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UN INSÓLITO DELINCUENTE : SOBRE “FUL” DE RAFA MELERO ROJO

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Rafa Melero Rojo es un escritor que se ha ido consolidando  en el mundillo del “Noir”. Llegado al panorama literario negrocriminal de la mano de Lorenzo Silva, se dio a conocer como un autor de novela policial de urdimbre procedimentalista, sobre todo a través del personaje del sargento Masip y de la figura del asesino en serie. Temas centrales de sus dos primeras novelas, La ira del Fenix  ( Playa de Ákaba,2014) y  La penitencia del Alfil  (Alrevés,2015). Parece que Melero ha decidido darle un descanso a su héroe y al propio universo institucional y simbólico de la policía autonómica, para situarse al otro lado de la raya. Es decir, el mundo de la delincuencia y el crimen organizado. Ese giro es unánimemente comentado por los pasillos de los ambientes literarios, sobre todo después de que Melero hubiese acostumbrado a los lectores al ambiente de la investigación criminal. Ese paso literario por el estricto ámbito de la delincuencia ha adquirido configuración a través del personaje de su nueva novela Ful, (Alrevés,2016)

Ful es un  modesto pintor de brocha gorda y un trabajador precarizado  que nace y vive en Lleida. Su periplo fue común al de muchos adolescentes de su barrio y  generación. Adscrito a un medio social periférico, se revela testigo de un contexto familiar en el que el alcoholismo, la violencia de género, el drama, el fracaso escolar, la pobreza económica  y la falta de perspectivas dominan la vida cotidiana. Con una trayectoria de perfil bajo, Ful va entrando progresivamente y muy a su pesar, en el universo de la pequeña delincuencia, pero sin hundirse del todo en el hoyo, dado que escapa de la drogodependencia en la que ha caído mucha de su gente. No tiene una mentalidad criminal en el sentido estricto y por momentos mira con envidia a quienes han escapado de un destino fatalista, en especial a un amigo de infancia convertido en Mosso de Esquadra, Pepe.  Sin embargo, asume su existencia. De repente, se presenta para él la oportunidad de dar un “verdadero golpe”. Robarle un  alijo de droga a un camello africano. La operación parece, en un principio, bastante rudimentaria. Apoyado por dos otros amigos, Jose y el El Pelota, al igual que él, sin gran futuro en la vida, llevan a cabo la operación. Contra todo pronóstico, la cosa acaba teniendo un mal giro y las consecuencias se revelan catastróficas. Ful y sus cómplices se encuentran con dos cadáveres sobre las espaldas. El asunto se termina de agravar cuando descubren que le han provocado la muerte al camello y a la prima de uno de los más feroces e implacables capos del cártel columbiano de la droga.Unos días después, un sicario  sin escrúpulos y de gatillo fácil, Wilfredo Martins, viaja desde Bogotá rumbo a España.A partir de aquí, Ful se va a topar  de frente con el auténtico mundo de la delincuencia y el crimen organizado.

Rafa Melero ha optado esta vez por  la narración en primera persona,  un estilo que suele estrechar los vínculos entre el protagonista y los lectores, asegurando compenetración entre ambos.  Añade un toque de originalidad, dado que la trama   está ambientada en una ciudad relativamente tranquila y poco acostumbrada a los sobresaltos. Lo que hace que rompa con el mito  de la concentración del crimen  en Barcelona y el carácter apacible de las demás capitales de provincia de Cataluña.

La obra de Melero nos habla de la dimensión más humana del delincuente, así como de  sus circunstancias personales en medio de la desigualdad social y la ausencia de verdaderas oportunidades. También  de la adolescencia y la juventud robadas y del delito como único forma de supervivencia. La novela no deja de ilustrar, por otra parte, la corrupción policial, la globalización del crimen organizado y  todo el submundo que lo envuelve, en el que priman formas micro-totalitarias de poder y donde la arbitrariedad, el miedo, la crueldad y la muerte se convierten en “reglas de oro”.   No cabe duda de que se trata de la obra más “social” de Rafa Melero, en contraste con sus anteriores novelas, excesivamente apologéticas del universo policial y con las que, un servidor, se ha mostrado a menudo muy crítico. El hecho de que Ful haya venido avalada por autores como Paco Gómez Escribano , cuya obra siempre se ha centrado en el mundo delictivo de la periferia urbana, demuestra que existe un verdadero cambio de rumbo  en la producción literaria de Melero , ilustrada por una mirada empática  con la historia de vida de aquellos individuos situados al  otro lado de la frontera establecida por la ley y el orden.

Organizada en capítulos cortos de lectura fluida, la obra refleja el esfuerzo de Melero en la renovación narrativa, así como un claro distanciamiento de la novela procedimental en beneficio de una vocación mucho más ” Noir” y sensible ante los orígenes, causas, motivaciones y consecuencias de la desviación social. Podemos hablar de una faceta de Melero hasta la fecha desconocida y desde luego, muy interesante, que apela a considerar Ful como su mejor novela.

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APOLOGÍA DEL ANTI-HÉROE : SOBRE ” LA CAPITAL DEL MUNDO” DE GONZALO GARRIDO

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Experto y asesor en comunicación, así como blogger y comentarista literario, Gongalo Garrido surgió en el panorama narrativo  con una obra que tuvo una excelente acogida  de publico,  ” Las flores de Baudelaire” ( Alrevés,2012),una novela de intriga ambientada en la “Grande Guerre” y que nos llevó  por los túneles de la condición humana. Garrido se afirmó con “El patio inglés” (Alrevés,2014) y que, desde un estilo intimista, abordó los complicados vínculos de parentesco  y  el lado tormentoso delas relaciones paterno-filiales. Sí por algo se ha hecho conocer Garrido es por la creación de unos personajes que distan mucho de ser planos.Fiel a su interés por las contradicciones de los individuos,  a través de su última producción, ” La capital del mundo” ( Alrevés,2016), Garrido hace una decidida incursión por el “Noir”, aunque con toques heterodoxos y renovadores.

Bilbao, Ángel Mato, un prestigioso investigador y profesor universitario políticamente vinculado a los dirigentes históricos del PNV, es encontrado en un edificio en reconstrucción con una bala en la sien. El conglomerado está vinculado a  importantes intereses económicos del sector del ladrillo y en el origen de  conflictos con una comunidad vecinal. Enfermo y casi anciano, la policía autonómica plantea el suicidio como primera hipótesis. Es la versión oficial que las autoridades hacen difundir entre los medios de comunicación. Si bien, la mujer de la víctima no está del todo convencida de la causa de la muerte y decide contratar a un detective privado : Ricardo Malpartida , un personaje singular y atípico.

De orígenes modestos y ex- taxista, Malpartida vive en la periferia urbana de Bilbao, testigo de la crisis social. Su pasado y personalidad están repletos de sombras, dado que se trata de un hombre emocionalmente sacudido por la ausencia de  amor materno y destrozado por la muerte de su hermana : su familia es una de las víctimas del terrorismo etarra en la etapa más cruda  de los “años de plomo” . Abandonado por su mujer, confrontado a la educación de una hija adolescente con la que tiene serios conflictos inter-generacionales, también mantiene una complicada relación sentimental con una mujer que pretende anularlo y con la que solo encuentra la satisfacción de una vida sexual intensa. Asolado por el alcoholismo, su único punto de apoyo es una relación ambigua con una prostituta de origen ucraniano.

Con grandes dificultades económicas, el encargo de la viuda de Ángel Mato  y los nada despreciables honorarios que está dispuesta a pagarle se presenta como una oportunidad para salir de apuros.Malpartida no se fía de las pesquisas de la policía autonómica y sospecha que el caso ha sido cerrado en falso. Su decidida implicación en la investigación, ayudado por un curioso personaje, Francisco, un modesto conserje con necesidad de protagonismo y en búsqueda de emociones,  le lleva a descubrir  poco a poco los aspectos oscuros de la víctima y las razones de su asesinato. Desde luego y lanzada panorámica mirada sobre su obra,hay que empezar diciendo que Garrido trabaja con originalidad tanto los personajes como los conflictos que dominan la novela.

