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MEDITERRÁNEO NEGRO : LEYENDO ” LO QUE NOS QUEDA DE LA MUERTE” DE JORDI LEDESMA

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Debo reconocer que fui  un lector tardío y “resistente”, frente a la obra de Jordi Ledesma y eso a pesar de que su novela El diablo en cada esquina ( Alrevés, 2015), viniese públicamente avalada por uno de los escritores más reconocidos del momento.  Siempre he desconfiado de las adulaciones a un autor, sobre todo en este mundillo del “Noir”, atestado de cortesanos y camarillas, pensando también que, detrás de los elogios demasiado unanimistas, suele aparecer la sombra alargada del borreguismo intelectual. Sin embargo,  una de esas causalidades de la vida me llevó a asistir a la presentación de “Diez negritos”, la compilación de relatos cortos de Alex Martin Escribà  y Javier Sanchéz Zapatero y en la que participaba precisamente Ledesma.  Su intervención explicando las motivaciones de su cuento me despertó  interés y fue   un detonador para decidirme a leer su comentada obra. Esa la razón por la que, más movido por mis propios criterios,  aposté también por hacerme con  su  nueva novela, ” Lo que nos queda de la muerte” ( Alrevés,2016).

Reus, años noventa, el cuerpo de un joven apodado Bocaclancha, es encontrado muerto y flotando cerca de los embarcaderos. Abandonado por su madre toxicómana, educado por sus abuelos y más bien apagado, el Bocaclancha ha estado metido en historias de trapicheos y camellismo, dejando que las sospechas apunten a los llamados “Mellizos”, dos jóvenes dedicados al tráfico de droga y aparentemente a sueldo de los carteles columbianos. Un  comandante de la Guardia Civil, conocido como “El cocodrilo” por su talante autoritario, déspota y árido  va a ser el encargado de investigar el caso. El comandante alberga la particularidad de estar casado con una mujer mucho más joven que él, Lucía, de una fascinante belleza, objeto de todas las miradas en la ciudad, pero sobre todo, sujeto de sueño erótico de Ignacio, un joven  procedente de los estratos más acomodados de la ciudad. La mujer del Guardia Civil  tiene una amiga,  Silvia, que anhela todo lo que tiene de atractivo Lucía  y aspira a salir de la vida aburrida y sin alicientes que lleva como ama de casa y mujer de un modesto electricista. Alrededor de ellos giran una serie de personajes corales, entre otros, Sergi, un niño bien, cínico y vividor, enredado en una relación de la que busca en deshacerse y su mejor amigo, el Poeta, que vive a su costa.  La muerte del Bocaclancha, no solo va romper cierta rutina en la ciudad costera, sino que además pondrá al descubierto la verdadera realidad social  de la turística y apacible plaza mediterránea.

Si algo hay que señalar, es la prosa tremendamente cuidada y magnética  de Jordi Ledesma, plasmada en primera persona, que enseguida cautiva y establece complicidad con el lector. La elegancia del lenguaje se combina con numerosos pasajes en la que impera un vocabulario crudo, abrupto y sin prejuicios muy concorde con las respectivas ambientaciones y situaciones. Se trata de una novela corta, pero con una indudable capacidad de condensar una historia de peso. En efecto, Jordi Ledesma  nos pasea por los pasillos oscuros de una ciudad dominada por la imagen externa del bienestar social, el ocio y la vida lúdica, sacando a la superficie las miserias sociales y humanas de la urbi costera : las desigualdades y falta de perspectivas,  la inmigración sureña, el carácter explotador  y el rapiñismo del mundo de la especulación urbanística y el negocio hotelero, el cretinismo, la impunidad, la bajeza humana de las élites locales, la frustración de los más desfavorecidos, la pequeña delincuencia juvenil y el abuso de poder y los trapos sucios de las fuerzas de seguridad, así como las dudas y angustias ante la propia identidad personal, constituyen el abanico de problemáticas que plantea el autor.

Ledesma  sabe  mostrar la parte más “negra” de ese idílico Mediterráneo de reclamo estival, jugando  a la vez con la denuncia social y la mirada crítica sobre la condición humana y esto a través de un narrador enigmático, que finalmente acaba recordándonos la necesidad de mirar la realidad de frente y no torcer la vista cuando aparecen ante nosotros las cloacas de nuestra existencia individual y colectiva.

 

 

 

 

 

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HONORABLE PRESENTE, TENEBROSO PASADO : UNA CARTA ABIERTA A LORENZO SILVA SOBRE LA GUARDIA CIVIL

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Abro facebook y uno de los primeros muros con los que me encuentro es con el de Claudio Cerdán, donde figura una extensa, completa e interesante entrevista del autor con Lorenzo Silva en la revista digital Zenda y esto con motivo de la celebración del festival Getafe Negro. Entre los muchos temas que son abordados en la entrevista está, como no podía ser menos, el personaje de Rubén Bevilacquia y  la cuestión de la Guardia Civil como institución histórica y actual.

Debo reconocer mi enorme deuda con Lorenzo Silva,dado que fue  después de la lectura de ” La marca del meridiano”, ( Planeta, 2014)  y  de las propias y anteriores entregas de la serie, que embrionó mi  pasión por el género negro y policial  y los autores de nueva generación. Los cuales me llevaron a la lectura o relectura de los clásicos, ( españoles y extranjeros), que si no eran del todo desconocidos para mi, nunca me habían atraído demasiado hasta la fecha. Si bien, también debo reconocer que me invadió un cierto desconcierto ante la lectura del titular y encabezamiento de la conversación entre Silva y Cerdán : “Lorca dio una visión siniestra e injusta de la Guardia Civil”, dicta el mismo.

Tengo que decir no soy un devoto del poeta granadino y que la constante manipulación de su figura y los homenajes más o menos repetitivos y agobiantes que se le suelen brindar como figura icónica de la generación del 27 en particular y de la intelectualidad republicana en general, tienden más bien a crisparme. Por lo tanto, no es en defensa del poeta que pretendo  escribir este post, sino de una verdad histórica que Lorenzo Silva no percibe siempre en toda su claridad, por lo menos en lo que hace referencia a la institución de la Guardia Civil.  Y es que Silva parece fusionar y confundir el presente y pasado de la Benemérita, estableciendo una continuidad en el tiempo de ideales y valores en principio encarnados por el propio personaje de Bevilacquia. Vayamos por partes.

El personaje de Rubén Bevilacquia me resultó sumamente magnético, en especial por su humanidad y cultura.  Si bien, siempre me quedó una duda: saber si reflejaba el sistema de valores de la vieja institución o si simplemente plasmaba los ideales políticos, sociales, éticos y morales del autor que lo había creado.La pregunta era pertinente a la vista de los imaginarios colectivos y las ideas establecidas en torno a la Guardia Civil. El temperamento apático, autoritario y despótico de este Cuerpo militarizado  y los propios  chistes sobre el lado paleto e  incultillo de sus miembros  es de profundo arraigo social.

No me gustan los estereotipos y sería absurdo pensar que el nivel formativo de los miembros de este Cuerpo militar no se ha elevado de forma sustancial. No sé si hay   muchos “Bevilacquias” en la Guardia Civil que lean a  Platón   o que se hagan cabalas sobre la condición humana después de ojear a Hannah Arenth.  Pero sí deberíamos reconocer que, al igual que  en otros Cuerpos, como la Policía Nacional, Autonómica o Local, el nivel formativo y cultural de los componentes suele situarse en grados intermedios que desmitifican al Guardia Civil sin luces y semi-analfabeto. Lo cual hace que el personaje de Bevilacquia no esté del todo huérfano de verosimilitud y eso más allá del obligado grado de fantasía que comporta, en coherencia, dicho sea de paso, con la magia de lo literario y ficcional.

La cuestión política e ideológica es otro interesante ámbito de reflexión. Bevilacquia es en principio un hombre de centro-izquierda, sensible ante el respeto por los derechos civiles y de una gran rectitud en relación a la legalidad de los protocolos de actuación. No existe tampoco ningún motivo para pensar que Rubén no mantiene una mínima relación con la realidad de este Cuerpo. Apunto esto porque nunca hubo algo que más me desconcertarse que el asesinato de Guardias Civiles en Euskadi por parte de una banda fascista como E.T.A, segando la vida de hombres  de reciente incorporación al Cuerpo, jóvenes, votantes socialistas y por edad, sin ningún vinculo generacional con el franquismo y su conglomerado ideológico. Lo que demuestra hasta que punto los mitos, tan propios del delirante discurso nacionalista, pueden  llegar a justificar las peores aberraciones. Sin olvidar la obscenidad de aquellos energúmenos que protestaron por la muerte de terroristas, al tiempo que hacían mutis en torno a la desgracia personal y familiar que E.T.A sembró   en los cuarteles sujeto de su atentado.

