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UN INSÓLITO DELINCUENTE : SOBRE “FUL” DE RAFA MELERO ROJO

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Rafa Melero Rojo es un escritor que se ha ido consolidando  en el mundillo del “Noir”. Llegado al panorama literario negrocriminal de la mano de Lorenzo Silva, se dio a conocer como un autor de novela policial de urdimbre procedimentalista, sobre todo a través del personaje del sargento Masip y de la figura del asesino en serie. Temas centrales de sus dos primeras novelas, La ira del Fenix  ( Playa de Ákaba,2014) y  La penitencia del Alfil  (Alrevés,2015). Parece que Melero ha decidido darle un descanso a su héroe y al propio universo institucional y simbólico de la policía autonómica, para situarse al otro lado de la raya. Es decir, el mundo de la delincuencia y el crimen organizado. Ese giro es unánimemente comentado por los pasillos de los ambientes literarios, sobre todo después de que Melero hubiese acostumbrado a los lectores al ambiente de la investigación criminal. Ese paso literario por el estricto ámbito de la delincuencia ha adquirido configuración a través del personaje de su nueva novela Ful, (Alrevés,2016)

Ful es un  modesto pintor de brocha gorda y un trabajador precarizado  que nace y vive en Lleida. Su periplo fue común al de muchos adolescentes de su barrio y  generación. Adscrito a un medio social periférico, se revela testigo de un contexto familiar en el que el alcoholismo, la violencia de género, el drama, el fracaso escolar, la pobreza económica  y la falta de perspectivas dominan la vida cotidiana. Con una trayectoria de perfil bajo, Ful va entrando progresivamente y muy a su pesar, en el universo de la pequeña delincuencia, pero sin hundirse del todo en el hoyo, dado que escapa de la drogodependencia en la que ha caído mucha de su gente. No tiene una mentalidad criminal en el sentido estricto y por momentos mira con envidia a quienes han escapado de un destino fatalista, en especial a un amigo de infancia convertido en Mosso de Esquadra, Pepe.  Sin embargo, asume su existencia. De repente, se presenta para él la oportunidad de dar un “verdadero golpe”. Robarle un  alijo de droga a un camello africano. La operación parece, en un principio, bastante rudimentaria. Apoyado por dos otros amigos, Jose y el El Pelota, al igual que él, sin gran futuro en la vida, llevan a cabo la operación. Contra todo pronóstico, la cosa acaba teniendo un mal giro y las consecuencias se revelan catastróficas. Ful y sus cómplices se encuentran con dos cadáveres sobre las espaldas. El asunto se termina de agravar cuando descubren que le han provocado la muerte al camello y a la prima de uno de los más feroces e implacables capos del cártel columbiano de la droga.Unos días después, un sicario  sin escrúpulos y de gatillo fácil, Wilfredo Martins, viaja desde Bogotá rumbo a España.A partir de aquí, Ful se va a topar  de frente con el auténtico mundo de la delincuencia y el crimen organizado.

Rafa Melero ha optado esta vez por  la narración en primera persona,  un estilo que suele estrechar los vínculos entre el protagonista y los lectores, asegurando compenetración entre ambos.  Añade un toque de originalidad, dado que la trama   está ambientada en una ciudad relativamente tranquila y poco acostumbrada a los sobresaltos. Lo que hace que rompa con el mito  de la concentración del crimen  en Barcelona y el carácter apacible de las demás capitales de provincia de Cataluña.

La obra de Melero nos habla de la dimensión más humana del delincuente, así como de  sus circunstancias personales en medio de la desigualdad social y la ausencia de verdaderas oportunidades. También  de la adolescencia y la juventud robadas y del delito como único forma de supervivencia. La novela no deja de ilustrar, por otra parte, la corrupción policial, la globalización del crimen organizado y  todo el submundo que lo envuelve, en el que priman formas micro-totalitarias de poder y donde la arbitrariedad, el miedo, la crueldad y la muerte se convierten en “reglas de oro”.   No cabe duda de que se trata de la obra más “social” de Rafa Melero, en contraste con sus anteriores novelas, excesivamente apologéticas del universo policial y con las que, un servidor, se ha mostrado a menudo muy crítico. El hecho de que Ful haya venido avalada por autores como Paco Gómez Escribano , cuya obra siempre se ha centrado en el mundo delictivo de la periferia urbana, demuestra que existe un verdadero cambio de rumbo  en la producción literaria de Melero , ilustrada por una mirada empática  con la historia de vida de aquellos individuos situados al  otro lado de la frontera establecida por la ley y el orden.

Organizada en capítulos cortos de lectura fluida, la obra refleja el esfuerzo de Melero en la renovación narrativa, así como un claro distanciamiento de la novela procedimental en beneficio de una vocación mucho más ” Noir” y sensible ante los orígenes, causas, motivaciones y consecuencias de la desviación social. Podemos hablar de una faceta de Melero hasta la fecha desconocida y desde luego, muy interesante, que apela a considerar Ful como su mejor novela.

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MARC MORENO : “QUERÍA HABLAR DE GENTES NORMALES, PERO PERDEDORAS,INVISIBLES Y SIN ESPERANZA”

 

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Marc Moreno es hoy en día uno de los nombres que más suena en el ámbito del género negro en catalán.  Es autor de Cabdills ( Acteón, 2011); Independència d’interessos ( Llibres del Delicte, 2013); Els silencis dels pactes (Llibres del Delicte, 2014) y co-autor junto a Sebastià  Bennassar, Lluís Llort y Salvador Macip, de La reina de diamants, (Llibres del Delicte, 2014).   Editor además de escritor, dirige el sello ” Llibres del Delicte”, una de las casas que más prestigio han ido ganando en los últimos tiempos dentro de la novela negrocriminal, sobre todo a través de una colección que va   fidelizando lectores. La última novela de Marc Moreno, ” Contra l’aparador” ( Llibres del Delicte, 2015) ha sido objeto de una excelente acogida,en especial por el contexto en el que se desarrolla, el barrio de la Verneda en el distrito de San Martín de Barcelona y por la problemática que aborda, es decir, la creciente exclusión y segregación social que está azotando a cada vez más individuos y esto en un clima de crisis económica y de un capitalismo sin matices. Una obra de una extraordinaria actualidad y sobre que conversamos a lo largo de esta entrevista.

