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LA “EXTRANJERIDAD”Y EL IMAGINARIO DEL ANTISEMITISMO MODERNO : EPÍSTOLA A UN AMIGO JUDÍO

 

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Viajo por las redes y topo con un post de mi amigo Fidel Vilanova, un excelente escritor de novela negrocriminal cuyas obras han girado fundamentalmente en torno al mafioso ambiente de corrupción dominante en  la ciudad de Marbella desde la época de Gil y Gil. Leo su escrito, en el que comenta el estreno de la obra teatral de Jean-Claude Gumberg,Ser o no ser judío”, protagonizado por los actores Josep Maria Flotats y Arnau Puig. Fidel analiza todos los estereotipos que cunden en la obra teatral, tanto en relación a la figura del judío, como a la percepción que tiene de él la sociedad gentil.Hijo de una madre deportada a los campo de la muerte, Fidel siempre se ha definido por una contundente afirmación de su identidad como judío.

¿ Cómo debemos entender la noción de identidad, a no ser como el engranaje de sentimientos, sensaciones, emociones y autopercepciones que contraponemos y exaltamos frente a la mirada de terceros?  La formación y afirmación de nuestra identidad no está constituida solo por el conocido proceso de individualización, tal y como siempre lo entendió la tradición sociológica más clásica. La identidad se constituye sobre todo a través de la experiencia personal frente a quienes pretenden, precisamente negar la misma , es decir, provocar nuestra “muerte social” a través de la destrucción de la propia condición de Sujetos que nos define.  Hay que precisar, al hilo de lo apuntado, que el debate sobre la identidad judía ( tanto en el ámbito de la creación ficcional, como en las laderas  de las ciencias sociales y humanas) es un fenómeno mucho más  reciente de lo que acostumbramos a creer  y que vino provocado por el propio fenómeno del antisemitismo en tanto que expresión de rechazo, no al judío en sentido abstracto, sino al judío, precisamente, en tanto que Sujeto.Es decir, en calidad que ser respetable y digno, merecedor de la buena consideración y mirada por parte de la vida comunitaria.

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Dentro de todo el contexto histórico a través del que se configuró la animosidad de la sociedad gentil hacia el “judío”, hay que distinguir dos tradiciones : el anti-semitismo “primitivo”, que tiene una raíz cultural, ver popular  y el anti-semitismo moderno o si se quiere, contemporáneo, que es de urdimbre política y que vino racionalizado e institucionalizado desde las mismas esferas del poder.  El anti-semitismo “primitivo” hunde sus raíces en el propio nacimiento de la civilización cristiana. Judas traicionó a Jesucristo y los judíos mataron al Profeta enviado por su propio Dios. Esa figura del “traidor”, inserta en el Nuevo Testamento y  que arraigará en el imaginario colectivo a través de la  palabra apostólica, encontrará su vertiente “secular” en la figura del individuo hipócrita e indigno de nuestra confianza.La  distancia respecto a los seres de cuya  amistad dudamos es debida, efectivamente, a que tememos que nos vayan a dar el “beso de Judas”. Cualquier individuo que contravenga  a las buenas prácticas, es  también un “judío”, aunque pertenezca a la iglesia anglicana. Dentro del antisemitismo “primitivo”,  el “judío” es un ser sospechoso por naturaleza.

Este anti-semitismo “primitivo”, que yo prefiero llamar, “cultural”, continuó  sin embargo asegurando una relativa convivencia entre la comunidad judía y la sociedad gentil. El “judío” seguía siendo, a pesar de todo, un ser útil a la sociedad y a la propia Razón de Estado. Acaso habría que recordar que los paladines de la Contra-Reforma financiaron sus campañas bélicas de cáliz religiosa gracias a los prestamos y la financiación de los grandes banqueros flamencos, vertiente cosmopolitizada del “judío” usurero de la casa de al lado dispuesto a sacarnos de apuro.Pese a la hostilidad suscitada, el “judío” también fue vinculado al universo de las ciencias y de las letras, que derivo en la idea recibida sobre la inherente condición hebrea del mundo intelectual. La relación entre “judíos” y “gentiles” se reveló así, ambivalente, donde la animosidad y la admiración se complementaban. Ese antisemitismo “primitivo” fue adquiriendo diversas representaciones simbólicas y manifestándose a través de distintas prácticas sociales a lo largo del proceso histórico.

