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UN INSÓLITO DELINCUENTE : SOBRE “FUL” DE RAFA MELERO ROJO

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Rafa Melero Rojo es un escritor que se ha ido consolidando  en el mundillo del “Noir”. Llegado al panorama literario negrocriminal de la mano de Lorenzo Silva, se dio a conocer como un autor de novela policial de urdimbre procedimentalista, sobre todo a través del personaje del sargento Masip y de la figura del asesino en serie. Temas centrales de sus dos primeras novelas, La ira del Fenix  ( Playa de Ákaba,2014) y  La penitencia del Alfil  (Alrevés,2015). Parece que Melero ha decidido darle un descanso a su héroe y al propio universo institucional y simbólico de la policía autonómica, para situarse al otro lado de la raya. Es decir, el mundo de la delincuencia y el crimen organizado. Ese giro es unánimemente comentado por los pasillos de los ambientes literarios, sobre todo después de que Melero hubiese acostumbrado a los lectores al ambiente de la investigación criminal. Ese paso literario por el estricto ámbito de la delincuencia ha adquirido configuración a través del personaje de su nueva novela Ful, (Alrevés,2016)

Ful es un  modesto pintor de brocha gorda y un trabajador precarizado  que nace y vive en Lleida. Su periplo fue común al de muchos adolescentes de su barrio y  generación. Adscrito a un medio social periférico, se revela testigo de un contexto familiar en el que el alcoholismo, la violencia de género, el drama, el fracaso escolar, la pobreza económica  y la falta de perspectivas dominan la vida cotidiana. Con una trayectoria de perfil bajo, Ful va entrando progresivamente y muy a su pesar, en el universo de la pequeña delincuencia, pero sin hundirse del todo en el hoyo, dado que escapa de la drogodependencia en la que ha caído mucha de su gente. No tiene una mentalidad criminal en el sentido estricto y por momentos mira con envidia a quienes han escapado de un destino fatalista, en especial a un amigo de infancia convertido en Mosso de Esquadra, Pepe.  Sin embargo, asume su existencia. De repente, se presenta para él la oportunidad de dar un “verdadero golpe”. Robarle un  alijo de droga a un camello africano. La operación parece, en un principio, bastante rudimentaria. Apoyado por dos otros amigos, Jose y el El Pelota, al igual que él, sin gran futuro en la vida, llevan a cabo la operación. Contra todo pronóstico, la cosa acaba teniendo un mal giro y las consecuencias se revelan catastróficas. Ful y sus cómplices se encuentran con dos cadáveres sobre las espaldas. El asunto se termina de agravar cuando descubren que le han provocado la muerte al camello y a la prima de uno de los más feroces e implacables capos del cártel columbiano de la droga.Unos días después, un sicario  sin escrúpulos y de gatillo fácil, Wilfredo Martins, viaja desde Bogotá rumbo a España.A partir de aquí, Ful se va a topar  de frente con el auténtico mundo de la delincuencia y el crimen organizado.

Rafa Melero ha optado esta vez por  la narración en primera persona,  un estilo que suele estrechar los vínculos entre el protagonista y los lectores, asegurando compenetración entre ambos.  Añade un toque de originalidad, dado que la trama   está ambientada en una ciudad relativamente tranquila y poco acostumbrada a los sobresaltos. Lo que hace que rompa con el mito  de la concentración del crimen  en Barcelona y el carácter apacible de las demás capitales de provincia de Cataluña.

La obra de Melero nos habla de la dimensión más humana del delincuente, así como de  sus circunstancias personales en medio de la desigualdad social y la ausencia de verdaderas oportunidades. También  de la adolescencia y la juventud robadas y del delito como único forma de supervivencia. La novela no deja de ilustrar, por otra parte, la corrupción policial, la globalización del crimen organizado y  todo el submundo que lo envuelve, en el que priman formas micro-totalitarias de poder y donde la arbitrariedad, el miedo, la crueldad y la muerte se convierten en “reglas de oro”.   No cabe duda de que se trata de la obra más “social” de Rafa Melero, en contraste con sus anteriores novelas, excesivamente apologéticas del universo policial y con las que, un servidor, se ha mostrado a menudo muy crítico. El hecho de que Ful haya venido avalada por autores como Paco Gómez Escribano , cuya obra siempre se ha centrado en el mundo delictivo de la periferia urbana, demuestra que existe un verdadero cambio de rumbo  en la producción literaria de Melero , ilustrada por una mirada empática  con la historia de vida de aquellos individuos situados al  otro lado de la frontera establecida por la ley y el orden.

