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HISTORIAS TRÁGICO-CÓMICAS DE LA POSGUERRA ESPAÑOLA (III) : ” LA AMIGA DE ANITA”

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                                                                                                 Para Margarida Aritzeta 

 

Barcelona, invierno de 1939 

Gregorio estacionó su Mercedes 260 en la calle Barberà, donde el coche se convirtió en todo un espectáculo para las gentes que lo vieron llegar.La guerra había cambiado la vida de muchos, pero casi nada en el barrio Chino, donde seguían conviviendo gentes pobres,  desgraciados, macarras, indeseables, chulos, putas, maricones, hombres que fingían ser mujeres y toda clase de individuos de mal vivir y moralidad dudosa.

Marujita se bajó del automóvil, en el que permaneció esperándole su hermano, que se puso a observar a través de la luna a las putas que merodeaban por allí. Una de ellas, vieja y más bien ajada, se acercó  aquella maravilla ruedas de color azul y techo negro.  Golpeó en el cristal. Gregorio bajó la ventanilla. Qué frío que hacía. La mujer introdujo como una avestruz la cabeza en el interior del coche, regalándole  un falso piropo. Después le ofreció  sus servicios. «Todos los agujeros de mi cuerpo por diez céntimos, cariño» , le dijo con voz melosa. Ayudado por una sonrisa forzada, Gregorio declinó  el ofrecimiento, al tiempo que comprobaba cómo su hermana  entraba en el  portal del  número 15.

En ese mismo sitio de la calle Barberà era donde vivía  su  amiga Anita y de la que hacía mucho que no sabía nada. Las tropas de Franco habían ocupado Barcelona el 25 de enero y durante unos días Marujita sospechó que su amiga  había sido arrestada a raíz de su condición de maestra y “Roja”. Debía de estar  “señalada”, como muchos en esa Barcelona de 1939.  Marujita pidió ayuda a algunos amigos de su familia, los mismos que  acababan de aclamar a los “Nacionales” en su estrambótico desfile por la Diagonal. Nada de nada, no existía constancia de su arresto, encarcelamiento o ejecución. “Seguro que está en casa”– Pensó la joven, diciéndose que, a lo mejor, los “Nacionales” habían tenido piedad con ella. Al subir las escaleras, topó con una chica, situada a cuclillas en un escalón y que le practicaba una felación a un  soldado. Marujita subió de largo y sin mirar. El hombre tuvo tiempo de decirle sin embargo  : “ ¿Qué, guapa, te gustaría tomarle el relevo a tu compañera?”. Ayudándose con su bastón, Marujita llegó a duras penas al tercer piso.

Golpeó  en la puerta despintada y de madera hueca detrás de la que  estaba el hogar de Anita.  Tras unos segundos,  volvió  a insistir con sus nudillos, impregnada por la esperanza de que abriese por fin. Imaginaba  a Anita en el quicio, con su habitual sonrisa,  y sus mofletes grandes como dos hogazas. Así era ella, una chica gorda, en cuyo cuerpo no cabía sin embargo la enormidad de su corazón.

No fue la puerta de su casa la que se abrió, sino la del piso de al lado,  detrás de la que apareció una mujer ya de cierta edad, con el pelo canoso y desaliñado, que además lucía  una cara rojiza y desprendía un invasivo olor a alcohol. Llevaba un vestido negro que parecía hecho de retales y un  mandil atado a la cintura y repleto de lamparones.

_ ¿¡ A quién buscas?!? -Dijo la mujer con voz ronca y trabada.

_ Soy amiga de Anita… -Contestó Marujita desconcertada ante su aspecto.

_ Mmm… ¡Todas lo sois y todas os equivocáis  también de puerta! -Le contestó la mujer con las manos en las caderas y observando el abrigo blanco de cachemir  con cuello rojo de tercio pelo que vestía Marujita. También se fijó en su sombrero negro rodeado por un lazo satinado,  limpios zapatos  y  guantes y bolso de piel.

_  ¿Sigue viviendo aquí Anita?- Quiso saber la joven.

_ Mmm… ¡No hace falta que disimules tanto, guapa, que aquí ya se sabe lo que hay! ¿¡ Qué te ha pasado en la pierna!?- Dijo la mujer de negro al mismo tiempo que fijaba su mirada   sobre el bastón de Marujita y fruncía  el ceño- ¿Te lo ha hecho tu chulo? Bueno, con los tiempos que corren, si te regala esas ropas, todavía no te puedes quejar.¡ Anda, pasa!-  Acabó diciendo  invitándola de un gesto con la frente a entrar en su casa.

Justo al lado del recibidor se encontraba una habitación que hacía función de cocina y donde había  una mesa de madera  invadida de migas de pan y  marcas de culo de vaso. Sobre ella  también estaba una botella de vino medio llena, junto a un paquete de cigarrillos y un cenicero a rebosar de colillas. Todo el lugar olía a aceite y ropa sucia.

_ ¿Quieres vino? –Le ofreció la mujer  sirviéndose  en un mugriento vaso. Un  cigarrillo le colgaba en un lado de los labios. Miró a los ojos de Marujita, que permanecía inmóvil en medio de la cocina- Siéntate, anda- ordenó.

Lo agradeció, le dolía la pierna. La mujer le tendió un vaso de vino lleno hasta arriba.

_ No,  gracias… Es muy temprano.-Rechazó la joven algo repugnada.

_ Mmm… Para un buen vaso de vino cualquier hora vale…

_ ¿  Sabe usted algo de Anita?- Le preguntó Marujita, directa e impaciente.

_ ¡ Anita! ¡Anita La gorda la llamábamos aquí…! -Soltó la otra- Y mira que es verdad que lo era. ¡Grande como un camión! Pobrecilla…- Añadió torciendo el gesto.

_ ¿Entonces sabe cómo puedo localizarla?  -La cortó Marujita con ademán de  suplica.

_ ¡Ay mujer…! Mucho quieres saber ¿Para qué la necesitas?-Aquí el trato es conmigo! Por si te interesa… La habitación es una peseta por hora. Si después te quieres lavar el coño, el agua y el jabón  también los  cobro. Lo único que te pido es que no hagas escándalo, que hay que ver lo que gritáis cuando os ponéis al asunto. También quiero que el  que traigas acabe rápido. _ Alzó las cejas-Bueno… Los hombres siempre acaban rápido. La meten y en un plis plas ya la han sacado otra vez. Aunque ese que te está esperándote  con el coche no parece tener mucha prisa. Hay que ver cómo son estos señoritos, les gusta tomarse su tiempo. – Pausó unos segundos pensativa- Ahora que me lo miro bien,  debería cobrarte más…  ¡Serán una peseta y media la hora!- Anunció contundente.

_ Me parece que está usted incurriendo en error-Protestó Marujita arrugando la frente medio ruborizada.

La mujer de hombros y burlona.

_ Mmm… No hace falta que disimules conmigo…-

_ No necesito ninguna habitación… Sólo que me diga dónde está Anita. Si me ayuda… -Dijo Marujita

La joven abrió su bolso  extrayendo de él una cartera de cuero  de la que, con las manos temblorosas, sacó dos  billetes que le tendió. La vieja puso ojos  alucinados al verlos.

_ ¡Mmm…! O eres una puta de las caras o una chica rica o a lo mejor hasta las dos cosas al mismo tiempo – Pronunció después de arrebatarle los billetes y   metérselos   en uno de los bolsillos del mandil.

La mujer se sirvió otro vaso de vino ante la mirada atónita de Marujita.

_ Puesto que coge ese dinero es porque algo puede decirme. Y dado que pregunta he pagado, respuesta me gustaría recibir.-Le recordó Marujita al ver que la mujer no mediaba palabra.

Tambaleándose   se sentó al lado de Marujita y después apoyó el codo sobre la mesa, pegando  la mejilla en el dorso de la mano. Miró fijamente a la joven, que hizo un gesto de incomodidad.

_  ¿O sea que vienes a saber de Anita y no a chingar con ese que está ahí abajo en el coche?- Dijo la mujer volviéndose a servir vino._ Hace semanas que Anita ya no está aquí…- Añadió después.

_ Tenía usted que haber empezado por ahí… – Se rebotó Marujita con una mirada altanera y cogiendo su bastón para dirigirse hacia la puerta como si por finalizada hubiese dado la conversación.

_ Te he dicho que hace tiempo que Anita ya no está aquí, no que no sepa lo que ha sido de ella-Precisó la mujer al tiempo que ponía un rostro entristecido.

Marujita se sentó de nuevo.

_ ¿Y bien?- La apuró.

_ Anita siempre se marchaba dejándome las llaves de su casa- Le respondió la mujer- Decía que tenía miedo de llevárselas consigo y que la providencia hiciese que ya ninguna puerta pudiesen volver a abrir. Temía  encontrarse como aquellas otras gentes que guardaban las llaves de sus casas, para después volver y no encontrarlas en pie. ¡Mmm… malditos esos alemanes e italianos!  Cada vez que volvía, me ponía una enorme sonrisa. “¡Sigue todo aquí!” me decía. Y le devolvía las llaves.

_ Sin embargo, ella no está… -Repuso Marujita con amargura y sacando un cigarrillo  de su pitillera.

Un momento de silencio se volvió a producir entre ellas, mientras  rasgos  dolor iban dibujándose en el rostro embriagado de aquella mujer. Se refregó la cara. Vacilante y con la mirada en el vacío, empezó a contar.

_ Un día, como todos los demás, vino y me dejó las llaves. Nunca lo olvidaré. De todos los bombardeos que había habido hasta entonces, aquel fue el peor.  Creo que todo el barrio acabó en los refugios. No vi a Anita en ellos. Cuando acabaron los bombardeos, todos se fueron volviendo a sus casas o al menos a las que todavía permanecían enteras. Estuve todo el día esperándola para decirle: “¡Sí,  Anita, todo sigue todavía en pie!”.  Y sin embargo, no volvió. Esperé y esperé unos cuántos días. Después,  me enteré por una de las putas del barrio que Anita había muerto en el interior de un tranvía sobre el que había caído  una bomba. ¡Salió hasta en los periódicos! Aquel tranvía se encendió entero y con él ardieron vivos todos los que iban dentro. Menuda muerte más estúpida- Añadió la mujer con la voz quebrada.-Fue el día  de ese mismo bombardeo que vi por última vez a Anita.

_ ¡Dios mío!- Se exclamó Marujita tapándose la cara con las dos manos y echándose a llorar.

_ Aquello se comentó por todo el barrio. – Siguió explicando la mujer- ¡ Anita “La gorda” ha acabado como un cerdo asado! decían algunos. Anita la maestra, la única en el barrio que había conseguido ser otra cosa que una puta o una fregasuelos.

_ ¡Cállese ya! -Bramó Marujita de repente mientras se levantaba violentamente de su silla. Estuvo a punto de caerse al  no poder mantener el equilibrio sin su bastón.

La mujer miró directo a los saltones ojos verdes de la joven,  agachándose  para recoger el bastón y colocarlo en su mano. Después, se acercó a un cajón y extrajo de él una enorme llave de hierro. Le cogió la mano a Marujita, poniéndole en ella la llave. Sorprendida, miró a la mujer. Esta le regaló una sonrisa.

_ No sé quién eres, ni lo quiero saber, ni me importa. ¡Esto es lo que esta guerra nos ha enseñado:  que nada, ni nadie nos importe! -Dijo la mujer.

_ Así es,  sí… -Susurró Marujita  cabizbaja.

_ Aunque no te lo creas, yo era una mujer decente y mira cómo he acabado. Alquilando a las  putas del barrio las habitaciones de mi casa.

_ No le he preguntado nada…

_ Es para que lo sepas, simplemente.-Añadió la mujer frunciendo el ceño- Pero ahora ya me da igual. Porque en esta guerra la decencia es precisamente lo que todo el mundo ha perdido.

_ Ya le he dicho que no le he preguntado nada…-Reiteró Marujita negando con la cabeza.

_ ¿Sabes qué…?- Siguió la mujer

La joven volvió a negar con un gesto.

_ Que aunque nunca volvamos a encontrar a las personas a las que buscamos, siempre nos queda algo de ellas. Yo perdí a mis dos hijos en esta guerra y sin embargo, es como si estuviesen aquí conmigo.

_ Lo siento mucho-Respondió Marujita al tiempo que observaba  la mirada de aquella mujer, inmersa en un mar de dolor.

_ Ahora resulta que los vencedores lo sentís…

_ Usted qué sabe de mí…También soy una vencida, en todos los aspectos.

_ ¡Quién lo diría! -Le contestó la mujer mirándola de arriba abajo.

_ Estoy acostumbrada a que quienes no me conocen siempre se equivoquen sobre mi…Pero gracias por dejarme entrar en la casa de Anita…

_ Ya te lo he dicho…-Le contestó la mujer seguido de un suspiro- Siempre acabamos encontrando algo de aquellos a los que hemos perdido y supongo que a eso has venido.

_ Supongo  que sí…-Reconoció Marujita  con tristeza.

_ No te engañes a ti misma, mujer, viniste porque sabías que no la encontrarías. A veces hacemos las cosas   completamente seguros de lo que vamos a encontrar, pero siempre con la esperanza de que todo sea diferente.

_ Yo no esperaba nada de lo que me ha contado, como tampoco muchas otras cosas que me llevan ocurriendo últimamente.-Dijo Marujita.