En cambio, la verdadera ruptura entre “judíos” y “gentiles” tiene su origen en el anti-semitismo contemporáneo,efectivamente, “político”, que es donde hunde sus raíces el principio de la “Solución Final”  que conllevó la accidentalidad histórica del nacional-socialismo. El anti-semitismo “político” encontró su germen con ” L’Affaire Dreyfus” en la Francia de la Tercera República.Recordatorio histórico : un capitán de origen judío perteneciente al ejercito francés, es acusado de alta traición e imputado por la venta a Bismarck de  secretos de Estado y estrategias lógico-militares que habrían provocado la derrota de Francia en la contienda con Alemania de 1870. El asunto fue sucedido por un juicio sumarisimo y una confrontación social y política entre las corrientes republicanas y  los sectores más reaccionarios de la sociedad francesa. Dreyfus fue finalmente indultado por falta de pruebas, descubriéndose poco después la existencia de una conspiración contra él en las más altas esferas del ejercito galo. Sin embargo, el  capitán nunca fue del todo limpiado de las falsas acusaciones y muchos tuvieron interés en mantener vivas las  dudas sociales sobre su inocencia.

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Una mentira terminó  creando el “mito”:  el del anti-patriotismo del judío y el de su inherente “extranjeridad”. Los anti-dreyfusard, que así se hicieron conocer los representantes de la tradición contra-revolucionaria, asentaron las bases, no solo del anti-semitismo moderno, sino también de la experiencia histórica del totalitarismo. La delirante retórica sobre la conspiración sionista internacional, además de confirmar esa “extranjeridad” del judío, conformo  en el imaginario colectivo  la figura del “ser maligno”, origen de todas las desgracias colectivas y nacionales y cuerpo extraño del que solo era posible librarse a través de su extirpación sin vacilaciones y  exterminio sin matices. Después vino lo que sabemos.

A finales de los 70, el indómito Bernard-Henry Lévy publicó su controvertido ensayo, ” L’ideologie Française”, donde analizó la intelectualización del anti-semitismo moderno a través de las grandes figuras del pensamiento conservador francés, recordándonos que era Francia, y no Alemania, la auténtica responsable y el verdadero nido del fenómeno fascista. Años después, cuando Claus Barbie, el famoso carnicero de Lyon, es sometido a juicio por colaboracionismo y crímenes contra la humanidad, Alain Finkielkraut retoma a su manera la tesis de Lévy, con su obra, ” La mémoire vaine” : Barbie no es un mero “colaboracionista” descarriado, es la síntesis misma del odio de la sociedad francesa contra los judíos. Los dos autores se lucieron por muchas de sus exageraciones y falta de sentido del matiz, virtud o defecto que les aseguró su vedetismo y fama. Pero si en algo acertaron fue precisamente en eso, en recordar cómo el “judío” se había convertido en un “extranjero” en su propio país. Es esa misma “extranjerización”  y la misma experiencia de los campos de la muerte lo que sembrará el debate sobre la identidad judía contemporánea.