Organizada en capítulos cortos de lectura fluida, la obra refleja el esfuerzo de Melero en la renovación narrativa, así como un claro distanciamiento de la novela procedimental en beneficio de una vocación mucho más ” Noir” y sensible ante los orígenes, causas, motivaciones y consecuencias de la desviación social. Podemos hablar de una faceta de Melero hasta la fecha desconocida y desde luego, muy interesante, que apela a considerar Ful como su mejor novela.

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TIANA NEGRA 2016: CRÓNICA DE UN ENCUENTRO CON LA NOVELA CATALANA

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Este pasado  22 y 23 de enero se celebró el Festival Tiana Negra de novela en catalán  y esto bajo el comisariado de Sebastià Bennassar y  el apoyo de la corporación municipal. Un evento que cumple su cuarto año y que ha ido afinándose a lo largo del tiempo, con un conseguido hueco en términos de proyección y una programación de cada vez mayor calidad y diversidad.  Su mérito es doble en la medida que tiene que competir en visibilidad con las Semanas Negras de las grandes ciudades ( este fin de semana se celebraba precisamente Pamplona Negra) Nota diferencial es también su dedicación exclusiva a la promoción de los autores y novelas en catalán. Un balón de oxigeno  para un mundo editorial cuya travesía del desierto  se torna dificultosa por partida doble en un mercado dominado  por una producción hegemónicamente en castellano.

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Silvestre Vilaplana             

En el marco de Tiana Negra  se desarrollaron   eventos como la entrega del Premi Agustí Vehí (2016), que este año recayó en el escritor Silvestre Vilaplana, por la obra, Els ossos soterrats, el homenaje al Col.lectiu Ofélia Dracs a cargo de Alex Martin Escribà y la presentación del libro  de Lluís Bosch, Besòs mar Crims.cat, 2015), Premio Agustí Vehí (2015). Cabe apuntar también la figura del “Bus negra” para el traslado desde Barcelona-Ciudad de los participantes del público y la entrega del Premi Ciutat de Tiana a los alumnos del Instituto de Tiana.

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Alex Martin Escribà

El sábado fue el día en el que el festival adquirió más fuelle a través de una serie de presentaciones de libros, mesas redondas y actividades lúdicas y esto con Sebastià Bennassar como maestro de ceremonias.

               Rafael Ballbona  inició el turno de palabra durante la primera mesa, con la presentación y comentarios sobre su obra, ” Dit enganxosos” (Crims.cat, 2016). Ballbona apuntó a la precariedad y las dificultades del mundo del periodismo, al que sumó algunos anécdotas sobre su pasado como militante del PSAN y las oscuras relaciones entre prensa y política. Su intervención se centró sobre todo en el ambiente contextual de los años 90 y la Barcelona Olympica y tuvo ciertas palabras de ironía sobre la subordinación de la prensa a los grupos de presión  y las conversiones ideológicos en función a los intereses del momento.

En otro registro, Javier Vernetta, con su obra, Qui em vol mal  (Saldonar, 2015) narró su experiencia personal con el género negro y el progresivo magnetismo que ejerció en él, en parte debido a su inserción personal en la tradición literaria de urdimbre realista. Esbozo sus preferencias por unas estructuras narrativas que le otorgasen menos importancia a los aspectos puramente procedimentales o al descubrimiento del enigma, en beneficio del compromiso social de la novela y la puesta en cuestión de la bajeza y el espíritu de rapiña de las clases dominantes, el mundo del dinero y  la delincuencia de “guante blanco”. Jordi Boixadós  con su obra, “L’home que comptava diners” (RBA/La Magrana, 2015), reivindicó el carácter muy “negro” de su obra y dijo haberse inspirado en el reciente desconcierto que está produciendo el mundo empresarial y la dinámica de un capitalismo cada ve más dominado por estructuras mafiosas. Seguidamente presentó  J.R.Armadás, con su compilación Els crims nostrats,(Edicions Xandri, 2015) un libro con autores nuevos y otros más veteranos, pero que ha tenido el objetivo de ilustrar el mundo “Noir” en el contexto estrictamente catalán. Armadás explicó las dificultades de gestionar su perfil como editor de la obra y como propio autor. Una obra que suscita interés a la vista de cómo el universo “Noir” está a veces demasiado  configurado en realidades históricas con “ganche” comercial.

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Mireia Llinàs  y Marc Moreno abrieron quizás una muy interesante brecha temática que rompía con las tramas dominadas por la delincuencia de “guanto blanco”, la corrupción urbanística  y política y el crimen organizado.

