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LA “EXTRANJERIDAD”Y EL IMAGINARIO DEL ANTISEMITISMO MODERNO : EPÍSTOLA A UN AMIGO JUDÍO

 

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Viajo por las redes y topo con un post de mi amigo Fidel Vilanova, un excelente escritor de novela negrocriminal cuyas obras han girado fundamentalmente en torno al mafioso ambiente de corrupción dominante en  la ciudad de Marbella desde la época de Gil y Gil. Leo su escrito, en el que comenta el estreno de la obra teatral de Jean-Claude Gumberg,Ser o no ser judío”, protagonizado por los actores Josep Maria Flotats y Arnau Puig. Fidel analiza todos los estereotipos que cunden en la obra teatral, tanto en relación a la figura del judío, como a la percepción que tiene de él la sociedad gentil.Hijo de una madre deportada a los campo de la muerte, Fidel siempre se ha definido por una contundente afirmación de su identidad como judío.

¿ Cómo debemos entender la noción de identidad, a no ser como el engranaje de sentimientos, sensaciones, emociones y autopercepciones que contraponemos y exaltamos frente a la mirada de terceros?  La formación y afirmación de nuestra identidad no está constituida solo por el conocido proceso de individualización, tal y como siempre lo entendió la tradición sociológica más clásica. La identidad se constituye sobre todo a través de la experiencia personal frente a quienes pretenden, precisamente negar la misma , es decir, provocar nuestra “muerte social” a través de la destrucción de la propia condición de Sujetos que nos define.  Hay que precisar, al hilo de lo apuntado, que el debate sobre la identidad judía ( tanto en el ámbito de la creación ficcional, como en las laderas  de las ciencias sociales y humanas) es un fenómeno mucho más  reciente de lo que acostumbramos a creer  y que vino provocado por el propio fenómeno del antisemitismo en tanto que expresión de rechazo, no al judío en sentido abstracto, sino al judío, precisamente, en tanto que Sujeto.Es decir, en calidad que ser respetable y digno, merecedor de la buena consideración y mirada por parte de la vida comunitaria.

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Dentro de todo el contexto histórico a través del que se configuró la animosidad de la sociedad gentil hacia el “judío”, hay que distinguir dos tradiciones : el anti-semitismo “primitivo”, que tiene una raíz cultural, ver popular  y el anti-semitismo moderno o si se quiere, contemporáneo, que es de urdimbre política y que vino racionalizado e institucionalizado desde las mismas esferas del poder.  El anti-semitismo “primitivo” hunde sus raíces en el propio nacimiento de la civilización cristiana. Judas traicionó a Jesucristo y los judíos mataron al Profeta enviado por su propio Dios. Esa figura del “traidor”, inserta en el Nuevo Testamento y  que arraigará en el imaginario colectivo a través de la  palabra apostólica, encontrará su vertiente “secular” en la figura del individuo hipócrita e indigno de nuestra confianza.La  distancia respecto a los seres de cuya  amistad dudamos es debida, efectivamente, a que tememos que nos vayan a dar el “beso de Judas”. Cualquier individuo que contravenga  a las buenas prácticas, es  también un “judío”, aunque pertenezca a la iglesia anglicana. Dentro del antisemitismo “primitivo”,  el “judío” es un ser sospechoso por naturaleza.

Este anti-semitismo “primitivo”, que yo prefiero llamar, “cultural”, continuó  sin embargo asegurando una relativa convivencia entre la comunidad judía y la sociedad gentil. El “judío” seguía siendo, a pesar de todo, un ser útil a la sociedad y a la propia Razón de Estado. Acaso habría que recordar que los paladines de la Contra-Reforma financiaron sus campañas bélicas de cáliz religiosa gracias a los prestamos y la financiación de los grandes banqueros flamencos, vertiente cosmopolitizada del “judío” usurero de la casa de al lado dispuesto a sacarnos de apuro.Pese a la hostilidad suscitada, el “judío” también fue vinculado al universo de las ciencias y de las letras, que derivo en la idea recibida sobre la inherente condición hebrea del mundo intelectual. La relación entre “judíos” y “gentiles” se reveló así, ambivalente, donde la animosidad y la admiración se complementaban. Ese antisemitismo “primitivo” fue adquiriendo diversas representaciones simbólicas y manifestándose a través de distintas prácticas sociales a lo largo del proceso histórico.

En cambio, la verdadera ruptura entre “judíos” y “gentiles” tiene su origen en el anti-semitismo contemporáneo,efectivamente, “político”, que es donde hunde sus raíces el principio de la “Solución Final”  que conllevó la accidentalidad histórica del nacional-socialismo. El anti-semitismo “político” encontró su germen con ” L’Affaire Dreyfus” en la Francia de la Tercera República.Recordatorio histórico : un capitán de origen judío perteneciente al ejercito francés, es acusado de alta traición e imputado por la venta a Bismarck de  secretos de Estado y estrategias lógico-militares que habrían provocado la derrota de Francia en la contienda con Alemania de 1870. El asunto fue sucedido por un juicio sumarisimo y una confrontación social y política entre las corrientes republicanas y  los sectores más reaccionarios de la sociedad francesa. Dreyfus fue finalmente indultado por falta de pruebas, descubriéndose poco después la existencia de una conspiración contra él en las más altas esferas del ejercito galo. Sin embargo, el  capitán nunca fue del todo limpiado de las falsas acusaciones y muchos tuvieron interés en mantener vivas las  dudas sociales sobre su inocencia.

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Una mentira terminó  creando el “mito”:  el del anti-patriotismo del judío y el de su inherente “extranjeridad”. Los anti-dreyfusard, que así se hicieron conocer los representantes de la tradición contra-revolucionaria, asentaron las bases, no solo del anti-semitismo moderno, sino también de la experiencia histórica del totalitarismo. La delirante retórica sobre la conspiración sionista internacional, además de confirmar esa “extranjeridad” del judío, conformo  en el imaginario colectivo  la figura del “ser maligno”, origen de todas las desgracias colectivas y nacionales y cuerpo extraño del que solo era posible librarse a través de su extirpación sin vacilaciones y  exterminio sin matices. Después vino lo que sabemos.

