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HISTORIAS TRÁGICO-CÓMICAS DE LA POSGUERRA ESPAÑOLA (III) : ” LA AMIGA DE ANITA”

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                                                                                                 Para Margarida Aritzeta 

 

Barcelona, invierno de 1939 

Gregorio estacionó su Mercedes 260 en la calle Barberà, donde el coche se convirtió en todo un espectáculo para las gentes que lo vieron llegar.La guerra había cambiado la vida de muchos, pero casi nada en el barrio Chino, donde seguían conviviendo gentes pobres,  desgraciados, macarras, indeseables, chulos, putas, maricones, hombres que fingían ser mujeres y toda clase de individuos de mal vivir y moralidad dudosa.

Marujita se bajó del automóvil, en el que permaneció esperándole su hermano, que se puso a observar a través de la luna a las putas que merodeaban por allí. Una de ellas, vieja y más bien ajada, se acercó  aquella maravilla ruedas de color azul y techo negro.  Golpeó en el cristal. Gregorio bajó la ventanilla. Qué frío que hacía. La mujer introdujo como una avestruz la cabeza en el interior del coche, regalándole  un falso piropo. Después le ofreció  sus servicios. «Todos los agujeros de mi cuerpo por diez céntimos, cariño» , le dijo con voz melosa. Ayudado por una sonrisa forzada, Gregorio declinó  el ofrecimiento, al tiempo que comprobaba cómo su hermana  entraba en el  portal del  número 15.

En ese mismo sitio de la calle Barberà era donde vivía  su  amiga Anita y de la que hacía mucho que no sabía nada. Las tropas de Franco habían ocupado Barcelona el 25 de enero y durante unos días Marujita sospechó que su amiga  había sido arrestada a raíz de su condición de maestra y “Roja”. Debía de estar  “señalada”, como muchos en esa Barcelona de 1939.  Marujita pidió ayuda a algunos amigos de su familia, los mismos que  acababan de aclamar a los “Nacionales” en su estrambótico desfile por la Diagonal. Nada de nada, no existía constancia de su arresto, encarcelamiento o ejecución. “Seguro que está en casa”– Pensó la joven, diciéndose que, a lo mejor, los “Nacionales” habían tenido piedad con ella. Al subir las escaleras, topó con una chica, situada a cuclillas en un escalón y que le practicaba una felación a un  soldado. Marujita subió de largo y sin mirar. El hombre tuvo tiempo de decirle sin embargo  : “ ¿Qué, guapa, te gustaría tomarle el relevo a tu compañera?”. Ayudándose con su bastón, Marujita llegó a duras penas al tercer piso.

Golpeó  en la puerta despintada y de madera hueca detrás de la que  estaba el hogar de Anita.  Tras unos segundos,  volvió  a insistir con sus nudillos, impregnada por la esperanza de que abriese por fin. Imaginaba  a Anita en el quicio, con su habitual sonrisa,  y sus mofletes grandes como dos hogazas. Así era ella, una chica gorda, en cuyo cuerpo no cabía sin embargo la enormidad de su corazón.

No fue la puerta de su casa la que se abrió, sino la del piso de al lado,  detrás de la que apareció una mujer ya de cierta edad, con el pelo canoso y desaliñado, que además lucía  una cara rojiza y desprendía un invasivo olor a alcohol. Llevaba un vestido negro que parecía hecho de retales y un  mandil atado a la cintura y repleto de lamparones.

_ ¿¡ A quién buscas?!? -Dijo la mujer con voz ronca y trabada.

_ Soy amiga de Anita… -Contestó Marujita desconcertada ante su aspecto.

_ Mmm… ¡Todas lo sois y todas os equivocáis  también de puerta! -Le contestó la mujer con las manos en las caderas y observando el abrigo blanco de cachemir  con cuello rojo de tercio pelo que vestía Marujita. También se fijó en su sombrero negro rodeado por un lazo satinado,  limpios zapatos  y  guantes y bolso de piel.

_  ¿Sigue viviendo aquí Anita?- Quiso saber la joven.

_ Mmm… ¡No hace falta que disimules tanto, guapa, que aquí ya se sabe lo que hay! ¿¡ Qué te ha pasado en la pierna!?- Dijo la mujer de negro al mismo tiempo que fijaba su mirada   sobre el bastón de Marujita y fruncía  el ceño- ¿Te lo ha hecho tu chulo? Bueno, con los tiempos que corren, si te regala esas ropas, todavía no te puedes quejar.¡ Anda, pasa!-  Acabó diciendo  invitándola de un gesto con la frente a entrar en su casa.

Justo al lado del recibidor se encontraba una habitación que hacía función de cocina y donde había  una mesa de madera  invadida de migas de pan y  marcas de culo de vaso. Sobre ella  también estaba una botella de vino medio llena, junto a un paquete de cigarrillos y un cenicero a rebosar de colillas. Todo el lugar olía a aceite y ropa sucia.

_ ¿Quieres vino? –Le ofreció la mujer  sirviéndose  en un mugriento vaso. Un  cigarrillo le colgaba en un lado de los labios. Miró a los ojos de Marujita, que permanecía inmóvil en medio de la cocina- Siéntate, anda- ordenó.

Lo agradeció, le dolía la pierna. La mujer le tendió un vaso de vino lleno hasta arriba.

_ No,  gracias… Es muy temprano.-Rechazó la joven algo repugnada.

_ Mmm… Para un buen vaso de vino cualquier hora vale…

_ ¿  Sabe usted algo de Anita?- Le preguntó Marujita, directa e impaciente.

_ ¡ Anita! ¡Anita La gorda la llamábamos aquí…! -Soltó la otra- Y mira que es verdad que lo era. ¡Grande como un camión! Pobrecilla…- Añadió torciendo el gesto.

_ ¿Entonces sabe cómo puedo localizarla?  -La cortó Marujita con ademán de  suplica.

_ ¡Ay mujer…! Mucho quieres saber ¿Para qué la necesitas?-Aquí el trato es conmigo! Por si te interesa… La habitación es una peseta por hora. Si después te quieres lavar el coño, el agua y el jabón  también los  cobro. Lo único que te pido es que no hagas escándalo, que hay que ver lo que gritáis cuando os ponéis al asunto. También quiero que el  que traigas acabe rápido. _ Alzó las cejas-Bueno… Los hombres siempre acaban rápido. La meten y en un plis plas ya la han sacado otra vez. Aunque ese que te está esperándote  con el coche no parece tener mucha prisa. Hay que ver cómo son estos señoritos, les gusta tomarse su tiempo. – Pausó unos segundos pensativa- Ahora que me lo miro bien,  debería cobrarte más…  ¡Serán una peseta y media la hora!- Anunció contundente.

_ Me parece que está usted incurriendo en error-Protestó Marujita arrugando la frente medio ruborizada.

La mujer de hombros y burlona.

_ Mmm… No hace falta que disimules conmigo…-

_ No necesito ninguna habitación… Sólo que me diga dónde está Anita. Si me ayuda… -Dijo Marujita

La joven abrió su bolso  extrayendo de él una cartera de cuero  de la que, con las manos temblorosas, sacó dos  billetes que le tendió. La vieja puso ojos  alucinados al verlos.

_ ¡Mmm…! O eres una puta de las caras o una chica rica o a lo mejor hasta las dos cosas al mismo tiempo – Pronunció después de arrebatarle los billetes y   metérselos   en uno de los bolsillos del mandil.

La mujer se sirvió otro vaso de vino ante la mirada atónita de Marujita.

_ Puesto que coge ese dinero es porque algo puede decirme. Y dado que pregunta he pagado, respuesta me gustaría recibir.-Le recordó Marujita al ver que la mujer no mediaba palabra.

Tambaleándose   se sentó al lado de Marujita y después apoyó el codo sobre la mesa, pegando  la mejilla en el dorso de la mano. Miró fijamente a la joven, que hizo un gesto de incomodidad.

_  ¿O sea que vienes a saber de Anita y no a chingar con ese que está ahí abajo en el coche?- Dijo la mujer volviéndose a servir vino._ Hace semanas que Anita ya no está aquí…- Añadió después.

_ Tenía usted que haber empezado por ahí… – Se rebotó Marujita con una mirada altanera y cogiendo su bastón para dirigirse hacia la puerta como si por finalizada hubiese dado la conversación.

_ Te he dicho que hace tiempo que Anita ya no está aquí, no que no sepa lo que ha sido de ella-Precisó la mujer al tiempo que ponía un rostro entristecido.

Marujita se sentó de nuevo.

_ ¿Y bien?- La apuró.

_ Anita siempre se marchaba dejándome las llaves de su casa- Le respondió la mujer- Decía que tenía miedo de llevárselas consigo y que la providencia hiciese que ya ninguna puerta pudiesen volver a abrir. Temía  encontrarse como aquellas otras gentes que guardaban las llaves de sus casas, para después volver y no encontrarlas en pie. ¡Mmm… malditos esos alemanes e italianos!  Cada vez que volvía, me ponía una enorme sonrisa. “¡Sigue todo aquí!” me decía. Y le devolvía las llaves.

_ Sin embargo, ella no está… -Repuso Marujita con amargura y sacando un cigarrillo  de su pitillera.

Un momento de silencio se volvió a producir entre ellas, mientras  rasgos  dolor iban dibujándose en el rostro embriagado de aquella mujer. Se refregó la cara. Vacilante y con la mirada en el vacío, empezó a contar.

_ Un día, como todos los demás, vino y me dejó las llaves. Nunca lo olvidaré. De todos los bombardeos que había habido hasta entonces, aquel fue el peor.  Creo que todo el barrio acabó en los refugios. No vi a Anita en ellos. Cuando acabaron los bombardeos, todos se fueron volviendo a sus casas o al menos a las que todavía permanecían enteras. Estuve todo el día esperándola para decirle: “¡Sí,  Anita, todo sigue todavía en pie!”.  Y sin embargo, no volvió. Esperé y esperé unos cuántos días. Después,  me enteré por una de las putas del barrio que Anita había muerto en el interior de un tranvía sobre el que había caído  una bomba. ¡Salió hasta en los periódicos! Aquel tranvía se encendió entero y con él ardieron vivos todos los que iban dentro. Menuda muerte más estúpida- Añadió la mujer con la voz quebrada.-Fue el día  de ese mismo bombardeo que vi por última vez a Anita.

_ ¡Dios mío!- Se exclamó Marujita tapándose la cara con las dos manos y echándose a llorar.

_ Aquello se comentó por todo el barrio. – Siguió explicando la mujer- ¡ Anita “La gorda” ha acabado como un cerdo asado! decían algunos. Anita la maestra, la única en el barrio que había conseguido ser otra cosa que una puta o una fregasuelos.

_ ¡Cállese ya! -Bramó Marujita de repente mientras se levantaba violentamente de su silla. Estuvo a punto de caerse al  no poder mantener el equilibrio sin su bastón.

La mujer miró directo a los saltones ojos verdes de la joven,  agachándose  para recoger el bastón y colocarlo en su mano. Después, se acercó a un cajón y extrajo de él una enorme llave de hierro. Le cogió la mano a Marujita, poniéndole en ella la llave. Sorprendida, miró a la mujer. Esta le regaló una sonrisa.

_ No sé quién eres, ni lo quiero saber, ni me importa. ¡Esto es lo que esta guerra nos ha enseñado:  que nada, ni nadie nos importe! -Dijo la mujer.

_ Así es,  sí… -Susurró Marujita  cabizbaja.

_ Aunque no te lo creas, yo era una mujer decente y mira cómo he acabado. Alquilando a las  putas del barrio las habitaciones de mi casa.

_ No le he preguntado nada…

_ Es para que lo sepas, simplemente.-Añadió la mujer frunciendo el ceño- Pero ahora ya me da igual. Porque en esta guerra la decencia es precisamente lo que todo el mundo ha perdido.

_ Ya le he dicho que no le he preguntado nada…-Reiteró Marujita negando con la cabeza.

_ ¿Sabes qué…?- Siguió la mujer

La joven volvió a negar con un gesto.

_ Que aunque nunca volvamos a encontrar a las personas a las que buscamos, siempre nos queda algo de ellas. Yo perdí a mis dos hijos en esta guerra y sin embargo, es como si estuviesen aquí conmigo.

_ Lo siento mucho-Respondió Marujita al tiempo que observaba  la mirada de aquella mujer, inmersa en un mar de dolor.

_ Ahora resulta que los vencedores lo sentís…

_ Usted qué sabe de mí…También soy una vencida, en todos los aspectos.

_ ¡Quién lo diría! -Le contestó la mujer mirándola de arriba abajo.

_ Estoy acostumbrada a que quienes no me conocen siempre se equivoquen sobre mi…Pero gracias por dejarme entrar en la casa de Anita…

_ Ya te lo he dicho…-Le contestó la mujer seguido de un suspiro- Siempre acabamos encontrando algo de aquellos a los que hemos perdido y supongo que a eso has venido.

_ Supongo  que sí…-Reconoció Marujita  con tristeza.

_ No te engañes a ti misma, mujer, viniste porque sabías que no la encontrarías. A veces hacemos las cosas   completamente seguros de lo que vamos a encontrar, pero siempre con la esperanza de que todo sea diferente.

_ Yo no esperaba nada de lo que me ha contado, como tampoco muchas otras cosas que me llevan ocurriendo últimamente.-Dijo Marujita.

_ Esto es lo que nos ha tocado, niña.

_ Sí… Lo que nos ha tocado y no lo que hemos elegido, señora.