Finalista del Premi Agustí Vehí (2015), Mireia Llinàs presentó y comentó su novela, Els enemics silenciosos ( columna, 2016), una trama sobre un crimen no resuelto en los oscuros años de la posguerra y al que varias décadas después se intenta dar respuesta. Llinàs reconoció su deuda con la figura de Carmen Broto ( una prostituta asesinada en los 40 y con oscuras implicaciones de las autoridades franquistas) y la importancia de la nostalgia en la tradición narrativa.  La propuesta de Mireia Llinàs  fue reivindicada por la autora como un hibrido entre género negro y género histórico. Una tendencia sobre la que un servidor insiste en la necesidad de fomentar y apoyar, tanto en la creación literaria como en la organización de semanas negras y festivales. Sé por fuentes fidedignas, que al menos Pamplona Negra 2017, cuenta llevar el diseño de su próxima semana negra por esos parajes.

               Sebastià Bennassar incidió en la evolución muy positiva de la obra del escritor y editor Marc Moreno, sobre todo a través de su última novela ” Contra l’aparador” ( Llibres del Delicte, 2015). Moreno es un autor heterodoxo que no oculta sus simpatías por las recientes propuestas de Empar Fernández y Anna María Villalonga y que un servidor sigue prefiriendo denominar ” Post-Noir“. La obra de Moreno ha querido  sobre todo revisar ciertos sistemas simbólicos y representacionales sobre los “márgenes” sociales y esto desde propuestas alternativas al Hardboyled  más purista. Recalcó, por otra parte, la importancia en su obra  de la cuestión de la paternidad.  Moreno habló de la “invisibilidad dentro de la invisibilidad” , de la voluntad de profundizar en los personajes y de la necesidad de romper algunos estigmas en torno a las periferias urbanas , en las que la exclusión, la desestructuración familiar, la anomía y la delincuencia aparecen como la irremediable profecía que se cumple a si misma. Un tema que entronca de lleno con la siempre polémica problemática social del género negro y que algunos autores se empeñan a reducir al único denominador  del mundo lumpen.

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Hubo una segunda ronda de presentaciones encabezadas por Jordi Solé, quien presentó su obra, La nit de Damballah ( Columna,2015) una trama basada en una mezcla de crimen, prostitución, inmigración, religión y magia vudú y que reconoció estar en el origen de un guion cinematográfico más que en una trama literaria. Con su obra “Puta pasta( RBA/ La Magrana,2015Emili Bayó , ( 6º Premio “Crims de Tinta, 2015) reivindicó a la mejor tradición de la literatura y el cine negro y el papel del “Noir” como un instrumento de reconciliación de las nuevas generaciones con la lectura. Margarida Aritzeta comentó su nueva entrega de la Inspectora Mina Fuster  a través de su reciente obra Els fils de l’aranya ( LLibres del Delicte, 2016), señalando la importancia que tuvo para ella la recuperación de la trayectoria de los años 80, el Col.lectiu Ofélia Drac  y su periplo junto a Anna Maria Villalonga, en especial en lo que hace referencia al libro colectivo, ” Noves dames del crim”.

                 Esperança Camps representó al mundo balear, con comentarios sobre sus dos obras publicadas este mismo año, La cara B, (Llibres del Delicte,2015) y l’Illa sense  temps ( Meteora,2016), haciendo una inflexión sobre su doble faceta como escritora y Consejera de Cultura del gobierno autonómico de las Islas. Camps reconoció que el género negro no había estado en el origen de su producción literaria, sino precisamente en la experiencia política.

Cerró el circulo Toni Arencón , presentando su obra, L’ànima de l’assassí, Cossetània,2015), una novela en torno a la figura del científico Mariano Cubí y que con un agudo sentido del humor nos traslado al universo de la ciencia criminológica y forense positivista del siglo XIX, aunque no sin una cierta irreverencia y burla sarcástica sobre los aspectos más reaccionarios de ambas disciplinas.

Las presentaciones guardaron un lado ameno, dado que fueron intermitentemente acompañadas por la interpretación de piezas de saxo y la lectura de fragmentos de las obras por parte de la editora María Dolors Sarriès y Joana Cortils. Sebastià Bennassar clausuró la ronda de presentaciones señalando como nota destacada la diversidad de los autores y los sellos editoriales en catalán.

