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UN INSÓLITO DELINCUENTE : SOBRE “FUL” DE RAFA MELERO ROJO

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Rafa Melero Rojo es un escritor que se ha ido consolidando  en el mundillo del “Noir”. Llegado al panorama literario negrocriminal de la mano de Lorenzo Silva, se dio a conocer como un autor de novela policial de urdimbre procedimentalista, sobre todo a través del personaje del sargento Masip y de la figura del asesino en serie. Temas centrales de sus dos primeras novelas, La ira del Fenix  ( Playa de Ákaba,2014) y  La penitencia del Alfil  (Alrevés,2015). Parece que Melero ha decidido darle un descanso a su héroe y al propio universo institucional y simbólico de la policía autonómica, para situarse al otro lado de la raya. Es decir, el mundo de la delincuencia y el crimen organizado. Ese giro es unánimemente comentado por los pasillos de los ambientes literarios, sobre todo después de que Melero hubiese acostumbrado a los lectores al ambiente de la investigación criminal. Ese paso literario por el estricto ámbito de la delincuencia ha adquirido configuración a través del personaje de su nueva novela Ful, (Alrevés,2016)

Ful es un  modesto pintor de brocha gorda y un trabajador precarizado  que nace y vive en Lleida. Su periplo fue común al de muchos adolescentes de su barrio y  generación. Adscrito a un medio social periférico, se revela testigo de un contexto familiar en el que el alcoholismo, la violencia de género, el drama, el fracaso escolar, la pobreza económica  y la falta de perspectivas dominan la vida cotidiana. Con una trayectoria de perfil bajo, Ful va entrando progresivamente y muy a su pesar, en el universo de la pequeña delincuencia, pero sin hundirse del todo en el hoyo, dado que escapa de la drogodependencia en la que ha caído mucha de su gente. No tiene una mentalidad criminal en el sentido estricto y por momentos mira con envidia a quienes han escapado de un destino fatalista, en especial a un amigo de infancia convertido en Mosso de Esquadra, Pepe.  Sin embargo, asume su existencia. De repente, se presenta para él la oportunidad de dar un “verdadero golpe”. Robarle un  alijo de droga a un camello africano. La operación parece, en un principio, bastante rudimentaria. Apoyado por dos otros amigos, Jose y el El Pelota, al igual que él, sin gran futuro en la vida, llevan a cabo la operación. Contra todo pronóstico, la cosa acaba teniendo un mal giro y las consecuencias se revelan catastróficas. Ful y sus cómplices se encuentran con dos cadáveres sobre las espaldas. El asunto se termina de agravar cuando descubren que le han provocado la muerte al camello y a la prima de uno de los más feroces e implacables capos del cártel columbiano de la droga.Unos días después, un sicario  sin escrúpulos y de gatillo fácil, Wilfredo Martins, viaja desde Bogotá rumbo a España.A partir de aquí, Ful se va a topar  de frente con el auténtico mundo de la delincuencia y el crimen organizado.

Rafa Melero ha optado esta vez por  la narración en primera persona,  un estilo que suele estrechar los vínculos entre el protagonista y los lectores, asegurando compenetración entre ambos.  Añade un toque de originalidad, dado que la trama   está ambientada en una ciudad relativamente tranquila y poco acostumbrada a los sobresaltos. Lo que hace que rompa con el mito  de la concentración del crimen  en Barcelona y el carácter apacible de las demás capitales de provincia de Cataluña.

La obra de Melero nos habla de la dimensión más humana del delincuente, así como de  sus circunstancias personales en medio de la desigualdad social y la ausencia de verdaderas oportunidades. También  de la adolescencia y la juventud robadas y del delito como único forma de supervivencia. La novela no deja de ilustrar, por otra parte, la corrupción policial, la globalización del crimen organizado y  todo el submundo que lo envuelve, en el que priman formas micro-totalitarias de poder y donde la arbitrariedad, el miedo, la crueldad y la muerte se convierten en “reglas de oro”.   No cabe duda de que se trata de la obra más “social” de Rafa Melero, en contraste con sus anteriores novelas, excesivamente apologéticas del universo policial y con las que, un servidor, se ha mostrado a menudo muy crítico. El hecho de que Ful haya venido avalada por autores como Paco Gómez Escribano , cuya obra siempre se ha centrado en el mundo delictivo de la periferia urbana, demuestra que existe un verdadero cambio de rumbo  en la producción literaria de Melero , ilustrada por una mirada empática  con la historia de vida de aquellos individuos situados al  otro lado de la frontera establecida por la ley y el orden.