La mujer le acarició la cara.

_ Algo me   dice que si a alguien le hubiese gustado a Anita  ver abrir y  pasar a través de la puerta de su casa, es a ti…-Repuso la mujer volviendo a sacar los dos billetes del bolsillo del mandil y entregándoselos.

_ Quédeselo…-Rechazó la joven empujándole la mano a la mujer- Supongo que le harán falta.

_ Si tú  supieses las cosas que me han hecho falta en esta vida y las que me van a seguir haciendo  de aquí en adelante…

Marujita cerró el puño apretando aquella llave y mirando a  esa mujer con sus humedecidos saltones ojos verdes. Dibujó  una sonrisa forzada al tiempo que el corazón  gritaba  a voces su pena.

Tras dejar a aquella mujer, casera de putas por una hora, entró  en la casa de Anita. Y aunque un invasivo olor a cerrado imperaba en ella, cierta alegría se haría hueco en su espíritu. Es como si estuviese sintiendo de nuevo la presencia de su amiga. Entró en una de las habitaciones. Al lado de la cama estaba el retrato de Anita. Sonrió nostálgica. Después se acercó a un escritorio, situado contra la ventana. Había sobre él un diario y una pluma estilográfica. Lo abrió al azar. Leyó.

18 de febrero de 1936,

Querido diario,

                                       ¡Se ha confirmado la victoria del Frente Popular! Dios mío, no sabes tú bien la fiesta que hicimos en la escuela. Marujita trajo sidra y una enorme tarta de manzana y también la vitrola. ¡Qué bien que nos los pasamos! Las compañeras de la escuela estaban muy felices.Sí, nosotras, “¡ Las Maestras de la República!”. Bailamos tangos y nos reímos mucho. Marujita fue la reina  de la fiesta y  no paraba de gritar, “¡Viva la República, viva el Frente Popular, viva el President Companys!” Estábamos todas casi borrachas. Quién me iba a decir a mi que un día sería la mejor amiga de una chica rica y encima, que fuese maestra, como nosotras, maestra de la República.  Creo que recordaré este día durante toda mi vida”.

Marujita dibujó una sonrisa. Ese también había sido un día feliz para ella. Pasó algunas paginas y siguió leyendo :

19 de julio de 1936,

                         ¡Dios mío, querido diario! Los militares se han alzado contra la República. Cuando lo supimos, Marujita y yo estábamos en la playa de la Barceloneta. Sabíamos que algo iba a ocurrir, que estos cabrones no se iban a resignar a perder sus privilegios. Hacía muchos días que habían rumores. Marujita sigue siendo la misma mujer valiente y optimista de siempre y me dijo : “ Tranquila, amiga, esos fascistas no van a poder con nosotros”. Yo también lo espero, pero me queda la duda sobre lo que se nos avecina. Me da miedo ni siquiera pensarlo…

La joven arrugó la frente y después de encender un cigarrillo, continuó con las páginas siguientes hasta llegar casi a la mitad del cuaderno.

20 de septiembre de 1937

-“Hola, mi querido diario”… -Había escrito Anita–  Pocas novedades tengo que contarte hoy. A no ser que los bombardeos están intensificándose cada día más. Ya me he acostumbrado al sonido de las sirenas y cuando no las oigo, siempre pienso que van a estallar de un momento a otro. Por lo menos, ya no me hacen el efecto de antes, cuando me aterrorizaban. Es extraño cómo las personas nos vamos  adaptando a las circunstancias y haciendo que la muerte ya no nos sorprenda ni asuste, sobre todo al tenerla al lado nuestro todos los días. Cuando veo todo esto, pienso que los amigos que murieron en el frente gozaron de suerte. De alguna manera, me consuela saber que no tienen que ser  testigos de toda la crueldad y  maldad humana que nos rodea.

Marujita prosiguió con aquel diario de Anita. Se detuvo en otra pagina.

3  de marzo de 1938,

Aunque te parezca mentira, mi querido diario -Escribiría Anita- Estoy siendo muy feliz. ¡Colaboro, junto a Marujita, en la construcción de refugios anti-aéreos! La Generalitat ha iniciado los trabajos. Parece ser que los sótanos del metro se han quedado muy pequeños. Somos muchas las mujeres  que participamos. Cargamos con tierra, cemento y ladrillo como cualquier hombre. Aunque tengo que reconocer que tengo el lomo partido. Hoy, por ejemplo, estoy completamente reventada… ¡Pero llena de orgullo! Sí, diario, estoy orgullosa de contribuir a salvar a este país y a mi gente de esos malditos fascistas. También Marujita, que es la que se revela más “hombre” entre todas nosotras. Sus padres han oído a Burgos, a la zona “Nacional”, pero se ha negado a seguirles. Siempre dice lo mismo : “ Esta es mi causa y no me voy a ir, ni abandonar a los míos”.

En algunas de las paginas siguientes, Anita contaba cosas sin importancia y que Marujita ya conocía. Pero se volvió a detener después de unas cuantas  hojas, donde su amiga la mencionaba de  nuevo.

4 de junio de 1938:

Acabo de volver del Hospital Clínic. Marujita está bien. Pobrecilla. Durante el último bombardeo y cuando nos estábamos metiendo en los refugios, alguien tropezó en las escaleras, supongo que dominado por el pánico.  Cayó empujando a los que estaban delante suyo.Una avalancha de gente se derrumbó a su vez sobre Marujita. Dicen los médicos que se salvó de milagro.Eso sí,  la pobrecilla ha sufrido una grave lesión en la pierna. Por lo que me ha dicho un médico, nunca jamás volverá a andar normalmente. Va a necesitar un bastón. El otro día me dijo que sentía la pierna como si fuese la de una muñeca de trapo. Pobre Marujita. Yo no tengo el valor para decírselo, para anunciarle que se quedará coja de por vida.

Bajó la vista y recordó aquellos días en el hospital. No hacía falta que ni Anita ni los médicos le dijesen nada. Ya sabía que algo iba a cambiar para siempre en su vida. Fue pasando páginas :

16 de junio de 1938

           Marujita sigue hospitalizada, pero me han dicho los médicos que pronto le darán el alta, supongo también que porque el hospital está escaso de camas y les hace falta para nuestros hombres, entre los que  abundan los heridos y mutilados.  Marujita ya sabe lo de su pierna, pero hemos evitado hablar de ello.Me dijo que, si quería, podríamos ir a vivir  al palacete de sus padres, en la Bonnanova. Oyó decir que la aviación enemiga evita de cebarse sobre los barrios ricos, porque saben que allí están los simpatizantes de los “Nacionales”. Prefieren arrojar  sus bombas en el centro- ciudad y también  en los barrios pobres, como el mío, el barrio Chino. Malditos fascistas, que creen que la vida de un ser humano vale más que la de otro. No digo que no me gustaría ir a vivir con Marujita, sobre todo porque hoy debe necesitarme más que nunca. Pero no me veo abandonado este pequeño piso, el que heredé de mi padre y que compró con el sudor de su frente. Nunca olvidaré lo que siempre me decía : “ Anita, quiero que recuerdes constantemente una cosa, que más vale una pequeña casa tuya, que una gran casa de los demás”. Creo que tenía razón.      

 Marujita pasó algunas paginas más. Vio otra vez su nombre en la escritura de Anita.

20 de septiembre de 1938,

    He estado con Marujita. No sé si se acostumbrará a ese bastón.Por lo demás,  me da la impresión que se ha establecido una especie de pacto de silencio entre nosotras. Las dos sabemos que la República va a perder la guerra, pero no lo mencionamos. Los silencios son a menudo más terribles que las palabras. Nunca me pensé que podríamos ser derrotados y  sin embargo, mucho me temo que así va a ser. A veces, ni siquiera la voluntad, por muy grande que sea, puede nada contra los acontecimientos que están escritos. Ignoro cómo vamos a poder afrontar los nuevos tiempos que se avecinan. Pero creo que deberíamos hacerle  caso al Presidente Azaña, cuando dice que, el mayor mérito  de la vida, es asumir con grandeza la fuerza de nuestro destino, incluso cuando se revela cruel e inmerecido.  

Marujita dirigió la mirada hacia el retrato de su amiga y sonrió, como si le estuviese dando la razón. Continuó leyendo. Era la única manera de volver a estar con ella, con su querida Anita…

 31 de octubre de 1938,

                Querido diario,

                    Los “Nacionales” están acechando. Dicen que no tardarán en entrar en Barcelona. La aviación enemiga lanza paquetes de comida sobre la ciudad. Es verdad que nos estamos muriendo de hambre. Conseguí recoger algo. Lo siento, mi querido diario, pero los gruñidos de mi estómago destruían la fuerza  de mis convicciones…

Marujita se frotó la frente. Qué raro, Anita nunca le había hablado de su hambre. Encendió otro cigarrillo. Quedaban pocas paginas. Parecía que estaba llegando el momento de separarse de ella.

20 de noviembre…

 Tengo que contarte un secreto, diario mío –Escribiría por fin Anita– No sé qué pensaría Marujita, pero yo creo que todas las experiencias en la vida merecen la pena, por grotescas e insólitas que puedan resultarnos.  Mi vecina, esa que te conté que tiene a sus dos hijos en el frente, se ha puesto a alquilar las habitaciones de su casa a las putas del barrio, donde traen a sus clientes.  No quiere que nadie lo sepa y ahora, hasta  soy su cómplice. Cuando las chicas van a su casa, tienen que dar una contraseña. ¡ Y menuda! Han de decir, “Soy amiga de Anita” y entonces ya se entiende a lo que vienen.  A decir verdad, tengo que reconocer que me divierte que se diga que todas las putas de la calle Barberà son amigas de Anita.                                       

 Habiendo acabado de leer el párrafo, Marujita dio una prolongada carcajada y tras recordar la grotesca situación con la que se había encontrado de frente al decir esa misma frase a la mujer de negro. Anita siempre le había hecho reír con su mirada irónica e irreverente sobre la vida. Desde allí donde estuviese, lo estaba volviendo a hacer. Provocarle la sonrisa en los labios. Marujita intentó pasar más paginas, pero estaban todas en blanco. Cogió la pluma estilográfica y se acarició la mejilla con ella. Sentía las manos de Anita. Después de unos instantes, se fue de allí, pero antes agarró el diario y lo apretó contra su pecho. Era lo único que le quedaba de su amiga, además del recuerdo,  que también era algo que nadie le podría quitar. Al salir, dirigió una última mirada a todo aquel pequeño piso  y sonrió nostálgica. Pensó  que los lugares solo adquirían  importancia a través de las gentes que los habían habitado.

Al salir del edificio, topo de nuevo con la prostituta y el soldado con los que se había cruzado en las escaleras. Discutían sobre el precio del servicio prestado. De repente, ella recibió una tremenda bofetada. Marujita se volvió, mirando después a la joven, de cuyas narices emanaba un hilo de sangre. “ Te piensas, maldita zorra, que los Rojos te van a pagar mejor que yo”, le oyó decir al soldado. Este le dirigió una mirada criminal. “ ¿Y tú qué miras, puta? ¡A lo tuyo! ¿O quieres que hable con tu chulo?” dijo señalando con el mentón el Mercedes 260. Marujita no contestó y fue hacia el coche. Al entrar en él, su hermano Gregorio le observó con reproche y arrancó. Cuando doblaban la esquina, dijo :

_ ¿ Puedo saber a qué clase de gente has estado frecuentando durante la guerra? Que sea la última vez que me haces venir a un sitio como este- terminó con un bramido.

Marujita respiró hondo. Respetaba a su hermano, pero tenía que decirle lo que pensaba.

_ Claro, vosotros ya tenéis vuestros propios burdeles.

Gregorio la miró por el rabillo del ojo y añadió :

_ Supongo que puesto que me has hecho venir aquí, algo habrás averiguado.

Su hermana torció el gesto.

_ Anita murió algunos días antes de que entrasen los “Nacionales” – le informó con pesar.

Gregorio no contestó. La suerte de esa Roja no le interesaba.Permanecieron en silencio el resto de lo recorrido.

Al rodear la Plaza de España, Marujita dirigió la vista hacia el Castillo de Montjuich y después hacia el Palacio de Proyecciones, donde había estado el Centro de Abastos. Ya nada era lo que había sido. Gregorio rompió el mutismo.

_ Has de olvidarte del pasado, Marujita- Dijo poniendo la mano sobre el dorso de la de su hermana.

_ No lo pienso hacer, Gregorio, no tengo intención de arrancar ni una sola pagina de mi  vida. –Le contestó al tiempo que fruncía la frente.

Su hermano hizo un gesto malhumorado y golpeó el volante.

_ ¿ Pero cuándo te vas a dar cuenta de lo que está ocurriendo, Marujita?- Dijo apretando los dientes.- Deberías saber que he tenido que remover cielo y tierra para que tu nombre desaparezca de los ficheros. Hablar con el obispo, con algunas relaciones que tengo en la Falange y hasta con el propio Gobernador Civil. Voy a deber muchos favores y los que me los hicieron no van a privarse de cobrárselos.

_ Gracias, hermano, por tu generosidad. No esperaba menos- Ironizó Marujita con la mirada en el vacío.

_ Lo que tienes que hacer, de aquí en adelante, es asegurarte un matrimonio y ser una mujer decente. Volver al orden y convertirte en lo que te corresponde, en lo que nuestros padres y yo mismo siempre hemos esperado de ti. Todos estos años no han sido otra cosa que un paréntesis que, te repito, has de olvidar.

Marujita  pestañeó.