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Los encuentros en los espacios de convivencia e intercambio informales entre el público y los autores fueron sucedidos por la sección de tarde, la cual se inició con la proyección de un documental sobre el atentado al semanario El Papus durante los años de la Transición Democrática a manos de los sectores involucionistas vinculados a la extrema-derecha política, social y policial. Tomó el relevo al reportaje una mesa redonda en torno al periodismo de investigación y su relación con la creación ficcional. Jordi Borrás  presentó  su ensayo  ” desmuntant societat civil catalana”  Saldonar,2015), una obra sobre los vínculos de esta asociación con la extrema-derecha vinculada a los atentados sobre El Papus.

Bien que el guion de la mesa estaba centrado en el periodismo de investigación, no habría estado de más un  debate sobre las relaciones entre fascismo y novela negra y puesto a reivindicar la hibridad entre el “Noir” y el género histórico, no estaría mal tampoco que, en adelante, hubiese algo más de producción ficcional sobre los ambientes políticamente “conspiracionistas” en los años de entreguerras.

Las palabras  de Borrás fueron sucedidas por las  de Federico Vázquez Osuna, a raíz de su obra “Anarquistas y baixos fons”( Editorial l’Avenç,2015). Con una amplia labor investigadora a sus espaldas y una interesante lista de publicaciones en torno al sistema judicial y penitenciario español en los años más oscuros del franquismo, Vázquez Osuna nos habló de la criminalización de ciertas figuras históricas vinculadas a la Segunda República y las dificultades de acceder a los archivos históricos y fuentes documentales que pudiesen facilitar procesos reparativos.  Laura de Andrés, autora de Vides apuntalades ( UOC, 2015) y Gemma García, con Els Senyors del boom,( Saldonar 2014) denunciaron los obstáculos a la investigación por parte de los grandes poderes económicos y el silencio de los medios de comunicación vinculados a los anteriores.

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La cuestión de los aspectos procedimentales en la novela negra y de las propias dimensiones “autoficcionales” en las estructuras narrativas no podían faltar al encuentro, dado que constituye uno de las principales fuentes de controversia entre los diversos autores del género. La mesa fue moderada por Jordi Cervera.

Las relaciones entre realidad y ficción dentro del mundo policial fueron sujeto de discusión, poniendo frente a frente a dos profesionales en el sentido estricto, la agente de los Mossos d’Esquadra Carol Valenzuela y el inspector de la Policía Nacional, Alejandro López   y a los escritores y policías Rafa Melero, que habló de la versión catalana de su obra, La penitencia del Alfil,   (Alrevés, Crims.cat 2015) y a Pere Cervantes, autor de ” Internet negro” ( Tiempos de hoy, 2015).

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La mesa giró sobre todo en torno a las diferentes experiencias desde el ámbito  de la creación literaria y la intervención policial, la autocensura, el deber de confidencialidad, las tensiones entre el mundo policial y judicial  y la compatibilidad entre la condición de policía y la de escritor.

          Pere Cervantes reivindicó su libertad como escritor más allá de su propia condición de policía y dio también algunas pinceladas sobre las nuevas formas de delincuencia cibernética en las redes sociales y la sociedad de la información.

Paradójicamente fueron los interlocutores de los dos escritores los que se mostraron menos autocomplacientes respecto al mundo policial. Por ejemplo, el inspector Alejandro López denunció las presiones de los grupos económicos sobre los mandos de la policía en asuntos peliagudos relacionados con la corrupción y la propia agente Valenzuela matizó a Melero sobre su  visión excesivamente moralizante   de la maldad y el crimen, haciendo algunos pequeños apuntes sobre sus posibles orígenes sociales.

No es que la mesa careciese de interés a efectos programáticos,  todo lo contrario.Más todavía cuando están sobre la palestra los debates sobre “procedimiento” y “trama” o  las fronteras entre el género policial y el género negro. Pero es evidente que las presiones de agenda limitaron el alcance, ambición y diversidad temática del debate.

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El festival remontó a su nivel de origen con un invitado de lujo, el escritor francés François Thomazeau y con la presentación de la traducción catalana de “Consulting” por parte de Crims.cat y  a cargo de María Llopis, quien ejerció también de interprete del autor. Alex Martin Escrivà planteó los vínculos entre la obra de Thomazeau y los clásicos norteamericanos Hammett y Chandler. A lo que el escritor galo respondió que,más que una influencia directa de los mencionados maestros, su obra bebía de las similitudes entre la crisis de los años 30 y la actual situación socioeconómica en Europa.

