestras vidas. Personalmente, nunca olvidaré el día de  Navidad de 1992, cuando todos en familia y rodeados por turrones,mazapanes y licores, miramos una de las películas que más me impactaron en mi vida : Color Purpura ,  de Steven Spielberg protagonizada por Woopi Goldberg e inspirada en la novela de Alice Walker. Supongo que esa es la intención original de Ana María Villalonga, evocar recuerdos en sus seguidores y despertar subjetividades vinculas a nuestra historia de vida.

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Si bien, como persona procedente de la sociología de la cultura y de los Cultural Studies, no puedo por momentos quedarme en el estadio de  lo superficial, más todavía cuando se trata de caratulas de producciones cinematográficas cuyo éxito tienden a desconcertarme, sobre todo por el grado de estupidez que albergan, todo disfrazado de un humor más o menos barato y circunscrito por una clara intencionalidad ideológica : el famoso “Sueño americano”. Me refiero, claro está, a la mil veces objeto de reposición televisiva, Pretty Woman de Garry Mashall,  un cuento de hadas de pacotilla protagonizada por un sex-symbol anticuado y venido a menos ( Richard Gere) y una actriz mala, habitual protagonista de producciones infumables, pero ascendida al estrellato gracias a una simpatía harto exagerada y artificiosa ( Julia Roberts). La trama es conocida y difícil de olvidar, dada que las televisiones públicas y privadas, atentas al borreguismo de la audiencia, nos brindan la cosa  tres veces al año :  una prostituta barata del Hollywood Boulevard es recogida por un apuesto millonario, que la lleva en su deportivo a un  hotel de lujo, le compra ropa cara, la pasea entre las élites económicas y financieras de Beverly Hills y le cambia totalmente la vida. Vamos, Cenicienta en versión post-moderna.

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El mito romántico del “Príncipe Azul” , ( del que el film nos brinda una versión  de lo más ridícula ), siempre constituyó un articulado simbólico que establecía reglas bien concretas sobre las relaciones de género y en el que la mujer era reducida a la minoría de edad, no  teniendo sentido su identidad, estado emocional  y existencia fuera de un vinculo de dependencia respecto al varón y el grado de felicidad que este estuviese dispuesto a brindarle. En el siglo XIX  las historias  novelescas sobre amores idílicos eran de consumo habitual entre las mujeres de la burguesía, al ser las únicas que sabían leer. Pero es con el celuloide que el mítico   “Príncipe Azul” se convirtió en un ideal de las mujeres pobres, puesto que las ricas ya tenían la posibilidad de casarse con un hombre de su mismo estatuto socioeconómico y dejarse de sueños de adolescentes. Durante la época de doctorando, mi llorado Jacques Derrida nos hizo una interesante exposición sobre los dispositivos ideológicos del cuento de hadas, no solo sobre  cómo determinaba las relaciones de género, sino que también acerca de los sistemas de valores de la sociedad capitalista. Es decir, el afán de riqueza y poder. Por expresarlo de forma coloquial : que era mejor  estar casada con un millonario que te pasease en yate, que con un mecánico con el que te tocaría hacer acrobacias domésticas para que el presupuesto llegase hasta final de mes.En suma, la bien conocida penalización de los perdedores a la que nos lleva abocando la ofensiva cultural del neoliberalismo.

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Jacques Derrida 

Obviamente, posteo en el muro de Ana María mi protesta ante la imbecilidad integral del film ( que me parece un insulto a las situaciones de marginalidad, exclusión y desarraigo que vive el mundo de la prostitución en Norteamérica). Me pregunto de hecho cómo una autora analíticamente puntillosa y preocupada por los arrebatos machistas y misóginos de la producción literaria y cinematográfica, puede sentir devoción por tan semejante  exaltación del “macho” destinado a liberar a la “hembra” descarriada de los males de este mundo, conduciéndola por el buen camino. Ana María Villalonga reacciona ante mis “tics” sociológicos y me recuerda que Pretty Woman  es una película de entretenimiento, destinada al ocio. Según Ana, no todo puede reducirse a la seriedad del pensamiento “culto”, intelectual o académico. La frivolidad y la risa también forman parte de la condición y la necesidad humana.