A finales de los 70, el indómito Bernard-Henry Lévy publicó su controvertido ensayo, ” L’ideologie Française”, donde analizó la intelectualización del anti-semitismo moderno a través de las grandes figuras del pensamiento conservador francés, recordándonos que era Francia, y no Alemania, la auténtica responsable y el verdadero nido del fenómeno fascista. Años después, cuando Claus Barbie, el famoso carnicero de Lyon, es sometido a juicio por colaboracionismo y crímenes contra la humanidad, Alain Finkielkraut retoma a su manera la tesis de Lévy, con su obra, ” La mémoire vaine” : Barbie no es un mero “colaboracionista” descarriado, es la síntesis misma del odio de la sociedad francesa contra los judíos. Los dos autores se lucieron por muchas de sus exageraciones y falta de sentido del matiz, virtud o defecto que les aseguró su vedetismo y fama. Pero si en algo acertaron fue precisamente en eso, en recordar cómo el “judío” se había convertido en un “extranjero” en su propio país. Es esa misma “extranjerización”  y la misma experiencia de los campos de la muerte lo que sembrará el debate sobre la identidad judía contemporánea.

Cuando Jean-Paul Sartre escribe su famoso ensayo, Reflexiones sobre la cuestión judía, es contundente : no existe una comunidad cultural  y religiosa judía coherente y inequívoca, sino un mosaico de individuos a los que une la experiencia del exterminio masivo y que tiene su origen, valga la insistencia, en el nacimiento del propio anti-semitismo político contemporáneo.Visto así, es plausible la hipótesis que el Estado de Israel no nació sobre una base cultural, ni religiosa, ni siquiera en función de oscuros intereses geoestrátegicos de las grandes potencias ( en especial de los Estados Unidos)  sino sobre una voluntad política de devolver a los judíos una ciudadanía que les había sido usurpada en sus países de nacimiento. Durante la Guerra de los Seis Días, muchos judíos franceses  apostaron por Israel, contraviniendo a la política pro-árabe del General De Gaulle. ” Pero qué son ustedes- les preguntan los más indignados ante esa muestra de deslealtad patriótica hacia la República– israelitas o franceses?” Los aludidos responden con otra pregunta. ” ¿ Cómo pueden ser ustedes ser tan cínicos?”  .A pocas palabras, buenos entendedores.Nadie podía exigirles una lealtad inquebrantable a Francia, cuando su propio país les había traicionado e incumplido la promesa de emancipación política y civil que el Estado les brindó durante la Revolución Francesa : ” A los judíos, debemos darles todo como ciudadanos y nada como nación , porque su única y verdadera nación es Francia, su único hogar, el de la “comunauté des citoyens”.  Falacia. Se tardó tiempo en reconocer que  no se le podía pedir a los judíos franceses  una lealtad sin reservas a su país, porque no existía una base moral sobre la que reclamarla. La colaboración, por activa o por pasiva, con el nazismo, por la vía del propio régimen de Vichy, así como la complicidad implícita y explicita de numerosos ciudadanos franceses en la denuncia a la Gestapo de muchos de sus compatriotas, desarmaba cualquier argumento  y confirmaba, en cambio, esa “extranjerización” del propio judío. Durante los acontecimientos del Mayo del 68, los sectores más reaccionarios atribuyeron las revueltas estudiantiles a un “Un judío de origen alemán”, en referencia a Daniel Cohn-Bendit. Poco complacientes con la sociedad que les estaba tocando vivir, los estudiantes replicaron en masa : ” Nous sommes tous des juifs alemán”. Más allá de las irreverencias, el exabrupto contra el emblemático líder estudiantil recuperaba la parafernalia retórica propiamente fascista que configuraba al judío como un ser y cuerpo extraño dentro de la paz social y colectiva.

La promulgación en Francia de leyes contra las tesis “revisionistas” sobre los campos de la muerte y  su codificación como delito a efectos del Código Penal, sobre todo durante el primer Septenado de François Mittérand, no fue el producto de una supuesta presión del dichoso lobby judío. Tampoco de la reacción frente al vertiginoso ascenso del Frente Nacional  de Le Pen, que indignó a la comunidad política al afirmar que el exterminio de los judíos era un mero “detalle”.Fue sobre todo el reconocimiento de una falta moral de la República y del Estado para con unos individuos a los que se había prometido emancipación, pero con los que una parte de la sociedad francesa había hecho todo lo contrario.Los había, efectivamente, “extranjerizado” como responsables de los males nacionales. Hoy, ese antisemitismo moderno ha adquirido un nuevo rostro en la escena internacional y que consiste en difundir la idea de que el Estado de Israel es el culpable de todos los males y del vertiginoso empuje del fundamentalismo islámico, cuando la realidad de los hechos habla de que el yihadismo no es otra cosa que el producto de una guerra civil entre los propios musulmanes. El mito vuelve a mostrarse bajo su rostro más cruel.

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Con esta epístola, amigo Fidel Vilanova, y al hilo de tu comentario sobre ” Ser o no ser judío”, solo quiero decirte que le doy poca importante a las identidades culturales, que siempre son construcciones sociales que mutan con el propio desarrollo del proceso histórico. Un judío del siglo XVII, no es exactamente el mismo que el del siglo XX y este tampoco igual que el del siglo XXI. Estereotipos siempre los hay y los ha habido y eso no solo en relación a los judíos, sino a todos los colectivos minoritarios y objeto de opresión. A mi no me interesa tanto la identidad judía, como el fenómeno del anti-semitismo en si mismo ( y sus formas renovadas), de la misma manera que siempre me preocupó menos la supuesta identidad gay, que  la estricta práctica social de la homofobia ( que también ha ido cambiando su rostro al amparo de manifestaciones más sutiles) .