Organizada en capítulos cortos de lectura fluida, la obra refleja el esfuerzo de Melero en la renovación narrativa, así como un claro distanciamiento de la novela procedimental en beneficio de una vocación mucho más ” Noir” y sensible ante los orígenes, causas, motivaciones y consecuencias de la desviación social. Podemos hablar de una faceta de Melero hasta la fecha desconocida y desde luego, muy interesante, que apela a considerar Ful como su mejor novela.

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PENSANDO EL CRIMEN EN FEMENINO : CRÓNICA SOBRE “MUJERES Y GÉNERO NEGRO” EN “LA BÓBILA”

 

 

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Desde los 90 se empezó  a hablar de la diversidad de las experiencias y de las propias relaciones con la escritura por parte de las “mujeres”: no en su “diferencia”, sino en sus “diferencia(s)” y plurales subjetividades. Inscrita en el contexto de la novela negra, la mesa redonda celebrada el pasado viernes 29 en el marco del Centro Cultural ” La Bóbila” de l’Hospitalet de LLobregat, se marcó justamente por objetivo discernir esas fronteras identitarias entre las propias autoras, con el tema central de la construcción ficcional de la mujer criminal y desde la voluntad de autonomía frente a los espesos debates de la teoría literaria.La mesa estuvo protagonizada por cuatro autoras y una comisaria de los Mossos d’Esquadra : Susana Hérnandez, Anna Maria Villalonga, Montse Sanjuan y Cristina Manresa, moderadas por Elena Torres Girbau.

La problemática de partida estribó en una reflexión previa sobre los encorsetamientos representacionales y simbólicos a los que había estado sometida la mujer en las diversas ambientaciones históricas de la novela negra. El director de La Bóbila, Jordi Canal, inició el acto con un recorrido por la cuestión y los estereotipos que habían imperando en torno a la mujer y esto desde el  “Noir” más clásico hasta la novela negra norteamericana y europea de los años 80 y 90. La mítica figura de la femme fatale no podía ser objeto de omisión, pero la cuestión de  la tradicional representación “víctimizante” de las mujeres y su lugar siempre pasivo y culturalmente subordinado en el marco de las tramas, resultó ser el verdadero ente dinamizador. El origen de la mesa tuvo su inspiración en la comentada compilación de Anna María Villalonga, Elles també maten ( LLibres del Delicte, 2014) y “Noves dames del crim” ( Llibres del Delicte, 2015).Los dos ejes eran, por lo tanto, el replanteamiento de la imagen de la mujer en la novela negra, pero también su cambio de registro dentro de las tramas y las estructuras narrativas.Se trató de analizar el paso de las mujeres a un papel protagonista, no solo en el ámbito de la ley y la investigación, sino también en el propio universo del crimen.

En el horizonte se planteó la resolución de la incógnita sobre una  supuesta y “sustancial” relación diferencial con los autores varones  en el momento de darle trazado ficcional a las mujeres. El punto de partida consistió en abordar la parte más “subjetiva” y motivacional de la escritura, sobre todo a través de una presentación previa de las obras y una conversación individual entre Jordi Canal y las autoras.

Susana Hernández

Susana Hernández          

                Susana Hernández abrió el turno de intervenciones y reconoció el nacimiento casual de la Subinspectora Rebeca Santana, pero autonomizó la construcción de su personaje de una intencionalidad militante, reconociendo la influencia que había ejercido sobre ella  Juan Marsé en cuanto a la contextualización social de su personaje.Si bien reivindicó su autonomía respecto a Santana, apuntando la longevidad incierta de la serie de la que  es protagonista, al tiempo que reivindicó otras facetas creativas y narrativas al margen del “Noir”.  Montse Sanjuan hizo énfasis, en cambio en el lado afectivo y emocional respecto a la protagonista de sus novelas, la sargento Anna Grimm y la voluntad de llegar a las mujeres lectoras de novela negra. Anna María Villalonga habló de la protagonista de “La mujer de gris”, arguyendo la voluntad de plasmar a través de su personaje la identidad de cualquier mujer común y ahondar en los perfiles psicológicos, desde una defensa de los perdedores y los anti- héroes.  Elena Torres Girbau cerró el dialogo   con Jordi Canal  conuna reflexión sobre el personaje de Jana, la protagonista de su primera novela ” La puta d’oros” y la realidad de la mujer durante la Transición Democrática.