Pese a la enorme influencia que llegó a ejercer Vázquez Montalban, la figura del detective privado  no ha ocupado un lugar predominante  en la producción narrativa “Noir” de los últimos años, primando sobre todo la configuración simbólica y representacional del universo policial.La razón está en las muchas controversias sobre la inverosimilitud de los personajes detectivescos y el contraste con su objetiva irrelevancia en el ámbito de la investigación criminal .Sí la novela recoge algunos aspectos estéticos y ambientacionales del mundo detectivesco, no es menos cierto que Garrido  ha demostrado celo en no extrapolar, sin más, a la realidad española, una figura literaria cuya inteligibilidad es tributaria de un determinado contexto histórico muy distinto al nuestro. Mal haríamos en obviar que, al margen de los loables preceptos éticos a partir de los que quedó ficcionalizado, el personaje del detective  privado americano que está en la esencia misma del “Noir” más clásico,  fue el espejo de un sistema social definido por la debilidad del Estado y la supremacía  de una sociedad civil  autoregulada a través del mercado, las relaciones monetarias y la violencia. En cualquier caso y  más  allá de los aspectos formales, Garrido ha sabido trabajar con esmero la psicología  de Ricardo Malpartida y que está en el origen mismo de su magnetismo y la progresiva empatización  con él que va creciendo   en el lector.

La trama nos pasea por un Bilbao atestado de sombras  camufladas detrás de su reputada vocación vanguardista y espíritu de cosmopolitismo, recordándonos  la existencia de un universo académico y científico repleto de mezquindades y clientelismo, así como la actitud de unos medios de comunicación cada vez más avasallados.  Pero sobre todo y ante todo, interpela sobre la realidad de una ciudad , instituciones y Fuerzas de Seguridad  tomadas en rehenes por los que llevan décadas ejerciendo el poder en Euskadi.

No cabe duda que “La capital del mundo” es un decidido alegato contra el delirio individual al que pueden conducirnos los supuestos sentimientos colectivos. Más allá de todo, sí alguna singularidad tiene de verdad la obra, es su  sincera oda a los anti-héroes, obligados a lidiar voluntariosa y valientemente adversas circunstancias.

 

 

                 

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VÍCTOR DEL ÁRBOL : UNA RENOVADA MIRADA LITERARIA SOBRE LA POST-GUERRA Y LA TRANSICIÓN

 

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Ediciones Alrevés acaba de hacerse cargo de la nueva edición de la primera obra de Víctor del Árbol, El peso de los muertos ( Alrevés, 2016). Una novela   originariamente publicada por la editorial Catalia a principios de 2006 y galardonada con el Premio Tiflos. La obra gozó de poca proyección en su momento, quedándose confinada en las mazmorras del olvido. Es de celebrar su relanzamiento por parte del conocido sello de género negro, responsable en gran parte del éxito  internacional que llegará a tener Víctor del Árbol en los años posterior con otras obras como La tristeza del Samurai o Respirar por la herida. Con motivo de mi ponencia en el XII Congreso de Novela y Cine Negro de Salamanca, presentada a principios de mayo y bajo el título “ El espejo roto : La cuestión del pasado y de la condición humana en la producción narrativa de Víctor del Árbol”, tuve ocasión de subrayar la importancia de esta ninguneada obra y sin la cual es imposible comprender el compromiso intelectual y literario del autor contra la desmemoria.Esto desde una reflexión sobre la relevancia de la imbricación entre el género negro y el género histórico y la necesidad de hacer confluir la crítica social con la propia crítica culltural del proceso civilizatorio.

Barcelona, mediados de los años 40, el doctor Naham Márquez  es condenado al garrote vil por el  asesinato de una mujer de la que estaba enamorado, Amelia Quiroga, la atractiva  esposa de un militar franquista  perteneciente a la alta sociedad y dominado por unos celos enfermizos y desarreglos psiquiátricos. El doctor Márquez ha sido él mismo un hombre con una infancia traúmatica e impregnada por el recuerdo del suicidio de su abuela. Débil de carácter, sucumbe a los embrujos de su aristócrata amante.

Treinta años después, a un mes de la muerte de Franco y muy lejos de España,Lucía de Dios , el personaje central, recibe la llamada telefónica de un  amigo de infancia obsesionado con ella, Octavio Cruz y tras la cual  decide volver a Barcelona aprovechando la coyuntura de un régimen dictatorial agonizante. Tiene en su haber las cenizas de su padre Juan, un veterano y respetado militante comunista. Una vez en Barcelona Lucía irá descubriendo los extraños vínculos entre el doctor Naham Márquez, su padre y la víctima de aquel asesinato, Amelia Quiroga. Un siniestro comisario de la Brigada Político-Social franquista, implicado en la investigación sobre el crimen y  de nombre Ulises, entrará también en escena.  Ulises, Naham Márquez, Amelia Quiroga y el mismo padre de Lucía, Juan, constituyen las piezas de un extraño puzzleMientras tanto, va a surgir un personaje enigmático, Liviano, un hombre encerrado desde hace treinta años en un Hospital Psiquiátrico Penitenciario y que mantiene una relación especial con una monja, Sor Amparo. A través de su amigo Octavio,Alicia consigue encontrarse con aquel enfermo mental y que  conserva la clave de la verdad. La novela va desvelando una trama maquiavélica en la que, ni las inocencias ni las culpas son las que parecen, ni tampoco el pasado es lo que aparenta.

Se trata de una obra que reflejó la todavía inmadurez narrativa de un joven Víctor del Árbol, pero que sin embargo supuso una renovación del tratamiento de los años de la posguerra y el abordaje crítico de un periodo, la Transición, cuyo cuestionamiento se revelaba todavía un tema tabú. No es necesario incidir demasiado en cómo la idealizada Transición Democrática se basó en amplios pactos de silencio sobre la realidad del franquismo y cómo hoy mismo, el famoso “consenso” ha dejado de ser  una loable “Virtud Pública” para convertirse en un mero dispositivo ideológicos de algunos sectores políticos y esto con el único objetivo de cerrar cualquier debate sobre la memoria histórica.

 

El peso de los muertos

La falta de receptividad ante esta novela en el momento de su primera edición vino en gran parte condicionada por la saturación  en la que había terminado por caer la ilustración ficcional de la guerra y la posguerra española. Sin embargo, no cabe duda que se trató de una de las primeras obras que introdujeron este periodo histórico en el ámbito del género negro, con un especial hincapié en las dimensiones de la condición humana y desde un claro distanciamiento respecto al exceso de panfletismo ideológico que había primado hasta la fecha en el cine y la literatura sobre esta etapa oscura de la historia política y social española.  Pero lo que está claro sobre todo, es que se erigió en el origen y las bases de una inquietud literaria por parte de un Víctor del Árbol que fue consolidándose  a lo largo de los años.No cabe duda ese respecto que su obra posterior, La tristeza del Samurai ( Alrevés 2011), consolidó bastante de las cuestiones que tuvieron embrión en aquella primera novela. Merece apunte  el hecho mismo de que el extraordinario éxito del que gozó su segunda obra en Francia estuvo relacionado, no solo con el amplio público del que goza el género del polar  y el propio género histórico, sino con la mentalidad de una sociedad gala que, a diferencia de la española,  conserva una relación menos problemática con el pasado  y la memoria de los crímenes que se hayan podido cometer en él.

La  lectura de El peso de los muertos  puede hoy quizás ayudar a comprender  la evolución de un autor que, obviamente, ya no es el que era y cuyo carisma personal e intelectual se ha ido quedando por el camino en beneficio de un perfil  dominado por  un  vedettismo de carácter  megalómano  y lejano    respecto a sus primeros lectores  y las  fuentes de apoyo personales que le rodearon en sus origines como escritor más o menos anónimo. Pero es de cortesía, al menos, reconocer la coherencia de las problemáticas que  dinamizaron esa primera etapa creativa  de Víctor del Árbol  que hoy parece estar cerrándose  : la maldad del poder, el sufrimiento de sus víctimas y el dolor que mora en sus entrañas, así como la necesidad que tiene todo individuo de hacer oír su propia verdad sobre un pasado usurpado y  narrado por terceros.