Cuando Jean-Paul Sartre escribe su famoso ensayo, Reflexiones sobre la cuestión judía, es contundente : no existe una comunidad cultural  y religiosa judía coherente y inequívoca, sino un mosaico de individuos a los que une la experiencia del exterminio masivo y que tiene su origen, valga la insistencia, en el nacimiento del propio anti-semitismo político contemporáneo.Visto así, es plausible la hipótesis que el Estado de Israel no nació sobre una base cultural, ni religiosa, ni siquiera en función de oscuros intereses geoestrátegicos de las grandes potencias ( en especial de los Estados Unidos)  sino sobre una voluntad política de devolver a los judíos una ciudadanía que les había sido usurpada en sus países de nacimiento. Durante la Guerra de los Seis Días, muchos judíos franceses  apostaron por Israel, contraviniendo a la política pro-árabe del General De Gaulle. ” Pero qué son ustedes- les preguntan los más indignados ante esa muestra de deslealtad patriótica hacia la República– israelitas o franceses?” Los aludidos responden con otra pregunta. ” ¿ Cómo pueden ser ustedes ser tan cínicos?”  .A pocas palabras, buenos entendedores.Nadie podía exigirles una lealtad inquebrantable a Francia, cuando su propio país les había traicionado e incumplido la promesa de emancipación política y civil que el Estado les brindó durante la Revolución Francesa : ” A los judíos, debemos darles todo como ciudadanos y nada como nación , porque su única y verdadera nación es Francia, su único hogar, el de la “comunauté des citoyens”.  Falacia. Se tardó tiempo en reconocer que  no se le podía pedir a los judíos franceses  una lealtad sin reservas a su país, porque no existía una base moral sobre la que reclamarla. La colaboración, por activa o por pasiva, con el nazismo, por la vía del propio régimen de Vichy, así como la complicidad implícita y explicita de numerosos ciudadanos franceses en la denuncia a la Gestapo de muchos de sus compatriotas, desarmaba cualquier argumento  y confirmaba, en cambio, esa “extranjerización” del propio judío. Durante los acontecimientos del Mayo del 68, los sectores más reaccionarios atribuyeron las revueltas estudiantiles a un “Un judío de origen alemán”, en referencia a Daniel Cohn-Bendit. Poco complacientes con la sociedad que les estaba tocando vivir, los estudiantes replicaron en masa : ” Nous sommes tous des juifs alemán”. Más allá de las irreverencias, el exabrupto contra el emblemático líder estudiantil recuperaba la parafernalia retórica propiamente fascista que configuraba al judío como un ser y cuerpo extraño dentro de la paz social y colectiva.

La promulgación en Francia de leyes contra las tesis “revisionistas” sobre los campos de la muerte y  su codificación como delito a efectos del Código Penal, sobre todo durante el primer Septenado de François Mittérand, no fue el producto de una supuesta presión del dichoso lobby judío. Tampoco de la reacción frente al vertiginoso ascenso del Frente Nacional  de Le Pen, que indignó a la comunidad política al afirmar que el exterminio de los judíos era un mero “detalle”.Fue sobre todo el reconocimiento de una falta moral de la República y del Estado para con unos individuos a los que se había prometido emancipación, pero con los que una parte de la sociedad francesa había hecho todo lo contrario.Los había, efectivamente, “extranjerizado” como responsables de los males nacionales. Hoy, ese antisemitismo moderno ha adquirido un nuevo rostro en la escena internacional y que consiste en difundir la idea de que el Estado de Israel es el culpable de todos los males y del vertiginoso empuje del fundamentalismo islámico, cuando la realidad de los hechos habla de que el yihadismo no es otra cosa que el producto de una guerra civil entre los propios musulmanes. El mito vuelve a mostrarse bajo su rostro más cruel.

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Con esta epístola, amigo Fidel Vilanova, y al hilo de tu comentario sobre ” Ser o no ser judío”, solo quiero decirte que le doy poca importante a las identidades culturales, que siempre son construcciones sociales que mutan con el propio desarrollo del proceso histórico. Un judío del siglo XVII, no es exactamente el mismo que el del siglo XX y este tampoco igual que el del siglo XXI. Estereotipos siempre los hay y los ha habido y eso no solo en relación a los judíos, sino a todos los colectivos minoritarios y objeto de opresión. A mi no me interesa tanto la identidad judía, como el fenómeno del anti-semitismo en si mismo ( y sus formas renovadas), de la misma manera que siempre me preocupó menos la supuesta identidad gay, que  la estricta práctica social de la homofobia ( que también ha ido cambiando su rostro al amparo de manifestaciones más sutiles) .

En efecto, el gran problema, el gran drama histórico, político y social, es el de la “extranjerización”, el de la negación como Sujetos de aquellos que los opresores consideran individuos superfluos que no se merecen ni dignidad, ni el derecho a la existencia.Es decir, que son despojados de su condición de seres humanos. Creo en ese sentido y quizás retomando a Sartre, que eso es lo que une, no solo a los judíos, sino al conjunto de los miembros de los grupos oprimidos :  la resistencia contra quienes quieren “extranjerizarlos” de la propia humanidad.