En efecto, el gran problema, el gran drama histórico, político y social, es el de la “extranjerización”, el de la negación como Sujetos de aquellos que los opresores consideran individuos superfluos que no se merecen ni dignidad, ni el derecho a la existencia.Es decir, que son despojados de su condición de seres humanos. Creo en ese sentido y quizás retomando a Sartre, que eso es lo que une, no solo a los judíos, sino al conjunto de los miembros de los grupos oprimidos :  la resistencia contra quienes quieren “extranjerizarlos” de la propia humanidad.

 

 

 

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GÉNERO NEGRO : ¿DE LA “IDEOLOGÍA” A LA “RENOVACIÓN”?

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El género negro y policial sigue liderando el actual panorama literario y  el mercado editorial de habla hispana. Los dos más importantes premios literarios de carácter comercial han galardonado dos autores inscritos en esa tradición, como es el caso de Jorge Zepoda Patterson con ” Milena o el fémur más bello del mundo” (Premio Planeta 2015)   y José C.Valés con “Cabaret Biarritz ” (Premio Nadal 2014). El director cinematográfico Alberto Rodríguez con su film,  La Isla Mínima, se perfila también como el gran triunfador de los Premios Goya de este año.

Los certámenes sobre novela negra también  brindan la impresión de estar consolidándose con cierto apoyo institucional y éxito de convocatoria y de los que  son un ejemplo ” Pamplona negra” o” Aragón negro” que acaban de celebrarse.  A lo  que hay que sumar  BCN negre que se está desarrollando en estos días y celebra su décimo aniversario de existencia, bajo el comisariado de Paco Camarasa, pedestal de la famosa librería  barcelonesa Negra y Criminal. Un festival que ha contado con la presencia de figuras internacionales del género negro como es el caso de Anne Perry.  “Getafe negro” también ha ido consolidándose, convirtiéndose durante su último encuentro en un espacio de interesantes coloquios y debates sobre la evolución del género negro y policial en España, expresándose allí  la voluntad de realizar  propuestas alternativas frente a la hegemónica tradición anglosajona. También hay que señalar el recién nacido certamen Santa Cruz Noir por iniciativa del escritor Javier Hernández Velázquez ( Premio Wilkie Collins de Novela Negra 2014) . Los festivales de Gijón y Salamanca dejan anualmente también su huella.

                            imagesVLTDO3N0                                        Paco Camarasa                                                                                  

En estos momentos se puede mencionar a una serie de  escritores que lideran dicho boom de la novela negra y policial como es el caso de Lorenzo Silva, Jerónimo Tristante, Andreu Martin,  Víctor del Árbol, Cesar Pérez Gellida,  Dolores Redondo, Carlos Zenón,  Esteban Navarro, Carlos Quilez ,Toni Hill o Vicente Garrido por mencionar a los hoy más en vogue y que parecen estar seguidos por autores más jóvenes que empiezan a consolidarse  como  Juan Ramón  BiedmaLeo Coyote, Claudio Cerdán, Rafa Melero, Pere Cervantes, Jordi Llobregat,  Alexis Ravelo Nieves Abarca, Josep Camps, Oscar Bibrián o Santiago Alvárez . Bien que  menos inscrita, no pueden olvidarse a escritoras transgresoras como Marta Sanz o Alicia Gimenez Bartell ( Premi Pepe Carvalho 2015). Injusto sería no hacer mención  de escritores de “por libre”  , desvinculados de las “peñas” de autores de género negro y policial y ninguneado por éstas,  como es el caso de Fidel Vilanova, un autor que ha sabido ilustrar el ambiente de corrupción y crimen organizado en el mundo marbellí, También hay que señalar a autores  jóvenes de reciente aparición en el panorama literario como los gallegos Alexander Weinberg  o Lucas Barrera . La lista de escritores noveles ha ido creciendo y entre los más recientes habría que señalar a  Daniel Santino,  (Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial 2014).

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                                                                Lorenzo Silva

En Cataluña  también está proliferando la novela negra en lengua catalana y en línea con la labor pionera de escritores como Manuel de Pedrolo, sobre todo con autores como  Ana María Villalonga, Lluís Fort o Marc Moreno  y cuyos esfuerzos parecen ir dirección en de una novela negra con tramas de contexto “autóctono”.  Tampoco puede olvidarse a escritores locales como Nacho Cabana.  La tendencia  se erige también en una buena noticia para los sellos independientes especializados , que parecen encontrar un mercado que les permite mantenerse a flote en un clima de crisis económica que ha golpeado con toda su fuerza tanto al mundo editorial como librero.

Sin embargo y a pesar  de la buena salud de la que goza, la cuestión está  en  meditar sobre  el fenómeno  de este género   literario más allá de las meras coordenadas comerciales que han incentivado su actual auge.Interesa saber cuál es exactamente su lugar en la historia cultural  y el significado que ha tenido y tiene hoy. Su actual popularidad contrasta en efecto con el recelo y la hostilidad que en otros tiempos cosechó en los medios intelectuales más politizados y adscritos a los grandes relatos y entre el mundo universitario y de la alta cultura en general. Habría que indagar a ese respecto los motivos de su cambio de rumbo y que no puede limitarse a la simple y fácil  hipótesis del  triunfo de la literatura comercial frente a la literatura “culta”.

