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UN INSPECTOR ENTRE SOMBRAS : SOBRE “MAL TRAGO” DE CARLOS BASSAS DEL REY

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El sello Alrevés parece haber brindado este año su mejor  catalogo , con autores ya muy vinculados a esa casa y que van madurando poco a poco como escritores bajo el paraguas de los hermanos Kerrigan. Uno de ellos sin duda Carlos Bassas del Rey. Un nombre que se consolida, no solo como el comisario de uno de los encuentros más importantes del mundillo “Noir”, Pamplona Negra, ( por cierto, en el que tendré el honor de participar el próximo enero de 2017) ,sino que se reafirma como uno de los escritores más interesantes del momento. Bassas parece además haber dejado atrás definitivamente su etapa narrativa sobre el universo cultural asiático ( origen de su buena proyección ), para contemporanizar con su propio tiempo. Así lo demuestra su última novela ” Mal trago” ( Alrevés,2016) , ambientada en la imaginaria ciudad navarra de Ofidia y protagonizada por el inspector Heredoto Corominas, un personaje que cobró vida con su novela anterior, ” Siempre pagan los mismos” ( Alrevés,2015).

Un menor es encontrado muerto en la caja fuerte de un edificio modernista de la ciudad, propiedad de una familia de pasado esplendor social y económico, pero venida a menos con los años. Adquirido por un poderoso empresario de la promoción inmobiliaria,el palacete está a punto de ser derribado después de haber simbolizado durante décadas la estética y los valores de la burguesía local. Hijo de un modesto relojero autónomo que apenas si consigue llegar a fin de mes, el cadáver del menor viste la indumentaria propia de una ceremonia religiosa y denota una exquisita pulcritud. El simbolismo que envuelve al cuerpo del niño desconcierta al inspector  Corominas, recién reincorporado a la policía tras ser sometido a un expediente disciplinario con resultado de suspensión temporal. La motivación del secuestro del niño  también es de difícil inteligibilidad, dada la modesta condición social de su progenitor. Sin embargo, unos días después, el policía recibe la visita de un preeminente abogado de la ciudad, a sueldo del susodicho promotor inmobiliario, quien afirma que su cliente recibió una exigencia de rescate por el niño secuestrado y asesinado y ello sin  mantener ningún vinculo personal o familiar, ni con el menor, ni con su padre. La desorientación termina de sembrarse entre Corominas y sus hombres. En los días siguientes, otro niño de misma edad, es objeto de   secuestro y encontrado en las mismas condiciones que la primera victima. En este caso también, se trata de un menor con progenitores de modesto estatuto social y económico y en el que el rescate es exigido a otro empresario sin tampoco ningún vinculo directo con el joven.

Aunque me consta que Carlos Bassas del Rey ha puesto lo mejor de si mismo en esta novela, debo reconocer que no soy un devoto de las tramas con menores de por medio y que, en mi modesta opinión, empiezan a cundir en exceso en la producción ficcional ” Noir”. Esto en detrimento de la crítica hacia otras formas de atropello contra determinados individuos y colectivos y que la novela negra actual no debería descuidar.  Sin embargo, es  mérito del autor haber introducido una dosis de originalidad en la articulación de su trama, rompiendo con mucho “dejá vu” en torno a la historias de secuestros y asesinatos. El compromiso social no falta a la cita y tampoco hay duda alguna que Bassas ha sabido poner el dedo en la yaga, denunciando la ruindad y el egoísmo de las élites financieras en medio de una sociedad que se está partiendo en dos.

Es evidente que el autor ha querido subordinar la trama al personaje principal,  Corominas,  que es el que le da fuerza a la novela.  Así lo demuestra el perceptible e indiscutible esfuerzo por profundizar y afinar en la psicología del inspector, sobre todo en comparación a los rasgos algo menos definidos que le trazó en su anterior novela.En efecto,Corominas es un  hombre que tiene que lidiar con las rivalidades, enemistades y puñaladas en un mundo policial no tan  cohesionado como lo que aparenta. Las peores mezquindades entre compañeros  se dejan entrever, ocultas  bajo la bandera de una supuesta camaradería simbólicamente configurada en base al universo masculino de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Pero sobre todo y ante todo,  Bassas indaga en un Corominas  dudoso, no solo alrededor de su profesión como policía, sino también acerca de los aspectos más existenciales de su vida .Asolado por la proximidad de  la vejez y el miedo a la soledad, Heredoto es un hombre confrontado a conflictos generacionales  que determinaron la relación problemática con su padre recientemente fallecido  y que de paso, parecen ensombrecen ahora  la relación con su propia prole; a una vida sentimental y sexual que pierde fuelle y que compensa con escapadas sórdidas en otros lechos en medio de la culpa;  al dolor ante la pérdida de los amigos, así como a un pasado policial repleto de pecados inconfesables.

Bassas ha sabido adentrarse en los entresijos  de un hombre inseguro y lleno de preguntas. En suma, en un personaje rodeado por muchas sombras y caracterizado por su faceta más humana. Si algo hay que decir, es que Bassas rompe muchos mitos en torno a la figura del policía y pone sobre el tapete su falsa inquebrantabilidad de carácter, en beneficio de los aspectos más subjetivos y emocionales.   Lo que resulta un mérito añadido a la vista del buenismo vainillero con el que algunos autores tratan e ilustran el universo de las Fuerzas de Seguridad, colando una evidente apología de la ideología e institución policial.

El estilo narrativo es ligero y cuidado, reflejando un constante anhelo de autosuperación en el autor. La novela resulta coral en cuanto a los personajes secundarios y Bassas introduce un toque simpático al asignarles  nominaciones con nombres de importantes autores actuales del “Noir” y que el lector identificará de inmediato. Un gentil homenaje a sus compañeros de viaje en el arte de escribir.Pero sobre todo y ante todo, la obra nos recuerda las consecuencias de la incomprensión y la crueldad para con aquellos que cargan con una diferencia no elegida. También el lado implacable del paso del tiempo, así como la necesidad de zanjar los litigios con las personas más cercanas, antes de que sea demasiado tarde y hayamos perdido la oportunidad de decirles  , a pesar de todo, lo mucho que las queremos.Si algo ha sabido hacer Bassas, en cualquier caso, es recobrar un aspecto esencial del género negro : las luces y sombras de la condición humana.