 

 

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LA ESCRITURA COMO ACTO DE AMOR : SOBRE “LA OTRA VIDA DE NED BLACKBIRD” DE ALEXIS RAVELO

 

 

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Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, Alexis Ravelo se inició como autor de relatos fantásticos, infantiles y juveniles, labor que compatibilizó con la de guionista y publicista.   Premio Dashiell Hammett (2013) por ” La estrategia del Pequinés”( Alrevés,2013), el escritor canario  se ha ido convirtiendo en uno de los referentes del género negro en España, sobre todo también a través de otras obras de éxito  como las Flores no  sangran (Alrevés,2015).   Sin embargo, si algo hay que decir de él , es que es un autor que se ha revelado capaz de explorar nuevos horizontes y no dejarse encerrar en una jaula “Noir” de futuro incierto. Así lo ilustra  su última creación narrativa, ” La otra vida de Ned Blackbird” ( Siruela, 2016). Una obra inserta en el universo de la siempre  ninguneada “novela corta”, pero que pese a todo, en este caso concreto, destila a través de sus 179 paginas  una serie de interesantes problemáticas que no deberían dejar indiferente a nadie.

Carlos Ascanio, un profesor  de humanidades, se traslada a una ciudad de provincias en  cuya universidad ha  de realizar una sustitución de un año. Marcado por el reciente fallecimiento de su esposa, Ana, viene huyendo del dolor que lleva dentro a raíz de su viudez. Se encuentra atormentado por cierto remordimiento, al reconocer que había dejado de querer a su esposa.Los recuerdos que intenta conservar son precisamente sus primeros años de matrimonio y los tiempos de felicidad junto a ella. Solo en medio de una ciudad pequeña y gris, se instala en el seno de un edificio regentado por un tal Vilanueva ,descendiente de una  familia caciquil venida a menos. En el barrio logra sin embargo simpatizar con Tachito, un sarcástico anciano invidente, pero sobre todo, con Lucía, una extrovertida estudiante universitaria que se gana la vida como camarera y con la que mantiene una relación ambigua.

Pero es sobre todo su mudanza a ese viejo edificio la que va a condicionar todo el desarrollo de su vida. En efecto, el piso en el que vive había sido ocupado por una anciana acabada de fallecer : Celia Andrade, una antigua maestra de enseñanza secundaria.Todo el lugar está impregnado por su presencia. De repente y  durante varios días consecutivos, le llega el sonido del teclado de una máquina de escribir y sin que exista constancia en el edificio de que nadie posea o haya poseído una, a excepción de la difunta. Todo indica que el espectro de     Celia Andrade le está merodeando. Curioso ante la existencia de aquella anciana que parece haber muerto en la más absoluta soledad, Carlos Ascanio empieza a obsesionarse con ella después de descubrir en un armario sus papeles personales y  correspondencia. Celia Andrade no era la que parecía, ni  tampoco su vida. Carlos va conociendo poco a poco su verdadera identidad y un periplo  repleto de aventuras, acontecimientos y sentimientos que nada tienen que ver con la imagen de mujer solitaria y víctima del desamor que ha dado ante los demás.

La influencia de González Ledesma  en la formación literaria de Alexis Ravelo es bien conocida y reconocida por el propio autor y en ese sentido, lo primero que hay que apuntar sobre esta obra, es que se revela ante todo y por encima de todo como un magnifico homenaje a la literatura popular o lo que despectivamente se denominó, “literatura de quiosco”. Ravelo nos retrotrae a esa oscura España de la posguerra y tardoposguerrarepleta de vidas grises y tristes y de infancias truncadas,  que sin embargo encontraron un rayo de felicidad a través de novelillas y personajes que hacía olvidar por unos instantes la realidad frustrante de los tenebrosos años que dominaron el primer franquismo. Es también  una oda a los escritores anónimos y sobre todo a  aquellas mujeres para las que ciertos géneros les estaba  proscritos como autoras. La soledad y la clandestinidad de la escritura y el periplo incierto y escabroso de quienes se dedican a ella no dejan de ser destilados en la obra.  Ravelo hace también un decidida y algo nostálgica  apología de la epístola como lazo de unión entre los individuos, sobre todo en comparación a un mundo actual en el que las nuevas tecnologías establecen formas de comunicación basadas en lo efímero y el simulacro.   Pero si algo tiene de excepcional la obra, es recordarnos la fuerza de la palabra. Cómo a través de ella se pudieron forjar relaciones de amor y  amistad y sobre todo, cómo se alcanzó a tender puentes entre personas muy distintas y alejar las rencillas, los odios y los rencores en base a los cuales se había alzado el trágico imaginario de las “Dos Españas”.   A ese respecto, no cabe duda de que la obra de Ravelo expresa el sentir y la experiencia vital y existencial de toda una generación que hoy ya no está entre nosotros.

“La otra vida de Ned Backbird” mezcla diversos temas, con sus toques de intimismo, costumbrismo, romanticismo, añadiendo incluso algunas pinceladas de  “Noir” y de “gótico” , dado que el crimen y los misterios del más allá  también hacen acto de presencia. Algunos críticos y comentaristas la han calificado como una obra “expresionista”. No reúno las suficientes competencias en teoría y hermenéutica  literaria como para rebatir con solidez argumentativa el calificativo, aunque sí recordaría el lado cada vez más sospechoso de las etiquetas. Esto sobre todo en un momento en el que el imaginario literario está camino hacia un creciente mestizaje narrativo que hace que se tambaleen las viejas categorías establecidas por la crítica literaria más canónica. Pero en cualquier caso, sí se puede decir que se trata de una novela profundamente inconformista, que habla de las borrosas fronteras entre el sueño y la realidad, de cómo los sentimientos pueden sobrevivir al  tiempo y a las distancias, pero sobre todo, de cómo podemos descubrir a través de la vida de terceros el espejo de nuestras propias angustias, dramas y tragedias personales.

 

 

 

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VÍCTOR DEL ÁRBOL : “El PESO DE LOS MUERTOS” FUE MI MANERA DE ESCRIBIRME A MÍ MISMO SOBRE MI PASADO Y EL DE MI FAMILIA “

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Premio Nadal 2016 por la obra ” La víspera de casi todo”, ( Destino,2016)  Del Árbol es hoy  un escritor consolidado pero con un periplo escabroso en sus primeros momentos  y una primera obra ninguneada a pesar de haber sido galardonada, El peso de los muertos ( Castalia,2006.)  Una novela que  embrionó , sin embargo, buena parte de su trayectoria posterior y asentó las bases de lo que serán  las grandes  problemáticas de las obras más exitosas de Víctor del Árbol, entre otras, su magistral ” Un millón de gotas”.  Olvidada a pesar de su enorme importancia para la comprensión del conjunto de la producción de Del Árbol, la editorial Alrevés   reeditará El peso de los muertos el próximo mes de junio. Es precisamente sobre esa preciosa y hoy, diez años después, rescatada obra, que conversamos a lo largo de esta entrevista.

Siempre has explicado que empezaste a escribir siendo adolescente. ¿ Qué es lo que separa esa relación  que tenías con la escritura de la que tienes hoy, a parte del evidente y lógico paso del tiempo  y de la madurez que estos proporcionan?

En lo básico se mantiene la misma relación, que se sostiene sobre todo en la curiosidad y en la posibilidad de introspección que la escritura concede. El ejercicio de lentitud permite la reflexión, el cuestionamiento. Esa mirada de cierta incredulidad ante lo que llamamos “normalidad” no ha variado con los años. Ha crecido. Atrás quedan los resabios, la necesidad de demostrar para pasar a un mostrar cada vez más incierto, menos admonitorio cuanto más segura es la voz narrativa. Poco a poco los ripios van dejando paso a una lucidez mayor.

¿Tenías esa visión idealizada del mundo intelectual y literario que todos hemos tenido siempre y que, evidentemente, se va disolviendo a medida que nos vamos acercando a él?

La idealización positivista de que el intelecto, la ciencia y la lógica, pueden resolver los problemas de un mundo planteado como dilema a resolver han dejado paso a ese posmodernismo atravesado de cierta decepción. De repente, las hipótesis ya no se resuelven y las preguntas no tienen respuesta. Eso no significa que la idea no sea válida, como sería injusto decir que la palabra no basta. La idea de que la inteligencia es evolución (y no involución) la sigo manteniendo, del mismo modo que sigo creyendo que la palabra aúna todas nuestras incapacidades de concebir toda realidad pero sigue siendo el instrumento más válido para explicarnos, paradójicamente.

¿Ser escritor y más todavía, ser escritor de éxito, te obliga siempre ha adquirir un perfil “fáustico”, a vender tu alma al diablo?