 

 

 

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LA CULTURA DEL ENTRETENIMIENTO : ENTRE EL OCIO Y LA MIRADA CRÍTICA

 

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Navegando  por FB, me paro en las caratulas de cine que Ana María Villalonga cuelga semanalmente.  Cinefíla de pro, Villalonga suele manifestar diversos  gustos tanto frente a las producciones más intelectuales como ante  los grandes éxitos en el género del humor y el entretenimiento. Es el escaparate de una afición personal, similar a la que yo tengo en mi muro con los grandes diseñadores y mi colección de perfumería “vintage”. Se trata,por lo tanto, de un  tipo de post pensado para comentarios más o menos rápidos, centrados en recuerdos y anécdotas.No se puede olvidar que las películas marcan  instantes de nuestras vidas. Personalmente, nunca olvidaré el día de  Navidad de 1992, cuando todos en familia y rodeados por turrones,mazapanes y licores, miramos una de las películas que más me impactaron en mi vida : Color Purpura ,  de Steven Spielberg protagonizada por Woopi Goldberg e inspirada en la novela de Alice Walker. Supongo que esa es la intención original de Ana María Villalonga, evocar recuerdos en sus seguidores y despertar subjetividades vinculas a nuestra historia de vida.

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Si bien, como persona procedente de la sociología de la cultura y de los Cultural Studies, no puedo por momentos quedarme en el estadio de  lo superficial, más todavía cuando se trata de caratulas de producciones cinematográficas cuyo éxito tienden a desconcertarme, sobre todo por el grado de estupidez que albergan, todo disfrazado de un humor más o menos barato y circunscrito por una clara intencionalidad ideológica : el famoso “Sueño americano”. Me refiero, claro está, a la mil veces objeto de reposición televisiva, Pretty Woman de Garry Mashall,  un cuento de hadas de pacotilla protagonizada por un sex-symbol anticuado y venido a menos ( Richard Gere) y una actriz mala, habitual protagonista de producciones infumables, pero ascendida al estrellato gracias a una simpatía harto exagerada y artificiosa ( Julia Roberts). La trama es conocida y difícil de olvidar, dada que las televisiones públicas y privadas, atentas al borreguismo de la audiencia, nos brindan la cosa  tres veces al año :  una prostituta barata del Hollywood Boulevard es recogida por un apuesto millonario, que la lleva en su deportivo a un  hotel de lujo, le compra ropa cara, la pasea entre las élites económicas y financieras de Beverly Hills y le cambia totalmente la vida. Vamos, Cenicienta en versión post-moderna.

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El mito romántico del “Príncipe Azul” , ( del que el film nos brinda una versión  de lo más ridícula ), siempre constituyó un articulado simbólico que establecía reglas bien concretas sobre las relaciones de género y en el que la mujer era reducida a la minoría de edad, no  teniendo sentido su identidad, estado emocional  y existencia fuera de un vinculo de dependencia respecto al varón y el grado de felicidad que este estuviese dispuesto a brindarle. En el siglo XIX  las historias  novelescas sobre amores idílicos eran de consumo habitual entre las mujeres de la burguesía, al ser las únicas que sabían leer. Pero es con el celuloide que el mítico   “Príncipe Azul” se convirtió en un ideal de las mujeres pobres, puesto que las ricas ya tenían la posibilidad de casarse con un hombre de su mismo estatuto socioeconómico y dejarse de sueños de adolescentes. Durante la época de doctorando, mi llorado Jacques Derrida nos hizo una interesante exposición sobre los dispositivos ideológicos del cuento de hadas, no solo sobre  cómo determinaba las relaciones de género, sino que también acerca de los sistemas de valores de la sociedad capitalista. Es decir, el afán de riqueza y poder. Por expresarlo de forma coloquial : que era mejor  estar casada con un millonario que te pasease en yate, que con un mecánico con el que te tocaría hacer acrobacias domésticas para que el presupuesto llegase hasta final de mes.En suma, la bien conocida penalización de los perdedores a la que nos lleva abocando la ofensiva cultural del neoliberalismo.