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La producción cultural en general y la creación literaria en particular  nunca pueden ser entendidas en su intención  si  son objeto de descontextualización histórica y se les aísla  de los procesos civilizatorios, las  configuraciones simbólicas y  la constitución de las realidades sociales. Problemáticas que han sido sobre todo preocupación y ámbito académico de las ciencias sociales, en especial de la historia y  sociología de la cultura y con cuestiones centrales como las relaciones entre textualidad y contextualidad y los mecanismos de externalización institucional de la realidad social.  A ese respecto resultaría arduo comprender el origen  de la  novela negra y  policiaca sin tener previa cuenta de factores y variables  históricas como el monopolio de la violencia por parte del Estado, la protección jurídica de la propiedad,    la formación del derecho penal y el establecimiento de las dicotomías morales, el surgimiento de las ciencias criminológicas y forenses modernas o el papel patologizador de la psiquiatría y que en este caso contribuyó a codificar   los desarreglos mentales o las conductas asociales.   La estructuración de las instituciones totales de carácter panóptico,  el establecimiento normativo e institucional  de las reglas  de la vida colectiva  y   la propia  construcción social de la desviación terminaron de circunscribir y concretar el mundo del “orden”. La novela negra y el personaje policial no solo son uno de los  símbolos de la construcción del héroe en la tradición literaria,  sino también un reflejo de la configuración imaginaria y ficcional   de una  sociedad moderna basada en la estabilidad e inquebrantabilidad de las normas de la vida colectiva. Las representaciones dicotómicas entre el “bien” y el “mal” que dominaron por tradición en el género negro reflejarón en gran medida los sistemas de integración y exclusión que definían a las propias sociedades contemporáneas.

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Bien que su origen se encuentra en la segunda mitad del siglo XIX, determinados valores culturales  y  realidades históricas condicionaron y contribuyeron también al  arraigo del género negro como literatura “popular” en el siglo XX. El ejemplo más elocuente es el norteamericano. Acaso habría que recordar que  su gloria  en la América de los años 40  es indisociable de la definitiva articulación del crimen organizado en los Estados Unidos en el periodo de Entreguerras.  También de las propias  particularidades de  una sociedad  donde  los mecanismos de interacción inter-colectivos o inter-individuales  han estado regulados, por un lado  a través de la violencia y  por   el otro ,  mediante el culto al enriquecimiento, en este caso sintetizado en el famoso “Sueño americano“.

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La sociedad norteamericana consiguió convivir con el crimen organizado en la medida que éste  parecía encarnar una voluntad de integración por vías subterráneas.  Una tesis debatida y cuestionada, pero no por ella huérfana de sentido empírico. El ornamento de lujo, dinero y poder que circunscribió la novela negra y al que el cine norteamericano otorgó su propia magia, confirmaba cómo en el fondo este género literario y cinematográfico no dejaban de exaltar los propios valores sociales y culturales del público. El   fenómeno mismo del mítico  Al Capone  fue el reflejo de las mismas aspiraciones de ascenso social  de los muchachos de las clases populares procedentes de la inmigración italiana, sobre todo en una sociedad donde las posibilidades de triunfo se erigían  mucho más como un dispositivo ideológico que como una realidad tangible.    En el propio ámbito  de la  literatura negra europea, en especial la inglesa, los diversos autores   reflejaron e hicieron apología  de los  valores de una sociedad británica basada en los peores prejuicios y las más profundas diferencias sociales.En el lado continental escritores como  Simenon y su famoso Inspector Maigret  encarnaron  los ideales chauvinistas y nacionalistas de la propia sociedad francesa.   Se mire desde la perspectiva del universo policial, (garante del orden), como desde el criminal (reflejo de las aspiraciones de riqueza y poder), el  género negro más clásico no puede dejarse de considerar profundamente conservador y condescendiente con el status quo. De ahí la singularidad de figuras como Dashiel Hammett o Raymond Chandler, novelistas de estilo impresionista, conocidos por su izquierdismo y aguda crítica contra las miserias morales de la sociedad norteamericana y que se alzaron como transgresores, pero también como  excepciones que no dejaban de confirmar la regla del conformismo que dominaba  al género negro en general.

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Raymond Chandler

Desde otro ángulo, el género negro y policial fue denostado por las vanguardias  y la teoría literaria “académica” y  esto por su supuesta condición de “baja literatura” inserta en la cultura del medio pelo. Desde los años 70 en adelante  ese elitismo no dejó de ser  puesto  en jaque y se revelaba evidente que no podía constituir la problemática central en el momento de analizar un fenómeno social de semejante envergadura. En efecto, no eran pocas las voces críticas que apuntaron a que el menester no era  debatir sobre las fronteras entre  “alta” y “baja” literatura, discusión por otra parte estrictamente académica y poca conectada con la realidad. De hecho, la mirada despectiva que las vanguardias lanzaban sobre un género literario destinado a las “masas” fue objeto de  denostación desde  la sociología de la cultura y  las teorías de la reproducción vinculadas a la sociología de la educación. Frente a los prejuicios, de origen radical o aristocrático, contra la cultura y la literatura de masas, resultaba más pertinente recordar la incidencia de los factores estructurales y  las profundas desigualdades sociales  en el acceso a los bienes  culturales. Este tema fue de hecho objeto de debates y discusión entre los historiadores y sociólogos de la cultura en numerosos seminarios, simposios y foros en el contexto  universitario norteamericano de los 80 y 90 y donde se planteó la cuestión del consumo cultural de las clases populares. Encuentros en los que, además del género negro, se abarcaron otras cuestiones colaterales, como por ejemplo, la novela rosa y su significado en el universo de las mujeres pobres sometidas a frustrantes situaciones económicas, sociales, personales y emocionales.   Respecto a esto, hay que apuntar que, partiendo de los propios  paradigmas de  la  sociología de la cultura de inspiración marxista   y  en los últimos años,  de la perspectiva  de los  “radicales” e innovadores  Cultural Studies, el enfoque crítico sobre el género negro buscó alternativas analíticas  a las puras consideraciones estéticas de la crítica y teoría  literaria o la denuncia más o menos ritual contra la “sociedad masa” emanada de las teorías de la cosificación.   Por ejemplo, el análisis de  los aspectos ideológicos, sociales, simbólicos y culturales que dominaban  en las estructuras narrativas de las tramas adquirió un particular interés.