 

 

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MEDITERRÁNEO NEGRO : LEYENDO ” LO QUE NOS QUEDA DE LA MUERTE” DE JORDI LEDESMA

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Debo reconocer que fui  un lector tardío y “resistente”, frente a la obra de Jordi Ledesma y eso a pesar de que su novela El diablo en cada esquina ( Alrevés, 2015), viniese públicamente avalada por uno de los escritores más reconocidos del momento.  Siempre he desconfiado de las adulaciones a un autor, sobre todo en este mundillo del “Noir”, atestado de cortesanos y camarillas, pensando también que, detrás de los elogios demasiado unanimistas, suele aparecer la sombra alargada del borreguismo intelectual. Sin embargo,  una de esas causalidades de la vida me llevó a asistir a la presentación de “Diez negritos”, la compilación de relatos cortos de Alex Martin Escribà  y Javier Sanchéz Zapatero y en la que participaba precisamente Ledesma.  Su intervención explicando las motivaciones de su cuento me despertó  interés y fue   un detonador para decidirme a leer su comentada obra. Esa la razón por la que, más movido por mis propios criterios,  aposté también por hacerme con  su  nueva novela, ” Lo que nos queda de la muerte” ( Alrevés,2016).

Reus, años noventa, el cuerpo de un joven apodado Bocaclancha, es encontrado muerto y flotando cerca de los embarcaderos. Abandonado por su madre toxicómana, educado por sus abuelos y más bien apagado, el Bocaclancha ha estado metido en historias de trapicheos y camellismo, dejando que las sospechas apunten a los llamados “Mellizos”, dos jóvenes dedicados al tráfico de droga y aparentemente a sueldo de los carteles columbianos. Un  comandante de la Guardia Civil, conocido como “El cocodrilo” por su talante autoritario, déspota y árido  va a ser el encargado de investigar el caso. El comandante alberga la particularidad de estar casado con una mujer mucho más joven que él, Lucía, de una fascinante belleza, objeto de todas las miradas en la ciudad, pero sobre todo, sujeto de sueño erótico de Ignacio, un joven  procedente de los estratos más acomodados de la ciudad. La mujer del Guardia Civil  tiene una amiga,  Silvia, que anhela todo lo que tiene de atractivo Lucía  y aspira a salir de la vida aburrida y sin alicientes que lleva como ama de casa y mujer de un modesto electricista. Alrededor de ellos giran una serie de personajes corales, entre otros, Sergi, un niño bien, cínico y vividor, enredado en una relación de la que busca en deshacerse y su mejor amigo, el Poeta, que vive a su costa.  La muerte del Bocaclancha, no solo va romper cierta rutina en la ciudad costera, sino que además pondrá al descubierto la verdadera realidad social  de la turística y apacible plaza mediterránea.

Si algo hay que señalar, es la prosa tremendamente cuidada y magnética  de Jordi Ledesma, plasmada en primera persona, que enseguida cautiva y establece complicidad con el lector. La elegancia del lenguaje se combina con numerosos pasajes en la que impera un vocabulario crudo, abrupto y sin prejuicios muy concorde con las respectivas ambientaciones y situaciones. Se trata de una novela corta, pero con una indudable capacidad de condensar una historia de peso. En efecto, Jordi Ledesma  nos pasea por los pasillos oscuros de una ciudad dominada por la imagen externa del bienestar social, el ocio y la vida lúdica, sacando a la superficie las miserias sociales y humanas de la urbi costera : las desigualdades y falta de perspectivas,  la inmigración sureña, el carácter explotador  y el rapiñismo del mundo de la especulación urbanística y el negocio hotelero, el cretinismo, la impunidad, la bajeza humana de las élites locales, la frustración de los más desfavorecidos, la pequeña delincuencia juvenil y el abuso de poder y los trapos sucios de las fuerzas de seguridad, así como las dudas y angustias ante la propia identidad personal, constituyen el abanico de problemáticas que plantea el autor.

Ledesma  sabe  mostrar la parte más “negra” de ese idílico Mediterráneo de reclamo estival, jugando  a la vez con la denuncia social y la mirada crítica sobre la condición humana y esto a través de un narrador enigmático, que finalmente acaba recordándonos la necesidad de mirar la realidad de frente y no torcer la vista cuando aparecen ante nosotros las cloacas de nuestra existencia individual y colectiva.

 

 

 

 

 

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JOSEP CAMPS : “TIKI MERCADO ES UN HOMBRE ESCÉPTICO Y SOLITARIO, QUE OCULTA SUS ALEGRÍAS Y MELANCOLÍAS”

 

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Josep Camps 

 

Josep Camps acaba de publicar su segunda novela, ” Rezos de Vergüenza” ( Alrevés,2016), una obra negropolicial que sucede a ” Melodia quebrada”, ( Alrevés, 2014) y que viene protagonizada por el personaje de Tiki Mercado : un Mosso de Escuadra algo atípico y que conserva la singularidad de apartarse, tanto de los estereotipos  con los se  han trazado  los perfiles de los personajes policiales, como del “buenismo” políticamente correcto que lleva abundando en los últimos años. Descubierto por la agencia literaria Página 3, Josep Camps está también entre los autores de nueva generación que ha ido promocionando el sello Alrevés. Miembro de la revista  Bearn Black, Camps es además autor de una sección de relatos cortos protagonizados por su personaje. En esta entrevista hablamos del retrato humano de Tiki Mercado, así como de la última trama que protagoniza, dominada por una intriga en la que se destapan los entresijos  del poder económico y eclesiástico en nuestro país.

¿Te resultó difícil pensar un perfil de protagonista mínimamente original, más todavía en un clima de proliferación de héroes policiales que cada vez se parecen más los unos a los otros?

Cuando leí por primera vez La soledad del manager de Vázquez Montalbán me sentí fascinado por su protagonista Pepe Carvalho. Fue entonces cuando decidí que un día escribiría una novela interpretada por un personaje que contuviera su esencia. A esa base intenté añadir otros rasgos que definieran una personalidad propia.También el Rubén Bevilacqua de Lorenzo Silva me ha influido en la creación de Mercado.  Si el resultado ha sido mínimamente original deberán decirlo los lectores.

¿ También parece que al creerlo has esquivado esa obsesión que tienen algunos autores  por la corrección política?