_ Esto es lo que nos ha tocado, niña.

_ Sí… Lo que nos ha tocado y no lo que hemos elegido, señora.

La mujer le acarició la cara.

_ Algo me   dice que si a alguien le hubiese gustado a Anita  ver abrir y  pasar a través de la puerta de su casa, es a ti…-Repuso la mujer volviendo a sacar los dos billetes del bolsillo del mandil y entregándoselos.

_ Quédeselo…-Rechazó la joven empujándole la mano a la mujer- Supongo que le harán falta.

_ Si tú  supieses las cosas que me han hecho falta en esta vida y las que me van a seguir haciendo  de aquí en adelante…

Marujita cerró el puño apretando aquella llave y mirando a  esa mujer con sus humedecidos saltones ojos verdes. Dibujó  una sonrisa forzada al tiempo que el corazón  gritaba  a voces su pena.

Tras dejar a aquella mujer, casera de putas por una hora, entró  en la casa de Anita. Y aunque un invasivo olor a cerrado imperaba en ella, cierta alegría se haría hueco en su espíritu. Es como si estuviese sintiendo de nuevo la presencia de su amiga. Entró en una de las habitaciones. Al lado de la cama estaba el retrato de Anita. Sonrió nostálgica. Después se acercó a un escritorio, situado contra la ventana. Había sobre él un diario y una pluma estilográfica. Lo abrió al azar. Leyó.

18 de febrero de 1936,

Querido diario,

                                       ¡Se ha confirmado la victoria del Frente Popular! Dios mío, no sabes tú bien la fiesta que hicimos en la escuela. Marujita trajo sidra y una enorme tarta de manzana y también la vitrola. ¡Qué bien que nos los pasamos! Las compañeras de la escuela estaban muy felices.Sí, nosotras, “¡ Las Maestras de la República!”. Bailamos tangos y nos reímos mucho. Marujita fue la reina  de la fiesta y  no paraba de gritar, “¡Viva la República, viva el Frente Popular, viva el President Companys!” Estábamos todas casi borrachas. Quién me iba a decir a mi que un día sería la mejor amiga de una chica rica y encima, que fuese maestra, como nosotras, maestra de la República.  Creo que recordaré este día durante toda mi vida”.

Marujita dibujó una sonrisa. Ese también había sido un día feliz para ella. Pasó algunas paginas y siguió leyendo :

19 de julio de 1936,

                         ¡Dios mío, querido diario! Los militares se han alzado contra la República. Cuando lo supimos, Marujita y yo estábamos en la playa de la Barceloneta. Sabíamos que algo iba a ocurrir, que estos cabrones no se iban a resignar a perder sus privilegios. Hacía muchos días que habían rumores. Marujita sigue siendo la misma mujer valiente y optimista de siempre y me dijo : “ Tranquila, amiga, esos fascistas no van a poder con nosotros”. Yo también lo espero, pero me queda la duda sobre lo que se nos avecina. Me da miedo ni siquiera pensarlo…

La joven arrugó la frente y después de encender un cigarrillo, continuó con las páginas siguientes hasta llegar casi a la mitad del cuaderno.

20 de septiembre de 1937

-“Hola, mi querido diario”… -Había escrito Anita–  Pocas novedades tengo que contarte hoy. A no ser que los bombardeos están intensificándose cada día más. Ya me he acostumbrado al sonido de las sirenas y cuando no las oigo, siempre pienso que van a estallar de un momento a otro. Por lo menos, ya no me hacen el efecto de antes, cuando me aterrorizaban. Es extraño cómo las personas nos vamos  adaptando a las circunstancias y haciendo que la muerte ya no nos sorprenda ni asuste, sobre todo al tenerla al lado nuestro todos los días. Cuando veo todo esto, pienso que los amigos que murieron en el frente gozaron de suerte. De alguna manera, me consuela saber que no tienen que ser  testigos de toda la crueldad y  maldad humana que nos rodea.

Marujita prosiguió con aquel diario de Anita. Se detuvo en otra pagina.

3  de marzo de 1938,

Aunque te parezca mentira, mi querido diario -Escribiría Anita- Estoy siendo muy feliz. ¡Colaboro, junto a Marujita, en la construcción de refugios anti-aéreos! La Generalitat ha iniciado los trabajos. Parece ser que los sótanos del metro se han quedado muy pequeños. Somos muchas las mujeres  que participamos. Cargamos con tierra, cemento y ladrillo como cualquier hombre. Aunque tengo que reconocer que tengo el lomo partido. Hoy, por ejemplo, estoy completamente reventada… ¡Pero llena de orgullo! Sí, diario, estoy orgullosa de contribuir a salvar a este país y a mi gente de esos malditos fascistas. También Marujita, que es la que se revela más “hombre” entre todas nosotras. Sus padres han oído a Burgos, a la zona “Nacional”, pero se ha negado a seguirles. Siempre dice lo mismo : “ Esta es mi causa y no me voy a ir, ni abandonar a los míos”.

En algunas de las paginas siguientes, Anita contaba cosas sin importancia y que Marujita ya conocía. Pero se volvió a detener después de unas cuantas  hojas, donde su amiga la mencionaba de  nuevo.

4 de junio de 1938:

Acabo de volver del Hospital Clínic. Marujita está bien. Pobrecilla. Durante el último bombardeo y cuando nos estábamos metiendo en los refugios, alguien tropezó en las escaleras, supongo que dominado por el pánico.  Cayó empujando a los que estaban delante suyo.Una avalancha de gente se derrumbó a su vez sobre Marujita. Dicen los médicos que se salvó de milagro.Eso sí,  la pobrecilla ha sufrido una grave lesión en la pierna. Por lo que me ha dicho un médico, nunca jamás volverá a andar normalmente. Va a necesitar un bastón. El otro día me dijo que sentía la pierna como si fuese la de una muñeca de trapo. Pobre Marujita. Yo no tengo el valor para decírselo, para anunciarle que se quedará coja de por vida.

Bajó la vista y recordó aquellos días en el hospital. No hacía falta que ni Anita ni los médicos le dijesen nada. Ya sabía que algo iba a cambiar para siempre en su vida. Fue pasando páginas :

16 de junio de 1938

           Marujita sigue hospitalizada, pero me han dicho los médicos que pronto le darán el alta, supongo también que porque el hospital está escaso de camas y les hace falta para nuestros hombres, entre los que  abundan los heridos y mutilados.  Marujita ya sabe lo de su pierna, pero hemos evitado hablar de ello.Me dijo que, si quería, podríamos ir a vivir  al palacete de sus padres, en la Bonnanova. Oyó decir que la aviación enemiga evita de cebarse sobre los barrios ricos, porque saben que allí están los simpatizantes de los “Nacionales”. Prefieren arrojar  sus bombas en el centro- ciudad y también  en los barrios pobres, como el mío, el barrio Chino. Malditos fascistas, que creen que la vida de un ser humano vale más que la de otro. No digo que no me gustaría ir a vivir con Marujita, sobre todo porque hoy debe necesitarme más que nunca. Pero no me veo abandonado este pequeño piso, el que heredé de mi padre y que compró con el sudor de su frente. Nunca olvidaré lo que siempre me decía : “ Anita, quiero que recuerdes constantemente una cosa, que más vale una pequeña casa tuya, que una gran casa de los demás”. Creo que tenía razón.      

 Marujita pasó algunas paginas más. Vio otra vez su nombre en la escritura de Anita.

20 de septiembre de 1938,

    He estado con Marujita. No sé si se acostumbrará a ese bastón.Por lo demás,  me da la impresión que se ha establecido una especie de pacto de silencio entre nosotras. Las dos sabemos que la República va a perder la guerra, pero no lo mencionamos. Los silencios son a menudo más terribles que las palabras. Nunca me pensé que podríamos ser derrotados y  sin embargo, mucho me temo que así va a ser. A veces, ni siquiera la voluntad, por muy grande que sea, puede nada contra los acontecimientos que están escritos. Ignoro cómo vamos a poder afrontar los nuevos tiempos que se avecinan. Pero creo que deberíamos hacerle  caso al Presidente Azaña, cuando dice que, el mayor mérito  de la vida, es asumir con grandeza la fuerza de nuestro destino, incluso cuando se revela cruel e inmerecido.  

Marujita dirigió la mirada hacia el retrato de su amiga y sonrió, como si le estuviese dando la razón. Continuó leyendo. Era la única manera de volver a estar con ella, con su querida Anita…

 31 de octubre de 1938,

                Querido diario,

                    Los “Nacionales” están acechando. Dicen que no tardarán en entrar en Barcelona. La aviación enemiga lanza paquetes de comida sobre la ciudad. Es verdad que nos estamos muriendo de hambre. Conseguí recoger algo. Lo siento, mi querido diario, pero los gruñidos de mi estómago destruían la fuerza  de mis convicciones…

Marujita se frotó la frente. Qué raro, Anita nunca le había hablado de su hambre. Encendió otro cigarrillo. Quedaban pocas paginas. Parecía que estaba llegando el momento de separarse de ella.

20 de noviembre…

 Tengo que contarte un secreto, diario mío –Escribiría por fin Anita– No sé qué pensaría Marujita, pero yo creo que todas las experiencias en la vida merecen la pena, por grotescas e insólitas que puedan resultarnos.  Mi vecina, esa que te conté que tiene a sus dos hijos en el frente, se ha puesto a alquilar las habitaciones de su casa a las putas del barrio, donde traen a sus clientes.  No quiere que nadie lo sepa y ahora, hasta  soy su cómplice. Cuando las chicas van a su casa, tienen que dar una contraseña. ¡ Y menuda! Han de decir, “Soy amiga de Anita” y entonces ya se entiende a lo que vienen.  A decir verdad, tengo que reconocer que me divierte que se diga que todas las putas de la calle Barberà son amigas de Anita.                                       

 Habiendo acabado de leer el párrafo, Marujita dio una prolongada carcajada y tras recordar la grotesca situación con la que se había encontrado de frente al decir esa misma frase a la mujer de negro. Anita siempre le había hecho reír con su mirada irónica e irreverente sobre la vida. Desde allí donde estuviese, lo estaba volviendo a hacer. Provocarle la sonrisa en los labios. Marujita intentó pasar más paginas, pero estaban todas en blanco. Cogió la pluma estilográfica y se acarició la mejilla con ella. Sentía las manos de Anita. Después de unos instantes, se fue de allí, pero antes agarró el diario y lo apretó contra su pecho. Era lo único que le quedaba de su amiga, además del recuerdo,  que también era algo que nadie le podría quitar. Al salir, dirigió una última mirada a todo aquel pequeño piso  y sonrió nostálgica. Pensó  que los lugares solo adquirían  importancia a través de las gentes que los habían habitado.

Al salir del edificio, topo de nuevo con la prostituta y el soldado con los que se había cruzado en las escaleras. Discutían sobre el precio del servicio prestado. De repente, ella recibió una tremenda bofetada. Marujita se volvió, mirando después a la joven, de cuyas narices emanaba un hilo de sangre. “ Te piensas, maldita zorra, que los Rojos te van a pagar mejor que yo”, le oyó decir al soldado. Este le dirigió una mirada criminal. “ ¿Y tú qué miras, puta? ¡A lo tuyo! ¿O quieres que hable con tu chulo?” dijo señalando con el mentón el Mercedes 260. Marujita no contestó y fue hacia el coche. Al entrar en él, su hermano Gregorio le observó con reproche y arrancó. Cuando doblaban la esquina, dijo :

_ ¿ Puedo saber a qué clase de gente has estado frecuentando durante la guerra? Que sea la última vez que me haces venir a un sitio como este- terminó con un bramido.

Marujita respiró hondo. Respetaba a su hermano, pero tenía que decirle lo que pensaba.

_ Claro, vosotros ya tenéis vuestros propios burdeles.

Gregorio la miró por el rabillo del ojo y añadió :

_ Supongo que puesto que me has hecho venir aquí, algo habrás averiguado.

Su hermana torció el gesto.

_ Anita murió algunos días antes de que entrasen los “Nacionales” – le informó con pesar.

Gregorio no contestó. La suerte de esa Roja no le interesaba.Permanecieron en silencio el resto de lo recorrido.

Al rodear la Plaza de España, Marujita dirigió la vista hacia el Castillo de Montjuich y después hacia el Palacio de Proyecciones, donde había estado el Centro de Abastos. Ya nada era lo que había sido. Gregorio rompió el mutismo.

_ Has de olvidarte del pasado, Marujita- Dijo poniendo la mano sobre el dorso de la de su hermana.

_ No lo pienso hacer, Gregorio, no tengo intención de arrancar ni una sola pagina de mi  vida. –Le contestó al tiempo que fruncía la frente.

Su hermano hizo un gesto malhumorado y golpeó el volante.

_ ¿ Pero cuándo te vas a dar cuenta de lo que está ocurriendo, Marujita?- Dijo apretando los dientes.- Deberías saber que he tenido que remover cielo y tierra para que tu nombre desaparezca de los ficheros. Hablar con el obispo, con algunas relaciones que tengo en la Falange y hasta con el propio Gobernador Civil. Voy a deber muchos favores y los que me los hicieron no van a privarse de cobrárselos.

_ Gracias, hermano, por tu generosidad. No esperaba menos- Ironizó Marujita con la mirada en el vacío.