No hay alma que se vea obligada a convertirse en Fausto. Los diablos que la pretenden son conocibles y reconocibles. Y los perfiles, siempre son una parte de la apariencia, nunca la evidencia y mucho menos la certeza. Uno aprende a preservar su intimidad, también en lo literario, sin hacer concesiones a ese súper “Yo” que otros se arrogan el derecho de impostar.

¿ Qué sensación te da ver hoy reeditada tu primera obra, El peso de los muertos, que a pesar de haber sido galardonada con el Premio Tiflos, pasó en su momento sin penas ni glorias y que incluso te llevó por un tiempo a desistir de escribir más nada?

La sensación calmosa que siente la tierra cuando una semilla termina germinando. El Peso de los muertos es para mí una declaración de intenciones, imperfecta desde luego, pero veraz, donde ya están los elementos básicos que se desarrollarán después.

¿ Has superado esa relación renegada e incluso litigiosa que tuviste durante mucho tiempo con tu primera obra?

El tiempo todo lo cura, y aprendes a poner las cosas en su sitio. Fue una primera experiencia, y como todas las primeras veces se fueron por delante algunas ilusiones. Pero fue una experiencia única, me dio la oportunidad de saberme escritor y me ayudó a perseverar. En lo literario, creo que me ayudó a fijar una estructura narrativa, un tono y una visión.

Supongo que el paso del tiempo y la madurez en tu relación con la escritura, siempre te hace lanzar una mirada crítica hacia una primera obra. ¿ Cómo sería “El peso de los muertos” si hoy tuvieses que reescribirla?

Menos visceral, formalmente más sencilla. Pero en esencia, respetaría la trama y la caracterización de los personajes.

¿ Hoy, que ya has dejado atrás tus difíciles primeros pasos como escritor, cómo concibes esa obra, como el verdadero embrión de toda tu producción literaria o como el símbolo de una etapa de tu carrera que ya consideras revoluta ?

Sin duda como un embrión, por lo que te comentaba antes. Aparece ya aquí el interés por la Historia y la necesidad de canalizarla a través de historias personales. Ya concebía que la única manera de dar credibilidad a los grandes sucesos es a través de las emociones más íntimas.

En “El peso de los muertos” eliges  dos contextos históricos que vas combinando narrativa y cronológicamente : la posguerra y la Transición ¿  Qué es lo que atraía de esos dos periodos?

La posguerra no es solo la etapa que va desde el final de la guerra hasta el final de la autarquía económica. Es sobre todo un proceso de “reeducación” llevada a cabo por los vencedores donde el propósito es desmantelar cualquier logro de la República, y aún más allá, asegurar que no se volvería a producir un hecho similar. La única manera de lograrlo no es la victoria militar, sino cambiar la sociedad, convencerla de que el Movimiento es la única solución y de que Franco es realmente Caudillo por la gracia de Dios. En cuarenta años, se pretende volver a España franquista. Para ello se incide en la educación, en la cultura, en la ideología, en la economía y el la reescritura de la Historia.

Por supuesto que hay elementos disidentes, todo Totalitarismo es imperfecto.   Pero hasta la llegada del primer gobierno formado en su mayor parte por ministros del Opus Dei es realmente minoritario entre una sociedad desmovilizada políticamente y atemorizada, cuando no convencida. La muerte de Franco y los sucesos que la preceden, como el atentado a Carrero Blanco, los Juicios de Burgos, los asesinatos de Atocha, las manifestaciones represaliadas en Barcelona o en Guipuzcua , ponen ante el mundo la evidencia de que el último Dictador emergido en el período de Guerras no lo ha dejado todo atado y bien atado. Son dos momentos claves para entender la dicotomía que nunca a dejado de lacerar este país. Hoy se sigue usando ese discurso frontista, se siguen invocado agravios del pasado, se ningunea la Memoria Colectiva, en aras a un futuro que, por lo que vemos, nunca acaba de llegar.

Siempre has dicho que perteneces a la generación de la desmemoria y el silencio. ¿ ¿Tu primera obra era una manera de romper con esos avatares?

Era una manera de escribirme a mí mismo sobre mi propio pasado, el de mi familia, el de mis abuelos. He dicho a menudo que todo pasado es relato, bien pues yo necesitaba hilvanar el mío para que me resultaran comprensibles ciertas lagunas.

En una ocasión me dijiste que el 23-F del 81 despertó precisamente en ti el interés por el pasado más reciente de nuestro país. ¿ Hoy, que han pasado treinta años desde el “tejerazo”, cómo percibes aquellos acontecimientos?

Tenemos la perniciosa tendencia a minusvalorar el verdadero peso de aquella intentona, ridiculizando los hechos hasta convertirlos en poco meno que una bravatta a cuenta de un grupo de descontentos y arribistas, una locura que jamás hubiera tenido éxito. Pero eso no es cierto, creo que la joven democracia española nunca estuvo más cerca de una involución que en aquel momento.  Pienso que no se estudia con la suficiente seriedad en los programas escolares, ni siquiera en los ámbitos universitarios. Y no es que sea una pena; es que es terriblemente peligroso.

¿ Nuestros sistemas de apropiación del pasado siempre son coyunturales, circunstanciales, generacionales, emocionales, si me apuras?

Son la única manera que tenemos de entender el pasado. Desde la subjetividad. El pasado no son solo los hechos, es sobre todo el modo de interpretarlos y de contarlos. Cada generación necesita sus anclajes culturales, sus referentes éticos y sus valores identitarios. La instrumentalización del pasado justificativo es la trampa amable en la que caen los que solo buscan argumentos a favor y coartadas.

En “El peso de los muertos”, tu protagonista es una mujer con una adolescencia tormentosa y con una visión idealizada de su padre, un militante antifranquista, pero del que va descubriendo ciertas verdades. Un tema que vuelve a estar presente en Un millón de gotas, referente a un militante comunista, Elias. ¿ Cuando escribiste “Un millón de gotas”, quisiste rescatar algo que quizás se había quedado pendiente, en el tintero, precisamente en tu primera obra?

No exactamente, pero pervive esa idea del falso héroe, de la construcción de la identidad a partir de elementos exógenos a la propia identidad. Descartes ya afirmaba que sin los otros no existe el yo. Y Nietzsche eleva esa ideal del Ídolo hasta exacerbación. Pervive en mi intención demostrar que los héroes solo lo son en la medida que alguien los eleva al pedestal porque resultan útiles. Y sobre todo porque, viniendo del pasado no pueden morder la mano que los eleva a los altares. La dimensión humana del héroe no interesa, solo su caracterización como hombre mesías, como guía, como referente o salvador. La imperfección no puede ser aceptada en el discurso mitológico.

¿ Por qué esa constante desmitificación de la figura del padre en todas tus novelas y que siempre viene a resultar un ser ruin, mezquino, de una enorme bajeza humana y rodeado por la mentira?

No comparto todos esos adjetivos, a menos que se les añadan los opuestos. Porque si no es así, el contraste es imposible. Se necesita de los opuestos para llegar a un cierto equilibrio, a una cierta forma de verdad. Por otra parte, la desmitificación del padre es el proceso natural que transitamos todos desde la infancia a la edad adulta. El padre es en una sociedad patriarcal el pater familias, el líder que provee, infalible y protector. El niño lo asume de ese modo inconscientemente, heredero sin saberlo de su bagaje cultural. Luego nace en el niño el Yo, y entra en contradicción con esa autoridad impuesta por el linaje. Es algo puramente antropológico.

Veo que la violencia sexual y la vejación están presentes, no solo en tu primera obra, sino que han vuelco a colación en todas las demás…

La pregunta es ¿qué se pretende con ello? ¿Y por qué resulta eso más llamativo que las escenas que por contraste, una vez más, buscan el curar esas laceraciones? En una sociedad machista el uso de la violencia sexual y de la vejación es el modo explícito de control, de dominio. Si las mujeres protagonistas de mis novelas sufren esas torturas, no lo es menos que se resisten y luchan ferozmente. ¿La literatura no es acaso simbología? ¿De qué períodos hablamos, de qué contextos? Cualquier mujer de esa época, y me atrevo a decir, de hoy en día, sabe o sabido en algún momento lo que es la discriminación por razón de sexo, de género.  Y sabe lo que cuesta luchar contra ello.