En el momento en que te planteas escribir literatura de corte negrocriminal has de dejar de lado toda la corrección política, policial, social o religiosa que no encaje con la historia que estás contando. Yo lo entiendo así, vaya.

Por lo que veo, “Tiki” es un personaje con una vida atípica y repleta de sombras. Supongo que en eso también querías nadar a contracorriente de la imagen idílica del policía felizmente casado, establecido y acorde con las expectativas sociales sobre la “normalidad” y el triunfo social…

La adicción a la cocaína y al alcohol que tuvo en el pasado condiciona constantemente la vida emocional de “Tiki”. Y su manera de ver, pensar y actuar, siempre tendente al límite, no ayuda. Él no persigue el triunfo social, solo quiere vivir sin más sobresaltos que el beso de una mujer o el riff de una Fender Stratocaster.

Algunos dicen que ya hay demasiados policías borrachos, drogados, descentrados, amargados y oscuros. ¿Qué ocurre, los lectores huyen de los perdedores, incluso en la ficción?

Si hablamos de novela negro-policial, los clichés (que no tienen por qué ser siempre negativos) dicen que un buen policía de novela negra tiene que tener algunos de estos rasgos que comentas. Si queremos buscar perfiles distintos, existen otros géneros literarios donde encontrarlos.

¿ Entonces es un anti-héroe?

Tiki no es Hércules Poirot, ni Jules Maigret, si es eso a lo que te refieres. Es solo un individuo que debajo de una personalidad escéptica y solitaria, esconde sus melancolías, alegrías, pasiones o fobias, como cualquier persona de la calle. Y que pulula por la vida arrimándose al sexo y al rock and roll como refugios vitales.

Compruebo que, tanto en tus novelas, como en  relatos cortos en Bearn Black,  su personalidad juega mucho con   la irreverencia…

Sí, es un personaje que está harto de muchas cosas y está en un momento de su vida, cerca de los 50, donde ya no comulga con determinados convencimientos sociales. Y procura ser honesto y actuar en consecuencia.

¿Por qué le acoplas el simbolismo del Rock y del  mundo“motar”, porque en principio y al menos desde un punto de vista generacional, la cultura musical de Tiki tendría que haber sido John Travolta, la “Fiebre del sábado noche” y ese universo  “disco” que hizo furor entre finales de los 70 y mediados de los 80?

Ciertamente. Por edad, Mercado está más cerca de la década de los ochenta, de cuando el rock and roll inició su lamentable ocaso. Pero él se aferra a la época dorada de las grandes bandas, la de los sesenta y los setenta. Tiempos de Beatles, Stones, CCR, Led Zeppelin, Pink Floyd, Kinks, Cream… Y también de Ramones, Clash o New York Dolls.

¿El rock and roll era para ti una manera de ornamentar y enfatizar ese viril perfil masculino que lo envuelve?

Pienso que el rock and roll no entiende de sexos, etnias o condición social. Es algo tan transversal como lo pueda ser el fútbol. La afición por este tipo de música de Tiki es un rasgo más de su personalidad.

¿Ya centrándonos en el caso que  le toca a Tiki en tu última novela, por qué el tema del Opus Dei?

El Opus Dei tiene fama de organización opaca y elitista, envuelta siempre en un halo de misterio. Me apeteció fabular una historia donde esta congregación tuviera un protagonismo destacado.

Supongo que te tocó documentarte algo ¿Cómo trabajaste antes de articular la trama?

Me entrevisté con diferentes personas. Unas me dibujaron el Opus Dei como una organización religiosa que velaba pacíficamente por los preceptos que en su día definiera Escrivá de Balaguer, su fundador. Otras, en cambio, algunas de las cuales había pertenecido al Opus Dei en el pasado, echaban pestes de la organización. Gente que se había sentido explotada, manipulada, estafada.

¿Qué sobresaltarías si tuvieses que describir la figura de Escrivá de Balaguer?

Es una figura controvertida, sin duda. Hay quienes (el Vaticano entre otros) lo consideran un santo. Otros, una personalidad ambiciosa que supo crear de la nada una organización todopoderosa con ramificaciones por todo el mundo. Los más críticos consideran a Escrivá de Balaguer únicamente un misógino cegado por las ansias de poder y el dinero.

¿Sí me permites la pregunta, había en ti algún resabio anti-clerical cuando empezaste a pensar la historia?

No, ninguno. No comulgo con muchas de las doctrinas de la iglesia católica, pero intento ser respetuoso ante las ideas de cualquier persona o entidad. Eso sí, siempre y cuando se manifiesten de forma pacífica.

Por lo que veo en la novela, hay una buena crítica de cómo lo espiritual justifica el gusto por los bienes materiales. ¿La hipocresía del mensaje católico era para ti la preocupación central?

Sí, era una parte de ello. En pleno siglo XXI, mientras millones de seres humanos malviven en la más absoluta miseria, no deja de llamar la atención esa suntuosidad insultante de las altas jerarquías de la iglesia católica.

Lo que veo en los entresijos de la trama es la bajeza y el cinismo de algunos personajes y como la Fe puede ocultar una profunda falta de ética y de moralidad, incluso una tremenda maldad…

La ética y la moralidad, cuando hay dinero de por medio, se van al carajo rápidamente. Eso pasa en religión, política, negocios. Quevedo ya nos lo advirtió hace cuatrocientos años.

¿Se habla mucho de la necesidad de una definitiva laicización del Estado y del Espacio Público, pero eso asegura de verdad que grupos de presión y que órdenes religiosas como la que describes en tu novela vayan a perder capacidad de poder político en beneficio de sus intereses económicos?

Acumulamos muchos siglos de poder eclesiástico, eso no se cambia en dos días. Considero a la religión como una opción que cada uno debería tomar de forma totalmente libre, sin condicionantes morales, éticos o sociales. Eso aún no es así, todavía hay muchas barreras por saltar.

Algunos de los comentaristas de tu obra dicen que hay mucha influencia, narrativamente hablando, de Jim Thompson. ¿En qué aspecto?

Thompson es uno de los referentes de la novela negra, tal vez el más grande. De él me gusta su lenguaje sencillo, preciso, desprovisto de florituras innecesarias; el cinismo de sus personajes, su narración en primera persona. La prosa de Thompson, cincuenta años después, suena tan fresca y actual como el primer día. Eso tiene un mérito enorme.