_ ¿ Y quién te crees que va querer casase conmigo?- Preguntó burlona.

Gregorio lanzó la vista hacia la pierna coja de su hermana.

_ Cualquier hombre que se vea vinculado a una familia con nuestra cuna y apellido, será capaz de olvidarse que se ha casado con una lisiada.

Esas palabras retumbaron en los oídos de  Marujita con más fuerza que todas las bombas que habían caído sobre Barcelona a lo largo de la guerra.

_ Puede que esté lisiada- Contestó transcurridos unos instantes-Pero no más que este país. Si algo tengo en común con él, es que no nos repondremos en la vida de nuestras heridas.

_ No tienes remedio, Marujita…- Dijo crispado su hermano.- Después de tanto tiempo enseñando a los demás, deberías tú también acostumbrarte a aprender. Aprender a mantenerte callada. Te aseguro que, en caso contrario, no podré hacer más nada por ti.

Gregorio apartó la vista del asfalto torciendo la cabeza hacia su hermana. Le daba la impresión de que Marujita no había escuchado ni una sola palabra. Parecía ausente y lo estaba. Al tiempo que acariciaba el diario de Anita que se había llevado consigo y tenía sobre el regazo, recordaba a su amiga y también aquella conversación con su vecina. En ese momento, soltó una carcajada que sorprendió al hombre. Este reaccionó enfurecido.

_ ¿ Ahora de qué te ríes?- le Dijo- Te puedo asegurar que la situación no está para reírse de nada, ni de nadie. Menos todavía de la gente que hoy tiene el poder en este país.

_ Aunque quisiese explicártelo, creo que no lo entenderías…- Le contestó  nostálgica.

Miró a través de la ventanilla. Estaban atravesando la Diagonal, rumbo a la Bonnanova. Lejos quedaba la calle Barberà, a la que sin duda nunca más volvería, a no ser mediante el recuerdo. En esos momentos, se alegró de haber sido una de las “amigas de Anita”.

Con esta historia, solo quiero recordar que todo es trágico-cómico en nuestra existencia y que detrás de la tristeza, siempre está la sombra de la sonrisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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HISTORIAS TRÁGICO-CÓMICAS DE LA POSGUERRA ESPAÑOLA

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Si algo me llena de curiosidad y placer al oído, son las historias orales, las de las gentes anónimas que vivieron la época de la  guerra y posguerra española. Es decir, los testimonios que hunden sus raíces en las memorias individuales. Todos nosotros, sobre todo los que ya empezamos a tener una cierta edad y vivimos nuestra infancia, adolescencia o juventud en los años de la Transición, tuvimos ocasión de oír contar muchos episodios personales sobre la guerra y posguerra, que nos narraban sobre todo nuestros mayores, los verdaderos guardianes del pasado y correa de transmisión de la memoria a las nuevas generaciones. Mi padre, que hoy es octogenario y que tenía seis años cuando estalló la guerra civil, también fue un “contador” de esas historias.

Los que tenemos nuestra “culturilla” histórica sabemos de qué manera el franquismo se mostró bajo su rostro más cruel en las zonas rurales. No fue una excepción en  Galicia, sobre todo  la del  interior, la de los pequeños pueblos. Desde luego, ese “enanoíde” fascista, del que se cumplen cuarenta y un años de su muerte, no tuvo piedad ni con las gentes de su propia tierra. Mi padre es precisamente gallego, nacido en un pequeño pueblo  de la provincia de Ourense, fronterizo con la de León. Por eso su identidad es una especie de mestizaje entre gallego y castellano-leonés. En aquel pueblo de mi padre, solo mandaban tres hombres : Don Ricardo, el cura,que con su sotana negra y cara de mala persona, encarnaba lo peor del nacional-catolicismo; Don Toñito,el alcalde, que además era el dueño de las canteras de pizarra, donde tenía a sus esclavos y por supuesto, el cabo de la Guardia Civil. Después, claro, estaban los “señalados”, los “¡¡Rojos!! o los sospechosos de serlo.

Contaba mi padre que había dos hombres  buscados con saña  por la Guardia Civil  después de haber organizado una protesta en las minas  de Don Toñito y eso a raíz de las condiciones lamentables de trabajo a las que eran sometidos.  Resulta que, huyendo de los tricornios, aquellos dos hombres atravesaron el cementerio del pueblo y se dispersaron para confundir a la pareja de la Benemérita. Uno de ellos, según mi padre, de nombre, Adón, quiso ocultarse en una fosa vacía. Al intentar introducirse en ella, de repente, oyó una voz que parecía venir de ultratumba : ” ¡Ven, ven, estoy aquí!” El pobre hombre casi sufrió un infarto, corriendo por patas camino arriba sin parar, aterrorizado ante esa voz venida del más allá. Estuvo varios días escondido, hasta que fue descubierto y detenido. Por supuesto, explicó lo de esa voz entre sus allegados, que a su vez lo difundieron entre quienes les quisiesen escuchar. Y así, no fue difícil que naciese la leyenda, sobre todo  en una tierra como la gallega rural de entonces,  tan dada a las supercherías : el cementerio del pueblo estaba maldito y allí moraban almas en pena.

Muchos años después,  Adón e Hipólito, (su compañero de lucha en las minas),  se reencontraron  durante un caluroso mes de agosto. La aldea ya no era lo que había sido, ni la gente tampoco. Transcurrían  finales  de los 60 y ya había una gasolinera y un hostal para forasteros y en él, hasta una sala de baile donde se pinchaba música moderna de la ciudad. Al dueño  lo conocían como  “El cachapo”, que en realidad se llamaba Gónzalo. Era el que de verdad le había dado vida al pueblo. En ese mismo hostal y   entre cervezas y juego de cartas, surgió entre Adón e Hipólito, la leyenda del cementerio como tema de conversación y eso con motivo  del sepelio de un vecino. Hipólito estaba viviendo en Francia, donde trabajaba en la Renault ,  encontrándose en esos instantes  de vacaciones en el pueblo.  Los dos amigos entraron en discusión sobre esa estupidez acerca de almas en pena que había tenido al pueblo en vilo en  tiempos en la posguerra. ” ¡¡Todo mentira!!” , dijo el cosmopolita y moderno operario de la Renault. Su viejo amigo, Adón, le rebatió el argumento y  dijo : ¿”Te acuerdas de aquella vez que nos escapamos de la Guardia Civil y que nos metimos en el cementerio?” . ” Claro que sí, qué jóvenes que éramos…”, le contestó Hipólito, sin entender muy bien a cuento de que venía ese episodio. Adón se explica : ” Pues mira, me intenté esconder en una fosa y te juro que oí a un muerto que me decía eso, ” ¡Ven, Ven, estoy aquí!”. “Yo me lo creo…porque lo viví, aunque esas cosas no sabría explicar por qué pasan, pero pasan. Y mira que yo, la iglesia, ya le pueden dar por el culo”– Añadió Adón.  Hipólito  soltó una carcajada que desconcertó a su amigo. ” Pero, imbécil, si era yo, avisándote que también estaba ahí escondido”,  le soltó. Adón no salía de su asombro.

Desde aquella noche en el cementerio, en el invierto de 1945, nunca se habían vuelto a ver. El de la Renault había logrado escaparse a Ponferrada, pasar por León y Burgos, llegar a Irún y desde allí, cruzar la frontera hacia Francia a través de no se sabe qué artimañas. Adón, en cambio, se había quedado en el pueblo y pasado algún tiempo en una cárcel de Montforte de Lomos, convencido casi durante toda su vida de que, a pesar de que no fuese demasiado creyente, los muertos podían hablar. No pudo resistirse de decirle lo que pensaba a su antiguo compañero de lucha : ” ¡¡ Me cago en la madre que te parió!!”. Al oír la conversación, toda la sala  entera se destornillaba de risa.

Adón se había forjado en el pueblo reputación de hombre valiente, casi el único en ser capaz de plantarle  cara a la caciquil familia de Don Toñito y al inquisidor de Don Ricardo. Era una especie de héroe, con un nutrido periplo penitenciario y el cuerpo molido a palos en más de una ocasión. Claro está,  las revelaciones de Hipólito en el hostal, a oídos de todos, hicieron caer el “mito”.  El pobre Adón se convirtió en el hazme reír de todo el pueblo y pasó de ser ese héroe que había sido para muchos mineros, a convertirse en un hombre “acojonado” y “cagado por las patas abajo” ante un supuesto fantasma que ni siquiera era real.

Mi padre siempre contaba esa historia.  Nosotros nos reíamos al oírla. Al recordar aquello, solo puedo llegar a una conclusión en torno a la condición humana : que todo hombre, incluso el más  valiente del mundo, ( y  Adón era uno de ellos vive perseguido por la sombra de sus propios miedos.  Pero sobre todo, hoy, me doy cuenta de que, detrás de los dramas individuales y colectivos de la guerra y la posguerra, también había un  lado gracioso. Supongo que fueron esas anécdotas las que hicieron más llevaderos los duros años del franquismo. En efecto, nuestra historia política y social, es una auténtica tragicomedia.

 

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HONORABLE PRESENTE, TENEBROSO PASADO : UNA CARTA ABIERTA A LORENZO SILVA SOBRE LA GUARDIA CIVIL

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Abro facebook y uno de los primeros muros con los que me encuentro es con el de Claudio Cerdán, donde figura una extensa, completa e interesante entrevista del autor con Lorenzo Silva en la revista digital Zenda y esto con motivo de la celebración del festival Getafe Negro. Entre los muchos temas que son abordados en la entrevista está, como no podía ser menos, el personaje de Rubén Bevilacquia y  la cuestión de la Guardia Civil como institución histórica y actual.

Debo reconocer mi enorme deuda con Lorenzo Silva,dado que fue  después de la lectura de ” La marca del meridiano”, ( Planeta, 2014)  y  de las propias y anteriores entregas de la serie, que embrionó mi  pasión por el género negro y policial  y los autores de nueva generación. Los cuales me llevaron a la lectura o relectura de los clásicos, ( españoles y extranjeros), que si no eran del todo desconocidos para mi, nunca me habían atraído demasiado hasta la fecha. Si bien, también debo reconocer que me invadió un cierto desconcierto ante la lectura del titular y encabezamiento de la conversación entre Silva y Cerdán : “Lorca dio una visión siniestra e injusta de la Guardia Civil”, dicta el mismo.

Tengo que decir no soy un devoto del poeta granadino y que la constante manipulación de su figura y los homenajes más o menos repetitivos y agobiantes que se le suelen brindar como figura icónica de la generación del 27 en particular y de la intelectualidad republicana en general, tienden más bien a crisparme. Por lo tanto, no es en defensa del poeta que pretendo  escribir este post, sino de una verdad histórica que Lorenzo Silva no percibe siempre en toda su claridad, por lo menos en lo que hace referencia a la institución de la Guardia Civil.  Y es que Silva parece fusionar y confundir el presente y pasado de la Benemérita, estableciendo una continuidad en el tiempo de ideales y valores en principio encarnados por el propio personaje de Bevilacquia. Vayamos por partes.

El personaje de Rubén Bevilacquia me resultó sumamente magnético, en especial por su humanidad y cultura.  Si bien, siempre me quedó una duda: saber si reflejaba el sistema de valores de la vieja institución o si simplemente plasmaba los ideales políticos, sociales, éticos y morales del autor que lo había creado.La pregunta era pertinente a la vista de los imaginarios colectivos y las ideas establecidas en torno a la Guardia Civil. El temperamento apático, autoritario y despótico de este Cuerpo militarizado  y los propios  chistes sobre el lado paleto e  incultillo de sus miembros  es de profundo arraigo social.

No me gustan los estereotipos y sería absurdo pensar que el nivel formativo de los miembros de este Cuerpo militar no se ha elevado de forma sustancial. No sé si hay   muchos “Bevilacquias” en la Guardia Civil que lean a  Platón   o que se hagan cabalas sobre la condición humana después de ojear a Hannah Arenth.  Pero sí deberíamos reconocer que, al igual que  en otros Cuerpos, como la Policía Nacional, Autonómica o Local, el nivel formativo y cultural de los componentes suele situarse en grados intermedios que desmitifican al Guardia Civil sin luces y semi-analfabeto. Lo cual hace que el personaje de Bevilacquia no esté del todo huérfano de verosimilitud y eso más allá del obligado grado de fantasía que comporta, en coherencia, dicho sea de paso, con la magia de lo literario y ficcional.

La cuestión política e ideológica es otro interesante ámbito de reflexión. Bevilacquia es en principio un hombre de centro-izquierda, sensible ante el respeto por los derechos civiles y de una gran rectitud en relación a la legalidad de los protocolos de actuación. No existe tampoco ningún motivo para pensar que Rubén no mantiene una mínima relación con la realidad de este Cuerpo. Apunto esto porque nunca hubo algo que más me desconcertarse que el asesinato de Guardias Civiles en Euskadi por parte de una banda fascista como E.T.A, segando la vida de hombres  de reciente incorporación al Cuerpo, jóvenes, votantes socialistas y por edad, sin ningún vinculo generacional con el franquismo y su conglomerado ideológico. Lo que demuestra hasta que punto los mitos, tan propios del delirante discurso nacionalista, pueden  llegar a justificar las peores aberraciones. Sin olvidar la obscenidad de aquellos energúmenos que protestaron por la muerte de terroristas, al tiempo que hacían mutis en torno a la desgracia personal y familiar que E.T.A sembró   en los cuarteles sujeto de su atentado.