Es imposible no coincidir con el diagnóstico de Villalonga y me reconozco yo mismo  un adicto al sofá, el humor, el entretenimiento y el pasatiempos, sobre todo cuando mi cerebro y espíritu piden pausa  respecto a tanto “sacapuntismo” sobre las grandes avatares de nuestro proceso civilizatorio. Otra cosa bien diferente es saber a qué ocio recurrimos y qué incidencia tiene en nuestra mirada sobre la sociedad.

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Coluche, un emblema del humorismo social de los 70 y 80

No hay ninguna razón para que el “entretenimiento”, en su vertiente literaria o cinematográfica, tenga que estar vinculado a la apatía social y política, así como a la renuncia a una mirada analítica sobre nuestra vida colectiva. Las comedias  clásicas de directores como Woody Allen, por tomar el ejemplo más elocuente, fueron una demoledora puesta en cuestión del mundo norteamericano y su sistema de valores. Sin olvidar, por elegir otra ilustración, la irreverencia de la popular familia Simpson.

En Francia,  un humorista como el entrañable Coluche, protagonizó películas que marcaron todo un hito, demostrando que un actor era capaz de reírse de si mismo y de paso, de la propia estupidez de la sociedad en la que vivía. Coluche puso en ridículo a toda la clase política durante las elecciones presidenciales del 81, recordándonos que cualquier payaso podía  aspirar a estar al frente de uno de los países más poderosos  del mundo. La lista puede extenderse a figuras como Gerard Jugnot,( el magistral protagonista de Los niños del coro), que protagonizó  cientos de comedias encarnado al ” français de base” ( francés llano). A través  de  series cinematográficas de humor como ” Les bronzés” de Patrice Leconte,  ambientadas en el contexto vacacional de las Estaciones de Ski en Saboya ( lugar de culto entre los franceses), Jugnot  supo representar  los aspectos más burdos, vulgares y grotescos de las clases medias con aires de estatuto social y aspiraciones de ascenso.  El actor formó parte de un grupo de artistas  cómicos conocidos como Le Splendid , que imprimieron toda una época y   se hicieron conocer por su agudeza e ingenio en el momento de denunciar todos los  avatares sociales y culturales del país vecino.  Gérard Jugnot desconcertó a la crítica más exigente con su papel en Los niños del coro , sobre todo después de que hubiese quedado en el imaginario colectivo como el actor que mejor supo encarnar al francés más grotesco, chauvinista e inculto.

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Gerard Jugnot, en ” Le Pére Noël est un ordure”

Durante los años 80, películas como ” Le Père Noël est une ordure”, de Jean-Marie Poiré, protagonizado también por el grupo de Le Splendid, se convirtieron en todo un emblema en el género del humor y el entretenimiento, con un lenguaje crudo y unos personajes de una execrable bajeza humana, que conquistaron el favor de la crítica cinematográfica más culta e intelectual, sobre todo por lo que el film tenía de denuncia de la hipocresía y crueldad de los galos para con sus minorías. Sin olvidar a la popular Josiane Balasko , que protagonizó películas de humor de gran éxito, generalmente ambientadas en las Banlieux Rouges azotadas por la crisis social y económica, la descomposición del universo obrero y  los síntomas de desestructuración y exclusión. Josiane Balasko  interpretó a la chica gorda,  garrula y árida de espíritu, destinada a sobrevivir a pesar de la falta de perspectivas y futuro. Miembro ella también del grupo de actores de Le Splendid , cautivó al público por su talento en el momento de desvelar la parte más humana de unos barrios  injustamente estigmatizados y caldo de cultivo de toda la demagogia racista y xenófoba del Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen. El film Smala, de Jean-Loup Hubert, donde Balasko encarna a una mediadora social en un barrio marginal  y abocada a solucionar miles de problemas económicos y familiares, fue considerada una de las películas más comprometidas dentro del género del humor.