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¿Veo que tu novela, “Contra l’aparador”, se inserta dentro de la literatura de los “ márgenes”. ¿Qué te motivó para  escribirla?

En mis anteriores tres novelas había hablado sobre política, periodismo, las relaciones de poder, la corrupción, el dinero y la perversión que se produce en las altas esferas, pero en Contra l’aparador quería cambiar totalmente de registro y de escenario. Me interesaban más los personajes que la trama, más el entorno que la acción. Por eso me fui a la Barcelona menos bonita, la que nunca sale en las guías turísticas.

¿Por qué el barrio de “ La verneda” como contexto narrativo?  

La primera razón es porque yo soy de allí y he vivido toda la vida en el barrio y es una realidad que conozco de primera mano. Quería hablar de un mundo que tengo visto y analizado, y lo quería explicar desde mi punto de vista. Pero más allá de la experiencia personal, pretendía explicar un entorno, un día a día de muchas personas que más que anónimas, son invisibles para gran parte de la ciudad. Cuando la gente piensa en Barcelona, nunca lo hace en el tipo de gente que yo retrato en Contra l’aparador.

¿Qué es lo que pretendías transmitir de ese barrio, sobre todo para los lectores que a veces vivimos influidos por los “estigmas” que imperan en los imaginarios colectivos?

He querido hacer una novela de barrios marginales y degradados pero sin caer en lo que tantas veces hemos visto repetido hasta la saciedad en la novela negra: la delincuencia. Es evidente que en este tipo de barrios la delincuencia existe y está muy presente, pero también es verdad que la mayoría de sus habitantes son gente normal, -eso sí, perdedores, sin esperanza, sin motivaciones…- y quería explicar la vida de estos personajes que por las circunstancias, las influencias o la desesperación pueden acabar delinquiendo casualmente y de manera muy torpe sin que por ello debamos considerarlos delincuentes ni criminalizar todo un barrio.

¿La “Verneda” es sintomática del derrumbe de todo ese universo  popular y de  luchas sociales  que fue en otro tiempo el distrito de San Martin?

De la lucha social, desgraciadamente no, porque poco queda ya de la fuerza obrera que tuvo el distrito en otros tiempos. Ahora aquí hay paro, fracaso escolar y desesperanza. Y pocas opciones de salir adelante y progresar. Pero sí que es un ejemplo de la sociedad que se ha roto por la mitad y de cómo la brecha entre los que tienen algo y los que no tienen nada cada vez se hace más grande, lo que se ve en el hecho de que este barrio año a año parece ubicarse al otro lado de la frontera con Barcelona.

Antes,  muchos varones veían en la identidad obrera y la conciencia de clase una fuente de orgullo  e incluso un símbolo de su propia masculinidad y virilidad. Sin embargo, veo que los varones de tu novela son personas avergonzadas de sus adscripciones sociales…

No solo los hombres de la novela, en general todos los personajes son conscientes del estigma que supone para ellos vivir donde viven y cómo eso les ha condicionado en la vida que han llevado. Aquí no hay mucha conciencia de clase, solo hay porros, consolas y mucho tiempo perdido sentado en un banco del parque. Y el que consigue salir del barrio ve su vuelta como una derrota, porque en sus planes nunca estuvo volver.

Algunos de tus propios personajes son jóvenes sin futuro, alienados, rehenes de su situación social y que van a encontrar en la delincuencia la única alternativa  ¿ Podríamos decir que barrios  precisamente como la Verneda se están convirtiendo en el laboratorio de eso que hoy llamamos proceso de latinoamericanización ?

No, aquí no hay demasiada inmigración sudamericana, creo que eso es más en barrios de Hospitalet y la zona sur de Barcelona. La inmigración que hay es sobre todo africana, aunque también hay latinos, evidentemente, pero menos que africanos.

¿El  crimen organizado  es tan poderoso como pintas en tu novela? 

En ciertos ambientes sí. El mercado de la droga está controlado por los clanes gitanos y aquí hay poco que decir si no perteneces a alguno de ellos. La gente hace su vida pero ve cosas, sabe en qué pisos venden droga, ves que tu vecino tienen un coche de 60.000€, que un día se lo queman y que al otro él y su familia salen pitando sin dejar rastro. No es que sean poderosos como para influir en el día a día de la gente normal, pero sí que existen y la gente saben con quién es mejor no discutir si te hacen una rascada en el coche.

Lo que también veo es que son personajes atrapados en la pinza que ejerce la actitud intimidatoria de ese mismo crimen organizado y una represión policial sin empatía social. ¿ Esa es la principal realidad de la periferia urbana más marginal?

Como te decía antes, no es que la gente viva condicionada por la delincuencia del barrio, pero sí que son conscientes de quién es potencialmente peligroso y si tú no eres del ramo y ves que alguno de estos delincuentes se cruza en tu camino, mejor agachar la cabeza y evitar problemas. La presencia policial, por desgracia, es insuficiente a la hora de la verdad, y además la gente tampoco confía en ellos.

Tus personajes son padres y futuros padres y madres preocupados por el devenir de sus hijos ¿ Qué querías, romper el mito  de la desestructuración familiar que rodea  a las periferias y la marginalidad social?

Quería explicar precisamente la desestructuración de muchas de estas familias, pero también cómo de condicionado se puede llegar a estar por la paternidad. Creo que la mala relación entre miembros de una misma familia, o el poco cariño o el trato distante que tienen entre ellos queda muy claro en todas las situaciones que describo en la novela, pero he querido contrarrestarlo con otras situaciones en las que la paternidad o los hijos condicionan a actuar de una determinada manera.

