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MEDITERRÁNEO NEGRO : LEYENDO ” LO QUE NOS QUEDA DE LA MUERTE” DE JORDI LEDESMA

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Debo reconocer que fui  un lector tardío y “resistente”, frente a la obra de Jordi Ledesma y eso a pesar de que su novela El diablo en cada esquina ( Alrevés, 2015), viniese públicamente avalada por uno de los escritores más reconocidos del momento.  Siempre he desconfiado de las adulaciones a un autor, sobre todo en este mundillo del “Noir”, atestado de cortesanos y camarillas, pensando también que, detrás de los elogios demasiado unanimistas, suele aparecer la sombra alargada del borreguismo intelectual. Sin embargo,  una de esas causalidades de la vida me llevó a asistir a la presentación de “Diez negritos”, la compilación de relatos cortos de Alex Martin Escribà  y Javier Sanchéz Zapatero y en la que participaba precisamente Ledesma.  Su intervención explicando las motivaciones de su cuento me despertó  interés y fue   un detonador para decidirme a leer su comentada obra. Esa la razón por la que, más movido por mis propios criterios,  aposté también por hacerme con  su  nueva novela, ” Lo que nos queda de la muerte” ( Alrevés,2016).

Reus, años noventa, el cuerpo de un joven apodado Bocaclancha, es encontrado muerto y flotando cerca de los embarcaderos. Abandonado por su madre toxicómana, educado por sus abuelos y más bien apagado, el Bocaclancha ha estado metido en historias de trapicheos y camellismo, dejando que las sospechas apunten a los llamados “Mellizos”, dos jóvenes dedicados al tráfico de droga y aparentemente a sueldo de los carteles columbianos. Un  comandante de la Guardia Civil, conocido como “El cocodrilo” por su talante autoritario, déspota y árido  va a ser el encargado de investigar el caso. El comandante alberga la particularidad de estar casado con una mujer mucho más joven que él, Lucía, de una fascinante belleza, objeto de todas las miradas en la ciudad, pero sobre todo, sujeto de sueño erótico de Ignacio, un joven  procedente de los estratos más acomodados de la ciudad. La mujer del Guardia Civil  tiene una amiga,  Silvia, que anhela todo lo que tiene de atractivo Lucía  y aspira a salir de la vida aburrida y sin alicientes que lleva como ama de casa y mujer de un modesto electricista. Alrededor de ellos giran una serie de personajes corales, entre otros, Sergi, un niño bien, cínico y vividor, enredado en una relación de la que busca en deshacerse y su mejor amigo, el Poeta, que vive a su costa.  La muerte del Bocaclancha, no solo va romper cierta rutina en la ciudad costera, sino que además pondrá al descubierto la verdadera realidad social  de la turística y apacible plaza mediterránea.

Si algo hay que señalar, es la prosa tremendamente cuidada y magnética  de Jordi Ledesma, plasmada en primera persona, que enseguida cautiva y establece complicidad con el lector. La elegancia del lenguaje se combina con numerosos pasajes en la que impera un vocabulario crudo, abrupto y sin prejuicios muy concorde con las respectivas ambientaciones y situaciones. Se trata de una novela corta, pero con una indudable capacidad de condensar una historia de peso. En efecto, Jordi Ledesma  nos pasea por los pasillos oscuros de una ciudad dominada por la imagen externa del bienestar social, el ocio y la vida lúdica, sacando a la superficie las miserias sociales y humanas de la urbi costera : las desigualdades y falta de perspectivas,  la inmigración sureña, el carácter explotador  y el rapiñismo del mundo de la especulación urbanística y el negocio hotelero, el cretinismo, la impunidad, la bajeza humana de las élites locales, la frustración de los más desfavorecidos, la pequeña delincuencia juvenil y el abuso de poder y los trapos sucios de las fuerzas de seguridad, así como las dudas y angustias ante la propia identidad personal, constituyen el abanico de problemáticas que plantea el autor.