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No está de más recordar que el héroe de novela negra y policiaca ha sido generalmente el punto referencial de los varones de las clases populares,  encontrando en la figura del policía  o del mismo delincuente su propia ideal de masculinidad y virilidad y tendente reproducirse en la realidad a través de la figura del “chico de barrio “o del “matón.” El reto  tanto para la sociología de la cultura, como para los Cultural Studies , la sociología del género de inspiración constructivista  o la teoría feminista de la cultura de masas, fue en su momento encontrar formas interdisciplinarias de reflexión sobre un género literario que, al mismo tiempo que había democratizado el acceso a los bienes culturales y más en concreto, al mundo de los libros, conservaba mucho de su lado  alienante en  los sistemas de  transmisión de valores. En general autoritarios, racistas, clasistas, machistas, misóginos y homofóbos. Por circunscribirnos al estricto ámbito  español, cabría recordar que toda la producción literaria  negra y policiaca en nuestro país ha vehiculado ella misma esos valores, antes, durante y después del franquismo.

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Marta Sanz

Es en ese sentido que quizás pueda explicarse la actual popularidad de un género negro y policial español que parece haber ido limando los aspectos más casposos y reaccionarios.  En los últimos años han surgido escritores de gran proyección a los que ha caracterizado un esfuerzo por revisar las configuraciones simbólicas de las tramas, introduciendo personajes con  más perfil  ético y  percepción crítica de la realidad social, política y civilizatoria y en los que  no han faltado la denuncia de la corrupción, el abuso, la crueldad, los prejuicios o la maldad y las  miserias de la condición  humana. Un ejemplo es el del propio Lorenzo Silva, nuevo gúru de la novela policiaca en España  y que a través del singular personaje del Brigada de la Guardia Civil, Rubén Bevilavaquia, ha sabido otorgarle dimensión humana e incluso un cierto tufo “progresista” a un Cuerpo muy connotado ideológicamente y con un bien conocido y tenebroso pasado político. Sin olvidar la aportación de escritoras como Marta Sanz, que rompieron esquemas con el personaje de Zarko, un detective abiertamente homosexual. Algo impensable a la vista del machismo exacerbado que ha caracterizado al género negro y policial. No puede olvidarse de mencionar la singularidad de la obra de Víctor del Árbol, principal embajador en el extranjero  del género negro español, cuya  producción  literaria interpela hoy sobre el ejercicio del poder absoluto y sin matices,el engaño y las mentiras que rodean a los mitos y a los héroes, pero también sobre las angustias y los sufrimientos de los más  débiles. El surgimiento de personajes policiales mucho más vulnerables y alejados de las delirantes e hiperbólicas representaciones  de la masculinidad, la creación de anti-héroes que desvelan la subjetividad de los perdedores, la crítica hacia el mundo del dinero  o la representación del crimen y de la  delincuencia en sus matices y más allá de fáciles preceptos morales o premisas patologizantes, son muchos de los elementos que ilustran un cambio en las estructuras narrativas del género negro y que hasta la fecha habían funcionado como simples dispositivos ideológicos e instrumentos de socialización en unos determinados y muy cuestionables valores culturales.

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Los recientes y mencionados certámenes de novela negra y policial  han  sabido dar testimonio de estos cambios.  La cuestión está en saber si ese esfuerzo  por parte de esta  nueva generación de escritores  que han desempolvado al género negro y policial de sus peores connotaciones  , va a poder mantenerse en el tiempo y no convertirse en algo anecdótico.  En efecto, es de esperar que los modismos  que están empezando peligrosamente a circunscribir  a este género literario y las implacables reglas del mercado  no acaben dando al traste con esta  interesante renovación política e intelectual.                                     

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PEDOFILIA,CRÍMEN Y VENGANZA : LECTURA DE ” LA ÚLTIMA MIRADA” DE FIDEL VILANOVA

            

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El género negro parece volver a estar de moda, confirmando su dominio, junto a la novela romántica, en el ámbito de la literatura comercial. Si bien, brinda  la impresión de haberse impuesto con renovados aires y al amparo de nuevos autores en muchos casos bastante distanciados del estilo de los escritores más clásicos en el género. Nota a destacar, las tramas han ido ganando en algo más de originalidad y conexión con los tiempos  y valores actuales. Entre esos escritores de nueva generación puede contarse, desde luego, con nombres como el de Fidel Vilanova.  

              Fidel Vilanova es un escritor catalán afincado en Marbella, que cuenta en su haber con cuatro  novelas, El secuestro de los débiles (1996); El buen amigo (1999); Odilia (2002);  Marbella, un estilo de vida (2010). Su ya quinta obra , La última mirada (2014) le ha valido el galardón de Finalista en el XV Premio Francisco García Pavón de novela negra.

Hombre de izquierdas, se revela hoy agobiado por el delirio nacionalista que se ha ido apoderado de Cataluña durante los últimos veinte años. Desconcertado por la deriva  tomada por su tierra de nacimiento, Fidel Vilanova se siente hoy cada vez más como un ” intru dans la cité“. Todavía así, no demuestra la agresividad de la que han hecho gala algunos otros escritores catalanes de nacimiento o adopción y castellanoparlantes, hoy bastante disgustados por  el proceso soberanista. La pasión  literaria ha estado  por delante de la política, lo que explica su  relativa discreción en comparación a otros escritores hoy en línea de combate frente al nacionalismo catalán.

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De espíritu nómada, en 1993 se trasladó a Marbella, donde  lleva compatibilizando su labor como escritor con la actividad profesional en el sector bancario.  Así, Fidel Vilanova no vive de la literatura , sino para ella. Se ha de hecho forjado buena  y reconocida reputación de cronista literario de una ciudad a la vez fascinante y enigmática, donde se entremezclan glamour, dinero, corrupción política y crimen organizado. Vilanova ha sido un testigo privilegiado de los peores años de la “Era Gil-Julián Muñoz “. Es además uno de los principales animadores de la vida cultural y literaria en Marbella, puesto que dirige el  Taller Literario ” Aula abierta”  y coordina el ciclo de conferencias ” El lector y el libro“. Cuenta además con el privilegio de ser uno de esos escritores  elogiados por escritoras de la excelencia y exigencia de Ana María Matute. Amigo personal de la escritora catalana, Matute parece revelarse como su gran referente en su formación literaria. Si alguna afinidad literaria servidor comparte con él y que de epístola ha sido a menudo sujeto, ésta ha sido la singular tradición realista de la posguerra española en la que se inserta precisamente la obra de Ana María Matute.