Si bien, el grueso de su intervención giró en torno a la trama central de su obra. Reconoció que el  embrión de la misma  estuvo en un guion cinematográfico del que terminaría por desistir. Apuntó a ese respecto las dificultades de plasmar en el ámbito literario diálogos procedentes de la lengua hablada, pero hizo el matiz que tampoco pueden responder de forma estricta a las estructura de la lengua escrita.  Hizo ciertas apreciaciones interesantes alrededor de lo que había sido su preocupación por la trama. Señaló además  la relevancia narrativa que era necesario darle a la maldad, la mezquindad y la inhumanidad en el marco laboral actual y en el contexto de la precarización de la sociedad salarial y de un capitalismo sin matices. En ese sentido, hizo un llamamiento a un mayor tratamiento ficcional de los abusos y la arbitraridad en el mundo laboral.

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El festival tuvo su dimensión lúdica a través del tradicional “combate de boxeo” retórico y que este año enfrentó a Damià del Clot, autor de una Una nove.la pulp ( Llibres del Delicte, 2015) y Francesc Ribera, autor de L’assassinat de Guillem de Berguedà ( Ara Llibres,2015 ) Un combate simbólico que estuvo arbitrado por Anna Maria Villalonga y en torno a las relaciones entre género negro, política y literatura. Esto con la particular de que los contrincantes conservaban el rasgo común de ser a la vez cargos electos y   escritores. La arbitro planteó tres cuestiones relacionadas con el tema y ante las cuales los dos adversarios debían argumentar sus posturas. El público era el encargado, a través de votación asamblearia, de declarar un vencedor en cada asalto, computándose la totalidad de los resultados  al término definitivo del combate.

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Francesc Ribera dominó  el principio de la pelea  y las votaciones confirmaron los “directos” que habían hecho casi dar con la cara contra la lona a su adversario, Damià del Clot. El combate tomó interés en el segundo asalto, dado que  la musculatura argumentativa ganó en intensidad hasta producir un empate. Después de un primer asalto en el que había resultado medio K.O, Clot recuperó impulso y lideró la pelea, tumbando de forma definitivamente a su contrincante. El “cuerpo a cuerpo” escenificó bastante a los verdaderos combate de boxeo y en el que los aparentes “campeones” a los que todos vaticinan un triunfo sin matices, pueden al final salir derrotados si no administran su energía, ni miden la capacidad de respuesta,autodefensa y contra-ataque de sus contrincantes.  Se trató de un juego gracioso, hábilmente animado por Villalonga y que ganó la implicación del público. Pero sobre todo,  tuvo el enorme mérito de recordarnos algo esencial : que  en aquella morada en la que triunfe  la virtud y la fuerza de la palabra y el argumento, quedan proscritos los usos de  los puños y las pistolas.

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El festival se cerró casi a  las once de la noche con un recital de poesía “negra” a cargo de Francesc Ribera y Jordi Valls, acompañado por un coro de jubilados que recitaron versos de poetas de urdimbre catalanista como Marti i Pol y de cantautores  de la cançó  como Lluís Llach.

Se trató en suma de un festival ameno, rico en ponentes, temáticas y problemáticas, quizás algo condensadas y que aconsejaría en próximas  convocatorias la dilatación a un día más de encuentros, sobre todo de cara a no correr el riesgo de que el público, culto, curioso e interesado, no vea prematuramente  fatigada su capacidad cognitiva de registro en relación a la amplitud de la oferta programática.

Señalar en cualquier caso el espacio convivencial y amistoso que lo caracterizó y que reflejó el espíritu de un festival logrado y esplendido al que merecería la pena volver.

 

                      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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GÉNERO NEGRO : ¿DE LA “IDEOLOGÍA” A LA “RENOVACIÓN”?

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El género negro y policial sigue liderando el actual panorama literario y  el mercado editorial de habla hispana. Los dos más importantes premios literarios de carácter comercial han galardonado dos autores inscritos en esa tradición, como es el caso de Jorge Zepoda Patterson con ” Milena o el fémur más bello del mundo” (Premio Planeta 2015)   y José C.Valés con “Cabaret Biarritz ” (Premio Nadal 2014). El director cinematográfico Alberto Rodríguez con su film,  La Isla Mínima, se perfila también como el gran triunfador de los Premios Goya de este año.