Hoy en día la Guardia Civil juega un papel importante en la ayuda humanitaria y en misiones internacionales, sin olvidar su función determinante en la investigación de los casos de corrupción, de los que el entramado de la “Púnica” es uno de los ejemplos más chillones. Habría que precisar que el actual Director General de la Guardia Civil, Férnndez de Mesa, es un hombre ideológicamente adscrito a la extrema-derecha y conocido por sus creencias religiosas católicas de corte fundamentalista ( por si alguien  cree que eso es un monopolio del Islam ). Sin embargo, las  recientes investigaciones sobre casos de corrupción han demostrado la exquisita independencia del Cuerpo de la Guardia Civil frente a las presiones políticas. A ese respecto, sería  de mentes huecas no reconocer que estamos frente a una institución de lo más respetable y con un honroso presente, que ha sabido evolucionar, sobre todo a través de un profundo reemplazo generacional y  mostrándose fiel a los valores de una sociedad democrática. Y eso hay que celebrarlo. No hay nada que objetar, por lo tanto, a que Lorenzo Silva reivindique precisamente esa “honorabilidad” democrática de la institución e incluso le otorgue una expresión ficcional a través del personaje de Bevilacquia.

Otra cosa bien diferentes es que se confunda la parte con el todo y que Lorenzo Silva mire el ayer de una institución ( o sea, su lado más tenebroso) bajo el prisma del presente (es decir, desde la realidad de su amplia y actual democratización). Lo que conduce a distorsionar la realidad y faltar a la verdad de la Memoria Histórica.

La figura institucional de la Guardia Civil es un producto de las revoluciones liberales  de la primera mitad del Siglo XIX y su  nacimiento fue a la par de la modernización del Estado, tanto en lo que hace referencia a la administración civil como a la organización militar. Caricatura de la conocida “Gendarmerie” francesa, se trató de un Cuerpo vinculado a la consolidación del Estado-Nación, más o menos fallido en el caso de nuestro país, como lo demuestran los eternos litigios territoriales y la difícil “nacionalización” de la sociedad. Sus orígenes históricos “liberales” no impidieron que se fuese poco a poco convirtiendo  en un Cuerpo adscrito a los peores valores castrenses, para convertirse progresivamente en el brazo de los sectores dominantes. Dentro las borrosas fronteras entre el poder civil y el poder militar que dominaron la historia política y social española, la Guardia Civil desempeño el papel más oscuro, simbolizando los valores de una tradición contra-revolucionaria y antidemocrática. Inútil detenerse en la función que ejerció en el régimen de la Restauración, durante la dictadura de Primo de Rivera e incluso en la etapa del Bienio Negro de la Segunda República. Su connotación política e ideológica a lo largo de la dictadura franquista merecería un largo examen que desbordan las posibilidades de esta web.

Pese a la evidencia histórica, Lorenzo Silva sigue confundiendo la parte con el todo y esto bajo argumentos que merecen comentario. El Caballo de Troya de Silva es que, en tanto que institución, el cuerpo de la Guardia Civil nunca se reveló homogéneo y menos durante los años 30, más en concreto, con motivo de los acontecimientos del 18 de Julio. Ilustra su argumento con hechos tangibles y comprobados. Por ejemplo, la división del Cuerpo frente al Alzamiento  y la lealtad, en Barcelona y otras partes de España, a la Segunda República. La premisa es sólida y esa misma división es extensible a otros ámbitos castrenses : la marina y la aviación permanecieron fieles a la legalidad democrática durante la Guerra Civil. Si las tesis de Silva no son en absoluto falaces, en cambio sí que incurren en un gran error. Es decir, convertir  la anécdota en un hecho general y generalizable.Visto así y según él, el franquismo y el papel ejercido por la Guardia Civil como brazo represor de un Estado autoritario  solo sería una accidentalidad histórica. Esto cuando la realidad informa de que la “excepción” ( o sea la lealtad de un sector minoritario de la Benemérita al Estado democrático), no hizo otra cosa que confirmar la “regla” ( es decir, la vocación, primero contra-revolucionaria y después, claramente fascista, de la venerable institución militar).

Estimado Lorenzo Silva. Siempre te he considerado un escritor ponderado y equitativo respecto a tus pronunciamientos y reflexiones sobre los acontecimientos actuales y pretéritos, en especial los de alta connotación histórica como es el caso, en efecto, de la Segunda República, la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista. De hecho, no han dejado de indignarme las acusaciones vertidas contra ti, con motivo de tu supuesta equidistancia respecto a tu mirada sobre los hechos del 36. Los más vehementes han ido hasta tildarte de “revisionista”, no sin cierta ligereza y mala fe. Acaso habría que recordar que el revisionismo histórico o pseudohistórico en torno a las causas de la Guerra Civil Española responde a una contra-ofensiva ideológica  políticamente impresentable, que ha pretendido otorgar una fuente de justificación al alzamiento del 18 de Julio contra un gobierno legitimo y un régimen democrático. Postulados que me resulta difícil localizar en tus diversos posicionamientos sobre el llamado drama de España.

Es en base a lo dicho que, en cambio, me resulta sorprende y de una chillona incoherencia, que pretendas otorgarle honorabilidad al pasado de una institución que, como la Guardia Civil, lastra con un periplo harto tenebroso. Cosa que, por justicia y sobre todo, respecto hacia las victimas del franquismo, no estaría mal reconocer. Lo contrario es faltar a la Memoria Histórica.

Siempre he pensado que las faltas del pasado pueden ser perdonadas con las enmiendas del presente. Negar el pasado autoritario, reaccionario y fascistoíde de la Guardia Civil tiene el efecto  perverso de desvalorizar lo que es, precisamente, el gran mérito actual de la Benemérita : su capacidad de renovación ideológica y su indiscutible proceso de democratización. El respeto social que suscita hoy dicho Cuerpo tiene su origen en la rectificación histórica que ha sabido llevar a cabo dicha institución militar. Después del 23-F se dijo con razón que Tejero era el último vestigio del siglo XIX, un hombre del pasado que nada tenía que ver con la nueva realidad de la Guardia Civil. Es decir, de una institución cambiante, política y generacionalmente. Flaco favor le haríamos a la verdad si no reconociésemos , aunque solo sea por una cuestión de honestidad intelectual, que la Guardia tiene dos caras : la honorabilidad de su presente y la tenebrosidad de su pasado. Me quedo con lo primero, porque la salud de una sociedad democrática depende del respeto que inspiren sus instituciones, pero es de equivalente honestidad y pertinencia no olvidar lo segundo. Aunque solo sea por ser fiel al dicho : ” Todo pueblo que olvida su historia, se condena a repetirla”.

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ANGELIQUE PFITZNER : “MI ESCRITURA ESTÁ DESVINCULADA DE MI VIDA, FORMA DE PENSAR Y ACTUAR”

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Poetisa, novelista y relatista, Angélique Pfitzner habla con pasión de su trabajo literario y  pone un tremendo entusiasmo en todo lo que dice.Tuve ocasión de conocerla personalmente en el Festival Segre Negre de Lleida  en el mes de junio y de volver a reencontrarme con ella en los jardines de la librería  La Central de la calle Mallorca de Barcelona, con motivo de un acto.  De origen alemán y aspecto  nórdico, Angelique Pfitzner tiene sin embargo un estilo campechano muy del sur. Buena conversadora, en el mundillo del “Noir” todos señalan de ella su carisma personal y don de gentes. Lo corroboro.

Aunque farmacéutica de formación, su gran vocación siempre ha sido la lectura y la escritora. Autora de “Compulsión obsesiva” ( Serialediciones,2011) y Eldha. Caso cerrado ( Serialediciones,2015), ya tiene  casi en la calle un libro de relatos y una nueva novela, además de haber participado en la antología de José Luis Muñoz, ” La orilla negra” ( Ediciones del Serbal,2015) Animadora cultural, también forma parte del Comité Organizador de Cubelles Noir y el festival Matarranya Negre. A lo largo de esta entrevista hablamos de su faceta como escritora y de su propia concepción de la creación literaria.