Montse San Juan

Montse Sanjuan

El segundo acto temático giró en torno al perfil temperamental e identitario de la mujer criminal . Basándose en su trabajo analítico sobre las narraciones de “Elles també maten” y  “Noves dames del crim”, Anna María Villalonga apuntó la importancia de los elementos emocionales y autodefensivos en el momento de ilustrar los motivos del crimen en las mujeres, mientras que Montse San Juan hizo hincapié en el revanchismo de ciertas mujeres criminales contra los determinismos sociales.  Susana Hernández esgrimió una postura quizás  más matizada, subrayando los factores circunstanciales y contextuales en los que se comenten los crímenes y la imposibilidad de crear perfiles encorsetados por estrictas identidades de género.

Frente a la problemática planteada por Elena Torres Girbau  en torno a las relaciones entre “ficción” y “realidad”, Cristina Manresa  cerró el círculo mediante el despliegue de una serie de ejemplos  conocidos a lo largo de su experiencia como miembro de los Mossos d’Esquadra. La comisaria resaltó como particularidad la mayor resistencia psicológica de las mujeres criminales frente a las presiones interrogatorias, en comparación a los varones, más proclives a la confesión y reconocimiento de sus crímenes.Si bien, aportó ciertos matices de orden cuantitativo en cuanto a los perfiles  y llamó la atención sobre la presencia muy minoritaria de los asesinatos en serie entre las mujeres, puntualizando la vinculación casi mayoritaria de la figura del psicópata con el universo masculino. Cristina Manresa insistió en el hecho de que la atrocidad de ciertos  crímenes reales adelantan con creces a la capacidad del imaginario ficcional y que pese a la críticas de inverosimilitud contra ciertas novelas y tramas negrocriminales, la violencia real siempre se revela más aguda que la literaria. En cualquier caso, hubo unanimidad en la mesa sobre la necesaria distinción entre el “ritual” y la “motivación” del crimen, dos categorías que no son equivalentes. Sí las dimensiones instrumentales del asesinato albergan diferencias entre mujeres y hombres a raíz de las potencialidades físicas, no hay seguridad de que las motivaciones y orígenes del mismo sean siempre sustancialmente diferentes.

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Anna María Villalonga

La cuestión de la representación  de la mujer criminal por parte de los directores de thrillers cinematográficos o de autores de novelas policiales o  género negro no pudo faltar a la cita y  es en el marco de esta propuesta temática que los miembros de la mesa se mostraron más críticos respecto a los imaginarios masculinos. Susana Hernández señaló sobre todo  la escasez de escritores que le hayan dado protagonismo a las mujeres como autoras de homicidios. Elena Torres Girbau sacó precisamente a colación uno de los personajes que hicieron época dentro del thriller cinematográfico norteamericano : la figura de Catherine Tramell en Instinto Básico, la superproducción de Paul Verhoeven . Un  ejemplo que cosechó una sarcástica y unánime refutación por parte de la mesa. Anna Maria Villalonga estuvo entre las más críticas respecto a la figuración ficcional de la sexualidad femenina dentro del cine y la literatura “Noir”, relacionándola  sobre todo con el universo fantasmagórico del deseo sexual varonil.Susana Hernández se mostró  más neutra respecto a esta cuestión. Aunque Hernández es una autora alejada del mundo activista LGTB y de los debates de la muy radical e irreverente teoría queer , quizás habría que recordar que  la figura de Tramell  obtuvo  una buena acogida en las laderas del lesbianismo radical norteamericano, sobre todo en el marco de la discusión sobre la sexualidad lésbica, la bisexualidad y las relaciones entre sexo y violencia. Un asunto que desbordaba las problemáticas de la mesa, pero que bien podría ser sujeto de un próximo debate. Cabe recordar al hilo del asunto, que Juan Ramón Biedma es el editor de una compilación sobre las relaciones entre crimen y pornografía, que aparecerá en breve bajo el paraguas del sello Alrevés y con una participación justamente de Susana Hernández.