Los personajes heridos, dolidos y a veces sin esperanza y ruidos por la pena y el remordimiento han dominado el grueso de tu producción literaria hasta el momento. Algunos dicen que incluso abusas del “sufrimiento” del ser humano como tema central. ¿ Por qué crees que los individuos siempre miran hacia otro lado cuando se les habla precisamente del sufrimiento y prefieren huir de las tramas literarias demasiado tormentosas?

No tengo una respuesta, porque básicamente no comparto esa afirmación. Plantear el punto de visto doloroso de la realidad frente a la visión hedonista de esa misma realidad no me parece desacertado. La literatura no se basa en la pornografía emocional, ni en  la exaltación gratuita de modelos sociales que solo conducen a la infelicidad de la frustración. La única manera de afrontar los problemas es asumir que esos problemas existen, y no hacerlo desde visiones de mero postureo ético.

¿Esta era nuestra del capitalismo salvaje y de la penalización y estigmatización de los “perdedores” están condicionando también nuestros hábitos de lectura?

Posiblemente buscamos en la ficción referentes idealizados que nos ayuden a sobrellevar esa imposibilidad de estar a la altura de los modelos de éxito que la sociedad de consumo crea.

Tanto en  “El peso de los muertos”, como posteriormente, en “La tristeza del Samurai”, hay dos mujeres de clase alta con un papel central, que llevan a la perdición a hombres atraídos y  fascinados por ellas. ¿ No te daba la impresión de que, a pesar de que siempre te has distanciado de los cánones del género negro, has tendido en cambio a reproducir ciertos esquemas simbólicos y representacionales, sobre todo en relación a  la erotizada  “femme fatale”?

El papel de la mujer fatal es maravillosamente perturbador. Creado por una sociedad evidentemente machista que reinventa el mito de Eva, dotándola de todas las cualidades de la perversión que condena la moral religiosa. Es uno de los clichés que mejor han funcionado en la literatura, desde la Ofelia de Shakespeare.

La arbitrariedad y el juego sucio del mundo policial, así como los pasillos oscuros del poder en la Transición están muy presente. Sin embargo, cuando escribiste “El peso de los muertos”, en España no se ponía tanto en cuestión la Transición como se está haciendo ahora. ¿ Pretendías por aquel entonces, quizás hablar de algo que todos callaban en nombre del requetepredicado “consenso”?

El silencio nunca es una opción a largo plazo. Es un poco la tesis que sustenta el título  de El peso de los muertos. No se trata de venganza, se trata de reconocimiento, de procesar momentos históricos en los que las generaciones presentes no tuvieron implicación pero sí sufren las consecuencias.

Durante la Transición, el franquismo dio muchos coletazos y que, por ejemplo, quedaron simbolizados colectivamente con el asesinato de los abogados de Atocha.  Dos de tus personajes en “El peso de los muertos”, viven de hecho las consecuencias de las arbitrariedades que todavía se cometían entonces. ¿ Hay una desmemoria sobre las últimas víctimas de la dictadura?

Creo que sí. Sobre todo en favor de esa tesis de no azuzar el avispero. Volveríamos al tema de los santos laicos, de la mistificación, pero lo cierto es que en este país hubo personas que fueron asesinadas por tener una visión social y política determinada. Entender quiénes eran esas personas, cuál era el contexto laboral, universitario, social, político nos ayudaría a tener una visión poliédrica, no dogmática, de aquellos años.

Me llamó la atención de que uno  de tus personajes,  un inspector de policía franquista, recuerda mucho al siniestro comisario de la Brigada Político-Social, Antonio González Pacheco, conocido como “Billy el niño” y hoy reclamado por la justifica argentina…

Y ya sabemos la respuesta que ha dado nuestro gobierno. Cuando se reformó el artículo del CP que hablaba de la persecución contra los delitos de lesa humanidad, se hizo una declaración de intenciones. Hoy, por ejemplo, no sería posible encausar a Pinochet.

¿ Todavía andan sueltos muchos “Billy el niño” en España?

Y quienes los utilizaron, ahora los apartan del foco y esperan pacientemente a que se mueran. La muerte es un buen analgésico contra el dolor de querer recordar.

Desde qué publicaste “El peso de los muertos”, el tema del abuso de poder y de unos individuos condenados a veces a volverse los cómplices de sus propios torturadores son muy centrales en el conjunto de tu obra. ¿La fuerza del poder es tal, como para que a veces no se disciernen con  claridad las fronteras entre el verdugo y la víctima, la maldad del poder alimenta también en nosotros otro “pequeño verdugo”?

La naturaleza del poder es el tema central de la literatura. Casi me atrevería a decir que es el tema central del arte. El poder siempre quiso patrocinar el arte y al artista porque es una manera de controlarlo y dirigirlo hacia un decálogo que le resulte útil. Incluso la disidencia y la apariencia de democracia pueden ser, y de facto son, dirigidas por el Poder, siempre que sea controlable. Pero si el arte es arte, entonces es ruptura, cambio, cuestionamiento, alejamiento de las esferas de influencia económica. Todo sistema necesita cómplices y voluntades para funcionar. Y en los resquicios de la mezquindad existen multitud de candidatos y paniaguados.

A parte de la particular experiencia histórica del estalinismo y del nazismo, hemos visto las dictaduras militares en América Latina y en Europa la experiencia atroz de los proyectos de limpieza étnica en los Balcanes. ¿ El siglo XX ha sido, ya no el siglo de los totalitarismos como experiencia política históricamente bien localizada, sino también el de una mentalidad totalitaria, o en otros términos, el odio y la destrucción como valor cultural y mal civilizatorio?

La destrucción étnica es una constante en la historia de la humanidad, la uniformidad una vocación de quien controla en cada tiempo los resortes históricos. Los elementos económicos siempre han sido disfrazados de ideología, desde Asiria hasta las Guerras de religión. La diferencia es la capacidad destructiva, y un elemento multiplicador como la propaganda del terror. Ahora existe una clave que no existía en guerras pretéritas. Son públicas y publicadas en tiempo real, se convierten en material de desecho en los telediarios. El sufrimiento ajeno se ha vuelto banal.

¿La modernidad más acabada ha sido la barbarie más acabada también, cómo predicaba Adorno?

Ya hemos trascendido ese momento. Ahora ya ni siquiera nos sirve el culto al individuo por encima de lo colectivo. El narcisimo social, la vulgarización de los estándares de la Cultura, la parodia de los nuevos ideólogos, nos ha conducido a ese futuro previsto por Nietzsche, donde el hombre ha sido vencido por su propio ego, para emerger convertido en una criatura desamparada, sin Dios, sin modelos que trasciendan lo material. De modo que debemos afrontar el futuro reconstruyendo nuevos valores que, paradójicamente, vendrán a entroncar con valores pretéritos como el respeto al entorno, la valoración de la experiencia en la persona adulta, la inteligencia emocional.

¿ La literatura ha de ser siempre un compromiso contra el poder y la arbitrariedad?

En mi opinión, la literatura es ante todo una opción de libertad individual.

Decía Manchette que no había una Maldad Absoluta y que esta siempre era “histórica” y que adquiría diversas formas según cada circunstancia. ¿ Hoy, en el siglo XXI, en plena Era de la Información y de las grandes tecnologías, cuál es el rostro de esa “maldad humana” y de esa perversidad del poder?

Algo así decía Ortega y Gasset cuando hablaba del “hombre histórico” En mi opinión, la maldad del siglo XXI es la de siempre: la demagogia, la falsedad ideológica, de desmemoria y por encima de todas las maldades, la vacuidad.

 

 

 

 

 

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REALIDADES HISTÓRICAS DE LA ESCRITURA “NOIR” : RESPUESTA A PACO GÓMEZ ESCRIBANO

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Paco Gómez Escribano

Sigo con frecuencia los posts del escritor Paco Gómez Escribano en su página Facebook y sobre todo con un especial interés sus entradas dedicadas a los grandes perfiles literarios del género negro. Textos  redactados en un estilo wikipédico, divulgador y ameno, pero sobre todo muy prácticos e informativos  para ellos que llevamos la etiqueta de “recién llegados” o por decirlo de otra forma, de aprendices de “negritos”.Paco Gómez Escribano es un autor de género negro que se ha ido haciéndose hueco y ganando reconocimiento en los últimos años, así como un asiduo de Semanas negras y certámenes. Su fama de “purista” es bien conocida. Opción, por supuesto, del todo legitima, pero que merecería alguna reflexión.