Procedes del mundo de la creación poética, ¿por qué ese salto a la novela negra?

Escribir para mí es libertad en estado  puro. No creo que empecé en el mundo de la creación poética, sino más bien en el ansia suprema de plasmar una necesidad interior de cuanto me rodea. Suspense, intriga tensión, sin escoger el género y cambiar a Haiku, poesía, prosa poética, cualquier impulso de la pluma a una hoja de papel.

Supongo que tuviste que entrar en un proceso desconstrucción y reconstrucción de tu relación con la escritura o al menos, replanteártela…

En un proceso de aprender constante y siempre en ansias de crecer en el mundo de la literatura,  escribir una poesía y cerrar un sentimiento en cuatro líneas, una historia en seis páginas o una novela en treinta cuatro capítulos cuatro  y cerrar, es como bien dices, reconstruir y forjar los cimientos de una nueva creación literaria en cambio de registro total.

Eres de origen alemán, ¿ves en la novela negra centroeuropea alguna particularidad que te haya dado una marca identitaria, narrativamente hablando?

Quizá en el estilo poético dentro de mis novelas, la desesperación de los personajes en un estilo tajante sin excederme en las descripciones largas y la utilización de los adjetivos.

¿ Cuáles son los estereotipos e ideas recibidas que tenemos del mundo germánico?

La mentalidad alemana, su cultura y su manera de ser caracterizan al mundo germánico. Se nos imaginan altos, rubios, guapos, somos distantes, estrictos y tenemos un carácter fuerte. Educados, puntales y muy responsables en el trabajo.

Por tus origines culturales, también debería preguntarte en qué medida te han influido los llamados autores “nórdicos”…

He leído de todo en mi vida, incluida la novela nórdica policíaca. Stieg Larsson, Mankell y más escritores que me han influenciado en sus críticas despiadadas de la sociedad, su disección al milímetro y sobre todo el perfil psicológico de sus personajes, el ser humano en sus diferentes formas de pensar y actuar. La maldad absoluta llevada al límite de lo inimaginable.

Tu formación académica de origen es científica, pero sin embargo observo que los aspectos procedimentales formales, por ejemplo, de la criminología o el mundo forense, ocupan un lugar secundario…

Tienes razón, en mis novelas la fuerza principal la ejercen los personajes, sus virtudes y sus defectos, la línea que separa el bien del mal, sus miedos, inseguridades y hasta donde son capaces de llegar en una situación crítica. Considero que sin personajes que te ofrezcan toda su riqueza y te expresen su personalidad llevada al vértigo de sus actos, mis novelas no tendrían la personalidad que las caracteriza.

¿ Dirías que un exceso de procedimentalidad liquida la magia de lo inverosímil, de la “mentira”, por retomar la conocida expresión de Wilde?

La magia en cada novela es el fiel sello del escritor. La forma de expresar una historia real, siempre creíble y que llegue al corazón del lector. Independientemente del género, hacer palpitar al lector hacia un sentimiento, ira, amor, alegría, tristeza, cualquier esencia para hacer sacudir al lector y hacer que camine en la misma senda de la novela. Si volcamos un exceso de procedimientos tal vez es posible perder la magia tan bella de una novela.

Veo que en tus novelas juegas mucho con la angustia y escenas muy impactantes. ¿ Es tu forma de enganchar al lector?

Me gusta leer historias que me enganchen desde la primera página. Quizá es la razón de escribir aquello que me encanta leer. Imaginar una acción en el interior de mi cabeza y volcar la tensión en una película virtual a través de las palabras. Se comenta mucho hoy en día de los mundos virtuales y considero que los primeros creadores de los mundos virtuales fueron los escritores al crear mundos en el interior de la mente del lector.

¿No es arriesgada demasiada emoción, por ejemplo, provocando cansancio en un lector que también necesita encontrar en el ocio y el tiempo libre, un momento de placer, de sueño?

Al lector que le encanta el género negro desea encontrar una novela llena de suspense, intriga, tensión, una radiografía de la literatura negra. Encontrar una pluma de alto nivel que lleve al lector a conocer los entresijos, las tramas, la corrupción, la violencia de género, el maltrato animal o humano, el abuso de menores, etc. Quizá en otros medios de comunicación censurados.

¿ No te da la impresión de que algunos autores abusan de la estética de lo sanguinario, para finalmente plasmar historias y tramas totalmente insustanciales?

No debemos olvidar que una muy buena novela de género negro no tiene porque siempre ofrecer al lector un cadáver, deleitarse con la estética de la sangre o explayarse en el recreo de un asesinato. Es decisión del escritor y de la historia recrearse en los detalles de un crimen, siempre sin caer en el exceso cansino de detalles innecesarios.

Siempre comentas que te gusta poner a personajes masculinos como protagonistas. ¿Es una manera de distanciarte del continuo debate sobre el papel de la mujer en la novela negrocriminal y su escasa representatividad?

Mis letras están totalmente desvinculadas de mi vida, de mi forma de pensar y de mi manera de actuar. Me encanta escribir bajo la piel de un hombre. Es libertad de actuar y poder escribir sin censuras, prejuicios y estereotipos fijados al ser mujer.  No creo en absoluto que se debe valorar la calidad de una novela primero por el género femenino o masculino de  la pluma del escritor.

También veo que te sitúas en espacios- tiempo muy cortos. En “ Compulsiva obsesión” la trama se desarrolla en un periodo de cuatro horas.¿Tanto puede cambiar de repente nuestra vida en cuestión de instantes?

Me encanta el reloj para comprimir un espacio, una historia. El tiempo es el factor velocidad de la trama. Mi novela, “ Compulsiva obsesión”, quedó ganadora en el 2012 en Madrid en un certamen literario, la mejor novela de género negro, premio otorgado de la mano del Doctor Cabrera, médico forense. Cuatro horas de reloj concentradas en 450 páginas y un personaje encerrado en una habitación, Flash Backs de su vida mientras intenta descubrir el asesino de 16 chicas asesinadas en la ciudad de Richmond (Virginia), seis personajes, un asesino oculto y ningún lector ha adivinado quien es el culpable.

Tu última novela gira en torno a una mujer encerrada, prisionera en un espacio muy pequeño. Sí me permites el apunte, las personas no caemos solo prisioneras en espacios bien delimitados y tangibles, también podemos serlo de nosotras mismas, aunque seamos físicamente libres. ¿ No has pensado en tratar de ese tema, a ti que te gusta indagar en los entresijos del ser humano?

“ELDHA CASO CERRADO” “Una radiografía sin rostro en alimento del género negro”. La búsqueda de una chica desaparecida. 24 horas de reloj. David Hadson un ex – detective sumergido en la desaparición de Eldha y una trama que lo conducirá a una espiral ahogada de él mismo. No descarto escribir una novela sobre los cimientos del propio ser humano.

Tu personaje se ve sola frente a la posibilidad de morir y reflexiona sobre su existencia. ¿ Los seres humanos solo meditamos seriamente sobre nuestra vida cuando existe precisamente la posibilidad real de perderla?

Efectivamente ELDHA se consume en su final. Su vida en décimas de horas se apaga dentro de una caja y carente de oxígeno reflexiona sobre aquellos recuerdos que quiere llevarse. Sus padres, su amiga Donna, su perro Max. En total oscuridad reconoce que ha llovido por el olor a tierra mojada, su piel se seca por falta de agua y es consciente que muy pronto dejará de existir. Tan solo le queda intentar apartar de su mente las imágenes crueles acerca de la muerte y seguir despierta, la única realidad reconocida.

En tu producción narrativa le das una fuerte carga “psicológica” a la configuración de tus personajes.Pero en mi opinión, nuestros actos no vienen siempre dictados por la mente, también lo están por el alma, el corazón y por aspectos de lo más irracionales e irreflexivos…

La psicología humana es la ciencia que abarca la conducta y los procesos mentales del ser humano. Pero que sería la conducta humana sin la experiencia, y a su vez sin el alma, el corazón, la vida. Las emociones y las relaciones personales fundidas  entre sí, desde la infancia, la adolescencia, la madurez y el envejecimiento. Efectivamente nuestros actos no vienen solo dictados por la mente.

Ya casi para ir terminando. Acabas de participar en la antología “ La orilla negra” , el punto de partida de una colección de Ediciones del Serbal y que dirige José Luis Muñoz. Muñoz ha reivindicado la identidad del género negro del sur, hispano y tú misma has hablado del nacimiento de todo un movimiento en esa línea. ¿ Hemos superado nuestro complejo de inferioridad frente a lo que viene de fuera?