Lector empedernido , Fidel Vilanova es un firme defensor de la literatura culta, cuyo retorno está siendo cada vez más reivindicado. De hecho lamenta el clima de mediocridad que se ha ido imponiendo de la mano de la literatura comercial y la subordinación de los grandes y pequeños  premios literarios a ésta. Coincide en que la escasa calidad literaria de los últimos años y la emergencia de los escritores “vedettes” es el producto de la propia crisis civilizatoria y de pensamiento.

Cabe apuntar que Vilanova no fue en sus principios un escritor “vocacional” y al uso de novela negra y que  su encuentro con el género se ha revelado tardío. Su estilo refleja de hecho esa huella realista de Matute, haciendo que su propia producción  albergue un tono innovador que rompe con el lastroso estigma  de “literatura barata” con la que siempre ha cargado la novela negra y policiaca. De prosa ligera y pulcra, La última mirada conserva la singularidad de no entregarse a   la mera intriga facilona y la trama encierra  un aire dramático que confirma esa ya mencionada influencia del realismo matutiano :  donde la angustia, el dolor personal y la realidad contextual se entremezclan con esa parte más lúdica y entretenida que caracteriza al género negro.

El personaje principal de la novela es bastante rompedor respecto a los habituales protagonistas de novela negra y policiaca a la que se nos tienen acostumbradas y que en su momento, ( por mencionar el ejemplo más parlante) quedó bastante bien reflejado en la patética y ridícula figura de Carvaho, creada por Vázquez Montalban : que nunca dejó de ser una delirante apologética del machismo más exacerbado y de la violencia policial.  Fidel Vilanova acaba de crear un personaje que haría bien en consolidar en sus próximas novelas, dado que refleja un cierto cambio de valores en ese  mundo del orden que encarna la vieja figura del policía.

En efecto, Ulyses Sánchez, el personaje principal, es un inspector cincuentón y afincado en Barcelona, pero de baja laboral por una depresión:  Su mujer ha muerto abatida a tiros en un atraco y ante su propia presencia. El hecho provoca la ruptura con su hija, Sonia, que no solo le reprocha la muerte de su madre, sino también sus infidelidades hacia ella. Reincorporado a su trabajo, el propio entorno laboral, mayoritariamente masculino, ejerce también una enorme presión sobre él. Ulyses ve puesta en cuestión su valentía, heroísmo y virilidad por parte de sus compañeros del Cuerpo. Sin grandes expectativas en la Policía Nacional en  Cataluña, su superior, el Comisario Pelayo, le propone un traslado a la ciudad de Marbella. El Inspector Sánchez no duda en aceptar su nuevo destino, intentando escapar de las miradas recelosas de sus compañeros, que le siguen estigmatizando. Sin más vacilaciones, se traslada al sur , para ponerse a las ordenes de un antiguo compañero de servicio, ahora comisario, llamado Ríos, hombre ambicioso y arribista que se mueve en los entresijos del poder político marbellí . Tras su llegada a la glamourosa ciudad malagueña, enseguida es asignado a un caso de homicidio junto a dos nuevos compañeros, González, el gordo, y  Sara Montes, una joven Subinspectora inexperta, pero repleta de entusiasmo y desparpajo. La súbita muerte por infarto de Gónzalez estrecha la relación con su compañera, al mismo tiempo que Ulyses tiene que lidiar en medio de las rivalidades con sus compañeros varones. Todavía bajo los efectos de la depresión y tentado por la bebida, Ulyses  vive torturado por  el recuerdo de su mujer y la indiferencia de su hija. Hombre maduro y rudo a la vieja usanza,  no puede impedirse de mantener una relación subjetiva con el caso al que se le asigna y en el que se entremezcla su afán de frialdad profesional propio de un hombre acostumbrado al engranaje del crimen y de la apatía ante las víctimas, y los propios sentimientos. El compañerismo y el desparpajo de la Subinspectora Sara Montes hacen que salga sin embargo a flote su parte más humana. Ulyses es un hombre dudoso, vulnerable y atormentado. Dicho esto,  los tufillos machistas no faltan en los personajes de la novela ( también muy habituales en el género negro), pero el autor parece querer mucho más dar testimonio de un contexto cultural ( el del mundo de la policía) que hacer una declaración de intenciones .

Más allá del universo simbólico del mundo policial, que el autor traslada con mucha habilidad a la imaginación del lector, Fidel Vilanova describe sobre todo bastante bien la angustia de un  varón que ha transgredido las reglas de la masculinidad y que en el caso del género negro  siempre estuvo plasmada en la  figura del héroe viril, prepotente e inquebrantable. Primera virtud de Vilanova  es haber creado un personaje que sale de los viejos cánones en los que han estado insertos los protagonistas masculinos  de novela negra y policiaca. En ese sentido parece inscribirse en esa  nueva y ya mencionada corriente de autores que, como es el caso de Lorenzo Silva y su personaje de Rubén Belvilavacquia , han ido deshaciéndose de los viejos arquetipos “deshumanizados”, rudos y sin otra función que la de garantes del orden.

La trama  es  de una exquisita actualidad a la vista del debate social sobre la progresiva pérdida de autoridad de la institución familiar, la falta de control de los padres sobre su progenitura  y la problemática figura del “adolescente”. Vilanova parece en ese sentido haberse hecho eco de los casos sociales que han alimentado a la prensa amarilla y sacudido a la opinión pública, con adolescentes como figuras centrales y de la que caso Marta del Castillo solo es el ejemplo más acabado. El lector puede pensar en un primer momento que se trata de una novela basada e inspirada en algunos de los sujetos de morbo en la telebasura. Sin embargo, el trasfondo es mucho más afinado y confirma la marca de un diferente estilo narrativo en este género negro de nueva ola.