Compruebo que la cuestión de la corresponsabilidad también está presente…

Pero desde una óptica diferente a la habitual, porque en este caso es la mujer la trabajadora hiper dedicada a su carrera y el hombre que se encarga de la casa y los niños. No es un hombre machista, es abierto y comprensivo, pero la mujer no quiere abandonar el rol de madre aunque no renuncia a su carrera profesional. Y acaban saltando las chispas. Me apetecía cambiar los roles clásicos y ver cómo respondían los personajes en esa situación.

 ¿La infancia y la adolescencia está siendo la principal víctima de un sistema en el que nuestras formas de interacción social están cada vez más dominadas por la violencia?

La violencia está muy presente en la sociedad, a todos los niveles, y siempre hay grupos de población más débiles que otros, como los niños. Los niños tienen todas las de perder cuando la violencia se adueña de la sociedad, cuando todos sospechan de todos, cuando piensas que cualquier cosa puede pasar… entonces los niños son víctimas fáciles.

En contraste con el énfasis que haces en la paternidad y la maternidad, desmitificas  el tema de la solidaridad inter-generacional que cunden en los medios de comunicación, sobre todo por cómo ilustras  la violencia y los conflictos de convivencia que viven tus protagonistas en medio de la crisis económica y la falta de oportunidades… 

Es que hay familias donde se da ese fenómeno de la solidaridad de padres o abuelos a hijos, pero también existen muchas familias o ambientes familiares donde la norma es sálvese quien pueda. La violencia de la que hablábamos antes, también está muy presente en estas relaciones familiares, el desapego, las tiranteces que hacen olvidar los parentescos. La vida no es de color de rosa para muchas personas, tanto por el mundo que les ha tocado vivir como por sus propias actuaciones.

 ¿ No era un poco arriesgado abordar todas estas cuestiones relacionados con los vínculos filiativos, sobre todo cuando el lector está acostumbrado a temas como el machismo, la prostitución, el proxenetismo,  la violencia sexual, que son los  que suelen primar en las tramas con este tipo de configuraciones contextuales?

Pero es que a mí me interesa hacer una novela negra que no se haya hecho ya, o cómo mínimo que para mí suponga un reto y una motivación, al margen de si es algo habitual o no. Me han dicho que el inicio de la historia es muy extraño para una novela negra, con un niño en un hospital, pero que al mismo tiempo te genera una tensión y unas dudas que ya no te deja hasta el final. Y ese es mi objetivo, hacer algo que se salga de la norma, tocar temas poco habituales en la novela negra como la paternidad o las enfermedades graves en un hospital, y que pese a todo, cuando llegas a la última página sepas que has leído una novela negrísima.

Es una obviedad que tu novela pretende darle visibilidad a gente, digamos, “normal”. ¿ Sin embargo, no tienes miedo de que terminen reprochándote de haber sido demasiado “conformista” e “integracionista”, en comparación a otros autores insertos en la tradición del Hardboyled  que en cambio exaltan la marginalidad  y desviación social de sus personajes como elementos “fuertes” de sus tramas?

Es que mi objetivo no es hablar de la delincuencia, sino explicar estos barrios marginales pero desde la normalidad de sus habitantes. Evidentemente esta aparente normalidad, su entorno, sus circunstancias, les empuja a la delincuencia, pero yo no pretendía hablar de la delincuencia profesional, sino de gente normal que no tiene nada que perder y que movidos por la desesperación de una vida sin salidas, lo apuestan todo a un plan brillante que les saque del agujero en el que se encuentran.

¿ No te da la impresión de que algunos representantes “ortodoxos” del Hartboyled , contribuyen  involuntariamente a perpetuar los miedos colectivos frente a unos  barrios en los que la violencia es mucho más el resultado del exilio social y no siempre su inherente marca identitaria?

La violencia existe en estos barrios, igual que la delincuencia, no nos engañemos, pero como decíamos antes, convive con muchísima gente normal que hace su vida y que no va a tener problemas con estos sectores delictivos porque van a lo suyo. Tampoco creo que algunos autores hagan una exaltación gratuita del lumpen, pero sí que es verdad que a veces se cae en la trampa de presentarlos como mejores de lo que realmente son. En todo caso, creo que el objetivo de la mayoría de escritores de género es investigar los porqués, las motivaciones y la realidad de esta delincuencia, más que mitificarla.

A parte de escritor, también eres editor y diriges un sello de género negro en catalán, Llibres del Delicte. ¿ Cómo ves la situación del sector, se ha ido disolviendo los prejuicios que el mundo de la alta cultura vinculado al catalanismo intelectual tenía hacia la literatura popular?

No, no, en absoluto, los que van de élites intelectuales siguen mirando al género negro por encima del hombro. El sector editorial catalán es muy poco tolerante con los géneros, aunque por suerte tenemos un grupo de muy buenos escritores y algunos editores que trabajamos para dignificar la novela negra en catalán. Es un proceso lento, pero muy gratificante porque vemos que los lectores que pierden los prejuicios y se acercan a lo que hacemos repiten y se convierten en seguidores. En Llibres del Delicte, que es una editorial con alma de colección, muchos de nuestros lectores se compran todos los libros y se hacen toda la colección.

La enrarecida situación política de los últimos años ha incidido en la receptividad ante lo que se hace en Cataluña en el mundo de  la creación literaria o incluso ensayística?

La situación política no creo, pero el hecho de que haya generaciones que han estudiado y se han formado totalmente en catalán ayuda a que, si por una de esas casualidades les gusta leer, que apuesten por el catalán más fácilmente que nuestros padres o abuelos que sólo recibieron formación castellana.

¿ Qué proyectos tienes para el futuro tanto en tu calidad de editor como de escritor?

Como editor sigo empeñado en hacer crecer el género negro en catalán y consolidar Llibres del Delicte como uno de los referentes en Catalunya. No es fácil y sé que será un proceso lento, pero de momento creo que lo estamos logrando. Y como escritor el objetivo es continuar mejorando y lograr novelas que expliquen el mundo que me rodea y que sean capaces de hacer pensar al lector.