Un movimiento de literatura negra en los 400 años de la muerte de William Shakespeare y sobre todo el IV año de la muerte de Miguel Cervantes y la lengua española ¿Casualidad? No. Un nacimiento literario desde este lado del Atlántico y la otra orilla y cinco países de Sudamérica. Una riqueza poder disfrutar de la lengua castellana de dos continentes. Haber sido seleccionada entre muchos escritores y poder estar entre los 28 primeros escritores de RELATOS LA ORILLA NEGRA con mi relato “Crisantemos” es un placer enorme. Una colección que sacará al mercado cada dos meses nuevas publicaciones de los más reconocidos escritores en género negro. Nada visto hasta el momento.

También animas un programa de radio y ahora, pronto, te ocuparás de un programa de televisión digital dedicado a la crítica literaria. ¿ El periodismo cultural es para ti una nueva experiencia?

He estados dos años como directora de un programa de radio “Una hora con Angélique” esmiradio.es. En septiembre empiezo una nueva trayectoria como directora de un programa de televisión On line en News Cat TV . Una experiencia personal enriquecedora en cualquier medio que podamos apoyar a la cultura en riqueza del  presente, motor de vida y herencia a la juventud del mañana y si puedo conseguirlo en el mundo del periodismo es un placer.

A parte de eso, también estás en el Comité organizador de Cubelles Noir. Pregunta del millón : ¿Eres de las que piensan que hay un exceso de Semanas y Festivales “Noir” o que en cambio no son suficientes?

Soy miembro de la Junta del Festival de Literatura Matarranya Negre y miembro de la junta del Festival de Literatura Cubelles Noir y miembro de la Asociación de Literatura Lee o Muere. No me parece que exista un exceso de festivales en un país que no se apoya la cultura desde las altas esferas, no se motiva a la juventud a leer y no se apoya a los artistas en cualquier género, no solo letras, sino músicos, pintores.Etc. Solo nos queda a nosotros defender una herencia del futuro para que no se pierda una riqueza del pasado y presente.  Cualquier motor a la literatura nos ayuda a todos y siempre es un regalo tener festivales y certámenes literarios.

¿Hablando de eso, qué te ha parecido las recientes controversias en torno a la Semana Negra de Gijón,  desatada a raíz de la ausencia de autoras en las nominaciones para el Hammett? 

Considero que la calidad literaria es maestría y brillantez de una pluma exquisita en el arte de escribir, constante superación siempre en un largo camino de aprendizaje que ofrece la vida. Independientemente de la condición social, color de la piel o sexo, la literatura es libertad en expresión máxima y no debe condicionarse a ningún factor físico.

¿ Qué nuevos proyectos literarios tienes en manos?

El próximo mes de octubre sale a la venta mi tercera novela, una recopilación de relatos en género negro “BIG BANG 13”. Trece Cuentos diferentes y a la vez intrigantes, ubicados en Barcelona que ofrecen al lector desconectarse del mundo real y sumergirse de lleno en los personajes y tramas de estas historias. En Enero 2017 sacaré publicada mi cuarta novela que en estos momentos se está fraguando día a día y siempre como aprendiz en una senda adelante, seguiré escribiendo, un placer enorme en mi vida.

 

 

 

 

 

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ANA PORTNOY : “SIEMPRE INTENTO DESTACAR LA DIGNIDAD DE LAS PERSONAS EN MIS FOTOGRAFÍAS”

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Ana Portnoy tiene ese acento  característico de los  “porteños” y esa dulzura en la voz tan propia de los argentinos. Pero sobre todo, si algo le define, es su encanto natural, su espíritu afable y gusto por la conversación.  Tuve el placer de conocerla personalmente  en el XII Congreso de Novela y cine negro de Salamanca celebrado el pasado mes de mayo y  esto con ocasión de su exposición ” Un disparo al autor”.  Fotógrafa, Ana Portnoy se ha ido haciendo conocer en el mundillo “Noir” por sus retratos de nuestros más importantes escritores en el género.Empezó a fotografiar a autores con motivo de la presentación de sus libros en la desaparecida librería “Negra y criminal”y después, empujada por Paco Camarasa y Montse Clavé, siguió por ese camino. En una ocasión, Cristina Fallaràs dijo de  que lo que tenían de maravillosas las fotografías de Ana Portnoy es que ponían a descubierto la luz de unos seres humanos que en realidad siempre eran  oscuridad. Se duda tiene razón.

¿ Cómo te nace la pasión por la fotografía?

Por necesidad de contar lo que veo.

¿ Por qué la fotografía y no la pintura, por ejemplo?

Porque en el acto de fotografiar hay comunicación, testimonio, inmediatez y permanencia.

¿ Quiénes han sido tus grandes referentes en el ámbito del arte fotográfico?

En mis inicios, y sin duda, Richard Avedom y  Diane Arbus.

Supongo que las mujeres, como en cualquier otro ámbito artístico, os cuesta haceros visibles…

En el retrato, que es mi forma de expresión, no es así, al menos en el acto mismo de fotografiar. En cuanto a la proyección social y mediática, si alguien destaca, tendrá su lugar. Y no me refiero al  rendimiento económico del trabajo.

¿ La fotografía te roba el alma?

Yo siento que un retrato puede transmitir el alma.

¿ También nos devuelve lo  irrecuperable?

Como dice Roland Barthes: “La foto no dice lo que ya no es sino solamente lo que ha sido”.Una imagen fotográfica detiene el tiempo, es testimonio, memoria.

¿ Entonces es el paliativo contra el dolor de la nostalgia, sobre todo por los que ya no están?

Cualquier estímulo a través de los sentidos,  música,  olor , o imagen, ponen en funcionamiento los recuerdos.

El arte fotográfico suele ser también el testigo del sufrimiento de los pueblos. Sin embargo,  debe ser difícil no caer en la morbosidad que siempre genera el dolor ajeno…

No me he dedicado a fotografiar situaciones extremas. La foto más dura que hice fue la de  los prisioneros marroquíes en la retaguardia del Frente Polisario en 1989. Algunos de esos hombres llevaban 14 años presos, y mi situación de privilegio, por gozar de libertad, me dolió. Siempre intento destacar la dignidad de las personas.

¿ La fotografía también se está volviendo en la cómplice de la virtualidad, del simulacro, incluso de la mentira?

Lo que hoy se hace con  Photoshop, antes se trabajaba en el laboratorio. La trampa puede existir, no sólo modificando el original, sino falseando la realidad.

¿Por qué has decidiste fotografiar a escritores y sobre todo en un ámbito tan especifico como el “Noir” ?

Por una cuestión de “proximidad”. Iba con frecuencia a la Librería Negra y Criminal, y Montse Clavé, la librera, me sugirió que retratara a los escritores que presentaban ahí sus libros. Pero sobretodo, me interesa retratar personas, no sólo escritores, al margen de la actividad que desarrollen.

¿ Tu cámara  capta la petulancia y altanería que caracteriza a veces a algunos escritores?

Creo que ante el “disparo”, también  los escritores se desarman.

¿ Te ha ocurrido de encontrarte con escritores de espíritu árido y antipático, pero  que en cambio resultan fotogénicamente magnéticos  o en cambio, autores de una gran calidad humana que no siempre queda reflejada?

Persigo plasmar lo que registro, conseguirlo depende de muchas circunstancias.

¿ Hay individuos más fotogénicos que otros o es una idea recibida?

Es verdad que hay personas que se ven más fácilmente favorecidas ante la cámara, y otras, que siendo atractivas ,resultan más difíciles de retratar. Pero un buen retrato es aquel que suscita interés.

¿ Qué te parecen que algunos piensen que eres la “ Colita” del “Noir”?

Ya me gustaría…Siento mucho respeto por el trabajo de Colita, pues dejó testimonio de una época . Ser  testigo de un tiempo y  de un ámbito concreto me atrae.

¿ Te suelen reclamar en las Semanas Negras o en los Festivales?

Mis fotografías recorren Bibliotecas, más que Festivales. Retrato escritores, y sólo ocasionalmente eventos. La exposición” Un disparo al autor”, que inició su andadura en el marco de BCNegra 2014 en  el Centre Cívic Pati Llimona, ha recorrido Bibliotecas de L´Hospitalet, de Vilanova i la Geltrú, y desde entonces, continúa  exponiéndose en todas  las Bibliotecas de la Provincia de Girona, y lo hará  hasta febrero de 2017.En cuanto a festivales, sólo  he sido invitada a Salamanca Negra y al Ban 2016 en Bs As.