_ Lo que tienes que hacer, de aquí en adelante, es asegurarte un matrimonio y ser una mujer decente. Volver al orden y convertirte en lo que te corresponde, en lo que nuestros padres y yo mismo siempre hemos esperado de ti. Todos estos años no han sido otra cosa que un paréntesis que, te repito, has de olvidar.

Marujita  pestañeó.

_ ¿ Y quién te crees que va querer casase conmigo?- Preguntó burlona.

Gregorio lanzó la vista hacia la pierna coja de su hermana.

_ Cualquier hombre que se vea vinculado a una familia con nuestra cuna y apellido, será capaz de olvidarse que se ha casado con una lisiada.

Esas palabras retumbaron en los oídos de  Marujita con más fuerza que todas las bombas que habían caído sobre Barcelona a lo largo de la guerra.

_ Puede que esté lisiada- Contestó transcurridos unos instantes-Pero no más que este país. Si algo tengo en común con él, es que no nos repondremos en la vida de nuestras heridas.

_ No tienes remedio, Marujita…- Dijo crispado su hermano.- Después de tanto tiempo enseñando a los demás, deberías tú también acostumbrarte a aprender. Aprender a mantenerte callada. Te aseguro que, en caso contrario, no podré hacer más nada por ti.

Gregorio apartó la vista del asfalto torciendo la cabeza hacia su hermana. Le daba la impresión de que Marujita no había escuchado ni una sola palabra. Parecía ausente y lo estaba. Al tiempo que acariciaba el diario de Anita que se había llevado consigo y tenía sobre el regazo, recordaba a su amiga y también aquella conversación con su vecina. En ese momento, soltó una carcajada que sorprendió al hombre. Este reaccionó enfurecido.

_ ¿ Ahora de qué te ríes?- le Dijo- Te puedo asegurar que la situación no está para reírse de nada, ni de nadie. Menos todavía de la gente que hoy tiene el poder en este país.

_ Aunque quisiese explicártelo, creo que no lo entenderías…- Le contestó  nostálgica.

Miró a través de la ventanilla. Estaban atravesando la Diagonal, rumbo a la Bonnanova. Lejos quedaba la calle Barberà, a la que sin duda nunca más volvería, a no ser mediante el recuerdo. En esos momentos, se alegró de haber sido una de las “amigas de Anita”.

Con esta historia, solo quiero recordar que todo es trágico-cómico en nuestra existencia y que detrás de la tristeza, siempre está la sombra de la sonrisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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HONORABLE PRESENTE, TENEBROSO PASADO : UNA CARTA ABIERTA A LORENZO SILVA SOBRE LA GUARDIA CIVIL

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Abro facebook y uno de los primeros muros con los que me encuentro es con el de Claudio Cerdán, donde figura una extensa, completa e interesante entrevista del autor con Lorenzo Silva en la revista digital Zenda y esto con motivo de la celebración del festival Getafe Negro. Entre los muchos temas que son abordados en la entrevista está, como no podía ser menos, el personaje de Rubén Bevilacquia y  la cuestión de la Guardia Civil como institución histórica y actual.

Debo reconocer mi enorme deuda con Lorenzo Silva,dado que fue  después de la lectura de ” La marca del meridiano”, ( Planeta, 2014)  y  de las propias y anteriores entregas de la serie, que embrionó mi  pasión por el género negro y policial  y los autores de nueva generación. Los cuales me llevaron a la lectura o relectura de los clásicos, ( españoles y extranjeros), que si no eran del todo desconocidos para mi, nunca me habían atraído demasiado hasta la fecha. Si bien, también debo reconocer que me invadió un cierto desconcierto ante la lectura del titular y encabezamiento de la conversación entre Silva y Cerdán : “Lorca dio una visión siniestra e injusta de la Guardia Civil”, dicta el mismo.

Tengo que decir no soy un devoto del poeta granadino y que la constante manipulación de su figura y los homenajes más o menos repetitivos y agobiantes que se le suelen brindar como figura icónica de la generación del 27 en particular y de la intelectualidad republicana en general, tienden más bien a crisparme. Por lo tanto, no es en defensa del poeta que pretendo  escribir este post, sino de una verdad histórica que Lorenzo Silva no percibe siempre en toda su claridad, por lo menos en lo que hace referencia a la institución de la Guardia Civil.  Y es que Silva parece fusionar y confundir el presente y pasado de la Benemérita, estableciendo una continuidad en el tiempo de ideales y valores en principio encarnados por el propio personaje de Bevilacquia. Vayamos por partes.

El personaje de Rubén Bevilacquia me resultó sumamente magnético, en especial por su humanidad y cultura.  Si bien, siempre me quedó una duda: saber si reflejaba el sistema de valores de la vieja institución o si simplemente plasmaba los ideales políticos, sociales, éticos y morales del autor que lo había creado.La pregunta era pertinente a la vista de los imaginarios colectivos y las ideas establecidas en torno a la Guardia Civil. El temperamento apático, autoritario y despótico de este Cuerpo militarizado  y los propios  chistes sobre el lado paleto e  incultillo de sus miembros  es de profundo arraigo social.

No me gustan los estereotipos y sería absurdo pensar que el nivel formativo de los miembros de este Cuerpo militar no se ha elevado de forma sustancial. No sé si hay   muchos “Bevilacquias” en la Guardia Civil que lean a  Platón   o que se hagan cabalas sobre la condición humana después de ojear a Hannah Arenth.  Pero sí deberíamos reconocer que, al igual que  en otros Cuerpos, como la Policía Nacional, Autonómica o Local, el nivel formativo y cultural de los componentes suele situarse en grados intermedios que desmitifican al Guardia Civil sin luces y semi-analfabeto. Lo cual hace que el personaje de Bevilacquia no esté del todo huérfano de verosimilitud y eso más allá del obligado grado de fantasía que comporta, en coherencia, dicho sea de paso, con la magia de lo literario y ficcional.

La cuestión política e ideológica es otro interesante ámbito de reflexión. Bevilacquia es en principio un hombre de centro-izquierda, sensible ante el respeto por los derechos civiles y de una gran rectitud en relación a la legalidad de los protocolos de actuación. No existe tampoco ningún motivo para pensar que Rubén no mantiene una mínima relación con la realidad de este Cuerpo. Apunto esto porque nunca hubo algo que más me desconcertarse que el asesinato de Guardias Civiles en Euskadi por parte de una banda fascista como E.T.A, segando la vida de hombres  de reciente incorporación al Cuerpo, jóvenes, votantes socialistas y por edad, sin ningún vinculo generacional con el franquismo y su conglomerado ideológico. Lo que demuestra hasta que punto los mitos, tan propios del delirante discurso nacionalista, pueden  llegar a justificar las peores aberraciones. Sin olvidar la obscenidad de aquellos energúmenos que protestaron por la muerte de terroristas, al tiempo que hacían mutis en torno a la desgracia personal y familiar que E.T.A sembró   en los cuarteles sujeto de su atentado.

Hoy en día la Guardia Civil juega un papel importante en la ayuda humanitaria y en misiones internacionales, sin olvidar su función determinante en la investigación de los casos de corrupción, de los que el entramado de la “Púnica” es uno de los ejemplos más chillones. Habría que precisar que el actual Director General de la Guardia Civil, Férnndez de Mesa, es un hombre ideológicamente adscrito a la extrema-derecha y conocido por sus creencias religiosas católicas de corte fundamentalista ( por si alguien  cree que eso es un monopolio del Islam ). Sin embargo, las  recientes investigaciones sobre casos de corrupción han demostrado la exquisita independencia del Cuerpo de la Guardia Civil frente a las presiones políticas. A ese respecto, sería  de mentes huecas no reconocer que estamos frente a una institución de lo más respetable y con un honroso presente, que ha sabido evolucionar, sobre todo a través de un profundo reemplazo generacional y  mostrándose fiel a los valores de una sociedad democrática. Y eso hay que celebrarlo. No hay nada que objetar, por lo tanto, a que Lorenzo Silva reivindique precisamente esa “honorabilidad” democrática de la institución e incluso le otorgue una expresión ficcional a través del personaje de Bevilacquia.

Otra cosa bien diferentes es que se confunda la parte con el todo y que Lorenzo Silva mire el ayer de una institución ( o sea, su lado más tenebroso) bajo el prisma del presente (es decir, desde la realidad de su amplia y actual democratización). Lo que conduce a distorsionar la realidad y faltar a la verdad de la Memoria Histórica.

La figura institucional de la Guardia Civil es un producto de las revoluciones liberales  de la primera mitad del Siglo XIX y su  nacimiento fue a la par de la modernización del Estado, tanto en lo que hace referencia a la administración civil como a la organización militar. Caricatura de la conocida “Gendarmerie” francesa, se trató de un Cuerpo vinculado a la consolidación del Estado-Nación, más o menos fallido en el caso de nuestro país, como lo demuestran los eternos litigios territoriales y la difícil “nacionalización” de la sociedad. Sus orígenes históricos “liberales” no impidieron que se fuese poco a poco convirtiendo  en un Cuerpo adscrito a los peores valores castrenses, para convertirse progresivamente en el brazo de los sectores dominantes. Dentro las borrosas fronteras entre el poder civil y el poder militar que dominaron la historia política y social española, la Guardia Civil desempeño el papel más oscuro, simbolizando los valores de una tradición contra-revolucionaria y antidemocrática. Inútil detenerse en la función que ejerció en el régimen de la Restauración, durante la dictadura de Primo de Rivera e incluso en la etapa del Bienio Negro de la Segunda República. Su connotación política e ideológica a lo largo de la dictadura franquista merecería un largo examen que desbordan las posibilidades de esta web.

Pese a la evidencia histórica, Lorenzo Silva sigue confundiendo la parte con el todo y esto bajo argumentos que merecen comentario. El Caballo de Troya de Silva es que, en tanto que institución, el cuerpo de la Guardia Civil nunca se reveló homogéneo y menos durante los años 30, más en concreto, con motivo de los acontecimientos del 18 de Julio. Ilustra su argumento con hechos tangibles y comprobados. Por ejemplo, la división del Cuerpo frente al Alzamiento  y la lealtad, en Barcelona y otras partes de España, a la Segunda República. La premisa es sólida y esa misma división es extensible a otros ámbitos castrenses : la marina y la aviación permanecieron fieles a la legalidad democrática durante la Guerra Civil. Si las tesis de Silva no son en absoluto falaces, en cambio sí que incurren en un gran error. Es decir, convertir  la anécdota en un hecho general y generalizable.Visto así y según él, el franquismo y el papel ejercido por la Guardia Civil como brazo represor de un Estado autoritario  solo sería una accidentalidad histórica. Esto cuando la realidad informa de que la “excepción” ( o sea la lealtad de un sector minoritario de la Benemérita al Estado democrático), no hizo otra cosa que confirmar la “regla” ( es decir, la vocación, primero contra-revolucionaria y después, claramente fascista, de la venerable institución militar).

Estimado Lorenzo Silva. Siempre te he considerado un escritor ponderado y equitativo respecto a tus pronunciamientos y reflexiones sobre los acontecimientos actuales y pretéritos, en especial los de alta connotación histórica como es el caso, en efecto, de la Segunda República, la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista. De hecho, no han dejado de indignarme las acusaciones vertidas contra ti, con motivo de tu supuesta equidistancia respecto a tu mirada sobre los hechos del 36. Los más vehementes han ido hasta tildarte de “revisionista”, no sin cierta ligereza y mala fe. Acaso habría que recordar que el revisionismo histórico o pseudohistórico en torno a las causas de la Guerra Civil Española responde a una contra-ofensiva ideológica  políticamente impresentable, que ha pretendido otorgar una fuente de justificación al alzamiento del 18 de Julio contra un gobierno legitimo y un régimen democrático. Postulados que me resulta difícil localizar en tus diversos posicionamientos sobre el llamado drama de España.

Es en base a lo dicho que, en cambio, me resulta sorprende y de una chillona incoherencia, que pretendas otorgarle honorabilidad al pasado de una institución que, como la Guardia Civil, lastra con un periplo harto tenebroso. Cosa que, por justicia y sobre todo, respecto hacia las victimas del franquismo, no estaría mal reconocer. Lo contrario es faltar a la Memoria Histórica.

Siempre he pensado que las faltas del pasado pueden ser perdonadas con las enmiendas del presente. Negar el pasado autoritario, reaccionario y fascistoíde de la Guardia Civil tiene el efecto  perverso de desvalorizar lo que es, precisamente, el gran mérito actual de la Benemérita : su capacidad de renovación ideológica y su indiscutible proceso de democratización. El respeto social que suscita hoy dicho Cuerpo tiene su origen en la rectificación histórica que ha sabido llevar a cabo dicha institución militar. Después del 23-F se dijo con razón que Tejero era el último vestigio del siglo XIX, un hombre del pasado que nada tenía que ver con la nueva realidad de la Guardia Civil. Es decir, de una institución cambiante, política y generacionalmente. Flaco favor le haríamos a la verdad si no reconociésemos , aunque solo sea por una cuestión de honestidad intelectual, que la Guardia tiene dos caras : la honorabilidad de su presente y la tenebrosidad de su pasado. Me quedo con lo primero, porque la salud de una sociedad democrática depende del respeto que inspiren sus instituciones, pero es de equivalente honestidad y pertinencia no olvidar lo segundo. Aunque solo sea por ser fiel al dicho : ” Todo pueblo que olvida su historia, se condena a repetirla”.