                Eva Llamares, una joven adolescente, desaparece de su casa. Hija de un prestigioso y acaudalado abogado, nadie se explica lo ocurrido. La niña no es conflictiva. Las primeras sospechas apuntan a su novio y Vilanova tiene la habilidad de jugar con el lector y confundirle : el caso Carcaño y el creciente repunte de la violencia de género entre las parejas adolescentes hacen pensar que se va  a tratar de la historia de un crimen pasional. La trama es sin embargo mucho más laberintíca.

Tras varios días, la joven Eva, que solo cuenta con catorce años, aparece muerta en el barranco de una carrera, desnuda y en el interior de un saco de lona. Ni un signo de agresión física o sexual. La causa de la muerte está en el suministro de una alta dosis de antidepresivos, pero es evidente que se trata  del acto de un hombre adulto. La investigación se complica tras ser descartado el móvil sexual y la ausencia de lesiones físicas graves y crueles hunden ellas mismas la hipótesis de que sea el acto de un psicópata. ¿ Si no se trata del acto pasional de un adolescente sobrado de testoterona o de un asesino en cadena, de qué entonces?

Toda una serie de indagaciones hacen que las siguientes y más plausibles  sospechas  vayan dirigidas hacia su padre, Ramón Llamazares, un hombre apocado y  casado con una mujer castradora de un medio social superior al suyo, consumidor de pornografía infantil y cuya pedofilia queda al descubierto, al serle conocidas tentativas de abusos sobre menores. Arrestado, el padre de la niña se suicida en medio de la vergüenza. El caso parece cerrado y las conclusiones vierten sobre un padre en realidad atraído por su hija y celoso del novio de la  misma. Salida a colación en la novela la muy candente cuestión de la pedofilia, Vilanova da un ligero resbalón narrativo al hacer condescender en exceso a sus personajes con las expectativas y las condenas sociales respecto a la cuestión   : las relaciones sexuales y afectivas entre menores y adultos siguen sin ser objeto de un debate sociológico, cultural y ético mínimamente sereno, quedando todo reducido al común denominador del hecho “delictivo“. No está de más recordar que la literatura también se hace eco de los prejuicios sociales y que Vilanova los plasmo en sus propios personajes masculinos, como es obvio, atrapados en un arranque de viriles padres indignados. La problemática relación de Ulyses con su hija Sonia hace que el caso se convierta para él en un asunto personal.

Para sorpresa de todos, una segunda muchacha, Elena, hija de un modesto camionero, Manolo Delgado, y de una enfermera, es secuestrada de su casa, muriendo en las mismas circunstancias. La trama tiene a enredarse para el Inspector Ulyses Sánchez y la Subinspectora Montes, dado que no hay relación aparente entre los dos casos, a no ser las circunstancias del asesinato. Posteriormente, una tercera muchacha, Isabel, hija de un mediático y poderoso juez de la Audiencia Nacional,   Anselmo Ibarra, es también secuestrada  y asesinada con los mismos métodos. Ulyses empieza a sospechar de que existe un vinculo directo entre los tres casos, a pesar de que los padres de las victimas digan desconocerse y no frecuentarse, por ocupar distantes posiciones sociales. Todo el resto de la trama radica en averiguar qué relación puede haber entre las familias de las tres victimas.  Presionado por una prensa carroñera liderada por una periodista agresiva y famosa y por sus propios superiores, condescendientes con el poder municipal, Ulyses está a punto de ser relevado del caso bajo el reproche de dar palos de ciego en la investigación. La providencia hace sin embargo que el Inspector Jefe Sánchez  reciba una llamada anónima desde Barcelona de un tal Castaño, que dice tener la llave de la incógnita. Goza de tres días para resolver el caso bajo amenaza de destitución por parte de sus superiores a tenor del escándalo que está provocando el caso y de la negativa repercusión sobre la imagen de la ciudad. Conocedor de los entresijos de la ciudad ( de la que ya fue objeto una de sus novelas anteriores) Fidel Vilanova filtra al través del contexto de la novela cierta crítica a los formidables intereses económicos, políticos y mediáticos que determinan el funcionamiento de la ley y  la justicia.

Convencido de que está a punto de descubrir al asesino gracias a la llamada anónima de dicho personaje,  Ulyses se desplaza a Barcelona : citado con Adolfo Castaño en la ciudad condal, le encuentra muerto en su casa. Vilanova vuelve a tener la habilidad de desconcertar al lector, haciéndole sospechar de que se va a tratar de un caso sin resolver. . Gracias a un amigo informático, antiguo delincuente, Ulyses  consigue fisgonear en el ordenador del confidente. Topa con la dirección de un anciano hombre, Ambrosio, un antiguo campesino enterrado vivo en una residencia de ancianos  y que le irá desvelando una serie de hechos que le van a permitir atar cabos. Vilanova demuestra celo en no abusar de la paciencia del lector, recompensando por fin una lectura a lo largo de la cual se han ido disolviendo desconcertantemente  las hipótesis más plausibles.He de reconocer que las últimas páginas se leen rápida y apasionadamente.