¿Como lectora de “Noir”, qué tipo de trama te gusta?

Soy lectora, pero no sólo de Noir. En cualquier género, me interesa  sobretodo  una escritura provocativa.

¿  Como personajes literarios, te atraen más  los héroes o los antihéroes y los perdedores?

Unos y otros, mientras en el relato  mantengan una coherencia interior, aunque no comulgue con sus vidas.

¿El “Noir “ argentino tiene alguna particularidad en comparación al español?

No soy entendida como para valorarlo, pero siento que es diferente  el entorno y el lenguaje  de la marginalidad de 7 Maneras de matar a un gato, de Matías Néspolo,  a  la de Yo fui Johnny Thunders de Carlos Zanón.

¿Hace muchos años que vives en Barcelona, sufres de esa misma y profunda añoranza por su país  que padecen la mayoría de los argentinos en España?

No siento añoranza…

¿ A qué aspectos de tu argentinidad nunca renunciarías?

No he renunciado a mis orígenes, he sumado…

¿ Cómo ves la situación política en Argentina?

Cambiante, siempre con la misma y repetida pulsión de construcción y destrucción.

En una ocasión me dijiste que la dictadura te dejó emocionalmente muy “tocada”. ¿ Lo has ido superando?

Si superar supone el  olvido, no, pero vivo con plenitud.

¿ Se han ido cerrando   las heridas que dejaron Videla y la “Guerra Sucia”?

No puedo valorar cómo se viven esas heridas en Argentina.Llevo 40 años fuera.

¿ Te planteas volver a tu país y dejar definitivamente España?

No, ni se me ocurre.

¿ Por el momento y para acabar, qué proyectos tienes en el ámbito del arte fotográfico?

Participo en un  proyecto europeo – Gisme e.u -SiforAge-  que estudia el tema del envejecimiento activo y saludable. He realizado fotografías de gente de  diferente condición y procedencia , mayores de 70 años, que siguen en activo. Esta muestra ya tuvo lugar en el Espai Sagrada Familia de La Caixa,  y  en septiembre y octubre  se expondrá en las Universidades de Lérida y Barcelona, respectivamente,  y en  el  Basque Culinary Center (Donostia – San Sebastián ) La muestra culminará  en Caixa Fórum  el 21 de octubre, día  en el que se celebra la Conferencia Internacional SiforAge 2016, que marca la finalización del proyecto.Tengo nuevas ideas, siempre ligadas a representar el  paisaje humano. Ya iré contando…

 

 

 

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“SEGRE DE NEGRE” Y LA CONTROVERSIA SOBRE LA NOVELA POLICIAL: RÉPLICA A MARC MORENO

 

El-Segre-de-Negre

 

El pasado sábado 4 de junio participé en una mesa redonda organizada en el marco de las actividades del Primer Festival de novela negra de Lleida, “Segre de  Negre” y que giró en torno a la figura del detective y su evolución histórica. Una mesa moderada por la editora  Joana   Soto del sello Pagès  y en la que compartí debate con Marc Moreno, Elena Torres Girbau y Lluís Bosch. Suelo hacer crónica de los actos a los que asisto como oyente o participo como organizador. Estar detrás de la barrera permite tener una mirada más objetiva. Otra cosa bien diferente son aquellos en los que se participa directamente, de los que acostumbramos a salir con estados anímicos hiper-activos, ofuscados por nuestras propias ideas y convencidos de la infalible fuerza de nuestros argumentos. De ahí la necesidad de dejar apaciguarse las vehemencias del momento y esperar un tiempo para poder proyectar,casi una semana después del evento, una mirada analítica algo más serena sobre las diversas problemáticas allí tratadas.

En aquella mesa se quedaron temas en el tintero por presiones de  agenda de la institución en la que se desarrollaba el acto .  Es de recibo reconocer el buen tono del intercambio de ideas, aunque por momentos cargado ambientalmente por los recientes, conocidos y comentados   desencuentros personales entre Marc Moreno y Lluís Bosch  en las redes sociales y  eso a raíz de una serie de controversias ajenas a la Mesa  y sobre las que no es menester detenerse a analizar aquí. Cabe reconocerle a los dos escritores el buen gusto de no haber aireado las  tan frecuentes disputas individuales en los medios literarios e intelectuales y esto por un obligado respeto  a los propios organizadores del acto. Lo que no impidió que quedase en el aire un “tufillo” de ansias de “ajuste de cuentas”. Esa es al menos la impresión que me he dejado el reciente artículo de Marc Moreno en la página Web del sello Llibres del Delicte, que el propio escritor dirige y que lleva por título, “La figura del policia literari”.

Rosa

 

La entrada de Marc Moreno merece algún comentario en la medida que no se revela precisamente por su inocencia o la simple y muy legitima defensa de un determinado género o subgénero dentro del ámbito negrocriminal, en este caso concreto, la novela policial y procedimental, sino por una voluntad de réplica a las posturas que Lluís Bosch y un servidor mantuvimos en común : la denuncia de la “ideología policial” o por decirlo de otra manera, la apología de un determinado orden establecido por parte de la novela policial-procedimental. Vayamos por partes.

Contrariamente a lo que se deja insinuar, las posturas mantenidas por Bosch y un servidor  no respondieron en absoluto a la voluntad de deslegitimar la novela policial y procedimental en si misma y por si misma y menos todavía de poner en cuestión la muy respetable creación literaria e inquietudes intelectuales de ciertos autores afincados en este género. Es más, sería absurdo no reconocer  la excelencia e incluso la originalidad de algunas de estas creaciones ficcionales, así como el  rigor en la ilustración de los aspectos simbólicos, representacionales y ambientales del universo policial y de la propia investigación crimonológica y forense.

Según Marc Moreno, la pertinencia de la pujante novela policial y procedimental  tiene su razón de ser en el hecho mismo que testimonia de una realidad política y social como la española y la catalana y la que la investigación sobre los delitos de homicidio corresponde a los Cuerpos de policía autonómicos o nacionales. El argumento del escritor y editor es potente y no cabe  duda que habría que debatir sobre el error en el que incurren algunos autores que, bajo pretexto de mantenerse fieles a la novela detectivesca más clásica directamente inspirada por la tradición narrativa norteamericana, acostumbran  a dar  vida a personajes y  configurar ambientes  descontextualizados e inverosímiles respecto a la realidad de nuestro país.

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Sin embargo, aun dando por pertinente el argumento de Marc Moreno, el escritor parece estar haciendo tabula rasa de una problemática que él parece tomar por irrelevante y puramente ideológica y que, en principio, tendría su origen en el militantismo declaradamente anti-soberanista de Lluís Bosch, así como en su manifiesta hostilidad hacia cualquier símbolo vinculado al nacionalismo ( en este caso, los Mossos de Esquadra).De ser así, la postura de Lluís Bosch  frente al género policial tampoco perdería por ello su legitimidad.  Pero más allá de la oposición a los  discursos “soberanistas” más o menos delirantes, habría que centrarse en el tema esencial y que estuvo en el origen de la controversia : los sistemas representacionales de la policía en el universo literario.

La cuestión  no estriba solo en el  tema más o menos  secundario del “buenismo” con el que son representados los personajes policiales, sobre todo aquellos autores que ahondan en la dimensión más humana y cotidiana de los mismos. En un fructífero e interesante debate organizado por Elena Torres Girbau y un servidor en el marco del Centro Cultural “La Bóbila”, autoras como Montse Sanjuan o Susana Hernández tuvieron ocasión de recordarnos la parte “subjetiva” de personajes suyos como la Sargent Grim o la Subinspectora Santana. Está  claro que en el hincapié en las facetas existenciales y emocionales de los personajes garantizan siempre su carisma literario y por lo tanto, capacidad de conexión con las expectativas del lector.  De hecho,  un servidor precisó en la Mesa de Segre de Negre  la necesidad de distinguir entre el simbolismo que rodeaba al personaje policial  y su identidad estrictamente individual. Al hilo del asunto,  no hace falta recordar cómo durante los “años de plomo” en Euskadi, una organización terrorista y criminal se atribuyó el derecho de segarle la vida a seres humanos sin vinculación generacional con la dictadura franquista  y esto por el solo hecho de llevar un uniforme.