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VÍCTOR DEL ÁRBOL : UNA RENOVADA MIRADA LITERARIA SOBRE LA POST-GUERRA Y LA TRANSICIÓN

 

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Ediciones Alrevés acaba de hacerse cargo de la nueva edición de la primera obra de Víctor del Árbol, El peso de los muertos ( Alrevés, 2016). Una novela   originariamente publicada por la editorial Catalia a principios de 2006 y galardonada con el Premio Tiflos. La obra gozó de poca proyección en su momento, quedándose confinada en las mazmorras del olvido. Es de celebrar su relanzamiento por parte del conocido sello de género negro, responsable en gran parte del éxito  internacional que llegará a tener Víctor del Árbol en los años posterior con otras obras como La tristeza del Samurai o Respirar por la herida. Con motivo de mi ponencia en el XII Congreso de Novela y Cine Negro de Salamanca, presentada a principios de mayo y bajo el título “ El espejo roto : La cuestión del pasado y de la condición humana en la producción narrativa de Víctor del Árbol”, tuve ocasión de subrayar la importancia de esta ninguneada obra y sin la cual es imposible comprender el compromiso intelectual y literario del autor contra la desmemoria.Esto desde una reflexión sobre la relevancia de la imbricación entre el género negro y el género histórico y la necesidad de hacer confluir la crítica social con la propia crítica culltural del proceso civilizatorio.

Barcelona, mediados de los años 40, el doctor Naham Márquez  es condenado al garrote vil por el  asesinato de una mujer de la que estaba enamorado, Amelia Quiroga, la atractiva  esposa de un militar franquista  perteneciente a la alta sociedad y dominado por unos celos enfermizos y desarreglos psiquiátricos. El doctor Márquez ha sido él mismo un hombre con una infancia traúmatica e impregnada por el recuerdo del suicidio de su abuela. Débil de carácter, sucumbe a los embrujos de su aristócrata amante.

Treinta años después, a un mes de la muerte de Franco y muy lejos de España,Lucía de Dios , el personaje central, recibe la llamada telefónica de un  amigo de infancia obsesionado con ella, Octavio Cruz y tras la cual  decide volver a Barcelona aprovechando la coyuntura de un régimen dictatorial agonizante. Tiene en su haber las cenizas de su padre Juan, un veterano y respetado militante comunista. Una vez en Barcelona Lucía irá descubriendo los extraños vínculos entre el doctor Naham Márquez, su padre y la víctima de aquel asesinato, Amelia Quiroga. Un siniestro comisario de la Brigada Político-Social franquista, implicado en la investigación sobre el crimen y  de nombre Ulises, entrará también en escena.  Ulises, Naham Márquez, Amelia Quiroga y el mismo padre de Lucía, Juan, constituyen las piezas de un extraño puzzleMientras tanto, va a surgir un personaje enigmático, Liviano, un hombre encerrado desde hace treinta años en un Hospital Psiquiátrico Penitenciario y que mantiene una relación especial con una monja, Sor Amparo. A través de su amigo Octavio,Alicia consigue encontrarse con aquel enfermo mental y que  conserva la clave de la verdad. La novela va desvelando una trama maquiavélica en la que, ni las inocencias ni las culpas son las que parecen, ni tampoco el pasado es lo que aparenta.

Se trata de una obra que reflejó la todavía inmadurez narrativa de un joven Víctor del Árbol, pero que sin embargo supuso una renovación del tratamiento de los años de la posguerra y el abordaje crítico de un periodo, la Transición, cuyo cuestionamiento se revelaba todavía un tema tabú. No es necesario incidir demasiado en cómo la idealizada Transición Democrática se basó en amplios pactos de silencio sobre la realidad del franquismo y cómo hoy mismo, el famoso “consenso” ha dejado de ser  una loable “Virtud Pública” para convertirse en un mero dispositivo ideológicos de algunos sectores políticos y esto con el único objetivo de cerrar cualquier debate sobre la memoria histórica.

 

El peso de los muertos

La falta de receptividad ante esta novela en el momento de su primera edición vino en gran parte condicionada por la saturación  en la que había terminado por caer la ilustración ficcional de la guerra y la posguerra española. Sin embargo, no cabe duda que se trató de una de las primeras obras que introdujeron este periodo histórico en el ámbito del género negro, con un especial hincapié en las dimensiones de la condición humana y desde un claro distanciamiento respecto al exceso de panfletismo ideológico que había primado hasta la fecha en el cine y la literatura sobre esta etapa oscura de la historia política y social española.  Pero lo que está claro sobre todo, es que se erigió en el origen y las bases de una inquietud literaria por parte de un Víctor del Árbol que fue consolidándose  a lo largo de los años.No cabe duda ese respecto que su obra posterior, La tristeza del Samurai ( Alrevés 2011), consolidó bastante de las cuestiones que tuvieron embrión en aquella primera novela. Merece apunte  el hecho mismo de que el extraordinario éxito del que gozó su segunda obra en Francia estuvo relacionado, no solo con el amplio público del que goza el género del polar  y el propio género histórico, sino con la mentalidad de una sociedad gala que, a diferencia de la española,  conserva una relación menos problemática con el pasado  y la memoria de los crímenes que se hayan podido cometer en él.

La  lectura de El peso de los muertos  puede hoy quizás ayudar a comprender  la evolución de un autor que, obviamente, ya no es el que era y cuyo carisma personal e intelectual se ha ido quedando por el camino en beneficio de un perfil  dominado por  un  vedettismo de carácter  megalómano  y lejano    respecto a sus primeros lectores  y las  fuentes de apoyo personales que le rodearon en sus origines como escritor más o menos anónimo. Pero es de cortesía, al menos, reconocer la coherencia de las problemáticas que  dinamizaron esa primera etapa creativa  de Víctor del Árbol  que hoy parece estar cerrándose  : la maldad del poder, el sufrimiento de sus víctimas y el dolor que mora en sus entrañas, así como la necesidad que tiene todo individuo de hacer oír su propia verdad sobre un pasado usurpado y  narrado por terceros.

 

 

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PEPE CARVALHO : UN ANTI-HÉROE EN LA “FICCIÓN HISTÓRICO-POLÍTICA” DE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN.

Carvalho

 

He oído decir muchas veces  que el Marlowe español es sin duda Pepe Carvalho. Las comparaciones siempre me han parecido odiosas, más todavía cuando se hace tabula rasa de los contextos históricos en los que se mueven las  distintas figuras ficcionales y que no siempre son equivalentes  desde un punto de vista social como cultural. Este “comparativismo intuitivo” que, claro está, no hay que confundir con el “Comparativismo” “serio” como subdisciplina de la teoría y hermenéutica literaria “académica”, alberga el mal añadido de que tiende a desvirtuar a los personajes  y hacer que pierdan “inteligibilidad” propia. Y la “inteligibilización” del perfil de Carvalho solo es posible desde nuestra  realidad española y catalana y  esto porque es un producto de la misma.

Particularmente, la imagen del detective Carvalho con la que más me quedé, sobre todo allá por los años 80, fue encarnada en Eusebio Poncela, a través de la plomiza serie que emitía TV1 en aquella época y dirigida por el argentino Adolfo Aristariain.  Supongo que el relativo rechazo que me generaba aquel fastidioso producto televisivo condicionó en mucho mi mirada .  Eusebio Poncela fue uno de los mejores actores de la Transición, que aceptó  interpretar uno de los peores papeles televisivos de su vida y a través del que distorsionó por completo el personaje que se suponía que tenía que simbolizar. Cuenta la leyenda que el contrato de Vázquez Montalbán con el Ente Público  vino ayudado por las horas bajas y los apuros económicos que atravesaba el autor, dejándolo sin margen de maniobra frente a los criterios de productores, directores y guionistas. Esa misma leyenda acaba con la publicación de ” Asesinato en Prado  del Rey” (1987) y que según se narra, fue la forma que tuvo   Vázquez Montalbán de tomar su revancha.Tuvieron que pasar los años y caer en mis manos las primeras novelas del escritor barcelonés para confirmar que aquella serie era una auténtica birria, después de vaciar al personaje de todos sus matices y convertirlo en una burda y caricaturesca aproximación a la criatura de Vázquez Montalbán.

Chivite

 

Más allá de todo ello,  lo que sí llama la atención  fue la habilidad  del escritor para inventar una figura como Carvalho, que sin embargo  las malas lenguas vinculaban a una simple   clonación de su propia personalidad. Visto así,  el autor barcelonés habría estado en lo meramente auto-ficcional  o en la ficción verídica, faltando al esfuerzo de imaginación y creatividad literaria exigida a todo escritor que reivindicase ese apelativo. No fueron pocos los que  se  preguntaron  si Pepe Carvalho hacía función de camuflaje, de mascara  de su propio  padre o si en realidad  tenía vida propia y una biografía que contar más allá de su creador.  Esa era al menos la hipótesis que planteó en su momento  Manuel Blanco Chivite  con su obra  Carvalho, un detective de ficción ( Ediciones Vosa, 2007) un libro corto, pero profundo y sesudo, que tuve ocasión de rescatar en los cementerios de la biblioteca de Granollers.

Apuntaba Andreu Martin precisamente en el prologo al libro de Blanco Chivite, que él nunca había creído en los personajes detectivescos, porque en realidad carecían de verosimilitud y existencia propia, dado que sus experiencias eran inconexas y sin pasado.  Según el “Maìtre à pensée” del “Noir” español, si algún personaje de ficción hacía excepción, era Carvalho. Y es que Vázquez Montalbán había sabido a través de las veinte novelas que constituyeron la serie, describir la evolución y los cambios personales y existenciales de un personaje que adquiría humanidad a través de las metamorfosis de su  periplo. La verdadera cuestión está en saber si, como lo apuntan los más malintencionados, los diferentes perfiles y estados anímicos que irá adquiriendo el personaje, no eran en realidad el espejo de la propia evolución vital de su creador, del personaje “paralelo”, como  lo llamará Blanco Chivite en referencia a Vázquez Montalbán.

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De origen gallego, Pepe Carvalho es un hijo de la posguerra, de los vencidos y del exilio, como el propio padre de Vázquez Montalbán. Milita en el Partido Comunista y se casa con Muriel, una compañera de partido de ideas ortodoxas. Las desavenencias con su mujer vienen condicionadas por los factores ideológicos, que Muriel lleva hasta lo ridículo y patético, al considerar que el placer sexual y la belleza femenina son un producto “pequeño burgués” del sistema capitalista. La delirante  personalidad de su pareja  les acaba llevando a la ruptura.

           Alejado de la sombra de Muriel, Carvalho irá evolucionando en coherencia con sus posturas heterodoxas y actitud crítica respecto al desmanes  estalinista del PSUC.  Su gran amigo por aquel entonces es Cerdán, un compañero de partido con el que discrepa constantemente y que resulta una caricatura ficcional del emblemático filosofo y teórico marxista, Manuel Sacristán.  Pero por la vida de Carvalho también irán circulando otros personajes como Biscuter, un quinqui que conoce en la cárcel y con el que va adentrándose en las artes gastronómicas. Carvalho  es hasta entonces un hombre rodeado por  Rojos y chorizos. Al salir de la cárcel,  dará un paso más en su evolución y se cruzará en su camino Wonderful, el agente de la CIA  a través del que entrará en el servicio de espionaje norteamericano. Un cambio de rumbo de Carvalho que quedó ilustrado en ” Yo maté a Kennedy”. (1972.) Después de la CIA  vendrá Bromuro, el limpiabotas que ejerce de confidente y el personaje de Sánchez Bolin, un escritor gordo que parece caricaturizar al propio Vázquez Montalbán y que plasmó en obras como “El balneario” (2002). La memoria urbana de Barcelona, en especial la de las Ramblas y de Vallvidrera está siempre presente en las diversas etapas vitales de Carvalho y que en realidad no deja de ser esa misma ciudad condal que está en los recuerdos de juventud del autor.

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Durante la Transición Carvalho es ya un hombre cínico, ascéptico, apolítico, decepcionado, que  no cree en nada y termina por convertirse en un detective que cobra por sus servicios y desconfía del Estado, al que considera una organización mafiosa.  Un hombre solitario, sin otra relación sentimental que la que mantiene con Charo, una prostituta de lujo, cuando Muriel ya ha pasado al olvido para siempre y mientras sigue torturado por la muerte de Laura, una amante de clase alta cuyo asesinato le obsesiona. Para entonces, Carvalho es  un hombre preocupado por la vejez y unos años que le van devorando. Es el momento en el   personaje de Vázquez Montalbán ya había alcanzado fama y reconocimiento en el extranjero, sobre  todo gracias a “Los mares del sur” (1979), al ser galardonada con el Prix International de Roman Policier y con el propio Premio Planeta.

los mares del sur

El Pepe Carvalho de los 80 es sin duda el más interesante, por lo mucho que atestigua de toda una época. Políticamente, nunca ha creído en el ilusionismo generado por la figura de Felipe González y por eso vota a los comunistas en 1982, aunque sin demasiado entusiasmo y convencido que el PCE  va directo a su perdición. No es  una anécdota  el hecho mismo de que Vázquez Montalbán dimitiese aquel mismo año del Comité Central del PSUC. “Asesinato en el Comité Central” (1983). fue una de las mejores ficcionalizaciones literarias de los entresijos del comunismo español, la guerra entre clanes y facciones y la definitiva descomposición del gran artífice del antifranquismo.  El propio  ensayo político de Vázquez Montalbán, ” El optimismo de la razón” ( Planeta, 1988), dedicado a Rafael Ribó, reflejó la fidelidad  al PSUC, que después se convirtió en Iniciativa per Catalunya. El escritor reafirmaba así su heterodoxia frente a aquellos que consideraban que aquel niño pijo de la alta burguesía catalana resultaba demasiado insulso e incoloro en comparación a figuras míticas como Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri o dirigentes históricos como Gregorio López Raimundo. Vázquez Montalbán  tampoco creía en el dirigente socialista Felipe González, ni  menos todavía en el pujolismo, aunque algunos años antes se hubiese opuesto con firmeza al Manifiesto de los 2300 lanzado por gente como Federico Jiménez Losantos y Amando de Miguel, las futuras estrellas de la caverna mediática que se habían dedicado a atizar la polémica sobre la cuestión lingüística   No cabe duda  que Vázquez Montalbán   trasladó al personaje de Carvalho su propia incredulidad ante  el ilusionismo del PSOE.