Una curiosa y dramática historia sale relucir a través de la narración de aquel anciano, que le ve a permitir a Ulyses establecer por fin la verdadera relación entre los tres casos y los padres de las victimas. Testigo presencial, Ambrosio le cuenta un hecho al principio de los años ochenta : una joven muchacha de quince años, Natalia,  es violada y lesionada de por vida por tres muchachos de clase acomodada y un taxista en un cortijo de Sevilla. Los tres varones en cuestión son el abogado Ramón Llamazares,   el Juez Anselmo Ibarra , Adolfo Castaño y el camionero Manolo Delgado . Por aquel entonces el caso se cierra con el arresto del novio de la muchacha, Antonio Cuevas, conocido por su temperamento de varón celoso y violento. Es condenado a permanecer en un correccional aun a pesar de ser inocente. Lesionada mentalmente por los hechos de su violación y el sadismo de las brutalidades físicas que sufre durante la agresión , su novia Natalia, con el tiempo, acaba suicidándose.  Antonio viviría de por vida marcado por el periplo de aquella novia de la que estaba perdidamente enamorado. Tiempo más tarde, Antonio Cuevas asesina a un antiguo compañero de la  correccional , Alex , después de que éste intentase violar a una prostituta. El recuerdo de Natalia y la saña de su compañero  con la prostituta le devuelve a la memoria la aberración de Llamazares, Ibarra, Castaño y Delgado.  En un momento de enajenación y arrebato le mata a pedradas con el fin de librar a la prostituta, aunque con la sombra de Natalia detrás de ésta.  Muerto su compañero, usurpa su identidad. Antonio Cuevas, marcado por la muerte de su novia Natalia y ya en el engranaje de su primer y verdadero crimen, está dispuesto a llevar a cabo su  venganza contra los cuatro individuos.  Veinte años después empieza a consumarla detrás de una discreta imagen del chico “bien”, ” pijotón” y adinerado en el que se ha convertido gracias al botín del atraco a un banco que le ha arrebato  a  su compañero de correccional tras asesinarle. Antonio, ahora definitivamente Alex,   mata de forma de progresiva a las hijas de LlamaresDelgado e Ibarra  y asesina con una particular crueldad a Castaño, que en cuanto a él no tiene hijas, pero que es el autor de las sádicas lesiones infligidas a Natalia.  AlexAntonio) no ha conservado en mente otra cosa que, efectivamente, ” La última mirada” de su novia pidiendo justicia a gritos.   Alex ( Antonio) es  descubierto en su falsa identidad, tocándole exponer “su causa” y que no es otra que hacer pagar la crueldad perpetrada contra una inocente hacía muchos años.  Enfermo terminal y sin ya nada que perder, decide  suicidarse con el consuelo de haber consumado una venganza preparada durante tiempo. Matando a las hijas de aquellos hombres, no hace otra cosa que devolverles el dolor que ha sufrido en carne por la muerte de Natalia. Así, intriga y drama, rabia y dolor se revelan como los verdaderos componentes de la novela.

La trama de Fidel Vilanova se revela muy  bien articulada y el propio desarrollo de la investigación no resulta cansino para el lector. El ansia de llegar hasta el final engancha incluso al más hostil lector de novela negra. También goza de la virtud de implicarle en la investigación, invitándole a establecer sus propias sospechas, indagaciones y conclusiones y manteniendo ese encanto de la incógnita y la confusión tan propia del género negro.

Dato a subrayar, la novela conserva una gran modernidad y contemporaneidad  al ser capaz de acercarse a los debates y problemas de sociedad, rompiendo así con ese tic costumbrista de la novela negra más barata de los años 30 y 40, siempre con tramas más o menos sin originalidad y  centradas en las altas esferas. Al contrario de  los autores de novela negra de la vieja guardia, que siempre se mostraron acríticos y apáticos frente a la realidad social, no centrando sus tramas en otro eje que el de la defensa del “orden”, Fidel Vilanova vehicula un mensaje político e incluso ético frente al abuso de poder, la mezquindad,  la ruindad y la bajeza humana de los señoritos en el particular contexto de la España del sur. Al igual que el caso del ya mencionado Lorenzo Silva, se trata en efecto de una novela negra mucho más intelectualizada, receptiva y crítica ante las injusticias.

                            La mayor virtud de este género negro de nueva ola es evitar la inserción de la estructura narrativa en las viejas y arbitrarias dicotomías del género policial y negro más clásico, donde la bondad del orden y maldad del crimen siempre eran presentadas sin matices. Como lector  es difícil no empatizar e incluso simpatizar con Alex ( Antonio). Es en ese  sentido que el estilo de Vilanova se inscribe con  plenitud en la tradición de autores como Truman Capote o Jean Genet, donde el criminal y el delincuente albergan una  subjetividad frente al que el lector no queda inmune. Elemento a añadir, Fidel Vilanova se lleva también el  mérito narrativo de no refugiarse en la creación del típico psicópata frío y sin escrúpulos, que desconoce del bien y del mal. Algo muy propio de la novela policial norteamericana más barata y  con frecuencia llevada a la gran pantalla. Alex es un sujeto ético y su crimen no está huérfano de razón.  Cada lector somete las novelas y las tramas a sus propia hermenéutica y no cabe duda de que cierta identificación debieron tener algunos  con ese criminal, no mentalmente enajenado, sino muy por lo contrario muy consciente de su realidad y  dolido por ella. A diferencia  de los actos del psicópata más tradicional, sus crimenes contra las hijas de los agresores de Natalia  no son  gratuitos.

Aun así, el autor demuestra la prudencia de no caer en un populismo de papel y condescendiente con el estado anímico de esa parte de la sociedad tentada por tomarse la justicia por su mano e imponer el principio del “ojo por ojo y diente por diente“. No está de más recordar que el drama de  Marta del Castillo y la dolorosa situación personal de sus padres constituyeron un caso elocuente con ocasión del  que  ciertos sectores ideológicos, aparándose en la legitimidad del dolor ajeno,  pretendieron imponer una justicia fuera de la legalidad penal y  por encima del inquebrantable derecho que tiene cualquier acusado a un juicio justo y a la presunción de inocencia. Si es difícil no identificarse con la subjetividad de Alex, sediento de conseguir reparación ante un crimen infame y no castigado en su momento, no es menos cierto que Fidel Vilanova tiene a bien de recordarnos que la justicia y la venganza no son sinónimos y que cuando ésta última  se convierte en el único fin, siempre conduce a la autodestrucción.

Es de celebrar la existencia de esta nueva corriente en el género negro, que parece ir abdicando poco a poco de su estética machista, los  discursos más delirantes en torno al orden y cómo no, de  las tesis patologizadoras   de la psiquiatría y la criminología más reaccionarias. Esto   para adentrarse en cuestiones éticas y la comprensión de la conducta humana ante los atropellos y las injusticias.

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