Los certámenes sobre novela negra también  brindan la impresión de estar consolidándose con cierto apoyo institucional y éxito de convocatoria y de los que  son un ejemplo ” Pamplona negra” o” Aragón negro” que acaban de celebrarse.  A lo  que hay que sumar  BCN negre que se está desarrollando en estos días y celebra su décimo aniversario de existencia, bajo el comisariado de Paco Camarasa, pedestal de la famosa librería  barcelonesa Negra y Criminal. Un festival que ha contado con la presencia de figuras internacionales del género negro como es el caso de Anne Perry.  “Getafe negro” también ha ido consolidándose, convirtiéndose durante su último encuentro en un espacio de interesantes coloquios y debates sobre la evolución del género negro y policial en España, expresándose allí  la voluntad de realizar  propuestas alternativas frente a la hegemónica tradición anglosajona. También hay que señalar el recién nacido certamen Santa Cruz Noir por iniciativa del escritor Javier Hernández Velázquez ( Premio Wilkie Collins de Novela Negra 2014) . Los festivales de Gijón y Salamanca dejan anualmente también su huella.

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En estos momentos se puede mencionar a una serie de  escritores que lideran dicho boom de la novela negra y policial como es el caso de Lorenzo Silva, Jerónimo Tristante, Andreu Martin,  Víctor del Árbol, Cesar Pérez Gellida,  Dolores Redondo, Carlos Zenón,  Esteban Navarro, Carlos Quilez ,Toni Hill o Vicente Garrido por mencionar a los hoy más en vogue y que parecen estar seguidos por autores más jóvenes que empiezan a consolidarse  como  Juan Ramón  BiedmaLeo Coyote, Claudio Cerdán, Rafa Melero, Pere Cervantes, Jordi Llobregat,  Alexis Ravelo Nieves Abarca, Josep Camps, Oscar Bibrián o Santiago Alvárez . Bien que  menos inscrita, no pueden olvidarse a escritoras transgresoras como Marta Sanz o Alicia Gimenez Bartell ( Premi Pepe Carvalho 2015). Injusto sería no hacer mención  de escritores de “por libre”  , desvinculados de las “peñas” de autores de género negro y policial y ninguneado por éstas,  como es el caso de Fidel Vilanova, un autor que ha sabido ilustrar el ambiente de corrupción y crimen organizado en el mundo marbellí, También hay que señalar a autores  jóvenes de reciente aparición en el panorama literario como los gallegos Alexander Weinberg  o Lucas Barrera . La lista de escritores noveles ha ido creciendo y entre los más recientes habría que señalar a  Daniel Santino,  (Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial 2014).

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                                                                Lorenzo Silva

En Cataluña  también está proliferando la novela negra en lengua catalana y en línea con la labor pionera de escritores como Manuel de Pedrolo, sobre todo con autores como  Ana María Villalonga, Lluís Fort o Marc Moreno  y cuyos esfuerzos parecen ir dirección en de una novela negra con tramas de contexto “autóctono”.  Tampoco puede olvidarse a escritores locales como Nacho Cabana.  La tendencia  se erige también en una buena noticia para los sellos independientes especializados , que parecen encontrar un mercado que les permite mantenerse a flote en un clima de crisis económica que ha golpeado con toda su fuerza tanto al mundo editorial como librero.

Sin embargo y a pesar  de la buena salud de la que goza, la cuestión está  en  meditar sobre  el fenómeno  de este género   literario más allá de las meras coordenadas comerciales que han incentivado su actual auge.Interesa saber cuál es exactamente su lugar en la historia cultural  y el significado que ha tenido y tiene hoy. Su actual popularidad contrasta en efecto con el recelo y la hostilidad que en otros tiempos cosechó en los medios intelectuales más politizados y adscritos a los grandes relatos y entre el mundo universitario y de la alta cultura en general. Habría que indagar a ese respecto los motivos de su cambio de rumbo y que no puede limitarse a la simple y fácil  hipótesis del  triunfo de la literatura comercial frente a la literatura “culta”.

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La producción cultural en general y la creación literaria en particular  nunca pueden ser entendidas en su intención  si  son objeto de descontextualización histórica y se les aísla  de los procesos civilizatorios, las  configuraciones simbólicas y  la constitución de las realidades sociales. Problemáticas que han sido sobre todo preocupación y ámbito académico de las ciencias sociales, en especial de la historia y  sociología de la cultura y con cuestiones centrales como las relaciones entre textualidad y contextualidad y los mecanismos de externalización institucional de la realidad social.  A ese respecto resultaría arduo comprender el origen  de la  novela negra y  policiaca sin tener previa cuenta de factores y variables  históricas como el monopolio de la violencia por parte del Estado, la protección jurídica de la propiedad,    la formación del derecho penal y el establecimiento de las dicotomías morales, el surgimiento de las ciencias criminológicas y forenses modernas o el papel patologizador de la psiquiatría y que en este caso contribuyó a codificar   los desarreglos mentales o las conductas asociales.   La estructuración de las instituciones totales de carácter panóptico,  el establecimiento normativo e institucional  de las reglas  de la vida colectiva  y   la propia  construcción social de la desviación terminaron de circunscribir y concretar el mundo del “orden”. La novela negra y el personaje policial no solo son uno de los  símbolos de la construcción del héroe en la tradición literaria,  sino también un reflejo de la configuración imaginaria y ficcional   de una  sociedad moderna basada en la estabilidad e inquebrantabilidad de las normas de la vida colectiva. Las representaciones dicotómicas entre el “bien” y el “mal” que dominaron por tradición en el género negro reflejarón en gran medida los sistemas de integración y exclusión que definían a las propias sociedades contemporáneas.