Ledesma  sabe  mostrar la parte más “negra” de ese idílico Mediterráneo de reclamo estival, jugando  a la vez con la denuncia social y la mirada crítica sobre la condición humana y esto a través de un narrador enigmático, que finalmente acaba recordándonos la necesidad de mirar la realidad de frente y no torcer la vista cuando aparecen ante nosotros las cloacas de nuestra existencia individual y colectiva.

 

 

 

 

 

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HONORABLE PRESENTE, TENEBROSO PASADO : UNA CARTA ABIERTA A LORENZO SILVA SOBRE LA GUARDIA CIVIL

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Abro facebook y uno de los primeros muros con los que me encuentro es con el de Claudio Cerdán, donde figura una extensa, completa e interesante entrevista del autor con Lorenzo Silva en la revista digital Zenda y esto con motivo de la celebración del festival Getafe Negro. Entre los muchos temas que son abordados en la entrevista está, como no podía ser menos, el personaje de Rubén Bevilacquia y  la cuestión de la Guardia Civil como institución histórica y actual.

Debo reconocer mi enorme deuda con Lorenzo Silva,dado que fue  después de la lectura de ” La marca del meridiano”, ( Planeta, 2014)  y  de las propias y anteriores entregas de la serie, que embrionó mi  pasión por el género negro y policial  y los autores de nueva generación. Los cuales me llevaron a la lectura o relectura de los clásicos, ( españoles y extranjeros), que si no eran del todo desconocidos para mi, nunca me habían atraído demasiado hasta la fecha. Si bien, también debo reconocer que me invadió un cierto desconcierto ante la lectura del titular y encabezamiento de la conversación entre Silva y Cerdán : “Lorca dio una visión siniestra e injusta de la Guardia Civil”, dicta el mismo.

Tengo que decir no soy un devoto del poeta granadino y que la constante manipulación de su figura y los homenajes más o menos repetitivos y agobiantes que se le suelen brindar como figura icónica de la generación del 27 en particular y de la intelectualidad republicana en general, tienden más bien a crisparme. Por lo tanto, no es en defensa del poeta que pretendo  escribir este post, sino de una verdad histórica que Lorenzo Silva no percibe siempre en toda su claridad, por lo menos en lo que hace referencia a la institución de la Guardia Civil.  Y es que Silva parece fusionar y confundir el presente y pasado de la Benemérita, estableciendo una continuidad en el tiempo de ideales y valores en principio encarnados por el propio personaje de Bevilacquia. Vayamos por partes.

El personaje de Rubén Bevilacquia me resultó sumamente magnético, en especial por su humanidad y cultura.  Si bien, siempre me quedó una duda: saber si reflejaba el sistema de valores de la vieja institución o si simplemente plasmaba los ideales políticos, sociales, éticos y morales del autor que lo había creado.La pregunta era pertinente a la vista de los imaginarios colectivos y las ideas establecidas en torno a la Guardia Civil. El temperamento apático, autoritario y despótico de este Cuerpo militarizado  y los propios  chistes sobre el lado paleto e  incultillo de sus miembros  es de profundo arraigo social.

No me gustan los estereotipos y sería absurdo pensar que el nivel formativo de los miembros de este Cuerpo militar no se ha elevado de forma sustancial. No sé si hay   muchos “Bevilacquias” en la Guardia Civil que lean a  Platón   o que se hagan cabalas sobre la condición humana después de ojear a Hannah Arenth.  Pero sí deberíamos reconocer que, al igual que  en otros Cuerpos, como la Policía Nacional, Autonómica o Local, el nivel formativo y cultural de los componentes suele situarse en grados intermedios que desmitifican al Guardia Civil sin luces y semi-analfabeto. Lo cual hace que el personaje de Bevilacquia no esté del todo huérfano de verosimilitud y eso más allá del obligado grado de fantasía que comporta, en coherencia, dicho sea de paso, con la magia de lo literario y ficcional.