 

 

 

 

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DASHIELL HAMMETT, UN VISIONARIO DE NUESTROS TIEMPOS : REFLEXIONES SOBRE “LA LLAVE DE CRISTAL”

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La “Serie Negra” de RBA acaba de relanzar la obra clásica de Dashiell Hammett, “La llave de cristal” y esto con una nueva traducción de Luis Murillo Fort.  Referente indiscutible para buena parte de los autores contemporáneos de novela negra norteamericana y europea, Dashiell Hammett ha sido sin duda,  junto al también genial Raymond Chandler, uno de los grandes iconos en este género.

                            Hammett se erigió en una de las más singulares voces contra una sociedad americana repleta de mitos y que no dejaba de contradecir sus propias promesas de progreso social y emancipación individual. A través de su prosa, camino por los pasillos oscuros de esa América de los años 30 y 40 azotada por el Crack del 29 y dominada por el mundo del crimen organizado, la violencia y la corrupción. Escritor  de declaradas ideas izquierdistas, inició su militancia política tras su regreso de la Gran Guerra . Miembro del Partido Comunista de los Estados Unidos, afirmó sin vacilaciones su combate antifascista en el periodo de entreguerras. La vocación por la crítica social que definió su producción literaria dejó huella y su estilo narrativo no ha dejado de marcar a muchos autores actuales cuyas obras han pretendido reafirmarse es ese mismo espíritu  realista del género negro.  Su obra, ” La llave de cristal” es, sino la única, sí la que más definió su personalidad política y trazó su perfil como escritor comprometido y crítico con su tiempo.

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En una localidad de los Estados Unidos y en plenos años de la Ley Seca, Ned Beaumont  es un jugador empedernido y que mantiene una estrecha amistad con Paul Madvig,  un mafioso dueño de varios clubs y que controla la ciudad a través del soborno y el crimen organizado. Candidato a la alcaldía, Paul Madvig es hombre ambicioso que cuenta con   el apoyo del  prestigioso senador Henry  y con cuya hija, Janet Henry, pretende casarse y sin que ella le corresponda realmente.  Mientras tanto, el hijo del senador Henry, Taylor Henry, es asesinado. La víctima  mantenía una relación con su hija, Opal, que Paul Madvig no parecía aprobar.  Las sospechan se dirigen en primera instancia hacia  un jugador de apuestas de poca monta, Bennie Despain.  Da la coincidencia que Despain también le ha estafado dinero a Ned Beaumont y que éste pretende encontrarle para ajustar cuentas con él. Paul aprovecha esa última circunstancia para  despistar a Ned Beaumont , haciéndole nombrar investigador especial de la fiscalía del distrito e incitándole a ir a la caza de Despain.  Sin embargo, el tiempo demuestra que no hay pruebas contundentes contra el sospechoso.

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En paralelo, Ned  irá recibiendo una serie de cartas anónimas responsabilizando directamente a Paul Madvig del asesinato del hijo del senador Henry. Desconcertado, Ned  está a punto de traicionar a su amigo y ayudar al rival de Paul en las elecciones, Shad O’ Rory, a desenmascararle. Shad es otro mafioso que consigue sus objetivos a través de la intimidación que ejerce a través de sus matones. Controla además al director de un importante periódico de la ciudad  y es a través de él que pretende dar un bombazo mediático sobre el asesinato de Taylor Henry y apartar definitivamente a Paul Mavig de la carrera política, liquidando el enorme poder que éste lleva ejerciendo hasta la fecha.  En deuda con su amigo, que le ha sacado de apuros en más de una ocasión, Ned se retracta de su intención y decide permanecerle fiel. Está partido entre la duda sobre las implicaciones reales de Paul en el asesinato del hijo del senador y la amistad que les une.  El crimen, el secuestro, el soborno, las conspiraciones, la traición y el juego sucio se amalgaman con  los entresijos de las ambiciones políticas y las ansias de poder. Ned Beaumont va vivir desgarrado a lo largo de toda la trama entre  la sospecha y la lealtad.

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Es difícil para el lector y tras acabar de leer la novela no sentirse tentado por ver la versión cinematográfica de esta obra maldita. ” La llave de cristal” fue llevada al cine  por Stuart Heisler  en 1942, con Brian Donlevy,  Alan Ladd y la explosiva Veronica Lake como protagonistas. Esto colmado con un guionista de lujo, Jonathan Altimer , uno de los periodistas que se hicieron famosos por  su seguimiento  del caso Al Capone desde Chicago Tribune y escritor de novela negra al que se debe la creación del celebre detective William Craner.  La versión cinematográfica tiene   el añadido encanto estético que caracterizó a la “edad dorada” de Hollywood, con el varonil y atractivo gánster y la mítica “femme fatale”.  Personajes grises y sin escrúpulos dominan la trama, destilando la bajeza humana, la ambición, el ansia de poder y los estrechos vínculos entre el crimen organizado, la política y las instituciones.

A través de “La llave de cristal” Hammett  denunció  los males que acecharon a los Estados Unidos  y la podredumbre escondida bajo las alfombras de la República Imperial y el famoso ” Sueño americano“. Adelantado a su época, se ganó no pocas enemistades y ninguneos a raíz de la feroz crítica que formuló al encuentro de la sociedad norteamericana  y su sistema político.

Es evidente que todas las obras responden a contextos históricos muy concretos. Pero no deja de ser menos cierto que en este caso y en una época condicionada por la degradación de lo político, la corrupción generalizada, el culto al enriquecimiento fácil y la crisis moral de la sociedad, ” La llave de cristal” es de una asombrosa actualidad. Leída hoy, es indiscutible que esta obra, de prosa amena y ágil y de profundo mensaje, hizo de Dashiell Hammett un visionario respecto de los tiempos en los que vivimos.

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GÉNERO NEGRO : ¿DE LA “IDEOLOGÍA” A LA “RENOVACIÓN”?

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El género negro y policial sigue liderando el actual panorama literario y  el mercado editorial de habla hispana. Los dos más importantes premios literarios de carácter comercial han galardonado dos autores inscritos en esa tradición, como es el caso de Jorge Zepoda Patterson con ” Milena o el fémur más bello del mundo” (Premio Planeta 2015)   y José C.Valés con “Cabaret Biarritz ” (Premio Nadal 2014). El director cinematográfico Alberto Rodríguez con su film,  La Isla Mínima, se perfila también como el gran triunfador de los Premios Goya de este año.