La verdadera y esencial problemática  remite a  los dispositivos ideológicos que subyacen de esa complaciente representación literaria que, por ejemplo, convierte a los policías en eruditos moralistas y en abanderados militantes de los derechos humanos. Representación ficcional que, como es obvio, no encuentra traducción en la realidad de un Cuerpo cuyo nivel formativo se sitúa en un escalafón medio-bajo y que, en el caso concreto de Cataluña, está lejos de ser un ejemplo de respeto por los derechos civiles. Esto sin olvidar otras cuestiones vinculadas a las estructuras narrativas e imaginarios de la novela policial : no faltan obras respecto a las cuales es difícil discernir si se trata de obras de ficción en el sentido estricto o sí se limitan a ser meras disertaciones metaliterarias de ciencia forense y criminológica. Con el hecho añadido de exaltar siempre la bondad del mundo policial frente al lado eternamente maléfico de la delincuencia o del crimen.De paso y eso es lo relevante, haciendo tabula rasa de  la reflexión sobre los motivos sociales que conducen a determinadas conductas humanas.  Las novelas “moralizadoras”  sobre psicópatas o asesinos en serie son un buen ejemplo de ello. A eso me refería, al menos yo, cuando aludía a la “apología de la ideología policial” por parte de algunos autores.

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Con lo dicho, no es cuestión de afirmar que la novela “progrés” y social tenga que estar siempre protagonizada por el detective privado, encarnación de la justicia. La figura de Marlowe o de Spade han creado ese mito, evidentemente, contradicho por los hechos. Un ejemplo son las figuras más o menos reaccionarias de Herlock  Holmes y Hercule Poirot, por poner los dos ejemplos más elocuentes vinculados a la novela enigma, que simbolizaron, en el primer caso, los valores de una sociedad victoriano profundamente clasista y los preceptos más retrógrados e estigmatizadores  de la ciencia crimonológica y forente y en el segundo, el más ridículo snobismo.  En los Estados Unidos hemos tenido otros ejemplos de detectives de perfil  derechista, como es el caso de personajes como el Mike Hammer de Mickey Spillane, que encarnó lo más execrable de la sociedad norteamericana, en especial la delirante paranoia colectiva frente al comunismo que dominaron los peores años del maccarthismo. Pese a la reputación “progresista” de la figura detectivesca, está claro que ha habido claras y notorias excepciones que tendieron a desmitificarla.  Por lo tanto, sí tuviésemos que analizar la evolución de este perfil ficcional, habría quizás que afirmar que lo que le ha caracterizado, son sobre todo sistemas  representacionales condicionados por los contextos históricos, alternándose ubicaciones ideológicas “progesistas” o “reaccionarias” según las coyunturas políticas y las expectativas colectivas.

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Lo acabado de apuntar  no es lo que parece caracterizar a la actual novela policial, que hace omisión del pasado, presentando el talante democrático de los Cuerpos de policía como una “normalidad”, cuando históricamente son una “excepción” y para colmo, bastante matizable. Por supuesto, haríamos mal en atribuirle a la novela catalana el monopolio de ese vicio del “buenismo” respecto a las configuraciones simbólicas, representacionales y ficcionales del personaje policial. En el resto de España sobran ejemplos  en esa linea, sobre todo de la mano de algunos policías y criminológos incorporados al mundo de la escritura. Por no olvidar a algunos autores de éxito, que ahora han tenido la genial iniciativa de vender la idea que la Guardia Civil es un Cuerpo progresista e inherentemente democrático. Lo cual no deja de ser una auténtica tomadura de pelo a la vista de las oscuras connotaciones históricas e ideológicas que ha tenido dicho Cuerpo militar en los repetidos episodios de autoritarismo político en nuestro país.

Querido Marc Moreno,  como buen derridiano que soy, le otorgo muchísima importancia al lenguaje, a las estructuras narrativas y a las propias configuraciones simbólicas y representacionales como instrumentos de reproducción de los imaginarios colectivos y por lo tanto, como utensilios de cosificación social y defensa del orden establecido. Es en ese sentido que la novela policial y procedimental me resulta por momentos sospechosa, sobre todo por lo mucho que está apologetizando un determinado universo, efectivamente, el policial, omitiendo el hecho más que comprobado de que se trata de una institución que, tanto en el caso catalán como español, tiene todavía mucho que aprender en términos de valores democráticos. No comprender eso, es en efecto hacer una “apología de la ideología policial” de espaldas a la verdadera realidad de una “fuerzas del orden” españolas y catalanas que no ha dejado ellas mismas  de ponerse en evidencia respecto a los valores éticos y morales que deben guiar a una sociedad democrática.

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PEPE CARVALHO : UN ANTI-HÉROE EN LA “FICCIÓN HISTÓRICO-POLÍTICA” DE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN.

Carvalho

 

He oído decir muchas veces  que el Marlowe español es sin duda Pepe Carvalho. Las comparaciones siempre me han parecido odiosas, más todavía cuando se hace tabula rasa de los contextos históricos en los que se mueven las  distintas figuras ficcionales y que no siempre son equivalentes  desde un punto de vista social como cultural. Este “comparativismo intuitivo” que, claro está, no hay que confundir con el “Comparativismo” “serio” como subdisciplina de la teoría y hermenéutica literaria “académica”, alberga el mal añadido de que tiende a desvirtuar a los personajes  y hacer que pierdan “inteligibilidad” propia. Y la “inteligibilización” del perfil de Carvalho solo es posible desde nuestra  realidad española y catalana y  esto porque es un producto de la misma.

Particularmente, la imagen del detective Carvalho con la que más me quedé, sobre todo allá por los años 80, fue encarnada en Eusebio Poncela, a través de la plomiza serie que emitía TV1 en aquella época y dirigida por el argentino Adolfo Aristariain.  Supongo que el relativo rechazo que me generaba aquel fastidioso producto televisivo condicionó en mucho mi mirada .  Eusebio Poncela fue uno de los mejores actores de la Transición, que aceptó  interpretar uno de los peores papeles televisivos de su vida y a través del que distorsionó por completo el personaje que se suponía que tenía que simbolizar. Cuenta la leyenda que el contrato de Vázquez Montalbán con el Ente Público  vino ayudado por las horas bajas y los apuros económicos que atravesaba el autor, dejándolo sin margen de maniobra frente a los criterios de productores, directores y guionistas. Esa misma leyenda acaba con la publicación de ” Asesinato en Prado  del Rey” (1987) y que según se narra, fue la forma que tuvo   Vázquez Montalbán de tomar su revancha.Tuvieron que pasar los años y caer en mis manos las primeras novelas del escritor barcelonés para confirmar que aquella serie era una auténtica birria, después de vaciar al personaje de todos sus matices y convertirlo en una burda y caricaturesca aproximación a la criatura de Vázquez Montalbán.

Chivite

 

Más allá de todo ello,  lo que sí llama la atención  fue la habilidad  del escritor para inventar una figura como Carvalho, que sin embargo  las malas lenguas vinculaban a una simple   clonación de su propia personalidad. Visto así,  el autor barcelonés habría estado en lo meramente auto-ficcional  o en la ficción verídica, faltando al esfuerzo de imaginación y creatividad literaria exigida a todo escritor que reivindicase ese apelativo. No fueron pocos los que  se  preguntaron  si Pepe Carvalho hacía función de camuflaje, de mascara  de su propio  padre o si en realidad  tenía vida propia y una biografía que contar más allá de su creador.  Esa era al menos la hipótesis que planteó en su momento  Manuel Blanco Chivite  con su obra  Carvalho, un detective de ficción ( Ediciones Vosa, 2007) un libro corto, pero profundo y sesudo, que tuve ocasión de rescatar en los cementerios de la biblioteca de Granollers.