La cuestión política e ideológica es otro interesante ámbito de reflexión. Bevilacquia es en principio un hombre de centro-izquierda, sensible ante el respeto por los derechos civiles y de una gran rectitud en relación a la legalidad de los protocolos de actuación. No existe tampoco ningún motivo para pensar que Rubén no mantiene una mínima relación con la realidad de este Cuerpo. Apunto esto porque nunca hubo algo que más me desconcertarse que el asesinato de Guardias Civiles en Euskadi por parte de una banda fascista como E.T.A, segando la vida de hombres  de reciente incorporación al Cuerpo, jóvenes, votantes socialistas y por edad, sin ningún vinculo generacional con el franquismo y su conglomerado ideológico. Lo que demuestra hasta que punto los mitos, tan propios del delirante discurso nacionalista, pueden  llegar a justificar las peores aberraciones. Sin olvidar la obscenidad de aquellos energúmenos que protestaron por la muerte de terroristas, al tiempo que hacían mutis en torno a la desgracia personal y familiar que E.T.A sembró   en los cuarteles sujeto de su atentado.

Hoy en día la Guardia Civil juega un papel importante en la ayuda humanitaria y en misiones internacionales, sin olvidar su función determinante en la investigación de los casos de corrupción, de los que el entramado de la “Púnica” es uno de los ejemplos más chillones. Habría que precisar que el actual Director General de la Guardia Civil, Férnndez de Mesa, es un hombre ideológicamente adscrito a la extrema-derecha y conocido por sus creencias religiosas católicas de corte fundamentalista ( por si alguien  cree que eso es un monopolio del Islam ). Sin embargo, las  recientes investigaciones sobre casos de corrupción han demostrado la exquisita independencia del Cuerpo de la Guardia Civil frente a las presiones políticas. A ese respecto, sería  de mentes huecas no reconocer que estamos frente a una institución de lo más respetable y con un honroso presente, que ha sabido evolucionar, sobre todo a través de un profundo reemplazo generacional y  mostrándose fiel a los valores de una sociedad democrática. Y eso hay que celebrarlo. No hay nada que objetar, por lo tanto, a que Lorenzo Silva reivindique precisamente esa “honorabilidad” democrática de la institución e incluso le otorgue una expresión ficcional a través del personaje de Bevilacquia.

Otra cosa bien diferentes es que se confunda la parte con el todo y que Lorenzo Silva mire el ayer de una institución ( o sea, su lado más tenebroso) bajo el prisma del presente (es decir, desde la realidad de su amplia y actual democratización). Lo que conduce a distorsionar la realidad y faltar a la verdad de la Memoria Histórica.

La figura institucional de la Guardia Civil es un producto de las revoluciones liberales  de la primera mitad del Siglo XIX y su  nacimiento fue a la par de la modernización del Estado, tanto en lo que hace referencia a la administración civil como a la organización militar. Caricatura de la conocida “Gendarmerie” francesa, se trató de un Cuerpo vinculado a la consolidación del Estado-Nación, más o menos fallido en el caso de nuestro país, como lo demuestran los eternos litigios territoriales y la difícil “nacionalización” de la sociedad. Sus orígenes históricos “liberales” no impidieron que se fuese poco a poco convirtiendo  en un Cuerpo adscrito a los peores valores castrenses, para convertirse progresivamente en el brazo de los sectores dominantes. Dentro las borrosas fronteras entre el poder civil y el poder militar que dominaron la historia política y social española, la Guardia Civil desempeño el papel más oscuro, simbolizando los valores de una tradición contra-revolucionaria y antidemocrática. Inútil detenerse en la función que ejerció en el régimen de la Restauración, durante la dictadura de Primo de Rivera e incluso en la etapa del Bienio Negro de la Segunda República. Su connotación política e ideológica a lo largo de la dictadura franquista merecería un largo examen que desbordan las posibilidades de esta web.