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Josiane Balasko en “Le Smala”

En ” Le plus beau  métier du monde” de Gerard Lauzier,  película de un enorme éxito en la Francia de los 90,( sacudida por los debates más o menos surrealistas sobre la desintegración de la identidad nacional), Gerard Depardieu se puso en el papel de  un profesor de enseñanza secundaria confrontado a los grandes problemas de la escuela pública en los barrios de la problemática y conflictiva periferia urbana parisina.  Ello desde la ironía y el humor frente a quienes querían vender la idea que la juventud de origen inmigrante y su particular violencia, eran la esencia de todos los males que estaba sufriendo el sistema de enseñanza pública gala.Podría poner cientos de ejemplos más, en los que el humor, el entretenimiento y la crítica social constituyeron amalgama en el cine francés y  eso en un contexto de denuncia contra  una  extrema-derecha  que pretendía imponer su agenda política y jugar con  los miedos colectivos.El éxito de esta clase de producciones, irónicas, sarcásticas e irreverentes, fue debido a que,  contrariamente a los mitos sobre el chauvinismo y la tendencia de nuestros vecinos a mirarse el ombligo, el público francés se caracterizó a lo largo de los 90 por una cierta receptividad ante la guasa cinematográfica sobre sus propios prejuicios.

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Mi querida amiga Ana María Villalonga, tomo el ejemplo francés y su particular sentido del humor y del entretenimiento, como contraposición al infantilismo del cine norteamericano del mismo género,que en términos generales y salvo notorias excepciones, suele ser una apología ideológica de una sociedad, en realidad, profundamente podrida. Y no cabe duda que basuras  como Pretty Woman son un ejemplo de ello.

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Con lo expuesto, pretendo disipar cualquier sospecha de prejuicios intelectualoídes frente al mundo del entretenimiento. Los productos artísticos destinados al ocio fueron durante largo tiempo puestos en cuestión por su supuesto carácter de cultura del mediopelo.En efecto, las industrias culturales y el consumo de masas se convirtieron a menudo en diana de las ciencias sociales de urdimbre marxista, que las consideraban el nuevo “opio del pueblo”, destinado a atolondrar mentes. La Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt fue la que brindó el análisis  más elaborado de la sociedad de consumo de los años 60 y 70.  A lo que hay que añadir, en el polo ideológico contrario, las tendencias críticas de orientación aristocrática y elitista hacia la vulgaridad de la amorfa sociedad-masa y que hunde sus raíces en la conocida perspectiva orteguiana sobre la deshumanización del arte. Creo que ambos enfoques sobre la cultura de masas, por supuesto, movidas por motivaciones políticas e ideológicas muy distintas, se han quedado  caducas. En primer lugar, porque ignoran las nuevas formas de individualización que está generando la sociedad actual digitalizada y que rompe con esa vieja visión marcusiana del hombre unidimentional y cosificado por los sistemas de dominación política y social estructurados a partir de las  propias industrias culturales. Coincido con Ana María Villalonga y en contra de lo que pretendió la Teoría Crítica, que los individuos son capaces de “pensar” y tomar las distancias respecto a lo que las industrias culturales les brindan.

 

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Habría que recordar que el ocio y el tiempo libre, en especial desde la creación de los Estados Sociales y de la propia UNESCO, han adquirido el estatuto de “Derechos Humanos” y componentes esenciales del desarrollo del individuo, sobre todo frente a las dimensiones más alienantes de la sociedad  salarial o la robustez de los saberes académicos. Dicho esto, siempre he considerado que hay mil formas de consumir, de entretenerse y de reír, sin perder la perspectiva de la realidad y de la mirada crítica sobre ella. Por supuesto y como no podía ser menos, cada individuo está  en su derecho de elegir sus objetos de ocio. Lo que no invalida por igual mi argumento contra    las formas de humor y entretenimiento frívolas, facilonas y desconectadas de un mundo cada vez más azotado por los peores males.

 

 

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Archivado bajo Crítica cultural, Sin categoría, sociología de la cultura

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