Hoy en día la Guardia Civil juega un papel importante en la ayuda humanitaria y en misiones internacionales, sin olvidar su función determinante en la investigación de los casos de corrupción, de los que el entramado de la “Púnica” es uno de los ejemplos más chillones. Habría que precisar que el actual Director General de la Guardia Civil, Férnndez de Mesa, es un hombre ideológicamente adscrito a la extrema-derecha y conocido por sus creencias religiosas católicas de corte fundamentalista ( por si alguien  cree que eso es un monopolio del Islam ). Sin embargo, las  recientes investigaciones sobre casos de corrupción han demostrado la exquisita independencia del Cuerpo de la Guardia Civil frente a las presiones políticas. A ese respecto, sería  de mentes huecas no reconocer que estamos frente a una institución de lo más respetable y con un honroso presente, que ha sabido evolucionar, sobre todo a través de un profundo reemplazo generacional y  mostrándose fiel a los valores de una sociedad democrática. Y eso hay que celebrarlo. No hay nada que objetar, por lo tanto, a que Lorenzo Silva reivindique precisamente esa “honorabilidad” democrática de la institución e incluso le otorgue una expresión ficcional a través del personaje de Bevilacquia.

Otra cosa bien diferentes es que se confunda la parte con el todo y que Lorenzo Silva mire el ayer de una institución ( o sea, su lado más tenebroso) bajo el prisma del presente (es decir, desde la realidad de su amplia y actual democratización). Lo que conduce a distorsionar la realidad y faltar a la verdad de la Memoria Histórica.

La figura institucional de la Guardia Civil es un producto de las revoluciones liberales  de la primera mitad del Siglo XIX y su  nacimiento fue a la par de la modernización del Estado, tanto en lo que hace referencia a la administración civil como a la organización militar. Caricatura de la conocida “Gendarmerie” francesa, se trató de un Cuerpo vinculado a la consolidación del Estado-Nación, más o menos fallido en el caso de nuestro país, como lo demuestran los eternos litigios territoriales y la difícil “nacionalización” de la sociedad. Sus orígenes históricos “liberales” no impidieron que se fuese poco a poco convirtiendo  en un Cuerpo adscrito a los peores valores castrenses, para convertirse progresivamente en el brazo de los sectores dominantes. Dentro las borrosas fronteras entre el poder civil y el poder militar que dominaron la historia política y social española, la Guardia Civil desempeño el papel más oscuro, simbolizando los valores de una tradición contra-revolucionaria y antidemocrática. Inútil detenerse en la función que ejerció en el régimen de la Restauración, durante la dictadura de Primo de Rivera e incluso en la etapa del Bienio Negro de la Segunda República. Su connotación política e ideológica a lo largo de la dictadura franquista merecería un largo examen que desbordan las posibilidades de esta web.

Pese a la evidencia histórica, Lorenzo Silva sigue confundiendo la parte con el todo y esto bajo argumentos que merecen comentario. El Caballo de Troya de Silva es que, en tanto que institución, el cuerpo de la Guardia Civil nunca se reveló homogéneo y menos durante los años 30, más en concreto, con motivo de los acontecimientos del 18 de Julio. Ilustra su argumento con hechos tangibles y comprobados. Por ejemplo, la división del Cuerpo frente al Alzamiento  y la lealtad, en Barcelona y otras partes de España, a la Segunda República. La premisa es sólida y esa misma división es extensible a otros ámbitos castrenses : la marina y la aviación permanecieron fieles a la legalidad democrática durante la Guerra Civil. Si las tesis de Silva no son en absoluto falaces, en cambio sí que incurren en un gran error. Es decir, convertir  la anécdota en un hecho general y generalizable.Visto así y según él, el franquismo y el papel ejercido por la Guardia Civil como brazo represor de un Estado autoritario  solo sería una accidentalidad histórica. Esto cuando la realidad informa de que la “excepción” ( o sea la lealtad de un sector minoritario de la Benemérita al Estado democrático), no hizo otra cosa que confirmar la “regla” ( es decir, la vocación, primero contra-revolucionaria y después, claramente fascista, de la venerable institución militar).

Estimado Lorenzo Silva. Siempre te he considerado un escritor ponderado y equitativo respecto a tus pronunciamientos y reflexiones sobre los acontecimientos actuales y pretéritos, en especial los de alta connotación histórica como es el caso, en efecto, de la Segunda República, la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista. De hecho, no han dejado de indignarme las acusaciones vertidas contra ti, con motivo de tu supuesta equidistancia respecto a tu mirada sobre los hechos del 36. Los más vehementes han ido hasta tildarte de “revisionista”, no sin cierta ligereza y mala fe. Acaso habría que recordar que el revisionismo histórico o pseudohistórico en torno a las causas de la Guerra Civil Española responde a una contra-ofensiva ideológica  políticamente impresentable, que ha pretendido otorgar una fuente de justificación al alzamiento del 18 de Julio contra un gobierno legitimo y un régimen democrático. Postulados que me resulta difícil localizar en tus diversos posicionamientos sobre el llamado drama de España.

Es en base a lo dicho que, en cambio, me resulta sorprende y de una chillona incoherencia, que pretendas otorgarle honorabilidad al pasado de una institución que, como la Guardia Civil, lastra con un periplo harto tenebroso. Cosa que, por justicia y sobre todo, respecto hacia las victimas del franquismo, no estaría mal reconocer. Lo contrario es faltar a la Memoria Histórica.

Siempre he pensado que las faltas del pasado pueden ser perdonadas con las enmiendas del presente. Negar el pasado autoritario, reaccionario y fascistoíde de la Guardia Civil tiene el efecto  perverso de desvalorizar lo que es, precisamente, el gran mérito actual de la Benemérita : su capacidad de renovación ideológica y su indiscutible proceso de democratización. El respeto social que suscita hoy dicho Cuerpo tiene su origen en la rectificación histórica que ha sabido llevar a cabo dicha institución militar. Después del 23-F se dijo con razón que Tejero era el último vestigio del siglo XIX, un hombre del pasado que nada tenía que ver con la nueva realidad de la Guardia Civil. Es decir, de una institución cambiante, política y generacionalmente. Flaco favor le haríamos a la verdad si no reconociésemos , aunque solo sea por una cuestión de honestidad intelectual, que la Guardia tiene dos caras : la honorabilidad de su presente y la tenebrosidad de su pasado. Me quedo con lo primero, porque la salud de una sociedad democrática depende del respeto que inspiren sus instituciones, pero es de equivalente honestidad y pertinencia no olvidar lo segundo. Aunque solo sea por ser fiel al dicho : ” Todo pueblo que olvida su historia, se condena a repetirla”.

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PEPE CARVALHO : UN ANTI-HÉROE EN LA “FICCIÓN HISTÓRICO-POLÍTICA” DE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN.

Carvalho

 

He oído decir muchas veces  que el Marlowe español es sin duda Pepe Carvalho. Las comparaciones siempre me han parecido odiosas, más todavía cuando se hace tabula rasa de los contextos históricos en los que se mueven las  distintas figuras ficcionales y que no siempre son equivalentes  desde un punto de vista social como cultural. Este “comparativismo intuitivo” que, claro está, no hay que confundir con el “Comparativismo” “serio” como subdisciplina de la teoría y hermenéutica literaria “académica”, alberga el mal añadido de que tiende a desvirtuar a los personajes  y hacer que pierdan “inteligibilidad” propia. Y la “inteligibilización” del perfil de Carvalho solo es posible desde nuestra  realidad española y catalana y  esto porque es un producto de la misma.

Particularmente, la imagen del detective Carvalho con la que más me quedé, sobre todo allá por los años 80, fue encarnada en Eusebio Poncela, a través de la plomiza serie que emitía TV1 en aquella época y dirigida por el argentino Adolfo Aristariain.  Supongo que el relativo rechazo que me generaba aquel fastidioso producto televisivo condicionó en mucho mi mirada .  Eusebio Poncela fue uno de los mejores actores de la Transición, que aceptó  interpretar uno de los peores papeles televisivos de su vida y a través del que distorsionó por completo el personaje que se suponía que tenía que simbolizar. Cuenta la leyenda que el contrato de Vázquez Montalbán con el Ente Público  vino ayudado por las horas bajas y los apuros económicos que atravesaba el autor, dejándolo sin margen de maniobra frente a los criterios de productores, directores y guionistas. Esa misma leyenda acaba con la publicación de ” Asesinato en Prado  del Rey” (1987) y que según se narra, fue la forma que tuvo   Vázquez Montalbán de tomar su revancha.Tuvieron que pasar los años y caer en mis manos las primeras novelas del escritor barcelonés para confirmar que aquella serie era una auténtica birria, después de vaciar al personaje de todos sus matices y convertirlo en una burda y caricaturesca aproximación a la criatura de Vázquez Montalbán.

Chivite

 

Más allá de todo ello,  lo que sí llama la atención  fue la habilidad  del escritor para inventar una figura como Carvalho, que sin embargo  las malas lenguas vinculaban a una simple   clonación de su propia personalidad. Visto así,  el autor barcelonés habría estado en lo meramente auto-ficcional  o en la ficción verídica, faltando al esfuerzo de imaginación y creatividad literaria exigida a todo escritor que reivindicase ese apelativo. No fueron pocos los que  se  preguntaron  si Pepe Carvalho hacía función de camuflaje, de mascara  de su propio  padre o si en realidad  tenía vida propia y una biografía que contar más allá de su creador.  Esa era al menos la hipótesis que planteó en su momento  Manuel Blanco Chivite  con su obra  Carvalho, un detective de ficción ( Ediciones Vosa, 2007) un libro corto, pero profundo y sesudo, que tuve ocasión de rescatar en los cementerios de la biblioteca de Granollers.

Apuntaba Andreu Martin precisamente en el prologo al libro de Blanco Chivite, que él nunca había creído en los personajes detectivescos, porque en realidad carecían de verosimilitud y existencia propia, dado que sus experiencias eran inconexas y sin pasado.  Según el “Maìtre à pensée” del “Noir” español, si algún personaje de ficción hacía excepción, era Carvalho. Y es que Vázquez Montalbán había sabido a través de las veinte novelas que constituyeron la serie, describir la evolución y los cambios personales y existenciales de un personaje que adquiría humanidad a través de las metamorfosis de su  periplo. La verdadera cuestión está en saber si, como lo apuntan los más malintencionados, los diferentes perfiles y estados anímicos que irá adquiriendo el personaje, no eran en realidad el espejo de la propia evolución vital de su creador, del personaje “paralelo”, como  lo llamará Blanco Chivite en referencia a Vázquez Montalbán.

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De origen gallego, Pepe Carvalho es un hijo de la posguerra, de los vencidos y del exilio, como el propio padre de Vázquez Montalbán. Milita en el Partido Comunista y se casa con Muriel, una compañera de partido de ideas ortodoxas. Las desavenencias con su mujer vienen condicionadas por los factores ideológicos, que Muriel lleva hasta lo ridículo y patético, al considerar que el placer sexual y la belleza femenina son un producto “pequeño burgués” del sistema capitalista. La delirante  personalidad de su pareja  les acaba llevando a la ruptura.

           Alejado de la sombra de Muriel, Carvalho irá evolucionando en coherencia con sus posturas heterodoxas y actitud crítica respecto al desmanes  estalinista del PSUC.  Su gran amigo por aquel entonces es Cerdán, un compañero de partido con el que discrepa constantemente y que resulta una caricatura ficcional del emblemático filosofo y teórico marxista, Manuel Sacristán.  Pero por la vida de Carvalho también irán circulando otros personajes como Biscuter, un quinqui que conoce en la cárcel y con el que va adentrándose en las artes gastronómicas. Carvalho  es hasta entonces un hombre rodeado por  Rojos y chorizos. Al salir de la cárcel,  dará un paso más en su evolución y se cruzará en su camino Wonderful, el agente de la CIA  a través del que entrará en el servicio de espionaje norteamericano. Un cambio de rumbo de Carvalho que quedó ilustrado en ” Yo maté a Kennedy”. (1972.) Después de la CIA  vendrá Bromuro, el limpiabotas que ejerce de confidente y el personaje de Sánchez Bolin, un escritor gordo que parece caricaturizar al propio Vázquez Montalbán y que plasmó en obras como “El balneario” (2002). La memoria urbana de Barcelona, en especial la de las Ramblas y de Vallvidrera está siempre presente en las diversas etapas vitales de Carvalho y que en realidad no deja de ser esa misma ciudad condal que está en los recuerdos de juventud del autor.