Comité central

En mi adolescencia y primera juventud, cuando un servidor era militante de las Juventudes Socialistas, los constantes torpedos de Vázquez Montalbán contra el guerra-felipismo  solían desconcertarme, sobre todo a la vista de la hipnosis que aquel líder carismático ejercía en todos nosotros. Felipe González acabó defraudando a la sociedad española, convirtiéndose en el cerebro del terrorismo de Estado,  el amigote de multimillonarios y el cómplice de la extrema-derecha venezuelana anti-chavista.  No es descabellado afirmar hoy que el tiempo terminó por darle la razón a Vázquez Montalbán. Sobre la biografía política del escritor barcelonés abundan un buen numero de artículos y trabajos, pero merece la pena señalar, por ejemplo, la obra de Mari Paz Balibrea, En la tierra baldía ( El Viejo Topo, 1999), un ensayo que recorre la evolución política e intelectual del escritor desde las decepciones que generaron los acontecimientos del Mayo del 68 o la propia edición de  Francesc Salgado , Manuel Vázquez Montalbán. Obra periodística ( 1960-1973) ( Debate, 2010). 

postmodernidad

La última etapa de Carvalho fue la de la Barcelona olímpica del 92 y su agotamiento es el puro reflejo del que está sufriendo entonces su creador. Hay unanimidad en reconocer que Vázquez Montalbán vivió su último tramo de vida presionado por los compromisos contractuales con el sello Planeta, pero zarandeado por una creatividad mermada que le llevaban a la repetición y el autoplagio. En efecto, El laberinto griego (2005) y Sabotaje olímpico (2001)  fueron sin duda su obras menos logradas y más repetitivas.  Pero lo que está claro es que había una relación inter-subjetiva y complementaria entre Vázquez Montalbán y su personaje, donde las fronteras entre la realidad y la ficción, la verdad y la mentira terminaron tornándose borrosas. Carvalho fue, en efecto,  un anti-héroe  en medio una ficción verídica sobre la realidad histórico-política que le tocó vivir a Vázquez Montalbán.

 

laberinto

 

La auto-ficción está a menudo denostada, olvidándose que no mantiene una forzosa riña con la calidad literaria y que la subjetividad personal del escritor siempre se filtra en cualquier historia inventada, por grandioso que sea el imaginario fantasioso de la obra. Otra cosa bien diferente es que  las historias autoficcionales no tengan otro estatuto que el de instrumentos  de auto-terapia o  auto-ayuda. De éstas  abundan hasta la saciedad y de ello dejan un buen ejemplo los  policías metidos a escritores y dedicados a la auto-apología o lo que es peor, a la apología de la ideología policial, en base a tramas insustanciales en el espíritu  de la “literatura de entretenimiento” más barata. Una tendencia que sin embargo hay de distinguir y no confundir con lo que fue la labor de Vázquez Montalbán, dado que la auto-ficcionalidad a la que se prestó el creador de Carvalho no despojaba sus historias de un lado magnético : el compromiso político y social con su  propio tiempo. En ese sentido, es muy difícil desvincular el cínico personaje de Carvalho de las ilusiones y decepciones que vivió la propia generación de Vázquez Montalbán.  Como nos lo recordaron Javier Sánchez Zapatero y Alex Martin Escribà, Carvalho   fue  el ojo crítico a través del que Vázquez Montalbán vertebró una mirada desencantada sobre la realidad circundante y ello en base a una postura contra-cultural y un realismo social de un profundo escepticismo.  A través de él, su creador hizo sobre todo una crónica de toda una etapa de la historia política y social española, de los sueños que se forjaron durante la posguerra y el antifranquismo y de las enormes desilusiones que trajo la Transición y Post-Transición. Así lo apuntó al menos el propio Vázquez Montalbán :

” Mi vida no tiene mucho interés- decía- Ha sido más historia que vida hasta los setenta y desde entonces, es más literatura que vida”.

Desde luego, Vázquez Montalbán no era un nostálgico, porque consideraba que la nostalgia era la que impedía tener una mirada serena y lucida sobre el pasado.   El prestigioso estudioso del género negro y policial español, José Colmeiro  en su compilación, ” Manuel Vázquez Montalbán,el compromiso con la memoria (Contributors, 2007), apuntó cómo  Carvalho   se convirtió en el instrumento mediante el cual  Vázquez Montalbán se erigió, efectivamente, en un “fabulador del ayer”. Quizás sea ese el gran mérito del personaje de Carvalho, recordarnos el sentido de la “memoria”, que es a lo que nos estamos acostumbrando a perder en los tiempos actuales y en un clima de derrota del pensamiento y de la utopía.

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VÍCTOR DEL ÁRBOL : “El PESO DE LOS MUERTOS” FUE MI MANERA DE ESCRIBIRME A MÍ MISMO SOBRE MI PASADO Y EL DE MI FAMILIA “

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Premio Nadal 2016 por la obra ” La víspera de casi todo”, ( Destino,2016)  Del Árbol es hoy  un escritor consolidado pero con un periplo escabroso en sus primeros momentos  y una primera obra ninguneada a pesar de haber sido galardonada, El peso de los muertos ( Castalia,2006.)  Una novela que  embrionó , sin embargo, buena parte de su trayectoria posterior y asentó las bases de lo que serán  las grandes  problemáticas de las obras más exitosas de Víctor del Árbol, entre otras, su magistral ” Un millón de gotas”.  Olvidada a pesar de su enorme importancia para la comprensión del conjunto de la producción de Del Árbol, la editorial Alrevés   reeditará El peso de los muertos el próximo mes de junio. Es precisamente sobre esa preciosa y hoy, diez años después, rescatada obra, que conversamos a lo largo de esta entrevista.

Siempre has explicado que empezaste a escribir siendo adolescente. ¿ Qué es lo que separa esa relación  que tenías con la escritura de la que tienes hoy, a parte del evidente y lógico paso del tiempo  y de la madurez que estos proporcionan?

En lo básico se mantiene la misma relación, que se sostiene sobre todo en la curiosidad y en la posibilidad de introspección que la escritura concede. El ejercicio de lentitud permite la reflexión, el cuestionamiento. Esa mirada de cierta incredulidad ante lo que llamamos “normalidad” no ha variado con los años. Ha crecido. Atrás quedan los resabios, la necesidad de demostrar para pasar a un mostrar cada vez más incierto, menos admonitorio cuanto más segura es la voz narrativa. Poco a poco los ripios van dejando paso a una lucidez mayor.

¿Tenías esa visión idealizada del mundo intelectual y literario que todos hemos tenido siempre y que, evidentemente, se va disolviendo a medida que nos vamos acercando a él?

La idealización positivista de que el intelecto, la ciencia y la lógica, pueden resolver los problemas de un mundo planteado como dilema a resolver han dejado paso a ese posmodernismo atravesado de cierta decepción. De repente, las hipótesis ya no se resuelven y las preguntas no tienen respuesta. Eso no significa que la idea no sea válida, como sería injusto decir que la palabra no basta. La idea de que la inteligencia es evolución (y no involución) la sigo manteniendo, del mismo modo que sigo creyendo que la palabra aúna todas nuestras incapacidades de concebir toda realidad pero sigue siendo el instrumento más válido para explicarnos, paradójicamente.

¿Ser escritor y más todavía, ser escritor de éxito, te obliga siempre ha adquirir un perfil “fáustico”, a vender tu alma al diablo?

No hay alma que se vea obligada a convertirse en Fausto. Los diablos que la pretenden son conocibles y reconocibles. Y los perfiles, siempre son una parte de la apariencia, nunca la evidencia y mucho menos la certeza. Uno aprende a preservar su intimidad, también en lo literario, sin hacer concesiones a ese súper “Yo” que otros se arrogan el derecho de impostar.

¿ Qué sensación te da ver hoy reeditada tu primera obra, El peso de los muertos, que a pesar de haber sido galardonada con el Premio Tiflos, pasó en su momento sin penas ni glorias y que incluso te llevó por un tiempo a desistir de escribir más nada?

La sensación calmosa que siente la tierra cuando una semilla termina germinando. El Peso de los muertos es para mí una declaración de intenciones, imperfecta desde luego, pero veraz, donde ya están los elementos básicos que se desarrollarán después.

¿ Has superado esa relación renegada e incluso litigiosa que tuviste durante mucho tiempo con tu primera obra?

El tiempo todo lo cura, y aprendes a poner las cosas en su sitio. Fue una primera experiencia, y como todas las primeras veces se fueron por delante algunas ilusiones. Pero fue una experiencia única, me dio la oportunidad de saberme escritor y me ayudó a perseverar. En lo literario, creo que me ayudó a fijar una estructura narrativa, un tono y una visión.

Supongo que el paso del tiempo y la madurez en tu relación con la escritura, siempre te hace lanzar una mirada crítica hacia una primera obra. ¿ Cómo sería “El peso de los muertos” si hoy tuvieses que reescribirla?

Menos visceral, formalmente más sencilla. Pero en esencia, respetaría la trama y la caracterización de los personajes.

¿ Hoy, que ya has dejado atrás tus difíciles primeros pasos como escritor, cómo concibes esa obra, como el verdadero embrión de toda tu producción literaria o como el símbolo de una etapa de tu carrera que ya consideras revoluta ?

Sin duda como un embrión, por lo que te comentaba antes. Aparece ya aquí el interés por la Historia y la necesidad de canalizarla a través de historias personales. Ya concebía que la única manera de dar credibilidad a los grandes sucesos es a través de las emociones más íntimas.

En “El peso de los muertos” eliges  dos contextos históricos que vas combinando narrativa y cronológicamente : la posguerra y la Transición ¿  Qué es lo que atraía de esos dos periodos?

La posguerra no es solo la etapa que va desde el final de la guerra hasta el final de la autarquía económica. Es sobre todo un proceso de “reeducación” llevada a cabo por los vencedores donde el propósito es desmantelar cualquier logro de la República, y aún más allá, asegurar que no se volvería a producir un hecho similar. La única manera de lograrlo no es la victoria militar, sino cambiar la sociedad, convencerla de que el Movimiento es la única solución y de que Franco es realmente Caudillo por la gracia de Dios. En cuarenta años, se pretende volver a España franquista. Para ello se incide en la educación, en la cultura, en la ideología, en la economía y el la reescritura de la Historia.

Por supuesto que hay elementos disidentes, todo Totalitarismo es imperfecto.   Pero hasta la llegada del primer gobierno formado en su mayor parte por ministros del Opus Dei es realmente minoritario entre una sociedad desmovilizada políticamente y atemorizada, cuando no convencida. La muerte de Franco y los sucesos que la preceden, como el atentado a Carrero Blanco, los Juicios de Burgos, los asesinatos de Atocha, las manifestaciones represaliadas en Barcelona o en Guipuzcua , ponen ante el mundo la evidencia de que el último Dictador emergido en el período de Guerras no lo ha dejado todo atado y bien atado. Son dos momentos claves para entender la dicotomía que nunca a dejado de lacerar este país. Hoy se sigue usando ese discurso frontista, se siguen invocado agravios del pasado, se ningunea la Memoria Colectiva, en aras a un futuro que, por lo que vemos, nunca acaba de llegar.

Siempre has dicho que perteneces a la generación de la desmemoria y el silencio. ¿ ¿Tu primera obra era una manera de romper con esos avatares?

Era una manera de escribirme a mí mismo sobre mi propio pasado, el de mi familia, el de mis abuelos. He dicho a menudo que todo pasado es relato, bien pues yo necesitaba hilvanar el mío para que me resultaran comprensibles ciertas lagunas.

En una ocasión me dijiste que el 23-F del 81 despertó precisamente en ti el interés por el pasado más reciente de nuestro país. ¿ Hoy, que han pasado treinta años desde el “tejerazo”, cómo percibes aquellos acontecimientos?

Tenemos la perniciosa tendencia a minusvalorar el verdadero peso de aquella intentona, ridiculizando los hechos hasta convertirlos en poco meno que una bravatta a cuenta de un grupo de descontentos y arribistas, una locura que jamás hubiera tenido éxito. Pero eso no es cierto, creo que la joven democracia española nunca estuvo más cerca de una involución que en aquel momento.  Pienso que no se estudia con la suficiente seriedad en los programas escolares, ni siquiera en los ámbitos universitarios. Y no es que sea una pena; es que es terriblemente peligroso.