Apuntaba Andreu Martin precisamente en el prologo al libro de Blanco Chivite, que él nunca había creído en los personajes detectivescos, porque en realidad carecían de verosimilitud y existencia propia, dado que sus experiencias eran inconexas y sin pasado.  Según el “Maìtre à pensée” del “Noir” español, si algún personaje de ficción hacía excepción, era Carvalho. Y es que Vázquez Montalbán había sabido a través de las veinte novelas que constituyeron la serie, describir la evolución y los cambios personales y existenciales de un personaje que adquiría humanidad a través de las metamorfosis de su  periplo. La verdadera cuestión está en saber si, como lo apuntan los más malintencionados, los diferentes perfiles y estados anímicos que irá adquiriendo el personaje, no eran en realidad el espejo de la propia evolución vital de su creador, del personaje “paralelo”, como  lo llamará Blanco Chivite en referencia a Vázquez Montalbán.

serie carvalho

De origen gallego, Pepe Carvalho es un hijo de la posguerra, de los vencidos y del exilio, como el propio padre de Vázquez Montalbán. Milita en el Partido Comunista y se casa con Muriel, una compañera de partido de ideas ortodoxas. Las desavenencias con su mujer vienen condicionadas por los factores ideológicos, que Muriel lleva hasta lo ridículo y patético, al considerar que el placer sexual y la belleza femenina son un producto “pequeño burgués” del sistema capitalista. La delirante  personalidad de su pareja  les acaba llevando a la ruptura.

           Alejado de la sombra de Muriel, Carvalho irá evolucionando en coherencia con sus posturas heterodoxas y actitud crítica respecto al desmanes  estalinista del PSUC.  Su gran amigo por aquel entonces es Cerdán, un compañero de partido con el que discrepa constantemente y que resulta una caricatura ficcional del emblemático filosofo y teórico marxista, Manuel Sacristán.  Pero por la vida de Carvalho también irán circulando otros personajes como Biscuter, un quinqui que conoce en la cárcel y con el que va adentrándose en las artes gastronómicas. Carvalho  es hasta entonces un hombre rodeado por  Rojos y chorizos. Al salir de la cárcel,  dará un paso más en su evolución y se cruzará en su camino Wonderful, el agente de la CIA  a través del que entrará en el servicio de espionaje norteamericano. Un cambio de rumbo de Carvalho que quedó ilustrado en ” Yo maté a Kennedy”. (1972.) Después de la CIA  vendrá Bromuro, el limpiabotas que ejerce de confidente y el personaje de Sánchez Bolin, un escritor gordo que parece caricaturizar al propio Vázquez Montalbán y que plasmó en obras como “El balneario” (2002). La memoria urbana de Barcelona, en especial la de las Ramblas y de Vallvidrera está siempre presente en las diversas etapas vitales de Carvalho y que en realidad no deja de ser esa misma ciudad condal que está en los recuerdos de juventud del autor.

Kenndy

Durante la Transición Carvalho es ya un hombre cínico, ascéptico, apolítico, decepcionado, que  no cree en nada y termina por convertirse en un detective que cobra por sus servicios y desconfía del Estado, al que considera una organización mafiosa.  Un hombre solitario, sin otra relación sentimental que la que mantiene con Charo, una prostituta de lujo, cuando Muriel ya ha pasado al olvido para siempre y mientras sigue torturado por la muerte de Laura, una amante de clase alta cuyo asesinato le obsesiona. Para entonces, Carvalho es  un hombre preocupado por la vejez y unos años que le van devorando. Es el momento en el   personaje de Vázquez Montalbán ya había alcanzado fama y reconocimiento en el extranjero, sobre  todo gracias a “Los mares del sur” (1979), al ser galardonada con el Prix International de Roman Policier y con el propio Premio Planeta.

los mares del sur

El Pepe Carvalho de los 80 es sin duda el más interesante, por lo mucho que atestigua de toda una época. Políticamente, nunca ha creído en el ilusionismo generado por la figura de Felipe González y por eso vota a los comunistas en 1982, aunque sin demasiado entusiasmo y convencido que el PCE  va directo a su perdición. No es  una anécdota  el hecho mismo de que Vázquez Montalbán dimitiese aquel mismo año del Comité Central del PSUC. “Asesinato en el Comité Central” (1983). fue una de las mejores ficcionalizaciones literarias de los entresijos del comunismo español, la guerra entre clanes y facciones y la definitiva descomposición del gran artífice del antifranquismo.  El propio  ensayo político de Vázquez Montalbán, ” El optimismo de la razón” ( Planeta, 1988), dedicado a Rafael Ribó, reflejó la fidelidad  al PSUC, que después se convirtió en Iniciativa per Catalunya. El escritor reafirmaba así su heterodoxia frente a aquellos que consideraban que aquel niño pijo de la alta burguesía catalana resultaba demasiado insulso e incoloro en comparación a figuras míticas como Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri o dirigentes históricos como Gregorio López Raimundo. Vázquez Montalbán  tampoco creía en el dirigente socialista Felipe González, ni  menos todavía en el pujolismo, aunque algunos años antes se hubiese opuesto con firmeza al Manifiesto de los 2300 lanzado por gente como Federico Jiménez Losantos y Amando de Miguel, las futuras estrellas de la caverna mediática que se habían dedicado a atizar la polémica sobre la cuestión lingüística   No cabe duda  que Vázquez Montalbán   trasladó al personaje de Carvalho su propia incredulidad ante  el ilusionismo del PSOE.

Comité central

En mi adolescencia y primera juventud, cuando un servidor era militante de las Juventudes Socialistas, los constantes torpedos de Vázquez Montalbán contra el guerra-felipismo  solían desconcertarme, sobre todo a la vista de la hipnosis que aquel líder carismático ejercía en todos nosotros. Felipe González acabó defraudando a la sociedad española, convirtiéndose en el cerebro del terrorismo de Estado,  el amigote de multimillonarios y el cómplice de la extrema-derecha venezuelana anti-chavista.  No es descabellado afirmar hoy que el tiempo terminó por darle la razón a Vázquez Montalbán. Sobre la biografía política del escritor barcelonés abundan un buen numero de artículos y trabajos, pero merece la pena señalar, por ejemplo, la obra de Mari Paz Balibrea, En la tierra baldía ( El Viejo Topo, 1999), un ensayo que recorre la evolución política e intelectual del escritor desde las decepciones que generaron los acontecimientos del Mayo del 68 o la propia edición de  Francesc Salgado , Manuel Vázquez Montalbán. Obra periodística ( 1960-1973) ( Debate, 2010). 

postmodernidad

La última etapa de Carvalho fue la de la Barcelona olímpica del 92 y su agotamiento es el puro reflejo del que está sufriendo entonces su creador. Hay unanimidad en reconocer que Vázquez Montalbán vivió su último tramo de vida presionado por los compromisos contractuales con el sello Planeta, pero zarandeado por una creatividad mermada que le llevaban a la repetición y el autoplagio. En efecto, El laberinto griego (2005) y Sabotaje olímpico (2001)  fueron sin duda su obras menos logradas y más repetitivas.  Pero lo que está claro es que había una relación inter-subjetiva y complementaria entre Vázquez Montalbán y su personaje, donde las fronteras entre la realidad y la ficción, la verdad y la mentira terminaron tornándose borrosas. Carvalho fue, en efecto,  un anti-héroe  en medio una ficción verídica sobre la realidad histórico-política que le tocó vivir a Vázquez Montalbán.

 

laberinto

 

La auto-ficción está a menudo denostada, olvidándose que no mantiene una forzosa riña con la calidad literaria y que la subjetividad personal del escritor siempre se filtra en cualquier historia inventada, por grandioso que sea el imaginario fantasioso de la obra. Otra cosa bien diferente es que  las historias autoficcionales no tengan otro estatuto que el de instrumentos  de auto-terapia o  auto-ayuda. De éstas  abundan hasta la saciedad y de ello dejan un buen ejemplo los  policías metidos a escritores y dedicados a la auto-apología o lo que es peor, a la apología de la ideología policial, en base a tramas insustanciales en el espíritu  de la “literatura de entretenimiento” más barata. Una tendencia que sin embargo hay de distinguir y no confundir con lo que fue la labor de Vázquez Montalbán, dado que la auto-ficcionalidad a la que se prestó el creador de Carvalho no despojaba sus historias de un lado magnético : el compromiso político y social con su  propio tiempo. En ese sentido, es muy difícil desvincular el cínico personaje de Carvalho de las ilusiones y decepciones que vivió la propia generación de Vázquez Montalbán.  Como nos lo recordaron Javier Sánchez Zapatero y Alex Martin Escribà, Carvalho   fue  el ojo crítico a través del que Vázquez Montalbán vertebró una mirada desencantada sobre la realidad circundante y ello en base a una postura contra-cultural y un realismo social de un profundo escepticismo.  A través de él, su creador hizo sobre todo una crónica de toda una etapa de la historia política y social española, de los sueños que se forjaron durante la posguerra y el antifranquismo y de las enormes desilusiones que trajo la Transición y Post-Transición. Así lo apuntó al menos el propio Vázquez Montalbán :

” Mi vida no tiene mucho interés- decía- Ha sido más historia que vida hasta los setenta y desde entonces, es más literatura que vida”.