Kenndy

Durante la Transición Carvalho es ya un hombre cínico, ascéptico, apolítico, decepcionado, que  no cree en nada y termina por convertirse en un detective que cobra por sus servicios y desconfía del Estado, al que considera una organización mafiosa.  Un hombre solitario, sin otra relación sentimental que la que mantiene con Charo, una prostituta de lujo, cuando Muriel ya ha pasado al olvido para siempre y mientras sigue torturado por la muerte de Laura, una amante de clase alta cuyo asesinato le obsesiona. Para entonces, Carvalho es  un hombre preocupado por la vejez y unos años que le van devorando. Es el momento en el   personaje de Vázquez Montalbán ya había alcanzado fama y reconocimiento en el extranjero, sobre  todo gracias a “Los mares del sur” (1979), al ser galardonada con el Prix International de Roman Policier y con el propio Premio Planeta.

los mares del sur

El Pepe Carvalho de los 80 es sin duda el más interesante, por lo mucho que atestigua de toda una época. Políticamente, nunca ha creído en el ilusionismo generado por la figura de Felipe González y por eso vota a los comunistas en 1982, aunque sin demasiado entusiasmo y convencido que el PCE  va directo a su perdición. No es  una anécdota  el hecho mismo de que Vázquez Montalbán dimitiese aquel mismo año del Comité Central del PSUC. “Asesinato en el Comité Central” (1983). fue una de las mejores ficcionalizaciones literarias de los entresijos del comunismo español, la guerra entre clanes y facciones y la definitiva descomposición del gran artífice del antifranquismo.  El propio  ensayo político de Vázquez Montalbán, ” El optimismo de la razón” ( Planeta, 1988), dedicado a Rafael Ribó, reflejó la fidelidad  al PSUC, que después se convirtió en Iniciativa per Catalunya. El escritor reafirmaba así su heterodoxia frente a aquellos que consideraban que aquel niño pijo de la alta burguesía catalana resultaba demasiado insulso e incoloro en comparación a figuras míticas como Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri o dirigentes históricos como Gregorio López Raimundo. Vázquez Montalbán  tampoco creía en el dirigente socialista Felipe González, ni  menos todavía en el pujolismo, aunque algunos años antes se hubiese opuesto con firmeza al Manifiesto de los 2300 lanzado por gente como Federico Jiménez Losantos y Amando de Miguel, las futuras estrellas de la caverna mediática que se habían dedicado a atizar la polémica sobre la cuestión lingüística   No cabe duda  que Vázquez Montalbán   trasladó al personaje de Carvalho su propia incredulidad ante  el ilusionismo del PSOE.

Comité central

En mi adolescencia y primera juventud, cuando un servidor era militante de las Juventudes Socialistas, los constantes torpedos de Vázquez Montalbán contra el guerra-felipismo  solían desconcertarme, sobre todo a la vista de la hipnosis que aquel líder carismático ejercía en todos nosotros. Felipe González acabó defraudando a la sociedad española, convirtiéndose en el cerebro del terrorismo de Estado,  el amigote de multimillonarios y el cómplice de la extrema-derecha venezuelana anti-chavista.  No es descabellado afirmar hoy que el tiempo terminó por darle la razón a Vázquez Montalbán. Sobre la biografía política del escritor barcelonés abundan un buen numero de artículos y trabajos, pero merece la pena señalar, por ejemplo, la obra de Mari Paz Balibrea, En la tierra baldía ( El Viejo Topo, 1999), un ensayo que recorre la evolución política e intelectual del escritor desde las decepciones que generaron los acontecimientos del Mayo del 68 o la propia edición de  Francesc Salgado , Manuel Vázquez Montalbán. Obra periodística ( 1960-1973) ( Debate, 2010). 

postmodernidad

La última etapa de Carvalho fue la de la Barcelona olímpica del 92 y su agotamiento es el puro reflejo del que está sufriendo entonces su creador. Hay unanimidad en reconocer que Vázquez Montalbán vivió su último tramo de vida presionado por los compromisos contractuales con el sello Planeta, pero zarandeado por una creatividad mermada que le llevaban a la repetición y el autoplagio. En efecto, El laberinto griego (2005) y Sabotaje olímpico (2001)  fueron sin duda su obras menos logradas y más repetitivas.  Pero lo que está claro es que había una relación inter-subjetiva y complementaria entre Vázquez Montalbán y su personaje, donde las fronteras entre la realidad y la ficción, la verdad y la mentira terminaron tornándose borrosas. Carvalho fue, en efecto,  un anti-héroe  en medio una ficción verídica sobre la realidad histórico-política que le tocó vivir a Vázquez Montalbán.

 

laberinto

 

La auto-ficción está a menudo denostada, olvidándose que no mantiene una forzosa riña con la calidad literaria y que la subjetividad personal del escritor siempre se filtra en cualquier historia inventada, por grandioso que sea el imaginario fantasioso de la obra. Otra cosa bien diferente es que  las historias autoficcionales no tengan otro estatuto que el de instrumentos  de auto-terapia o  auto-ayuda. De éstas  abundan hasta la saciedad y de ello dejan un buen ejemplo los  policías metidos a escritores y dedicados a la auto-apología o lo que es peor, a la apología de la ideología policial, en base a tramas insustanciales en el espíritu  de la “literatura de entretenimiento” más barata. Una tendencia que sin embargo hay de distinguir y no confundir con lo que fue la labor de Vázquez Montalbán, dado que la auto-ficcionalidad a la que se prestó el creador de Carvalho no despojaba sus historias de un lado magnético : el compromiso político y social con su  propio tiempo. En ese sentido, es muy difícil desvincular el cínico personaje de Carvalho de las ilusiones y decepciones que vivió la propia generación de Vázquez Montalbán.  Como nos lo recordaron Javier Sánchez Zapatero y Alex Martin Escribà, Carvalho   fue  el ojo crítico a través del que Vázquez Montalbán vertebró una mirada desencantada sobre la realidad circundante y ello en base a una postura contra-cultural y un realismo social de un profundo escepticismo.  A través de él, su creador hizo sobre todo una crónica de toda una etapa de la historia política y social española, de los sueños que se forjaron durante la posguerra y el antifranquismo y de las enormes desilusiones que trajo la Transición y Post-Transición. Así lo apuntó al menos el propio Vázquez Montalbán :

” Mi vida no tiene mucho interés- decía- Ha sido más historia que vida hasta los setenta y desde entonces, es más literatura que vida”.

Desde luego, Vázquez Montalbán no era un nostálgico, porque consideraba que la nostalgia era la que impedía tener una mirada serena y lucida sobre el pasado.   El prestigioso estudioso del género negro y policial español, José Colmeiro  en su compilación, ” Manuel Vázquez Montalbán,el compromiso con la memoria (Contributors, 2007), apuntó cómo  Carvalho   se convirtió en el instrumento mediante el cual  Vázquez Montalbán se erigió, efectivamente, en un “fabulador del ayer”. Quizás sea ese el gran mérito del personaje de Carvalho, recordarnos el sentido de la “memoria”, que es a lo que nos estamos acostumbrando a perder en los tiempos actuales y en un clima de derrota del pensamiento y de la utopía.

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EL LUGAR DEL PASADO Y EL PRESENTE EN EL IMAGINARIO LITERARIO “NOIR” : CARTA DIALÓGICA A ANNA MARIA VILLALONGA,PACO GÓMEZ ESCRIBANO, LlUÍS BOSCH Y OTROS…

pasado

 

Esta semana reseñé en Bearn Black el último libro de Paco Gómez Escribano, ” Manguis”(2016), publicado por el sello vasco Erein y que aborda un periodo bien determinado de la historia política española, (el tardofranquismo) y un contexto social harto localizado e identificado, como es el de los ambientes marginales y delictivos del Madrid de la periferia, así como la realidad de un mundo policial pretérito atrapado entre el cambio y el inmovilismo,  la legalidad y la ilegalidad. Lo que  narrativamente es conocido como, Hardboiled. En el marco de esa misma reseña y de los pocos, pero interesantes comentarios que pude recibir, están los de Anna Maria Villalonga , la respuesta del  propio autor de la novela comentada, Paco Gómez Escribano y la aportación de Lluís Bosch. De ahí lo bienvenidos que son para mi los comentarios de los tres autores,de diferente perfil intelectual e inquietudes literarias, pero  por los que tengo equivalente respeto y simpatía Si bien, me gustaría abordar una cuestión fundamental que dominó la intervención de todos ellos :  la configuración espacio-temporal y el proceso de contextualización histórica dentro de la narrativa “ Noir”.

                Anna Maria Villalonga posteó su posición en torno a la presencia del pasado en el género Noir y esto desde una bien conocida y reivindicada mirada crítica sobre las corrientes del hardboiled y el tratamiento narrativo, en su opinión, excesivo, de la marginalidad social.Según Villalonga, los diversos periodos pretéritos de la historia social y política española después de la Guerra Civil, se revelan objeto de una sobresaturación y  obstaculiza una mayor mirada sobre el presente por parte del “Noir”. El argumento de Villalonga tiene su grado de pertinencia, pero también destila una cierta reserva en algunos aspectos. Vayamos en ese sentido, por partes.

En los 80 y 90 nuestro país conoció una avalancha de tradición narrativa y producción cinematográfica sobre la Guerra y la posguerra, por cierto, de una casi unánime calidad literaria y artística, pero que en cambio terminó siendo víctima de  su propio éxito, a causa de la   manía castiza que tenemos en nuestro país de tirar de la cuerda hasta los extremos cuando un tema se pone en vogue. Después de algunos años de silencio sobre el guerracivilismo dentro de la literatura literaria o de “expresión”, hemos comprobado que el tema fue parcialmente retomado por la novela de género. En el ámbito del “Noir” hemos visto cómo han sido abarcados  estos periodos históricos de forma renovada y menos panfletaria que la llamada literatura “culta”, sobre todo de la mano de autores como Víctor del Árbol, Juan Laborda, Felix Modroño, Juan Ramón Biedma, Carlos Erice o Edmundo Díaz Conde. Es difícil decir que  son autores que no hayan sabido tratar de cuestiones universales relacionados con la condición humana que reencontramos en el presente.

Durante mi reciente participación en el XII Congreso de Novela y Cine Negro de Salamanca, celebrado entre el 3 y 6 de mayo, reivindiqué a través de una ponencia, justamente sobre Víctor del Árbol, la híbridad entre el género negro y el género histórico. Mi argumento esencial era que lo “histórico” podía ayudar al “Noir”, no solo a reafirmar su originaria vocación social, sino a ampliar el horizonte de la crítica al proceso civilizatorio. Autores como el propio Víctor del Árbol o Felix Modroño, han articulado estructuras narrativas basadas en la combinación de diversos periodos, en el que el presente se torna huérfano de inteligibilidad sin la propia proyección del pasado. Lo que se aplica al ámbito individual, se hace extensible al colectivo.    Con lo dicho, la cuestión fundamental, no está tanto en si debemos relegar el pasado como objeto de configuración contextual dentro de la narrativa “Noir”, sino si somos capaces de renovar nuestras miradas sobre él. En un país como el nuestro, en el que tenemos una relación tan complicada con la “Memoria Histórica” y en el que determinados  y sospechosos sectores ideológicos pretenden hundirnos en la amnesia colectiva sobre la catástrofe histórica que fue la experiencia del franquismo,  renunciar al pasado como instrumento de tratamiento narrativo es poco menos que un suicidio.

La propia Transición exige una nueva mirada, sobre todo teniendo en cuenta las claudicaciones a las que llevó y el mal intencionado objetivo de algunas corrientes de la clase política en convertir la virtud pública del “consenso” en un instrumento ideológico contra cualquier cambio social.  De ahí la originalidad de obras como las de Elena Torres Girbau, que tuvo a bien de recordarnos las muchas arbitrariedades y mentiras que caracterizaron el inmediato post-franquismo, combinando presente y pasado en la estructura narrativa de su obra. La joven Mireia Llinars, desde un también original híbrido narrativo entre género negro, histórico y fantástico, ha sabido  brindarnos una excelente crítica  contra  las injusticias  y esto desde un enfoque que partía del presente.

A pesar de las reservas que pueda suscitarme el hardboiled y que ya he tenido ocasión de exponer en otros momentos y contextos, sigo insistiendo en que el gran mérito de la obra de Paco Gómez Escribano estriba en recordarnos un periodo determinado de la dictadura franquista, pero sobre todo también, la perpetuidad histórica de ciertas formas de exclusión y marginalidad que, ciertamente, hoy se manifiestan bajo nuevos rostros, pero que nos interpelan sobre un progreso de la sociedad que sigue dejando a la cuneta a muchos individuos. Su denuncia, es uno de los objetivos del “Noir”.

Lluís Bosch, apoyándose en una tesis de James Ellroy se muestra crítico respecto al excesivo tratamiento del presente en la novela negra y que según él, impide  tener una perspectiva más allá de la crónica. Es cierto que la inmediatez del acontecimiento y las visceralidades que pueda suscitar, desvirtualiza una eventual mirada crítica sobre él. La distancia sereniza los espíritus y ayuda a situar los hechos en su justo contexto histórico. Queda por saber qué pensaremos y cómo miraremos este periodo infernal nuestro de la crisis de lo político, la degradación de las instituciones, la desestructuración social y el capitalismo salvaje, por ejemplo, dentro de cincuenta años.  Con esto no quiero decir que los autores no sean capaces de tener una mirada crítica sobre el presente, pero es obvio que no son mayoritarios, al menos en España. Y de ahí el debate sobre si algunas novelas tienen una verdadera vocación “Noir” cuando en realidad se limitan a ser meras ideologías policiales que esquivan cualquier crítica social en nombre de la “buena literatura de entretenimiento”. Acaso habría que recordar que cuando hablamos de novelas de “actualidad”, el término ya resulta sospechoso por lo hueco que se revela.

Los tres argumentos desplegados por los autores reseñados gozan de su fuerza y debilidad a la vez. Mi tesis fundamental, sin embargo, es que no hay pasado que no tenga consecuencias en el presente, ni presente que no encuentre inteligibilidad en el propio pasado. De ahí mi reivindicación de la combinación de los periodos históricos y cronológicos, porque es a través de esa noria en el que el ayer y el hoy se van turnando alternativamente, que pueden comprenderse muchas conductas humanas y realidades sociales. Lo de verdad relevante, es que las estructuras narrativas sean capaces de tener una actitud denunciante sobre el uno como sobre el otro y por lo tanto, sobre el conjunto del proceso civilizatorio en su evolución histórica.