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Bien que su origen se encuentra en la segunda mitad del siglo XIX, determinados valores culturales  y  realidades históricas condicionaron y contribuyeron también al  arraigo del género negro como literatura “popular” en el siglo XX. El ejemplo más elocuente es el norteamericano. Acaso habría que recordar que  su gloria  en la América de los años 40  es indisociable de la definitiva articulación del crimen organizado en los Estados Unidos en el periodo de Entreguerras.  También de las propias  particularidades de  una sociedad  donde  los mecanismos de interacción inter-colectivos o inter-individuales  han estado regulados, por un lado  a través de la violencia y  por   el otro ,  mediante el culto al enriquecimiento, en este caso sintetizado en el famoso “Sueño americano“.

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La sociedad norteamericana consiguió convivir con el crimen organizado en la medida que éste  parecía encarnar una voluntad de integración por vías subterráneas.  Una tesis debatida y cuestionada, pero no por ella huérfana de sentido empírico. El ornamento de lujo, dinero y poder que circunscribió la novela negra y al que el cine norteamericano otorgó su propia magia, confirmaba cómo en el fondo este género literario y cinematográfico no dejaban de exaltar los propios valores sociales y culturales del público. El   fenómeno mismo del mítico  Al Capone  fue el reflejo de las mismas aspiraciones de ascenso social  de los muchachos de las clases populares procedentes de la inmigración italiana, sobre todo en una sociedad donde las posibilidades de triunfo se erigían  mucho más como un dispositivo ideológico que como una realidad tangible.    En el propio ámbito  de la  literatura negra europea, en especial la inglesa, los diversos autores   reflejaron e hicieron apología  de los  valores de una sociedad británica basada en los peores prejuicios y las más profundas diferencias sociales.En el lado continental escritores como  Simenon y su famoso Inspector Maigret  encarnaron  los ideales chauvinistas y nacionalistas de la propia sociedad francesa.   Se mire desde la perspectiva del universo policial, (garante del orden), como desde el criminal (reflejo de las aspiraciones de riqueza y poder), el  género negro más clásico no puede dejarse de considerar profundamente conservador y condescendiente con el status quo. De ahí la singularidad de figuras como Dashiel Hammett o Raymond Chandler, novelistas de estilo impresionista, conocidos por su izquierdismo y aguda crítica contra las miserias morales de la sociedad norteamericana y que se alzaron como transgresores, pero también como  excepciones que no dejaban de confirmar la regla del conformismo que dominaba  al género negro en general.

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Raymond Chandler

Desde otro ángulo, el género negro y policial fue denostado por las vanguardias  y la teoría literaria “académica” y  esto por su supuesta condición de “baja literatura” inserta en la cultura del medio pelo. Desde los años 70 en adelante  ese elitismo no dejó de ser  puesto  en jaque y se revelaba evidente que no podía constituir la problemática central en el momento de analizar un fenómeno social de semejante envergadura. En efecto, no eran pocas las voces críticas que apuntaron a que el menester no era  debatir sobre las fronteras entre  “alta” y “baja” literatura, discusión por otra parte estrictamente académica y poca conectada con la realidad. De hecho, la mirada despectiva que las vanguardias lanzaban sobre un género literario destinado a las “masas” fue objeto de  denostación desde  la sociología de la cultura y  las teorías de la reproducción vinculadas a la sociología de la educación. Frente a los prejuicios, de origen radical o aristocrático, contra la cultura y la literatura de masas, resultaba más pertinente recordar la incidencia de los factores estructurales y  las profundas desigualdades sociales  en el acceso a los bienes  culturales. Este tema fue de hecho objeto de debates y discusión entre los historiadores y sociólogos de la cultura en numerosos seminarios, simposios y foros en el contexto  universitario norteamericano de los 80 y 90 y donde se planteó la cuestión del consumo cultural de las clases populares. Encuentros en los que, además del género negro, se abarcaron otras cuestiones colaterales, como por ejemplo, la novela rosa y su significado en el universo de las mujeres pobres sometidas a frustrantes situaciones económicas, sociales, personales y emocionales.   Respecto a esto, hay que apuntar que, partiendo de los propios  paradigmas de  la  sociología de la cultura de inspiración marxista   y  en los últimos años,  de la perspectiva  de los  “radicales” e innovadores  Cultural Studies, el enfoque crítico sobre el género negro buscó alternativas analíticas  a las puras consideraciones estéticas de la crítica y teoría  literaria o la denuncia más o menos ritual contra la “sociedad masa” emanada de las teorías de la cosificación.   Por ejemplo, el análisis de  los aspectos ideológicos, sociales, simbólicos y culturales que dominaban  en las estructuras narrativas de las tramas adquirió un particular interés.