Los certámenes sobre novela negra también  brindan la impresión de estar consolidándose con cierto apoyo institucional y éxito de convocatoria y de los que  son un ejemplo ” Pamplona negra” o” Aragón negro” que acaban de celebrarse.  A lo  que hay que sumar  BCN negre que se está desarrollando en estos días y celebra su décimo aniversario de existencia, bajo el comisariado de Paco Camarasa, pedestal de la famosa librería  barcelonesa Negra y Criminal. Un festival que ha contado con la presencia de figuras internacionales del género negro como es el caso de Anne Perry.  “Getafe negro” también ha ido consolidándose, convirtiéndose durante su último encuentro en un espacio de interesantes coloquios y debates sobre la evolución del género negro y policial en España, expresándose allí  la voluntad de realizar  propuestas alternativas frente a la hegemónica tradición anglosajona. También hay que señalar el recién nacido certamen Santa Cruz Noir por iniciativa del escritor Javier Hernández Velázquez ( Premio Wilkie Collins de Novela Negra 2014) . Los festivales de Gijón y Salamanca dejan anualmente también su huella.

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En estos momentos se puede mencionar a una serie de  escritores que lideran dicho boom de la novela negra y policial como es el caso de Lorenzo Silva, Jerónimo Tristante, Andreu Martin,  Víctor del Árbol, Cesar Pérez Gellida,  Dolores Redondo, Carlos Zenón,  Esteban Navarro, Carlos Quilez ,Toni Hill o Vicente Garrido por mencionar a los hoy más en vogue y que parecen estar seguidos por autores más jóvenes que empiezan a consolidarse  como  Juan Ramón  BiedmaLeo Coyote, Claudio Cerdán, Rafa Melero, Pere Cervantes, Jordi Llobregat,  Alexis Ravelo Nieves Abarca, Josep Camps, Oscar Bibrián o Santiago Alvárez . Bien que  menos inscrita, no pueden olvidarse a escritoras transgresoras como Marta Sanz o Alicia Gimenez Bartell ( Premi Pepe Carvalho 2015). Injusto sería no hacer mención  de escritores de “por libre”  , desvinculados de las “peñas” de autores de género negro y policial y ninguneado por éstas,  como es el caso de Fidel Vilanova, un autor que ha sabido ilustrar el ambiente de corrupción y crimen organizado en el mundo marbellí, También hay que señalar a autores  jóvenes de reciente aparición en el panorama literario como los gallegos Alexander Weinberg  o Lucas Barrera . La lista de escritores noveles ha ido creciendo y entre los más recientes habría que señalar a  Daniel Santino,  (Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial 2014).

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                                                                Lorenzo Silva

En Cataluña  también está proliferando la novela negra en lengua catalana y en línea con la labor pionera de escritores como Manuel de Pedrolo, sobre todo con autores como  Ana María Villalonga, Lluís Fort o Marc Moreno  y cuyos esfuerzos parecen ir dirección en de una novela negra con tramas de contexto “autóctono”.  Tampoco puede olvidarse a escritores locales como Nacho Cabana.  La tendencia  se erige también en una buena noticia para los sellos independientes especializados , que parecen encontrar un mercado que les permite mantenerse a flote en un clima de crisis económica que ha golpeado con toda su fuerza tanto al mundo editorial como librero.

Sin embargo y a pesar  de la buena salud de la que goza, la cuestión está  en  meditar sobre  el fenómeno  de este género   literario más allá de las meras coordenadas comerciales que han incentivado su actual auge.Interesa saber cuál es exactamente su lugar en la historia cultural  y el significado que ha tenido y tiene hoy. Su actual popularidad contrasta en efecto con el recelo y la hostilidad que en otros tiempos cosechó en los medios intelectuales más politizados y adscritos a los grandes relatos y entre el mundo universitario y de la alta cultura en general. Habría que indagar a ese respecto los motivos de su cambio de rumbo y que no puede limitarse a la simple y fácil  hipótesis del  triunfo de la literatura comercial frente a la literatura “culta”.

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La producción cultural en general y la creación literaria en particular  nunca pueden ser entendidas en su intención  si  son objeto de descontextualización histórica y se les aísla  de los procesos civilizatorios, las  configuraciones simbólicas y  la constitución de las realidades sociales. Problemáticas que han sido sobre todo preocupación y ámbito académico de las ciencias sociales, en especial de la historia y  sociología de la cultura y con cuestiones centrales como las relaciones entre textualidad y contextualidad y los mecanismos de externalización institucional de la realidad social.  A ese respecto resultaría arduo comprender el origen  de la  novela negra y  policiaca sin tener previa cuenta de factores y variables  históricas como el monopolio de la violencia por parte del Estado, la protección jurídica de la propiedad,    la formación del derecho penal y el establecimiento de las dicotomías morales, el surgimiento de las ciencias criminológicas y forenses modernas o el papel patologizador de la psiquiatría y que en este caso contribuyó a codificar   los desarreglos mentales o las conductas asociales.   La estructuración de las instituciones totales de carácter panóptico,  el establecimiento normativo e institucional  de las reglas  de la vida colectiva  y   la propia  construcción social de la desviación terminaron de circunscribir y concretar el mundo del “orden”. La novela negra y el personaje policial no solo son uno de los  símbolos de la construcción del héroe en la tradición literaria,  sino también un reflejo de la configuración imaginaria y ficcional   de una  sociedad moderna basada en la estabilidad e inquebrantabilidad de las normas de la vida colectiva. Las representaciones dicotómicas entre el “bien” y el “mal” que dominaron por tradición en el género negro reflejarón en gran medida los sistemas de integración y exclusión que definían a las propias sociedades contemporáneas.