También se dice que tu obra está a medio camino entre lo policial y el negro, pero que no te sitúas exactamente en ninguna de las dos orillas. ¿No te gustan los “purismos”, temes los “etiquetajes” demasiado cerrados?

Lo de las etiquetas me parece bien para saber ante qué tipo de novela podemos encontrarnos. Tal vez, últimamente, se está subetiquetando en demasía, no sé. Creo que podríamos calificar de policiales a mis novelas, en cuanto a que la trama central de la historia es una investigación protagonizada por un sargento de los Mossos d’Esquadra. Pero también pueden considerarse negras si atendemos a la fuerte crítica social que hay en ellas.

¿Estás pensando ya en tu próxima novela, nos puedes adelantar algo?

Sí, creo que todos los que nos dedicamos a esto de la escritura siempre estamos maquinando algo, sino nos moriríamos. En la próxima novela, Tiki tendrá que investigar un caso que tendrá por epicentro una bonita localidad de la Costa Brava. Me apetece sacar a Mercado de Barcelona, de su zona de confort habitual. De la trama, prefiero no avanzar nada todavía.

¿De cuánta duración va a ser la vida de Tiki Mercado, trilogía o serie?

Ni idea. Me es complicado decidir a priori cuánto va a durar Tiki Mercado. Habrá un Tiki 3, pero no sé si una cuarta entrega. Dependerá de si Mercado tiene cosas interesantes por contar. En el momento en que no sea así, se acabará.

¿Seguirás escribiendo novelas negrocriminales cuando esta fiebre que conocemos hoy pase o crees que serás capaz de adaptarte a los nuevos tiempos?

Ahora mismo, no sabría decirte. Yo no escribo novela negro-policial por un tema de modas. Es un género que siempre me ha seducido. Además, creo que tiene por delante un futuro prometedor.

 

 

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“DIEZ NEGRITOS” A DEBATE : LA EXPERIENCIA DE LA ESCRITURA EN EL RELATO CORTO

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El pasado 10 de noviembre se celebró en la librería La imposible de Barcelona,  la presentación de la antología de relatos rotos ” Diez negritos” ( Alrevés, 2015), co-editada por Alex Martin Escribà y Javier Sánchez Zapatero. Un volumen que ha contado con la participación de Jorge Navarro,Víctor del Árbol, Jordi Ledesma, Toni Hill, Aro Sainz de Maza, Susana HernándezCarlos Zanón, Alex Ravelo,  Berna González Harbour Claudio Cerdán. El acto de presentación no pudo contar con la presencia de los tres últimos autores y uno de los co-editores,  por cuestiones de agenda, pero no por ello perdió en intensidad. Alex Martin Escribà ejerció de maestro de ceremonias entre los restantes autores, los cuales cubrieron con creces las ausencias.

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Alex Martin Escribà es el director de la colección Crims.Cat  y un reconocido profesor universitario de literatura y ensayista que lleva  desde hace años realizando una amplia contribución a la difusión y reflexión intelectual y académica sobre el género negro, tanto en lengua catalana como castellana.   Son notorios sus trabajos  como editor, autor y compilador junto a Sánchez ZapateroGénero negro para el siglo XXI, ( Laertes  2011), La reinvención del género ( Andivira, 2014). Cabe destacar también  su trabajo junto a Jordi Canal, el director del Centro Cultural ” La Bóbila”, en favor de la difusión del género negro y con el que ha sido co-autor de Cua de Palla ( Alrevés, 2011). Fue Premio Serra d’Or, a los jóvenes escritores por ” Jaume Fuster : una vida en negre” .Entre sus obras más recientes hay que mencionar, Rafael Tasis, novel.lista policiac ( Alrevés,2015).  Afincado en Salamanca, también ha sido el impulsor del prestigioso Congreso de Cine y Novela Negra que se celebra anualmente en esta ciudad.

En el acto de presentación del volumen, Alex Martin Escribà reconoció el lado deliberadamente intencionado del título y composición  de la obra, señalando la voluntad de homenajear a la conocida obra de Agatha Christie.  El moderador no ocultó su malestar ante la denostación de la que ha estado siendo en los últimos tiempos la popular autora británica. En se sentido, hubo casi unanimidad en señalar la injustificada tendencia a poner en cuestión a una autora considerada poco “ intelectual” y en cambio a guardar silencio sobre algunas sombras de las grandes figuras de la novela negra norteamericana.

agatha-christie4[1]                                                                  Agatha Christie

El  habitual debate sobre la situación del género negro y el propio proceso de “etiquetaje” no  pudo faltar y fue también cuestión del grado de comodidad con el que los diversos autores se sentían respecto a esa identificación. En general hubo bastante unanimidad sobre el carácter problemático de la definición o autodefinición en ese carácter. Jorge Navarro  lo reconoció sin fisura como una marca identitaria de su producción literaria. Jordi Ledesma hizo sus matices y ubicó su trabajo en una postura fronteriza con el thriller, mientras Aro  Sainz de Maza se afirmó como escritorNoir, aunque con tintes de terror. Carlos Zanón se reveló más distante respecto a la etiqueta, pero reconoció que contribuía ampliamente a la visibilidad de los autores, sobre todo a la vista del boom que está conociendo el género en España, Europa y Estados Unidos. Zanón puso en cuestión las acusaciones contra el ” Noir” como un género poco concluyente. Se impuso bastante coincidencia sobre el hecho de que, antes de pegar etiquetas, era necesario trabajar en el proceso de conceptualización de lo que se entendía exactamente por “novela negra”. Víctor Árbol se reafirmó en su idea bien conocida y reiteradamente expuesta en diversos foros, sobre el carácter “cosificador” de las etiquetas. Recordó que eran sobre todo los contenidos los que de verdad trazaban las fronteras entre lo que podía entenderse por novela negra y lo que no. A ese respecto, reivindicó a los personajes problemáticos y contradictorios y tornó a oponerse a los preceptos “moralizadores” de la novela policiaca. Del Árbol cargó contra el elitismo de la novela “blanca” en Francia y su tendencia a volverse omblilical y otorgarse el monopolio de la ilustración ficcional de los entresijos de la condición humana. Martin Escribà se sumó a su tesis y alegó también la necesidad de romper con los tópicos. Toni Hill dijo haber asumido desde siempre el etiquetaje de su obra.Susana Hernández cerró el bloque temático relativizando el papel de las etiquetas, arguyendo la necesidad de indagar en el alma humana y en los problemas sociales. Afirmó que en base a esos ejes, no tenía inconveniente en reconocer su producción literaria como de carácter ” Noir”.