Pese a la evidencia histórica, Lorenzo Silva sigue confundiendo la parte con el todo y esto bajo argumentos que merecen comentario. El Caballo de Troya de Silva es que, en tanto que institución, el cuerpo de la Guardia Civil nunca se reveló homogéneo y menos durante los años 30, más en concreto, con motivo de los acontecimientos del 18 de Julio. Ilustra su argumento con hechos tangibles y comprobados. Por ejemplo, la división del Cuerpo frente al Alzamiento  y la lealtad, en Barcelona y otras partes de España, a la Segunda República. La premisa es sólida y esa misma división es extensible a otros ámbitos castrenses : la marina y la aviación permanecieron fieles a la legalidad democrática durante la Guerra Civil. Si las tesis de Silva no son en absoluto falaces, en cambio sí que incurren en un gran error. Es decir, convertir  la anécdota en un hecho general y generalizable.Visto así y según él, el franquismo y el papel ejercido por la Guardia Civil como brazo represor de un Estado autoritario  solo sería una accidentalidad histórica. Esto cuando la realidad informa de que la “excepción” ( o sea la lealtad de un sector minoritario de la Benemérita al Estado democrático), no hizo otra cosa que confirmar la “regla” ( es decir, la vocación, primero contra-revolucionaria y después, claramente fascista, de la venerable institución militar).

Estimado Lorenzo Silva. Siempre te he considerado un escritor ponderado y equitativo respecto a tus pronunciamientos y reflexiones sobre los acontecimientos actuales y pretéritos, en especial los de alta connotación histórica como es el caso, en efecto, de la Segunda República, la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista. De hecho, no han dejado de indignarme las acusaciones vertidas contra ti, con motivo de tu supuesta equidistancia respecto a tu mirada sobre los hechos del 36. Los más vehementes han ido hasta tildarte de “revisionista”, no sin cierta ligereza y mala fe. Acaso habría que recordar que el revisionismo histórico o pseudohistórico en torno a las causas de la Guerra Civil Española responde a una contra-ofensiva ideológica  políticamente impresentable, que ha pretendido otorgar una fuente de justificación al alzamiento del 18 de Julio contra un gobierno legitimo y un régimen democrático. Postulados que me resulta difícil localizar en tus diversos posicionamientos sobre el llamado drama de España.

Es en base a lo dicho que, en cambio, me resulta sorprende y de una chillona incoherencia, que pretendas otorgarle honorabilidad al pasado de una institución que, como la Guardia Civil, lastra con un periplo harto tenebroso. Cosa que, por justicia y sobre todo, respecto hacia las victimas del franquismo, no estaría mal reconocer. Lo contrario es faltar a la Memoria Histórica.

Siempre he pensado que las faltas del pasado pueden ser perdonadas con las enmiendas del presente. Negar el pasado autoritario, reaccionario y fascistoíde de la Guardia Civil tiene el efecto  perverso de desvalorizar lo que es, precisamente, el gran mérito actual de la Benemérita : su capacidad de renovación ideológica y su indiscutible proceso de democratización. El respeto social que suscita hoy dicho Cuerpo tiene su origen en la rectificación histórica que ha sabido llevar a cabo dicha institución militar. Después del 23-F se dijo con razón que Tejero era el último vestigio del siglo XIX, un hombre del pasado que nada tenía que ver con la nueva realidad de la Guardia Civil. Es decir, de una institución cambiante, política y generacionalmente. Flaco favor le haríamos a la verdad si no reconociésemos , aunque solo sea por una cuestión de honestidad intelectual, que la Guardia tiene dos caras : la honorabilidad de su presente y la tenebrosidad de su pasado. Me quedo con lo primero, porque la salud de una sociedad democrática depende del respeto que inspiren sus instituciones, pero es de equivalente honestidad y pertinencia no olvidar lo segundo. Aunque solo sea por ser fiel al dicho : ” Todo pueblo que olvida su historia, se condena a repetirla”.