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Bien que su origen se encuentra en la segunda mitad del siglo XIX, determinados valores culturales  y  realidades históricas condicionaron y contribuyeron también al  arraigo del género negro como literatura “popular” en el siglo XX. El ejemplo más elocuente es el norteamericano. Acaso habría que recordar que  su gloria  en la América de los años 40  es indisociable de la definitiva articulación del crimen organizado en los Estados Unidos en el periodo de Entreguerras.  También de las propias  particularidades de  una sociedad  donde  los mecanismos de interacción inter-colectivos o inter-individuales  han estado regulados, por un lado  a través de la violencia y  por   el otro ,  mediante el culto al enriquecimiento, en este caso sintetizado en el famoso “Sueño americano“.

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La sociedad norteamericana consiguió convivir con el crimen organizado en la medida que éste  parecía encarnar una voluntad de integración por vías subterráneas.  Una tesis debatida y cuestionada, pero no por ella huérfana de sentido empírico. El ornamento de lujo, dinero y poder que circunscribió la novela negra y al que el cine norteamericano otorgó su propia magia, confirmaba cómo en el fondo este género literario y cinematográfico no dejaban de exaltar los propios valores sociales y culturales del público. El   fenómeno mismo del mítico  Al Capone  fue el reflejo de las mismas aspiraciones de ascenso social  de los muchachos de las clases populares procedentes de la inmigración italiana, sobre todo en una sociedad donde las posibilidades de triunfo se erigían  mucho más como un dispositivo ideológico que como una realidad tangible.    En el propio ámbito  de la  literatura negra europea, en especial la inglesa, los diversos autores   reflejaron e hicieron apología  de los  valores de una sociedad británica basada en los peores prejuicios y las más profundas diferencias sociales.En el lado continental escritores como  Simenon y su famoso Inspector Maigret  encarnaron  los ideales chauvinistas y nacionalistas de la propia sociedad francesa.   Se mire desde la perspectiva del universo policial, (garante del orden), como desde el criminal (reflejo de las aspiraciones de riqueza y poder), el  género negro más clásico no puede dejarse de considerar profundamente conservador y condescendiente con el status quo. De ahí la singularidad de figuras como Dashiel Hammett o Raymond Chandler, novelistas de estilo impresionista, conocidos por su izquierdismo y aguda crítica contra las miserias morales de la sociedad norteamericana y que se alzaron como transgresores, pero también como  excepciones que no dejaban de confirmar la regla del conformismo que dominaba  al género negro en general.

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Raymond Chandler

Desde otro ángulo, el género negro y policial fue denostado por las vanguardias  y la teoría literaria “académica” y  esto por su supuesta condición de “baja literatura” inserta en la cultura del medio pelo. Desde los años 70 en adelante  ese elitismo no dejó de ser  puesto  en jaque y se revelaba evidente que no podía constituir la problemática central en el momento de analizar un fenómeno social de semejante envergadura. En efecto, no eran pocas las voces críticas que apuntaron a que el menester no era  debatir sobre las fronteras entre  “alta” y “baja” literatura, discusión por otra parte estrictamente académica y poca conectada con la realidad. De hecho, la mirada despectiva que las vanguardias lanzaban sobre un género literario destinado a las “masas” fue objeto de  denostación desde  la sociología de la cultura y  las teorías de la reproducción vinculadas a la sociología de la educación. Frente a los prejuicios, de origen radical o aristocrático, contra la cultura y la literatura de masas, resultaba más pertinente recordar la incidencia de los factores estructurales y  las profundas desigualdades sociales  en el acceso a los bienes  culturales. Este tema fue de hecho objeto de debates y discusión entre los historiadores y sociólogos de la cultura en numerosos seminarios, simposios y foros en el contexto  universitario norteamericano de los 80 y 90 y donde se planteó la cuestión del consumo cultural de las clases populares. Encuentros en los que, además del género negro, se abarcaron otras cuestiones colaterales, como por ejemplo, la novela rosa y su significado en el universo de las mujeres pobres sometidas a frustrantes situaciones económicas, sociales, personales y emocionales.   Respecto a esto, hay que apuntar que, partiendo de los propios  paradigmas de  la  sociología de la cultura de inspiración marxista   y  en los últimos años,  de la perspectiva  de los  “radicales” e innovadores  Cultural Studies, el enfoque crítico sobre el género negro buscó alternativas analíticas  a las puras consideraciones estéticas de la crítica y teoría  literaria o la denuncia más o menos ritual contra la “sociedad masa” emanada de las teorías de la cosificación.   Por ejemplo, el análisis de  los aspectos ideológicos, sociales, simbólicos y culturales que dominaban  en las estructuras narrativas de las tramas adquirió un particular interés.

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No está de más recordar que el héroe de novela negra y policiaca ha sido generalmente el punto referencial de los varones de las clases populares,  encontrando en la figura del policía  o del mismo delincuente su propia ideal de masculinidad y virilidad y tendente reproducirse en la realidad a través de la figura del “chico de barrio “o del “matón.” El reto  tanto para la sociología de la cultura, como para los Cultural Studies , la sociología del género de inspiración constructivista  o la teoría feminista de la cultura de masas, fue en su momento encontrar formas interdisciplinarias de reflexión sobre un género literario que, al mismo tiempo que había democratizado el acceso a los bienes culturales y más en concreto, al mundo de los libros, conservaba mucho de su lado  alienante en  los sistemas de  transmisión de valores. En general autoritarios, racistas, clasistas, machistas, misóginos y homofóbos. Por circunscribirnos al estricto ámbito  español, cabría recordar que toda la producción literaria  negra y policiaca en nuestro país ha vehiculado ella misma esos valores, antes, durante y después del franquismo.