12191468_10153221242493008_9150002506778914496_n[1]                                               ( Fotos de Pilar Martínez Cordero)    

El segundo bloque temático propuesto por Alex Martin Escribà fue el de la reflexión sobre la experiencia personal  con el relato corto. Susana Hernández llevó esta vez la batuta, mostrándose muy crítica con la frecuente desvalorización del relato corto como género literario y subrayó el hecho de que no se reconociese lo suficiente el enorme esfuerzo e inversión de tiempo que exigía este tipo de escritura, sobre todo en lo que hace referencia a la capacidad de síntesis y condensación de los ejes centrales de las historias. Reconoció que el relato corto había sido para ella un instrumento de entrenamiento que había asentado las raíces de su condición de escritora. Jordi Ledesma se sumó, reconociendo él también las enormes dificultades en el momento de sintetizar una historia y el esfuerzo que había supuesto participar en la antología. Toni Hill adhirió a la tesis de Susana Hernández y recordó que todos los grandes escritores de género negro, empezando por el propio Dashiell Hammett, habían iniciado su trayectoria en pequeñas publicaciones y con relatos cortos.

                   12241401_10153221233763008_6482460589249812202_n[1]           Susana Hernández ( Foto de Pilar Martínez Cordero)      

El debate también giró en torno a la dimensión puntual de estos relatos y  el balance extraído por parte de autores que no estaban especializados en este género de escritura. Víctor del Árbol apuntó a la singularidad del reto para autores como él, en principio acostumbrado a escribir novelas de largo alcance en contenido y extensión y reconoció el lado estimulante de su participación en la antología. Jorge Navarro, en cuanto a él, añadió al hecho de que la experiencia le había producido una extraña sensación, sobre todo en la medida que le  había tocado hacer un camino inverso al habitual y en el que el relato corto siempre precedía la escritura de novelas de largo alcance. Carlos Zanón dijo haberse sentido a gusto con el relato breve y rememoró su anterior trayectoria en el ámbito de la poesía. Aro Sainz de Maza se distanció quizás de la tónica dominante entre los ponentes y reconoció su firme apuesta por las novelas de largo alcance. Toni Hill dio final a la conversación arguyendo que para él resultaba difícil tratar  en los relatos cortos la profundidad y complejidad del género negro y que era la razón por la cual su  aportación no se había inscrito en ese género en el sentido estricto.

12243208_10153221245173008_5945956986203686297_n[1]                                                  Foto de Pilar Martínez Cordero

El intercambio durante el torno de palabra vertió en torno a algunos temas inscritos en el primer bloque del debate y en el que fue cuestión del buenismo o de la maldad tanto de la figura del policía, como del delincuente, el verdugo o  la víctima. Víctor del Árbol volvió a reivindicar   las flaquezas de los personajes, incidiendo en las frágiles fronteras entre el verdugo y la víctima. Insistió en su argumento contra los preceptos moralizadores e hizo hincapié en el lado sumamente interesante de la maldad humana, en una clara alusión  al magnético y fascinante personaje de Igor, en su obra Un millón de gotas. Susana Hernández apeló a la necesidad de romper ciertos arquetipos y sistemas representacionales harto repetidos y saturados, como el personaje policial rodeado por la oscuridad de su personalidad y psicología. A ese respecto defendió la configuración ficcional de personajes de carne y hueso y conexos con la realidad cotidiana.

Como nota final hay que señalar la presencia de un grupo de adolescentes estudiantes de bachillerato de un instituto de Castelldefels, los cuales, acompañados por su profesora de lengua y literatura, prestaron un especial interés al relato de Jordi Ledesma. La docente de enseñanza secundaria señaló el valor de ” Diez negritos” como instrumento didáctico para sus alumnos, no solo en aras al  incentivo de la lectura, sino como elemento para comprender la conducta humana.

Se trató en suma, de un acto ameno, cordial, ordenado y divertido, en un espacio modesto, pero agradable, con un público participativo y atento. En resumidas cuentas, un encuentro que pretendió ser un homenaje al relato corto y que supo dar testimonio de la experiencia personal de cada autor.

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CRÍMEN, CORRUPCIÓN Y ROCK AND ROLL : SOBRE “MELODÍA QUEBRADA” DE JOSEP CAMPS

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Josep Camps forma parte de la nueva corriente de escritores descubiertos y lanzados  por el sello editorial Alrevés y  también  está en el grupo de novelistas que han contribuido a la creación  de unos nuevos personajes policiales que han ido tomando el relevo generacional a los viejos héroes plasmados por la novela negra y policial española de los 70 y 80.   Entre ellos  cabe mencionar al sargento de los Mossos d’Esquadra Eutiquio Mercado, una figura  a la que Camps ha dado vida a través de su primera obra, Melodía quebrada.( Alréves, 2014) y que  parece estar empezando a consolidar gracias a una pagina  web de historias cortas y de  su segunda novela, que también será próximamente  objeto de publicación por parte del propio sello Alrevés.

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Ex-toxicómano, viril y sutilmente homofóbo, Tiki es un hombre solitario, que ha ido de fracaso sentimental en fracaso sentimental y  satisface sus necesidades sexuales más urgentes gracias a relaciones esporádicas con Rocío, la  gerente de una galería de arte en la parte alta de Barcelona y con arrebatos ninfómanos.  Apasionado del Rock and Roll, en sus tiempos libres ejerce como disc-jokey en un local y a cuyo propietario, Mariscal, le une la pasión por la música. A través de las eruditas conversaciones con su amigo, Tiki Mercado hace viajar al lector por todas las grandes etapas de la historia del Rock and Roll, desfilando   sus figuras más emblemáticas y mitificadas. Unos diálogos que sin duda harán el placer de los grandes amantes de este género musical. Aún a pesar de un perfil  más o menos abrupto e inscrito en los cánones más clásicos de  masculinidad que imperan en el universo simbólico de la policia, Tiki destila una humanidad y valores éticos que le otorgan un lado entrañable y magnético. Camps parece haber acertado con la creación de una figura de ficción que, sin insertarse del todo en la “corrección política” por la  que lleva apostando el género negro de nueva generación, si rompe bastante con el patetismo que dominó a los machistas personajes policiales españoles de los 70 y 80.