Justo hoy, caigo con un articulo suyo publicado en el portal Culturamas.com ( 19 de enero de 2016) y que lleva por título, ” El género negro como herramienta de denuncia”. Apoyándose en la tradición del Harboyled, en autores icónicos españoles como Juan Madrid y escritores en ascenso dentro de la “Generación Alrevés” como David Llorente, Gómez Escribano reivindica la vocación social del género negro y su denuncia de los males civilizatorios, al mismo tiempo que pone en cuestión  los escritores “vedettes” de los últimos tiempos. El argumento tiene fuerza y formula una acertada crítica de la falta de compromiso de literatura negrocriminal. Precisamente parafraseando a Juan Madrid, distingue entre dos categorías de escritores : aquellos que se muestran apáticos frente al orden social y esos otros que hacen su denuncia. Hombre de izquierdas, Gómez Escribano se identifica de forma abierta con los segundos.  Suscribo en toda su plenitud esa postura. Mérito de su obra, es que el mundo de la marginalidad social ha ocupado un lugar relevante en su producción literaria, volviéndose testigo de una sociedad que amenaza con dejar a la mitad de la población en la cuneta. Aprecio esta literatura de los “márgenes”, pero también me pregunto si no se vertebra en torno a ciertos dogmas narrativos.

No hace falta  gozar de gran intuición para deducir que el articulo alberga vocación de replica a las recientes aportaciones realizadas por Anna María Villalonga y Empar Fernández sobre la renovación del género negro, después reseñadas por mi en esta modesta morada y parcialmente suscritas por un servidor. Según las palabras textuales de  Paco Gómez Escribano ” :

Lejos de estar obsoleto (el estilo) por la diferencia temporal, como opinan algunos expertos bastante desinformados, este estilo se exportó a Europa y sigue vigente. Cambian los arquetipos, no en su totalidad, cambian las costumbres moldeadas sobre todo por las nuevas tecnologías, pero ni cambian las formas de expresión narrativas (que pueden evolucionar, pero girarán en torno a lo mismo) ni la mezquindad del alma humana. Por tanto, fueron estos pioneros los que sentaron las bases de la novela negra como herramienta de crítica social, una crítica que difícilmente se podría hacer desde los demás géneros o desde los medios de comunicación, por haber acabado estos en manos de oscuros intereses que se entremezclan con los hilos del poder. De hecho, no son pocos los periodistas que pasan a volcar sus informaciones en novelas negras de ficción, por la imposibilidad de hacerlo en los medios.

Sí bien hay que reconocer la loable intención de Paco Gómez Escribano de ampliar un debate propuesto por las dos autoras, quizás deberíamos detenernos  respecto a las formas argumentativas. Cuando se le recuerda a alguien su falta de información sobre un tema y por lo tanto, el carácter errático de su perspectiva analítica, es de buen hacer brindar elementos convincentes que le hagan reparar en ello. Paco Gómez Escribano se limita a señalar “falta de conocimiento”, sin que precise en qué y sobre qué, las dos autoras y, en última instancia, servidor, adolecemos de lagunas respecto a nuestros saberes sobre el “Noir” y sus reglas narrativas  Lo cual, evidentemente, no ayuda al debate y reduce todo al ámbito de la afirmación.

El otro gran tema es qué ha interpretado Gómez Escribano y cómo lo ha hecho respecto a las propuestas de Villalonga, Fernández y, vuelvo a incidir en ello, de este  servidor. A no ser que algo se me haya escapado, no me consta que se haya negado el papel indiscutible del género negro en la crítica social al proceso civilizatorio, primero en el contexto de la sociedad norteamericana y después en el europeo.  Por lo tanto, Gómez Escribano torna a repetir una obviedad que nadie ha puesto en cuestión.  Todavía así, el autor del artículo debería tomar notar de la propia encuesta llevada a cabo por Sebastià Bennassar en el marco de la revista Bearn Black y en la  que hubo coincidencia entre los interrogados de que la crítica social no era en absoluto un monopolio del género negro.

El segundo tema en el que da la impresión que la lectura y por lo tanto, interpretación de Gómez Escribano, no parecen haber sido lo pausadas que hubiese sido deseable, es en la cuestión de la actualidad o no de los “maestros” y la propia necesidad de renovar algunas estructuras narrativas, sistemas representacionales y configuraciones simbólicas. Paco Gómez Escribano es un autor,( por cierto excelente), con indiscutible talento en la construcción de  imaginarios ficcionales, pero al que no por eso debería imponérsele la obligación de  conocedor de los debates académicos en otras esferas.  Por ejemplo en las doctas disciplinas de la hermenéutica, teoría y crítica literaria y por supuesto, de la  sociología  y filosofía de la cultura  y los propios Cultural Studies. De no ser  así, habría tenido en cuenta una problemática fundamental de estas disciplinas : el de las relaciones entre textualidad y contextualidad. Premisa  de la teoría derridiana de la desconstrucción y de la propia teoría literaria post-estructuralista en general. Una cuestión acerosa, muy propia de las ciencias sociales y humanas, en especial de la filosofía del lenguaje y de la teoría de la escritura, que no siempre destilan magnetismo para un creador de ficción, pero que sin embargo deberían ser mínimamente conocidas.

                    Jacques Derrida  nos recordó que las formas de hablar, de decir, de narrar, incluso de “no decir” o de “silenciar”, siempre son productos históricos emanantes de procesos  políticos, sociales e institucionales y que no son extrapolables, sin correr el riesgo de volverlas a convertir a su vez en puros dispositivos ideológicos o en última instancia , en “dogmas”. Lo que en principio obligaría, efectivamente, a contextualizar la aportación de los “clásicos”, pero sin otorgarles el estatuto de la inquebrantibilidad. Habría que preguntarse, por ejemplo, si el lenguaje machista y homofóbo de muchos de los clásicos de los años 30 tendría cabida en una novela actual, al menos si esta se pretendiese “social”.

El tercer bloque argumentativo de Paco Gómez Escribano se refiere a las problemáticas y sujetos de crítica y denuncia social, precisamente, por parte del género negro. Por lo visto y según el autor del articulo, la “mezquindad humana” es algo “persistente” y siempre se manifiesta de la misma manera. Lo que invalidaría cualquier renovación de las reglas narrativa del género negro, sin correr el riesgo de desvirtuarlo. Una vez más, Paco Gómez Escribano torna a mostrarse poco holgado en la comprensión de los procesos históricos y civilizatorios y en última instancia, en  discernir  cómo influyen en la propia remodelación de la tradición narrativa y creación ficcional.

La noción de “mezquindad” es un juicio ético sobre determinados y  “negativos” aspectos de la condición humana. Lo cual hay que distinguir de las practicas sociales y los valores culturales, que son las que realmente determinan la conceptualización de esa misma “mezquindad” o ” maldad humana”. Sí no tuviésemos en cuenta los factores culturales, históricos y contextuales de nuestros comportamientos más bajos, entonces deberíamos dar por hecha la existencia de una Maldad Absoluta y por lo tanto, dar por buena una visión profundamente escéptica sobre la condición humana. Tesis que rechazaron de pleno autores como Jean-Patrick Manchette o de forma más reciente, Víctor del Árbol.   Lo que hoy nos escandaliza, en los años 30 se tomaba por normal, precisamente porque las practicas sociales y los valores culturales determinan nuestros valores éticos y concepciones de las fronteras entre el bien y el mal. La propia violencia y las conductas criminales han cambiado y es frecuente que estas adquieran diversas formas, muchas veces mucho más simbólicas que instrumentales. La cuestión ( y eso es lo que no parece haber entendido Gómez Escribano), no es perder de vista el espíritu del Noir, es decir, la critica política, social y cultural del proceso civilizatorio, sino de repensar la ilustración de la realidad social y de las conductas humanas desde un punto de vista literario y narrativo y esto a partir de nuevas coordenadas históricas. De ahí mi reivindicación de una novela ” Post-Noir”, fiel en el espíritu a la lección de los “clásicos”, pero renovadora en las formas de materializarlo.