¿ Nuestros sistemas de apropiación del pasado siempre son coyunturales, circunstanciales, generacionales, emocionales, si me apuras?

Son la única manera que tenemos de entender el pasado. Desde la subjetividad. El pasado no son solo los hechos, es sobre todo el modo de interpretarlos y de contarlos. Cada generación necesita sus anclajes culturales, sus referentes éticos y sus valores identitarios. La instrumentalización del pasado justificativo es la trampa amable en la que caen los que solo buscan argumentos a favor y coartadas.

En “El peso de los muertos”, tu protagonista es una mujer con una adolescencia tormentosa y con una visión idealizada de su padre, un militante antifranquista, pero del que va descubriendo ciertas verdades. Un tema que vuelve a estar presente en Un millón de gotas, referente a un militante comunista, Elias. ¿ Cuando escribiste “Un millón de gotas”, quisiste rescatar algo que quizás se había quedado pendiente, en el tintero, precisamente en tu primera obra?

No exactamente, pero pervive esa idea del falso héroe, de la construcción de la identidad a partir de elementos exógenos a la propia identidad. Descartes ya afirmaba que sin los otros no existe el yo. Y Nietzsche eleva esa ideal del Ídolo hasta exacerbación. Pervive en mi intención demostrar que los héroes solo lo son en la medida que alguien los eleva al pedestal porque resultan útiles. Y sobre todo porque, viniendo del pasado no pueden morder la mano que los eleva a los altares. La dimensión humana del héroe no interesa, solo su caracterización como hombre mesías, como guía, como referente o salvador. La imperfección no puede ser aceptada en el discurso mitológico.

¿ Por qué esa constante desmitificación de la figura del padre en todas tus novelas y que siempre viene a resultar un ser ruin, mezquino, de una enorme bajeza humana y rodeado por la mentira?

No comparto todos esos adjetivos, a menos que se les añadan los opuestos. Porque si no es así, el contraste es imposible. Se necesita de los opuestos para llegar a un cierto equilibrio, a una cierta forma de verdad. Por otra parte, la desmitificación del padre es el proceso natural que transitamos todos desde la infancia a la edad adulta. El padre es en una sociedad patriarcal el pater familias, el líder que provee, infalible y protector. El niño lo asume de ese modo inconscientemente, heredero sin saberlo de su bagaje cultural. Luego nace en el niño el Yo, y entra en contradicción con esa autoridad impuesta por el linaje. Es algo puramente antropológico.

Veo que la violencia sexual y la vejación están presentes, no solo en tu primera obra, sino que han vuelco a colación en todas las demás…

La pregunta es ¿qué se pretende con ello? ¿Y por qué resulta eso más llamativo que las escenas que por contraste, una vez más, buscan el curar esas laceraciones? En una sociedad machista el uso de la violencia sexual y de la vejación es el modo explícito de control, de dominio. Si las mujeres protagonistas de mis novelas sufren esas torturas, no lo es menos que se resisten y luchan ferozmente. ¿La literatura no es acaso simbología? ¿De qué períodos hablamos, de qué contextos? Cualquier mujer de esa época, y me atrevo a decir, de hoy en día, sabe o sabido en algún momento lo que es la discriminación por razón de sexo, de género.  Y sabe lo que cuesta luchar contra ello.

Los personajes heridos, dolidos y a veces sin esperanza y ruidos por la pena y el remordimiento han dominado el grueso de tu producción literaria hasta el momento. Algunos dicen que incluso abusas del “sufrimiento” del ser humano como tema central. ¿ Por qué crees que los individuos siempre miran hacia otro lado cuando se les habla precisamente del sufrimiento y prefieren huir de las tramas literarias demasiado tormentosas?

No tengo una respuesta, porque básicamente no comparto esa afirmación. Plantear el punto de visto doloroso de la realidad frente a la visión hedonista de esa misma realidad no me parece desacertado. La literatura no se basa en la pornografía emocional, ni en  la exaltación gratuita de modelos sociales que solo conducen a la infelicidad de la frustración. La única manera de afrontar los problemas es asumir que esos problemas existen, y no hacerlo desde visiones de mero postureo ético.

¿Esta era nuestra del capitalismo salvaje y de la penalización y estigmatización de los “perdedores” están condicionando también nuestros hábitos de lectura?

Posiblemente buscamos en la ficción referentes idealizados que nos ayuden a sobrellevar esa imposibilidad de estar a la altura de los modelos de éxito que la sociedad de consumo crea.

Tanto en  “El peso de los muertos”, como posteriormente, en “La tristeza del Samurai”, hay dos mujeres de clase alta con un papel central, que llevan a la perdición a hombres atraídos y  fascinados por ellas. ¿ No te daba la impresión de que, a pesar de que siempre te has distanciado de los cánones del género negro, has tendido en cambio a reproducir ciertos esquemas simbólicos y representacionales, sobre todo en relación a  la erotizada  “femme fatale”?

El papel de la mujer fatal es maravillosamente perturbador. Creado por una sociedad evidentemente machista que reinventa el mito de Eva, dotándola de todas las cualidades de la perversión que condena la moral religiosa. Es uno de los clichés que mejor han funcionado en la literatura, desde la Ofelia de Shakespeare.

La arbitrariedad y el juego sucio del mundo policial, así como los pasillos oscuros del poder en la Transición están muy presente. Sin embargo, cuando escribiste “El peso de los muertos”, en España no se ponía tanto en cuestión la Transición como se está haciendo ahora. ¿ Pretendías por aquel entonces, quizás hablar de algo que todos callaban en nombre del requetepredicado “consenso”?

El silencio nunca es una opción a largo plazo. Es un poco la tesis que sustenta el título  de El peso de los muertos. No se trata de venganza, se trata de reconocimiento, de procesar momentos históricos en los que las generaciones presentes no tuvieron implicación pero sí sufren las consecuencias.

Durante la Transición, el franquismo dio muchos coletazos y que, por ejemplo, quedaron simbolizados colectivamente con el asesinato de los abogados de Atocha.  Dos de tus personajes en “El peso de los muertos”, viven de hecho las consecuencias de las arbitrariedades que todavía se cometían entonces. ¿ Hay una desmemoria sobre las últimas víctimas de la dictadura?

Creo que sí. Sobre todo en favor de esa tesis de no azuzar el avispero. Volveríamos al tema de los santos laicos, de la mistificación, pero lo cierto es que en este país hubo personas que fueron asesinadas por tener una visión social y política determinada. Entender quiénes eran esas personas, cuál era el contexto laboral, universitario, social, político nos ayudaría a tener una visión poliédrica, no dogmática, de aquellos años.

Me llamó la atención de que uno  de tus personajes,  un inspector de policía franquista, recuerda mucho al siniestro comisario de la Brigada Político-Social, Antonio González Pacheco, conocido como “Billy el niño” y hoy reclamado por la justifica argentina…

Y ya sabemos la respuesta que ha dado nuestro gobierno. Cuando se reformó el artículo del CP que hablaba de la persecución contra los delitos de lesa humanidad, se hizo una declaración de intenciones. Hoy, por ejemplo, no sería posible encausar a Pinochet.

¿ Todavía andan sueltos muchos “Billy el niño” en España?

Y quienes los utilizaron, ahora los apartan del foco y esperan pacientemente a que se mueran. La muerte es un buen analgésico contra el dolor de querer recordar.

Desde qué publicaste “El peso de los muertos”, el tema del abuso de poder y de unos individuos condenados a veces a volverse los cómplices de sus propios torturadores son muy centrales en el conjunto de tu obra. ¿La fuerza del poder es tal, como para que a veces no se disciernen con  claridad las fronteras entre el verdugo y la víctima, la maldad del poder alimenta también en nosotros otro “pequeño verdugo”?

La naturaleza del poder es el tema central de la literatura. Casi me atrevería a decir que es el tema central del arte. El poder siempre quiso patrocinar el arte y al artista porque es una manera de controlarlo y dirigirlo hacia un decálogo que le resulte útil. Incluso la disidencia y la apariencia de democracia pueden ser, y de facto son, dirigidas por el Poder, siempre que sea controlable. Pero si el arte es arte, entonces es ruptura, cambio, cuestionamiento, alejamiento de las esferas de influencia económica. Todo sistema necesita cómplices y voluntades para funcionar. Y en los resquicios de la mezquindad existen multitud de candidatos y paniaguados.

A parte de la particular experiencia histórica del estalinismo y del nazismo, hemos visto las dictaduras militares en América Latina y en Europa la experiencia atroz de los proyectos de limpieza étnica en los Balcanes. ¿ El siglo XX ha sido, ya no el siglo de los totalitarismos como experiencia política históricamente bien localizada, sino también el de una mentalidad totalitaria, o en otros términos, el odio y la destrucción como valor cultural y mal civilizatorio?

La destrucción étnica es una constante en la historia de la humanidad, la uniformidad una vocación de quien controla en cada tiempo los resortes históricos. Los elementos económicos siempre han sido disfrazados de ideología, desde Asiria hasta las Guerras de religión. La diferencia es la capacidad destructiva, y un elemento multiplicador como la propaganda del terror. Ahora existe una clave que no existía en guerras pretéritas. Son públicas y publicadas en tiempo real, se convierten en material de desecho en los telediarios. El sufrimiento ajeno se ha vuelto banal.

¿La modernidad más acabada ha sido la barbarie más acabada también, cómo predicaba Adorno?

Ya hemos trascendido ese momento. Ahora ya ni siquiera nos sirve el culto al individuo por encima de lo colectivo. El narcisimo social, la vulgarización de los estándares de la Cultura, la parodia de los nuevos ideólogos, nos ha conducido a ese futuro previsto por Nietzsche, donde el hombre ha sido vencido por su propio ego, para emerger convertido en una criatura desamparada, sin Dios, sin modelos que trasciendan lo material. De modo que debemos afrontar el futuro reconstruyendo nuevos valores que, paradójicamente, vendrán a entroncar con valores pretéritos como el respeto al entorno, la valoración de la experiencia en la persona adulta, la inteligencia emocional.

¿ La literatura ha de ser siempre un compromiso contra el poder y la arbitrariedad?

En mi opinión, la literatura es ante todo una opción de libertad individual.

Decía Manchette que no había una Maldad Absoluta y que esta siempre era “histórica” y que adquiría diversas formas según cada circunstancia. ¿ Hoy, en el siglo XXI, en plena Era de la Información y de las grandes tecnologías, cuál es el rostro de esa “maldad humana” y de esa perversidad del poder?

Algo así decía Ortega y Gasset cuando hablaba del “hombre histórico” En mi opinión, la maldad del siglo XXI es la de siempre: la demagogia, la falsedad ideológica, de desmemoria y por encima de todas las maldades, la vacuidad.

 

 

 

 

 

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LAS PUERTAS DEL PASADO : SOBRE “ELS ENEMICS SILENCIOSOS” DE MIREIA LLINÀS

 

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A pesar de sus apenas treinta años y un aire de joven muchacha ingenua, tímida y existencialista, Mireia Llinàs ( Barcelona, 1985) ya tiene hecho un cierto camino profesional y eso le convierte sin duda en una privilegiada en un país como el nuestro, que ya lleva tiempo relegando al basurero laboral o al exilio a nuestros jóvenes talentos. Graduada en Cine y Audivisual, ha participado como guionista en diversas series de televisión y  trabajado como analista de  proyectos cinematográficos. El año pasado quedó finalista en el Premi Agustí Vehí (2015)   empezando  a hacer hablar de ella en los corrillos del “Noir”  en catalán. Ha participado recientemente en el Festival Tiana  de Novela negra  catalana (2016)  y también en el finalizado BCNegra 2016. Este año acaba de publicar su primera novela, “Els enemics silenciosos”, ( Columna, 2016) . Llinàs no se define como una escritora de género negro en el sentido estricto, porque no le gustan las etiquetas. Es una apasionada de la indagación en el pasado y su relación con el presente. Por eso creo que se inserta en esa ascendente corriente por la que este blog y un servidor apuestan con fuerza : el híbrido   entre el género negro y el género histórico.

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Nora es una joven detective que trabaja en una unidad especial de los Mossos de Esquadra y  que posee un don : desplazarse al pasado. No elige las épocas hacia las que viaja, sino que son éstas las que le llaman  y siempre por un mismo motivo, un crimen sin resolver. De forma inesperada, se ve llevada en el tiempo hacia  El Indiano, una sala de baile de ambiente descocado y situado por lo que entonces todavía se denomina, el Barrio Chino. A las puertas de la Guerra Civil, allí conoce a un joven, Enric, del que se enamora, revelándose su relación imposible, a la vista de que el espacio-tiempo les separa. De nuevo en el siglo XXI,  Nora es avisada de un caso  a finales de los años cuarenta. Una prostituta de lujo, Dolores Rey, muy vinculada a la alta sociedad de aquel momento, ha sido brutalmente asesinada por tres hombres.  Un anciano de un barrio popular de Barcelona, Marcelino , que conoce los poderes de Nora,  le pide a la detective que resuelva el caso. Marcelino mantiene una deuda con aquella mujer :  el regalo de un coche de juguete que le devolvió la infancia en la misera y hambrienta España de la posguerra.  Marcelino está  convencido de que el caso se cerró deliberadamente en falso.  Un cerrajero y antiguo delincuente, su hijo y un amigo con problemas psiquiátricos habían cargado con el crimen sin verdaderas pruebas.