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SOMBRAS CASTRENSES : SOBRE “CÓDIDO ROJO” DE LUIS GONZALO SEGURA

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Al hablar de Luis Gonzalo Segura no se sabe a cuál de sus perfiles referirse, si a su estatuto de ex-Teniente expulsado del ejército, a su condición de escritor o a las dos cosas al mismo tiempo. Es sabido que las fronteras entre las vivencias personales de los autores y la configuración de los universos ficcionales por parte de éstos siempre se revelan borrosas. Saltado a la escena pública con una novela emanada directamente de su experiencia como militar, “Un paso al frente” ( Tropo, 2014), su exitosa obra le valió la hostilidad y  acoso de sus superiores, tras revelar la opacidad y la corrupción imperante en las Fuerzas Armadas de nuestro país, con resultado de su expulsión definitiva. Más allá del revuelo mediático, de la habitual morbosidad   que caracteriza a la opinión pública y de los distintos comentarios que suscitó tanto su personalidad como  su obra entre defensores y detractores, no cabe duda que su libro albergó el mérito de “visibilizar”  los pasillos oscuro de un mundo castrense en el que la opacidad,  la arbitrariedad y el abuso de poder se erigen en virtud. La segunda novela de Luis Gonzalo Segura, Código Rojo, ( Destino,2015), parece proseguir precisamente  en el compromiso del autor en su denuncia de las sombras que dominan el universo militar.

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Un Cabo es encontrado con un tiro en la sien en los aseos de una base militar. Enseguida después, un juez de la jurisdicción militar topa con la muerte.Su asesinato ha acaecido  bajo métodos de una inusual crueldad.  Posteriormente se produce un segundo asesinato, esta vez el de un hombre de negocios con intereses en las Fuerzas Armadas. A ellos se sumaran dos crímenes más, la de un periodista vinculado al gabinete de prensa del Ministerio de Defensa y la de un alto mando militar ya casi en la jubilación. Nota en común, todos los cadáveres aparecen medio  devorados por insectos exóticos y acompañados por un simbolismo que evoca episodios históricos vinculados a las etapas más oscuras de la España de la Restauración.

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Un Guardia Civil, Fernando, homosexual y con una carrera tortuosa y repleta de obstáculos con motivos de sus preferencias sexuales, lleva a cabo la investigación de los asesinatos bajo las ordenes de su superior, Sira, una Guardia Civil católica y de ideología conservadora, pero muy erudita. Entretanto, Fernando y Sira  consiguen la ayuda de un ex-teniente de las Fuerzas Armadas, Guillermo, expulsado del ejercito tras escribir un libro sobre la corrupción entre las altas jerarquías militares y que mal vive en medio de las dificultades económicas. Los tres poseen personalidades discordantes y en las que inciden con fuerza las diferencias ideológicas. La lealtad inquebrantable de Sira al cuerpo castrense contrasta que la posición crítica de sus dos compañeros ante las Fuerzas Armadas.La investigación se irá llevando a cabo en medio de sus discrepancias, en las que la incredulidad de Sira sobre los elementos conspiratorios en el ejército chocará con el convencimiento de Fernando y Guillermo acerca del clima generalizado de corrupción imperante en el mismo. Los tres personajes ilustran el choque entre el principio castrense de lealtad absoluta a la jerarquía y a la institución militar y los preceptos éticos y las convicciones personales. A la par del desarrollo de la investigación, Guillermo topa con Sandra, un alto mando del CNI, una mujer enigmática y a la vez fascinante que le abre los ojos sobre los grandes entresijos del poder y el espíritu maquiavélico que lo define.