Paco  Gómez Escribano :  A mi no me parece mal que cada uno tenga su coto intelectual y lo proteja en obediencia a sus propias inquietudes y percepciones de la realidad social y su visión de la relación de la literatura y más en concreto, del género negro, con ella. Pero no estaría mal que en un país como el nuestro, en el que la falta de debate y en el que el inmovilismo se han tornado peligrosamente en virtud,  le diesemos una oportunidad a quienes pretenden abrir ventanas y dejar  correr un aire que nos libere de las axfisiantes ideas establecidas y  de los dogmatismos. A la vista del escaso apoyo que en este país recibe la producción cultural en sus diversas facetas, mal haríamos si estrangulásemos las posibilidades de innovación que nosotros mismos nos esforzamos en darnos.

La escritura y la creación literaria  siempre son los testigos privilegiadas de un contexto histórico y si en el pasado hubo para los “clásicos” del Noir  una realidad determinada que se esforzaron en ilustrar, para los nuevos autores de hoy aparece otra para la que es necesario darnos nuevos elementos de interpretación e ilustración. Sigo aquí reivindicando en ese sentido las virtudes de una novela ” Post-Noir” que no pierda la vocación y el espíritu de los ancestros, pero que sepa enfocar la realidad presente a partir de sus propias paradigmas narrativos.

  

 

 

 

  

 

 

 

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SUSANA HERNÁNDEZ : ” LA SUBINSPECTORA SANTANA ME ESTÁ DANDO MUCHAS ALEGRIAS”

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Susana Hernández es una de las representantes de la “Generación Alrevès“, así como un valor en alza en el ámbito de la novela negra.  El pasado día  16 presentó en la Casa del Llibre de la Rambla de Calalunya, “Cuentas pendientes” (Ediciones Alrevès,2015),  la última novela de su serie protagonizada por las Subinspectoras Santana y Vázquez. Un acto ameno que tuvo por maestro de ceremonias a Sebastià Bennassar.  Susana Hernández ha ido haciendo camino desde la publicación de su primera novela, La puta que leía a Jack Kerouac,  y consolidado a lo largo de los años a sus populares personajes a través de una serie sobre la que ya ha anunciado una cuarta novela. Coincidiendo con el evento en Barcelona, entrevisté a la autora, teniendo ocasión de charlar sobre diversos aspectos de su producción literaria y trayectoria.

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La Subinspectora Santana es la figura central de tu serie y por la que has sido incluso galardonada por la creación del mejor personaje femenino. ¿ Supongo que su configuración te debió de llevar cierto tiempo y a desechar bastantes borradores hasta llegar a darle la concreción y verosimilitud que tiene hoy?

La construcción de los personajes es un proceso largo y mucho más cuando son, como Santana, protagonistas de varios libros. El personaje se ha ido armando con el tiempo, ha crecido y evolucionado a través de las novelas. Procuro mostrar en cada entrega nuevos matices. Es un personaje del que estoy contenta y que me está dando muchas alegrías.

El otro gran personaje es la Subinspectora Miriam Vázquez. Las dos están unidas por su compañerismo en el Cuerpo y su amistad, pero cada una de ellas tiene una fuerte personalidad. ¿ Qué rasgos “diferenciales” quisiste establecer y destacar?

Efectivamente, Santana y Vázquez son muy diferentes. Creo que eso es parte del encanto, que sean opuestas incluso en muchos sentidos, y que sin embargo congenien y establezcan una relación de amistad. Algunos de los aspectos que las diferencian son muy obvios: la diferencia de edad, la orientación sexual, la formación. Otros son más sutiles. Tienen formas de ser muy distintas: Santana es mucho más reflexiva y empática, es una superviviente; Vázquez es más visceral, más socarrona y pragmática. A veces dice lo que la mayoría de la gente piensa pero se calla. Santana es la protagonista, pero Vázquez tiene también muchos adeptos.

La primera obra de la serie vio la luz con el sello Odisea. Hoy eres una de las autoras más renombradas de la “Generación Alrevés” y en la que entraste de la mano de Josep Forment ¿ Cómo fue ese salto de un sello a otro, tenías quizás miedo de verte etiquetada si seguías con una editorial en principio con un catálogo especializado en narrativa LGTB como es el caso de Odisea ?

Me interesaba formar parte de un sello que tuviera una colección de novela negra potente. Y Josep Forment y Alrevés apostaron por mí. Siempre se lo agradeceré. Como también agradezco a Odisea que en su momento publicara “Curvas peligrosas”. Creo que la serie está donde debe estar.

 Imagino que  debiste de analizar los riesgos de tu personaje, la Subinspectora Santana, sobre todo cuando hay autores vinculados a sellos generalistas que siempre toman el camino más corto y cómodo, reproduciendo los universos simbólicos binarios y hetero-normativos e incluso complaciendo los prejuicios del lector medio.

A nivel literario probablemente sea más fácil reproducir un esquema de relación clásico de hombre-mujer, pero la literatura se nutre de correr ciertos riesgos, de no optar siempre por la opción más cómoda. Ha habido, hay y habrá personajes gays y lésbicos en la novela negrocriminal y espero que cada vez sea más frecuente, que no tenga porque ser un rasgo diferenciador. Eso es para mí la normalidad. De todos modos, la orientación sexual de Santana es solamente una de sus características, no es la única ni la más esencial.

Al ilustrar las relaciones afectivas y sexuales entre la Subinspectora Santana y la fiscal  Malena Montero no te arriesgabas a desatar el bien conocido dispositivo hetero-masculino en torno a la morbosidad de las relaciones lésbicas?

Escribo sobre las relaciones desde la manera en la que las entiendo, y para mí el deseo y la sensualidad son una parte fundamental de una relación amorosa. Sería absurdo y cobarde que por ser dos mujeres se limitaran a mirarse a los ojos y a darse la mano. Santana y Malena tienen una relación muy intensa y apasionada y mi deber como autora es reflejarlo de la manera más creíble y natural posible. Si eso despierta morbo en hombres o en mujeres, sinceramente no me preocupa demasiado ni me parece que sea algo malo. Como lectores todos somos “voyeurs” y el morbo es un ingrediente tan válido como cualquier otro.

  ¿ Siguen persistiendo en la literatura y el cine los sistemas representacionales  patologizantes ,estereotipados o  bufónicos respecto al colectivo LGTB?

Afortunadamente los tiempos van cambiando, aunque en ciertos temas nunca sea a la velocidad deseable. En los últimos años se ha producido una normalización destacable en la manera de representar la homosexualidad en el cine, la novela y sobre todo en la televisión. En España algunas series han jugado un papel importante, en especial a la hora de reflejar la realidad lésbica. El cine sigue siendo más conservador. Aun queda mucho por andar.

Tu obra empieza con una escena horripilante y vinculada a la autodestrucción. ¿ Apostar con fuerza en las primeras paginas con la emoción y las sensaciones de los lectores, es la única manera de que, como se suele decir en la jerga literaria, la novela “enganche” y se gane la receptividad del editor?

No es la única fórmula, pero es un anzuelo eficaz. Eso sí, luego tienes que dar lo que prometes. No puedes empezar muy fuerte y luego no mantener la tensión y la intriga. Me gustan los comienzos impactantes. Como lectora y como autora.

Tu novela juega con varias historias. ¿ Sobre todo teniendo en cuenta que ya es difícil hilvanar una trama y darle coherencia a su desenlace, cómo se trabaja y consigue mantener el desarrollo de tres, como ocurre en “Cuentas pendientes”, encima sin confundir al lector, perder su atención o paciencia?

Las subtramas son una marca de la serie, y en general casi diría que de mi forma de escribir. En “Cuentas pendientes” además de las subtramas, hay tres tramas que se van alternando, aunque haya una claramente más principal. En ese sentido es más compleja que las anteriores y para mí ha significado un reto manejar todas esas historias paralelas, dosificarlas correctamente, no confundir al lector, enlazarlas en el momento oportuno y cerrarlas de manera eficaz y coherente. He tenido que trabajar mucho la novela y la estructura para que no se me fuera de las manos. Espero haberlo conseguido.

El universo de los “menores”, el abuso contra ellos y “entre ellos” constituye la columna dorsal de la obra. ¿ La novela negra se está haciendo cada vez eco de ese problema?