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Tras indagación por parte de Nora,   todas las sospechas apuntan a que detrás de esos tres hombres más o menos oscuros y sin un motivo concreto para asesinarla,   existen muchos pasillos oscuros que llevan hacia gente muy poderosa del régimen franquista,  entre otros, un militar procedente de la aristocracia y con una carrera prometedora y una alta autoridad eclesiástica. Nora y su compañero Pere, un mosso con el que mantiene una relación ambigua, están decididos a resolver el caso, a pesar de que nadie tenga interés en que se reabra.  Durante sus vaivenes entre el pasado y el presente, Nora se va a encontrar con un obstáculo que amenaza su propia vida : Dos hombres gemelos y siniestros, por lo visto, con el mismo poder que ella para desplazarse en el tiempo, intentan impedirle que descubra la verdad. De forma paralela irán surgiendo una serie de personajes directa o indirectamente relacionados con la víctima y sus supuestos asesinos, entre ellos, un militante anarquista que simboliza  la última resistencia frente al franquismo y un régimen que se verá abocado a convertirse en una pieza clave  el ajedrez de la Guerra Fría.   A  lo largo de sus viajes, en medio del peligro y la intriga, Nora se encuentra de forma intermitente con Enric, sobre el que van pesando los años, pero del que no han cambiado los sentimientos por ella.

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A través de la figura de Nora, Mireia Llinàs nos lleva hacia los tiempos más oscuros de la tenebrosa y parca España de la posguerra. Es también  por los caminos de la trama que van desfilando unos valores sociales y  tradiciones culturales y populares, hoy, inimaginables para nosotros y en el seno de nuestra sociedad democrática, pero que dominaran la vida colectiva española a lo lo largo de los 40 y 50. Llinàs nos pasea además por la memoria urbana y arquitectónica de Barcelona, llevándonos a lugares que ya solo moran en los libros y en el recuerdo de los más ancianos. Pero la obra  tiene el mérito, sobre todo, de denunciar la hipocresía de una sociedad revoluta y arropada en los signos de un régimen dictatorial y la doble  forma de medir del nacional-catolicismo. Mireia Llinás nos recuerda cómo bajo el caparazón de la moralidad , pueden reinar en realidad actitudes profundamente inmorales y basadas en el abuso contra quienes sufren del desamparo.  Y al contrario también, cómo detrás de personas a las que la sociedad condena , pueden existir en realidad valores humanos y  éticos. La bajeza, los prejuicios  y la mezquindad de las clases dominantes recorre  la obra, pero al mismo tiempo las de unas clases populares  presionadas por las circunstancias de un régimen de represión y terror.

Mireia Llinàs aporta su propio estilo a esta nueva tendencia narrativa negro-histórica, dado que ha añadido ciertas dosis de novela fantástica, aunque sin forzar lo inverosímil, (vicio en el que suelen caer bastantes autores en este género), trabajando con inteligencia el mensaje de la trama. La influencia de su formación como guionista se deja notar, dado que se desliza en la historia cierta magia propia de las artes audiovisuales, pero sin apartarse de la reglas de la tradición narrativa. Nos equivocamos  al pensar que una novela, en principio pensada para el entretenimiento del lector, carece siempre de sustancialidad y se muestra ajena  a la crítica de las realidades políticas, sociales, culturales o históricas. La obra de Mireia Llinàs viene a confirmarlo.

                                   Els enemics silenciosos es una novela que no está falta de moraleja, dado que nos recuerda  la necesidad que tenemos de saldar nuestras deudas con aquellos que nos quisieron y el lado atemporal del amor y del cariño. Pero sobre todo, nos interpela sobre el hecho de que nunca conseguimos rehacer el pasado por mucho que lo revivamos y que solo podemos cumplir con la obligación moral de brindarle reparación a aquellos que fueron agraviados en él.

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ANAMARÍA TRILLO : ” QUERÍA VER HASTA QUÉ PUNTO SE PUEDE REPARAR EL ALMA HUMANA TRAS UN DESASTRE DEMENCIAL”

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Fotografía Click&Play

Periodista y editora, Anamaría Trillo está entre los nuevos autores y autoras que  han ido surgiendo bajo la identidad de lo que se ha venido a conocer como Generación Subway. Una corriente literaria y poética que ha girado alrededor del sello  Playa de Ákaba y bajo el impulso del novelista Lorenzo Silva y la poetisa Noemi TrujilloAnamaría Trillo  escribe desde que era muy joven y ahora acaba  de dar el gran salto con su primera novela, ” Amaneció de nuevo Madrid” ( Playa de Ákaba,2015). Una obra que ya está en su segunda edición, pero sobretodo, un magnifico regalo literario y un alegato contra la desmemoria. Obra inserta en la más exquisita tradición realista, “Amaneció de nuevo Madrid” es un homenaje a los “vencidos”, una reflexión sobre la adolescencia robada, pero también una oda a la esperanza incluso en las peores circunstancias. A lo largo de esta entrevista, conversamos sobre esta nueva  e importante aportación a la tradición narrativa sobre la guerra y la posguerra española.

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Tu periplo ha sido hasta ahora como editora y lectora. Ahora estás al otro lado de la barrera en condición de escritora. Supongo que la percepción de las cosas no es la misma de un lado como del otro. ¿Qué es lo que separaba a esas dos almas?

Puede parecer que la faceta de editora puede ayudarte como escritora a la hora de saber qué puede funcionar y qué no, qué es bueno o qué no lo es, pero en realidad no es así. Te ayuda a tener cierto criterio sobre lo que quieres escribir, te ayuda a la hora de tener un poco más de visión sobre lo que hacen los demás, pero ningún editor tiene una bola de cristal como para saber qué libro tendrá éxito y cuál no. Cuando estoy en mi papel de editora, intento olvidarme de que yo también escribo, para no juzgar las obras de otros autores como si fueran mías, busco algo de objetividad y pongo a trabajar a la lectora, no a la escritora. Lectora, editora y escritora son tres formas de enfrentarse a un texto que son diferentes, a veces pueden complementarse y otras no. En cualquier caso, las tres forman parte de mí, aunque lo cierto es que leo desde niña, escribo desde niña y soy editora como adulta. Quizás las dos primeras están más presentes en mí, o al menos de una manera más “natural”.

Coincidiendo con el aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, han ido proliferando bastantes novelas sobre este periodo histórico y al mismo tiempo retomando fuerza la narrativa sobre la guerra y la posguerra en España.  ¿Se puede decir que se está rompiendo con los recientes años de silencio narrativo sobre esta etapa de nuestra historia?

Hay mucha gente que opina que hay demasiadas obras sobre la guerra civil española, pero yo no estoy de acuerdo. En otros países se ha tratado el tema de la guerra y la memoria de manera más profunda, y creo que en España aún tenemos mucho que hacer para llegar a ese nivel. Sí se está rompiendo ese silencio, pero debe romperse aún más y no confundir silencio con olvido o perdón. Me parece que en España, quizás por culpa de un sistema educativo deficitario, no se estudia suficientemente nuestra historia, y lo que es más grave, nuestra historia más reciente.

Hablando de enseñanza, todos conocemos la fama de “maría” que solía tener y sigue teniendo la historia. ¿La literatura  es una forma más amable de conocimiento del pasado, más asimilable, vehicula mejor la construcción de la memoria colectiva?

Es una pena que la asignatura de historia no tenga el lugar que merece en nuestro sistema educativo, y así nos va. Hay generaciones enteras que desconocen hasta los datos más básicos de nuestra historia: lamentable. Yo la recuerdo de manera dispar, hubo profesores soporíferos, pero también hubo quienes me contagiaron su pasión.

Podemos hacer la misma valoración respecto de la literatura. Creo que no se estudia ni suficiente ni en la dirección adecuada. En cuanto a vehículo de memoria colectiva, efectivamente, creo que la literatura ayuda a aprender sobre nuestra propia historia de manera más amena, aunque también tenemos que aceptar que de manera más subjetiva.

Lo ideal sería poder combinar ambas. Entiendo la utilidad de las asignaturas de ciencias, no discuto que son muy necesarias, ahora bien, también creo que las humanidades deberían tener su justo valor. Para que los ciudadanos de verdad puedan ser libres tienen que leer, aprender a forjarse sus propias opiniones: estudiar historia, filosofía, sociología, literatura… Es increíble que muchos jóvenes no sepan por qué tenemos una monarquía y no una república, por qué Gibraltar no es español, qué responsabilidad tenemos en los refugiados saharauis, etc. Presumimos de libertad, pero tenemos la libertad que nos da el dinero.

Si me permites el inciso y contrastándolo con el profundo realismo de tu novela, no te parece que series televisivas de éxito como, por ejemplo, “ Amar en tiempos revueltos” o “Velvet”,  han tendido a caer en la más escandalosa frivolización de un periodo histórico muy doloroso para la sociedad española y que, para colmos, relativiza la envergadura del franquismo? 

Estoy completamente de acuerdo. En las pocas ocasiones en las que he visto alguna de estas series he acabado enfadada y quitando la televisión. Se ha frivolizado absolutamente un tiempo que fue terrible. En los 40 y 50, los españoles y las españolas no eran como nos quieren hacer ver. Son meros folletines donde priman las historias de amor, pero no se profundiza en absoluto en la realidad. Mucha gente me pregunta por qué escribo de manera tan realista y la verdad es que me gusta ser muy precisa, con obsesión casi de cronista, porque creo que en la vida real están las mejores historias, los mejores giros argumentales, los personajes más creíbles. Quizás resulto pretenciosa al decirlo, pero si estas series folletinescas han gustado al público, no se imaginan los productores lo interesante que resultaría una serie de la vida de Margarita en Madrid. Estoy convencida de ello.

Supongo que, al igual que muchas escritoras y escritores que han abordado este periodo histórico, te habrás imbuido de toda la literatura sobre la guerra y la posguerra, sobre todo de las obras más clásicas y emblemáticas que proliferaron desde la generación del 50 hasta la producción de los 80 y 90. ¿Cuáles han sido tus influencias literarias, qué autores te marcaron más?

Pues en realidad mi influencia literaria viene de bastante más atrás, en Amaneció de nuevo Madrid he tratado de emular, humildemente, al gran Benito Pérez Galdós. He querido beber de su realismo. He leído mucho sobre la guerra y la posguerra, sí, pero no ficción, y lo he hecho así precisamente para no verme influenciada sobre lo que escriben los demás.

¿Por qué Madrid como contexto narrativo?

Madrid es una ciudad maravillosa. Me encanta pasear por ella y tiene una historia apasionante. Sé que muchos escritores buscan evadirse de su realidad buscando lugares lejanos, países ajenos o lugares exóticos, pero yo quería escribir de lo que conozco, de lo que puedo ir a ver en cualquier momento, de lo que me trae recuerdos…

El título “Amaneció de nuevo Madrid” es muy sugerente y enseguida se da uno cuenta de que en tu espíritu debió de estar esa tenebrosa posguerra que vivió la capital. Supongo, por otra parte, que eso te debió de exigir mucha investigación. ¿Cómo trabajaste para preparar los materiales para tu novela?

Pues leyendo lo más posible sobre nuestra historia, consultando a los que saben, escuchando a quien te quiere contar cosas… la documentación ha sido apasionante. Hay mucha gente aficionada a la historia de Madrid con webs, blogs, etc. Me he empapado de los libros de algunos cronistas oficiales de la Villa, como Pedro Montoliú o Ángel del Río, y también, como periodista, he buceado por la hemeroteca de diarios como el ABC.  Como digo, un trabajo apasionante.

Aunque tu historia es puramente ficcional, te he escuchado decir que el periplo de tu protagonista, Margarita, hunde sus raíces en la experiencia de algunas mujeres de tu familia. Supongo que tus sensaciones no debieron de ser exactamente las mismas al indagar en las hemerotecas   o al  escuchar las “historias orales” de personas de carne y hueso que además te son personalmente próximas. ¿Al ponerte a escribir, cómo  enfrentaste el reto  de  gestionar el equilibrio entre la objetividad del dato y la subjetividad de la experiencia humana? 

Creo que ahí se nota que tengo dos perfiles: periodista y escritora, y una forma de ser: curiosa y con ganas de aprender. Como periodista me he enfrentado a los datos de manera aséptica —al menos en esta novela—, he querido retratar un Madrid lo más fiel a la realidad posible, teniendo en cuenta que por mi edad no he podido conocerlo en los años 40. Ha sido un proceso de documentación laborioso pero apasionante. Como escritora, esos datos fríos es como si los hubiera cocinado, templado y aderezado, pero eso sí, con sumo cuidado para no perder verosimilitud. El aderezo son recuerdos, cosas que me han contado, anécdotas que he leído… para escribir, leer lo es todo en realidad y escribir esta historia me ha supuesto leer mucho. No te imaginas la pila de libros que tengo para leer ahora que estoy con mi segunda novela.

Margarita es una adolescente de 14 años, casi una niña. ¿Por qué eliges esa etapa vital y no, a mujeres  adultas como protagonistas y sobre las que sin duda también hay mucho que contar respecto a ese periódico histórico?