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La obra se caracteriza por una prosa correcta y un buen ritmo narrativo, donde se entremezclan lo ficcional y lo autobiográfico, aunque se trate de un escritor al que le quede algo por madurar. Código rojo conjuga las reglas propias del thriller con la novela política y la crítica social. Es sin duda este segundo aspecto lo que forja la singularidad de la obra y le diferencia de otras tramas sobre psicópatas y asesinos en serie, casi siempre dominadas por la morbosidad de lo sangriento y lo cruel, pero huérfanas de cualquier mensaje. Aupado mediáticamente por los círculos de Podemos, el autor destila a través de su obra y personajes su propio compromiso ético como escritor, dado que la trama alberga una severa denuncia de los vínculos entre el sistema político, el poder financiero y la cúpula militar. Se trata de una obra entretenida, que no empacha a los lectores con los detalles científicos y protocolarios  de la investigación criminal o con los aspectos formales y simbólicos del mundo castrense, incidiendo mucho más en la psicología de los protagonistas y sus valores. En suma, una novela que nos recuerda la necesidad de devolver su voz a la sociedad frente a los abusos de los poderosos.

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ENTRE LA FICCIÓN Y LA POLÍTICA : REFLEXIONES SOBRE “LOS CUERPOS EXTRAÑOS” DE LORENZO SILVA

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Gran éxito editorial , debo decir que leí con interés  la última entrega de Lorenzo Silva, Los cuerpos extraños ( 2014), publicada por Ediciones Destino.  Silva ha consolidado durante los últimos años  a los  personajes del brigada  Rubén Bevilacqua y la sargento Virginia Chamorro, dos Guardias Civiles  protagonistas de una serie de novelas policiacas aparecidas desde finales de los 90  y que han ido catapultándole  como uno de los grandes referentes de este género literario en nuestro país.  

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De vacaciones  en Salamanca en casa de su madre, Bevilacqua es requerido para llevar el caso del misterioso asesinato de la joven alcaldesa de un pueblo turístico. Karen Orti Hansen   ha sido en efecto encontrada muerta y semidesnuda en una playa. Con una carrera vertiginosa, la víctima ha estado  envuelta por los entresijos de las rivalidades, los amiguismos y favoretismos que rodean a las corporaciones municipales, los partidos, los clanes y los grupos de presión vinculados a la especulación urbanística. Opuesta a los chanchullos propios del ámbito local,   no había carecido de enemigos. El pueblo también es un nido de blanqueo de capitales y actuación de la mafia napolitana. De entre los personajes que han rodeado a la alcaldesa  está  un oscuro Concejal de Urbanismo,  Manuel Miralles , con intereses en un proyecto urbanístico que recuerda en mucho el bochorno del Eurovegas , el empresario de un club de alterne, Francisco Antúnez   y un hombre con un enorme poder y diputado provincial, Arturo Grau, que maneja todos los hilos de la política municipal.  El contexto de corrupción generalizada y crimen organizado que circunscribe al municipio abre la puerta a la hipótesis  del sicario a sueldo  de buitres con grandes asuntos económicos entre manos.

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Casada con un acaudalado empresario hostelero de personalidad apagada, la alcaldesa llevó además   una peculiar vida privada  caracterizada por la promiscuidad sexual  y las relaciones extraextramoniales, por un lado con un atractivo y vividor registrador de la propiedad vinculado a la corporación,  David Sancho,  y por otro,   con su jefa de prensa, Sandra Valls, atractiva joven de libido despierto  con la que mantuvo una relación lésbica.

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La hipótesis del mero crimen pasional no es del todo descartada al principio de la investigación, pero la sombra de los entramados de la corrupción municipal   va persiguiendo a Bevilacqua y Chamorro.  Silva juega  con el lector a través de esas dos vías de investigación. Se trate por un motivo u otro, los personajes que desfilan por la trama resultan sospechosos a partes iguales.   Lo primero que hay que decir  es que Silva confirma su habilidad para tener en vilo al lector y hacer que éste se maneje también en sus propias   hipótesis a lo largo de la lectura, garantizando así la capacidad de “enganche” de la trama. Política, finanzas, crimen organizado, corrupción, sexo y chantaje se amalgaman en la historia.Dejo para la curiosidad del lector el desenlace de la trama y que también reafirma el gusto de Lorenzo Silva por confundir y sorprender a sus lectores con el final de sus novelas.