 

 

 

 

 

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VÍCTOR DEL ÁRBOL : “El PESO DE LOS MUERTOS” FUE MI MANERA DE ESCRIBIRME A MÍ MISMO SOBRE MI PASADO Y EL DE MI FAMILIA “

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Premio Nadal 2016 por la obra ” La víspera de casi todo”, ( Destino,2016)  Del Árbol es hoy  un escritor consolidado pero con un periplo escabroso en sus primeros momentos  y una primera obra ninguneada a pesar de haber sido galardonada, El peso de los muertos ( Castalia,2006.)  Una novela que  embrionó , sin embargo, buena parte de su trayectoria posterior y asentó las bases de lo que serán  las grandes  problemáticas de las obras más exitosas de Víctor del Árbol, entre otras, su magistral ” Un millón de gotas”.  Olvidada a pesar de su enorme importancia para la comprensión del conjunto de la producción de Del Árbol, la editorial Alrevés   reeditará El peso de los muertos el próximo mes de junio. Es precisamente sobre esa preciosa y hoy, diez años después, rescatada obra, que conversamos a lo largo de esta entrevista.

Siempre has explicado que empezaste a escribir siendo adolescente. ¿ Qué es lo que separa esa relación  que tenías con la escritura de la que tienes hoy, a parte del evidente y lógico paso del tiempo  y de la madurez que estos proporcionan?

En lo básico se mantiene la misma relación, que se sostiene sobre todo en la curiosidad y en la posibilidad de introspección que la escritura concede. El ejercicio de lentitud permite la reflexión, el cuestionamiento. Esa mirada de cierta incredulidad ante lo que llamamos “normalidad” no ha variado con los años. Ha crecido. Atrás quedan los resabios, la necesidad de demostrar para pasar a un mostrar cada vez más incierto, menos admonitorio cuanto más segura es la voz narrativa. Poco a poco los ripios van dejando paso a una lucidez mayor.

¿Tenías esa visión idealizada del mundo intelectual y literario que todos hemos tenido siempre y que, evidentemente, se va disolviendo a medida que nos vamos acercando a él?

La idealización positivista de que el intelecto, la ciencia y la lógica, pueden resolver los problemas de un mundo planteado como dilema a resolver han dejado paso a ese posmodernismo atravesado de cierta decepción. De repente, las hipótesis ya no se resuelven y las preguntas no tienen respuesta. Eso no significa que la idea no sea válida, como sería injusto decir que la palabra no basta. La idea de que la inteligencia es evolución (y no involución) la sigo manteniendo, del mismo modo que sigo creyendo que la palabra aúna todas nuestras incapacidades de concebir toda realidad pero sigue siendo el instrumento más válido para explicarnos, paradójicamente.

¿Ser escritor y más todavía, ser escritor de éxito, te obliga siempre ha adquirir un perfil “fáustico”, a vender tu alma al diablo?

No hay alma que se vea obligada a convertirse en Fausto. Los diablos que la pretenden son conocibles y reconocibles. Y los perfiles, siempre son una parte de la apariencia, nunca la evidencia y mucho menos la certeza. Uno aprende a preservar su intimidad, también en lo literario, sin hacer concesiones a ese súper “Yo” que otros se arrogan el derecho de impostar.

¿ Qué sensación te da ver hoy reeditada tu primera obra, El peso de los muertos, que a pesar de haber sido galardonada con el Premio Tiflos, pasó en su momento sin penas ni glorias y que incluso te llevó por un tiempo a desistir de escribir más nada?

La sensación calmosa que siente la tierra cuando una semilla termina germinando. El Peso de los muertos es para mí una declaración de intenciones, imperfecta desde luego, pero veraz, donde ya están los elementos básicos que se desarrollarán después.

¿ Has superado esa relación renegada e incluso litigiosa que tuviste durante mucho tiempo con tu primera obra?

El tiempo todo lo cura, y aprendes a poner las cosas en su sitio. Fue una primera experiencia, y como todas las primeras veces se fueron por delante algunas ilusiones. Pero fue una experiencia única, me dio la oportunidad de saberme escritor y me ayudó a perseverar. En lo literario, creo que me ayudó a fijar una estructura narrativa, un tono y una visión.

Supongo que el paso del tiempo y la madurez en tu relación con la escritura, siempre te hace lanzar una mirada crítica hacia una primera obra. ¿ Cómo sería “El peso de los muertos” si hoy tuvieses que reescribirla?

Menos visceral, formalmente más sencilla. Pero en esencia, respetaría la trama y la caracterización de los personajes.

¿ Hoy, que ya has dejado atrás tus difíciles primeros pasos como escritor, cómo concibes esa obra, como el verdadero embrión de toda tu producción literaria o como el símbolo de una etapa de tu carrera que ya consideras revoluta ?

Sin duda como un embrión, por lo que te comentaba antes. Aparece ya aquí el interés por la Historia y la necesidad de canalizarla a través de historias personales. Ya concebía que la única manera de dar credibilidad a los grandes sucesos es a través de las emociones más íntimas.

En “El peso de los muertos” eliges  dos contextos históricos que vas combinando narrativa y cronológicamente : la posguerra y la Transición ¿  Qué es lo que atraía de esos dos periodos?

La posguerra no es solo la etapa que va desde el final de la guerra hasta el final de la autarquía económica. Es sobre todo un proceso de “reeducación” llevada a cabo por los vencedores donde el propósito es desmantelar cualquier logro de la República, y aún más allá, asegurar que no se volvería a producir un hecho similar. La única manera de lograrlo no es la victoria militar, sino cambiar la sociedad, convencerla de que el Movimiento es la única solución y de que Franco es realmente Caudillo por la gracia de Dios. En cuarenta años, se pretende volver a España franquista. Para ello se incide en la educación, en la cultura, en la ideología, en la economía y el la reescritura de la Historia.

Por supuesto que hay elementos disidentes, todo Totalitarismo es imperfecto.   Pero hasta la llegada del primer gobierno formado en su mayor parte por ministros del Opus Dei es realmente minoritario entre una sociedad desmovilizada políticamente y atemorizada, cuando no convencida. La muerte de Franco y los sucesos que la preceden, como el atentado a Carrero Blanco, los Juicios de Burgos, los asesinatos de Atocha, las manifestaciones represaliadas en Barcelona o en Guipuzcua , ponen ante el mundo la evidencia de que el último Dictador emergido en el período de Guerras no lo ha dejado todo atado y bien atado. Son dos momentos claves para entender la dicotomía que nunca a dejado de lacerar este país. Hoy se sigue usando ese discurso frontista, se siguen invocado agravios del pasado, se ningunea la Memoria Colectiva, en aras a un futuro que, por lo que vemos, nunca acaba de llegar.

Siempre has dicho que perteneces a la generación de la desmemoria y el silencio. ¿ ¿Tu primera obra era una manera de romper con esos avatares?

Era una manera de escribirme a mí mismo sobre mi propio pasado, el de mi familia, el de mis abuelos. He dicho a menudo que todo pasado es relato, bien pues yo necesitaba hilvanar el mío para que me resultaran comprensibles ciertas lagunas.

En una ocasión me dijiste que el 23-F del 81 despertó precisamente en ti el interés por el pasado más reciente de nuestro país. ¿ Hoy, que han pasado treinta años desde el “tejerazo”, cómo percibes aquellos acontecimientos?

Tenemos la perniciosa tendencia a minusvalorar el verdadero peso de aquella intentona, ridiculizando los hechos hasta convertirlos en poco meno que una bravatta a cuenta de un grupo de descontentos y arribistas, una locura que jamás hubiera tenido éxito. Pero eso no es cierto, creo que la joven democracia española nunca estuvo más cerca de una involución que en aquel momento.  Pienso que no se estudia con la suficiente seriedad en los programas escolares, ni siquiera en los ámbitos universitarios. Y no es que sea una pena; es que es terriblemente peligroso.

¿ Nuestros sistemas de apropiación del pasado siempre son coyunturales, circunstanciales, generacionales, emocionales, si me apuras?

Son la única manera que tenemos de entender el pasado. Desde la subjetividad. El pasado no son solo los hechos, es sobre todo el modo de interpretarlos y de contarlos. Cada generación necesita sus anclajes culturales, sus referentes éticos y sus valores identitarios. La instrumentalización del pasado justificativo es la trampa amable en la que caen los que solo buscan argumentos a favor y coartadas.

En “El peso de los muertos”, tu protagonista es una mujer con una adolescencia tormentosa y con una visión idealizada de su padre, un militante antifranquista, pero del que va descubriendo ciertas verdades. Un tema que vuelve a estar presente en Un millón de gotas, referente a un militante comunista, Elias. ¿ Cuando escribiste “Un millón de gotas”, quisiste rescatar algo que quizás se había quedado pendiente, en el tintero, precisamente en tu primera obra?

No exactamente, pero pervive esa idea del falso héroe, de la construcción de la identidad a partir de elementos exógenos a la propia identidad. Descartes ya afirmaba que sin los otros no existe el yo. Y Nietzsche eleva esa ideal del Ídolo hasta exacerbación. Pervive en mi intención demostrar que los héroes solo lo son en la medida que alguien los eleva al pedestal porque resultan útiles. Y sobre todo porque, viniendo del pasado no pueden morder la mano que los eleva a los altares. La dimensión humana del héroe no interesa, solo su caracterización como hombre mesías, como guía, como referente o salvador. La imperfección no puede ser aceptada en el discurso mitológico.

¿ Por qué esa constante desmitificación de la figura del padre en todas tus novelas y que siempre viene a resultar un ser ruin, mezquino, de una enorme bajeza humana y rodeado por la mentira?

No comparto todos esos adjetivos, a menos que se les añadan los opuestos. Porque si no es así, el contraste es imposible. Se necesita de los opuestos para llegar a un cierto equilibrio, a una cierta forma de verdad. Por otra parte, la desmitificación del padre es el proceso natural que transitamos todos desde la infancia a la edad adulta. El padre es en una sociedad patriarcal el pater familias, el líder que provee, infalible y protector. El niño lo asume de ese modo inconscientemente, heredero sin saberlo de su bagaje cultural. Luego nace en el niño el Yo, y entra en contradicción con esa autoridad impuesta por el linaje. Es algo puramente antropológico.

Veo que la violencia sexual y la vejación están presentes, no solo en tu primera obra, sino que han vuelco a colación en todas las demás…

La pregunta es ¿qué se pretende con ello? ¿Y por qué resulta eso más llamativo que las escenas que por contraste, una vez más, buscan el curar esas laceraciones? En una sociedad machista el uso de la violencia sexual y de la vejación es el modo explícito de control, de dominio. Si las mujeres protagonistas de mis novelas sufren esas torturas, no lo es menos que se resisten y luchan ferozmente. ¿La literatura no es acaso simbología? ¿De qué períodos hablamos, de qué contextos? Cualquier mujer de esa época, y me atrevo a decir, de hoy en día, sabe o sabido en algún momento lo que es la discriminación por razón de sexo, de género.  Y sabe lo que cuesta luchar contra ello.

Los personajes heridos, dolidos y a veces sin esperanza y ruidos por la pena y el remordimiento han dominado el grueso de tu producción literaria hasta el momento. Algunos dicen que incluso abusas del “sufrimiento” del ser humano como tema central. ¿ Por qué crees que los individuos siempre miran hacia otro lado cuando se les habla precisamente del sufrimiento y prefieren huir de las tramas literarias demasiado tormentosas?

No tengo una respuesta, porque básicamente no comparto esa afirmación. Plantear el punto de visto doloroso de la realidad frente a la visión hedonista de esa misma realidad no me parece desacertado. La literatura no se basa en la pornografía emocional, ni en  la exaltación gratuita de modelos sociales que solo conducen a la infelicidad de la frustración. La única manera de afrontar los problemas es asumir que esos problemas existen, y no hacerlo desde visiones de mero postureo ético.

¿Esta era nuestra del capitalismo salvaje y de la penalización y estigmatización de los “perdedores” están condicionando también nuestros hábitos de lectura?

Posiblemente buscamos en la ficción referentes idealizados que nos ayuden a sobrellevar esa imposibilidad de estar a la altura de los modelos de éxito que la sociedad de consumo crea.

Tanto en  “El peso de los muertos”, como posteriormente, en “La tristeza del Samurai”, hay dos mujeres de clase alta con un papel central, que llevan a la perdición a hombres atraídos y  fascinados por ellas. ¿ No te daba la impresión de que, a pesar de que siempre te has distanciado de los cánones del género negro, has tendido en cambio a reproducir ciertos esquemas simbólicos y representacionales, sobre todo en relación a  la erotizada  “femme fatale”?

El papel de la mujer fatal es maravillosamente perturbador. Creado por una sociedad evidentemente machista que reinventa el mito de Eva, dotándola de todas las cualidades de la perversión que condena la moral religiosa. Es uno de los clichés que mejor han funcionado en la literatura, desde la Ofelia de Shakespeare.

La arbitrariedad y el juego sucio del mundo policial, así como los pasillos oscuros del poder en la Transición están muy presente. Sin embargo, cuando escribiste “El peso de los muertos”, en España no se ponía tanto en cuestión la Transición como se está haciendo ahora. ¿ Pretendías por aquel entonces, quizás hablar de algo que todos callaban en nombre del requetepredicado “consenso”?

El silencio nunca es una opción a largo plazo. Es un poco la tesis que sustenta el título  de El peso de los muertos. No se trata de venganza, se trata de reconocimiento, de procesar momentos históricos en los que las generaciones presentes no tuvieron implicación pero sí sufren las consecuencias.