Quería mostrar la invisibilidad de la mujer, y esta comienza desde niña. También quería que quienes no lo han vivido o a quienes no les han contado cómo era España en aquella época vieran cómo era la infancia, cómo se trataba a la mujer, cuánto han cambiado las cosas y también que hay que seguir luchando para que cambien aún más. Las mujeres adultas son personajes muy interesantes, pero la inocencia que tiene Margarita es un elemento esencial en esta historia. Los hombres ganaron o perdieron una guerra, pero creo que todas las mujeres perdieron la guerra.

Supongo que el hecho de que tu protagonista sea una mujer, debió de ser una elección personal y no sé si deliberadamente comprometida. Te lo digo porque, más allá de los debates bien conocidos que dominan a la crítica y teoría literaria feminista, es una evidencia que existe una “historia silenciada”, una invisibilidad “literaria” de la experiencia de las mujeres en aquellos tenebrosos años del primer franquismo. 

La elección del personaje femenino vino “impuesta” por la idea en la que se basa la historia: una niña que entra a servir en la ciudad y debe dejar su hogar y familia. En cualquier caso, el tono de la novela es de denuncia de esa invisibilidad. Es cierto que el papel de la mujer durante la guerra y la posguerra ha sido absolutamente silenciado, durante la guerra lucharon valientemente y durante la posguerra sacaron adelante a sus familias cuando no había casi con qué. Hay que tener en cuenta el papel que cobró la mujer durante el franquismo, el adoctrinamiento de la Sección Femenina, su anulación absoluta frente al hombre, la humillación de arrebatarle sus derechos. A veces me pregunto cómo una sociedad puede tratar tan mal a las mujeres que le han dado la vida.

La adolescencia “truncada” o “robada” es un tema recurrente en buena parte de la tradición narrativa sobre la guerra y la posguerra. ¿Aunque te pueda parecer una especulación filosófica, te preguntaría si, efectivamente, piensas también que los acontecimientos y las circunstancias, como le ocurre a Margarita, tienden siempre a robarnos alguna etapa de nuestra vida?

En la novela lo expreso así y estoy convencida de ello: una guerra civil es lo peor que le puede pasar a una sociedad. Nuestra guerra civil es como una brecha en el siglo XX, una ruptura brutal en el progreso que podríamos decir normal de nuestra sociedad. No hablamos de ejércitos ni campos de batalla, al estilo de las campañas del siglo anterior, hablamos de personas que fueron arrolladas por una sublevación, por un golpe de estado que sembró el odio, y odio es lo que recogió. ¿Qué se puede esperar de las personas que sufrieron algo así? La vida se quiebra a su vez, es imposible olvidar, en muchos casos, es imposible perdonar. La juventud robada es un elemento común en todas las guerras, y sin embargo la historia recuerda a los adultos que no actuaron como tales, sino que sentados en sus despachos jugaron a odiarse, incapaces de detener la barbarie.

También hay muchos personajes secundarios, pero que, paradójicamente, tienen un enorme magnetismo y sus vidas cotidianas  se revelan como un valioso testimonio sobre una época condicionada por un bien determinado ambiente ideológico, político y social. ¿Pretendías quizás buscar vías narrativas alternativas a las de la novela histórica pura y dura, siempre centrada en los grandes personajes y acontecimientos, incidiendo en cambio mucho más  en la memoria de los “ de abajo”?

La verdad es que no veía ningún atractivo en contar esta historia a través de personajes conocidos; es cierto que esta novela no es una novela histórica pura y dura, pero no quería ensalzar ni vapulear a nadie, ni siquiera entrar a valorar lo que dicen los biógrafos de uno u otro bando. Quería contar historias con minúsculas, mucho más interesantes, por otra parte. Jugué a un paseo imaginario por el Madrid de la posguerra, y quise contar lo que vería en ese paseo. Madrid en esa época no eran las parafernalias franquistas, ni los desfiles de la Victoria; Madrid eran los madrileños día a día, la lucha por sobrevivir, por encontrar qué comer, por vencer a la miseria y a la enfermedad, y, sin embargo, la gente se enamoraba, amaba a sus hijos, se inventaban canciones, chistes, la gente bailaba en las verbenas… quería ver hasta qué punto se puede reparar el alma humana tras un desastre demencial, y eso había que hacerlo buscando almas diferentes entre la gente corriente.

También hay cuestiones como el amor o el matrimonio y en el que ilustras los roles tradicionales de las mujeres y el encorsetamiento de las relaciones entre los géneros en esa  España “integrista” del nacional-catolicismo. Hay algunos escritores y cineastas sobre esta época que, a veces, con el único objetivo de jugar con el morbo del lector o espectador, extrapolan rituales amorosos de nuestro tiempo,  distorsionando el contexto histórico y las mentalidades y valores culturales y morales que le estaban asociados. Tú, en cambio, eres de un exquisito realismo. ¿Explícame una cosa, cómo se pone una escritora actual y moderna en la piel de una mujer española de los años 40?

Es verdad, muchas veces nos encontramos películas o novelas en las que algo “cojea”, a mí esas cosas me chirrían, pero existen, y es que se trata a los personajes como si fueran personas de nuestro siglo, tienen reacciones o pasiones que no son propias de su época. Creo que esa labor es fundamental a la hora de crear una ficción, y  por ejemplo metiendo un desnudo a destiempo o una escena de sexo apasionado estropeamos todo el trabajo previo. En los 40 no se amaba como ahora, recordemos que ni siquiera los esposos se veían desnudos. Todo era pecado, el sexo era un vehículo para la reproducción, la familia católica era la base de la sociedad y la moral estaba por encima de cualquier otra cuestión. Había hipocresías para todos los gustos, es verdad, pero ese “integrismo”, como dices, marcaba absolutamente a la sociedad.

Yo aún iría más allá en la pregunta y es cómo una mujer del siglo XXI puede ponerse en la piel de mujeres y hombres de los años 40. Creo que he recreado bien a todos los personajes, tanto masculinos como femeninos. Tengo el defecto de meterme mucho, quizá demasiado, en la historia y los personajes. Hay autores que se olvidan de que ellos no son sus personajes; yo no soy ninguno de mis personajes, ellos tienen vida propia aunque sólo sea dentro de mi cabeza y como tal cada uno decide, piensa y actúa en consecuencia. Es un trabajo fascinante, por eso creo que me gusta tanto escribir. Vives otras vidas, experimentas sentimientos que nunca tendrías… es maravilloso. Por ejemplo, jamás se me ocurriría matar a otra persona, pero puedo imaginar cómo sería y qué implicaciones tendría.

En “Amaneció de nuevo Madrid” describes muchas situaciones, sobretodo la de los “vencidos” en las que domina  la pobreza, el hambre, las heridas personales, la soledad, las injusticias y la desmoralización. Sin embargo, a diferencia de otras novelas inspiradas en esta época, casi siempre muy tremendistas y pesimistas, en tu obra hay un “rayo de sol” narrativo, un toque de optimismo y la prueba está en que el final no alberga esa parte dramática y desconcertante que han caracterizado a otras obras. ¿Consideraste quizás que era necesario serenar la mirada sobre un pasado político, social e histórico tan complicado y casi siempre sujeto a condicionamientos ideológicos y percepciones maniqueas?

 Yo tengo, como todo el mundo, mis propias opiniones, mi ideología, pero no quería que la novela fuera una muestra pública de ello. ¿A quién le iba a interesar? Mi opinión, en cierto sentido, no era lo importante. Si después de leer la novela, alguien tiene curiosidad por saber mi opinión sobre ciertas cosas, nos tomamos un café y se lo cuento.

He hablado más de los vencidos porque procedo de aquellos que fueron vencidos, qué duda cabe de que eso me ha influenciado al igual que el hecho de que considero que el 18 de julio de 1936 es una abominación, pero ¿qué ganaba con mostrarlo a las claras en una novela absolutamente inventada? Nada. Efectivamente, me serené y busqué hacer un retrato de época, contando esas historias que parece que no son importantes, pero que en realidad lo son, y mucho, porque son las historias de quienes nos dieron la vida a los que nacimos con la democracia. La idea de que siempre hay una esperanza nace de ahí, de que a pesar de todo, la gente de mi generación pudimos nacer en libertad. La novela no es una historia de buenos y malos, héroes o villanos, es como la vida misma, donde no ganan siempre los buenos, ni los malos tienen justo castigo. La vida es injusta, es como es y, pase lo que pase, el ser humano siempre sale adelante, más o menos tocado, pero siempre sale adelante. Prueba de ello es que nuestros abuelos vivieron una guerra, hambre, frío, miseria… pero nosotros estamos aquí. Ojalá no lo olvidemos nunca, ese es el propósito de esta novela.

Al leer tu novela y después recapitularla, tuve la extraña sensación en algunos momentos de ver el Madrid de hoy, azotado por años de conservadurismo, en los que  la desigualdad y la exclusión, la falta de oportunidades y el abuso de poder son notorios. ¿Si me permites la reflexión, no dirías que, aunque aborda un contexto histórico bien localizado, “Amaneció de nuevo Madrid” es de una asombrosa actualidad?

Absolutamente cierto. En la posguerra, Madrid era una ciudad de acogida, donde la gente del mundo rural buscaba una vida mejor. Hoy en día, en Madrid hay mucha gente que viene de fuera buscando una vida mejor. Ahora mismo, al igual que entonces, encontramos lugares donde brilla una ciudad llena de opulencia y también rincones donde pulula la más terrible de las miserias. Hay semáforos donde se paran coches con precios obscenos mientras en la acera se arropa bajo una manta mugrienta un ser humano que hace tiempo que ha dejado de ser tratado como tal. Madrid tenía esos contrastes, y los sigue teniendo. Amaneció de nuevo Madrid podría contarse hoy en día perfectamente.

Desde un punto contextual y estético, tu obra recorre muchos lugares emblemáticos de Madrid, que no solo han forjado la identidad cultural de la capital, sino también la memoria individual y colectiva  de sus habitantes. Sin embargo, justo cuando estaba en las últimas paginas de tu novela, me enteré de que una multinacional china pretendía demoler el Edificio España y que el Café Comercial cerraba sus puertas. ¿No te da la impresión de que en Madrid, sobre todo en medio de esta crisis y del imperio de lo económico, se están destruyendo, por decirlo de alguna manera, sus “ lugares de la memoria”?

El imperio económico no sabe de nostalgias, ni de fotografías en blanco y negro, tradiciones o leyendas. Si un edificio sobra, se tira. Da igual lo que represente. Que hay que cerrar un local emblemático, se cierra. No cuidamos de nuestra memoria, sólo cuidamos de nuestro futuro y no nos damos cuenta de que somos de donde venimos y no a donde vamos. Básicamente porque nadie sabe qué traerá el futuro. En realidad, con las cosas nos pasa como con las personas, las viejas nos molestan. No somos capaces de honrar a nuestros mayores, ¿vamos a honrar un edificio o un monumento? La especulación se ha cargado la zona de Canalejas, se han borrado del mapa antiguos frontones que malviven como fantasmas emparedados, se han “perdido” preciosos monumentos como el templete de acceso al metro en Gran Vía… pasan los años y nada parece importar, sólo que los grandes inversores nos llenen de tiendas y colorines la ciudad. A mí me gusta mucho mirar fotografías antiguas y la verdad, no veo que ahora la ciudad sea más bonita que entonces. Supongo que soy rara, o demasiado nostálgica, pero me da miedo que deje de importarnos que arrasen con todo, los chinos, los especuladores, los políticos… o todos a la vez.

Ya para ir acabando, tu novela abre muchas posibilidades hermenéuticas,desde la reivindicación del papel de las mujeres o la denuncia de la infancia robada, pasando por la crítica social y política. Sin embargo, a pesar de la diversidad de las subjetividades lectoras, es evidente que el autor también tiene un mensaje e intención concretos. ¿Cuál ha pretendido ser el tuyo?

Supongo que el mensaje es que la vida sigue. La novela es sólo un pedazo de historia, lo importante es que para cada uno de nosotros salga el sol mañana por la mañana. No he descubierto la rueda contando lo que pasó a los vencidos, ni cómo sufrió la población en la posguerra o cómo se anuló a la mujer en el franquismo, sólo quería contar algunas cosas que deseo que no se olviden.

Siempre te has reivindicado como editora y periodista. ¿Podemos añadir también que ha nacido una escritora que ha emprendido un sendero por el que va seguir a partir de ahora caminando?

Esas son mis dos profesiones “serias”, las académicas, las que uno emprende para ganarse la vida. Luego están las pasiones, esas nacen contigo. Como escritora nací el primer día que escribí ficción —allá por la niñez—, ahora bien, Amaneció de nuevo Madrid es la prueba palpable de que una de mis pasiones podría ser una profesión. Es la que más me gusta de todas, y es en la que soy más yo, pero no está tan claro que pueda ganarme la vida con ello. La carrera literaria es complicada. El futuro dirá cuál de las tres toma el timón en mi vida, quizás las tres, no lo sé. Provengo de una familia obrera, he tenido que trabajar mucho para conseguir lo que tengo y no poseo un apellido que me permita sacar una novela y ganar aún más dinero del que ya tengo atesorado, así pues no queda más que seguir trabajando, seguir escribiendo, seguir apostando por lo que creo que es ser escritora y vivir con el deseo de que mañana amanezca.

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Archivado bajo Literatura y Memoria Histórica