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Marta Sanz

Es en ese sentido que quizás pueda explicarse la actual popularidad de un género negro y policial español que parece haber ido limando los aspectos más casposos y reaccionarios.  En los últimos años han surgido escritores de gran proyección a los que ha caracterizado un esfuerzo por revisar las configuraciones simbólicas de las tramas, introduciendo personajes con  más perfil  ético y  percepción crítica de la realidad social, política y civilizatoria y en los que  no han faltado la denuncia de la corrupción, el abuso, la crueldad, los prejuicios o la maldad y las  miserias de la condición  humana. Un ejemplo es el del propio Lorenzo Silva, nuevo gúru de la novela policiaca en España  y que a través del singular personaje del Brigada de la Guardia Civil, Rubén Bevilavaquia, ha sabido otorgarle dimensión humana e incluso un cierto tufo “progresista” a un Cuerpo muy connotado ideológicamente y con un bien conocido y tenebroso pasado político. Sin olvidar la aportación de escritoras como Marta Sanz, que rompieron esquemas con el personaje de Zarko, un detective abiertamente homosexual. Algo impensable a la vista del machismo exacerbado que ha caracterizado al género negro y policial. No puede olvidarse de mencionar la singularidad de la obra de Víctor del Árbol, principal embajador en el extranjero  del género negro español, cuya  producción  literaria interpela hoy sobre el ejercicio del poder absoluto y sin matices,el engaño y las mentiras que rodean a los mitos y a los héroes, pero también sobre las angustias y los sufrimientos de los más  débiles. El surgimiento de personajes policiales mucho más vulnerables y alejados de las delirantes e hiperbólicas representaciones  de la masculinidad, la creación de anti-héroes que desvelan la subjetividad de los perdedores, la crítica hacia el mundo del dinero  o la representación del crimen y de la  delincuencia en sus matices y más allá de fáciles preceptos morales o premisas patologizantes, son muchos de los elementos que ilustran un cambio en las estructuras narrativas del género negro y que hasta la fecha habían funcionado como simples dispositivos ideológicos e instrumentos de socialización en unos determinados y muy cuestionables valores culturales.

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Los recientes y mencionados certámenes de novela negra y policial  han  sabido dar testimonio de estos cambios.  La cuestión está en saber si ese esfuerzo  por parte de esta  nueva generación de escritores  que han desempolvado al género negro y policial de sus peores connotaciones  , va a poder mantenerse en el tiempo y no convertirse en algo anecdótico.  En efecto, es de esperar que los modismos  que están empezando peligrosamente a circunscribir  a este género literario y las implacables reglas del mercado  no acaben dando al traste con esta  interesante renovación política e intelectual.                                     

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LAS DOLOROSAS VERDADES DEL PASADO : UNA APROXIMACIÓN A “UN MILLÓN DE GOTAS” DE VICTOR DEL ÁRBOL

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A veces pueden encontrarse algunas novelas  que, a pesar de su aparente naturaleza comercial,recogen  cuestiones relevantes de la experiencia humana, resultando en realidad   intelectualmente mucho más refinadas de lo que hace suponer su propio carácter  de obra para el gran público. Me refiero, claro está, al best- seller de Víctor del Árbol, ” Un millón de gotas” ( Destino, 2014). Una obra que, detrás del thriller a través del que se hilvana la trama, guarda el mérito de interpelar  sobre  temas nada baladís .

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Ex Mosso de Esquadra, Víctor del Árbol fue uno de los primeros representantes del nuevo y singular fenómeno  de los escritores procedentes del universo policial  y que contribuyeron en mucho a dotar de rigor y realismo a la novela negra, limando en ella los vicios de quijotismo que han a menudo caracterizado a este género Surgido en el panorama literario desde la esfera de  los sellos editoriales independientes con títulos como El peso de los muertos ( Catalia 2006) y galardonado con el Premio Tiflos de Novela, también fue finalista en el  XIII Premio Fernando Lara.  Su rápida  proyección resultó deudora de un primer gran éxito , “La tristeza del Samurai” ( Alréves, 2011). Algo  meritorio por partida doble a la vista del ninguneo al que son sometidos  los editores independientes por parte de la crítica y los medios.  

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Nota a añadir, Víctor del Árbol es uno de los autores españoles que más proyección están teniendo en el ámbito internacional en estos momentos y esto muy especialmente en el país vecino. En el 2012 recibió el Prix du Polar Européen de manos de la prestigiosa y mítica revista Le Point.  Hecho muy loable teniendo en cuenta el   neonacionalismo cultural que está caracterizando a un medio intelectual galo que  digiere muy mal su pérdida de hegemonía en el mundo; en posturas cada vez más autodefensivas e inmerso en el nostálgico convencimiento de que no hay signos de vida inteligente más allá de las fronteras de la gloriosa Exception Française” Un millón de gotas” acaba de hecho de ser traducido al francés con buenas expectativas de éxito al otro lado de los Pirineos.  Parece así que Victor del Árbol ha sabido superar obstáculos y barreras infranqueables, consolidando su nombre en el panorama literario.

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Con un perfil que encarna al mismo anti-héroe, el personaje central de ” Un millón de gotas” ejerce sin embargo en el lector una atracción magnética.  Gonzalo es un abogado de derecho civil, bastante gris,  que lleva casos de violencia de género y divorcios y que por añadidura vive amenazado por los exmaridos de sus clientas.  Casado con una mujer de la parte alta de Barcelona, Lola,  una esposa infiel y que siempre le hace sombra y bajo el yugo de su suegro, Agustín, un hombre poderoso, arrogante, prepotente y rapiñero,  frente al que se siente anulado y que le desprecia, Gonzalo se resiste a reconocer su infelicidad matrimonial y la sensación de encarcelamiento que le produce vivir en un ambiente muy  alejado de sus propios origines sociales e ideológicos. Su holgada situación económica no le hace olvidar el sentimiento de  soledad que le produce su vida familiar y el desasosiego por el odio indisimulado que le profesa su hijo adolescente y homosexual, Xavier, que  vive afectado de por vida por una cojera a raíz de un accidente de natación  en su infancia y del que considera responsable  a su padre. Gonzalo compensa la indiferencia de su hijo con el amor obsesivo por su hija menor, Patricia.