Desde luego, Vázquez Montalbán no era un nostálgico, porque consideraba que la nostalgia era la que impedía tener una mirada serena y lucida sobre el pasado.   El prestigioso estudioso del género negro y policial español, José Colmeiro  en su compilación, ” Manuel Vázquez Montalbán,el compromiso con la memoria (Contributors, 2007), apuntó cómo  Carvalho   se convirtió en el instrumento mediante el cual  Vázquez Montalbán se erigió, efectivamente, en un “fabulador del ayer”. Quizás sea ese el gran mérito del personaje de Carvalho, recordarnos el sentido de la “memoria”, que es a lo que nos estamos acostumbrando a perder en los tiempos actuales y en un clima de derrota del pensamiento y de la utopía.

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EL LUGAR DEL PASADO Y EL PRESENTE EN EL IMAGINARIO LITERARIO “NOIR” : CARTA DIALÓGICA A ANNA MARIA VILLALONGA,PACO GÓMEZ ESCRIBANO, LlUÍS BOSCH Y OTROS…

pasado

 

Esta semana reseñé en Bearn Black el último libro de Paco Gómez Escribano, ” Manguis”(2016), publicado por el sello vasco Erein y que aborda un periodo bien determinado de la historia política española, (el tardofranquismo) y un contexto social harto localizado e identificado, como es el de los ambientes marginales y delictivos del Madrid de la periferia, así como la realidad de un mundo policial pretérito atrapado entre el cambio y el inmovilismo,  la legalidad y la ilegalidad. Lo que  narrativamente es conocido como, Hardboiled. En el marco de esa misma reseña y de los pocos, pero interesantes comentarios que pude recibir, están los de Anna Maria Villalonga , la respuesta del  propio autor de la novela comentada, Paco Gómez Escribano y la aportación de Lluís Bosch. De ahí lo bienvenidos que son para mi los comentarios de los tres autores,de diferente perfil intelectual e inquietudes literarias, pero  por los que tengo equivalente respeto y simpatía Si bien, me gustaría abordar una cuestión fundamental que dominó la intervención de todos ellos :  la configuración espacio-temporal y el proceso de contextualización histórica dentro de la narrativa “ Noir”.

                Anna Maria Villalonga posteó su posición en torno a la presencia del pasado en el género Noir y esto desde una bien conocida y reivindicada mirada crítica sobre las corrientes del hardboiled y el tratamiento narrativo, en su opinión, excesivo, de la marginalidad social.Según Villalonga, los diversos periodos pretéritos de la historia social y política española después de la Guerra Civil, se revelan objeto de una sobresaturación y  obstaculiza una mayor mirada sobre el presente por parte del “Noir”. El argumento de Villalonga tiene su grado de pertinencia, pero también destila una cierta reserva en algunos aspectos. Vayamos en ese sentido, por partes.

En los 80 y 90 nuestro país conoció una avalancha de tradición narrativa y producción cinematográfica sobre la Guerra y la posguerra, por cierto, de una casi unánime calidad literaria y artística, pero que en cambio terminó siendo víctima de  su propio éxito, a causa de la   manía castiza que tenemos en nuestro país de tirar de la cuerda hasta los extremos cuando un tema se pone en vogue. Después de algunos años de silencio sobre el guerracivilismo dentro de la literatura literaria o de “expresión”, hemos comprobado que el tema fue parcialmente retomado por la novela de género. En el ámbito del “Noir” hemos visto cómo han sido abarcados  estos periodos históricos de forma renovada y menos panfletaria que la llamada literatura “culta”, sobre todo de la mano de autores como Víctor del Árbol, Juan Laborda, Felix Modroño, Juan Ramón Biedma, Carlos Erice o Edmundo Díaz Conde. Es difícil decir que  son autores que no hayan sabido tratar de cuestiones universales relacionados con la condición humana que reencontramos en el presente.

Durante mi reciente participación en el XII Congreso de Novela y Cine Negro de Salamanca, celebrado entre el 3 y 6 de mayo, reivindiqué a través de una ponencia, justamente sobre Víctor del Árbol, la híbridad entre el género negro y el género histórico. Mi argumento esencial era que lo “histórico” podía ayudar al “Noir”, no solo a reafirmar su originaria vocación social, sino a ampliar el horizonte de la crítica al proceso civilizatorio. Autores como el propio Víctor del Árbol o Felix Modroño, han articulado estructuras narrativas basadas en la combinación de diversos periodos, en el que el presente se torna huérfano de inteligibilidad sin la propia proyección del pasado. Lo que se aplica al ámbito individual, se hace extensible al colectivo.    Con lo dicho, la cuestión fundamental, no está tanto en si debemos relegar el pasado como objeto de configuración contextual dentro de la narrativa “Noir”, sino si somos capaces de renovar nuestras miradas sobre él. En un país como el nuestro, en el que tenemos una relación tan complicada con la “Memoria Histórica” y en el que determinados  y sospechosos sectores ideológicos pretenden hundirnos en la amnesia colectiva sobre la catástrofe histórica que fue la experiencia del franquismo,  renunciar al pasado como instrumento de tratamiento narrativo es poco menos que un suicidio.

La propia Transición exige una nueva mirada, sobre todo teniendo en cuenta las claudicaciones a las que llevó y el mal intencionado objetivo de algunas corrientes de la clase política en convertir la virtud pública del “consenso” en un instrumento ideológico contra cualquier cambio social.  De ahí la originalidad de obras como las de Elena Torres Girbau, que tuvo a bien de recordarnos las muchas arbitrariedades y mentiras que caracterizaron el inmediato post-franquismo, combinando presente y pasado en la estructura narrativa de su obra. La joven Mireia Llinars, desde un también original híbrido narrativo entre género negro, histórico y fantástico, ha sabido  brindarnos una excelente crítica  contra  las injusticias  y esto desde un enfoque que partía del presente.

A pesar de las reservas que pueda suscitarme el hardboiled y que ya he tenido ocasión de exponer en otros momentos y contextos, sigo insistiendo en que el gran mérito de la obra de Paco Gómez Escribano estriba en recordarnos un periodo determinado de la dictadura franquista, pero sobre todo también, la perpetuidad histórica de ciertas formas de exclusión y marginalidad que, ciertamente, hoy se manifiestan bajo nuevos rostros, pero que nos interpelan sobre un progreso de la sociedad que sigue dejando a la cuneta a muchos individuos. Su denuncia, es uno de los objetivos del “Noir”.

Lluís Bosch, apoyándose en una tesis de James Ellroy se muestra crítico respecto al excesivo tratamiento del presente en la novela negra y que según él, impide  tener una perspectiva más allá de la crónica. Es cierto que la inmediatez del acontecimiento y las visceralidades que pueda suscitar, desvirtualiza una eventual mirada crítica sobre él. La distancia sereniza los espíritus y ayuda a situar los hechos en su justo contexto histórico. Queda por saber qué pensaremos y cómo miraremos este periodo infernal nuestro de la crisis de lo político, la degradación de las instituciones, la desestructuración social y el capitalismo salvaje, por ejemplo, dentro de cincuenta años.  Con esto no quiero decir que los autores no sean capaces de tener una mirada crítica sobre el presente, pero es obvio que no son mayoritarios, al menos en España. Y de ahí el debate sobre si algunas novelas tienen una verdadera vocación “Noir” cuando en realidad se limitan a ser meras ideologías policiales que esquivan cualquier crítica social en nombre de la “buena literatura de entretenimiento”. Acaso habría que recordar que cuando hablamos de novelas de “actualidad”, el término ya resulta sospechoso por lo hueco que se revela.

Los tres argumentos desplegados por los autores reseñados gozan de su fuerza y debilidad a la vez. Mi tesis fundamental, sin embargo, es que no hay pasado que no tenga consecuencias en el presente, ni presente que no encuentre inteligibilidad en el propio pasado. De ahí mi reivindicación de la combinación de los periodos históricos y cronológicos, porque es a través de esa noria en el que el ayer y el hoy se van turnando alternativamente, que pueden comprenderse muchas conductas humanas y realidades sociales. Lo de verdad relevante, es que las estructuras narrativas sean capaces de tener una actitud denunciante sobre el uno como sobre el otro y por lo tanto, sobre el conjunto del proceso civilizatorio en su evolución histórica.

 

 

 

 

 

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