Durante la Transición, el franquismo dio muchos coletazos y que, por ejemplo, quedaron simbolizados colectivamente con el asesinato de los abogados de Atocha.  Dos de tus personajes en “El peso de los muertos”, viven de hecho las consecuencias de las arbitrariedades que todavía se cometían entonces. ¿ Hay una desmemoria sobre las últimas víctimas de la dictadura?

Creo que sí. Sobre todo en favor de esa tesis de no azuzar el avispero. Volveríamos al tema de los santos laicos, de la mistificación, pero lo cierto es que en este país hubo personas que fueron asesinadas por tener una visión social y política determinada. Entender quiénes eran esas personas, cuál era el contexto laboral, universitario, social, político nos ayudaría a tener una visión poliédrica, no dogmática, de aquellos años.

Me llamó la atención de que uno  de tus personajes,  un inspector de policía franquista, recuerda mucho al siniestro comisario de la Brigada Político-Social, Antonio González Pacheco, conocido como “Billy el niño” y hoy reclamado por la justifica argentina…

Y ya sabemos la respuesta que ha dado nuestro gobierno. Cuando se reformó el artículo del CP que hablaba de la persecución contra los delitos de lesa humanidad, se hizo una declaración de intenciones. Hoy, por ejemplo, no sería posible encausar a Pinochet.

¿ Todavía andan sueltos muchos “Billy el niño” en España?

Y quienes los utilizaron, ahora los apartan del foco y esperan pacientemente a que se mueran. La muerte es un buen analgésico contra el dolor de querer recordar.

Desde qué publicaste “El peso de los muertos”, el tema del abuso de poder y de unos individuos condenados a veces a volverse los cómplices de sus propios torturadores son muy centrales en el conjunto de tu obra. ¿La fuerza del poder es tal, como para que a veces no se disciernen con  claridad las fronteras entre el verdugo y la víctima, la maldad del poder alimenta también en nosotros otro “pequeño verdugo”?

La naturaleza del poder es el tema central de la literatura. Casi me atrevería a decir que es el tema central del arte. El poder siempre quiso patrocinar el arte y al artista porque es una manera de controlarlo y dirigirlo hacia un decálogo que le resulte útil. Incluso la disidencia y la apariencia de democracia pueden ser, y de facto son, dirigidas por el Poder, siempre que sea controlable. Pero si el arte es arte, entonces es ruptura, cambio, cuestionamiento, alejamiento de las esferas de influencia económica. Todo sistema necesita cómplices y voluntades para funcionar. Y en los resquicios de la mezquindad existen multitud de candidatos y paniaguados.

A parte de la particular experiencia histórica del estalinismo y del nazismo, hemos visto las dictaduras militares en América Latina y en Europa la experiencia atroz de los proyectos de limpieza étnica en los Balcanes. ¿ El siglo XX ha sido, ya no el siglo de los totalitarismos como experiencia política históricamente bien localizada, sino también el de una mentalidad totalitaria, o en otros términos, el odio y la destrucción como valor cultural y mal civilizatorio?

La destrucción étnica es una constante en la historia de la humanidad, la uniformidad una vocación de quien controla en cada tiempo los resortes históricos. Los elementos económicos siempre han sido disfrazados de ideología, desde Asiria hasta las Guerras de religión. La diferencia es la capacidad destructiva, y un elemento multiplicador como la propaganda del terror. Ahora existe una clave que no existía en guerras pretéritas. Son públicas y publicadas en tiempo real, se convierten en material de desecho en los telediarios. El sufrimiento ajeno se ha vuelto banal.

¿La modernidad más acabada ha sido la barbarie más acabada también, cómo predicaba Adorno?

Ya hemos trascendido ese momento. Ahora ya ni siquiera nos sirve el culto al individuo por encima de lo colectivo. El narcisimo social, la vulgarización de los estándares de la Cultura, la parodia de los nuevos ideólogos, nos ha conducido a ese futuro previsto por Nietzsche, donde el hombre ha sido vencido por su propio ego, para emerger convertido en una criatura desamparada, sin Dios, sin modelos que trasciendan lo material. De modo que debemos afrontar el futuro reconstruyendo nuevos valores que, paradójicamente, vendrán a entroncar con valores pretéritos como el respeto al entorno, la valoración de la experiencia en la persona adulta, la inteligencia emocional.

¿ La literatura ha de ser siempre un compromiso contra el poder y la arbitrariedad?

En mi opinión, la literatura es ante todo una opción de libertad individual.

Decía Manchette que no había una Maldad Absoluta y que esta siempre era “histórica” y que adquiría diversas formas según cada circunstancia. ¿ Hoy, en el siglo XXI, en plena Era de la Información y de las grandes tecnologías, cuál es el rostro de esa “maldad humana” y de esa perversidad del poder?

Algo así decía Ortega y Gasset cuando hablaba del “hombre histórico” En mi opinión, la maldad del siglo XXI es la de siempre: la demagogia, la falsedad ideológica, de desmemoria y por encima de todas las maldades, la vacuidad.

 

 

 

 

 

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AMELIA NOGUERA : ” LA PERDICIÓN DEL SER HUMANO NO ESTÁ EN SUS EMOCIONES, SINO EN SU EGOISMO”

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Amelia Noguera es una escritora original y con un periplo nada clásico. Se forjó en el ámbito del libro digital y adquirió notoriedad en Amazon con varias novelas autoeditadas. Finalmente la descubrió Blanca Roca, de Ediciones Roca, y después la terminó fichando Random House, a través del sello Suma de letras. Escribiendo, Amelia Noguera es lo que coloquialmente se suele llamar “una máquina”. Reconoce que vive por la literatura y para la literatura. A parte de ser una gran escritora, es también una intelectual comprometida con su tiempo y a la que le gusta la conversación de altura sobre los grandes males de nuestro proceso civilizatorio. A lo largo de la entrevista hemos conversado sobre su trayectoria, su relación con la escritura y su propia forma de entender la literatura.

Tú empezaste auto-editándote en Amazon. ¿Eso de hacerse descubrir por los editores a través de este tipo de redes funciona de verdad o solo le ocurre a cuatro afortunadas como tú?

No lo sé, no existen estadísticas fiables sobre eso. Y yo incluso dudo de si habría llegado al mismo sitio o a otro parecido de haber seguido la vía más tradicional. Empiezo a estar convencida de que, si alguien persevera y cree en sí mismo lo suficiente, llega igualmente. La perseverancia puede requerir años o solo meses, según la suerte, los contactos o la calidad de tu trabajo, igual que si te autoeditas. Pero no hay reglas ni caminos prefijado.

¿Es merecida la mala reputación de la auto-edición y las criticas que cunden contra Amazon, la falta de filtro y la multitud de literatura “barata” y “amateur” que algunos dicen que impera en ese foro?

Complicada pregunta que me puede llevar a meterme en muchos líos. Pero seré sincera: Amazon está lleno de literatura amateur y barata porque nadie con criterio filtra, esto es una verdad de Perogrullo. Y eso solo beneficia a la mala literatura porque la buena encontrará otros medios para aflorar mientras que en los portales de autopublicación, cualquiera puede publicar, es muy obvio. Pero la cuestión importante es: ¿no tiene la mala literatura derecho a ser leída igual que la buena? Cada cual decide lo que quiere escribir y lo que quiere leer. Además, yo he publicado en Amazon, ahora he dejado de hacerlo y ya solo publicaré mis nuevas novelas con editoriales, pero son las mismas y las escribo con la misma exigencia. ¿Soy mala escritora por haberme autoeditado antes? Quizás podrías leer mis libros y responder por ti mismo a esta pregunta, sin considerar cómo conseguí que muchos me leyeran sino solo lo que escribo.

Algunos dicen que es preferible publicar con un sello independiente, aun a riesgo de tener que buscarte la vida en términos de promoción y visibilidad, que auto-editarte en cosas como Amazon, que siempre sembrara la duda sobre la verdadera calidad de tu obra. ¿Qué hay de cierto en una afirmación tan contundente?   

No creo en verdades absolutas más que en la ciencia, y con reservas. Quiero decir con eso que es difícil demostrar lo que me preguntas porque hay muchas experiencias distintas. La mía me hace pensar que existen muchos prejuicios contra quienes no hemos seguido la vía tradicional aunque a veces esa reticencia solo tiene fundamentos prácticos: es lógico que los editores, la crítica especializada y los escritores que están dentro del establishment renieguen de lo que puede minar su autoridad, los autores independientes pueden suponer un agujero en su línea de flotación, son una anomalía del sistema. Si publicas en Amazon, es muy probable que casi todos ellos te ignoren porque prefieran presuponer que haces mala literatura, dado que parten de la premisa de que no has encontrado un editor que te respalde y por eso lo que escribes no merecerá la pena. Ese es el discurso oficial al menos. Yo creo que la única verdad está en los libros. Mientras no los lees, no sabes si son buenos o malos. Y cada vez hay más gente que se acuerda de que Joyce empezó autoeditándose y mira dónde llegó.

Supongo que debe de ser difícil hacerse un hueco en los círculos literarios, normalmente dominados por tribus y “jefes de secta” y más todavía para alguien como tú, que empezaste con auto-edición…

Yo no estoy en ningún círculo literario, no doy el perfil. Lo único que me interesa de la literatura es la literatura. Pero la autoedición se cura en cuanto un editor se fija en ti. Al menos, ese fue el motivo de mi enfermedad: pretendía llegar a los editores a través de los lectores. ¿No me lo van a perdonar nunca? Con que a los lectores les dé lo mismo, que les da, me doy por muy satisfecha.

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Quisiera que nos centrásemos ahora un poco en tu producción literaria. El contexto histórico de “La marca de la luna” es el de los años 30, la Guerra Civil española y el ambiente de la Embajada española en Praga. Thriller, historia, política… Muy sorprendente como configuración. Incluso diría que hay un hibrido de géneros literarios. ¿Las novelas con “gancho” tienen su secreto ahí, en la hibrida?

La hibrida es inherente en mí. Salto de un pensamiento a otro con pasmosa facilidad. Mis novelas lo reflejan. Ninguna trata solo un tema. Pero creo que las novelas que enganchan lo hacen por su capacidad de reflejarnos a nosotros, los seres humanos; de algún modo son universales en lo específico que nos define. La hibridad podría ser una de nuestras características. ¿A quién le interesa una persona que sea como aparenta? Es aburrida en la vida y una estupidez en la literatura. ¿A quién le interesa una novela con un solo tema o hilo argumentativo? A mí me deja indiferente casi siempre.

Tu novela empieza en la India, más en concreto en la ciudad de Jaipur y en un ambiente dominado por las supercherías insertas en las tradiciones populares hindúes. ¿Supongo que eso te debió de exigir mucho trabajo de investigación y sumergirte en otras disciplinas ajenas al ámbito literario, como por ejemplo, la antropología cultural?

Sin duda, también en la historia cultural, la filosofía, la religión, la sociología. El trabajo de investigación de esa novela fue concienzudo y también apasionante. Tardé casi tres años en terminarla.

 Lila, la protagonista de la novela, es ella misma la narradora de la historia. ¿ El hecho de escribir en primera persona facilita la complicidad con el lector?

Generalmente, sí. Con la primera persona consigues que el autor quede fuera del texto y que el lector se crea mucho más lo que lee, incluso pueda ser cómplice  del protagonista, si este se deja. Aquí se deja y mucho. Era muy importante conseguir que el lector se creyera a Lila. Es una bruja hindú, no es fácil.

¿ Por qué eliges la figura de una mujer “bruja” ?

Esa elección me permitió meterme a investigar de lleno en el tema que a mí me interesaba. El germen de esta novela es un reportaje del National Geographic sobre una niña india de siete u ocho años a quien su marido, treinta años mayor que ella, revienta, literalmente, en la noche de bodas. Después la abandonó en las puertas del hospital y la niña terminó muriendo desangrada. Yo tengo una hija que entonces tenía esa edad. Lloré con ese reportaje y quise investigar más sobre una cultura que idolatra a la mujer en teoría pero que en la práctica la trata de esa forma. Ser occidental, de tradición cristiana y vivir en España no me lo ponía fácil. Enseguida puedes caer en el error de creerte el ombligo del mundo y mirar a los demás  subida en lo alto de una silla. Yo no quería eso, no quería juzgar de ningún modo, solo quería saber más sobre esa otra forma de vivir. Elegir una bruja hindú y que fuera una mujer me ponía en una situación privilegiada para ahondar en esa cultura tan diferente y maravillosa sin dar pie a que el eurocentrismo aflorara y usar para ello la mirada de alguien especial, que no podría ser nunca una india de verdad.

 El hecho de que Lila utilice sus poderes para el “bien” y no como un instrumento de venganza, rompe también el mito en torno a la brujería e incluso resulta hasta transgresor.¿ De dónde  te vino esa idea de “revertir” las representaciones tradicionales.