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Jacques Derrida 

Obviamente, posteo en el muro de Ana María mi protesta ante la imbecilidad integral del film ( que me parece un insulto a las situaciones de marginalidad, exclusión y desarraigo que vive el mundo de la prostitución en Norteamérica). Me pregunto de hecho cómo una autora analíticamente puntillosa y preocupada por los arrebatos machistas y misóginos de la producción literaria y cinematográfica, puede sentir devoción por tan semejante  exaltación del “macho” destinado a liberar a la “hembra” descarriada de los males de este mundo, conduciéndola por el buen camino. Ana María Villalonga reacciona ante mis “tics” sociológicos y me recuerda que Pretty Woman  es una película de entretenimiento, destinada al ocio. Según Ana, no todo puede reducirse a la seriedad del pensamiento “culto”, intelectual o académico. La frivolidad y la risa también forman parte de la condición y la necesidad humana.

Es imposible no coincidir con el diagnóstico de Villalonga y me reconozco yo mismo  un adicto al sofá, el humor, el entretenimiento y el pasatiempos, sobre todo cuando mi cerebro y espíritu piden pausa  respecto a tanto “sacapuntismo” sobre las grandes avatares de nuestro proceso civilizatorio. Otra cosa bien diferente es saber a qué ocio recurrimos y qué incidencia tiene en nuestra mirada sobre la sociedad.

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Coluche, un emblema del humorismo social de los 70 y 80

No hay ninguna razón para que el “entretenimiento”, en su vertiente literaria o cinematográfica, tenga que estar vinculado a la apatía social y política, así como a la renuncia a una mirada analítica sobre nuestra vida colectiva. Las comedias  clásicas de directores como Woody Allen, por tomar el ejemplo más elocuente, fueron una demoledora puesta en cuestión del mundo norteamericano y su sistema de valores. Sin olvidar, por elegir otra ilustración, la irreverencia de la popular familia Simpson.

En Francia,  un humorista como el entrañable Coluche, protagonizó películas que marcaron todo un hito, demostrando que un actor era capaz de reírse de si mismo y de paso, de la propia estupidez de la sociedad en la que vivía. Coluche puso en ridículo a toda la clase política durante las elecciones presidenciales del 81, recordándonos que cualquier payaso podía  aspirar a estar al frente de uno de los países más poderosos  del mundo. La lista puede extenderse a figuras como Gerard Jugnot,( el magistral protagonista de Los niños del coro), que protagonizó  cientos de comedias encarnado al ” français de base” ( francés llano). A través  de  series cinematográficas de humor como ” Les bronzés” de Patrice Leconte,  ambientadas en el contexto vacacional de las Estaciones de Ski en Saboya ( lugar de culto entre los franceses), Jugnot  supo representar  los aspectos más burdos, vulgares y grotescos de las clases medias con aires de estatuto social y aspiraciones de ascenso.  El actor formó parte de un grupo de artistas  cómicos conocidos como Le Splendid , que imprimieron toda una época y   se hicieron conocer por su agudeza e ingenio en el momento de denunciar todos los  avatares sociales y culturales del país vecino.  Gérard Jugnot desconcertó a la crítica más exigente con su papel en Los niños del coro , sobre todo después de que hubiese quedado en el imaginario colectivo como el actor que mejor supo encarnar al francés más grotesco, chauvinista e inculto.

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Gerard Jugnot, en ” Le Pére Noël est un ordure”

Durante los años 80, películas como ” Le Père Noël est une ordure”, de Jean-Marie Poiré, protagonizado también por el grupo de Le Splendid, se convirtieron en todo un emblema en el género del humor y el entretenimiento, con un lenguaje crudo y unos personajes de una execrable bajeza humana, que conquistaron el favor de la crítica cinematográfica más culta e intelectual, sobre todo por lo que el film tenía de denuncia de la hipocresía y crueldad de los galos para con sus minorías. Sin olvidar a la popular Josiane Balasko , que protagonizó películas de humor de gran éxito, generalmente ambientadas en las Banlieux Rouges azotadas por la crisis social y económica, la descomposición del universo obrero y  los síntomas de desestructuración y exclusión. Josiane Balasko  interpretó a la chica gorda,  garrula y árida de espíritu, destinada a sobrevivir a pesar de la falta de perspectivas y futuro. Miembro ella también del grupo de actores de Le Splendid , cautivó al público por su talento en el momento de desvelar la parte más humana de unos barrios  injustamente estigmatizados y caldo de cultivo de toda la demagogia racista y xenófoba del Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen. El film Smala, de Jean-Loup Hubert, donde Balasko encarna a una mediadora social en un barrio marginal  y abocada a solucionar miles de problemas económicos y familiares, fue considerada una de las películas más comprometidas dentro del género del humor.