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Un importante empresario del sector inmobiliario, Guillermo Canals, es encontrado muerto en  su club de golf en unas circunstancias grotescas. Filántropo y apreciado por la opinión pública, la víctima no tiene enemigos conocidos. Ha forjado su fortuna en los lejanos años sesenta y emparentado a través de su matrimonio con una preeminente familia de la nobleza alemana. En su entorno más próximo  han girado un aristócrata vividor, ocioso y snob, el Marqués de Vilassar , su cuñado,  Manfred  von  Reiniger, que lleva las riendas de sus negocios como Consejero-Delegado y un abogado picapleitos, Josep Monfort, un hombre algo oscuro y enriquecido por los servicios a  las élites económicas de la ciudad. De orígenes modestos, el viejo Canals nunca ha sido aceptado en los selectos ambientes de la petulante alta burguesía catalana. Su muerte no beneficia sin embargo a nadie, ni en su entorno familiar, ni social, dado los formidables intereses económicos y financieros que algunos conservaban en sus relaciones con él. El sargento Mercado es asignado al caso junto a una joven y espontanea agente, Elvira Sangenís, salida apenas del periodo de formación en el Institut de Seguretat Pública de Catalunya.

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Ausentes los móviles económicos y poco plausibles las artimañas conspiracionistas en los círculos sociales de la víctima, las primeras sospechas apuntarán hacia su hijo, Christian Canals , un homosexual treinta añero con unas relaciones muy complicadas con su padre a raíz de su orientación sexual y que no oculta su odio hacia su progenitor. Todos los indicios le acusan, dado Christian ha desaparecido de repente y misteriosamente el mismo día en que fue cometido el homicidio. Las razones personales se perfilan  cada vez más como origen del crimen.

Algunos días después, se produce una segunda muerte en apariencia sin relación con la primera : la de Alfonso Galán, el presidente de una asociación de vecinos dedicada a la defensa del patrimonio natural del Parque de Montjuïc e inmerso en unas relaciones litigiosas con la Concejalía de Urbanismo e Infraestructuras del Ayuntamiento de Barcelona. Tiki se dedicará entonces a indagar sobre las conexiones entre las dos muertes, mientras la hipótesis de un crimen puramente pasional por parte de Christian Canals empieza a tambalearse. El sargento Mercado se verá confrontado a toda suerte de obstáculos y dificultades en la resolución del caso, dado que los altos mandos de la Policía autonómica catalana presionan a los superiores de Tiki para que la investigación sea cerrada con la mayor diligencia, al fin de que el asesinato del empresario no perjudique la imagen de la ciudad, ni ponga en aprieto a las autoridades municipales o espante a los inversores.

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                             Camps  desenvuelve  a su personaje en medio de una trama relativamente sencilla y en la que la retórica soez, las escenas explicitas de sexo y  la obsesión de Tiki por satisfacer sus siempre despiertos impulsos libidinales,  otorgan a la novela unas amenas pinceladas de humor.  Muchos lectores agradecerán  que Josep Camps haya tenido el gran acierto de no empachar con un exceso de enigmas y entresijos, aunque sin por ello perder el rigor en la ilustración de los contextos institucionales y formales de la investigación policial. El desenlace podría quizás resultarle algo apurado o saberle a poco a aquellos lectores acostumbrados a intrigas muy rebuscadas e interminables, pero  que sin embargo generan a veces el efecto perverso de que el lector desista de conocer el final de la historia. Puntos de equilibrio que  no siempre son fáciles de gestionar.

En cualquier caso, hay que señalar que la sencillez de la trama que despliega Camps está compensada con creces por el discurso ético de la novela. Melodía quebrada   se revela como una muy singular denuncia de la mezquindad y el espíritu rapiñero de nuestras élites económicas, la corrupción generalizada de nuestra clase política, la complicidad de las fuerzas del orden con el mundo de los poderosos y la desapropiación social de la que están siendo objeto los ciudadanos respectos a los bienes urbanos colectivos y comunes. A través de la trama, Camps ilustra a la perfección la situación de esa Barcelona asolada por la especulación urbanística y  lastrada por los efectos del 92 y los nefastos años del maragallismo.

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Si acaso habría que recordar que novelas policiacas preñadas por grandes y complicadas tramas pueden resultar intelectualmente de muy bajo vuelo e incluso albergar mensajes ideológicos harto  reaccionarios, mientras que  obras, en cambio, con tramas menos ambiciosas, consiguen a menudo  interpelar a los lectores sobre muchas cuestiones civilizatorias,éticas y morales. Que se sepa, el reciente éxito del género negro es deudor de un renovado compromiso político y social y en el que la complejidad de la trama es subordinada a la relevancia del mensaje. No cabe duda, en ese sentido, que el gran mérito de  ” Melodía quebrada” consiste en  insertarse en ese espiritu.

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EL RETORNO DEL SARGENTO MASIP : SOBRE “LA PENITENCIA DEL ALFIL” DE RAFA MELERO

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                       Mentado por Lorenzo Silva y Víctor del Árbol,  Rafa Melero  es un autor que va puliéndose  y haciendo camino sin grandes aspavientos, combinando su condición de Subinspector de los Mossos d’Esquadra con la faceta como escritor.  Este mes de marzo  acaba  de lanzar su segunda novela,”La penitencia del alfil”( Alrevés,2015) y esto después de la buena acogida que tuvo su primera obra ” La ira del Fénix“,( Playa de Akaba,2014),  un  excelente thriller repleto de intrigas y venganzas que no solo replanteó en muchos aspectos a la figura del psicópata y del asesino en serie, pero que además dio lugar al nacimiento de un nuevo personaje de ficción en el panorama literario del género negro  y policial : el sargento de los Mossos d’Esquadra Xavi Masip.  El autor no parece haber aclarado si está en su intención consolidar su personaje protagonista en una  venidera producción literaria, pero por el momento hay que decir que  nos vuelve a llevar de  la mano hacia los oscuros pasillos de una nueva  trama.