” La marca de la luna”  es una novela que puede considerarse de género, por eso, no buscas una interpretación de sus personajes ni de sus diversas subtramas o su argumento. Pero encierra una reflexión y un simbolismo explícitos sobre una cuestión que me apasiona y que se refleja en casi todas mis novelas: la predisposición del ser humano a hacer o no el mal. Huyendo del maniqueísmo que suele impregnar las novelas con malos muy malos y buenos buenísimos, planteé una novela en la que se mostraran personajes con esas dos inclinaciones y desarrollé su personalidad e ideé sus acciones para intentar comprender sus motivos. Las dos abuelas de Lila son personajes antagónicos, como lo son Luis Jiménez de Asúa y el y el embajador anterior en Praga al que sustituye cuando los rebeldes y los republicanos entran en guerra en España, aunque hay más ejemplos. Ante las mismas circunstancias, las personas, por algún motivo que nadie es capaz de precisar a pesar de la afinidad de reflexiones que se siguen haciendo sobre ello, reaccionan siguiendo o no lo que marca la legalidad, y son justas o tremendamente crueles. Lila solo es una representación más de un polo de ese antagonismo que revierte, como bien señalas, la norma y también lo es sí misma. Es una bruja, pero es una bruja que no puede, ni quiere, hacer el mal. De hecho, la maldición que inicia la novela es ya un símbolo de la esa contraposición : el hombre que la ame morirá.

En nuestro lenguaje coloquial, cuando tratamos a una mujer de “bruja” es para subrayar su lado perverso.Todo lo contrario de lo que ocurre con Lila. ¿ Qué pretendías, romper con un mito misógino?

Siempre. Si algo define en mi define en mi escritura es eso: el compromiso con las fracturas. Creo que la narrativa es un poderoso mecanismo para construir la realidad y me preocupa por eso. Los mitos son solo invenciones. Si encima son perversos e interesados como este, es un reto que me propongo superar en cada uno de mis trabajos.

¿ La literatura sigue reproduciendo los tópicos machistas?

Por supuesto. Cualquier forma de ficción reproduce las construcciones culturales y sociales y estás aún son machistas. Los tópicos lo son porque siguen insertos en nuestras representaciones mentales. Y la literatura es una de las invenciones más representativas  de lo que es el ser humano. Reproducimos y necesitamos los tópicos. O los reproducimos porque los necesitamos, no lo tengo claro. Pero si tengo clarísimo que el machismo impregna los cimientos de las sociedades, incluso de la nuestra, aunque hayamos mejorado mucho en las últimas décadas.

Las mujeres están muy presentes en el conjunto de tu producción literaria. ¿ Es un compromiso feminista?

A la fuerza, sí. Hablar de feminismo en estos momentos en los que tenemos tanto lío mental y espiritual puede ser contraproducente, pero para mí, sin duda,  es necesario pensar de forma feminista aunque solo sea para llegar a reivindicar una mujer  que no tenga que parecerse al hombre en nada, que pueda querer o no querer realizarse como persona laboralmente y tal vez prefiera otros modos de ser de un modo pleno, ni luchar por convertirse en un “dechado de virtudes y belleza” ni tampoco ser fuerte y vigorosa, ni luchar en ninguna guerra ni ser tierna y bondadosa, ni tener hijos o no tenerlos. En definitiva yo abogo por que las mujeres podamos hacer y ser lo que nos dé la real gana o al menos intentarlo. Por eso, sobre todo me considero humanista. Ese es mi compromiso, un compromiso con el ser humano. Pero las mujeres debemos tomar conciencia de nosotras mismas antes de ir más allá. Creo que aún seguimos muy perdidas, en laberintos con pasillos enredados de forma distinta de la de nuestras antepasadas, aunque igual de intrincados.

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En la otra de tus novelas más importantes, publicada precisamente por Random House, ” La pintora de estrellas”, abordas, por ejemplo, la cuestión de la violencia de género. ¿El mundo literario es receptivo ante estos temas?

El mundo literario es receptivo ante cualquier tema que llegue al lector. Y el lector es impredecible. Un bicho raro que ningún zoólogo podrá clasificar jamás. Así que el tema es tan apropiado como cualquier otro. Otra cuestión quizá más difícil de concretar sería si los lectores son receptivos a novelas que les hacen ver lo que no les gusta de sí o del mundo en el que viven. Y sí, creo que muchos sí lo somos. Además, la novela aborda también el tema del amor algunas de sus expresiones. Una novela sobre violencia de género exclusivamente dejaría fuera algo que siempre está presente en está lacra : casi siempre, la violencia de género es posible porque la mujer se enamora. Si no se enamorara, una mujer  no sufriría ese tipo concreto de dominio porque podría ser capaz de alejarse de su agresor, o al menos, de intentarlo. La violencia de género necesita del amor.

Visto así, ¿ qué me dices entonces de la novela romántica o de la novela “rosa”? La teoría literaria feminista siempre la puso en cuestión porque afirmaba que era un “dispositivo ideológico” sobre la dominación de género?

 Respeto profundamente al lector y su derecho a decidir lo que quiere leer. Dicho esto, creo firmemente que todo discurso contribuye a crear nuestra realidad. Nuestras creencias, nuestras convicciones, nuestra realidad se van elaborando con la contribución  de todos. Cuando escribes una novela en la que la única aspiración de la protagonista, que se suele considerar inferior, es enamorar a su amado, al que se suele considerar superior, estás abriendo las puertas a que ese discurso penetre aún más en la sociedad y se siga perpetuando. Ya sé que la mayor parte de las lectoras y las escritoras de novela rosa son inteligentísimas y disciernen la realidad de la ficción por completo y no van a pasar toda la vida buscando al príncipe azul, ni fregando para él cuando lo encuentran, pero me vale con que haya una sola niña  o joven que por culpa de ese relato mío se crea que esa es la vida ideal para no escribir ese tipo de literatura. En mis novelas hay asesinatos, crímenes horribles, maldades inimaginables, mágicas y reales, pero son asépticas en el sentido de que, por contraposición, en la novela rosa subyace una determinada ideología que no comparto y no deseo contribuir a difundirla de ningún modo. Y si en algún momento lo hago, será de forma inconsciente porque esa ideología a veces permea nuestra forma de concebir historias.

” La pintora de estrellas” es una novela muy diferente a la ” La marca de la luna”, quizás más realista, aunque sigues trabajando con contextos históricos bastantes similares. En este caso, la Segunda Guerra Mundial. ¿ Imagino que debió de ser difícil autonomizarte de Elisa, la protagonista de ” La pintora de estrellas”  y pasar al de Lila?  

” La pintora de estrellas” es mi segunda novela, “La marca de la luna” la siguió. Pero no me cuesta cambiar de personajes, para mi, están vivos y es como conocer a personas diferentes, pero que tú creas según te apetece o te conviene. Resulta apasionante siempre.

Elisa, la protagonista de “La pintora de estrellas”, es una pintora con talento que vive en París y se dedica a falsificar obras de arte para burlar el expolio nazi. El tema es bien conocido, pero supongo que esto te obligó a tirar de archivos y documentación , etc.

 Sí. Es una de las fases del proceso de escritura que más disfruto. Creo que una de las razones por las que escribo novelas es porque me permite aprender sobre infinidad de materias, por eso también  estudio el Grado de Humanidades. Requieren habilidades muy similares. Me muevo muy bien en la documentación y disfruto muchísimo investigando y trabajando entre libros, biografías, artículos, películas, archivos, etc.

La estructura narrativa trabaja con dos periodos históricos, el actual y el final de los 30 y primeros años 40. ¿ Fue complicado manejar esos dos contextos y sin correr el riesgo de confundir al lector?

Fue lo más difícil de toda la novela. Ideé la trama al milímetro para que el lector no se perdiera y además fuera avanzando en la historia de forma lineal a pesar de los saltos temporales. No solo hay una planificación minuciosa del tiempo cronológico de la novela en el presente y del tiempo del relato en el pasado, también de los diferentes estilos y registros de las tres voces narradoras, que sirven para eso, para que el lector sepa siempre dónde se encuentra, quién le cuenta la historia y en qué momento se desarrolla.

En la novela también hay un personaje con un profundo magnetismo, Diego, un hombre perseguido por la sombra del remordimiento y de la culpa y a raíz de un hecho que va a hacer que toda su vida esté rodeada por la mentira. ¿ Qué has querido darnos a entender, que el pasado siempre nos pide cuentas tarde o temprano? 

El pasado solo te rinde cuenta si te importa el presente. Y no siempre. Infinidad de dictadores murieron siendo ricos y respetados, habría millones de ejemplos de personas que tienen mucho que ocultar y que mueren sin que otros ni ellos mismos los juzguen. Sin embargo, cuando tienes conciencia y valores, tu pasado sí te pide explicaciones. Diego es un personaje muy contradictorio, uno de mis mejores personajes y su integridad es su losa. Demasiado para lo que hizo.

En “La pintora de estrellas”, un sentimiento de amor “platónico” está en el origen de una traición que tendrá consecuencias catastróficas y que determinará toda la trama. ¿Debo deducir entonces que nos quisiste interpelar sobre los peligros que encierran nuestras emociones y las bajezas humanas en las que podemos llegar a caer si solo nos guiamos por ellas?

No era mi intención. Aunque es una cuestión interesante. El amor platónico es otra forma más de amar pero este caso en particular es un amor mal llevado, egoísta y dañino. Las emociones son casi siempre minusvaloradas en comparación con la razón, tú mismo en la pregunta las pones a la altura de las bajezas humanas. Pero el amor no es pernicioso en sí mismo, puede serlo el modo en que actuamos si no somos capaces de controlar la frustración que nos produce no satisfacer nuestro deseo. No es la emoción lo que “nos pierde”, sino el egoísmo. Intuyo que muchas de esas bajezas en las que caemos a veces solo usan las emociones como excusa para actuar mal pero las responsables no son ellas. Somos nosotros mismos. Salvo enfermedad, siempre podríamos controlar nuestras reacciones si quisiéramos.

¿ El egoísmo está entonces en el origen de todos los males que ha conocido el siglo XX y no forzosamente en la maldad?

Disculpa el discurso, pero la pregunta tiene enjundia. He mencionado el egoísmo porque considero que el ser humano lleva todavía en sus genes la respuesta ancestral de los animales para sobrevivir. Su instinto de supervivencia le obliga, muchas veces, a pensar en sí mismo antes que en los demás. A eso le llamo yo egoísmo en este contexto. Tú antes que el otro, o una ausencia total de la capacidad de empatía: ese es el germen de la maldad humana, cuando no se produce por falta de conocimiento (no sabes que haces daño) o por enfermedad (naces siendo un psicópata). Por supuesto, no es una investigación metafísica sobre el mal y mi afirmación es una intuición, no una verdad sin fisuras. Pero tu pregunta es muy amplia, no sé si todos los males del siglo XX se basaron en el egoísmo; si nos centramos en los que más nos afectan, la Guerra Civil española y las dos grandes guerras mundiales, es probable. La nuestra fue una guerra motivada por un deseo de algunos de no perder lo que habían tenido durante siglos ante unos cambios que no les beneficiaban, y quizás a eso se le pueda llamar egoísmo. La IGM fue un conflicto que tiene tantas aristas que ni los historiadores se ponen de acuerdo en sus desencadenantes, pero los que se me ocurren no son altruistas en ningún caso: los nacionalismos exacerbados, el sentimiento de superioridad de casi todos los países europeos frente a los demás, los intereses de la industria armamentística, el ansia de nuevos mercados a costa de quitárselos a los otros, pues ya estaba todo el mundo prácticamente repartido. En la base de todos esos factores se halla un ansia por hacerse con lo que otros poseen y yo deseo. Y la IIGM también tiene unas causas muy complejas, pero quizás el germen fuera la intensa frustración de países como Alemania o Italia tras la IGM, que al primero le llevó a una fractura muy dolorosa por verse esclavo de los vencedores sin posibilidad de levantar cabeza y al segundo, a sentirse engañado por sus aliados y perjudicado en sus intereses con el reparto de las migajas. Pero fíjate que en el fondo de todos esos conflictos siempre hallamos lo mismo: mi interés frente al de los otros. Luego nos encontramos con que hay algo que hace que el hombre se convierta en una bestia para conseguir lo que desea y ya la tenemos liada.

Ya, poniéndonos en recta final de esta conversación, algo que me viene sorprendiendo. Festejamos el Aniversario de la Segunda Guerra Mundial. Una agente literaria me comentó que eso era lo que en estos momentos estaba en “ L’air du temps” del mercado literario. Yo me imaginaba que nos iban a caer en tromba novelas sobre ese periodo histórico. Sin embargo, no está siendo así. ¿Qué ocurre, es un tema que no agarra?

La gente está harta de miserias, ya las sufrimos todos los días, y la IIGM las rebosa. A no ser que como narrador encuentres un modo de contar lo mismo sin que lo parezca (la ruindad del hombre o las formas que tiene el ser humano de sobrevivir a la sinrazón y la brutalidad y de mantener la llama de la humanidad en ese contexto irracional), mejor que no escribas sobre ello. No creo que sea un tema que no agarra, sino que es difícil buscar los puntos de agarre.

¿Cuáles son tus actuales proyectos literarios?

Siempre estoy implicada en varios. Cuando encuentro un tema que me interesa lo suficiente, desarrollo una trama que me permita profundizar en él. Ahora mismo estoy terminando una novela, dejando reposar otra y a la vez metida de lleno en el proceso de edición de “Prométeme que serás delfín”, que se publicará en libro en mayo de 2016. Además, estamos estudiando la publicación de otra más. Pero no creas que escribo tan rápido, lo que ocurre es que ahora varias editoriales se están interesando por mis novelas ya autoeditadas en digital y también en algún manuscrito que concluí hace tiempo y podrían publicarse a lo largo del próximo año.

¿Qué es lo más importante que te ha aportado la experiencia de la escritura?      

Conocimiento, humildad y emoción.

 

 

 

 

 

 

 

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