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Josiane Balasko en “Le Smala”

En ” Le plus beau  métier du monde” de Gerard Lauzier,  película de un enorme éxito en la Francia de los 90,( sacudida por los debates más o menos surrealistas sobre la desintegración de la identidad nacional), Gerard Depardieu se puso en el papel de  un profesor de enseñanza secundaria confrontado a los grandes problemas de la escuela pública en los barrios de la problemática y conflictiva periferia urbana parisina.  Ello desde la ironía y el humor frente a quienes querían vender la idea que la juventud de origen inmigrante y su particular violencia, eran la esencia de todos los males que estaba sufriendo el sistema de enseñanza pública gala.Podría poner cientos de ejemplos más, en los que el humor, el entretenimiento y la crítica social constituyeron amalgama en el cine francés y  eso en un contexto de denuncia contra  una  extrema-derecha  que pretendía imponer su agenda política y jugar con  los miedos colectivos.El éxito de esta clase de producciones, irónicas, sarcásticas e irreverentes, fue debido a que,  contrariamente a los mitos sobre el chauvinismo y la tendencia de nuestros vecinos a mirarse el ombligo, el público francés se caracterizó a lo largo de los 90 por una cierta receptividad ante la guasa cinematográfica sobre sus propios prejuicios.

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Mi querida amiga Ana María Villalonga, tomo el ejemplo francés y su particular sentido del humor y del entretenimiento, como contraposición al infantilismo del cine norteamericano del mismo género,que en términos generales y salvo notorias excepciones, suele ser una apología ideológica de una sociedad, en realidad, profundamente podrida. Y no cabe duda que basuras  como Pretty Woman son un ejemplo de ello.

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Con lo expuesto, pretendo disipar cualquier sospecha de prejuicios intelectualoídes frente al mundo del entretenimiento. Los productos artísticos destinados al ocio fueron durante largo tiempo puestos en cuestión por su supuesto carácter de cultura del mediopelo.En efecto, las industrias culturales y el consumo de masas se convirtieron a menudo en diana de las ciencias sociales de urdimbre marxista, que las consideraban el nuevo “opio del pueblo”, destinado a atolondrar mentes. La Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt fue la que brindó el análisis  más elaborado de la sociedad de consumo de los años 60 y 70.  A lo que hay que añadir, en el polo ideológico contrario, las tendencias críticas de orientación aristocrática y elitista hacia la vulgaridad de la amorfa sociedad-masa y que hunde sus raíces en la conocida perspectiva orteguiana sobre la deshumanización del arte. Creo que ambos enfoques sobre la cultura de masas, por supuesto, movidas por motivaciones políticas e ideológicas muy distintas, se han quedado  caducas. En primer lugar, porque ignoran las nuevas formas de individualización que está generando la sociedad actual digitalizada y que rompe con esa vieja visión marcusiana del hombre unidimentional y cosificado por los sistemas de dominación política y social estructurados a partir de las  propias industrias culturales. Coincido con Ana María Villalonga y en contra de lo que pretendió la Teoría Crítica, que los individuos son capaces de “pensar” y tomar las distancias respecto a lo que las industrias culturales les brindan.

 

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Habría que recordar que el ocio y el tiempo libre, en especial desde la creación de los Estados Sociales y de la propia UNESCO, han adquirido el estatuto de “Derechos Humanos” y componentes esenciales del desarrollo del individuo, sobre todo frente a las dimensiones más alienantes de la sociedad  salarial o la robustez de los saberes académicos. Dicho esto, siempre he considerado que hay mil formas de consumir, de entretenerse y de reír, sin perder la perspectiva de la realidad y de la mirada crítica sobre ella. Por supuesto y como no podía ser menos, cada individuo está  en su derecho de elegir sus objetos de ocio. Lo que no invalida por igual mi argumento contra    las formas de humor y entretenimiento frívolas, facilonas y desconectadas de un mundo cada vez más azotado por los peores males.

 

 

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