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Barcelona 2013, se acaba de producir la desaparición de un preeminente abogado de la ciudad condal.  Mientras tanto y en el contexto madrileño,  Alejandro Arralongo, un ex-Inspector de la Policía Nacional, en situación de jubilación anticipada y con una vida sedentaria y aburrida,  toma noticia del caso a través de los medios de comunicación. El acontecimiento  mantiene un claro paralelismo con el  caso de un triple secuestro y  doble asesinato de una periodista y un abogado en el Parque del Retiro en los años 90 y bajo unos métodos particularmente crueles . Otro crimen de idénticas características se producirá con una década de intervalo. Nota peculiar, el asesino siempre deja con vida a una de las tres víctimas del secuestro, pero en unas condiciones físicas y psicológicas lamentables. Por motivos personales,  el  ex-Inspector Arralongo   ha vivido obsesionado con el caso desde el segundo de los  asesinatos, revelándose convencido que el criminal actúa cada diez años y que la desaparición del abogado  en Barcelona augura el tercer secuestro y asesinato. Sin embargo, algunos mandos de la escala ejecutiva de la Policía Nacional en Madrid conservan un oscuro interés en que el caso del asesinato en el Parque del Retiro no sea reabierto.

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Ninguneado por sus antiguos compañeros, Arralongo  entra en contacto con el sargento Xavi Masip a través de un ex- compañero de la Policía Nacional. En retorno de un casi fin de excedencia voluntaria, el Mosso d’Esquadra tiene sus dudas y vacilaciones, en parte alentadas por la arisca personalidad de Arralongo y las propias y complicadas relaciones que han existido entre la policía autonómica y  nacional. Sin embargo, decide prestarle ayuda, aunque sin conseguir otra cosa en los primeros momentos que dar   palos de ciego. A ellos va a unirse Anna, una joven estudiante de periodismo que ha estado investigando por su cuenta el asesinato y que, al igual que Arralongo, conserva un interés personal en el caso.  Con el tiempo en contra, toda la trama y el periplo de Masip   y sus dos ayudantes va a consistir en impedir que un  psicópata culmine su plan.

La novela alberga un ameno ritmo narrativo y conserva la siempre indispensable habilidad   de no demorar la trama, a riesgo de agotar prematuramente la paciencia del lector.  Melero ha recuperado algo del espíritu de su obra anterior, La ira del Fénix,  en la medida que la trama también está rodeado por cuestiones simbólicas  que están en la clave misma  del enigma. Debe reconocérsele al autor el mérito de haber pulido su imaginación literaria, brindando una trama mucho más compleja y rebuscada que la de su precedente obra, aunque forzando quizás en exceso el enigma con pinceladas psicológicas  poco verosímiles .  La estructura , en cuanto a ella, destila la influencia de Del Árbol, en especial en lo que hace referencia al juego con los espacios- tiempo, combinando con soltura el despliegue de dos contextos en diferente momento cronológico y sin sembrar confusión.

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La huella de Silva también es indudable, sobre todo en lo que concierne al perfil de los personajes policiales, dado que Melero traza   sus rasgos más humanos y desde una clara inspiración en la figura ficcional del Brigada Rubén Bevilavacquia. Es de recibo reconocer que Melero forma parte de esa nueva generación de escritores que, bajo la influencia precisamente de Silva,  han sabido renovar los sistemas representacionales y simbólicos : sobre todo  poniendo los personajes en relativa ruptura con los reaccionarios  héroes configurados por la novela policial y detectivesca española de los 70 y 80. Queda por resolver si los rasgos personales del sargento Masip mantienen alguna correspondencia con la realidad de un Cuerpo de la policía autonómica catalana cuyos miembros no brillan por la ejemplaridad de sus conductas éticas y respeto por los más irrenunciables derechos civiles de los ciudadanos.

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Melero parece apostar también por una literatura del “entretenimiento”. Si acaso habría que recordar que las historias de psicópatas y crímenes en serie siempre están mucho más centradas en la resolución del enigma, que preocupadas por colaterales cuestiones políticas  o civilizatorias, muy presentes en cambio en el género negro más “social”. En ese sentido, el perfil literario de Melero  es coherente con una personalidad que no acostumbra a significarse en público sobre ningún tema de sociedad o  acerca de cuestiones más o menos controvertidas. Habría que recalcar, a título de inciso,  que  la novela destila  un exceso de ideología  “policial” y parece condescender con la ciencia criminológica más conservadora y centrada en los simples elementos patológicos del crimen. Si la última entrega de Melero ha ganado en ingenio y   capacidad de jugar con la intriga,  resulta en cambio una regresión respecto a La ira del Fénix, donde el autor se esforzó  por ahondar en la subjetividad del psicópata y los contextos de violencia social e injusticia que lo rodeaban. Da la impresión que Melero  ha querido esta vez cumplir con las expectativas de un lector  ideológicamente receptivo ante los preceptos más represivos del mundo policial. Lástima que una gran trama se vea por momentos ensombrecida por las evidentes exigencias del mercado y la necesidad que tienen  a veces algunos autores de reproducir en sus tramas   los prejuicios colectivos, si es que quieren que su obra dure más de una semana en las librerías.

        Al margen de lo expuesto,  El penitencia del Alfil se me antoja como una novela  narrativamente excelente y que, aun no despertando grandes y trascendentales interrogantes intelectuales o morales y revelándose apática en cuanto a los factores sociales y subjetivos que circunscriben el universo del crimen, si brinda momentos amenos,  dando testimonio de cómo Melero ha ido madurando con creces en su creatividad.

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SEBASTIÀ BENNASAR : LA REIVINDICACIÓN DEL GÉNERO NEGRO CATALÁN

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                                         Sebastià Bennasar (1976) es uno de los más preeminentes escritores de novela negra y policial en lengua catalana. Periodista, traductor y  antólogo, acumula una basta producción en el ámbito tanto de la  narrativa. También se le debe una contribución importante en el impulso de los certámenes y encuentros sobre novela negra y policial en Cataluña. Tuve ocasión de escucharle el pasado día 17 en el marco de las actividades organizadas por la Librería La Gralla en la ciudad de Granollers ( uno de los grandes emblemas del mundo librero  en la  comarca del Vallés Oriental) y con motivo de la promoción de su último libro On mai no creix l’herba, ( Alréves,2015).  Una novela corta basada en cuatro tramas interrelacionadas, en el contexto del barrio popular de Verneda, con una significativa presencia de la realidad social y urbana barcelonesa  y de la actual coyuntura política dominada por el debate soberanista.    Compartieron mesa con Bennasar el editor Ilga Pérdigo del sello Alrevés y Aramys Romero, bloguero literario bien introducido en los círculos de autores de novela negra y policial.