Sería bueno que fuese así. Aunque a mí me interesaba más abordar el tema de la trata de menores, el negocio organizado y lucrativo que supone y la pérdida de valores en chicos muy jóvenes, más que el abuso en sí mismo que por desgracia en un asunto de trata de personas ya se da por descontado.

Estamos viendo en los medios muchos casos reales con menores como víctimas y en condiciones completamente estrambóticas. ¿Tú, que por formación también vienes del mundo de la comunicación, no te da la impresión de que se está jugando mucho con la morbosidad y las vísceras del ciudadano, cómo se resiste a esa tentación en el ámbito narrativo?

Los medios de comunicación son también un negocio y en concreto los contenidos en televisión viven sujetos a las cifras de audiencia. Para alcanzar a esos ratios deseables, parece que todo vale, pero eso no es nuevo. Hace tiempo que viene sucediendo. Asistimos a diario a un espectáculo grotesco de morbosidad y exceso de información y desinformación ya ni siquiera nos sorprende. En “Cuentas pendientes” he procurado abordar un tema delicado, del que en realidad se habla muy poco en los medios, y sobre todo hacerlo sin caer en lo escabroso.

 ¿Se podría decir que los menores están siendo a la vez “víctimas” y “sujetos activos” de un sistema en el que el abuso de poder contra los más débiles se ha convertido, ya no en una práctica social , sino también en un valor cultural? 

Sí, es muy posible que sea así, aunque es algo que ha sucedido siempre. Tal vez antes, culturalmente estaba mejor visto. Ahora ya no. Algo parecido a la violencia contra las mujeres  en el ámbito de las relaciones de pareja. Antes sucedía igual, aunque no se hablara de ello y estuviera hasta justificado socialmente.Desde luego el desgaste de valores fomenta este tipo de abusos y las redes sociales  y las nuevas tecnologías ayudan a globalizarlos. Por suerte también ayudan  a combatirlos.

  Hay otro aspecto que me parece muy interesante en tu novela y que es la complicada relación de la Subinspectora Santana con su madre, una mujer con pena recién cumplida por asesinato . ¿Nunca podemos romper con el pasado, porque me da la impresión que Santana se ve desgarrada entre el borrador que pretende pasar sobre él y el cordón umbilical que simultáneamente    le una al mismo a través de Puri?

La relación de Santana con su madre es uno de los puntales de la serie y pasa por fases muy distintas a lo largo de las tres novelas. En “Cuentas pendientes” la desaparición de Puri la coloca en una situación emocional muy difícil. Tiene que hacer frente a unos sentimientos que no acaba de manejar bien y al mismo tiempo empieza a sentir la necesidad de romper de una vez por todas con ese pasado que la ha lastrado toda su vida, o al menos de convivir con él de un modo pacífico.

También hay un elemento que planea sobre el periplo de Rebeca Santana y que es su amistad con otro personaje, Aina y que tiene  una fuerte emotividad. ¿ La amistad entre mujeres es inherentemente “subjetiva” y por lo tanto, diferente a la que los varones mantienen entre si, a la que se considera “instrumental”?

No me atrevería a generalizar tanto. Sí es cierto que la amistad entre las mujeres, ya desde niñas, suele ser más intensa y el nivel de confianza mayor, pero por supuesto hay amistades masculinas tremendamente estrechas y sinceras y amistades femeninas muy superficiales. Santana también tiene un vínculo de amistad y de mucha confianza con Rafa Navarro, su excompañero, y a la vez es muy distinto al que tiene con Aina o con Virginia, por ejemplo o incluso con la propia Vázquez.

En términos contextuales, el mundo de la justicia y de las presiones de los poderosos sobre ella es un tema que también abordas en “Cuentas pendientes” y que simbolizas en las resistencias de tu otra protagonista, Malena, frente al chantaje, el soborno y la coacción , un tema de mucha actualidad. ¿ El personaje de Malena es un alegato a favor de una ética que parece que hemos perdido a jamás en este país?

Malena es un personaje que me gusta muy especialmente. Creo que aporta aspectos muy interesantes a la serie. En esta entrega en la que ya es fiscal gana mucho peso. Tiene su propia trama en la fiscalía en la que como bien dices resiste como puede una situación incómoda y peligrosa que además tiene connotaciones personales. Quería poner a Malena en esta coyuntura, enfrentarla a sus orígenes, a su entorno familiar. Es una mujer con mucha personalidad, que nunca elige el camino más sencillo, sino el que cree que es el correcto. En “Cuentas pendientes” su integridad y su fortaleza mental se ponen a prueba. Y sí, hay una crítica a esa ética que hemos perdido como sociedad, a ese universo del “todo vale” en el que nos hemos instalado casi sin darnos cuenta.

¿Es obvio que tu obra se inserta en la mejor tradición de ese género negro norteamericano comprometido en la crítica contra los males de su tiempo, pero cuáles fueron exactamente las influencias literarias que recibiste a ese respecto?

Hablar de influencias es complicado. Highsmith y Mankell son mis autores de referencia, que me hayan influenciado o no, ya es otra cosa. Al margen de ellos y ya que hablas de americanos, me gustan mucho Connelly y sobre todo Lehane que en mi opinión es el mejor autor de novela negra vivo. Por cultura me siento mucho más cercana a González Ledesma, Silva, Zanón, Juan Madrid, Rosa Ribas, Alexis Ravelo y Alicia Giménez Bartlett.

Eres de las que piensas que, cómo ha apuntado hace poco Sebastià Bennassar, no se hace a veces la debida distinción entre el género policial y el “Noir” y que se confunden y fusionan las dos categorías, cuando en realidad no son exactamente lo mismo, vendiéndose “gato por libre” y desvirtuando precisamente esa vocación social ?

Evidentemente, algo de eso hay. Sin embargo, me parece más grave que se vendan como “novela negra” novelas que no lo son en absoluto (ni policiales ni negras ni nada parecido). Sobre todo porque en general, salvo contadas excepciones, se perjudica al escritor y se engaña al lector. Comprendo el interés editorial en alargar la vida a la gallina de los huevos de oro, pero no estaría de más que las editoriales fuesen más cuidadosas con las etiquetas que adjudican a las novelas.

¿ Cuál es el límite máximo que hay que establecer para que un escritor no acabe siendo rehén de su propia criatura, por mucho carisma y éxito que haya tenido, en suma, qué futuro le espera a la Subinspectora Santana?

En principio, habrá una cuarta entrega de Santana. Santana tiene poco más de treinta años. Le queda mucha historia vital por delante. No será una Scarpetta que lleva casi veinte novelas, eso seguro. Pero alguna más habrá.

Empezaste en el panorama literario con aquella obra “ La puta que leía a Jack Kerouac” y supongo que, como todos pasaste por la ingenuidad de la escritora novel.¿ Cómo ha sido tu proceso de madurez en tu relación, ya no solo con la escritura, sino también con un mundo literario en el que juegan muchos otros factores que el del simple talento con la pluma?

Se aprende mucho con los años. El mundo editorial es complejo. Juegan muchos intereses más allá de la literatura. Eso es algo que al principio no contemplas. Como en cualquier profesión, la experiencia es un grado y sirve para tener presentes las decepciones vividas y procurar no repetir errores. Si retrocediera haría muchas cosas de distinta forma, pero no me arrepiento de casi nada. Cada paso dado ha servido para algo.

Diriges también un taller literario y supongo que allí también te has encontrado con esa ingenuidad de la que te acabo de hablar. ¿ Qué consejo le darías para que no acaben llevándose decepciones y renuncien a perseverar en un mundo literario y editorial repleto de obstáculos y a veces de barreras infranqueables?

A mis alumnos siempre les digo que sobre todo se diviertan escribiendo y que escriban lo que les pide el cuerpo, sin preocuparse de lo que pensarán los demás. Entrar en el mercado editorial ya es otra historia. Publicar está muy caro y mucho más en el momento actual. Lograrlo no depende únicamente del talento,ni mucho menos. Intervienen otros factores. Por encima de todo, recomiendo humildad,paciencia, leer mucho y escribir mucho.

  ¿ Qué proyectos narrativos tienes para el futuro

Estoy escribiendo una novela. Pero la acabo de arrancar no sé muy bien si va a cuajar. Estoy también intentando escribir teatro. Es un momento de elegir proyectos y hay que afinar las decisiones al máximo.

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