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Elena Torres Girbau

Las relaciones entre crimen, poder y mujer constituyeron el último bloque temático lanzado por Elena Torres Girbau. El asunto sobre poder político, corrupción y crimen salió a debate como una de las temáticas más pujantes en las tramas de género negro y policial actual. La escasa presencia de la mujer en este ámbito se erigió también en tema de intercambio. Hubo coincidencia sobre la escasa identificación de las escritoras de género negro con esta realidad y en última instancia, con otros cosmos narrativos como el hardboyled. El universo canalla y “quinqui”   se volvió a vincular con el imaginario y la escritura masculina.El coloquio perdió quizás la oportunidad de ahondar con más profundidad en esta cuestión, sobre todo teniendo en cuenta el carácter “matriarcal” de algunos clanes mafiosos y delictivos adscritos a los margenes social  y las minorías étnicas.  Villalonga volvió a reivindicar ciertas especificidades de la “mujer criminal”, en especial el ámbito privado, cotidiano y emocional y  con el que serían susceptibles de identificarse de forma preferente las mujeres lectoras.

Otro de los temas que envolvieron la mesa fue precisamente la experiencia lectora de las autoras. Las figuras de Henning Mankel y Patricia Highsmith  o Philippe Claudel fueron sin duda las más mencionadas como fuente de influencia, junto a otros autores más recientes como  Pierre Lemaître. A lo que hay que añadir la propia mención de la tradición nórdica, sobre todo a raíz del lado profundamente “Noir” y tenebroso de sus personajes y ambientaciones. Como no podía ser menos, la emblemática personalidad de Agatha Christie fue objeto de mención como lectura temprana y detonación del interés de las autoras por el mundo del crimen y el enigma.Entre las autoras españolas, Rosa Rivas parece haber ejercido una importante influencia.  Paradójicamente, autoras españolas actuales y aupadas por formidables políticas promocionales , fueron sujeto de nulo comentario como figuras referenciales. Lo que debería abrir interrogante sobre si la agobiante auto-exposición de estas vedettes del “Noir” femenino , más o menos inventadas por la  ingeniería comercial de los grandes sellos editoriales, guarda alguna relación  con  su verdadera representatividad respecto al conjunto a las autoras de género negro. Cristina Manresa reivindicó, por su parte, la extendida experiencia lectura en el universo del Cuerpo policial autonómico, mostrándose sarcástica con los mitos sobre el espíritu árido, anti-intelectualista e iletrado de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Manresa expresó sin embargo su desconcierto en torno a la hegemonía del mundo masculino incluso en el mundo  de los certámenes, congresos y semanas negras.

 

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El debate albergó un tono ameno, desprovisto de las espesas categorías analíticas de carácter teórico y académico y por lo tanto,  empático con el público, constituido sobre todo por bloggers  como Rosa Querol  y participantes  de los clubs de lectura y semanas negras  como Manel Aljama y  Charo Gonzélez Herrera.  A lo que hay que añadir la presencia de escritoras como Mireia Llinars y Raquel Gámez, autores como Ernesto Malló y periodistas culturales  como Xavier Borrell. Un intercambio de estilo informal, con momentos de sarcasmo y humor, pero sobre todo huérfano de la habitual crispación que suelen dominar los debates en los que la identidad de género se sitúa en el centro de la cuestión. Sin duda quedaron en el tintero bastantes cuestiones o se podían haber ampliado otras tratadas en la mesa. Pero es obvio que, por toda suerte de circunstancias, ningún  coloquio o mesa redonda consigue una total coincidencia entre las expectativas depositadas a través de su diseño y la dinámica real. La presencia muy minoritaria de varones entre el público dio un toque ilustrativo a la unánime crítica que las ponentes formularon contra la elección de las lecturas por criterios de género y sexo de los firmantes de las obras.

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Sí hubo una unánime crítica contra el universo endogámicamente  masculino del “Noir”, con la polémica sobre la Semana Negra de Gijón planeando en el ambiente, no cabe duda también que la mesa se mantuvo al margen de cualquier “esencialismo” femenino  y tuvo el mérito de recoger la propia diversidad entre las mujeres autoras en su relación con la escritura y la propia literatura. Lo que demuestra en muchos casos la caducidad y poca conexión con la realidad que tienen  hoy las endiablas controversias que dentro de la teoría y hermenéutica literaria de los 70 y 80 mantuvieron las voceras del feminismo de la diferencia y las corrientes constructivistas, en torno al hoy también pasado de moda, concepto de “escritura femenina”. Ese fue al menos, el espíritu originario de la mesa : ir más allá de los debates teóricos y comprender las subjetividades narrativas en su pluralidad.

 

 

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