Silva se mantiene en esa prosa pulcra, agradable y empática con la diversidad de su público.  Comprometido con las cuestiones de actualidad, la  novela  de Silva atestigua de una valiente voluntad de incursión crítica en los asuntos  políticos. No hay ninguna sombra de dudas a ese respecto de que ” Cuerpos extraños” brinda buen testimonio literario  del degradado ambiente   en prácticamente todos los niveles de la esfera pública.

Hay que recordar que la   ilustración de tramas criminales en el contexto  de los círculos de poder ha sido frecuente   en el repertorio de títulos brindados por la historia  del género policial. Sin embargo,  se vislumbran en este caso el planteamiento de problemáticas éticas hasta la fecha ausentes. Quizás haya que dejar abierta la hipótesis  de  una cierta ruptura con la  frecuente apatía y falta de sentido crítico respecto a la realidad social que ha caracterizado al género policial español, sobre todo  a la corriente más influida por   la tradición del género negro anglosajón . No es exagerado decir  que Lorenzo Silva representa sin duda a una nueva generación de escritores del género policial con un aire mucho más “intelectualizado” .  Junto a estrenos cinematográficos como La isla mínima (2014) de Alberto Rodríguez  y que también se ha  revelado como una demoledora crítica hacia el abuso de poder  en la oscura España caciquil  de la tardo-Transición, parece que las tramas policiacas  van ganando en seriedad y viéndose desencasilladas  de esa condición de literatura de masas y “cultura del medio” pelo con la que habían venido lastrando.

Desde su salto al estrellato como autor, las obras de Silva han reflejado grados variados de originalidad, pero es indiscutible que ha sabido acuñar un personaje de ficción que  está abocado a dejar su huella en la historia  literaria del género policial. La figura de Bevilacqua  ( sobre el que las malas lenguas dicen que encontró su inspiración en Francisco García Pavón)  suscita cierta simpatía  al romper  en muchos aspectos con el delirante ideal de masculinidad que ha reproducido el género negro y policial en el imaginario colectivo. Hombre culto y progresista, pero vulnerable, sin grandes ambiciones y lleno de  dudas y angustias,  puede verse en el personaje de Silva a todo un anti-héroe que ya  atrajo mi atención con la lectura de ” La marca del meridiano” . La propia figura  de Virginia Chamorro aparece en ” Los cuerpos extraños” bajo su dimensión más humana, al menos en comparación a otras entregas de Silva, donde la sargento  vive dentro de esa virilizada y antipática carcasa de “marimacho” que caracteriza a los acomplejados miembros femeninos  de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

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Es conocido y notorio   que  algunos comentaristas dejan   en el aire la pregunta  de si   Rubén Belvilacqua  refleja  el verdadero temperamento  de los  miembros mayoritariamente masculinos del Cuerpo de la Guardia Civil o  por lo contrario sólo obedece a los ideales y valores éticos de su creador . La problemática no es del todo improcedente, sobre todo testimoniadas algunas actuaciones de dudoso respeto por los derechos  civiles y humanos y comprobada la involución que en  los últimos tiempos lleva sacudiendo a la institución. Cabe recordar  que  la Guardia Civil  encuentra hoy a  sus máximos mandos  en preeminentes figuras de la extrema-derecha religiosa  que están  devolviendo a la memoria colectiva  al más tenebroso pasado político e ideológico de dicho Cuerpo.  Hecha esa constatación, quizás la personalidad humana de Bevilacqua tenga función de consuelo frente a los  renovados vientos reaccionarios que zarandean a la histórica institución militar.  Después de todo, la magia de la literatura y de la ficción consiste en su capacidad de configurar en el imaginario del lector   un mundo más amable que el que nos brinda la pura realidad.

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