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No está de más recordar que el héroe de novela negra y policiaca ha sido generalmente el punto referencial de los varones de las clases populares,  encontrando en la figura del policía  o del mismo delincuente su propia ideal de masculinidad y virilidad y tendente reproducirse en la realidad a través de la figura del “chico de barrio “o del “matón.” El reto  tanto para la sociología de la cultura, como para los Cultural Studies , la sociología del género de inspiración constructivista  o la teoría feminista de la cultura de masas, fue en su momento encontrar formas interdisciplinarias de reflexión sobre un género literario que, al mismo tiempo que había democratizado el acceso a los bienes culturales y más en concreto, al mundo de los libros, conservaba mucho de su lado  alienante en  los sistemas de  transmisión de valores. En general autoritarios, racistas, clasistas, machistas, misóginos y homofóbos. Por circunscribirnos al estricto ámbito  español, cabría recordar que toda la producción literaria  negra y policiaca en nuestro país ha vehiculado ella misma esos valores, antes, durante y después del franquismo.

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Marta Sanz

Es en ese sentido que quizás pueda explicarse la actual popularidad de un género negro y policial español que parece haber ido limando los aspectos más casposos y reaccionarios.  En los últimos años han surgido escritores de gran proyección a los que ha caracterizado un esfuerzo por revisar las configuraciones simbólicas de las tramas, introduciendo personajes con  más perfil  ético y  percepción crítica de la realidad social, política y civilizatoria y en los que  no han faltado la denuncia de la corrupción, el abuso, la crueldad, los prejuicios o la maldad y las  miserias de la condición  humana. Un ejemplo es el del propio Lorenzo Silva, nuevo gúru de la novela policiaca en España  y que a través del singular personaje del Brigada de la Guardia Civil, Rubén Bevilavaquia, ha sabido otorgarle dimensión humana e incluso un cierto tufo “progresista” a un Cuerpo muy connotado ideológicamente y con un bien conocido y tenebroso pasado político. Sin olvidar la aportación de escritoras como Marta Sanz, que rompieron esquemas con el personaje de Zarko, un detective abiertamente homosexual. Algo impensable a la vista del machismo exacerbado que ha caracterizado al género negro y policial. No puede olvidarse de mencionar la singularidad de la obra de Víctor del Árbol, principal embajador en el extranjero  del género negro español, cuya  producción  literaria interpela hoy sobre el ejercicio del poder absoluto y sin matices,el engaño y las mentiras que rodean a los mitos y a los héroes, pero también sobre las angustias y los sufrimientos de los más  débiles. El surgimiento de personajes policiales mucho más vulnerables y alejados de las delirantes e hiperbólicas representaciones  de la masculinidad, la creación de anti-héroes que desvelan la subjetividad de los perdedores, la crítica hacia el mundo del dinero  o la representación del crimen y de la  delincuencia en sus matices y más allá de fáciles preceptos morales o premisas patologizantes, son muchos de los elementos que ilustran un cambio en las estructuras narrativas del género negro y que hasta la fecha habían funcionado como simples dispositivos ideológicos e instrumentos de socialización en unos determinados y muy cuestionables valores culturales.

imagesGZL3NFJM                                                                                  Víctor del Árbol

Los recientes y mencionados certámenes de novela negra y policial  han  sabido dar testimonio de estos cambios.  La cuestión está en saber si ese esfuerzo  por parte de esta  nueva generación de escritores  que han desempolvado al género negro y policial de sus peores connotaciones  , va a poder mantenerse en el tiempo y no convertirse en algo anecdótico.  En efecto, es de esperar que los modismos  que están empezando peligrosamente a circunscribir  a este género literario y las implacables reglas del mercado  no acaben dando al traste con esta  interesante renovación política e intelectual.                                     

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