En medio de una reunión mundana que su mujer le organiza con motivo de su cumpleaños, Gonzalo recibe la inesperada visita de un hombre, Alcaráz, un policía de la vieja escuela y de periplo oscuro,  que le anuncia el suicidio de su hermana, Laura, una subinspectora de policía con una vida desordenada, dominada por el alcohol y las drogas, sexualmente promiscua y  descentrada a raíz del secuestro y asesinato de su hijo de seis años  a manos de un miembro de la mafia rusa. Se presume que su suicidio es debido a las sospechas que han recaído sobre ella, tras ser encontrado el cadáver del secuestrador de su hijo, asesinado en muy extrañas circunstancias. Sin contacto con Laura desde hacía una década, Gonzalo  conserva de su relación con su hermana los recuerdos de infancia y la imagen de una muchacha extrovertida y segura de sí. Poco a poco va descubriendo el origen de su progresiva degradación tras  la muerte de su hijo Roberto, pero también su implicación en la investigación de un turbio asunto delictivo y en la que va a  contar con la colaboración de un  apuesto joven de origen africano, Saika. Al mismo tiempo también, se desvelan los entresijos de los conflictos familiares y las razones del odio que su madre, Esperanza, una mujer anciana y rodeada por un misterioso secreto, le ha estado profesando a su difunta hermana LauraGonzalo tendrá que destapar  muchas verdades del pasado y en el que ocupará un lugar central su propio padre, Elías,  desaparecido de repente  a finales de los años 60.

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A lo largo de la trama Víctor del Árbol   pone luz al  lejano periplo del padre de Gonzalo, que remontará a la época de la Segunda República y la Guerra Civil, pero sobre todo a los primeros años del estalinismo en una Unión Soviética testigo de  cómo se van sembrando las semillas del totalitarismo. Estudiante asturiano de ingeniería y con ideas comunistas, Elías acude a la Unión Soviética con el fin de colaborar en el Plan Quinquenal. En medio de los peores momentos de la represión  en la URSS, Elías es arrestado arbitrariamente por la policía política soviética  y deportado a Siberia, junto a otros tres compañeros extranjeros que habían acudido a Rusia  fascinados por la Revolución, un francés,Claude y dos británicos, Martin y Michael, a los que les une una relación amorosa. Durante su deportación , los tres amigos viven rodeados por la sombra de un delincuente común, Igor Stern, un hombre malvado, de ademanes animalescos e instintos caníbales. Rumbo al campo de Názino, Elías conoce mientras tanto a una joven enfermera, Irina, viuda de un profesor de literatura represaliado por Stalin y a su pequeña hija, Anna. Gonzalo va tener que descubrir el significado de ambas en la vida de su padre.

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                          “Un millón de gotas” gira sobre todo en torno dos ejes, la investigación policial en la que  Laura ha estado implicada  antes de suicidarse y la comprensión de las razones de la enigmática desaparición de Elías, un padre al que Gonzalo tiene por un ídolo a raíz de sus profundos ideales y heroísmos durante la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial y la resistencia frente al Nazismo. El autor despliega un catálogo de personajes, de historias y contextos aparentemente inconexos, pero cuya verdadera y objetiva  inter-relación  va desvelando a lo largo de la trama y con una singular capacidad para sorprender al lector.  A lo largo de la novela Del Árbol juega con las dimensiones cronológicas y los contextos históricos con una indiscutible habilidad narrativa, pautando los tiempos y trasladando al lector del presente al pasado, sin brusquedad ni confusión.

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La angustia, el remordimiento, la culpa, el odio, el rencor, el ansia de poder  y la venganza dominan a los personajes centrales, pero también los sentimientos amorosos.  La pasión romántica más normativa se entrecruza con pinceladas de homoerotismo y hay que reconocerle al autor el loable mérito de abordar cuestiones como la homosexualidad más allá de las representaciones patologizadoras, los arquetipos risibles, la frivolidad o la mera e hipócrita corrección política a la que se nos tiene acostumbrados. Sin embargo, si  una principal  virtud  debe reconocérsele a ” Un millón de gotas” es el ingenio de su autor para superar ciertas limitaciones narrativas de la novela negra, bordeando otros géneros literarios, entre ellos la novela histórica y la política. De hecho, Del Árbol ha  reconocido él mismo que su producción literaria alberga un género  “mestizo” más que estrictamente “negro“.  Salvadas todas las distancias, debe mencionarse a otros escritores que también se han embarcado en esa arriesgada empresa de los géneros fronterizos, como es el caso por ejemplo de Claudio Cerdán con su thriller, “La revolución secreta” ( Alrevés ,2014) y que en medio de un entramado de hombres lobos, ha sabido introducir no pocos factores de reflexión histórica,civilizatoria y ética  y hacer de su novela una crítica hacia la bestialidad humana y la barbarie de la guerra.    Se confirma así el surgimiento en España de una nueva generación de escritores que han sabido otorgarle una cierta estatura intelectual al  género del thriller, desmontando muchas de las ideas recibidas sobre su estatuto de literatura vinculada a la cultura del “medio pelo”.

” Un millón de gotas” abre en toda su amplitud un abanico de problemáticas, en especial  cuestiones actuales como la realidad del crimen organizado  alrededor de la explotación y las  vejaciones al encuentro de  los individuos más indefensos. También interpela sobre elementos de muy hondo calado político e ideológico, entre otros, las difíciles relaciones  con la memoria histórica   y la incidencia que a menudo tienen respecto a nuestras interacciones más personales y humanas. Aun así no debería obviarse el espíritu que planea en todo momento sobre la obra de Víctor del Árbol y que  consiste en recordarnos el dolor  que nos producen las  verdades ocultas en un lugar recóndito del pasado y el desconcierto que puede llegar a zarandearnos  al  descubrir las miserias que rodean   a aquellos que  hemos estado  toda la vida idealizando. Del Árbol no deja de poner sobre tapete de cómo las utopías y los grandes ideales pueden llegar a ser pervertidos por  nuestras propias bajezas,  sucumbiendo bajo las garras de esa banalizada maldad humana de la que nos hablaba Hannah Arendt. Pero sobre todo y ante todo, Un millón de gotas  alberga  una reflexión sobre las consecuencias de la mentira, un alegato contra el abuso de poder y una invitación a no perder la perspectiva de la memoria histórica respecto a las atrocidades del totalitarismo.

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