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Con una oratoria amena, coloquial y suelta, Bennasar reivindicó sobre todo la herencia de la literatura popular catalana en general y de la novela negra y policial  en particular,  muy en especial a figuras  como Manuel de Pedrolo o Jaume Fuster. Esta cuestión viene siendo sujeto de debate entre los escritores en lengua catalana, pero muy singularmente entre la nueva generación de autores adscritos  a este género. Es necesario recordar que la redifusión de la lengua y la cultura catalana en el tardofranquismo y en la Transición y Post-Transición se reveló muy centrada en el ámbito de la llamada literatura de “expresión” y en la esfera de la alta cultura.  A ese respecto, se impuso la necesidad de restituir el prestigio del que había gozado la vida intelectual y literaria catalana antes de la Guerra Civil. Cabe mencionar el relevante papel desempeñado por académicos,  filólogos y lingüistas   como Martin de Riquer , Joaquim Molas  (fallecido en estos días) o Badía Margarit , sobre todo en la recuperación de toda la tradición literaria  medievalista,la rica tradición lingüística y filológica catalana y la producción cultural del exilio en general. Una tónica que fue seguida en el ámbito de las ciencias sociales y humanas. El fuerte empuje de las disciplinas historiográficas o la propia traducción al catalán por parte de la emblemática  Editorial Laia  de muchas de las grandes figuras filosóficas clásicas y contemporáneas   pretendió también consolidar la inserción de la lengua catalana en el universo  del pensamiento “sabio”  y cosmopolita. No hace falta recordar que tras el fracaso del Pacte Cultural  impulsado por Joan Rigol, la política cultural del nacionalismo conservador cosechó  no pocas críticas por parte de la propia intelectualidad catalanista, inquieta ante el rudimentarismo y el aire provinciano que llegaría a adquirir  el Departament de Cultura. Se siguió considerando, de hecho, que la cultura del “medio pelo” en catalán se revelaba como escollo en el propio proceso de revalorización del catalanismo cultural.

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En los últimos años y a la par de la misma consolidación  del catalán como lengua vehicular de interacción social, no han estado huérfanos de razón quienes como Bennasar y otros escritores en su tesitura, reivindican  hoy el apoyo a una literatura “popular” en catalán y esto frente a los prejuicios más “elitistas” que dominaron en los primeros años de la Transición. Hay que mencionar a ese respecto la labor importante de sellos como Llibres del delicte o la propia colección Crims.Cat adscrita  la misma editorial Alrevés. El hilo argumentativo de Sebastià Bennasar parece así, bastante pertinente, aunque no estaría mal recordar que la constante politización de las cuestiones  identitarias y la descarada demagogia que las han circunscrito, no han venido en absoluto en ayuda  de la producción cultural en catalán. Bennasar no oculta su clara postura “soberanista” , pero debe reconocérsele una exquisita educación democrática en la defensa de sus posicionamientos políticos.

10526011_1395169114119725_4848368374548406730_n[1]                                                                          Ilga Pérdigo

El segundo bloque de su intervención y del propio debate con Ilga PérdigoAramys Romero giró en torno a una interesante reflexión sobre las dimensiones políticas, ideológicas y sociales del género negro y policial. Bennasar dijo  reivindicarse mucho más de la tradición del género negro norteamericano surgido durante la Gran Crisis del 29 y que caminó detrás de Hammett, abanderando una demoledora crítica de los valores culturales e ideológicos de la Norteamérica de los años 30 y 40,  que de la corriente anglosajona, mucho más “costumbrista” y centrada en el enigma criminal que en las cuestiones sociales. En ese sentido, no escatimó crítica a la literatura policial “popular” encarnada en la figura de Agatha Christie y en la que, efectivamente, huelga cualquier  puesta en cuestión de los prejuicios de la conservadora sociedad británica de su época. Devoto del renovador género francés, Bennasar se mostró en cambio más distante frente a la influencia de la tradición nórdica, a la que tildó de descafeinada y con articulaciones de tramas que han ido desvirtuando las estructuras narrativas más clásicas del género.

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Tema casi central en su intervención, el autor exaltó  y reivindicó el lado “social” del género negro catalán plasmado en la figura  de Pedrolo ,  pero también la actual necesidad de” visibilizar”  a las realidades más periféricas y azotadas por las desigualdades sociales y económicas más chillonas. No faltó a ese respecto una severa crítica hacia una Barcelona cada vez más zarandeada por la especulación urbanísticas y con síntomas de segregación residencial y marginación social. Al hilo de la problemática, hubo coincidencia en la mesa sobre la necesidad de no limitar al género negro y policial a los simples “enigmas”  criminales y la dicotomía entre orden y delincuencia, apelando a la apuesta por el compromiso político y social, sobre todo en un contexto  dominado por las crecientes desigualdades sociales, el abuso de poder y la corrupción.

Si bien, en el debate de Bennasar con PérdigoRomero  se echaron quizás de menos algunos abordajes como la cuestión de las configuraciones simbólicas y los sistemas representacionales a través de los que son mediados el héroe policial y  el delincuente,  la cuestión ética y moral del crimen, el creciente papel de las mujeres como figuras policiales o detectivescas o  el lugar de las minorías étnicas, raciales o sexuales en las tramas de género negro. No estaría mal que estas cuestiones  dejasen de ser monopolio de la teoría literaria feminista, las teorías queer, la sociología del género o los Cultural Studies y que los propios autores de novela negra y policial, mayoritariamente  varones, se  implicasen algo más en esta clase de discusiones.                 

               Pérdigo reivindicó finalmente   el papel del editor y más en concreto, el de los sellos independientes, en el descubrimiento de nuevos autores y el acercamiento de éstos al público en su faceta más humana.  Los tres ponentes desarrollaron, en términos generales, un interesante intercambio que permitió un cierta aproximación al perfil de un autor como Sebastià Bennasar.

 

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